Por Germán Ayala Osorio
Para explicar las diferencias éticas
y morales entre Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella bastaría con ver la
imagen que encabeza esta columna de opinión.
El primero, suele grabar audio
columnas con el fondo de su amplia biblioteca que, a juzgar por la forma en la
que se expresa y escribe sus discursos (la derecha habla de “papelitos”), es apenas
lógico concluir que los libros allí presentes no están de adorno y que efectivamente
fueron leídos o por lo menos consultados por el candidato presidencial del
progresismo; mientras que al candidato de la ultraderecha le encanta posar con
armas de fuego que representan a los sectores de poder que apoyan su
caricaturesca y ladina campaña y al propio Abelardo de la Espriella quien cree
a pie juntillas en la violencia legítima del Estado y en la que ejercieron
y puedan ejercer en el inmediato futuro estructuras paramilitares a las que
como abogado asesoró.
Estamos ante dos hombres
distintos que representan a disímiles modelos de Estado y Sociedad. El abogado “mata
gatos” se muestra como un “patriota” defensor de la patria y de las
arbitrariedades cometidas desde el inicio de la República por creer que las desavenencias
y conflictos siempre será mejor tramitarlos a través del uso de las armas. ¿Para
qué normas, protocolos, diálogos y procesos judiciales si tenemos armas con las
que se pueden atemorizar, asesinar testigos y amedrentar jueces? Esa parece ser
la pregunta que sirve de enlace ético y moral entre las armas que exhibe De la
Espriella en su armerillo.
Cepeda Castro defiende la
democracia y los derechos humanos, sin desconocer la “necesidad” de que existan
las armas de la República para defender la soberanía nacional en caso de una amenaza
internacional; infortunadamente, ese mismo poder bélico ha sido usado en esta
guerra fratricida en la que llevamos más de 50 años.
Mientras que Cepeda propone discusiones
conceptuales derivadas de años de lectura de libros clave para entender el
conflicto, la política y el devenir de la condición humana, Abelardo de la Espriella
es monotemático, conceptualmente débil y proclive a resolver las diferencias y
los conflictos a través de litigios jurídicos con los que, por ejemplo, amedrenta
periodistas que osaron hurgar en su pasado.
Cepeda es un humanista; De la Espriella,
un abogado que colecciona armas de fuego. Punto. Si usted vota por el primero,
lo más probable es que su vida haya estado atada a la lectura y a los diálogos
horizontales y respetuosos en medio de las diferencias políticas. Si por el
contrario Usted vota o conoce a alguien que lo hará por Abelardo de la Espriella
es fácil concluir que ambos han vivido sin leer y probablemente muy cerca de chafarotes
que desprecian la vida de aquellos que se atrevieron a pensar y a leer.