jueves, 23 de julio de 2026

CON CUÁL ANTIOQUIA SE QUEDAN LOS PAISAS: ¿LA DE CEPEDA O LA DE ABELARDO?

 

Por Germán Ayala Osorio

Antioquia, su capital Medellín y su gente han vivido y soportado procesos de construcción y deconstrucción identitaria que dan cuenta de las intenciones de su dirigencia de exaltar la “raza antioqueña”, ocultando realidades sociales y culturales complejas, muchas de estas rayan con la inmoralidad de una sociedad pacata, farandulera, morbosa, mojigata, gazmoña, puritana, morronga, machista, homofóbica, transfóbica, mafiosa, corrupta y misógina.

De esos procesos históricos se destacan figuras retóricas (para muchos, simples eslóganes) como “Antioquia la más educada”, pasando por “somos el muro de contención del comunismo”, hasta convertirse en la sede del Escudo de las Américas, justificada esa decisión por el propio presidente electo, Abelardo de la Espriella, quien dijo lo siguiente: “…porque aquí está a la cabeza de la serpiente del narcotráfico y del crimen organizado. Desde Medellín y el área metropolitana salen la mayoría de órdenes al resto del país, así que nos vamos a concentrar acá para luchar contra el crimen como debe ser: se someten o se les da de baja como en derecho corresponde”.

Lo curioso del asunto es que el presidente therian lo dijo acompañado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, alias Fico, y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. Por supuesto que lo espetado por De la Espriella no causó molestia en las huestes que defienden el buen nombre del departamento y la pujanza de su gente porque el presidente electo hace parte de las mesnadas de la derecha que representan Gutiérrez y Rendón, alfiles del uribismo y de la godarria antioqueña.

El periódico El Colombiano se limitó a registrar la “verdad presidencial”.  Lo mismo hicieron otras empresas periodísticas que meses atrás reaccionaron ante el sacrilegio que cometió el entonces candidato presidencial Iván Cepeda, que se atrevió a decir en su visita a Medellín, que “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, la narco economía y del terrorismo de Estado”. En ese momento, el estamento antioqueño salió, rabioso, en defensa de la moral y el buen nombre del departamento y la berraquera de los paisas. Estamos ante una indignación selectiva o un silencio interesado que guía la narrativa regional de una dirigencia antioqueña capaz de reconocer sus propias realidades dependiendo de cuándo, dónde, para qué y quién lo diga. Fue tanta la ira que la Asamblea departamental declaró a  Cepeda persona non grata en un documento firmado por 14 de los 26 diputados.

El alcalde Fico dijo, con inocultable molestia, que “Antioquia merece y exige respeto, en Antioquia se ve el desarrollo, la pujanza, el progreso y somos el muro de contención del comunismo”. Quedó claro que los políticos y específicos periodistas antioqueños están dispuestos a reconocer realidades y fenómenos socioculturales siempre y cuando quien los exponga sea ideológica y políticamente compatible.

Volvamos a lo dicho por De la Espriella. Por supuesto que se trata de una lectura política con miras a legitimar la estrategia de los Estados Unidos llamada Escudo de las Américas para “luchar” contra el narcotráfico. La lectura del therian presidente expone realidades socioculturales en las que Pablo Escobar Gaviria ancló con rotundo éxito el ethos mafioso que sostiene la corrupción público-privada local y regional, el sicariato y alimentó el surgimiento del paramilitarismo y la naturalización del narcotráfico y otras actividades económicas ilegales.

Puede sonar duro, pero es así. No es posible negar que la pujanza de sectores societales de Medellín y el departamento está sostenida en valores como la solidaridad, las ganas de salir adelante, de progresar y construir bienestar para todos, alejadas por supuesto de la inmoralidad y la ilegalidad que acompañó el proceso de heroización del asesino serial más despiadado que haya parido Antioquia: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Bueno, dicen que hay otro por ahí muy parecido en el perfil criminal del entonces jefe del Cartel de Medellín.

 

 


Medellín será sede en Colombia del Escudo de las Américas. Foto: AFP, EL TIEMPO

miércoles, 22 de julio de 2026

HABLEMOS DE DISPOSITIVOS RETÓRICOS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En política y en particular en coyunturas electorales los candidatos presidenciales, presidentes y políticos en general apelan a dispositivos retóricos para persuadir, motivar y despertar emociones en una sociedad como la colombiana en la que sus ciudadanos son proclives a explicarse las realidades construidas mediáticamente y aquellas frutos de sus propias experiencias, a partir de sentimientos muchas veces primarios, alejados de cualquier posibilidad de discernir sobre ideas, desde el pensamiento sistémico y categorial; no se apela  a conceptos y hechos porque se prefieren las nociones, los prejuicios, preconceptos y las lecturas de clase. 

Desde el plebiscito por la paz de 2016 millones de colombianos aún prefieren apelar a la falacia ad hominen para atacar y someter a ese Otro al que asumen como enemigo por el solo de hecho de no pensar como ellos. Los miedos a exponer sus certezas, miedos y la debilidad argumental los hace proclives a atacar a la persona en lugar de debatir sus posturas y argumentos.

El listado de dispositivos retóricos usados en los últimos años dice mucho de la condición humana de quienes los propusieron, como de los periodistas-editores que los amplificaron por simpatías ideológicas o porque simplemente estaban siguiendo la línea editorial planteada por la empresa mediática. Recordemos algunos: “castrochavismo, neocomunismo, socialismo del siglo XXI, paz con impunidad, paz sí, pero no así”.

Después del proceso de paz de La Habana, académicos como Andrei Gómez Suárez[1] sugirieron que la sociedad colombiana tuvo en ese momento el reto de “tramitar emocionalmente la transición de la guerra a la paz”. Después de un difícil proceso de implementación de lo acordado entre el Estado y las entonces Farc-Ep, el criticado funcionamiento del tribunal de justicia transicional y restaurativa (JEP) y la llegada al poder del primer presidente therian hay que preguntarse si a partir del 7 de agosto los colombianos se deben preparar para “tramitar emocionalmente la transición de la paz total a la guerra total”.

Una primera respuesta va en este sentido: no hubo tiempo para gestionar y prepararnos para esa compleja transición porque los dispositivos retóricos usados durante la campaña presidencial que terminó el 21 de junio con el controvertido y pírrico triunfo de Abelardo de la Espriella estuvieron sostenidos y lo están aún en una fuerte división social y política de la sociedad, a la que se sumó el odio visceral hacia el presidente Petro por haber apelado a dos poderosas figuras retóricas, el “Cambio” y la “Paz Total”, que, después de cuatro años de gobierno progresista, se asumieron engañosas, hiperreales y falaces porque como promesas no se cumplieron y porque arrastraban un incontrastable nivel maximalista, lo que mostró una lectura equivocada de realidades políticas y culturales que las convirtieron en utopías en una sociedad distópica como Colombia.

Con el anuncio del Plan Patriota 2.0, el gobierno de Abelardo de la Espriella dispone del escenario propicio para darle sentido de realidad a sus propios dispositivos retóricos. El primero tiene que ver con la condición identitaria del primer presidente therian de Colombia. De la Espriella se cree un “tigre” que “ruge y muerde duro”. A pesar del desarreglo identitario del presidente electo, la imagen que proyecta con el animal es de protección, fuerza, garra, ataque y depredación, ideas que calzan perfectamente con el ideario neoliberal que él defiende y que se resume en el favorecimiento de las élites, en detrimento de los derechos de las mayorías.

