viernes, 6 de noviembre de 2026

FAVORES SEXUALES, CONTRATOS Y EL DERECHO DE PERNADA

 




Por Germán Ayala Osorio

 

Las familias presidenciales, en repúblicas bananeras como Colombia, se asumen como la “realeza” local de ahí que muchos crean que sus miembros tienen “sangre azul”, piel blanca, ojos claros, una belleza inigualable y una moral intachable. Y a los presidentes, con todo y su poder, se les reconoce como una fuerte figura patriarcal, lo que los obliga a comportarse como verdaderos machos cabríos, además de los buenos modales al momento de ingerir todo tipo de alimentos (incluye cuerpos humanos). Hace parte de ese reconocimiento social el “derecho de pernada”, manejado discrecionalmente, claro está.

Ahora que la vida sexual de Petro es la comidilla mediática en función de buscar su eliminación moral como líder del Pacto Histórico, alguien recordaba en las redes sociales que sobre varios de los presidentes en Colombia circulan cuentos sobre sus andanzas, es decir, bochinches con el potencial de convertirse en imaginarios colectivos. En el caso de Petro no todo lo que circula alrededor de su “dulce y resistente pipí” parece ser que no son cuentos o infundios. Eso sí, está por verse si efectivamente penetró a más de 40 mujeres en cuatro años. “Todo un semental”, se escucha decir en las redacciones de varios medios, incluida la empresa mediática en la que fueron violentadas sexualmente pasantes y periodistas por cuenta de dos de sus más famosos presentadores-periodistas ante la complicidad de directivos que decidieron guardar silencio frente a las denuncias de las mujeres  víctimas de esos abusos del poder masculino. No vale la pena nombrarlos.

Iniciemos con el excelentísimo señor Presidente de la República, Doctor Julio César Turbay Ayala señalado de asistir a Cali para participar de bacanales con niñas o adolescentes. Una especie de “derecho de pernada” de nuevo cuño.  Dichas fiestas, patrocinadas por los narcos de la época dicen los bochinches. Del gran Julio César la historia política recuerda que contrajo nupcias con su joven sobrina, Nidia Quintero Turbay de Turbay. La sangre “jala”, dirán algunos. Los chistes sobre su aparente “bestialidad” se contaban en fiestas y colegios. Cuentan que llegaba borracho a la Casa de Nariño. Versiones de jóvenes que prestaron servicio militar en el Batallón Guardia Presidencial. Estas versiones no confirmadas jamás fueron expuestas en los medios masivos. Las redes sociales no existían, de ahí que reírse de los chistes de Turbay y hablar de los bacanales en Cali hacían parte de los temas de discusión privada de reducidos grupos sociales.  

Al también excelentísimo señor Presidente de la República, César Gaviria Trujillo le inventaron el cuento de que era “loca”. Ser marica en Colombia era y sigue siendo un problema social, de salud mental y político, por supuesto. Jamás se probó semejante señalamiento, pero los chistes aparecieron y circularon. Eso sí, Gaviria "clavó" a millones de colombianos con su Apertura Económica. Una rara forma de asumir el “derecho de pernada”. El único político que asumió su homosexualidad y les dijo a sus detractores que él no iba a gobernar con el culo fue Gustavo Álvarez Gardeazábal. Lo dijo cuando resultó electo gobernador del Valle del Cauca. Bien por el novelista.

Cómo olvidar al eminentísimo señor presidente de la República, Doctor Andrés Pastrana Arango, sobre quien pesan y navegan por las redes sociales fotografías con la proxeneta de Epstein y el registro de varios viajes a la isla del pederasta dizque para conversar sobre asuntos financieros. Asesorías que le brindaba Epstein al presidente colombiano, dijo el expresidente. Un grupo de mujeres feministas le exigió a Pastrana que le explicara al país lo de sus viajes y relaciones con el degenerado de Epstein y su proxeneta, Ghislaine Maxwell. El escándalo duró poco tiempo. El pacto del silencio se impuso.

Del actual presidente circulan también bochinches cuyo contenido pondría en dudas su heterosexualidad. Hay que esperar a que salga de la presidencia para que dichas versiones alcancen la dimensión de imaginario colectivo. Lo cierto es que pretende “clavar”. a millones de compatriotas con su reforma tributaria. Una forma extraña de usar el “derecho de pernada”.

Eso sí, la vida íntima de los presidentes colombianos parece interesarle a millones de colombianos que con ansiedad y morbo consumen lo que publica Semana, medio encargado del juzgamiento de la inmoral vida sexual del expresidente Gustavo Petro.

El caso Petro nace de sus imprudencias y de la ingenuidad al momento de dar rienda suelta a su cachondez. Las feministas que lo fustigan por meterse con mujeres jóvenes y dominarlas con el poder presidencial representado en la (su) “espada de Bolívar” quizás puedan pensar que estamos ante una nueva forma de entender el “derecho de pernada”.

Se suma a lo anterior que, al no ser hijo del Establecimiento mediático y político, la “papaya” que les sirvió a Vicky Dávila y a otros periodistas será aprovechada hasta que se logre eliminarlo moral y políticamente, porque si algo defienden periodistas como Dávila son las buenas costumbres, la moral, las buenas maneras, la pulcritud, la altura ética de los presidentes y expresidentes colombianos. En Colombia se puede ser paraco, ordenar asesinatos, robarse el erario, vender activos del Estado para beneficio de unos pocos, pero jamás exguerrillero con ínfulas de intelectual y mucho menos de jugar a ser el “Nacho Vidal” del Pacto Histórico.

Cosas del lenguaje: Petro se escribe con P de Pene, Pipí, Polla, Penetrar, Pacto, Patria (Milagro), Presidencia, Presidentes, Puercos, Puteros, Pernada, Prima, Ponqué, Prístina, Paracos, Público, Panfleto, Periodismo, Política, Políticos, Poder, Pelea, Perfilar, Putas, Prostitutas, Pendejos, Procede (Proceda doctor Cadena), Proeza, Pizarro, Permitir, Probable, Permitido, Picante, Persuadir, Pendenciero, Paz, Posconflicto, Prolongar, Pastrana, Patraña, Pánfilo, Pedófilos, Pederastas, Patrocinio, Péndulo, Periodistas, Punitivo, Puñaladas, Petróleo, Petrificado, Pétreas, Panocha, Piratas, Pilas...

jueves, 5 de noviembre de 2026

EL DOBLE SUEÑO DE TIRARSE A PETRO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La exposición pública de la vida sexual del expresidente Gustavo Petro está atada a un proceso de aniquilamiento moral del que participan la prensa hegemónica, liderada por la revista Semana y las particulares circunstancias que ofrece una sociedad morronga, puritana, solapada, camandulera, doble moral, machista, bochinchera, transfóbica y homofóbica como la colombiana en la que el miembro viril (también conocido como verga, falo, polla, pájaro, chimbo, pipí, paquete o mondá) es el instrumento usado por hombres poderosos para someter a las mujeres representadas por el grueso de la sociedad como “objetos sexuales, cosas que se comen y territorios en disputa”.

En espacios privados y estatales esa es una realidad: acostarse con un hombre para mantener el puesto o ascender laboralmente es parte del paisaje. Así mismo, el acoso sexual-laboral de hombres en posiciones privilegiadas como decanos, congresistas, rectores, o presidentes de compañía. Es posible que mujeres accedan también por gusto o seducidas por quien ostenta poder. “Tirarse al jefe” puede incluso ser asumido como un reto femenino. En el caso de Petro, en su calidad de presidente de la República y ahora en la condición de expresidente, tirárselo se entiende en dos direcciones: la moral-mediática y la sexual.

Al principio, Petro fue señalado de ser transexual, cacorro y maricón, “delitos” que espantaron a los sectores societales más conservadores que aún asumen como una “enfermedad mental o desarreglo identitario” a quienes de manera abierta se declaran y definen como homosexuales. Eso sí, la homosexualidad femenina no se mide con el mismo rasero moral con el que se critica a la masculina por una razón clave: ser macho en Colombia hay que demostrarlo todos los días o por lo menos parecerlo. Es casi una obligación constitucional.

Hacen parte de esas circunstancias que rodean a esa sociedad machista, gazmoña, morronga y altamente sexualizada, las representaciones que de la mujer tiene Gustavo Petro como hombre y la imagen y huella que él quiere asentar en la historia política del país. Al parecer, le interesa que los historiadores (ras) lo recuerden como un político que subió el salario mínimo en un 23 por ciento, intentó reformas sociales, se enfrentó a la oligarquía y porque es un macho “que hace cosas muy buenas en la cama”.

Como jamás sucedió en el pasado, la cachondez del político progresista se asume como un asunto de Estado por todo lo que representa para el país la figura presidencial– y en el mundo- en el que todos los días hombres poderosos se enfrentan para dejar claro quién la tiene más grande, o es más berraco, macho y valiente, lo que en el común de la gente se traduce como un “hombre con las guevas suficientes”.

De la Espriella, en campaña, quiso que una mujer periodista, al aire, confirmara que su “paquete” era efectivamente grande como él cree que lo es. Una necesidad evidente de aclarar que es un macho cabrío sobre el que también recaen dudas, a juzgar por los contenidos en redes sociales. Aunque se le fueron encima por semejante acto de violencia, millones de mujeres votaron y lo llevaron, junto con otros millones de bots, a la Casa de Nariño. En ese momento, la sororidad no apareció, pudo más el odio hacia Petro y lo más seguro la oportunidad de un contrato laboral sin necesidad de prestar servicios sexuales. 

