Por Germán Ayala Osorio
En el mundo del fútbol, los
argentinos arrastran con la fama de ser “malos perdedores”. Arman bronca cuando
son superados por rivales considerados por la historia y el periodismo
deportivo como “inferiores”. Ese imaginario colectivo, con visos universales,
está soportado en que lo han ganado todo en el fútbol en las diferentes
categorías: con tres mundiales de fútbol de mayores (78, 86 y 2022) se sienten
invencibles y únicos, incluso por encima de Brasil que tiene cinco títulos.
Hagamos algo de historia antes de
entrar en materia. La del 78, dicen, se consiguió gracias a un arreglo
económico con los jugadores de la selección peruana a la que necesitaban
derrotar para acceder a la final. Y lo lograron: 6 a 0 terminó el juego. Se sumó
a eso el contexto de una dictadura militar que necesitaba adormecer a la
sociedad con la primera copa del mundo. Después vino la mano de Dios (Maradona)
y la consecución del segundo título mundial en el Mundial México 86. Dejemos
ahí y vamos al asunto que inspiró esta columna.
Julio Coria es un chico de
la selección argentina Sub17 que, después de la derrota 4 a 0 se volvió viral
por las altisonantes declaraciones que dio a la prensa argentina. Ese resultado
del suramericano en Paraguay (2026) y lo expresado por el joven jugador puso a
los periodistas deportivos de Colombia y Argentina a hablar, indirectamente, de
ese imaginario. Esto espetó el joven: “No nos faltó nada. Yo
sé que los vamos a agarrar en el Mundial y les vamos a romper el orto como lo
hacemos siempre”.
Más allá de si se trata de un adolescente
adolorido por la derrota sufrida a manos de una selección “inferior”, en lo dicho
por Coria hay una evidente negación de la superioridad del seleccionado
colombiano que les propinó semejante paliza. Actitud negacionista que deviene
atada a las maneras en las que los periodistas argentinos y colombianos suelen
mirar el fútbol. Del lado de los gauchos siempre hay la excesiva confianza en la
superioridad de la albiceleste en todas las categorías; y del lado de los
cafeteros, una excesiva admiración hacia el futbolista argentino y una naturalizada
desconfianza en las capacidades de los jugadores colombianos. Entonces, los
periodistas locales hablan de que a los nuestros les falta “jerarquía, cojones,
seguridad y confianza”, cualidades que les sobran a los argentinos.
Por supuesto que el cuerpo
técnico de ese seleccionado argentino tiene mucho de responsabilidad en lo
expresado por el pibe que llegará al Mundial con las ganas de vengarse de la
humillación recibida de unos colombianos que aún no ganan nada importante a nivel
mundial. Se volvió a conseguir el título suramericano de la categoría después
de 33 años.
Ojalá el técnico de la sub17
argentina se siente a conversar con Coria no tanto para fustigarlo por lo
dicho, sino para aclarar si su reacción se alimentó en el vestuario momentos
antes de jugar la final contra Colombia. A esa conversación deberán sumarse los
tres jugadores que vieron la tarjeta roja por juego brusco, fruto de la rabia
de perder contra la Colombia a la que están acostumbrados a romperle el orto.
Por los lados de los campeones
suramericanos se espera que asuman con humildad el triunfo conseguido y que
pasen rápidamente la página pues se viene el Mundial de la categoría. Ojalá los
directivos de la Federación Colombiana de Fútbol aprendan de una vez por todas a
consolidar procesos formativos como en el que están inmersos estos jóvenes que
humillaron a los argentinos, porque como piensa Coria, “en las finales siempre
nos rompen el orto”. Baste con recordar la final de la Copa América. Y como no hemos ganado nada realmente importante, esos malos resultados también son responsabilidad de los directivos y, por supuesto, de los jugadores.