Otras de las figuras retóricas usadas por De la Espriella son “superar la dictadura” y los “momentos de oscuridad” por los que atraviesa el país. En este último recurso ancla su figura retórica emocionalmente más importante: la “patria milagro”. Si la figura del “Cambio” usada por Petro resultó maximalista, la del therian deviene abrumadoramente engañosa y peligrosa por una razón fundamental: De la Espriella ofreció “destripar” a la izquierda, lo que hace pensar en que se trataría de un milagro costoso social, ideológica, cultural y políticamente.  El desprecio hacia el pensamiento divergente y en particular hacia el progresismo lo llevó a romper con la tradición republicana de posesionarse en la Casa de Nariño, para hacerlo en una guarnición militar para evitar así el encuentro con el presidente saliente, Gustavo Petro. Sin duda alguna, una actitud con un evidente carácter infantil propia de un adolescente que se cree tigre. También puede ser leída como una decisión política de sumisión al poder militar o su exaltación como una forma de prepararse para lo que vendrá para el país con la implementación del Plan Patriota 2.0 y la inclusión de Colombia en el Escudo de las Américas. Es posible pensar que el presidente therian quiere posesionarse en el Cauca, en una guarnición militar, para meter al país en una discusión innecesaria entre civilistas y militaristas. Los congresistas que votarán no a la propuesta, quedarán "fichados" como enemigos de los militares;  y los que dirán sí, alcanzarán el estatus de patriotas, de amigos de la Patria que gritan ¡Firme por la Patria!

Con todo y las figuras retóricas aquí expuestas, la fuerza de esos dispositivos está atada a la histórica incapacidad de millones de colombianos de tramitar los conflictos y las diferencias de manera civilizada y dialogada. A lo que se suma el rechazo y el odio que sienten cientos de miles de connacionales hacia sus procesos de mestizaje. Odian a la "indiamenta" y a la "negramenta". 

Para superar la “polarización” y el odio hay que apostarle a un profundo cambio cultural que supone proscribir la aporofobia, el ethos mafioso (corrupción público-privada), el racismo, clasismo y la supremacía étnica de aquellos que se creen “blancos”, casi arios. Por supuesto que al presidente therian o al therian presidente no le interesa liderar ese proceso de transformación cultural: lo de él es jugar a ser tigre depredador en lo ambiental y destripador, en lo humano y en lo ideológico. 








[1] Autor del libro El triunfo del No, la paradoja emocional detrás del plebiscito. Ícono. 2016.

martes, 21 de julio de 2026

PLAN PATRIOTA 2.0: SE VIENE LA GUERRA TOTAL


 Por Germán Ayala Osorio

 

Con la complaciente y acrítica mirada de la prensa hegemónica se anuncia desde las huestes abelardistas la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, programa de cooperación e intervención militar de los Estados Unidos en las dinámicas del conflicto armado interno de Colombia, reducido nuevamente a una amenaza terrorista, atada al Escudo de las Américas, estrategia de Donald Trumo que acogió de manera temprana De la Espriella.

El país recordará que en el Plan de Desarrollo del gobierno Pastrana se incluyó un capítulo llamado Plan Colombia. En aquella oportunidad, el hijo de Misael Pastrana Borrero viajó a los Estados Unidos para reunirse con el presidente Bill Clinton a quien le presentó ese capítulo con la solicitud expresa de apoyar la paz. 

Pastrana propuso una relación Paz/Guerra con una distribución de los recursos de un 80% para la primera y de un 20% para la segunda. Clinton le cambió la relación. Lo demás fue simple: el Plan Colombia fue aprobado en el Congreso americano y aplicado en el país sin ser discutido y admitido en el legislativo colombiano. La lucha contra las narcoguerrillas de entonces no obedecía y no obedece hoy tampoco a “…una lucha antidrogas de profunda base ética y moral, sino, también, un ajuste de cuentas entre grupos económicos del mundo desarrollado, pues de la comercialización de la cocaína hay sectores que han levantado un verdadero imperio y que, en medio de las reglas del sistema capitalista, han resuelto que la materia prima sea adquirida en el mundo subdesarrollado alto andino…”[1].

Los resultados militares del Plan Colombia aparecieron durante las administraciones de Uribe y Santos: las Farc-Ep se vieron obligadas a replegarse en los más recóndito de las selvas, sus procedimientos y actividades logísticas resultaron fuertemente golpeadas y varios miembros del Secretariado de esa guerrilla cayeron abatidos.  Al final, optaron por firmar el armisticio y someterse a las condiciones de la justicia transicional (restaurativa) en el marco del proceso de paz de La Habana.  

Los efectos negativos en la agricultura, en estratégicos ecosistemas naturales y en los proyectos de vida comunitaria en las zonas de influencia de las operaciones militares fueron evidentes. El desplazamiento forzado por la vía de la violencia paramilitar y los combates terminó beneficiando a terratenientes, narcotraficantes, políticos y ganaderos que se quedaron con millones de hectáreas de tierra abandonadas. La acumulación por desposesión aportó al crecimiento de la concentración de la tierra en pocas manos.

Durante el gobierno Uribe, ese Plan Colombia fue “nacionalizado” con el nombre de Plan Patriota. De la mano de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, dicho plan se ejecutó bajo las mismas dinámicas y objetivos trazados para el plan matriz llamado Plan Colombia.

Ahora, con la llegada al poder del primer presidente therian, el país regresa a las intervenciones político-militares de los Estados Unidos, lo que supone la naturalización de la injerencia gringa en los asuntos internos y el devenir del país con dos factores nuevos: el primero, que como jefe de Estado está De la Espriella, ciudadano colombo norteamericano que juró defender los intereses de USA, lo que se traduce en la entrega casi absoluta de la soberanía estatal a lo que desee hacer con ella el gobierno Trump; y el segundo, la puesta en marcha a nivel latinoamericano del Escudo de las Américas, iniciativa hemisférica con la que Donald Trump busca controlar política y económicamente a la región, lo que no es otra cosa que la proscripción de cualquier actividad que en el marco del multilateralismo deseen emprender los gobiernos que ya hacen parte del Escudo de las Américas. Y por supuesto, insistir en la fracasada lucha antidrogas como una forma de mantener las condiciones del fructífero negocio y el control que sobre sus ganancias ejercen la banca multilateral y la institucionalidad diseñada en cada país para insistir en una guerra que beneficia a banqueros y a los miembros de la clase política que transa con narcos que cuentan con la bendición para operar.

Así las cosas, con la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, la política de seguridad y defensa que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiera diseñar e implementar queda tempranamente sujeta a los designios del plan de intervención político-militar de los Estados Unidos. Ojalá la bancada del Pacto Histórico, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación, en particular sus divisiones ambientales y el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible hagan el control político correspondiente, pues lo más probable es que los efectos negativos que dejaron el Plan Colombia y el Plan Patriota de Uribe se repetirán. Está por empezar la Guerra Total que prometió el therian en campaña. ¡Firmes por la Guerra! 






El ministro de Defensa designado de Colombia, Jorge Eduardo Mora, junto a Joseph Humire, representante del gobierno de Donald Trump para asuntos de seguridad hemisférica. Foto: @jmhumire





GOBERNAR DESDE UN BATALLÓN

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El “capricho” del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar, el infantil y burlón saludo militar del que se contagió su gabinete tiene un fuerte arraigo en la sobrevaloración de la vida castrense, la heroización mediática de sus hombres, la poco vigilada y cuestionada institucionalidad militar, los apegos de los civiles a los uniformes, así como el desprecio que de la condición civil suelen exhibir, en público y en privado, los militares activos.

Nadie niega que De la Espriella está mandando un mensaje de sumisión al poder militar, lo que lo puede convertir, si específicos agentes de poder del Establecimiento se lo permiten, en el Bukele criollo con el que sueñan militares, policías, el propio Abelardo y actores sociales y políticos de la ultraderecha que sienten una profunda animadversión por los derechos humanos y las garantías que ofrece la Carta política de 1991.

La doctrina del enemigo interno, extendida a defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y la pluralidad étnico-ideológica podría aplicarse con mayor celeridad estando De la Espriella condicionado por las narrativas que a diario oirá dentro del Batallón Paraíso de Barranquilla desde donde piensa gobernar al país. Los relatos castrenses serán legitimados por la godarria que lo acompaña, en particular quienes le hablan al oído. Salvación Nacional bien podría operar como un partido político-militar y agencia para emprender acciones cívico-militares, influenciado por Acore y los veteranos que votaron por De la Espriella y que harían parte de los Bloques de Seguridad Urbana que el nuevo gobierno diseñará para las ciudades capitales.