Insisto: es casi una obligación constitucional para los hombres, cotidianos y con poder, demostrarse así mismos, pero en especial a la sociedad y a sus círculos más cercanos que se es bueno en la cama, que la tienen grande y a partir de ahí acumular el mayor número de mujeres “pasadas por las armas”.

En el caso de Petro y de acuerdo con Vicky Dávila, periodista conservadora, uribista y abelardista, se trataría de más de 40 mujeres que Petró habría penetrado a cambio de contratos o a partir de relaciones consensuadas como parece advertirse del video que circula en las redes sociales o cloacales en el que aparecen Petro y Deicy Jiménez, su amante, víctima y victimaria moral besándose y conversando como pareja. 

En el portal La Silla Vacía se registró el hecho noticioso, político y moral en la voz de la denunciante que, en lugar de acudir a la Fiscalía, prefiere ir a las redes sociales y a Semana, convertida esta última en la fina y exclusiva hoguera en la que se cocina a fuego lento al expresidente: “Hoy publico este video como prueba de que estoy diciendo la verdad”, dijo Jiménez desde su cuenta de Instagram, donde reveló la grabación. “Los colombianos merecen saber quién es Gustavo Petro. Confío en la justicia y le pido a esa justicia y al gobierno que no permita que ni a mi familia ni a mí nos pase nada. Si algo nos llega a suceder hago responsable a Petro”.

Por supuesto que es grave que se usen recursos públicos para transacciones sexuales encubiertas en contratos laborales. Si así sucedió, que Petro y quienes le colaboraron asuman las respectivas responsabilidades políticas y judiciales. Hasta el momento no se habló de violaciones. En este punto recuerdo que la periodista Claudia Morales le contó al país que su jefe, un hombre poderoso, la violó. Cientos de miles de colombianos están seguros de que el responsable de semejante atrocidad es un expresidente de la República. Ese execrable hecho confirma que las relaciones sexuales consensuadas o no hacen parte de las dinámicas del poder (político o económico) al que siempre estuvieron y siguen estando sometidas las mujeres en Colombia y en el mundo. 

Alguien con poder político confrontó en el pasado a sus más cercanos amigos porque “no sabían cuidar las comunicaciones”. Para el caso de Petro es claro que no supo manejar su vida privada, lo que lo tiene al borde del más feroz y vergonzante proceso de aniquilamiento moral. Intentan tirarse a Petro como político y al proyecto político que representa. Ya veremos qué pesa más en este circo de país: si la moralizante visión de Vicky y la de los sectores de la opinión que la siguen y le creen, o si el sistema patriarcal termina por disculpar a Petro porque simplemente actuó como se esperaba que lo hiciera: como un macho pichador.

Adenda: muchas mujeres abelardistas y uribistas que hoy critican la escandalosa y libidinosa vida sexual de Petro, apoyan al degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, un consumado pederasta. La doble moral nuevamente aparece.  Son las mismas que en algún momento se sintieron atraías y seducidas por Epstein, el otro pederasta y cómplice de las violaciones de cientos de niñas en la isla aquella. 

lunes, 2 de noviembre de 2026

ANTONIO NAVARRO SIEMPRE ESTUVO QAP

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Ahora que una parte del país despide a Antonio Navarro Wolff, un tuitero recordó una escena que dice mucho del periodismo colombiano, de las tradicionales formas en el manejo del poder político y por supuesto del perfil de quien hace horas partió a esa otra dimensión a la que todos estamos destinados a llegar.

Antonio Navarro Wollf fungía en ese momento, 1994, como candidato presidencial por la Alianza Democrática M-19. Navarro irrumpe en un debate televisado en vivo entre Ernesto Samper y Andrés Pastrana, organizado por los noticieros CM& y QAP (moderado por Yamid Amat, María Isabel Rueda y María Elvira Samper) en las instalaciones de Inravisión. Navarro Wolff no había sido invitado porque no marcaba en las encuestas, criterio con el que los periodistas evitaron que el país escuchara una voz distinta a la de los candidatos Andrés Pastrana (conservador) y Ernesto Samper Pizano (Liberal), que representaban de muchas maneras la tradición política y electoral de un país aún dominado por los dos partidos que años atrás se repartieron el poder en el llamado Frente Nacional.

Haberle impedido a la opinión pública de la época conocer los puntos de vista del candidato presidencial que representaba a la naciente izquierda democrática de entonces, poco o nada se asumió en ese momento como un cerramiento democrático, pues el país de la constitución de 1991 apenas empezaba a transitar los caminos hacia una apertura política e ideológica en las maneras de concebir sus complejas realidades de la mano de ese nuevo actor político llamado izquierda democrática representada por la ADM-19.

Escuchar a María Elvira Samper, una de las presentadoras del debate electoral, en perspectiva histórica, resulta interesante por la motivada exageración con la que ella y el equipo periodístico asumieron la irrupción del candidato presidencial.

“Queremos ofrecerles disculpas a los televidentes por lo que acaba de suceder que fue la irrupción imprevista y sorpresiva del doctor Antonio Navarro candidato por el M-19 que interrumpió el debate. Yo quiero hablar a nombre personal y de mis colegas periodistas nos sentimos totalmente irrespetados, consideramos que se ha cometido un atentado contra la libertad de prensa; dos noticieros se unieron para hacer un debate con los candidatos que, a nuestro juicio, no a nuestro juicio, que las encuestas que dicen que están encabezando las opciones presidenciales…”.

Aunque lo expresado por la periodista sea examinado años después a la luz de los cambios culturales que el país sufrió, el presente del periodismo no difiere mucho del que se practicaba en los años 90, desde la perspectiva de la manipulación de la opinión pública, su operación como actor político atado inexorablemente a los intereses de particulares agentes del Establecimiento y a la histórica defensa de la incipiente y formal democracia colombiana.

No se trató, por supuesto, de un “atentado contra la libertad de prensa” como de manera exagerada Samper interpretó lo sucedido, pues si bien se interrumpió la transmisión del debate y Navarro dio un golpe de opinión, las facultades para informar se mantuvieron intactas; tanto así, que pudieron expresar su rechazo a la intrusión del candidato presidencial. Cuando María Elvira Samper dice que a “nuestro juicio” y luego corrige, es muestra irrefutable de que previamente tomaron partido por la tradición política sostenida en el cerramiento democrático que aseguraba la operación hegemónica de los partidos Liberal y Conservador.

Si bien hoy hay cambios sustanciales en la naturaleza empresarial del periodismo colombiano, éste mantiene la misma lógica que arbitraba y guiaba el trabajo informativo y editorial de noticieros como CM& y QAP de la época: servir a los más poderosos del país, mantener el statu quo y por esa vía imponer un relato periodístico capaz de orientar a la opinión pública a pensar que los únicos responsables del atraso del país y de sus problemas eran las guerrillas. Por estos tiempos, la llamada opinión pública sufre la “bancarización” del periodismo, circunstancia que tiene en la existencia de Semana y El Tiempo a sus más emblemáticos ejemplos. A los banqueros que están detrás de esas dos empresas mediáticas les dejó de interesar hacer periodismo de calidad (investigativo, plural y atado éticamente a la deontología del oficio). Semana y El Tiempo fungen como actores políticos y fingen informar de manera veraz e imparcial. Mienten todo el tiempo y durante todas las semanas.

El periodismo colombiano siempre jugó a ocultar la corrupción público-privada practicada por los miembros e hijos de la clase política y empresarial del país. Para aquella época la narrativa indicaba que el subdesarrollo del país obedecía en gran medida a la operación militar de las guerrillas. Hoy, aunque esa narrativa se debilitó, los periodistas “vacas sagradas” que siempre existirán insisten en el relato que señala que el país no avanza por culpa de los “comunistas, los socialistas”. Ahora, en la “era del tigre”, los enemigos de la patria son los petristas. Por el contrario, los benefactores y amigos de los colombianos son los neoliberales que le apuestan a entregar el país a las multinacionales y a ejecutar la anunciada “contrarrevolución cultural”. Paz en la tumba de Antonio Navarro Wolff y reiterado pesar por el periodismo que murió en las manos de periodistas como Yamid Amat, María Elvira Samper y María Isabel Rueda, remplazados en el presente por Julio Sánchez, Vicky Dávila, Juan Lozano y Néstor Morales, entre otros muchos más.


domingo, 1 de noviembre de 2026

NAVARRO WOLFF, UN REFERENTE QUE NO PUEDE MORIR



Por Germán Ayala Osorio

 

La partida de Antonio Navarro Wolf se produce en medio de una coyuntura sociopolítica y una desafiante y quizás inédita persecución mediática que puede terminar en un “asesinato moral”. En la primera, el protagonista es Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, quien cada vez más se parece a lo que Bukele y Milei vienen haciendo en sus países. Para el caso de El Salvador, violar los derechos humanos de cientos de ciudadanos encarcelados sin garantías procesales; y para el caso de la Argentina, el evidente desmejoramiento de las condiciones de vida de millones de gauchos que no llegan a fin de mes. El patrullerito de la noche confronta para la televisión a bandiditos de poca monta y con la reforma tributaria que presentó al Congreso, terminará de afectar la economía y la vida de millones de compatriotas asalariados. 

