jueves, 24 de septiembre de 2026

COLPENSIONES EN MANOS DE UN APRENDIZ




Por Germán Ayala Osorio


 

Carlos René Montoya Muñoz, presidente o director de Colpensiones desconoce el cargo en el que fue nombrado por Abelardo Gabriel De la Espriella Otero. Montoya ignora cómo opera el sistema pensional y por supuesto los pormenores de la reforma que por fin declaró exequible en la mayoría de su articulado la Corte Constitucional. No se sabe bien si Montoya llegó a aprender, a cumplir órdenes para que se haga un manejo discrecional de los recursos de las pensiones de los colombianos; o quizás su paso por la entidad estatal lo asumirá como una suerte de “pasantía” para adornar su hoja de vida. Eso sí, un pasante muy bien pago. Ese hecho económico ya es considerado como un “milagro” en las huestes abelardistas. Se espera que el recién posesionado, en agradecimiento a su jefe, grite con entusiasmo ¡qué viva Cristo Rey!

Lleva dos días instalado en semejante cargo y le tocó enfrentar un primer debate en la Comisión Séptima del Senado. El principiante quiso entregarle la responsabilidad de la exposición de asuntos internos(económicos) de Colpensiones a Sandra Camargo, su gerente de Planeación. De inmediato los congresistas de la Oposición cuestionaron a Montoya, quien desconocía que él, como máxima cabeza de la entidad estatal estaba obligado a rendir un informe detallado de la situación de la institución que está presidiendo.

El senador Duvalier Sánchez Arango, de la Alianza Verde, en su cuenta de X subió un video en el que se nota nervioso y desubicado al presidente de Colpensiones, por una razón: dejó ver su total desconocimiento del cargo, técnico por demás, en el que lo puso el jefe del Estado. “Es mi segundo día de trabajo, por cierto, y me tiraron a los toros… es una cosa muy compleja porque estamos en un momento bisagra en el sistema pensional colombiano”. Como escribió un tuitero, Montoya Muñoz estaba más perdido que “moco en oreja”.

En campaña, el “tigre” prometió hasta la saciedad que iba a gobernar con los “Nunca” (lo que jamás contrataron con el Estado) y que habría meritocracia. Su gabinete está plagado de figuras políticas tradicionales, es decir, está gobernando con los de “Siempre”. Incluso, a familiares suyos les dio cargos públicos.

En su administración hay agentes políticos que hacen parte del clan Char, al que es muy cercano De la Espriella. Y en cuanto a invitar a los más talentosos y preparados, esto dijo el entonces candidato presidencial: “Voy a escoger a los mejores. Eso es lo que hay que hacer: un gobierno con meritocracia, con los mejores, para sacar al país adelante en sus horas más oscuras. Los mejores no son los politiqueros; los mejores son los que han demostrado su lucha por Colombia con patriotismo. El mejor talento no es necesariamente el más conocido. La mejor gente de Colombia está en las regiones y nadie la conoce.” Queda claro que De la Espriella mintió.

Al igual que Petro, Abelardo Gabriel reta al país con cada nombramiento. Petro lo hizo con el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa Barragán y en la defensa acérrima que varias veces hizo de Juliana Guerrero, la joven que finalmente reconoció que falsificó títulos académicos para acceder al viceministerio de las Juventudes.

Con el nombramiento de Montoya Muñoz, Abelardo Gabriel desafía a los expertos en el tema del sistema pensional e incluso a quienes votaron convencidos de que el presidente de la República nombraría gente preparada y conocedora de los cargos. Montoya Muñoz desconoce totalmente el sistema pensional. Ni siquiera fue capaz, en la Comisión Séptima del Senado, de articular un discurso medianamente coherente. Congresistas oficialistas salieron en su defensa, esgrimiendo sin pudor el débil argumento “es que apenas lleva dos días al frente de Colpensiones”. Como no les dio la gana hacer el empalme, entonces terminaron feriando cargos para pagar favores electorales y políticos y construyendo la narrativa catastrofista con la que buscan justificar sus proyectos de contrarreforma de los avances que en materia de derechos logró el gobierno Petro. Para el caso de la reforma pensional, ya hay un proyecto de ley en el Congreso con el que se busca echar para atrás lo que acaba la Corte Constitucional de aprobar en materia pensional. Razón le cabe a la congresista María Fernanda Carrascal cuando señala que “poner a personajes tan mediocres e ignorantes en posiciones de poder es lo que ocurre cuando un proyecto político no se estructura para gobernar mejor a Colombia, sino para derrotar a las izquierdas y recortar las libertades y los derechos de los colombianos. Es una vergüenza”. 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

MONEDAS PROTOCOLARIAS Y EGOS PRESIDENCIALES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Todos los presidentes de la República dejan ver, a través de sus mandatos, mucho de sus historias personales, atadas a un culto a la personalidad que crece exponencialmente desde el preciso momento en el que les imponen la banda presidencial. Unos alcanzan a generar estados megalómanos, mientras que otros logran darles manejo prudente a sus egos, naturalmente henchidos por ostentar la dignidad presidencial. Veamos algunos casos.

Juan Manuel Santos, por ejemplo, por ser hijo de la rancia oligarquía bogotana asumió su llegada a la Casa de Nariño como un hecho natural fruto de su origen de clase. En lo que corresponde al manejo de su ego, se puede decir que fue mesurado.

Álvaro Uribe Vélez, contrario al origen de clase de Santos, venía de un oscuro mundo político alejado de la pompa, la “decencia” y el buen gusto. En lo que toca a su ego, Uribe prefirió auto asumirse como un recio Mesías para un país indisciplinado y caótico. Por ser un producto mediático millones lo asumieron como “irremplazable” y él mismo se lo creyó.

 Iván Duque Márquez es el típico caso del profesional mediocre que se topó con la oportunidad de salir del anonimato, así fuera para pasar a la historia como el títere de Uribe. En muchas ocasiones Duque dejó ver su fatuo carácter fruto de un ego golpeado por su gris pasado como profesional y su inexperiencia política. Al final de su gobierno actuó como un verdadero frierabrás, es decir, fanfarrón y jactancioso. “De qué me hablas, viejo” es la frase que recoge ese comportamiento.

El caso de la llegada de Petro al solio de Bolívar resultó moralmente inaceptable para millones de colombianos por el hecho de haber militado en el M-19, una guerrilla de origen urbano, diferente a las otras estructuras subversivas. Su proyecto político, reivindicante y profundamente confrontador del Establecimiento lo convirtió en un líder popular y populista. Petro exhibió grados de megalomanía, en parte resultado de la gran aceptación social de su mandato y figura “revolucionaria”.

En lo que respecta al caso del actual presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero resulta conveniente recoger lo dicho por el ensayista Julio César Londoño, quien en su columna Sobre reptiles y milagros señaló que “Abelardo es más ególatra que Petro”.  Y si, tiene razón el escritor vallecaucano. De la Espriella es posudo con tendencias a mostrarse como un “dandi” metrosexual. Su narcisismo es evidente y su megalomanía también. Tanto así, que mandó a cotizar unas monedas protocolarias en las que exalta su imagen de therian, el tardío desarreglo identitario con el que se identifica con un tigre. Aunque es joven, no es precisamente un adolescente, etapa en la que se presenta ese tipo de “anomalía” en la definición de la personalidad.

Aunque Duque y Petro acuñaron monedas protocolarias alusivas a sus periodos presidenciales, la que mandó a cotizar De la Espriella es un culto, de mal gusto, a su personalidad que raya con lo cursi.

Veamos los elementos gráficos de la moneda: en la parte superior de uno de los lados aparecen las palabras Honor y Lealtad ancoradas misionalmente al Ejército, aunque faltaría el vocablo Patria. Luego, aparece la cabeza de un tigre con ojos color esmeralda que hace aún más temible la expresión de ataque con la que es representado el gran felino. De esta manera insiste en validar su desarreglo identitario. Debajo de la imagen del felino están las iniciales de su nombre ADLE.