Es tiempo de que la sociedad civil haga un juicioso análisis del “capricho” del therian presidente de dirigir los destinos del país desde un cantón militar. Su alejamiento de la condición civil lo haría proclive no solo a validar todo lo que hagan y propongan los uniformados, sino a poner por encima de la civilidad el sentido de la vida y de la política que suele alimentarse al interior de las guarniciones.

Aunque los militares que monetizaron la vida de los 7837 jóvenes asesinados bajo la modalidad de “falsos positivos” ya no están en el Ejército, no hay evidencias de que ese espíritu sicarial haya desaparecido de las huestes castrenses y de los objetivos operacionales que se trace la nueva cúpula militar en medio de la guerra total que ofreció De la Espriella en campaña.

Ya el país sufrió los desmanes de las políticas de seguridad de los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez. El Estatuto de Seguridad del primero fue el instrumento político, militar e ideológico para perseguir profesores, estudiantes, sindicalistas y militantes de izquierda. La Seguridad Democrática del segundo cumplió exactamente el mismo papel de perseguir, estigmatizar y violar los derechos humanos. De tiempo atrás, en Colombia viene operando un Estado militarista, cruel y asesino. Dice el informe de la Comisión de la Verdad que “esta doctrina contrainsurgente se expresó en la estigmatización del movimiento social y en el tratamiento militar de los conflictos políticos” (p.99).

La actitud adolescente de Abelardo de la Espriella al identificarse con un tigre no puede reducirse a un tardío desarreglo identitario: es una apuesta ideológica de acercarse al mundo castrense para validar los rugidos, mordeduras, zarpazos y los destripamientos que prometió en campaña. Un presidente civil obnubilado por las armas, uniformes y el pensamiento militar constituye un riesgo para una sociedad que ya sintió en el pasado el desprecio por la vida que se alimentó en las escuelas de formación militar. La retoma del Palacio de Justicia y el vil asesinato de magistrados, empleados y visitantes con balas oficiales fue y es el episodio que exige que los militares, en democracia, deben estar sometidos al poder civil.

No se puede neutralizar a las estructuras criminales, mal llamadas guerrillas, copiando de éstas sus inmorales y pérfidos procedimientos. Las armas de la República están para proteger a la población civil. 


Adenda: La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra." Alberto Lleras Camargo. Teatro Patria, 9 de mayo de 1958.

PRIMERA DERROTA POLÍTICA DEL PRESIDENTE THERIAN

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La primera derrota política que acaba de sufrir el presidente therian en el Congreso se dio gracias a la alianza entre las bancadas del Centro Democrático (CD) y el Pacto Histórico, siguiendo las órdenes de Uribe y Petro respectivamente. Más allá de los nombres de Honorio Henríquez y Alfredo de Luque (amigo de Abelardo), lo sucedido anoche en el legislativo es una bofetada al presidente electo que creyó que podía arrasar con su mentor, el expresidente Uribe.

El apoyo del Pacto Histórico al candidato del CD, Honorio Henríquez a la presidencia del Senado obedece a una coalición pasajera que se podría repetir mientras De la Espriella insista en imponer su voluntad y violentar a quien en buena medida es responsable de su victoria electoral: Álvaro Uribe Vélez. El expresidente y expresidiario antioqueño creó el “monstruo” que ya lo retó a un duelo a muerte. Algunos dicen que las disputas entre el salgareño y el colombo-norteamericano se parecen mucho a una vendetta por la extradición a los Estados Unidos de los jefes paramilitares.

La inexperiencia política del presidente therian y su envalentonamiento a pesar de la pírrica victoria del 21 de junio lo llevaron a unir a Petro y Uribe como opositores políticos. Craso error.

Eso sí, los integrantes más visibles del Pacto Histórico deberían de salir a hacer pedagogía con la militancia que los acompaña porque en las barriadas no se entiende muy bien y quizás no es de buen recibo hacer alianzas con la derecha uribizada.  A los petristas hay que explicarles que no se trata de una coalición para afectar las conquistas sociales logradas por el gobierno Petro y mucho menos una rendición temprana. Hace parte del juego político al interior de un Congreso al que el nuevo presidente intentará manipular e ignorar al gobernar por decreto, como ya vociferan en las mesnadas abelardistas.

El senador Wilson Arias, consciente de que esa coalición pasajera con el CD puede leerse negativamente, salió en redes sociales a explicar la decisión. Esto dijo: “Nuestro voto es público y en contra de Abelardo; cuanto más poder reúna, más amenazadas quedan las reformas y más vulnerable el pueblo colombiano. Somos leales al pueblo; aquí no hay ambigüedad. Frente al Centro Democrático estamos en orillas contrarias y le exigimos al nuevo presidente del Senado garantías para el principal partido de oposición”.

Eso sí, el presidente Petro e Iván Cepeda deberán cuidarse de que por entre las fisuras entre la derecha uribista y abelardista se filtren los objetivos estratégicos del Pacto Histórico como bancada y movimiento social: cuidar al expresidente Petro de la persecución política y judicial que prometió De la Espriella, mantener el apoyo popular con miras a recuperar el poder en el 2030 y oponerse radicalmente a que el país retroceda en materia de garantías constitucionales y las conquistas sociales alcanzadas entre 2022 y 2026. Hay que poner cuidado que por entre esas grietas se filtre esa enfermedad ideológica llamada “manguismo” que puede afectar a miembros de la bancada del Pacto Histórico. Es claro que contra ese virus no hay vacuna.

Esto apenas comienza. Ya veremos cómo reacciona el adolescente therian. ¿Seguirá creyendo que es un tigre o aterrizará a esa realidad compleja que es gobernar a Colombia?

lunes, 20 de julio de 2026

UN PARTICULAR 20 DE JULIO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La conmemoración de este 20 de julio pasará a la historia porque mientras el presidente Petro asistía a su último desfile como jefe de Estado y comandante supremo de las fuerzas armadas, el presidente electo, sin haber recibido aún el reconocimiento de la tropa hacía lo propio en Medellín, ciudad desde la que envió un mensaje a la tropa regional y a los colombianos que lo votaron ese fatídico 21 de junio de 2026.

Con el mismo tono vociferante y ventijuliero el primer presidente therian del país no parece darse cuenta de que la campaña presidencial terminó: sigue con las arengas en las que incluye e insiste en su identidad animal asociada a la vida salvaje de un tigre. Aunque no se trata de un desarreglo psicológico, identificarse con un animal como lo hace De la Espriella lo acerca a vivencias propias de un adolescente que está en la búsqueda de consolidar su identidad. En su prematura “alocución”, el therian presidente dijo: “Este pueblo que me llena de orgullo y de fuerza para seguir luchando tiene presidente porque el tigre representa a Antioquia, el tigre tiene a Antioquia en su corazón y en su espíritu”.

La gestualidad de Abelardo de la Espriella se parece mucho a la de Uribe Vélez durante sus primeros dos años de administración. Las gafas oscuras que en principio usó el político antioqueño y que hoy exhibe De la Espriella, en lugar de ofrecer transparencia y confianza, generan miedo y desconfianza en las audiencias que escuchan sus arengas y los gestos amenazantes de sus brazos.

“Hoy estoy aquí rindiéndole homenaje a los héroes de la patria, soldados y policías, pero también a este pueblo antioqueño que no se arrodilla pese a la adversidad, a este pueblo de patriotas que decidió derrotar la tiranía para defender la democracia, la libertad y la institucionalidad”.

El therian presidente insiste en la narrativa- falsa por demás- que asocia al gobierno saliente con una dictadura. Sin duda alguna, una exageración propia de un candidato presidencial. Alguien que le diga a De la Espriella que es tiempo de dejar atrás lo sucedido en campaña. El país necesita a un presidente que representa la unión de la nación y no a un agente que ahonde en la división de la sociedad entre buenos y malos, resultado de la doctrina amigo-enemigo que nos dejó el uribismo: quien no está conmigo, está contra mí y por lo tanto es mi enemigo. Y a los enemigos se derrotan, eliminan, se encarcelan o se destripan.

