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lunes, 20 de julio de 2026

UN PARTICULAR 20 DE JULIO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La conmemoración de este 20 de julio pasará a la historia porque mientras el presidente Petro asistía a su último desfile como jefe de Estado y comandante supremo de las fuerzas armadas, el presidente electo, sin haber recibido aún el reconocimiento de la tropa hacía lo propio en Medellín, ciudad desde la que envió un mensaje a la tropa regional y a los colombianos que lo votaron ese fatídico 21 de junio de 2026.

Con el mismo tono vociferante y ventijuliero el primer presidente therian del país no parece darse cuenta de que la campaña presidencial terminó: sigue con las arengas en las que incluye e insiste en su identidad animal asociada a la vida salvaje de un tigre. Aunque no se trata de un desarreglo psicológico, identificarse con un animal como lo hace De la Espriella lo acerca a vivencias propias de un adolescente que está en la búsqueda de consolidar su identidad. En su prematura “alocución”, el therian presidente dijo: “Este pueblo que me llena de orgullo y de fuerza para seguir luchando tiene presidente porque el tigre representa a Antioquia, el tigre tiene a Antioquia en su corazón y en su espíritu”.

La gestualidad de Abelardo de la Espriella se parece mucho a la de Uribe Vélez durante sus primeros dos años de administración. Las gafas oscuras que en principio usó el político antioqueño y que hoy exhibe De la Espriella, en lugar de ofrecer transparencia y confianza, generan miedo y desconfianza en las audiencias que escuchan sus arengas y los gestos amenazantes de sus brazos.

“Hoy estoy aquí rindiéndole homenaje a los héroes de la patria, soldados y policías, pero también a este pueblo antioqueño que no se arrodilla pese a la adversidad, a este pueblo de patriotas que decidió derrotar la tiranía para defender la democracia, la libertad y la institucionalidad”.

El therian presidente insiste en la narrativa- falsa por demás- que asocia al gobierno saliente con una dictadura. Sin duda alguna, una exageración propia de un candidato presidencial. Alguien que le diga a De la Espriella que es tiempo de dejar atrás lo sucedido en campaña. El país necesita a un presidente que representa la unión de la nación y no a un agente que ahonde en la división de la sociedad entre buenos y malos, resultado de la doctrina amigo-enemigo que nos dejó el uribismo: quien no está conmigo, está contra mí y por lo tanto es mi enemigo. Y a los enemigos se derrotan, eliminan, se encarcelan o se destripan.

De la Espriella les recordó a los antioqueños, en especial a la godarria representada por Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón, gobernador del departamento, que en su gabinete hay “tres ministras de Estado porque se lo merece, porque este departamento es inspiración y ejemplo para Colombia”.

En sus coqueteos a la dirigencia y al pueblo antioqueño, De la Espriella insiste en reforzar los imaginarios colectivos atados a la cultura paisa: “pueblo berraco, echado para adelante, laborioso y vivo”. En su discurso ante la tropa regional, el adolescente presidente espetó que “si en Colombia podemos construir la patria milagro eso implicaría necesariamente replicar el modelo de Antioquia y Medellín en el resto de los departamentos para llevar a nuestro país al lugar de grandeza que se merece que es la patria milagro”.

Debería de explicar el presidente therian qué de ese modelo quisiera replicar en el resto del país: ¿Las prácticas paramilitares o la cultura mafiosa y criminal que naturalizó Pablo Escobar Gaviria de la mano de una parte de la élite?

Ahora bien, si lo que aplaude De la Espriella son las etapas, procesos, resultados, alcances y efectos de la colonización antioqueña, valdría la pena que conociera de las lecturas críticas que se escribieron sobre ese fenómeno pues hay quienes consideran que “gran parte de la colonización antioqueña se parece comparativamente, y viéndolo en retrospectiva, al proceso de Conquista, por los procedimientos adoptados, por el despojo en territorios indígenas, por el poder de los dueños de las concesiones, y los reclamos jurídicos de los latifundistas que exhibían “títulos” y documentos de antepasados entroncados con la corona real para impedir ocupaciones de terrenos que no querían conceder; por el acompañamiento y “tutoría” que los curas desplegaron, y por la violencia aplicada y la servidumbre impuesta sobre campesinos pobres[1].

Lo más probable es que el país que no votó por el proyecto político de la ultraderecha tenga que soportar por cuatro años- quizás por más- el repetitivo discurso y la actitud vocinglera del primer adolescente therian que alcanza la presidencia de la República. Pasamos del “ajúa” que aprendió a gritar Iván Duque Márquez, el fatuo e infantil subpresidente, al grito “Firme por la Patria”, que en sectores societales se entiende como el grito de guerra de aquellos dispuestos a librar la “guerra cultural” que De la Espriella liderará de la mano de su ministra de Cultura o de Aculturación, Paola Holguín.

UN PARTICULAR 20 DE JULIO

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