En el fondo la Casa de Nariño, la bandera colombiana y el periodo presidencial 2026-2030 fijado en dos pilares. En esa misma cara de la moneda protocolaria aparece la frase Jefatura para la Protección Presidencial, con la que el presidente hace un reconocimiento en vida al equipo que lo cuida y protege todos los días.

Llaman la atención los detalles del reverso de la moneda. En la parte de arriba se anuncia que viene el reconocimiento al Jefe para la Protección Presidencial. Luego, aparece la representación de un miembro del GOES, unidad élite de la Policía Nacional. Acompaña a esa imagen lo que podría ser una máscara espartana y la representación de una mujer que podría representar a su esposa o quizás a una fémina cumpliendo labores de espionaje o figura de una corporación. Y en la parte baja el nombre Carlos Andrés Caicedo, expolicía responsable de la seguridad del presidente de la República.  

Aunque Duque y Petro cayeron en la práctica megalómana de mandar a acuñar costosas monedas protocolarias, el caso de Abelardo los supera con creces por obedecer a una actitud extremadamente egocéntrica, narcisa e infantil por la alusión al reconocido felino que no hace parte de nuestra biodiversidad. Además, la exaltación a dos de las fuerzas armadas sobre las que ejerce control y poder en su calidad de comandante supremo desdibuja no solo su condición civil, sino que pinta sobre la imagen del Estado el espíritu militarista que lo acompaña como jefe de Gobierno y que le permite saludar como si fuera militar y quizás pensar como tal, en un país con una historia reciente de violación de los derechos humanos atribuida a uniformados del Ejército nacional. Quienes no lo votaron y comparten con De la Espriella su origen costeño (de la costa Atlántica) podrán calificar la moneda protocolaria como una cosa corroncha, de mal gusto. O podrían decir que en medio de la cacareada “crisis fiscal” gastar plata en semejante “lobería” es propio de un espantajopos. Como sea, ya valimos mondá, podrían gritar en el mercado de Bazurto de Cartagena o en el malecón de Barranquilla una vez la moneda cobre vida.

Adenda: imagino que le hará llegar al degenerado presidente de los Estados Unidos una de las monedas en agradecimiento por haberle ayudado a llegar al solio de Bolívar y por el apoyo a pacificar por las malas el país. Será noticia el detalle y la reacción de Trump, quien dijo que la "cae muy bien el tigre". 


LA NATURALEZA DE LOS "PAROS ARMADOS"

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Los “paros armados” que ordenan los grupos criminales organizados y los ataques a batallones o estaciones de Policía no siempre obedecen a retaliaciones por operativos militares o a simples demostraciones de fuerza. Hay casos que obedecen a expresiones claras de gobernanzas armadas. A manera de hipótesis señalo que en ocasiones las arremetidas de las estructuras narcoparamilitares o narcoguerrilleras se explican por incumplimientos de pactos políticos establecidos con agentes estatales, sean estos civiles o uniformados.

La hipótesis planteada tiene sentido y arraigo en las realidades que ofrece la degradación moral de todos los actores armados que participan de las hostilidades y que son responsables de las dinámicas político-militares que dan vida a lo que se conoce, ampulosamente, como conflicto armado interno. Ejemplo de esa podredumbre al interior de entidades del Estado es el registro de casos de oficiales y suboficiales del Ejército que les venden armas al “enemigo”. Y el más emblemático de casos que dan cuenta de esa putrefacción militar es el de las ejecuciones extrajudiciales, llamados por la prensa “falsos positivos”.

He venido sosteniendo en varias columnas que los problemas de orden público ya no pueden ser comprendidos en ese marco simbólico, institucional y político. Es tiempo de repensar esa categoría de conflicto armado interno porque después del proceso de paz de La Habana, la naturaleza mafiosa, criminal, prepolítica y desideologizada que hoy define a esas estructuras armadas por fuera de la ley impide mantener ese pomposo nombre.

De ahí que los esfuerzos por pacificar el país a través de procesos de paz o con acciones propias de la guerra total planteada por el gobierno  del presidente-pastor terminen en fracasos por la dimensión de la corrupción en la que estarían atrapadas unidades policiales, militares, empresarios del campo y otros agentes civiles (políticos) que  sucumbieron ante el poder desestabilizador de las millonarias ganancias que entregan la minería, el contrabando, el tráfico de armas, así como la producción y comercialización de la cocaína. El negocio de las armas es otro factor que juega a favor de la imposibilidad de consolidar la anhelada paz, así sea por las buenas o por las malas. El decomiso del fusil Barret calibre 50 BMG (“Light Fifty") de fabricación estadounidense que le incautaron a los mafiosos de camuflado que se hacen llamar Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada es la prueba de que el tráfico de armas es un negocio tan lucrativo como el de la cocaína. ¿Cómo llegó esa poderosa arma a Colombia? ¿Quiénes son los War Lord, nacionales y extranjeros, que se benefician de la guerra en Colombia?

Hay un elemento sociocultural que también hay que tener en cuenta: las violentas identidades masculinas de los jefes paramilitares y narcoguerrilleros que seducen a cientos de jóvenes que sueñan con obtener poder y plata, factores que potencian las masculinidades de esos adolescentes que crecen en entornos en los que sí o sí, y a como dé lugar, se tiene que demostrar que se es un hombre, un macho. Con plata y armas llegan las mujeres, seducidas o reclutadas de manera forzada, para satisfacer a los machitos.

Así las cosas, los ya probados diálogos de paz, con largas e improductivas conversaciones en mesas de diálogo, terminan sirviéndoles a esas estructuras criminales para recuperar heridos, afianzar procesos internos de adoctrinamiento, actividades de reclutamiento de niñas y niños; y la clausura de negocios y consolidación de las sempiternas relaciones con agentes del Establecimiento local y regional en los territorios en los que operan y son legítimos a pesar de la condición de ilegalidad que exhiben.

Por lo anterior, la puesta en escena protagonizada por el presidente-actor en Santa Marta, sitiada por los paracos de la Sierra Nevada sirve para ocultar una realidad aún más compleja que la ya ofrece el “paro armado” decretado en la turística ciudad costera. El “patrullaje” de Abelardo de la Espriella Otero, con un arma al cinto- al parecer traumática-, por algunas calles de Santa Marta deja ver a un presidente que está cumpliendo su sueño infantil de jugar a la guerra y de eliminar a los “malos”. De la Espriella no conoce la historia del conflicto armado y mucho menos el proceso histórico de la degradación moral de los ejércitos legales e ilegales que participan de las hostilidades. El presidente es miope. Presentarse con una pistola al cinto lo deslegitima como agente civil y lo convierte en el hazmerreír de una sociedad cansada de ver machitos armados en las calles.

Cuando seamos capaces de sincerarnos en el país alrededor de la degradación moral de todos los agentes que participan de manera directa o indirecta de las hostilidades, entonces podremos creer que la solución es la guerra total planteada por De la Espriella o abrir nuevamente y por última vez unos procesos de paz que le aseguren al Estado el control absoluto del territorio nacional. No hacerlo nos llevará a seguir velando civiles y uniformados; y viendo al presidente desfilar por entre cadáveres por otros 50 años más.





PRESIDENTE-COMBATIENTE

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Para enfrentar el “paro armado” decretado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), De la Espriella madrugó, con pistola al cinto, radio y chaleco antibalas expuesto, a tratar de poner orden en Santa Marta, ciudad atormentada por las acciones de ese grupo mafioso. Por varias horas, con desmanes incluidos, los delincuentes PARAlizaron la vida social y económica de la ciudad costera y turística.

Horas antes, sobre el cielo samario volaron los destartalados aviones Kfir que de nada sirven para contrarrestar las acciones delincuenciales protagonizadas y azuzadas por un grupo armado que busca afanosamente un tratamiento político que no merece por su propia naturaleza mafiosa. ¿Si estaba claro que el potencial militar de los Kfir no se iba a usar dentro de la ciudad, para qué los sacaron? ¿A quién pensaban disuadir? En ese escenario urbano, asusta más una cucaracha voladora que los vetustos aviones de combate. Un gasto innecesario de combustible en el gobierno de la “austeridad”. Primera escena.

