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lunes, 23 de marzo de 2026

ME MANDARON AL INFIERNO

 

Por Germán Ayala Osorio

Los colombianos llegarán a la próxima contienda electoral acosados por los efectos que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, instancias que dividieron el país entre “patriotas” y “pro-guerrilleros”.  Sin duda alguna, un reduccionismo que sirvió de excusa para dividir a la sociedad entre el Sí y el No, es decir, entre “buenos” y “malos”; esa caricatura del país sostiene ética, moral y políticamente las candidaturas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella basadas en la defensa de la Patria a partir de la aplicación sin límites de ninguna clase del principio weberiano de la violencia legítima del Estado a través de la política de seguridad democrática, la misma con la que se “justificaron” por lo menos 6402 ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). Asociado a este, se escuchan frases como “vamos a recuperar el rumbo, al país; vamos a reconstruir a Colombia”, expresiones que dan cuenta de la lectura simplista, mentirosa y moralizante de una derecha que no supera haber perdido la Casa de Nariño con Gustavo Petro.

Mientras que el candidato del progresismo Iván Cepeda Castro representa a las víctimas del Estado fruto de la aplicación de la seguridad democrática de la mano del principio de la “enemigo interno”, Paloma Valencia y De la Espriella representan a quienes le apuestan al regreso a los tiempos en los que comandantes militares exigían a sus subalternos “litros de sangre” y gritaban “a mi no me traiga detenidos”.

Si se examina con atención entre las dos lecturas o formas de representación de la realidad del país aparece una idea de la paz que reeditará la insondable división que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz. El fracaso de la paz total es el combustible con el que se mueven las fuerzas sociales, económicas y políticas que nos quieren regresar a los tiempos en los que los paramilitares fungían como agentes bisagra o simplemente fueron la autoridad estatal en vastos territorios.

La siguiente anécdota de alguna manera explica el nivel de crispación ideológica y la animadversión hacia todo lo que haga referencia a la pacificación por las buenas del país, a la izquierda y al pensar diferente.

Venía caminando muy cerca de mi lugar de residencia. En sentido contrario venía una señora de unos 70 años, con una sombrilla, protegiéndose de un sol canicular. Al cruzarnos se detuvo y me preguntó que si podía hacerle un favor. A lo que accedí con un sí y una tímida pregunta: de qué se trata, señora.

La dama respondió: “que me acompañe a rezar para que nuestro señor Jesucristo no permita que un guerrillero y ateo resulte elegido presidente de la República”. Aunque sorprendido, le respondí: “no señora”. Su reacción a modo de pregunta fue contundente: “¿Es usted guerrillero, ateo? Le dije que no, pero que apoyaba el proyecto progresista. Seguí mi camino y la “cucha” se quedó gritando “ateo, guerrillero, satanás, te irás al infierno”.

La escena me hizo pensar en qué le habrá pasado a la señora para llegar a ese punto de mendigar oraciones a un extraño para “salvar a Colombia de ser gobernada por un guerrillero y ateo”, en referencia directa a Iván Cepeda. No es necesario explicar que Cepeda jamás empuñó un fusil y desconozco si cree o no en Dios, asunto que me resulta irrelevante, aunque peligroso cuando se usa políticamente.

Llegué a pensar que la “cuchita” aún vivía en los tiempos de la campaña Petro presidente, quien como todos saben militó en el M-19. Hasta donde sé, Petro defiende los principios de la Teología de la Liberación y es creyente. De lo que sí estoy seguro es que la señora no había despertado de un coma inducido justo antes del inicio de la campaña presidencial que finalmente llevó a la presidencia de Colombia al primer y último exguerrillero.

Mientras me llega la hora de irme para el infierno al que me mandó la “cucha buscadora" de feligreses que la acompañen en su particular cruzada, seguiré escribiendo columnas (o calumnas) sobre los asuntos y problemas de una sociedad premoderna, conservadora, goda, puritana, morbosa y de doble moral que insiste en mezclar política, religión, fe y altas dosis de ignorancia. La paz política seguirá siendo una materia pendiente, cualquiera sea el presidente de la República porque las guerrillas se transformaron en carteles, en mafiosos de camuflado como los llamó Petro.



lunes, 16 de marzo de 2026

OVIEDO: DE FENÓMENO ELECTORAL A “CHICHARRÓN” MORAL

 


Imagen tomada de la revista Cambio. 