Para la segunda el protagonista estelar es Gustavo Francisco Petro Urrego,  “víctima” de Semana, actor político con funciones moralizantes. El expresidente,  por no cuidar su vida privada, hoy está siendo "juzgado" por periodistas abelardistas que necesitan condenarlo y asesinarlo moralmente para deslegitimarlo como líder del Pacto Histórico (PH), de la izquierda y el progresismo. Ya poco importa si lo de la red de las “mariposas amarillas” resulta verdad, pues una parte del país ya lo condenó. Se trata, por supuesto, de una condena moral en una sociedad mojigata, farandulera, hipócrita, homofóbica, machista, bochinchera, gazmoña, pacata, creyente y fanática. Ojalá aparezcan las pruebas que prueben que se entregaron contratos a mujeres a cambio de favores sexuales. En ese escenario, lo mejor sería que el expresidente dé un paso al costado y se retire de la vida pública. Resulta a todas luces insostenible la narrativa progresista alrededor de la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, cuando esa tipo de prácticas de dominación machista se normalizaron durante el cuatrienio de Petro. 

A juzgar por la historia política de Navarro Wolff, uno de los tres presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente y los positivos comentarios que se leen en la red X en torno a su perfil y trayectoria, ni Petro y ni Abelardo le dan la talla al exalcalde de Pasto y gobernador de Nariño. Ambos exhiben una incontrastable megalomanía. 

De cara a las elecciones de 2030 la izquierda y el progresismo deben fijarse el propósito de recuperar la Casa de Nariño para reversar todas las contrarreformas impulsadas por Abelardo con las que claramente busca beneficiar a los más ricos del país y atacar a la clase media y en general al pueblo trabajador.

Que la partida de Navarro Wolff sirva para revisar los liderazgos del progresismo y la centro izquierda. Si el expresidente Petro sale avante del asedio mediático y demuestra que se trata de infundios de Semana, el proyecto político progresista mantendría su legitimidad social y política. La figura de Iván Cepeda Castro debe someterse a una especie de “reingeniería mediática”, a partir del reconocimiento de los errores cometidos durante la campaña presidencial.

El mundo de las redes sociales demanda abandonar el perfil acartonado que arrastra Cepeda. Si en las huestes del Pacto Histórico van a mantener la idea de que el país no está preparado aún para que una mujer gobierne, entonces y dada la instalación de la narrativa moralizante contra “pecadores”(mujeriegos)  que la derecha abelardista está promoviendo y naturalizando a partir de la vida íntima de Petro, entonces es hora de que emerja un hombre cuya vida sexual esté resuelta para que no haya una “agenda privada” que genere las sospechas y suspicacias que generó Petro una vez instalado en la Casa de Nariño. Si por el contrario entienden que es tiempo de jugársela con una candidata, entonces al interior del Pacto Histórico están obligados a abandonar las luchas intestinas que confirmaron prácticas machistas, incluso de mujeres muy cercanas a Petro que se atacaron entre ellas y que aceptaron sin chistar la imposición de la candidatura de Cepeda por el hecho de ser hombre. 

Insisto. La muerte de Navarro Wolff ha de servir para revisar muy bien los perfiles de las y los posibles precandidatos y candidatos presidenciales de cara a las elecciones de 2030. Carlos Gaviria Díaz y el propio Navarro son ejemplos que deben estar presentes en quienes le apuestan a mantener al PH como una opción real de poder. El progresismo debe aprender de los errores cometidos por Petro y entender que fueron muchos los “papayazos” que les sirvieron en bandeja de plata a la prensa del Establecimiento. Sobrevivirá el proyecto político progresista si logran distanciarse ética y moralmente de los candidatos de la derecha, pues ahí siempre estará la prensa tradicional para juzgar a los progresistas, mientras oculta o minimiza las andanzas de los que militan en las huestes de la derecha. 

Paz en la tumba de Antonio Navarro, palabra que sí y que regrese la idea del “sancocho nacional”. Se fue un referente. 

HALLOWEEN IRÁ HASTA EL 2030

 



Imagen tomada de: https://los40.com.co/2025/10/09/casas-de-terror-en-bogota-para-visitar-este-halloween-2025-entradas-desde-99000-pesos/


Por Germán Ayala Osorio

 

Terminó la noche de Halloween y aún se escucha el eco del rechazo a la “fiesta diabólica” de cientos de miles de evangélicos, incluidos periodistas, que no celebran la “noche de brujas” porque se invoca a Satanás. Resulta curioso que esos mismos evangélicos se oponen a que creyentes se disfracen de diablos y calaveras, pero guardan silencio cómplice- quizás aplauden en privado- frente al genocidio en Gaza perpetrado por el ejército sionista de Israel.

Quedan las disculpas del jugador del club Atlético Nacional por disfrazarse del Paraco que lideró la operación Orión en Medellín. Fuentes indican que el disfraz terminó en la Escombrera, pero esa versión no pudo ser confirmada. Lo cierto es que el jugador pateó la memoria de las Cuchas Buscadoras y se metió tremendo autogol. En cuanto a las rodadas de motociclistas en Cali y Bogotá al parecer no generaron víctimas, pero sí traumatismos en la movilidad y comparendos por distintas causas.

Al parecer, se trató de una noche tranquilla en un país en el que la muerte se celebra desde el Estado, hasta las comunas más pobres de las ciudades capitales. Esa es una buena noticia. La mala es que Halloween continúa. Para el caso de Colombia la fiesta se extenderá hasta el 7 de agosto de 2030. De acuerdo con expertos consultados los personajes representados en los tradicionales disfraces cobrarán vida, lo que garantiza que millones de colombianos vivirán noches de terror y de hambre por cuenta de la combinación de la sequía generada por el Fenómeno del Niño y la hostil reforma tributaria ordenada por quien anda disfrazado de patrullerito amenazando y sentenciando bandiditos de poca monta. Los agentes del Esmad se encargarán de meterle miedo a quienes insistan en marchar pacíficamente, con cánticos y expresiones culturales.

Los mismos expertos explican que Halloween seguirá de largo porque quienes vienen disfrazados de demócratas y salvadores de la Patria realmente son fachos que perseguirán impíos, progresistas e izquierdistas a lo que dé, a lo que marque, como con el fracking y las “tierras raras”.  Y ya viene Tomás de Torquemada a liderar la “contrarrevolución cultural”: bibliotecas enteras serán remplazadas por capillas. Sin bajarse de su escoba mágica, Torquemada estaría detrás del retiro de la biblioteca Marco Fidel Suárez de la Cancillería. Para qué libros si se tiene la Biblia, espetó un monaguillo, con pronunciados y espeluznantes colmillos. A llegar al país, proveniente de los Estados Unidos, Torquemada aclaró que lo suelen confundir con Alejandro Ordóñez Maldonado. Y que en vista de ello, hasta que el patrullerito ordene lo contrario él seguirá disfrazado de exprocurador y quemador de libros. 

Aunque las más de 30 piezas que se ordenó retirar del Museo Nacional desde la Casa del Terror (antigua Casa de Nariño) regresaron por orden de un juez al fallar varias tutelas interpuestas por “pecadores de izquierda”, un hombre disfrazado de miembro del Ku Kluz Klan dijo que eso les dolió. Irán detrás de ese juez, señaló en tono amenazante. Además, se declaró admirador de Trump y amigo íntimo del Torquemada criollo. Frente al caso de Matador, el caricaturista, dijo que será perseguido y encarcelado por pecador. No admitimos poetas, caricaturistas e influencers de izquierda, señaló.

Se les recomienda a quienes celebraron y disfrutaron hasta altas horas de la madrugada la noche de las Brujas o Halloween guardar muy bien los videos y fotografías. Podrán comparar esas imágenes con las que vivirán ellos mismos y cientos de miles de colombianos más con las noches de terror y hambre que se avecinan. Bienvenidos a la Patria Miseria, gritó el monaguillo, mientras reía a carcajadas y se desvanecía en una espesa cortina de humo.

 

sábado, 31 de octubre de 2026

LA PAZ Y EL MUNDO DE GAONA


Por Germán Ayala Osorio

Negar los beneficios que trajo el Acuerdo de Paz de La Habana como lo hizo recién el embajador de Colombia en la ONU, Mauricio Gaona ante el Consejo de Seguridad de la ONU se explica fundamentalmente por dos razones: la primera, del orden internacional, porque los intereses comerciales y geopolíticos de los Señores de la Guerra de Estados Unidos e Israel los asumió Abelardo Gabriel y su gobierno como parte de su proyecto político y por supuesto como amigos estratégicos. De esa manera, el inquilino de la Casa de Nariño pretende justificar y consolidar su política de paz armada y narcotizada que se destaca por la eliminación física de precisos actores armados (guerrillas de izquierda), mientras que con las estructuras paramilitares se estaría pensando en renovar las viejas relaciones políticas que en el pasado permitieron la connivencia entre agentes estatales y privados con los jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Recordemos que Mancuso se autodefinió como un actor bisagra de esa macabra relación. El control institucional (binacional) de la producción de cocaína es un apéndice de esa paz armada y narcotizada que deviene articulada a la estrategia del Escudo de las Américas y su falsa guerra total contra los narcoterroristas.

Y la segunda razón, del orden interno, deviene atada al mismo objetivo de naturalizar la narrativa de la paz armada y narcotizada como política de Estado ancorada a los intereses internos de diversos agentes, legales e ilegales, que le apuestan a ejecutar una contrarreforma agraria que debilite a las organizaciones campesinas. La eliminación física y simbólica de la figura del campesino o su transformación en jornaleros o siervos sin tierra hace parte de esa apuesta de contrarreforma agraria que también pretende asegurar que el país importe alimentos de Estados Unidos en el marco del TLC, para erosionar la seguridad y la autonomía alimentarias asumidas por la derecha local e internacional como parte de un nocivo relato de la izquierda.