Que el presidente de la República bananera de Colombia patrulle la sitiada ciudad de Santa Marta, a la madrugada, previo control del grupo que compone la avanzada presidencial hace parte del reality en el que parece vivir el jefe del Estado. Desde la campaña, De la Espriella venía abandonando su condición civil para construir el relato de ser un “macho valiente, un berraco, un hombre de armas tomar; el soñado comandante en jefe de las fuerzas armadas; un policía, un militar más”. Bueno, en el pasado el país vio al subpresidente Iván Duque disfrazado de patrullero de la Policía.

Con su grito patriótico y el ridículo saludo militar conquistó los corazones de millones de colombianos que anhelaban ver en la Casa de Nariño a un presidente-combatiente, con todo y lo que ello significa en un país incivilizado y violento como Colombia. Hasta los bots que lo votaron, llegaron a sentir simpatía por este “rambo criollo”. Ni el pésimo actor y presidente  gringo, Ronald Reagan se atrevió a tanto. Claro, eran los años 80. Ahora, con redes sociales y el sumiso cubrimiento de la prensa hegemónica es muy fácil convertirse en protagonista de esa Colombia cuya historia, cultura y presente están atadas a las características de la novela negra, incluida la ambigüedad moral de sus protagonistas.

La prensa- hoy abelardista, ayer uribista- entró en el cuadro para consolidar el relato que indica que a Colombia la gobierna un “macho armado”, “un combatiente”, o un depredador (por aquello de que el presidente cree que es un tigre). Con ese cubrimiento mediático, la película de terror que se graba en tiempo real y todos los días en el país le sirve al gobierno para distraer realidades que parece que empiezan a hacerse visibles: disminución del turismo internacional y nacional; crisis económica en Cúcuta y una lenta reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto del 10 de agosto; la falta de criterio para enfrentar los incendios en zonas biodiversas y la llegada de un devastador fenómeno del Niño. A lo que se suma la censura a la prensa, el control político e ideológico sobre el DANE y el ICBF, así como el veto al presidente de la Andi, que votó orgulloso y confiado por De la Espriella.

La FM, para poner solo un ejemplo del dócil acompañamiento mediático a la transformación del presidente en combatiente, señaló en su cuenta de X que “el presidente Abelardo De La Espriella amaneció patrullando Santa Marta y envió contundente mensaje a los grupos criminales”.

Quizás toda esta puesta en escena y despliegue egocéntrico termine en una declaratoria de emergencia sistémica que claramente pasará los ya invisibles controles de las altas cortes. La arremetida de Abelardo Gabriel contra la JEP asustó a los magistrados que no han dicho nada frente a la amenaza presidencial de cerrar el alto tribunal de paz.

Gracias a los casi 13 millones que votaron por el tigre, por cuatro años veremos a Abelardo Gabriel de la Espriella Otero cumpliendo los roles de presidente-actor, presidente-pastor, presidente-therian y presidente-combatiente. En el 2030 todos podremos evaluar cuál de esos papeles protagónicos merecen ser reelegidos o por lo menos recordados para la segunda temporada 2030-2034.  El espectáculo apenas empieza, así que sírvanse las gaseosas y las crispetas para ver los desarrollos de esa novela negra llamada Colombia.

Adenda: para aquellos que no conocen mucho de la novela negra les dejo este párrafo: “Una de las características que aleja a la novela negra de la novela policíaca es su protagonista. En estas historias no seguimos los pasos de detectives y policías justicieros, con una capacidad insólita para resolver misterios; en su lugar conocemos a detectives privados, policías, jueces, periodistas, políticos corruptos, gángsters, etc., que tienen en común su ambigüedad moral. Los personajes principales están repletos de luces y sombras, por lo que su retrato psicológico pasa a ocupar el interés central del relato frente a la resolución del crimen. Se trata de personas toscas, cínicas, muy proclives a los vicios y que utilizan métodos poco ortodoxos para conseguir sus propósitos”.

martes, 22 de septiembre de 2026

EL LENGUAJE CENTRISTA

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Aunque todavía se discute si el Centro político existe en Colombia, lo que sí parece existir es el “lenguaje centrista”, caracterizado por la mesura al momento de calificar o descalificar acciones y decisiones del actual gobierno. Puede haber algo o mucho de cobardía en quienes miden el tono para referirse a hechos políticos que claramente devienen autoritarios, caprichosos e incluso con visos dictatoriales.

Un lenguaje centrista se soporta en lecturas clasistas de quienes, formados en el privilegio, odian o desprecian a quienes exhiben un discurso contestatario y reivindicante. Quienes se atrevieron en el pasado a confrontar a los sectores privilegiados y a hacerlos responsables de la inequidad, la pobreza estructural y la discriminación derivada, fueron descalificados con dureza por los miembros del “centro político”.  Ahora que la derecha gobierna, los voceros de ese medroso y espectral centro se cuidan al momento de publicar sus opiniones.

Para probar la existencia de ese “lenguaje centrista” tomaré las reacciones de algunas figuras del “centro político” frente al mensaje publicado por la periodista-estafeta, Vicky Dávila, en relación con el veto que habría ordenado Abelardo Gabriel en contra del presidente de la Andi, Bruce Mac Master y los miembros de la junta de ese gremio.

Al cierre de esta columna no se conocía la reacción del dirigente gremial frente a lo publicado por Dávila, vocera y mandadera de los Gilinski. Quien sí reaccionó fue el exministro de Salud del gobierno Petro, Alejandro Gaviria Uribe, académico y político que hace parte del fantasmal centro. Esto dijo en su cuenta de X: “La orden es clara: no hablar con los gremios, periodistas o empresarios que muestren alguna independencia. El propósito también es evidente: acabar con el disenso, construir a las malas una especie de consenso artificial. El resultado es predecible: un gobierno cada vez más prepotente, aislado e ineficaz”.

Ahora comparemos el tono del lenguaje que usaron el dirigente gremial y el profesor Gaviria cuando se enfrentaron al entonces presidente Gustavo Petro. Alejandro Gaviria y Bruce Mac Master no bajaban al presidente de “autoritario, caprichoso y dictador”. Una vez dejó de ser su ministro de educación, Gaviria se dedicó a despotricar del presidente de la República: “Estuve seis meses y presencié el caos, la indolencia y la falta de cualquier idea de gobierno. No iba a quedarme callado. Mi lealtad es con mis principios, no con un presidente autoritario y enloquecido”.

El presidente de la Andi, Bruce Mac Master mantuvo agrios enfrentamientos verbales con el entonces presidente Petro. Esto dijo el 20 de junio de 2026 en su cuenta de X: “La participación indebida en política de Gustavo Petro se ha constituido en un abuso de poder probablemente sin precedentes en Colombia. Recuerda el camino que transitaron Venezuela y otros países en los cuales se terminaron afianzando regímenes dictatoriales. […] el gobierno más antidemocrático de la historia”.

¿Por qué no usan los mismos epítetos para referirse a De la Espriella? ¿Acaso sienten miedo? ¿Por qué la demora del presidente de la Andi en reaccionar? Apostarle a la construcción de un “lenguaje centrista” cuando hay evidencias claras de que el presidente de la República es irascible a la crítica, no obedece a una postura mesurada pensada para no “polarizar”. Por el contrario, más parece una decisión de clase que los obliga a aceptar a De la Espriella, aunque lo consideren un “levantado, ordinario y corroncho”.

Entre la derecha que gobierna hoy y el “centro” (derecha vergonzante) no se advierten fracturas no ideológicas, sino un distanciamiento por cuestiones de estilo. El no reconocimiento político de ciertos sectores societales (cachacos), de parte de Abelardo Gabriel, incomoda en gran manera a miembros de la élite bogotana. Se abstienen de llamar “dictador, autoritario y caprichoso” al presidente de la República por una sola razón: los une que comparten los valores tradicionales y la doctrina económica. Es decir, son de derecha y en el fondo desdicen del progresismo y  de la izquierda democrática. Así las cosas, el “lenguaje centrista” existe porque se sostiene en la hipocresía, la falsedad, el clasismo, la aporofobia y el racismo que caracteriza a la élite tradicional y a los “levantados” que de cuando en cuando se les cuelan en la Casa de Nariño. El silencio y el “hagámonos pasito” puede estar atado al miedo que les da perder el control de la puerta giratoria a los dirigentes gremiales que De la Espriella está vetando.

lunes, 21 de septiembre de 2026

DE LA ESPRIELLA "VETA" A PRESIDENTE DE LA ANDI

 


 


Por Germán Ayala Osorio

 

La estafeta-periodista, Vicky Dávila Hoyos, al servicio de la familia Gilinski, informa en su cuenta de X que “fuentes del gobierno confirman que a partir de ahora, ningún ministro se puede reunir con Bruce Mac Master, presidente de la Andi. Están evaluando ampliar el veto a los miembros de la junta”.