De la Espriella les recordó a los antioqueños, en especial a la godarria representada por Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón, gobernador del departamento, que en su gabinete hay “tres ministras de Estado porque se lo merece, porque este departamento es inspiración y ejemplo para Colombia”.

En sus coqueteos a la dirigencia y al pueblo antioqueño, De la Espriella insiste en reforzar los imaginarios colectivos atados a la cultura paisa: “pueblo berraco, echado para adelante, laborioso y vivo”. En su discurso ante la tropa regional, el adolescente presidente espetó que “si en Colombia podemos construir la patria milagro eso implicaría necesariamente replicar el modelo de Antioquia y Medellín en el resto de los departamentos para llevar a nuestro país al lugar de grandeza que se merece que es la patria milagro”.

Debería de explicar el presidente therian qué de ese modelo quisiera replicar en el resto del país: ¿Las prácticas paramilitares o la cultura mafiosa y criminal que naturalizó Pablo Escobar Gaviria de la mano de una parte de la élite?

Ahora bien, si lo que aplaude De la Espriella son las etapas, procesos, resultados, alcances y efectos de la colonización antioqueña, valdría la pena que conociera de las lecturas críticas que se escribieron sobre ese fenómeno pues hay quienes consideran que “gran parte de la colonización antioqueña se parece comparativamente, y viéndolo en retrospectiva, al proceso de Conquista, por los procedimientos adoptados, por el despojo en territorios indígenas, por el poder de los dueños de las concesiones, y los reclamos jurídicos de los latifundistas que exhibían “títulos” y documentos de antepasados entroncados con la corona real para impedir ocupaciones de terrenos que no querían conceder; por el acompañamiento y “tutoría” que los curas desplegaron, y por la violencia aplicada y la servidumbre impuesta sobre campesinos pobres[1].

Lo más probable es que el país que no votó por el proyecto político de la ultraderecha tenga que soportar por cuatro años- quizás por más- el repetitivo discurso y la actitud vocinglera del primer adolescente therian que alcanza la presidencia de la República. Pasamos del “ajúa” que aprendió a gritar Iván Duque Márquez, el fatuo e infantil subpresidente, al grito “Firme por la Patria”, que en sectores societales se entiende como el grito de guerra de aquellos dispuestos a librar la “guerra cultural” que De la Espriella liderará de la mano de su ministra de Cultura o de Aculturación, Paola Holguín.

domingo, 19 de julio de 2026

ARGENTINA VS ESPAÑA: MÁS ALLÁ DE UNA COPA MUNDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cae el telón del Mundial de Fútbol. Termina el certamen orbital del deporte espectáculo usado por los políticos como el más grande y poderoso opioide con el cual adormecen a la masa de aficionados que ven las transmisiones de los partidos. Esos mismos a los que durante un mes largo no se les ocurrió mirar hacia Gaza e Irán, convertidos por Israel y Estados Unidos en zonas de desastre humanitario. Para qué hacerlo si el fútbol tiene esa capacidad de sacarnos de la realidad durante largos 90 minutos. El fútbol tiene el poder analgésico del fentanilo. Y Fútbol se escribe con F de Fentanilo.

En la final del Mundial se habla español: España y Argentina definirán el nuevo campeón mundial. Me pregunto: ¿A qué país le convendría más que su selección gane el anhelado trofeo? Trataré de responderme el interrogante.

Ambas selecciones representan no solo a sus naciones sino las realidades políticas, social y económicas que, para el caso, devienen distintas. Pedro Sánchez en la “Madre Patria” le apostó a implementar reformas sociales en medio de desafíos migratorios, escándalos de corrupción y los que acompañan al control de la inflación. Estamos hablando de un país europeo que hace parte del norte opulento. Y esa es una realidad que no se puede obviar porque resulta determinante.

Mientras que Milei, atado a los intereses del FMI y alineado a los Estados Unidos de Donald Trump se propuso reducir el Estado a punta de motosierra y por esa vía afectar la dignidad de los pensionados y trabajadores oficiales: “el mayor golpe en materia de ingresos se dio entre los trabajadores del sector público. Víctimas del ajuste y la ‘motosierra’ de Milei, el nivel de salarios de septiembre de 2025 perdió un 18% de su capacidad de compra frente al promedio de 2023”.

Los críticos del gobierno de Milei pintan un escenario catastrófico que incluso sirvió para tratar de asustar a los colombianos que finalmente votaron el 21 de junio por el primer presidente therian de Colombia. El relato aquel de “nos vamos a convertir en Argentina si votan por De la Espriella y vamos a comer carne de burro” de poco sirvió. Será porque hay cientos de miles de colombianos, verdaderos jumentos en términos políticos, que de tiempo atrás comen de esa carne.

Así las cosas, si España conquista su segunda copa mundo habrá celebraciones y quizás algunos desmanes; si, por el contrario, pierde la final frente a los gauchos, la resaca que produce la derrota resultará manejable por las condiciones sociales y económicas en las que viven los españoles.

El caso para los argentinos puede ser diferente: estamos hablando de un país suramericano que hace parte del Sur empobrecido y sometido. Y esa es una circunstancia que no se puede soslayar.  Alrededor del Obelisco se congregarán borrachos de felicidad y orgullo cientos de miles de aficionados para saltar mientras el opioide hace el efecto esperado: quitarles por varias semanas los dolores que les dejó la pérdida del laburo y las dificultades para reclamar medicamentos y comer.

Si la selección de Messi, Lautaro y el Dibu Martínez se alzan con el trofeo no solo será la cuarta copa mundial sino la oportunidad única para que el “libertario” (realmente es un neoliberal) presidente de Argentina, Javier Milei, lo use para atenuar la mala imagen que se proyecta del país por sus agresivas reformas sociales y decisiones de política energética. “El Gobierno del presidente Javier Milei confirmó que avanzará con la licitación internacional de un bloque offshore de aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados en el Mar Argentino para la exploración de petróleo y gas, una decisión que ha generado fuertes cuestionamientos debido al interés manifestado por una empresa de capitales británicos”.

Como sucedió durante la dictadura militar, la primera copa mundo ganada por Argentina sirvió para tapar las arbitrariedades y crímenes cometidos por Galtieri y Videla. Lo mismo podría pasar si Messi y su combo conquistan la cuarta estrella en territorio norteamericano. Una parte importante de la sociedad argentina necesita “trabarse” para aguantar el difícil partido que les planteó Milei. Si Argentina resulta hoy campeona mundial le habrá entregado al presidente Javier Milei el cargamento de fentanilo que necesita para calmar al pueblo argentino que sobrevive en medio de la precariedad laboral y las afugias médicas que a diario padecen los gauchos. Hay dolores físicos y del alma que el fútbol logra controlar por un tiempo. Si, es un paliativo que no cura las enfermedades terminales que genera el neoliberalismo.

Una última pregunta: ¿Será que Trump e Infantino estarán pensando en darle de regalo a Milei y a Messi la Copa Mundo?

sábado, 18 de julio de 2026

URIBE Y ABELARDO: "PELEA" ENTRE MONSTRUOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las tensiones entre el primer presidente therian del país y el expresidente Uribe hay que sacarlas del ámbito transaccional que ocurre por estos días al interior del Congreso alrededor de qué partido debe controlar las mesas directivas. Se trata de una lucha política en la que salieron a relucir los egos de las dos figuras megalómanas más visibles de la derecha.

La disputa entre Uribe y De la Espriella hay que situarlas en el recambio generacional que ya está experimentando la derecha neoliberal, precapitalista, rentista, violenta, retrógrada y goda que por 20 años lideró el político antioqueño. Igualmente, dicho enfrentamiento, que probablemente sea pasajero, se explica porque el debilitamiento del liderazgo de Uribe Vélez no obedece exclusivamente a sus líos judiciales y al natural proceso de consunción que lo está consumiendo.