Bajos esas circunstancias lo dicho por Gaona en el Consejo de Seguridad de la ONU manda un mensaje a las universidades privadas y públicas que invirtieron tiempo y recursos, con el concurso de sus profesores-investigadores y estudiantes, para legitimar el Acuerdo de Paz de La Habana y la dimensión ética con la que se defendió el haberle puesto fin a esa “fábrica” de producción de víctimas en que se convirtieron las hostilidades entre el Estado y las entonces Farc-Ep. El mensaje es claro: el negocio de la guerra está por encima de la paz negociada.

En su intervención, Gaona dejó ver la visión corta, diminuta y reducida visión con la que él y Abelardo de la Espriella asumen la historia de un conflicto armado interno que si bien sus dinámicas efectivamente se han modificado a lo largo de 60 años, hay circunstancias objetivas y subjetivas que siguen exhibiendo los graves problemas que arrastra el Estado como forma de dominación por cuenta de una élite que desde los inicios de la República viene afinando sus estrategias de captura mafiosa de sus instituciones, en provecho de sus siempre mezquinos intereses, articulados por supuesto a los de los Estados Unidos y las multinacionales interesadas en seguir expoliando al país. Hoy las “tierras raras” hacen parte de ese juego del que Abelardo Gabriel, como ciudadanos americano, decidió participar para beneficiar a su verdadera patria, los Estados Unidos.

“Quisiera desmantelar las falsas narrativas y las falacias que han podido escuchar de aquellos que se han beneficiado más de este proceso de paz. En particular, los que abogan que el acuerdo de paz de 2016 es un modelo para el mundo. Pues no para nuestro mundo”.

Justamente la idea final de este párrafo explica con claridad a lo que se enfrentan los colombianos que creen en una paz negociada y en la necesidad de que por fin se consolide el Estado como una forma de dominación legítima, decente y democrática que le apueste a un desarrollo económico sostenible que beneficie a las grandes mayorías. “Pues no para nuestro mundo” señaló el embajador ante la ONU.

Gaona se refiere a un mundo sin campesinos, entregado a los negocios de ganaderos, latifundistas, empresas mineras y constructoras; un mundo que beneficia a los Señores de la Guerra; el mundo del unanimismo ideológico y político en el que solo existe una única verdad, la de la derecha; ese mundo que niega la diversidad cultural e impone la pureza del “hombre blanco” que está detrás del modelo de la gran plantación; el mundo que niega el cambio climático y por esa vía justifica el sometimiento de valiosos ecosistemas estratégicos a las actividades de explotación minera y el crecimiento desordenado e insostenible de pueblos y ciudades. Un mundo en el que la izquierda y el progresismo quedan proscritos. El mundo de Gaona es el de la felicidad de pocos y la tristeza de millones. A Gaona solo le faltó gritar en el Consejo de Seguridad de la ONU “bienvenidos a la patria milagro”. En cuatro años, seremos la patria miseria.

Varios días después El Espectador dedica su editorial del día a la postura asumida por Gaona. La fuerte bofetada del diario bogotano al embajador de Colombia en la ONU está representada en este párrafo: "Decir que nuestro Acuerdo de Paz no es un modelo para el mundo es no conocer los procesos de paz en el resto del planeta y también negar los avances que trajo la experiencia de nuestro país. Los juristas internacionales, incluida la Corte Penal Internacional, que vienen a Colombia para estudiar y comprender cómo la Jurisdicción Especial para la Paz es una alternativa viable de construcción de verdad en medio de la guerra no son ingenuos ni están engañados: comprenden que todos los acuerdos de paz tienen dificultades y reconocen cuando un país encuentra fórmulas a pesar de esas dificultades. Y ni hablar de la Comisión de la Verdad, cuyo documento final ha sido estigmatizado por un sector político del país, pero que logró hablar con víctimas en todo el país y dar un relato integral, complejo y muy valioso sobre el conflicto en Colombia". Se cita ese aparte del editorial en letra pequeña porque así es el mundo en el que vive Gaona. 

viernes, 30 de octubre de 2026

GRAVAR LA COMIDA Y ESTALLIDO SOCIAL




Por Germán Ayala Osorio

 

Las disímiles formas de violencia, simbólica y física que acompañan los tormentosos procesos civilizatorios de Colombia, aunque suelen ser rechazadas por defensores de la vida y los derechos humanos, algunos las asumen como salidas legítimas para resolver diferencias políticas y rechazar medidas gubernamentales. Justamente, varios tuiteros ya proponen que para rechazar el contenido del proyecto de ley de ajuste económico (realmente es una reforma tributaria) que el gobierno presentará al Congreso se vuelva a vivir un estallido social como el de 2021.

Para “justificar” su llamado recuerdan que el estallido social lo generó la reforma tributaria de Carrasquilla, el fierabrás e irresponsable ministro de Hacienda del inefable e infantil Iván Duque Márquez. Por supuesto que hay diferencias coyunturales que harían casi imposible que el país vuelva a vivir y sufrir semejantes escenas de odio étnico, aporofobia gubernamental y social, todo en el marco de una declarada lucha de clases.

La invitación a que el “pueblo se levante” en esas mismas condiciones para rechazar las regresivas medidas económicas de gravar con IVA las frutas, verduras y el café, entre otros productos y servicios es a todas luces temeraria, pero sobre todo irresponsable. Quienes aspiran a que se vuelva a presentar ese violento y caótico escenario parecen olvidar el saldo trágico que dejó el estallido social de 2021: las “Rutas del Conflicto registró 80 víctimas mortales durante el estadillo social, en su mayoría jóvenes estudiantes y trabajadores entre los 17 y los 26 años. Brutalidad policial, enfrentamientos y confusos hechos se evidenciaron en una base de datos construida por Rutas del Conflicto, en la que buscamos contar quiénes eran las víctimas y las circunstancias alrededor de su muerte”. Sin contar las jóvenes violentadas sexualmente por policías del Esmad.

Invitar a movilizaciones, plantones y marchas resulta legítimo para expresar el descontento social que crece a diario en contra del gobierno y la figura de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Esperar y proponer que de estas se derive un nuevo estallido social deja ver un desprecio por la vida de los jóvenes sobre los que recaería la responsabilidad de las movilizaciones y la violencia oficial que este gobierno está dispuesto a ejercer con ferocidad y enmarcar la protesta social en lo que Duque en su momento calificó como “terrorismo urbano”.

Las organizaciones sociales de izquierda y progresistas, las centrales obreras y los agentes más visibles del petrismo no pueden recoger las ideas de unos cuantos tuiteros que asumen el estallido social de 2021 como fórmula e instrumento para echar para atrás las pretensiones de Abelardo de afectar negativamente la vida de las grandes mayorías de colombianos que cada mes hacen ingentes esfuerzos para asegurar los tres golpes (las tres comidas).

Que Abelardo y su equipo económico están jugando con candela no se puede negar, pero invocar y proponer un nuevo estallido social no puede ser el único camino posible que queda para responder al desafío cultural, social, económico y político de un presidente empeñado en seguir al pie de la letra las recetas del FMI y favorecer a los banqueros que financiaron su campaña.

Las aplastantes mayorías que tiene Abelardo en el Congreso, sin tener un partido político consolidado, hacen pensar que su proyecto de ley de ajuste fiscal pueda pasar tal cual como lo presentará. Pero cuidado que se vienen las elecciones regionales en 2027, escenario electoral que podrá ser aprovechado por las huestes petristas, la izquierda y el progresismo para tomar revancha de un gobierno que en menos de tres meses ya dejó ver una incontrastable ineptitud y sumisión a los siempre mezquinos intereses de los mega ricos del país y a la voluntad de Donald Trump. También se advierte que Abelardo les mintió a sus votantes durante la campaña. Les dijo, entre otros asuntos y promesas que no gravaría productos de la canasta familiar. Sin duda alguna, los engañó, les mintió, se burló de ellos.

Así las cosas, el reto para la izquierda, los progresistas e incluso para las mesnadas de la derecha que entienden los riesgos que corren electoralmente de seguir aprobando todo lo que propone y hace Abelardo está en oponerse con firmeza a la desacertada política de ajuste fiscal que está empeñado en sacar el inquilino de la Casa de Nariño. Si al país le va mal con Abelardo, el regreso al poder de la izquierda y el progresismo se podría dar, así no haya estallido social.

jueves, 29 de octubre de 2026

SABER-PENSAR Y EL PATRULLERITO DE LA NOCHE

 




Por Germán Ayala Osorio

 

En estos tiempos en los que la razón instrumental y la bestialización de la humanidad confluyen en el ejercicio del poder político, el saber-pensar para explicar los orígenes, intereses y efectos de los hechos que dan cuenta de ese proceso de deshumanización se convierte en el último esfuerzo para tratar de detener lo que viene sucediendo en el mundo.

Sobre esos hechos, atados a una selecta misantropía, señalo el genocidio en Gaza a manos del ejército sionista de Israel como su más terrible ejemplo, así como las consecuencias del arrasamiento de la Amazonia brasilera y colombiana y la negación del cambio climático; también, la complacencia de ese fantasma llamado “comunidad internacional” con orates como Netanyahu y Trump, y los seguidores de este último que mandan- no gobiernan- en varios países de América Latina; y no puedo dejar por fuera a lo que algunos llaman el “neoliberalismo religioso” del que hacen parte evangélicos, católicos y cristianos que se oponen al aborto, pero aplauden el genocidio contra el pueblo palestino. Una  contradicción fruto de un no saber-pensar, que para el caso, supone el triunfo de la ignorancia. 