Si lo que dice Dávila Hoyos es cierto, De la Espriella estaría jugando duro contra viejos agentes del Establecimiento como lo es el eterno presidente de la Andi; el ataque se explicaría por antipatías personales de un presidente proclive a vetar periodistas y ahora a empresarios, o por el cumplimiento de una sugerencia-orden de algún miembro de la familia Gilinski o de otro "cacao" interesado en hacerse con el control de ese gremio y de las formas que en el pasado siempre les garantizó la operación de la “puerta giratoria”.

El manejo de las donaciones para el fondo milagro para atender a los damnificados del terremoto del 10 de agosto habría sido uno de los motivos del distanciamiento entre De la Espriella y Mac Master. Este último se habría opuesto a que algunos recursos fueran manejados por la fundación de la esposa del presidente de la República, encargada de la recepción de las donaciones.

Por supuesto que el veto presidencial deviene con una peligrosa carga autoritaria que activa de inmediato la memoria alrededor de la confrontación política e ideológica entre Bruce Mac Master y el entonces presidente Petro. En uno de esos choques, Petro escribió en su cuenta de X, lo siguiente: “Yo le pregunto a Paloma Valencia y a Bruce Mac Master: ¿más de 71 cadáveres recogidos, la existencia de fosas comunes escondidas por el ELN, el desplazamiento de 55.000 personas de las 400.000 que habitan en el Catatumbo, el asesinato de exfirmantes de paz, los crímenes contra la paz cometidos en la región, la necesidad de financiar la ofensiva del Ejército... no son motivos de una conmoción interior en el Catatumbo?”.

Los rifirrafes entre la dirigencia gremial y Petro fueron permanentes, en especial a partir del momento en que el primero sacó del gobierno a los ministros que contaban con el aval de los gremios y los partidos tradicionales. Una vez radicalizado, la confrontación política se volvió paisaje.

Ya en campaña, la derecha neoliberal y el empresariado decidió votar por De la Espriella. Dirigentes como el presidente de la Andi expusieron públicamente por quién votarían. El 14 de junio, a través de la columna Votaré por la democracia liberal, Bruce Mac Master dijo: “Para quienes creemos en la democracia liberal, la Constitución, el Estado de derecho, las libertades, y una economía capaz de generar oportunidades, la elección actual es fundamental. Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. No significa que comparta todas sus posiciones o ideas. Seguramente tendremos acuerdos, así como también diferencias. La democracia no implica adhesiones absolutas. En democracia escogeré la alternativa que mejor protege la libertad, la institucionalidad y el progreso”.

El presidente de la Andi no se caracteriza por tener claridades conceptuales que le permitan articular un discurso coherente. Más bien es un dirigente gremial fatuo acostumbrado a mandar e imponer su punto de vista. En eso se parece mucho a De la Espriella. Quizás la frase en rojo desató la ira de Abelardo Gabriel, quien ya le dejó claro al país que su megalomanía se alimenta de todas las lisonjas que le puedan hacer llegar de los gremios económicos y de otros sectores de poder. A lo mejor Bruce Mac Master olvidó hacerlo y su cabeza estaría en riesgo. Quizás deba hincarse ante su Majestad. 

Insisto, de resultar cierto lo que dice la estafeta-periodista y excandidata presidencial, tanto la Andi, su junta y otros gremios están obligados a salir a rechazar el veto presidencial por ser desobligante y profundamente peligroso para la democracia, liberal -o no-, que Bruce Mac Master dice defender. El “tambaleante” presidente de la Andi publicó un trino el 20 de diciembre de 2025 en el que espetó que “la peor versión de la autoritarismo es la que se viste de democracia. ¿Cuánto hay del autoritarismo a la dictadura?”. La pulla estaba dirigida, por supuesto hacia el presidente Petro. Ahora que, según Vicky Dávila el presidente de la Andi está en camino de saber “qué tan duro muerde el tigre”, sería bueno que el dirigente gremial vaya al archivo de su cuenta de X para recoger el sentido de ese trino, pues es claro que lo dicho en ese momento “maduro mal”.

Ya la periodista-estafeta había dado puntadas de lo que se venía en contra del presidente de la Andi. Esto dijo el 26 de agosto del año en curso: “La ANDI requiere una renovación y una modernización. Es importante impulsar nuevas voces y liderazgos dentro del mismo gremio. Hay que reconocer la importante labor de Bruce Mac Master durante más de 15 años. Dicho eso, si las directivas de la ANDI piensan más en el pasado que en el presente, corren el riesgo de un futuro en la obsolescencia”.

Si finalmente el fierabrás de Bruce Mac Master sale de la presidencia de la Andi, la historia dirá que no fue por orden del exguerrillero y “dictador” Gustavo Petro, sino por disposición del “demócrata respetuoso de la institucionalidad” por el que votó el hoy tambaleante dirigente gremial. En esa misma columna del 14 de junio, Mac Master dijo que “De La Espriella ha decidido rodearse de personas respetables, con visión institucional y democrática, eso es muy importante. Confiamos en que habrá un gobierno dentro del cauce de la Constitución, con respeto por los contrapesos, talento técnico, constructor de consensos y con buenas políticas públicas. El país necesita más unión y menos polarización”.

No sé si Bruce Mac Master pecó en ese momento de inocente o simplemente le tiró una lisonja al entonces candidato presidencial. Hoy, en calidad de jefe de Estado, De la Espriella se olvidó de esa adulona y zalamera loa. Y eso que dice que no es político. Qué tal que lo fuera. 



CENSURA OFICIAL EN COLOMBIA Y ESTADOS UNIDOS




Por Germán Ayala Osorio

La censura a las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo y al caricaturista Vladdo por solicitud- orden o petición- del presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero apenas si fue registrado por los medios masivos. Los que lo hicieron, le dieron la misma importancia a un atraco callejero o el tradicional cosquilleo en Transmilenio. Es decir, una cosa normal. Por el contrario, en la red X los tres casos recibieron más atención que en los medios hegemónicos cuyos propietarios, banqueros y grandes empresarios, pusieron en el solio de Bolívar a De la Espriella. Eso explica el silencio y por supuesto, la echada de las comunicadoras.

La gran prensa corporativa y con ella los colegas de Zuluaga, Restrepo y Vladdo guardaron silencio frente a la salida a su salida del aire y lo que es peor, callaron frente al significado político de la acción presidencial y sus efectos en la democracia. La academia, en particular las facultades de comunicación social-periodismo y la propia FLIP hicieron lo propio. El miedo es generalizado. Las escuelas de periodismo prefieren no decir nada para no afectar sus relaciones con las empresas mediáticas en las que hacen prácticas sus egresados; se suma, por supuesto, las simpatías ideológicas de decanos y rectores de universidades privadas pendientes del regreso del programa Ser Pilo Paga. La FLIP criticó la directiva presidencial con la que el presidente deja claro que su gobierno les hablará exclusivamente a los medios “amigos”, pero no dijo nada frente a la burda censura oficial. 

En los Estados Unidos el arbitrario y degenerado presidente Donald Trump vetó a la cadena CNN, lo que constituye un acto de censura oficial que no solo viola la protección constitucional (la primera enmienda), sino que puso a prueba a la prensa americana. Pocos días después de establecida la mordaza, CBS, ABC, NBC y Fox anunciaron que dejarán de cubrir las actividades públicas de Trump, como hacían junto a CNN. Lo harán por turnos. Sin duda alguna, una postura política que expone los miedos del presidente de los Estados Unidos a ser criticado y confrontado; esa postura asumida por el carcamal anaranjado lo acercó a las asumidas por cualquier presidentico de las sempiternas repúblicas bananeras forjadas desde la Casa Blanca. A quien le urge censurar para gobernar tranquilo deja ver sus miedos, su incapacidad para argumentar y el fastidio que le genera reconocer a los periodistas como interlocutores válidos.