Por Germán Ayala Osorio

 

El forzado aterrizaje de Juan Daniel Oviedo a la campaña de la derecha uribizada que representa la candidata presidencial Paloma Valencia Laserna sirve para señalar que seguimos siendo una sociedad premoderna, homofóbica, con visos fascistas y lo que es peor, camandulera, creyente y fiel al discurso de las iglesias (católica, evangélicas y cristianas) que odian tanto a los animales no humanos, a los ateos, agnósticos y por supuesto a los homosexuales. Las mismas instituciones religiosas que defienden o se abstienen de cuestionar a los curas pedófilos y pederastas que violan niñas y niños.

Ver a Paloma Valencia y a su “padre”, el exconvicto y expresidente Álvaro Uribe Vélez en iglesias y defendiendo los valores de la familia tradicional (hombre-mujer; o macho-hembra) y los derechos de la niñez amenazados por la “ideología de género” que se le endilga a los homosexuales, hace pensar que la llegada de Oviedo se les puede estar convirtiendo en un “chicharrón” moral (de la moral religiosa) pues además de homosexual, Oviedo defiende los derechos de la población LGTBIQ+ y legitima la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo.

El cálculo electoral que hicieron en las huestes uribistas con el millón de votos largos  alcanzados por Oviedo en la Gran Consulta Uribista se les puede convertir en una pesadilla por cuenta de la postura liberal del exdirector del DANE que resulta incomprensible y difícil de aceptar para el dueño del Centro Democrático y su “hija-candidata”, consagrados godos que representan con lujo de detalles a la Colombia morronga, mojigata, ladina, camandulera, simuladora, farisea, melindrosa, puritana, timorata, cachonda, premoderna y rígida.

Huelga recordar que Valencia y Uribe defienden a la iglesia católica que Fernando Vallejo, en su libro La Puta de Babilonia, calificó de “oscurantista, impostora, embaucadora,  difamadora, calumniadora, reprimida, represora,  mirona,  fisgona, contumaz,  relapsa, corrupta, hipócrita, parásita, zángana; antisemita, esclavista, homofóbica, misógina;  carnívora, carnicera, limosnera, tartufa, mentirosa, insidiosa, traidora, despojadora, ladrona, manipuladora, depredadora, opresora; pérfida, falaz, rapaz,  felona; aberrante, inconsecuente, incoherente, absurda; cretina,  estulta, imbécil, estúpida; travestida,  mamarracha, maricona; autocrática, despótica, tiránica; solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria…”.

Aunque es poco probable que las iglesias arriba mencionadas intenten vengarse de la derecha y del uribismo por atreverse a aceptar el aterrizaje de Juan Daniel Oviedo a su aventura electoral y política, es posible que varios feligreses decidan no votar por la fórmula Valencia-Oviedo por considerarla contra natura, inmoral y contrario a los designios de Dios. Eso sí, habrá pastores que por un diezmo millonario cerrarán los ojos y dejarán en manos del Creador las "pecadoras" vidas de Valencia, Uribe y Oviedo.

En la entrevista que Valencia y Oviedo dieron a la revista Cambio quedaron claras las enormes diferencias que los separan ideológicamente, las mismas que serán muy difíciles de conciliar políticamente. El candidato a la vicepresidencia dejó ver su intención de agradar y aceptar así fuera a regañadientes las posturas de quien será su jefa si logran llegar a la Casa de Nari. Vi a un Oviedo “entregado”, sumiso, preocupado por agradar y por momentos dubitativo en torno a lo que se le viene pierna arriba por  las godas y férreas posturas de Paloma Valencia, la “hija” del violento y vulgar expresidente de la república (sí, en minúscula).

jueves, 12 de marzo de 2026

OVIEDO POR FIN DIO EL SÍ, PERO...

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Por fin llegó a su final el novelón que armaron Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo: el exconcejal de Bogotá y exdirector del DANE será la fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial e “hija” del expresidente y exconvicto, Álvaro Uribe Vélez. Al parecer las “líneas rojas” planteadas por Oviedo, en forma de chantaje, se esfumaron en el mini “conclave” que armaron después de los resultados de la Gran Consulta de la Derecha. Primó la idea de “correr” hacia el “centro” al proyecto uribista. Por supuesto que se trata de una estratagema electoral pues el uribismo representa a la derecha mafiosa, conservadora, anacrónica, neoliberal, violenta, machista, clasista, racista, homofóbica y misógina a la que no le interesa morigerar sus discursos.

Horas antes, el candidato presidencial Iván Cepeda Castro escogió a la lideresa del pueblo indígena Nasa, Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial. En esa decisión no hubo aspavientos y mucho menos la exposición de “líneas rojas” porque las dos figuras comparten un mismo proyecto de país. Se dieron, sí, reacciones a favor y en contra dentro y fuera de las huestes del progresismo. Emergió, como era de esperarse, el clasismo y el racismo muy propios de una sociedad como la colombiana en la que una parte importante de la élite y de comunidades subalternas desdicen de sus procesos de mestizaje, lo que les permite explicar y justificar las prácticas racistas. Al final, a Quilcué no la bajaron de “india ignorante, sin carrera universitaria y sin experiencia para gobernar en caso de falta del Presidente”.