A lo anterior se suman las redes sociales convertidas en el refugio de millones de adolescentes que huyen de sus entornos familiares en los que las pocas preguntas que sobre la vida se hacen sus padres, los ahuyentan y lanzan a esos entornos digitales en los que no hay “rollos”, solo diversión. Esas mismas redes sociales resultaron determinantes en las recientes elecciones de Brasil y Colombia. En las de aquí, el estratega del ganador de la contienda electoral reconoció que “las elecciones se ganan entendiendo emociones y sentimientos”. El desprecio por el saber-pensar fue evidente. Ahora manda el algoritmo, votan los ignorantes y los bots. 

Las protestas en varios países europeos, en la propia tierra del Tío Sam y las recientes movilizaciones en Chile y Colombia contra los gobiernos de Kats y De la Espriella dan cuenta de una problemática global que mucho tiene que ver con el saber-pensar que, curiosamente se debilita como propósito de universidades privadas que se la jugaron decididamente por el modelo virtual y a la falta de rigor académico que lo acompaña y que se fortalece con el uso de la IA en la construcción de ensayos y en otros ejercicios reflexivos propios de la academia.

En la Crítica de la razón cínica, Peter Sloterdijk señala que “la antigua socialdemocracia había anunciado el lema «saber es poder» como una receta prácticamente racional. Y en ello no se lo pensó mucho. Se consideraba que había que aprender algo adecuado para, posteriormente, tenerlo más fácil. Una confianza pequeñoburguesa en la escuela era la que había dictado la frase. Esta confianza está hoy día en descomposición. Solamente entre nuestros jóvenes y cínicos estudiantes de medicina hay una línea nítida que lleva de la carrera al standard de vida. Casi todos los restantes viven con el riesgo de aprender para el vacío. Quien no busque el poder, tampoco querrá su saber, su equipamiento sapiencial, y quien rechaza a ambos ya no es, en secreto, ciudadano de esta civilización. Son numerosos los que ya no están dispuestos a creer que habría que «aprender algo» primeramente para, después, tenerlo un poco más fácil”.

Aunque no es exclusivo de esta época, hay quienes aspiran hoy a gobernar y tener poder con los menores elementos conceptuales y un mínimo conocimiento alrededor de la condición humana porque les facilita las cosas y la vida misma a la hora de ordenar o mandar. Y no hablo exclusivamente de aspirantes a convertirse en presidentes de la República, también tienen ese misma aspiración y perfil empresarios, dirigentes gremiales, CEO, gerentes, influenciadores y rectores. Eso los hace proclives a despreciar la vida de los intelectuales, escritores, artistas, poetas y librepensadores, en especial cuando estos defienden ideas y conquistas liberales, derechos humanos y los de la Naturaleza. El pensamiento crítico lo asumen como un problema indeseable. 

Para el caso colombiano, es visible la negación del saber-pensar en quienes votaron por el proyecto de profundización neoliberal y “contrarrevolución cultural” que encarna el presidente, sus ministros y los cientos de miles de aúlicos que le aplauden sus “patrullajes” y sus “bienvenidas” a la patria milagro que hace a bandiditos de poca monta a los que confronta e intimida a corta distancia.

De la Espriella no ha exhibido en sus ya casi tres meses de gobierno una sola reflexión profunda en torno a la vida, al modelo de desarrollo, o al cambio climático. En sus alocuciones no hay cabida para ese tipo de disquisiciones porque, a pesar de ser un profesional, el saber-pensar no lo motiva a despertar en los jóvenes e incluso en los viejos que lo siguen, el interés por leer y reflexionar. Y mucho menos le interesa dignificar la institución presidencial, dejando como huella preguntas y disquisiciones sobre el futuro de la humanidad.

Mientras avanza el deterioro del planeta y los procesos civilizatorios alrededor del mundo colapsan por la fuerza de la razón instrumental de los negocios, incluido el de la guerra y el narcotráfico, en Colombia se fortalece la idea que a menor conocimiento más preparado se está para mandar y dirigir. El patrullerito-presidente seguirá jugando con su radio y pistola al cinto porque su vida está inexorablemente atada al saber-hacer o mejor, al saber-obedecer o saber-seguir el guion que le trazaron sus financiadores internos y Trump-Rubio, la dupla ignara, fatua, fierabrás, indocta e inculta que está detrás del Escudo de las Américas. 

 

miércoles, 28 de octubre de 2026

LA TARDÍA REACCIÓN DE IVÁN CEPEDA



Por Germán Ayala Osorio

 

En medio de un debate de control político contra el ministro de Agricultura, Indalecio Dangond Baquero, el senador y excandidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda Castro lanzó serios cuestionamientos contra el presidente de la República, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero.

Esto trinó Cepeda, a manera de conclusión, horas después del debate: “Existe un nexo probado entre Abelardo de la Espriella y narcotraficantes ligados al despojo de tierras, la gran minería y al narcorrentismo. Esos vínculos quedaron probados en el debate de manera documental y testimonial, y no fueron controvertidos ni por el ministro de agricultura ni por los congresistas de las bancadas de gobierno. De la Espriella es socio de narcotraficantes”.

Las graves afirmaciones del congresista ponen a prueba a varios sectores de poder político, social y mediático que votaron en blanco en las pasadas elecciones o que decididamente lo hicieron por De la Espriella como una forma de castigar lo que consideraron como el mal gobierno de Petro. El desmonte de las decisiones y medidas administrativas adelantadas por el gobierno progresista en favor de una reforma agraria y del campesinado unen hoy a la derecha y a la ultraderecha en Colombia. Lo que viene haciendo el ministro Dangond hace parte del recetario neoliberal y del proyecto político que precisos agentes del Establecimiento defienden: concentrar la tierra en pocas manos, imponer el modelo de la gran plantación, la economía de enclave y los monocultivos de caña de azúcar y palma africana, entre otros; acabar, física y simbólicamente con el campesinado, afectar la seguridad alimentaria para imponer los intereses y las lógicas de quienes proponen importar alimentos. Y finalmente, someter selvas y otros ecosistemas estratégicos a procesos de transformación para favorecer intereses inmobiliarios y explotación de riquezas, incluidas las “tierras raras” que el actual gobierno se comprometió entregarle a los Estados Unidos.

Entre esas huestes de poder que podrán usar o no lo dicho por Cepeda están los agentes académicos que recientemente criticaron y se opusieron a los actos de censura ordenados por el presidente y su ministra de Cultura contra el Museo Nacional, en el marco de lo que ellos mismos llaman “contrarrevolución cultural” que no es otra cosa que borrar de la memoria colectiva nacional las luchas feministas y a quienes se levantaron en armas, pero que se la jugaron posteriormente por la paz como Carlos Pizarro; y a otros como Bernardo Jaramillo que jamás apoyaron la lucha armada y  que invitaron al país a darse la mano por la paz. ¿Recogerán lo dicho por Cepeda para consolidar el bloque centrista en el que dicen estar ubicados? Lo más probable es que no.

De igual manera, lo expresado por Cepeda confrontará la solidez y la coherencia ético-política de los miembros del Centro Democrático, partido gobiernista en cuyo interior hay políticos que critican el talante autocrático de Abelardo, pero que no parecen interesados en acoger como ciertos los hechos denunciados y mucho menos usarlos para confrontar la legitimidad del actual gobierno. Hablo en particular de los congresistas Carlos Meisel y Rafael Nieto Loaiza. El primero, desestimó la gravedad de los señalamientos diciendo que lo “tenían preparado desde hace dos meses”. En lo que toca a Loaiza, en reciente columna de opinión criticó el talante de Abelardo: “El patrón no se define por un único exabrupto, sino por la acumulación de conductas. Lo que viene ocurriendo ha dejado de ser una serie de incidentes aislados y refleja un talante autocrático”.

El Centro Democrático, incluido su referente, creador y líder espiritual, Álvaro Uribe Vélez, no usará los hechos denunciados por Cepeda porque el congresista de izquierda en el pasado confrontó política y judicialmente al expresidente antioqueño y a su hermano Santiago por hechos muy parecidos a los que expuso contra De la Espriella. Cepeda dijo que los hermanos Uribe Vélez “fueron amigos, socios comerciales y colaboradores de clanes como los Ochoa, los Gallón Henao, los Villegas Uribe y los Cifuentes Villa”. De igual manera, Cepeda y otros agentes políticos los conectan con intereses de las estructuras paramilitares en el despojo de tierras. El mismo Uribe se apropió del baldío El Laguito 2, predio que años atrás devolvió por presiones de agentes políticos de izquierda.

Lo dicho por Cepeda constituye también una prueba de fuego para la prensa hegemónica -ayer uribista, hoy abelardista-, que aplaude a rabiar y reproduce las escenas grabadas por el equipo de producción cinematográfica de Presidencia en las que De la Espriella cumple el rol protagónico del Sheriff que saluda y da la bienvenida a la “patria milagro” a bandidos de poca monta. El periodismo en Colombia poco o nada hará con lo expuesto por Cepeda por una razón estructural: la “bancarización de la prensa” es una realidad inobjetable en el país, así como la práctica de la autocensura que asumieron las grandes empresas mediáticas. 