El fondo del asunto puede resultar más simple de lo que parece: Uribe está de salida y De la Espriella será su reemplazo porque una parte del Establecimiento así lo decidió. Los agentes económicos, sociales y políticos del viejo régimen necesitan contar con un tipo como Abelardo de la Espriella, cuyo perfil sibarita es aplaudido en esas huestes en las que siempre vieron con desagrado el oufit de Uribe y su montaraz carácter. El Establecimiento creó ese monstruo llamado Uribe y éste ayudó a crear a esa fiera que hoy lo desafía.

Aunque los gustos refinados del therian guardan visos corronchos, este agrada más por su juventud y porque aquellos agentes de poder lo sienten capaz de traspasar todos los límites éticos, institucionales y morales, incluso superando las propias marcas que Uribe dejó en esas materias.  Aquellos reconocen y aplauden todos los límites éticos y morales que traspasó Uribe siendo jefe de la Aerocivil, estando al frente de la alcaldía de Medellín, la gobernación de Antioquia, de la Casa de Nari y por supuesto lo hecho desde el Congreso.

Además, esos mismos actores pro-Abelardo entienden muy bien que el actual momento histórico por el que atraviesa Estados Unidos, el (des) orden internacional y la propia Colombia los obliga a explotar muy bien los afanes de Abelardo de la Espriella de ser reconocido, aplaudido, reverenciado y venerado. Al presidente therian le urge superar sus propios vacíos emocionales y darle rienda suelta al fatuo carácter con el que desea ocupar el lugar importante en la historia política del país que él cree que se merece.

El therian presidente está resuelto a superar con creces lo hecho ideológica, cultural, económica y políticamente por Uribe Vélez. La apuesta de Abelardo de la Espriella es consolidarse como el nuevo líder de la derecha y la ultraderecha por lo menos durante los cuatro años de su administración. De su volátil carácter saben muy bien quienes coadyuvaron a ponerlo en el Solio de Bolívar, de ahí que estén dispuestos a todo para corregir, ajustar, desaparecer o destripar lo que consideren necesario durante los cuatro años en los que lo manejarán y mimarán para que les cumpla con lo convenido en campaña.

Si en el pasado las empresas periodísticas construyeron ese fenómeno mediático llamado Álvaro Uribe Vélez, hoy, esas mismas casas editoriales le están apostando a consolidar otro fenómeno, pero sobre todo a naturalizar las ideas y prácticas fascistas con las que De la Espriella está dispuesto a dar las “batallas culturales” con las que eliminará al progresismo y a la izquierda. La “patria milagro” de la que habla el therian presidente está fundada en la proscripción del pensamiento crítico y divergente, el destierro de los defensores de los derechos humanos y los de la naturaleza. 

PAOLA HOLGUÍN, MINISTRA DE CULTURA

 



Por Germán Ayala Osorio

El nombramiento de Paola Holguín como ministra de Cultura es coherente con el proyecto político del primer presidente therian del país. Punto para Abelardo. Veamos. Quienes esperaban en esa cartera a una mujer con experiencia en el sector, leída y con reconocidos procesos de formación académica y visos de intelectual se quedaron con los crespos hechos pues el perfil de Holguín se ajusta perfectamente a la línea ético-ideológica trazada por el inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?) que se identifica con un tigre. Sobre este último asunto señalo que el nicho ecológico de ese particular felino está fundado en su carácter depredador.

Quizás por ello, y en términos prácticos, Holguín, la hija de Frank Holguín, el testaferro de Pablo Escobar estaría habilitada para evitar la consolidación de las prácticas culturales de los grupos étnicos cercanos a la vida comunitaria, al progresismo y a la izquierda. Más claro: Holguín llega a la cartera de cultura para debilitar procesos de consolidación cultural comunitaria. Al final, la hija de Frank fungiría como una especie de “depredadora cultural” de lo diverso y plural. ¡Firmes por la hegemonía cultural! 

Recordemos que Abelardo viene hablando de "guerra cultural" y "contrarrevolución cultural", conceptos que hacen parte de la narrativa anti progresismo que viene naturalizando con la ayuda de las empresas mediáticas que en el pasado fueron uribistas y ahora son abelardistas. Con la llegada de Holguín el país podría acercarse a los hechos narrados en la novela 1984 de George Orwell. El Gran Hermano vigila, aculturiza, desprecia y destripa. Hacia allá puede ir el país. 

La línea pintada por el therian es clara: el regreso al pasado, al conservadurismo, dogmatismo, al control ideológico y finalmente a la imposición de la cultura dominante: “blanca, latifundista, precapitalista, rentista, traqueta, negrera y esclavista”. A lo mejor Holguín, la hija del señalado testaferro del asesino serial y mafioso Pablo Escobar, logra poner en marcha el panóptico cultural que necesita esa “patria milagro” en la que no tienen cabida la pluralidad ideológica y cultural.

Paola Holguín, promotora de los “Paolos[1]”- no confundir con los Pepes, por favor-, podría ser la ministra que mejor representa al therian de la casa de gobierno: no hila, como De la Espriella, un discurso medianamente coherente y cohesionado. Su pobreza cultural (discursiva) es incontrastable y al parecer, inconsciente. El mayor logro de la goda ministra de cultura es haber adorado al expresidente, expresidiario y congresista Álvaro Uribe Vélez. No tiene nada más que mostrar.

Holguín es la ficha perfecta para poner en marcha la idea de generar actividades tendientes a unificar y homogeneizar la cultura. Algo así como el pensamiento único o el unanimismo ideológico elevado a la categoría ministerial. ¿Paola Holguín  se atreverá a “patear a ese perro muerto” llamado Ministerio de las Culturas, las Artes y Saberes con el que el gobierno saliente intentó darle voces a la diversidad?

Con todo y su voz “chillona”, Paola Holguín representa la negación del pensamiento crítico que acompaña a las disímiles prácticas culturas en un país que desdice de sus propios procesos de mestizaje, lo que explica el clasismo, el racismo y la aporofobia que alimenta De la Espriella. Y, por último, la designación de Holguín manda un mensaje ético-político a los sectores de poder económico y político mafioso de Antioquia, tierra de donde es oriunda la “inculta” ministra de la cultura. Una forma de legitimar la “cultura mafiosa” que se naturalizó en Medellín y sus alrededores. La alborada es el ejemplo más visible de la permanencia de esa “cultura” que une a los millones que votaron por el therian.





[1] “Los Paolos' fue el movimiento uribista que promovió la valla publicitaria que cuestiona la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en la que se pregunta "Tú, ¿de qué lado estás?" Y da dos opciones de respuesta: "Victimas – No JEP" o “Victimarios – JEP".

miércoles, 15 de julio de 2026

POSESIÓN VERDE OLIVA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La cacareada posesión del primer presidente therian del país se hará en una guarnición militar. La decisión de Abelardo de la Espriella tiene mucho de infantil y caprichosa. Es posible atar esa decisión a la majadería que lo caracteriza, que va muy de la mano de su perfil belicoso, pendenciero y autoritario que nos hace recordar al Señor de las Sombras.

El presidente therian rompe con una tradición republicana con la que se superaron en el pasado odios entre Pastrana y Samper, y Duque y Petro, protagonistas de transiciones que se dieron a pesar de las animadversiones entre los presidentes salientes y entrantes. Ejemplos claros de madurez política y manejo de la diplomacia (hipocresía política) a pesar de los evidentes distanciamientos por razones ideológicas y morales.

Lo que veremos el 7 de agosto será una transición propia de un país escindido y prueba fehaciente de que nos odiamos y de que los resquemores generados por el plebiscito por la paz de 2016 se profundizaron entre 2022 y 2026, periodo en el que afloraron el clasismo, el racismo, la aporofobia y la inconciencia de clase de millones de colombianos pobres y de clase media que votaron por el proyecto autoritario e insostenible ambientalmente que representa De la Espriella.