Una vez registrado el hecho noticioso generado por las cadenas de televisión norteamericanas, casi de inmediato varios tuiteros aprovecharon para reclamarles a los medios tradicionales de Colombia el haberse hincado ante De la Espriella y sobre todo, por no haber rechazado la censura contra las dos periodistas y el caricaturista. La solidaridad del gremio fue casi nula. Se quedó en algunos respaldos individuales. El señor Caicedo, en su cuenta de X, publicó este trino: ¿Qué pensarán en Colombia los arrodillados de @BluRadioCo @NoticiasCaracol @rcnradio @CaracolRadio @NoticiasRCN?

De la Espriella y Trump se parecen mucho: rechazan a los periodistas que los cuestionan y que intentan cumplir con actividades informativas de contrapoder. Para el caso colombiano, la directiva presidencial con la que prácticamente se establece una relación informativa exclusiva con “medios amigos” deviene como una acción de mordaza contra aquellos medios o periodistas que están prestos a incomodarlo con preguntas relacionadas, por ejemplo, con los dineros que le giró su amigo y confeso delincuente, Alex Saab. Pensar que De la Espriella pueda recibir en la Casa de Nariño al incisivo Daniel Coronell ni siquiera resulta utópico, es sencillamente, ciencia ficción. Recordemos que De la Espriella tiene demandados a varios periodistas que osaron cuestionarlo. 

Bien por las cadenas de televisión de los Estados Unidos y muy mal por las empresas mediáticas colombianas. Claro, nos llevan años en cultura democrática y en respeto a las libertades de prensa y opinión. En Colombia, pensar distinto, incomodar al poder y ejercer el derecho a opinar suelen ser mal vistos por el poder político. En el fondo, los medios americanos tienen claro qué es eso de la dignidad y el profesionalismo. En Colombia esos conceptos aún no llegaron a las salas de redacción porque hay muchos periodistas que les da miedo “patear la lonchera”, pero se sienten a gusto fungiendo como estafetas del Palacio de Nariño.

 

CONDENADOS EN INSTALACIONES MILITARES: ¿HASTA CUÁNDO?




Por Germán Ayala Osorio

 

En una sociedad como la colombiana en la que millones de sus ciudadanos guían sus vidas por un ethos mafioso, la existencia de presos VIP que pagan condenas en instalaciones militares, policiales y en pabellones especiales, tipo resort, en cárceles tradicionales es considerada como una normalidad, un paisaje más. 

El presidente de la República parece empeñado en afectar -no acabar- con esa normalidad. Ha ordenado traslados de una serie de bandidos con el fin de quitarles privilegios (celulares y comodidades) obtenidos en ejercicio de su poder corruptor y de las relaciones mafiosas establecidas con agentes del INPEC.

Los traslados más sonados hasta el momento son los de la señora Epa Colombia, Daneidy Barrera Rojas y el exgobernador del Valle del Cauca, Juan Carlos Abadía. A la primera, el INPEC la exhibió encadenada de pies y manos como si se tratara de una peligrosa delincuente. Una demostración de poder que no borra años de prácticas corruptas de directores de prisiones y custodios que se prestaron para que los reclusos tuvieran celulares, hicieran fiestas, extorsionaran desde las celdas y hasta protagonizaran inolvidables bacanales.

En cuanto al exgobernador, el propio jefe del Estado dijo en su cuenta de X que “Juan Carlos Abadía se creía intocable. Desde el pabellón especial de la Escuela de Carabineros de la Policía en Cali hacía y deshacía: participaba en política, ponía y quitaba funcionarios y definía contratos, pese a estar condenado a 21 años y 7 meses de prisión por corrupción. Ordené personalmente su traslado. Simuló un episodio cardíaco y terminó en una clínica; di la orden de sacarlo de allí y llevarlo a una cárcel de verdad.  Anoche, a las 11:30 p. m., fue trasladado a la cárcel de Villahermosa. En la Patria Milagro nadie está por encima de la ley. En la era del Tigre se acabó esa vagabundería”.

Ese tipo de decisiones presidenciales hay que aplaudirlas a rabiar siempre y cuando se apliquen sin excluir a ciertos condenados que aún viven cómodamente en instalaciones militares y policiales, convertidas en hostales de lujo. Esa Inpecnización de las guarniciones hay que frenarla cuanto antes porque los uniformados no están para cumplir funciones de custodios de bandidos de cuello blanco.

Por lo anterior, el país espera que el presidente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero ordene el traslado a una cárcel de máxima o de mediana seguridad de Santiago Uribe Vélez, condenado por homicidio y concierto para delinquir agravados en un contexto en el que es señalado de haber conformado el grupo paramilitar conocido como los 12 Apóstoles.

¿Se atreverá De la Espriella a ordenar el traslado del hermano del expresidente Álvaro Uribe? ¿Acaso, Santiago Uribe, como el exgobernador del Valle del Cauca, “se cree intocable”? Es seguro que el hermano del expresidente antioqueño no participa en política, y mucho menos tiene la facultad para presionar contratos o el poder para poner y quitar funcionarios. Por supuesto que no.

“El hermano del expresidente Álvaro Uribe, Santiago Uribe Vélez, no tiene derecho, por regla general, a un sitio especial de reclusión para cumplir la condena de 28 años que le fue impuesta por homicidio agravado, concierto para delinquir agravado y delitos de lesa humanidad, en el proceso relacionado con el grupo paramilitar conocido como Los Doce Apóstoles” (Infobae).

El caso de Santiago Uribe Vélez es la prueba fehaciente de que a aquellos bandidos que se les niega la casa por cárcel, por influencias políticas, las guarniciones militares y las instalaciones de policía se convierten en “prisiones domiciliarias de segunda generación” por las comodidades que les garantizan a los condenados. Huelga decir que fue el presidente Petro quien ordenó que Uribe Vélez fuera recluido a una guarnición militar por razones de seguridad y arraigo. Sin duda alguna, un solidario gesto político del entonces presidente. Quizás ese gesto sirvió de base para el pacto político entre las bancadas congresionales de petristas y uribistas que terminó con la entrega del control de la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes (conocida también como Comisión de Investigaciones) para evitar que se investigara al expresidente Petro. Al final, Uribe y Petro salieron beneficiados. Pero volvamos al asunto central.

En medio del registro mediático de los traslados de Epa Colombia y Abadía y de otras reubicaciones de peligrosos condenados, esa pregunta debería de hacérselas los periodistas de las empresas mediáticas tradicionales. Al estar en “modo autocensura” por el miedo que generó la censura a dos periodistas y al caricaturista Vladdo y al haber definido la presidencia que solo convocaría a ruedas de prensa a “medios amigos”, me corresponde como periodista independiente elevar el interrogante, pues hasta donde se sabe Santiago Uribe Vélez se encuentra recluido en una guarnición militar en el departamento de Antioquia.

No hay información precisa del lugar de reclusión en donde pagará los 28 años de condena por los delitos que de acuerdo con la sentencia de segunda instancia que la Corte Suprema de Justicia le impuso; como tampoco se conoce registro fotográfico del momento de haber sido reseñado por el INPEC, una vez se conoció el fallo condenatorio. Vuelvo a preguntar: ¿Se atreverá De la Espriella a ordenar el traslado del hermano del expresidente Uribe Vélez? Claro que no, hay “milagros” que en la Patria Milagro jamás sucederán. 