El candidato presidencial de la ultraderecha y de una parte de la derecha uribizada, Abelardo de la Espriella eligió a José Manuel Restrepo, reconocido agente neoliberal y exministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque Márquez. Se trata de “dos mestizos blanqueados” que representan con lujo de detalles a la Colombia clasista y negacionista de su propio mestizaje. De la Espriella intenta ocultar su ignorancia en asuntos del Estado, su desfachatez y su proyecto totalitario usando a Restrepo su trayectoria académica como pararrayos. 

Entre tanto, el eterno candidato presidencial Sergio Fajardo Valderrama hizo lo propio y se la jugó por Edna Bonilla, exsecretaria de Educación en la alcaldía de Claudia López. De la candidatura de Fajardo no hay mucho que decir porque lleva años exponiendo lugares comunes para no comprometerse con nada. Su campaña no cuenta. Y como él mismo reconoció: "él no inspira nada".

Las tres principales campañas representan con inusitada claridad al país, más allá de la actual coyuntura política e ideológica de la que se advierte que deviene polarizada, crispada y violenta entre dos extremos: la izquierda, atada al nombre de Petro y la candidatura de Cepeda; y la derecha, ancorada a la figura del expresidente Uribe y la candidata presidencial Paloma Valencia Laserna. Entre esos extremos intenta pelechar un “centro” fantasmal y medrosos desde el que se escuchan frases vacías como la expresada por Fajardo Valderrama: “Vamos a trabajar juntos por hacer el cambio serio y seguro que necesita Colombia. Para sacar a Colombia de la contienda entre extremos. Para tender puentes en lugar de tender trincheras”.

De la trayectoria y lo expresado por cada uno de los candidatos se desprenden por lo menos dos países diferentes e irreconciliables. La Colombia de Cepeda-Quilcué le habla a los indígenas, campesinos y afros que llevan años sobreviviendo a la violencia de los actores armados, legales e ilegales; también a los colombianos pobres de las barriadas golpeadas por políticas segregacionistas y un modelo económico y político que los necesita vulnerables para que el populismo de derecha alcance sentido de realidad. La compraventa de votos y el clientelismo son las formas más comunes a través de las cuales la derecha históricamente viene sometiendo a los más pobres y vulnerables a sus lógicas. Es decir, una suerte de populismo no reivindicativo, que niega identidades.

Por supuesto que también le habla a la élite blanca neoliberal, racista y clasista que lleva más de doscientos años apostándole a la desaparición, física y simbólica de los pueblos afros e indígenas y  comunidades campesinas cuyas identidades el gobierno Petro reivindicó, empoderó y defendió de la violenta ortodoxia neoliberal.

La Colombia de Valencia-Oviedo le habla a los agentes del Establecimiento que sufrieron derrota electoral y política en el 2022 y les dice que están dispuestos a todo con tal de recuperar el Estado para consolidar los procesos de privatización iniciados por César Gaviria Trujillo y afianzados durante los 20 años de uribismo.

Quienes intentan consolidar la narrativa que indica que la dupla Valencia-Oviedo deviene con un carácter progresista, lo que supone un golpe duro a las toldas de la izquierda y el proyecto progresista que representan Cepeda-Quilcué, deben de saber que Paloma Valencia no es precisamente una mujer feminista. Por el contrario, su simpatía y comodidad con las prácticas machistas le alcanzan para “adorar a Uribe” y obedecerlo en todo por cuanto la candidata presidencial tiene con el expresidente una relación patriarcal (padre-hija), fundada en la figura de un papá violento al que sí o sí, hay que obedecer.

Eso sí, de ganar Paloma Valencia la presidencia, millones de colombianos, con la ayuda de la Gran Prensa dirán que la derecha puso por primera vez en la historia política del país a una mujer en la Casa de Nariño y a un gay en la vicepresidencia. No creo que a Oviedo le interese representar los intereses de la población LGTBQ+. No. Oviedo es un uribista enclosetado que la prensa en las últimas semanas infló hasta hacerlo ver como un outsider. Otros tantos dirán que alcanzó la presidencia de la República la “hija-muñeca” de Uribe, una mujer machista y un gay de derecha. Al final, Oviedo se ganó su "periodicazo". 

ME MANDARON AL INFIERNO

  Por Germán Ayala Osorio Los colombianos llegarán a la próxima contienda electoral acosados por los efectos que dejaron el proceso de paz...