Una transición vestida de verde oliva y uniforme de fatiga con la que De la Espriella levantará su mano derecha para saludar a sus subordinados, quienes en adelante cumplirán las órdenes de un civil que habla, piensa y actúa como chafarote; ojalá la cúpula militar entrante entienda y comprenda los riesgos que se ciernen sobre el país con un comandante supremo que puede terminar pareciéndose a Videla, a Galtieri, a Stroessner, Fidel Castro, Pinochet y al novato dictadorzuelo de El Salvador, el señor Bukele. Los tiempos del “ajúa” y del “presidente eterno” terminarán siendo un juego de niños si el Establecimiento, las empresas mediáticas, la iglesia católica y los cristianos permiten que De la Espriella dé rienda suelta a sus ganas de “destripar” a todo lo que huela a izquierda y progresismo.

Ya veremos qué camino decide transitar el therian una vez quede investido como presidente y se ponga el camuflado. Tiene dos caminos: el primero, el de gobernar exclusivamente bajo las viejas consignas del Consenso de Washington y el segundo, bajo las orientaciones de la Escuela de las Américas y las aspiraciones del Escudo de las Américas y la Doctrina Donroe, en cabeza del degenerado presidente de los Estados Unidos. Lo más probable, de acuerdo con las amenazas lanzadas durante la campaña presidencial, el entrante presidente colombo-norteamericano podrá hacer posible que Colombia recorra al tiempo los dos caminos: echar para atrás las conquistas sociales logradas por el gobierno Petro y las disposiciones en materia de política ambiental. Al final del periodo del presidente que además de sentirse identificado con un tigre, piensa y siente como aquellos milicos amantes de las operaciones de orden público, habrá más hambre, pobreza y víctimas de un Estado criminal.

 

 Adenda: La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra." Alberto Lleras Camargo, Teatro Patria, 9 de mayo de 1958.

jueves, 9 de julio de 2026

DE LA ESPRIELLA PROTAGONISTA DE SU PROPIA PELÍCULA




Por Germán Ayala Osorio

 

El ridículo, burlesco e infantil saludo militar del primer presidente therian de Colombia me hizo recordar la película El regalo prometido. En esta movie, protagonizada por el pésimo actor Arnold Schwarzenegger, tanto Turbo Man como un oficial de la policía se saludan de la misma manera como lo hace Abelardo de la Espriella Otero, el mal actor político que la ultraderecha, con el concurso de las empresas mediáticas, instaló en la Casa de Nariño, convertida en el Centro de Estudios y Producción Audiovisual desde el que ya anuncia la entrega del primer regalo envenenado para millones de desempleados y futuros empleados que votaron por la Patria Milagro, por el indomable “tigre”: el trabajo y la cotización por horas.

Eso sí, De la Espriella es ya el protagonista y director de su propia película: El Engaño del Tigre. Se trata de una movie de acción muy al estilo Hollywood en donde la derecha “destripa” a todo lo que huela a izquierda. Pero en dichas escenas no solo se reparte bala, también ministerios a los de Siempre. Aunque el público puede confundirse con el mensaje de la promoción del filme pues el protagonista dice que gobernará con los Nunca. La critica cinematográfica ve allí problemas en la construcción del guion. Varios expertos lo calificaron de mediocre.

De la Espriella y Turbo Man tienen en común que ambos son unos juguetes. El “tigre” es el toy de la ultraderecha, del uribismo, de Trump, de los banqueros, de los neoliberales y de la godarria más retrógrada de la sociedad representados por los nietos de Laureano Gómez. Como en toda película o culebrón mexicano, hay personajes “buenos” y “malos”. Para el caso de la película norteamericana, Turbo Man es el bueno y Dementor, el malo. En la movie colombiana, El Engaño del Tigre, a De la Espriella lo venden como el bueno, pero realmente al final de la producción cinematográfica los daños culturales y socioambientales lo confirman como un personaje nefasto y dañino para el país. Tanto, que aquello de la Patria Milagro se convertirá en un vil engaño y una pesadilla. 

Los productores de El Engaño del Tigre esperan que, por los menos 12 millones de colombianos, muchos de ellos en minoría de edad, vean la grabación en vivo de las escenas de este filme que promete superar en calidad y audiencia a las ocho versiones de la mediocre película El Paseo, de Harold Trompetero.

NEGACIONISMOS Y PRAGMATISMOS

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El primer presidente therian de la historia del país hace parte del nutrido grupo de negacionistas del cambio climático. De la Espriella, como era de esperarse, gobernará de la mano de Trump no solo por ser ciudadano norteamericano, sino por hacer parte de la ultraderecha internacional que niega que estemos en la era del Antropoceno. Se trata de personajes que niegan los nuevos escenarios socio ambientales y ecológicos, al tiempo que declaran guerras e intervenciones militares con visos fascistas y prácticas genocidas, así como persecuciones a migrantes latinoamericanos que viajaron a los Estados Unidos atraídos por el “sueño americano”. En Europa se hace lo propio contra migrantes africanos de las colonias francesas e inglesas.

El canciller Omar Bula Escobar lo acompaña en su actitud negacionista y por supuesto en la legitimación del genocidio en Gaza contra el pueblo palestino ejecutado por Israel y su ejército sionista. Frente al cambio climático Bula Escobar dice que “el clima siempre ha cambiado a través de los años”; de esa manera niega que las pluricrisis climáticas sean consecuencia de actividades antrópicas altamente disruptivas como la deforestación, la ganadería extensiva y en general las que se desprenden del modelo económico extractivista, desarrollista y consumista. También acompaña a su jefe en la negación del genocidio en Gaza. “Reconstruiremos las relaciones con Israel, que nunca debieron haberse roto. Con ellos tenemos una relación de décadas cordial y constructiva en términos económicos y de seguridad” espetó el ultraconservador ministro de Relaciones Exteriores de Colombia en la era del “tigre”.

Estamos ante posturas negacionistas que rayan con la inmoralidad y que le apuestan a garantizar a futuro las condiciones descritas en la película Elysium y por supuesto las que expuso Huxley en su novela Un Mundo Feliz en el que el futuro de la humanidad quedaría circunscrito a la manipulación controlada de la vida en el Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres. En la novela se lee que de ese lugar saldrían hombres y mujeres estandardizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un solo óvulo bokanovskificado”. La homogenización étnico cultural y la limpieza étnica por la vía del genocidio serían los primeros pasos que nos llevarían al mundo feliz que pintó Huxley.

Si bien hay preocupación entre ambientalistas, ecologistas, biólogos y ecólogos por la promesa electoral del peligroso felino de hacer “fracking a lo que marque”, incluso en páramos, las ambivalencias y la psiquis voluble de Abelardo, sus ministros de Agricultura y Medio Ambiente, Indalecio Dangond y Fabio Arjona Hincapié no son negacionistas del cambio climático, pero lo más probable es que terminen cambiando de parecer presionados por quien niega las pluricrisis ambientales y porque ambos ministros exhiben el carácter pragmático que se requiere para tomar decisiones socioambientales que beneficiarán a los ganaderos, latifundistas y a agentes que votaron por De la Espriella y le apuestan a universalizar en el país el modelo de la gran plantación. Dangond, por ejemplo, habla de adaptación en tanto reconoce la existencia del cambio climático; lo contrario del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible quien dijo en el pasado que “no estoy de acuerdo con muchas políticas de Trump, como no reconocer el cambio climático, que me parece terrible”. El nivel de pragmatismo que dejó ver en sendas entrevistas Fabio Arjona, antes de posesionarse en la cartera ambiental hacen pensar que se ajustará a lo que le ordene el nuevo inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?).