Nota: haberse atrevido a tocar a Juan Carlos Abadía, del clan de la gobernadora del Valle, hace suponer  que Dilian finalmente abandonó al exgobernador por mantener buenas relaciones con De la Espriella. 

domingo, 20 de septiembre de 2026

LAS INMORALES PRIORIDADES DE ABELARDO GABRIEL




Por Germán Ayala Osorio

 

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, como jefe de Estado, desde el 7 de agosto viene mandando mensajes que contradicen e incluso desconocen los mandatos prescritos en la carta política de 1991. Hoy, casi dos meses después, con sus acciones se confirma que a su gobierno no le interesa ser garante del cumplimiento de lo consignado en el texto constitucional. 

Con el retiro de la alianza internacional por los derechos LGBTIQ+ el presidente de la República y jefe de Estado anima a los sectores homofóbicos y transfóbicos de la sociedad para que den continuidad a la estigmatización, persecución, señalamiento y eliminación física y simbólica de los miembros de esa población que reclama el derecho a vivir en condiciones de igualdad, seguridad y respeto.

Colombia se caracteriza por ser una sociedad gazmoña, puritana, goda, conservadora, camandulera, hipócrita, ladina, violenta, racista, clasista, arribista y aporofóbica, entre otras taras civilizatorias que la “batalla cultural” dejará aún más expuestas, con un agravante: quedarán legitimadas por la narrativa moralizante que desde el alto gobierno se está imponiendo con la colaboración irrestricta y acrítica de la prensa hegemónica y de las comunidades religiosas que están de plácemes porque por primera vez tienen a un pastor en la presidencia de la República (a veces puede actuar como rabino, cura de pueblo o agitador espiritual).

La decisión de retirar a Colombia del señalado Comité Ejecutivo por la Igualdad de Derechos la justificó el alto gobierno señalando que dicha “participación en el mecanismo no era prioritaria”. Si no es prioridad cuidar y asegurar el cumplimiento de varios artículos del capítulo I de la constitución y en la praxis reconocer la vida y los derechos de esa población, entonces qué pueden esperar del Estado los militantes y defensores de ese colectivo.

Antes de esa decisión, De la Espriella ya había puesto en entredicho la naturaleza laica del Estado y consecuentemente desconocido el artículo 19 que señala que “se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva”. Como ateo converso, De la Espriella Otero viene actuando más como pastor y líder espiritual de su “manada” que como símbolo de la unidad de la Nación y figura respetuosa de las diferencias. Se suma a lo anterior los gritos “firme por la Patria” y “que viva Cristo Rey”, expresiones que permiten asumir su ejercicio del poder político como una peligrosa cruzada ideológica de carácter religiosa y militar y por lo tanto con visos fascistas.

Con su plan Patriota 2.0 y el haberle puesto punto final a los procesos de diálogo con grupos al margen de la ley niega el derecho a la paz (artículo 22) lo que aboca al país a sufrir una guerra total con las consecuencias ya conocidas: desplazamiento forzado, crecimiento de los cinturones de miseria en las grandes capitales que acogerán a los desplazados; concentración de la tierra en pocas manos y el sometimiento de valiosos y estratégicos ecosistemas naturales a las dinámicas agro extractivas (minería, ganadería extensiva, monocultivos de palma africana, caña de azúcar y coca; y la minería a cielo abierto), bajo economías de enclave que lo único que garantizan es el sempiterno subdesarrollo para el país. Así las cosas, la guerra total, el desarrollo extractivista, la batalla cultural (ideológica) y el desconocimiento estatal de la población LGTBIQ+ son las prioridades inmorales del pastor-presidente.

Al Estado como estructura de dominación moderna se le exige la protección de los derechos consagrados en la constitución política; igualmente se espera que sea una fuente legítima del poder y de formas de violencia física y simbólica con miras a que dentro del territorio en el que funge como autoridad nacional establezca y garantice las condiciones para que la sociedad y sus asociados (dominados) caminen hacia estadios civilizatorios que alejen al colectivo de caer en la barbarie. De la Espriella Otero es abogado y en su discurso de campaña siempre se mostró como una persona respetuosa de la institucionalidad y de las leyes. Es claro que engañó a los casi trece millones de odiadores profesionales e ignorantes que lo votaron. 

El Estado colombiano arrastra una histórica y estructural debilidad y precariedad fruto de gobiernos que, guiados por la doctrina neoliberal, le apuestan a la privatización de funciones sustantivas o a la captura de su institucionalidad de parte de grupos de poder económico y político (clanes) que lo deslegitiman como orden establecido, consolidando una imagen negativa y el deterioro de las garantías constitucionales que está obligado a mantener.

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero actúa como un neoliberal más por la fuerza de los compromisos y la presión de los banqueros que lo pusieron en el solio de Bolívar, que por un convencimiento fruto del análisis académico de las virtudes de ese modelo y doctrina económica. De la Espriella no sabe de macroeconomía y desconoce cómo funciona el Estado. Es poco leído y eso se le nota en su precario discurso. 

Es apenas evidente que poco o nada participa de las decisiones económicas. Estas las toman su vicepresidente, previa consulta con Sarmiento Angulo y los Gilinski; su trabajo como jefe de Estado está exclusivamente orientado a regresarnos al siglo XIX y quizás más atrás, dado que él se asume como un regenerador social, ideológico y espiritual. Los daños sistémicos que dejará su gobierno- ya se advierten y apenas lleva dos meses en el poder- serán presentados como retos del Santísimo, recogidos bajo la sentencia que legitima aquello de “sufrir en vida para poder alcanzar el paraíso” una vez llegue la muerte.

viernes, 18 de septiembre de 2026

JEP, PLAZAS VEGA Y LA DICTADURA CIVIL QUE SE AVECINA



Por Germán Ayala Osorio

 

Entre la asfixia económica a la que el gobierno pretende someter a la JEP y el respaldo que a nombre del Estado le dio De la Espriella al excoronel Alfonso Plazas Vega días antes de conocerse el fallo judicial que lo absolvió de responsabilidad en el caso de la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas asesinado por miembros del Ejército, hay un proyecto político-militarista de mediano y largo plazo que sectores societales aún no perciben la posibilidad de su ocurrencia. Al final de la columna expongo, a manera de hipótesis, lo que se estaría cocinando en la Patria Milagro.

A la pretensión de ahogar económicamente al tribunal de paz y justicia restaurativa recortando sus recursos para operar, se suma el proyecto de reforma constitucional que se discute en la Comisión Primera del Senado con el que se busca que todas las sentencias y actuaciones de la JEP en contra de miembros de la fuerza pública sean revisadas por la Justicia Penal Militar, instancia históricamente proclive a garantizar la impunidad de los uniformados procesados bajo esa jurisdicción.

La JEP siempre fue incómoda para los sectores castrenses que asumieron la operación del alto tribunal de justicia transicional como un mecanismo vindicativo de la izquierda y las Farc-Ep por los golpes que el Ejército le dio a la cúpula de esa organización armada ilegal durante los dieciséis años de uribismo (entre Uribe y Santos), incluidos los mal llamados falsos positivos; y por supuesto la participación de agentes uniformados en el exterminio de la Unión Patriótica (UP) y sus probadas relaciones con las estructuras paramilitares; todos hechos políticos y simbólicos que enlodan la imagen de las fuerzas militares colombianas.

El relato de Álvaro Uribe frente a los “falsos positivos”, como presidente y expresidente, siempre apuntó a desprestigiar a los magistrados de la JEP quienes, a juzgar por el político antioqueño, presionaban a los militares comparecientes a reconocer sus responsabilidades en las ejecuciones extrajudiciales. De la Espriella, consagrado uribista, está recogiendo los pasos de su mentor para dar el golpe definitivo contra la JEP.

Esos crímenes de Estado, a decir de varios altos oficiales que terminaron en la JEP para obtener beneficios judiciales, se dieron en virtud de las presiones de la cúpula militar y de las directrices emanadas por el Ejecutivo que hicieron posible encontrar patrones en esa sistemática práctica criminal.  Recordemos la exigencia de Uribe de obtener más y mejores resultados operacionales y el criterio castrense expresado en la frase del general Mario Montoya Uribe, “a mí no me traiga detenidos, denlos de baja”.