Y por supuesto, los hechos que presentó Cepeda servirán hacia adelante como termómetro para definir al interior de la izquierda y el progresismo candidaturas para el 2030. Igualmente, podrían servir para atraer a las huestes del petrismo a aquellas figuras políticas y mediáticas que criticaron la “tibieza” del entonces candidato presidencial por no recoger información que hace parte de los imaginarios colectivos que de tiempo atrás circulan en el país en torno a las relaciones de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero con mafiosos, más allá de su rol como abogado litigante. Sus relaciones con Alex Saab han sido usadas por periodistas y políticos para erosionar la legitimidad del hoy mandatario.

Uno de los grandes y feroces críticos de Cepeda por no haber señalado de “mafioso” a De la Espriella es el creador de la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal, quien le dijo: “durante la campaña tampoco hizo nada por decirle a ese tipo lo que era. […] Usted no fue capaz de decirle narcotraficante al narcotraficante, paramilitar al paramilitar y ladrón al ladrón, claramente. […] Ahora tenemos a un fascista que le ha colaborado al genocidio y que nos va a vender nuestras riquezas.”

Ya veremos qué efectos políticos y sociales generan los señalamientos de Iván Cepeda Castro. Enviar esas “pruebas” a los Estados Unidos como lo anunció el congresista no servirá de nada mientras Trump esté en la Casa Blanca. Además, históricamente los demócratas y republicanos terminan pareciéndose cuando se trata de imponerle a Colombia sus políticas e intereses. Lo  cierto es que Cepeda reacciona tarde: De la Espriella ya está montado y no hay nada qué hacer. Si lo que hoy denuncia lo hubiera usado en la campaña quizás no habría impedido la llegada de Abelardo a la Casa de Nariño, pero sí habría evitado la ruptura al interior del PH. 

Al interior del país, está claro que los agentes de poder económico que instalaron a De la Espriella en el solio de Bolívar desestimarán las denuncias del congresista pues primero están sus intereses corporativos, que cualquier consideración ética o moral. La concentración de la tierra y la explotación minera, la ganadería extensiva y los intereses inmobiliarios están por encima de consideraciones ecológicas, ambientales, morales y éticas.

El imaginario que dice que Colombia es la “democracia más antigua y sólida de América Latina” está inexorablemente atado a la historia del ethos mafioso (corrupción público-privada y la injerencia directa de los narcotraficantes en la economía y la política) que la sociedad en su conjunto validó y naturalizó.  El proceso 8.000 es la prueba más clara e irrefutable de que los cimientos éticos y morales del conjunto del Establecimiento colombiano devienen inexorablemente atados a los intereses de narcotraficantes y paramilitares. Samper fue absuelto a pesar de que se probó la entrada de dineros del Cartel de Cali a su campaña presidencial.

martes, 27 de octubre de 2026

DONOVAN BALANTA Y EL SILENCIO PRESIDENCIAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A Donovan Balanta lo habrían asesinado por ser negro. Los policías responsables, directos e indirectos, incluido un oficial en grado de Mayor, de la muerte del joven de 34 años fueron enviados a la cárcel por un juez de control de garantías. Recluidos en centro penitenciario esperarán el juicio por los delitos que les imputó la Fiscalía de homicidio y tortura agravadas y falsedad ideológica.

Balanta fue golpeado y sometido a descargas eléctricas con taser accionados por los policiales. Al final del martirio, una provocada arritmia cardíaca acabó con su vida. Durante el suplicio, de acuerdo con versiones periodísticas, uno de los policías le habría gritado que “estaba acostumbrado a matar negros”.

El caso de Donovan Balanta me hizo recordar la historia real que hay detrás de la película “Milagros inesperados”. Después de haber sido condenado por un crimen que no cometió, la justicia gringa concluyó que George Stinney era inocente. Las historias de Balanta y Stinney (era un niño cuando fue ejecutado) comparten prácticas racistas que siguen vivas tanto en los Estados Unidos como en Colombia. El jurado que condenó a Stinney estuvo compuesto por personas blancas. A Balanta lo asesinaron policías mestizos que quizás desconocen que ellos llevan en su sangre genes negros e indígenas.

El factor racial tendría sustento y validez jurídica por lo espetado por uno de los servidores públicos y por el evidente desprecio hacia la vida de la víctima que exhibieron los uniformados. Los videos de cámaras de seguridad confirman el ultraje y la subvaloración de la vida de Balanta, quien por varios minutos estuvo tirado en el piso de la estación de Policía a la que fue llevado en calidad de detenido.

El abogado Alí Bantú Ashanti en su cuenta de X señaló lo siguiente: “Juez impone medida de aseguramiento a cuatro policías por el presunto homicidio de Donovan Balanta. @ABDELAESPRIELLA no los salvará de la justicia y la prisión. No levanten las armas contra el pueblo y el indefenso. Nuestra voz firme contra el odio racial y la violencia policial. La respuesta contra el racismo debe ser siempre el amor al prójimo. Podrán recibir miles de cursos pagos con nuestros impuestos, pero si no se aman a ustedes mismos, saldrán a matar llenos de prejuicios, y no lo permitiremos”.

Al incluir en el trino al presidente de la República, el penalista asume que habría una tácita intención del Ejecutivo de lanzar algún tipo de salvamento que permita sacar a los policiales del lío judicial en el que se metieron por haber violado los derechos de Balanta, hasta producirle la muerte. O quizás la referencia se produce por el silencio guardado por De la Espriella frente al aberrante crimen.

Quizás el silencio del comandante supremo de las fuerzas armadas frente al crimen motivó al abogado a escribir ese mensaje. Hasta hoy 27 de octubre de 2026 De la Espriella no se pronunció sobre el homicidio de Balanta. Los pueblos afros y cientos de miles de ciudadanos esperan un contundente rechazo de quien, de acuerdo con la Constitución, funge como comandante supremo o jefe directo de los policiales que participaron de la tortura y la golpiza con el desenlace ya conocido.

El silencio del presidente hace parte del proceso comunicativo en el que está inmerso como ser humano y por supuesto en la comunicación de carácter político en la que están inscritas sus responsabilidades políticas y simbólicas como jefe de Estado. De ahí que, el no expresarse sobre los hechos conlleva a múltiples lecturas que cuestionarían su rol como jefe de Estado y garante del respeto de los derechos humanos de los servidores públicos que están bajo su mando. “Un silencio más extenso o más breve de lo habitual al terminar o antes de iniciar el discurso puede ser incluso más elocuente que la palabra misma. Lo dicho, sin decirlo, abre un campo de interpretación capaz de envolver a la palabra con un aura que puede evocar amenaza, incomodidad, expectación, ironía, temor, compasión, empatía, desconfianza, complicidad, venganza, entre otros”.

Es posible leer su mutismo como parte de un ejercicio de prudencia atada a la evolución del proceso jurídico e incluso a la llegada al momento del juicio. Pero también puede leerse ese significativo sigilo presidencial como un apoyo tácito al actuar de los policiales dada la cercanía y la admiración expresada por De la Espriella hacia las fuerzas armadas. El país ya parece haberse acostumbrado a ver al presidente de la República “patrullando”, con arma al cinto, radio y saludo militar incluido, acompañado de policías en operativos en los que se capturan toda suerte de bandidos. Se trata de actos simbólicos con los que el jefe del Estado deja ver su propensión a defender sin ambages las institucionalidades derivadas de la operación de militares y policías. Su condición civil se desvanece cuando aparece en los episodios grabados cumpliendo funciones de juez, sheriff y comandante militar.

Hay una expresión de Abelardo que puede ser usada para interpretar el silencio que hasta el momento exhibe alrededor del crimen de Balanta. Esto dijo a Noticias Caracol en mayo del año en curso, en condición de candidato presidencial: “…vas a ver lo duro que muerde el tigre. Y no como de indio, no como de negro, no como de blanco, no como de nada. El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y a la fuerza pública, le voy a caer con mano de hierro”.

El homicidio de Balanta por racismo tendrá que probarse en el juicio. Mientras tanto, las interpretaciones alrededor del silencio presidencial seguirán haciendo parte de ejercicios de análisis del discurso y la comunicación política. Entre más se extienda el silencio presidencial, más precisos y duros podrán ser las conclusiones académicas, simbólicas y políticas que se deriven.  

lunes, 26 de octubre de 2026

UNA BARRIDA PENDIENTE

 





Por Germán Ayala Osorio

“Mañana será el triunfo, mañana barremos a la basura socialista de América Latina”. Esto dijo la exsenadora del Centro Democrático, María Fernanda Cabal Molina horas antes de la jornada electoral en Brasil. Después de la derrota de Flavio Bolsonaro, lo dicho por Cabal Molina durante una manifestación en las playas de Rio de Janeiro a la que asistió vestida con una camiseta de la selección brasileña, puede parecer para muchos anecdótico e incluso apenas útil para hacer memes. En redes le pusieron el mote de “Refisal” por haberle llevado la sal o la mala suerte a su amigo Flavio Bolsonaro.

Todos sabemos que el triunfo inobjetable de Lula da Silva no fue fruto de la buena suerte y mucho menos obedeció a las influencias terrenales de Nuestra Señora de la Concepción Aparecida (Virgen Negra). Entre otros factores, Lula resultó reelecto porque los católicos reaccionaron ante las poderosas iglesias evangélicas que en Colombia y Brasil son actores políticos que movilizan emociones y una estigmatizante religiosidad; además, los errores cometidos por Bolsonaro en el último debate, la estrategia digital de la campaña de Lula, la burda injerencia de Trump en los asuntos internos de Brasil y el terror que generó la derecha bolsonarista, le aseguraron el cuarto mandato a ese hijo del pueblo trabajador llamado Luiz Inacio Lula da Silva.