No creo que al interior del gabinete del therian presidente se den discusiones y mucho menos disquisiciones ideológicas alrededor de la defensa de la vida. Eso solo sucede en la izquierda no pragmática. No. Se impondrá el pragmatismo y la necesidad de cumplirle a quienes lo apoyaron para avanzar en los procesos de sometimiento de los ecosistemas naturales-históricos y de la vida de los seres humanos que viven dentro de sus límites o en sus fronteras: indígenas, pueblos afros y comunidades campesinas. Ya tendremos tiempo de evaluar los efectos- daños- que dejará el “tigre”, un reconocido depredador ápice.



miércoles, 8 de julio de 2026

SIGAMOS HABLANDO DE LA SELECCIÓN

 




James Rodríguez no anotó goles en el Mundial 2026. Foto: Getty Images / Getty Images


Por Germán Ayala Osorio

 

La eliminación de la Selección del Mundial de Fútbol es una inmejorable oportunidad para discernir alrededor de varios asuntos que rodean la vida social, política y cultural de los jugadores y del resto de la sociedad colombiana.  La actuación del equipo nacional es asumida por la prensa hegemónica, patrocinadores y aficionados como una suerte de válvula de escape a los problemas que arrastramos como sociedad o en el peor de los casos como fuente de poderosos opioides capaces de alivianar los dolores del alma de una sociedad infeliz que necesita con urgencia ese tipo de satisfacciones deportivas convertidas en un anhelo de la gran masa.

Propongo los siguientes enunciados categoriales para dar cuenta de ese discernimiento conectado como dije a esas tres variables de la vida societal en ese país llamado Colombia. El primer enunciado categorial lo llamo Heroización masculina. El segundo, Felicidad al debe; el tercero Identidad televisada y el cuarto, El Fútbol, el inmoral morfínico.

Heroización masculina. El fútbol, como el mundo entero, deviene, básicamente, masculino y masculinizante. De ahí el fervor, la pasión y las múltiples violencias que confluyen y se originan de su práctica callejera y por supuesto las que agencia la FIFA, organización que fija las reglas, inclusive aquellas que convirtieron a los jugadores en “esclavos millonarios” que se venden al mejor postor. Los presidentes de la FIFA son hombres; la dirigencia del fútbol colombiano es patriarcal. Baste con recordar el violento episodio protagonizado por su presidente Ramón Jesurún durante la pasada Copa América para entender de qué tipo de masculinidades estamos hablando.

Quizás por las dinámicas del conflicto armado interno la sociedad colombiana es muy dada a echar a andar, con el concurso de las empresas mediáticas, procesos de heroización de militares, paramilitares y guerrilleros, actores armados que habiendo violado los derechos humanos y desatendido las obligaciones morales del DIH son asumidos como “héroes” por sus simpatizantes. Lo mismo pasa con los jugadores de la Selección de Mayores: cuando ganan partidos u obtienen clasificaciones la prensa los eleva a la condición de “Héroes”. Les dicen “guerreros” y hasta les dan las gracias por haber competido, esto es, por haber cumplido con actividades propias del trabajo que desempeñan como futbolistas. El tratamiento con las mujeres de los seleccionados femeninos no es el mismo. Poco o nada se habla de “heroínas”. Las llaman “niñas” y les alcanza a algunos periodistas deportivos para llamarlas “guerreras o súper poderosas”, en un evidente esfuerzo por ocultar el machismo y la misoginia que genera el sistema patriarcal.

Felicidad al debe. Son millones de colombianos que aún insisten en depositar la obligación individual de alcanzar la felicidad en 11 jugadores que ya tienen resuelta su vida económica y por lo tanto son felices o aparentan serlo, en contraste con aquellos que se endeudan, empeñan joyas y apuestan hasta lo que no tienen con tal de acompañar a la “Sele”. Varios registros noticiosos dieron cuenta de esa realidad social y económica de cientos de aficionados que resolvieron viajar, con limitaciones, a México, Canadá y Estados Unidos exclusivamente para estar en los estadios animando a la Selección, vestidos con la camiseta amarilla. Son fanáticos a los que urge dejar salir todo tipo de frustraciones y por esa vía insistir y auto validar la práctica social de situar como responsables de ser felices a los integrantes del seleccionado nacional. A otros les parece genial tener el costoso y sufrido recuerdo de haber estado en un estadio viendo, desde lejanas tribunas, a sus ídolos. Otros tantos también lo hacen para presumir en sus redes sociales que son felices.

Identidad televisada. Los medios de información (insisten en llamarlos de comunicación) cumplen la función social y política de distraer a la gran masa necesitada de eventos masivos como el Mundial de Fútbol.  El objetivo más importante de las empresas mediáticas está atado a la acción de inocular en las audiencias o en la fanaticada el amor por una identidad nacional en ciernes y que arrastra graves problemas para su consolidación. Se trata de verdaderas taras civilizatorias que los jugadores creen haber superado por la fama, el reconocimiento y la riqueza alcanzadas, pero que todos sabemos que están ahí presentes.

Esa identidad televisada es falsa o por lo menos fantasmal en la medida en que el periodismo y la mágica cajita construyen realidades. Para el caso de la “identidad nacional” se chocan todo el tiempo con las taras civilizatorias, la vergüenza de ser colombiano y la insistencia de millones de colombianos de desconocer e incluso de maldecir los procesos de mestizaje de los que son “víctimas”. Esa identidad televisada es tan discutible como la identidad del fútbol colombiano. No hemos podido construir una identidad nacional basada en principios republicanos. Buscamos de manera desesperada la aceptación universal de eso de ser colombiano, alejados o buscando ocultar que como colectivo no hemos aprendido lo más básico: respetar al Otro y en particular cuando celebramos las siempre morales victorias que la “Sele” alcanzó en su historia.

Y por último está El Fútbol, el inmoral morfínico. Como deporte espectáculo el fútbol atrae, distrae, confunde y apasiona por su estética, por el gol, entendido por Eduardo Galeano como un “orgasmo”. El “orgasmo del fútbol” dijo el escritor uruguayo. La FIFA, poco a poco, en un proceso lento, pero seguro, le ha ido quitando la magia, hasta convertirlo en un grotesco espectáculo en el que confluyen mafiosos, lavadores de dinero y apostadores dispuestos a todo. Galeano dijo que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».

Eso sí, mantiene su poder morfínico en un mundo que necesita de este tipo de escenarios proto nirvánicos en los que se liberan rabias y frustraciones. Las barras bravas sí que saben de eso. Quizás por ser tan inmoral hoy el fútbol que regenta Infantino y la FIFA de tiempo atrás es que mantiene el mismo número de fanáticos e incluso van llegando niños, los nuevos fogosos que poco o nada les interesará conocer de dónde viene tanta inmoralidad.

Una periodista en la cuenta de X preguntaba qué le falta a la Selección para alcanzar la gloria. Me aventuré a responder lo siguiente: No es posible cambiar la mentalidad del jugador colombiano mientras siga pensando en que lo único importante es conseguir plata, comprar autos y llenarse de lujos. Se necesita un cambio cultural. "Destraquetizar" los gustos de los jugadores. Humildad y conciencia de clase. Examinar procesos de formación- si acaso existen- y el seguimiento a jugadores desde las inferiores. El técnico de la Selección "absoluta" debe ser proclive a darle oportunidad a jóvenes sub17. Debe pensar, por indicaciones de directivos, en el relevo generacional. Y por supuesto, hay que exigir un cambio en la dirigencia de la Federación, por una razón: son las mujeres, el fútbol femenino, las que están logrando los títulos que los falsos “héroes” jamás ganaron.

martes, 7 de julio de 2026

ELIMINADA LA “SELE”

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

No hay mentira- diría mentirota- más grande que esta: “la Sele nos une”. Ahora que la Selección fue eliminada del Mundial, periodistas, políticos y aficionados salen al ruedo a pontificar los primeros, sobre decisiones técnicas, falta de jerarquía de los jugadores y otros asuntos que el periodismo deportivo convirtió en temas de discusión filosófica e incluso, cercanos a una naciente “ciencia” para explicar un juego simple: para ganar hay hacer goles; mientras tanto, los segundos, en particular los progresistas, entran con los “taches levantados” a cobrar el desaire y la grosería de los jugadores hacia Petro y Antonella aquel día en el que la hija del jefe del Estado le pidió a James una foto y el 10 se la negó. Dicen que Abelardo “saló” la camiseta, la politizó y convirtió en símbolo de desunión y odio. Lo cierto es que las camisetas de la Selección con un tigre pintado son un especie de sacrilegio.