Convertir en un asunto de Estado la defensa política y jurídica de Alfonso Plazas Vega, demandado civilmente en los EE. UU. por la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas en los hechos de la retoma del Palacio de Justicia es una decisión política de Abelardo de la Espriella con la que confirma su perfil militarista, acompasado con su ridículo saludo militar y grito de guerra, “firme por la patria”.  El jefe del Estado llamó “héroe de la Patria” al exmilitar que hizo parte de la cruenta retoma del Palacio de Justicia, asaltado por un piquete de criminales del M-19.

La postura del pastor-presidente se explica por su intención manifiesta de borrar las verdades derivadas de fallos condenatorios contra los superiores de Plazas Vega que convirtieron la retoma del Palacio de Justicia en una oportunidad para vengarse, a cualquier costo, del M-19, grupo guerrillero que los había ridiculizado en la pasado con la extracción de cinco mil armas del cantón norte de Bogotá a través de un túnel. La absolución de Plazas Vega por un tribunal civil de los Estados Unidos, compuesto por jurados que jamás se tomaron el trabajo de comprender el contexto y las circunstancias en el que debía instalarse el crimen del magistrado, reinstalan en el país el azaroso y miedoso ambiente pro castrense que vivimos durante los gobiernos de Turbay Ayala, Belisario Betancur y Álvaro Uribe.

Insisto: esa defensa patriótica del excoronel de Caballería, Alfonso Plazas Vega está conectada ideológica y políticamente con la decisión económica y política del gobierno de Abelardo de la Espriella de asfixiar económicamente a la Justicia Especial para la Paz (JEP). Ese alto tribunal viene aportando, con sus investigaciones y fallos de condena moral contra militares y guerrilleros de las extintas Farc-Ep, a la construcción de un relato nacional en torno a la degradación moral que sufrieron en su interior esos dos actores armados. A manera de hipótesis señalo que una vez se logre la asfixia, la desaparición de la JEP y reversadas sus condenas morales y la verdad judicial alcanzada en sus años de operación, la derecha se prepara para tramitar una reforma constitucional que reviva la reelección presidencial inmediata de Abelardo de la Espriella Otero. De esa manera, se consolidaría el régimen de mano dura que necesitan los sectores retardatarios que apoyan al presidente de la República para poder ganar la batalla cultural o proyecto de regeneración ideológica que ya inició.

Limpiar la imagen de los militares, imponer la narrativa oficial que indica que las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) es una invención de la izquierda para desprestigiar a la política de seguridad democrática, reducir libertades ciudadanas al estilo del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala y si es el caso volver a las prácticas que permitieron el aniquilamiento en el pasado de la UP, pero esta vez aplicadas a los progresistas señalados por De la Espriella como “enemigos de la patria”, hacen parte de las tareas que se ejecutarían una vez se logre la continuidad del actual gobierno. 

Lo que viene haciendo Bukele en El Salvador es el referente ético-político que guiaría a quienes quieren llevar al país hacia una dictadura civil (gobierno autoritario con visos fascistas), en manos de un “civil” que piensa como militar, saluda como militar, manotea y grita como general de brigada y lo que es peor, se disfraza de militar.




LA IA EN LA ACADEMIA: EL FIN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En medio de llamados de atención y alarmas sobre los riesgos para la humanidad que ya trae la Inteligencia Artificial (IA) por su naturalización y uso en todas las actividades humanas, la Academia la dejó entrar a sus procesos pedagógicos y de formación profesional sin mayor reflexión, con un problema adicional: tácita o explícitamente se prohíbe a los docentes de humanidades abordar críticamente el uso irreflexivo de esa herramienta por parte del estudiantado que la incorporó para autoengañarse.

Cursos masivos virtuales de formación ciudadana de más de trescientos estudiantes que se esconden detrás de las cámaras de sus dispositivos, dan cuenta de que la Academia se entregó en cuerpo y alma a la mediocridad que va de la mano de aquellos estudiantes fascinados con la capacidad de la IA para resolver los problemas académicos que ellos deberían de asumir aplicando los criterios propios del pensamiento crítico, usando categorías de análisis y el enfoque sistémico, elevados ya a la condición de elementos  “fósiles o antediluvianos” y extrañas maneras de pensar en un mundo que avanza de la mano de la tecnología y la IA y del concomitante proceso de deshumanización y estupidización.

Las tareas académicas desplegadas en esos cursos estandarizados con los que se debilitan el currículo oculto y la posibilidad de los docentes de “tirar línea”, los estudiantes acuden a la IA para que se las haga. Es apenas lógico pensar que los profesores no tienen ni el tiempo ni la disposición para leer más de trescientes  “reflexiones” de la IA, firmadas por los estudiantes. Todos entraron en el juego de engañarse. La enseñanza en universidades privadas que se la jugaron toda por la virtualización de sus cursos, en particular los que corresponden a las disminuidas humanidades, se convirtió en una puesta en escena en la que todos los actores, libreto en mano, le hacen el juego a la IA, la misma que en unos años remplazará a los docentes por muñequitos animados con los que los alumnos (ahora si de verdad, sin luz), interactuarán para seguir autoengañándose.

Esos estudiantes que llegan a las universidades lo hacen con enormes vacíos conceptuales, emocionales y problemas comportamentales derivados de una crisis sistémica de los procesos educativos, incluidas las condiciones de familias disfuncionales en las que se levantan. Hacen parte de una sociedad que cada vez más premia la bobada y las pendejadas de las redes sociales, cloacas en las que se refugian millones de seres humanos que encontraron en la sobreexposición ególatra el real sentido para seguir viviendo. El profesor Miguel de Zubiría tiene claro el origen de esos problemas de los universitarios: “Muy pocos colegios, si es que alguno, les enseñan a sus estudiantes a escuchar (no conozco ninguno), a leer, exponer, escribir ensayos, a argumentar, derivar, hipotetizar y las demás operaciones intelectuales metacognitivas. Cuanto bien le haría al conjunto de primíparos una buena nivelación en operaciones intelectuales a su ingreso universitario”. Y el panorama es peor de acuerdo con el reconocido analista: “No tienen idea de quiénes son, y menos de cuáles son sus cualidades, fortalezas, incompetencias; ni mucho menos sus anhelos, motivaciones proyectos de vida. La razón, la misma de siempre: nadie siquiera les ha hablado de este tema, para mí, el más importante de la existencia”.

Baste con asomarse a lo sucedido electoral y políticamente en Colombia recientemente para entender los riesgos de ir a las urnas llevados por el odio al progresismo, o por la ignorancia supina con la que muchos votaron; otros lo hicieron por miedo al “comunismo”, desinformados, sin capacidad de análisis y guiados por cientos de miles de bots que recrearon una realidad algorítmica que terminó llevando a la presidencia a un tipo que se cree tigre. Un desarreglo identitario que los casi trece millones que votaron por De la Espriella lo convirtieron en una ventaja pues creyeron que con los zarpazos de ese gran depredador el país solucionaría todos sus problemas.

Mientras De la Espriella hace y deshace con el Estado como forma de dominación y escenario civilizatorio, en las universidades docentes, estudiantes, decanos y directivas juegan, mutuamente, a engañarse. Poco importan los riesgos que hoy exponen antiguos CEO o trabajadores de empresas dedicadas a desarrollar la IA, porque finalmente la finitud, como condición humana, y el desprecio natural por la Otredad son las circunstancias que seguirán justificando la presencia y el triunfo final de los robots humanoides que nos remplazarán para continuar haciéndole daño al planeta, mientras que logran conquistar otro para someterlo a la misma dinámica de depredación. Fungimos como langostas (saltamontes), en poco tiempo guiadas por máquinas. Mientras llega ese momento, Cali se achicharra bajo un sol inclemente y los caleños a diario bailan al ritmo de los enjambres sísmicos. Lo mejor es bailar al ritmo de la canción de Johny Pacheco, Si la tierra tiembla: "Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Yo mate cuatro panteras un tigre y dos leones. Pero si la tierra tiembla. Se me caen los pantalones...".