Volvamos a la expresión de la señora Cabal. En lo espetado hay odio, violencia verbal y simbólica muy propia de la derecha colombiana que asume al contradictor político e ideológico como “enemigo de la Patria” o “basura” que debe ser tirada en escombreras o en botaderos a cielo abierto como el de Doña Juana en Bogotá. En eso, Cabal y Abelardo se parecen. En el pasado, Cabal Molina dijo que ser izquierda debería ser considerado ilegal. Se confirma así su inquina, odio, animadversión y deseo de que la izquierda, con todo y militantes, desaparezca por lo menos de su atormentada vida política. 

En la “extrema incoherencia” en la que funda sus ideas, Cabal se presenta como “republicana”: “Ser republicano es poner a Colombia primero. Defender la vida, la familia, la propiedad privada y la libertad. Creer en la ley, el mérito y los límites al poder. Colombia nos pertenece a todos”, dice en su cuenta de X.

Si la frase que expresó en las playas de Río la exponemos a la luz de su particular idea republicana, entonces se deriva una conclusión lógica: se valora la vida de todos, menos las de los diferentes, de la Otredad, de esa que exige derechos y la presencia de un Estado capaz de cumplir con el mandato constitucional propio de un Estado Social de Derecho; sí, a la vida de todos, menos las de de aquellos que ella misma llama despectivamente “mamertos”, la de los socialistas, la de los rojos, la de la izquierda, la de los progresistas; todos metidos en la misma bolsa o “chuspa” porque no hay tiempo para disquisiciones alrededor de las diferencias entre esas categorías. La derecha no pierde tiempo en discusiones conceptuales en las que progresistas, socialistas e izquierdistas suelen trenzarse en medio de la bohemia y cervezas que los hace diletantes e irresolutos. La derecha republicana que representa María Fernanda Cabal Molina es pragmática, es decir, es más del hacer que del pensar, por eso su alusión a “barrer la basura socialista…” es fruto de esa manera de ver la vida. Es mejor ejecutar que pensar. 

Barrer la basura socialista es un acto de habla propio de ese pragmatismo en el que ella milita, alejado eso sí de los efectos sociales, identitarios y políticos de su acción verbal. A Cabal poco o nada le importan los efectos y el rechazo que generen sus expresiones. Lo de ella es provocar, herir y decidir qué o quién sirve, qué  o quién se puede botar o eliminar.  Llamar “basura” a quienes defienden unas ideas deviene violenta y se acerca al carácter igualmente violento que acompañan las decisiones de proscribir del lenguaje institucional del ICBF a las niñas y adolescentes y la negar al campesino como sujeto de derechos, ahora llamados “productores rurales”.

Pero no es la primera vez que Cabal Molina descalifica la identidad, las luchas y la vida de quienes ella considera “enemigos”, contradictores o basura socialista. En el pasado descalificó la lucha feminista y a quienes defienden los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres: “Como las locas esas feminazis que son inmundas que salen en bola a quemar iglesias”; “todo lo que toca la izquierda en causas justas lo degenera. Entonces, el feminismo, un poco de viejas locas horrorosas”.

Hay allí un juicio estético, político y moral (religioso) propio de quien defiende la hegemonía de la iglesia católica y por esa vía el pudor de los desnudos callejeros que no alcanzan a ruborizar a los curas pederastas que violan niñas y niños y mucho menos a quienes los defienden en silencio. Cabal desestima el poder que acompaña a la insolencia de los desnudos de mujeres que confrontan el sistema patriarcal porque ella es incapaz de reflexionar y criticar esas instituciones responsables de años de dominación y sometimiento de las mujeres (niñas y adolescentes) a los designios masculinos. Cabal Molina es tan machista como Abelardo o su nuevo ministro del Interior, Alejandro Ordóñez Maldonado. 

Lo más seguro es que Cabal Molina sea candidata presidencial en el 2030. Llegará a esas instancias con la magra experiencia pública de haber sido únicamente congresista. Jamás administró una caseta de peaje, una alcaldía, un ministerio o una gobernación. Lo hará, eso sí, con su carácter intolerante y su pragmatismo que la hace proclive a desestimar el enfoque sistémico necesario para evaluar los efectos de las decisiones tomadas a la ligera y fruto de “calenturas verbales”. Qué bueno sería que Cabal Molina se tomara el tiempo de leer a Charles Pierce, a semiólogos y lingüistas. Quizás, después de leerlos reconsidere las formas como se representa a la Otredad y revise que los resultados buscados son tan importantes como los procedimientos para lograrlos. Y, por último, señora Cabal: nadie merece ser considerado basura o desechable; toda vida es sagrada, incluso, la de sus enemigos. 

domingo, 25 de octubre de 2026

REELECTO LULA DA SILVA



Por Germán Ayala Osorio

 

Luiz Inacio Lula da Silva ganó, logró su reelección. Ganó Brasil, pero también Latinoamérica y la humanidad. Este octogenario, con apenas nueve dedos, de la mano de millones de brasileños, derrotó a Trump, a la ultraderecha internacional; a los Cerimedo locales, a las viejas glorias del jogo bonito que se alinearon con la derecha local; al sionismo, a Israel y a la poderosa familia Bolsonaro. Al interior del país, y en materia religiosa, los católicos vencieron a las poderosas iglesias evangélicas que actúan como verdaderos partidos políticos. Estos traficantes de la fe se metieron de lleno en la política electoral. Los casos de Brasil y Colombia resultan emblemáticos. Es también una derrota para lo que llaman ya el "neoliberalismo religioso". 

Luiz Inacio Lula derrotó a la godarria brasileña, esa misma que dice defender la “familia tradicional”. En un ejercicio de doble rasero moral, persiguen y señalan a los miembros de la población LGTBIQ+ e insisten en mantener la vigencia de un sistema patriarcal que solo tiene para las mujeres el rol de reproductoras de hijos e hijas, esto es, mano de obra barata para un sistema mundo capitalista que necesita de nuevas víctimas para explotar.  Lo peor de todo es que defienden a los curas pederastas y a la godarria homosexual enclosetada y perfumada de sus élites. Admiran a Trump, un consumado pederasta que en sus años de juventud se divirtió de lo lindo violando niñas en la isla de su amigo Epstein.

El triunfo de Lula da Silva es un bálsamo, un respiro y una esperanza para el hemisferio, controlado y sometido casi en su totalidad por la dupla Trump-Rubio con todo y su Escudo de las Américas y las sempiternas políticas de expoliación y empobrecimiento de los pueblos de esa parte de las Américas que estos dos llaman el “patio trasero”. Lula se los volvió a decir: “No seremos el patio trasero de nadie”.

En esta parte del mundo, sobreviven Uruguay, México y ahora Brasil como gobiernos progresistas. Colombia giró a la ultraderecha y en menos de tres meses ya está sintiendo lo que significa ser el “patrio trasero” de los Estados Unidos: Abelardo se comprometió a entregar las tierras raras a los gringos y a mantener la falaz lucha contra las drogas, mientras logran los “americanos” cultivar en sus pisos térmicos la mata de coca. En estos momentos están afinando el control institucional de la producción de cocaína para satisfacer a los cocainómanos y garantizar las ganancias al sistema financiero mundial y en particular a Wall Street.  

Ganó Lula, aunque al cierre de esta columna Flavio Bolsonaro no reconoció aún la derrota que por más de cuatro millones de votos le propinó Lula da Silva, pero si pidió anular los resultados por la decisión de la autoridad electoral del Brasil de extender por dos horas la jornada, a solicitud de ambas campañas.

El mundo y la aviesa condición humana no cambiarán por la continuidad del gobierno progresista en el gran Brasil, pero se siente un fresquito y se abre una luz de esperanza frente a la consolidación de la funesta, mafiosa, neoliberal, enferma y criminal derecha trumpista en este hemisferio. Esta parte del mundo dormirá mejor esta noche. Ya veremos mañana.

sábado, 24 de octubre de 2026

ADEMÁS DE FACHOS...

 



Por Germán Ayala Osorio

 

El triunfo electoral y político de la ultraderecha que encarna Abelardo, el actor-presidente, abre el camino para que se consoliden o se repotencien en el país, como prácticas cotidianas difíciles de superar, el altruicidio y la adiaforización. El real riesgo es que el país las reclame como propias para hacerlas parte del conjunto de taras civilizatorias con las que ya nos ganamos el vergonzante lugar de una sociedad premoderna, poco democrática, retrograda y violenta.

El primer concepto, propuesto por Mbembe (2016) se entiende como una actitud proclive a ver al otro como un peligro inminente, del que debo cuidarme. Es una negación del otro en tanto que lo descifro como un riesgo. Si lo examinamos a la luz de nuestra realidad jurídico-política y el ya naturalizado doble rasero moral, es fácil conectarlo con la doctrina del enemigo interno que el entonces presidente Uribe supo extender su aplicación hacia defensores del medio ambiente, de los derechos humanos, periodistas, intelectuales y otros agentes críticos de la seguridad democrática, vistos todos como “amigos de los terroristas o terroristas vestidos de civil”. Ahora, en la “era del tigre”, esos mismos actores sociales y políticos son vistos como “enemigos de la Patria” porque se presumen seguidores de Petro o defienden las banderas progresistas y de izquierda.