¿Cuántas camisetas se dejaron de vender por razones ideológicas? Esa es una investigación pendiente por hacer; y los aficionados, siempre de últimos, dejan salir la ya garantizada frustración de cada cuatro años con chistes y memes. Entonces, dicen que a la “Sele” le dicen “perro entrenado”, porque jamás entran a los “cuartos”. Otros, proponen que el presidente therian llame a Infantino para que repitan el partido; o que Cepeda no reconozca el resultado, la derrota. Y los menos pulidos critican a Suárez y Campaz por los goles que se comieron. Dicen que se “comen un moco ajeno y con sangre”. Un chiste sucio y sangriento como la política interna e incluso tan bajo como la amenaza de “destripar” a la izquierda. Un chiste del populacho, dirán en el Chicó.

Si juntamos a los aficionados, políticos y periodistas deportivos tenemos la triada perfecta que dice más de lo que somos como sociedad, que cualquier estudio sociológico: millones de colombianos depositan la obligación individual de alcanzar la felicidad en un puñado de jugadores que ya tienen más que asegurado su futuro económico. Seguir a la Selección es una manera de sacudirse y disipar las frustraciones por no haber podido construir un país en el que quepamos todos y lo que es peor, una verdadera República. Millones de colombianos van por ahí tomando decisiones políticas y votando por personas y proyectos políticos sin conciencia de clase. Por eso, votan por sus verdugos, los mismos que están dispuestos a generar escenarios disfóricos haciendo minería y fracking a lo que marque en páramos y otros ecosistemas naturales-históricos y frágiles.

Si se quiere recordar o hacer referencia a la hegemonía cultural de la que habló Gramsci y del sistema patriarcal y machista, con visos de misoginia imperante en Colombia, qué mejor que mentar a la “Selección”.  Nótese que no es necesario decir que se trata del equipo de hombres y en la categoría de mayores. Y si miramos el fútbol femenino, las muchachas siguen siendo víctimas de dirigentes machistas, de una vetusta institucionalidad deportiva que odia a las mujeres. No olvidemos que este es un país y una sociedad de “machitos” que “amenazan con dar en la cara marica” o que ordenan “destripar a los que piensan diferente”.

Si, eliminaron en penales a la “Sele”. Qué son unos “cagones” les gritan porque en las instancias definitivas les pasa siempre lo mismo. Los periodistas deportivos hablan de “falta de jerarquía”. Los más creyentes, meten a Dios al baile: así lo quiso el Señor, por algo será. ¿Será porque aún no aprendimos a celebrar?

El día que Colombia gane un Mundial lo más probable es que las funerarias, hospitales y morgues colapsen. Además, si hubiesen clasificado a cuartos, se enfrentarían a la mimada de la FIFA, la misma que está ya lista para ser campeona, otra vez. No olviden que Milei necesita que Escaloni y sus jugadores se lleven la Copa para Buenos Aires: es urgente disipar los ánimos caldeados y distraer al pueblo argentino que sufre las consecuencias de haber puesto en la Casa Rosada al cipayo que se sentó en las piernas de Trump. A Colombia le hubiera caído bien llegar a la final para aguantar lo que se viene con el primer presidente therian. Nos vemos en cuatro años. Si no nos destripan, claro está. Eso sí, el año entrante hay que apoyar a la Selección Femenina.  

¡UNA MESA DE DIÁLOGO YA!




Por Germán Ayala Osorio

 

El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella Otero dejó claro desde la campaña que no habrá mesas de diálogo con los grupos armados ilegales, a los que les dio un mes de plazo para someterse a la justicia. Se trata de una legítima decisión político-militar del nuevo presidente de la República muy atada a los intereses de latifundistas y ganaderos que llegarían a recuperar tierras o a apropiarse de las que abandonen comunidades rurales y campesinas, por efectos del recrudecimiento de las hostilidades por el paso de la fallida Paz Total, a la guerra total; en ese escenario habría masivos desplazamientos forzados de campesinos. Ya veremos hacia dónde lo llevan las acciones criminales de las disidencias farianas, el clan del Golfo y el ELN.

En donde sí parece que se va a necesitar una mesa de diálogo con urgencia es entre las principales figuras de la oposición petrista y el presidente De la Espriella. Entre Petro y el primer presidente therian que se sentará en el Solio de Bolívar. El problema es que hasta el momento nadie se ofreció para acercar a las partes. Mientras tanto, la prensa hegemónica-hoy abelardista- continúa azuzando los enfrentamientos con sesgados tratamientos periodísticos que dan cuenta de que tomaron partido y por cuatro años defenderán al gobierno de Abelardo de la Espriella.

Si bien los ataques entre las huestes petristas y abelardistas aún no se traducen en reyertas callejeras, a nivel de redes sociales y en la vida política de la capital los niveles de crispación y odio crecen con el paso de los días. De continuar así el cruce de improperios y mutuas descalificaciones, la transición del mando el 7 de agosto será una ceremonia cargada de símbolos negativos atados a la violencia discursiva (simbólica) que viene desde la campaña presidencial.

El pesado ambiente vivido en la transición del poder del entonces subpresidente Iván Duque Márquez al presidente Gustavo Petro se superaría con creces si entre las partes no asumen posturas civilizadas y republicanas que le manden al dividido país mensajes de tranquilidad.

El ambiente está más que caldeado en Bogotá por cuenta de las denuncias- al parecer con evidencias- del presidente Petro con las que probaría que efectivamente hubo fraude electoral.  El presidente es Iván Cepeda, espetó el presidente saliente. En su cuenta de X dijo: “Nosotros tenemos toda la información sobre desde que servidor IP situado en los Ángeles, California, de propiedad de los hermanos Bautista, integrado a la operación de escrutinios se utilizaron algoritmos que variaron la votación sustancialmente a favor de Abelardo, los algoritmos que viciaron el resultado electoral se usaban con el censo electoral de los que nunca votan para ser reemplazados por votantes que podían hacerlo varias veces o sin votantes en las mesas de jurados homogéneos”.

Como consecuencia de lo dicho por Petro, De la Espriella ordenó a su vicepresidente- que viene actuando como si fuera el nuevo jefe del Estado- suspender las actividades del accidentado empalme, convertido en un tira y afloje entre las mesnadas que los mandatarios saliente y entrante representan.

Así las cosas, ni los buenos oficios y exhortaciones a la calma de obispos, de los expresidentes, eventuales comisiones de sabios que reaparezcan con espíritu pacificador y mucho menos los llamados a superar las mutuas animadversiones servirían para que haya paz política en el país.

Lo más recomendable es que De la Espriella Otero renuncie a la ciudadanía gringa y abandone la pretensión de juzgar en Colombia y extraditar hacia los Estados Unidos al expresidente Petro. Eso ayudaría a bajar los ánimos.  Y del lado de Petro y sus huestes que se deje de lado la narrativa con la que deslegitima la pírrica victoria de la ultraderecha ese fatídico 21 de junio. Si le metieron la mano o no a las elecciones, por el bien del país, hay que aceptar y permitir que De la Espriella asuma el poder político y militar sobre la Nación. Hay una tarea política por emprender: vigilar de cerca hacia dónde intentará llevar el país el nuevo jefe del Estado; cuestionar y denunciar arbitrariedades y delitos cuando se presenten.

Estamos, quizás, ante la más grande ruptura y distanciamiento político, ideológico, moral y ético-político entre dos disímiles visiones de país, que podría superar a la que vivió el país durante los enfrentamientos entre Liberales y Conservadores. Y el detonante de un nuevo Bogotazo podría ser el juzgamiento político y extradición de Petro a los Estados Unidos. Todos están jugando con candela. ¡Una mesa de diálogo ya!

CON CUÁL ANTIOQUIA SE QUEDAN LOS PAISAS: ¿LA DE CEPEDA O LA DE ABELARDO?

  Por Germán Ayala Osorio Antioquia, su capital Medellín y su gente han vivido y soportado procesos de construcción y deconstrucción ident...