Por Germán Ayala Osorio
“Mañana será el triunfo,
mañana barremos a la basura socialista de América Latina”. Esto
dijo la exsenadora del Centro Democrático, María Fernanda Cabal Molina horas
antes de la jornada electoral en Brasil. Después de la derrota de Flavio Bolsonaro,
lo dicho por Cabal Molina durante una manifestación en las playas de Rio de
Janeiro a la que asistió vestida con una camiseta de la selección brasileña,
puede parecer para muchos anecdótico e incluso apenas útil para hacer memes. En
redes le pusieron el mote de “Refisal” por haberle llevado la sal o la mala
suerte a su amigo Flavio Bolsonaro.
Todos sabemos que el triunfo
inobjetable de Lula da Silva no fue fruto de la buena suerte y mucho menos
obedeció a las influencias terrenales de Nuestra Señora de la Concepción
Aparecida (Virgen Negra). Entre otros factores, Lula resultó reelecto porque los católicos reaccionaron
ante las poderosas iglesias evangélicas que en Colombia y Brasil son actores
políticos que movilizan emociones y una estigmatizante religiosidad; además,
los errores cometidos por Bolsonaro en el último debate, la estrategia digital
de la campaña de Lula, la burda injerencia de Trump en los asuntos internos de
Brasil y el terror que generó la derecha bolsonarista, le aseguraron el cuarto
mandato a ese hijo del pueblo trabajador llamado Luiz Inacio Lula da
Silva.
Volvamos a la expresión de la
señora Cabal. En lo espetado hay odio, violencia verbal y simbólica muy propia
de la derecha colombiana que asume al contradictor político e ideológico como “enemigo
de la Patria” o “basura” que debe ser tirada en escombreras o en botaderos a
cielo abierto como el de Doña Juana en Bogotá. En eso, Cabal y Abelardo se
parecen. En el pasado, Cabal Molina dijo que ser izquierda debería ser considerado
ilegal. Se confirma así su inquina, odio, animadversión y deseo de que la izquierda, con todo y militantes, desaparezca por lo menos de su atormentada vida política.
En la “extrema incoherencia” en
la que funda sus ideas, Cabal
se presenta como “republicana”:
“Ser republicano es poner a Colombia primero. Defender la vida, la
familia, la propiedad privada y la libertad. Creer en la ley, el mérito y los
límites al poder. Colombia nos pertenece a todos”, dice en su cuenta de X.
Si la frase que expresó en las
playas de Río la exponemos a la luz de su particular idea republicana, entonces
se deriva una conclusión lógica: se valora la vida de todos, menos las de los
diferentes, de la Otredad, de esa que exige derechos y la presencia de un
Estado capaz de cumplir con el mandato constitucional propio de un Estado
Social de Derecho; sí, a la vida de todos, menos las de de aquellos que ella misma
llama despectivamente “mamertos”, la de los socialistas, la de los rojos, la de la
izquierda, la de los progresistas; todos metidos en la misma bolsa o “chuspa”
porque no hay tiempo para disquisiciones alrededor de las diferencias entre
esas categorías. La derecha no pierde tiempo en discusiones conceptuales en las
que progresistas, socialistas e izquierdistas suelen trenzarse en medio de la
bohemia y cervezas que los hace diletantes e irresolutos. La derecha
republicana que representa María Fernanda Cabal Molina es pragmática, es decir,
es más del hacer que del pensar, por eso su alusión a “barrer la basura
socialista…” es fruto de esa manera de ver la vida. Es mejor ejecutar que pensar.
Barrer la basura socialista
es un acto de habla propio de ese pragmatismo en el que ella milita, alejado
eso sí de los efectos sociales, identitarios y políticos de su acción verbal. A
Cabal
poco o nada le importan los efectos y el rechazo que generen sus expresiones.
Lo de ella es provocar, herir y decidir qué o quién sirve, qué o quién se puede botar o
eliminar. Llamar “basura” a quienes
defienden unas ideas deviene violenta y se acerca al carácter igualmente violento
que acompañan las decisiones de proscribir del lenguaje institucional del ICBF
a las niñas y adolescentes y la negar al campesino como sujeto de derechos,
ahora llamados “productores rurales”.
Pero no es la primera vez que Cabal
Molina descalifica la identidad, las luchas y la vida de quienes ella
considera “enemigos”, contradictores o basura socialista. En el pasado
descalificó la lucha feminista y a quienes defienden los derechos reproductivos
y sexuales de las mujeres: “Como las locas esas feminazis que son
inmundas que salen en bola a quemar iglesias”; “todo lo que toca
la izquierda en causas justas lo degenera. Entonces, el feminismo, un poco
de viejas locas horrorosas”.
Hay allí un juicio estético, político y
moral (religioso) propio de quien defiende la hegemonía de la iglesia católica
y por esa vía el pudor de los desnudos callejeros que no alcanzan a ruborizar a
los curas pederastas que violan niñas y niños y mucho menos a quienes los defienden en silencio. Cabal desestima el poder que acompaña
a la insolencia de los desnudos de mujeres que confrontan el sistema patriarcal
porque ella es incapaz de reflexionar y criticar esas instituciones responsables
de años de dominación y sometimiento de las mujeres (niñas y adolescentes) a
los designios masculinos. Cabal Molina es tan machista como Abelardo o su nuevo ministro del Interior, Alejandro Ordóñez Maldonado.
Lo más seguro es que Cabal Molina
sea candidata presidencial en el 2030. Llegará a esas instancias con la magra
experiencia pública de haber sido únicamente congresista. Jamás administró una
caseta de peaje, una alcaldía, un ministerio o una gobernación. Lo hará, eso
sí, con su carácter intolerante y su pragmatismo que la hace proclive a desestimar el
enfoque sistémico necesario para evaluar los efectos de las decisiones tomadas a la
ligera y fruto de “calenturas verbales”. Qué bueno sería que Cabal Molina se
tomara el tiempo de leer a Charles Pierce, a semiólogos y lingüistas. Quizás, después de leerlos reconsidere las formas como se representa a la Otredad y revise que los resultados buscados son tan importantes como los procedimientos para
lograrlos. Y, por último, señora Cabal: nadie merece ser considerado basura o desechable;
toda vida es sagrada, incluso, la de sus enemigos.