El segundo concepto se define como algo sin importancia y más recientemente como la capacidad de no reaccionar como si algo le ocurriera no a personas, sino a cosas físicas, objetos. En palabras de Bauman, este último concepto da cuenta de la “pérdida de la sensibilidad moral en la sociedad, donde se trata de tomar los “…actos o inacciones como moralmente neutros y evitar que las opciones entre ellos se sometan a juicio ético, lo que significa eludir el oprobio moral”. Somos, entonces, una sociedad altruicida y adiafórica.

Se respira en el país un ambiente enrarecido motivado en gran medida por la infantilización[1] de la función pública, del sentido del Estado y de la democracia de parte de un presidente que camina entre cadáveres, lanza vivas a Cristo Rey que recuerdan un pasado violento, anda con un arma al cinto, saluda como militar y juega con un radio con el que autoriza desde demoliciones de edificios, hasta bombardeos contra estructuras narcoterroristas del ELN. Mientras juega a gobernar, la prensa hegemónica y corporativa todos los días le aplaude, al tiempo que aporta, con el siempre moralizante lenguaje periodístico, a que vayamos naturalizando el altruicidio y la adiaforización como las nuevas-viejas prácticas de una sociedad clasista, racista, aporofóbica, homofóbica, transfóbica, gazmoña, morronga, puritana, creyente y fanática que pondera el regreso de Alejandro Ordóñez Maldonado, el político y fanático religioso que llega al gobierno para ejercer como el líder espiritual de la anunciada “batalla y la contrarrevolución culturales”. Su adoctrinante liderazgo no se limitará por supuesto a las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo. No, claro que no. Esta especie de Torquemada criollo será la cara visible del régimen ultraconservador con el que soñaron católicos y evangélicos, entre otras sectas religiosas que odian a los miembros de la población LGTBIQ´+ y se oponen, con Biblia y camándula en mano, a los derechos reproductivos de las mujeres, al aborto y a la eutanasia.

Lo que está en juego en Colombia no es menor ahora que la ultraderecha llegó para quedarse: la ya débil democracia colombiana va poco a poco perdiendo sentido de realidad, eficacia jurídica y legitimidad social y política por cuenta de la intolerancia cultural que desde el Estado se alienta y promociona. Los responsables de ese retroceso son, en su orden, las empresas mediáticas que, convertidas en actores políticos, erosionaron hasta más no poder la legitimidad del gobierno anterior a través de un ejercicio periodístico ideologizado; también son responsables los que votaron por Abelardo- por odio a Petro- a sabiendas de que sucedería lo que ya ocurre apenas dos meses después de su posesión. Igualmente deberán asumir responsabilidades el expresidente Petro y las figuritas que usaron las redes sociales para hacer alarde de su cercanía con el mandatario, al tiempo que exhibían sus atributos físicos en una práctica de auto sexualización que facilitó la tarea de los periodistas que las redujeron a meros objetos sexuales. Y por supuesto, los corruptos que horadaron un proyecto político que se equivocó al vender una idea maximalista e irrealizable de cambio, por lo menos en lo que toca a las costumbres políticas.

Insisto: asistimos a una peligrosa y preocupante coyuntura política en la que además de distinguirnos por ser “fachos” y proclives a querer eliminar al diferente, vamos a sumar dos características más: adiafóricos y altruicidas. Será un verdadero milagro si al llegar el 2030 queda algo de patria, democracia y derechos.



[1] Sobre el perfil del presidente-therian y su actitud infantil atada a su incontrastable narcisismo hay quienes se atreven a decir que obedecen a un trastorno de personalidad. Recién, en El Unicornio, Jaime David Pinilla señaló en su columna que se trata de “…un trastorno de la personalidad claramente tipificado en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, más conocido como DSM-V: el narcisismo, según el cual, este se define como «un patrón dominante de grandeza (en la fantasía o en el comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía». Véase: https://elunicornio.com.co/la-presidencia-como-terapia-para-el-narcisista/

 

viernes, 23 de octubre de 2026

HABLEMOS DE CINE




Por Germán Ayala Osorio

 

La estética del poder que exhibe todos los días el inquilino de la Casa de Nariño deviene atada a un inverso teatro de lo absurdo en el que él, como figura pública y máxima autoridad administrativa de la Nación, representa el mal ejercicio de la política y de lo político, así la prensa hegemónica insista en registrar sus apariciones circenses y el juego de roles en el que está inmerso bajo una narrativa que lo hace ver como un presidente que gestiona, ejecuta y gobierna. Por supuesto que se trata de una falsa narrativa muy propia de un periodismo oficialista y de unos periodistas que fungen realmente como estafetas, mandaderos e incluso como nefastos activistas políticos. Baste con escuchar a varios de estos en Mañanas Blu y Noticias Caracol para entender que ellos también están actuando. Por tratarse de un derecho fundamental, las actuaciones de aquellos periodistas se consideran altamente perjudiciales para la democracia. Eso sí, nutren la falsa conciencia de una opinión pública manipulada por la teatralización de la política y del oficio periodístico.  

Baste con ver la “pinta” del actor-presidente para entender que estamos ante una estética patriarcal de nuevo cuño en la que irrumpe, radio en mano y pistola al cinto, el clásico macho proveedor y violento que está obligado a exhibir su virilidad ante un público femenino y masculino que lo reclama. Se trata, por supuesto, de un juego de un hombre adulto que está disfrutando de la suerte de ser el presidente de Colombia. En el paro armado decretado por bandidos en Santa Marta, entró a cuadro pistola al cinto y el radio dispuesto a “patrullar” las calles de la sitiada ciudad. Días después, en Cali, le dio la “bienvenida” a la Patria Milagro a un vendedor minorista de droga. Lo mismo hizo en un hangar momentos antes de ser extraditado hacia los Estados Unidos un criminal conocido como alias Araña. Solo le faltó a Abelardo decirle la ya popular y cinematográfica frase “hasta la vista, baby”.

Lo negativo del asunto es que esa dignidad presidencial la ha infantilizado y ridiculizado de tal manera que los millones de colombianos que no lo votaron asumen de manera contraria ese cargo idealmente pensado para personas inteligentes, formadas y comprometidas con las responsabilidades constitucionales asignadas. Al ver las constantes escenas, finamente preparadas en los laboratorios del marketing político, es claro que reducen la presidencia a un papel que cualquiera puede interpretar porque para eso hay asesores, estrategas y las empresas mediáticas dispuestas a matizar, maquillar y ocultar errores en la interpretación e incluso los vacíos del guion neoliberal, antiderechos, conservador-regenerador y altamente disruptivo desde lo ecológico y ambiental que está siguiendo al pie de la letra. Abelardo no está gobernando, está actuando. Lo que sucede es que las escenas en las que participa son las cortinas que no dejan ver lo que realmente está pasando en los territorios. 

Junto al alcalde de Cali, Alejandro Eder, se burla de las víctimas del terremoto al volver un espectáculo la decisión de demoler edificios afectados por el terremoto del 10 de agosto. Con los anuncios de las demoliciones, Eder y Abelardo venden la idea de que están brindándole a los damnificados prontas soluciones de vivienda después de más de dos meses de ocurrido el evento sísmico. Las propiedades de la SAE prometidas para ser entregadas a las víctimas hacen parte de los pendientes que como Estado local y nacional arrastran estos dos actores de reparto... de ilusiones. La crudeza de las realidades de ciudades como Pereira, Dosquebradas y Cali, entre otras, confrontan esa realidad novelada, editada y con música incidental que proyectan estos dos actores-mandatarios.

A lo anterior hay sumar la estética que proyecta el patrioterismo que con evidentes rasgos de revanchismo ideológico promocionan a diario los integrantes del gobierno y congresistas de la bancada oficialista. La “batalla y la contrarrevolución culturales” hacen parte del mismo guion de esa película que empezó a grabarse el 7 de agosto de 2026. Se trata de un azaroso largometraje pensado, en una primera etapa, para cuatro años, pero que puede extenderse por un periodo similar.

Con la entrada en escena de Alejandro Ordóñez Maldonado, empieza un capítulo que hace pensar a los críticos audiovisuales e incluso a los cineastas que siguen de cerca a esta película que se graba y se edita en vivo, que habrá un giro de la comedia hacia ejemplarizantes escenas de terror muy al estilo de la película Psicosis. El exprocurador y hasta hace poco embajador de Colombia ante la OEA hará las veces de Tomás de Torquemada. Hay suspenso y grandes expectativas entre los públicos para ver lo que podría ser la mejor actuación de Ordóñez, experimentado actor de reparto de puestos, de acuerdo con el Consejo de Estado que en el pasado anuló su reelección como Procurador justamente por incurrir en prácticas clientelistas. Su regreso a la gran pantalla es visto por las mesnadas abelardistas como un milagro en la medida en que se asume que “Monseñor” Ordóñez resucitó de entre los muertos (quemados o políticos desahuciados). Los estudiosos de la fe consideran que ese tipo de milagros son la antesala del esperado regreso de Cristo Rey. 

Hay que estar atentos porque en cualquier momento se escucha la claqueta para dar inicio a otra escena de esta película que atrapa y asusta. Sin duda alguna, una costosa producción cinematográfica en recursos públicos, de la biodiversidad e incluso de vidas pérdidas. 

FAVORES SEXUALES, CONTRATOS Y EL DERECHO DE PERNADA

  Por Germán Ayala Osorio   Las familias presidenciales, en repúblicas bananeras como Colombia, se asumen como la “realeza” local de ahí...