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

USA MANTIENE DESCERTIFICACIÓN A COLOMBIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Que los Estados Unidos mantengan la descertificación a Colombia por su ineficaz lucha contra las drogas no se puede asumir como una derrota temprana del gobierno de Abelardo de la Espriella, pero sí es una advertencia y casi que una orden para que cuanto antes active el Plan Patriota 2.0, es decir, la guerra total contra las organizaciones armadas ilegales con cuatro propósitos fundamentales: el primero, asegurar el desplazamiento forzado de comunidades campesinas y ancestrales ubicadas en zonas biodiversas; el segundo, garantizar el control institucional de varias etapas de la producción de cocaína, incluidas el manejo discrecional de las millonarias ganancias del negocio; la tercera,  la valoración real del potencial que tendría el país en materia de  “tierras raras”; y por último, en medio de las ya evidentes consecuencias del cambio climático, garantizar en el mediano plazo el acceso al recurso agua (cuencas) de vastos territorios en donde el líquido es abundante.

A los gringos poco o nada les importan los efectos dejados por el terremoto del 10 de agosto. Para ellos es una nimiedad frente a asuntos estratégicos como la competencia con China que lo obligan a ejercer presión sobre colonias como Venezuela, Ecuador y Colombia, países que hacen parte del triangulo de interés del degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ya se hicieron con el petróleo venezolano, lograron someter al régimen de Maduro Moros, sin desmontarlo, y ejercen control extraterritorial sobre la presidenta interina y por su conducto de la institucionalidad democrática. Delcy Rodríguez le rinde cuentas al Virrey, Marco Rubio, fiel y útil encomendero de Trump. La imagen de los perritos de taxi muy común en Colombia representa con precisión el rol que cumple Rodríguez.

Para el caso de Ecuador pasa igual. Novoa sigue al pie de la letra las instrucciones que le manda Rubio. Le reciben su banano, al tiempo que le exigen mantener el ya naturalizado control institucional del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Los crecientes problemas internos que Novoa aún no logró superar y controlar obligan a Rubio a mantener vigilancia constante sobre el “presidente” ecuatoriano.

Con De la Espriella y Colombia es distinto porque en el País de la Belleza aún hay obstáculos políticos, comunitarios y militares que la derecha colombiana no logró superar: la vida comunitaria de indígenas, afros y campesinos que se oponen a la presencia de los gringos en sus territorios, pero sobre todo a las lógicas y dinámicas desarrollistas que acompañan los proyectos de intervención en sus territorios aupados por terratenientes, constructoras, multinacionales mineras y sus congresistas-lobistas; así como ganaderos, palmicultores y azucareros; y agentes extranjeros interesados en comprar tierras para la explotación agrícola. Los menonitas son un ejemplo claro de esa presencia foránea. Con De la Espriella comparten su adoración por la Biblia.

En términos políticos, la izquierda y el progresismo, como fuerzas políticas en proceso de renacimiento son vistas por agentes americanos y la derecha local como incómodos actores por su capacidad para insistir en narrativas ambientalistas que se oponen al proceso continuado de intervención, sometimiento y transformación de valiosos ecosistemas que esconden oro, coltán, litio y otros minerales sobre los que los gringos tienen posados sus interesados ojos. El rechazo a la economía de enclave y la insistencia en hablar de soberanía popular y estatal hacen que la izquierda y el progresismo sean vistos como enemigos políticos (de la Patria) que deben ser atacados y neutralizados por orden expresa de Trump y Rubio al gobierno del pastor-presidente.  

Así las cosas, Colombia volverá a ser certificada porque De la Espriella dará cumplimiento a todo lo que le indiquen desde el salón Oval. Está obligado a darle gusto a los gringos en todas sus peticiones e instrucciones porque está sometido a lo que le ordenen desde la Casa Blanca. Los gringos siempre tienen formas de presionar a los presidentes colombianos. A De la Espriella, sus relaciones comerciales y financieras con  Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros, lo obligan a ser sumiso con Trump y Rubio. Recordemos que Saab acaba de declararse culpable del delito de lavado de activos por haber usado el sistema financiero para mover-lavar- millones de dólares sacados de Venezuela. En el pasado, al entonces presidente Uribe también le tenían su "guardado", razón por la que durante sus ocho años fueron de total sometimiento a las exigencias norteamericanas. Baste con recordar que hizo parte de una lista de narcotraficantes colombianos con el número 82. 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

CONCIENCIA EPISOMEDIÁTICA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Después de la censura a dos periodistas de Blu radio, al caricaturista Vladdo y la echada al director del DANE, las grandes empresas de información en Colombia ofician como agencias privadas de divulgación de información oficial (de presidencia) y maquilladoras de la imagen del pastor-presidente que ya dejó ver su incontrastable egocentrismo. El ensayista Julio César Londoño en su columna Sobre reptiles y milagros señaló que “Abelardo es más ególatra que Petro”.  

Al tiempo que el ególatra de turno les pone mordaza a sus propios ministros, la prensa le abre los micrófonos para que insista en la consolidación del relato político, moral y periodístico con el que busca afanosamente desprestigiar lo hecho por el gobierno Petro, esconder la incapacidad y la supina ignorancia de Abelardo para entender asuntos macroeconómicos referidos al manejo de la deuda pública del Estado y la operación misma del aparato estatal. Y lo que es peor: esconder que gobernará en beneficio de los mega ricos del país y en detrimento de las clases populares y la clase media, siguiendo la tradición de la derecha neoliberal.

El periodismo que está haciendo la prensa hegemónica abelardista garantiza los efectos sociales que históricamente se le reconocen a los media en su tarea de generar estados de opinión pública favorables al Establecimiento que defienden a dentelladas en la medida en que dichas empresas de información son “hijas” del viejo régimen que hoy está de plácemes con el agrandado pastor-presidente.

Una opinión pública víctima de unos medios masivos capturados y temerosos de cumplir el mandato constitucional de informar de manera veraz y responsable genera estados de opinión soportados en lo que llamo “Conciencia episomediática”, a la que defino de esta manera: “conjunto de reacciones, opiniones y posturas asumidas de y por un importante número de ciudadanos que siguen y creen a pie juntillas las emisiones noticiosas de medios masivos y periodistas que están al servicio del régimen de poder.  Se trata de tomas de conciencia con carácter episódico de escasa durabilidad y permanencia en escenarios públicos, porque obedecen a la lógica noticiosa, anclada a la espectacularización de los hechos elevados al estatus de noticia. Eso sí, en específicas coyunturas esa conciencia episódica regresa para revalidar sentimientos, posturas y las sempiternas formas parciales de entender la complejidad de Colombia”.

Ese tipo de conciencia, individual y colectiva, se produce y la facilitan la falta de pensamiento y actitud críticas para asumir y entender asuntos públicos que nos interesan a todos. La nula comprensión de la historia del país, los sesgos ideológicos fruto del racismo, el clasismo y la aporofobia y una admiración ciega y reverencial de los americanos (léase, gringos) son elementos que se agregan de manera natural a ese proceso de construcción y consolidación de la Conciencia episomediática. Ahora que Abelardo se hinca ante Trump, huelga recordarles a los que padecen esa conciencia episódica que en más de 100 años de estar plegados a los intereses de la potencia militar y económica jamás Colombia alcanzó un desarrollo superlativo que le permitiera ser asumida como una economía emergente.

Los ciudadanos que exhiben, muchas veces sin saber, ese tipo de conciencia y que votaron en contra del proyecto progresista por odio a Petro son víctimas no declaradas de esa prensa que desde el 7 de agosto maquilla los exabruptos fiscales y económicos que cometerá Abelardo con el sobreendeudamiento del país, al tiempo que minimiza su discurso autoritario con visos fascistas. Eso de caminar entre cadáveres, querer violentar a las universidades públicas para capturar no solo a los históricos capuchos, sino a líderes estudiantiles que, alejados de acciones violentas, se destacan por sus claridades conceptuales; y el jugar a ser rabino, cura, pastor, profeta y fanático del “Gran Filósofo” Diomedes Díaz (condenado por el asesinato de Doris Adriana Niño) son imágenes que los medios masivos registran de manera acrítica.

Las audiencias que consumen a diario lo dicho por la prensa hegemónica abelardista van adquiriendo esa Conciencia episomediática de la que aquí hablo, que puede derivar en un problema cognitivo visible en la incapacidad de comprender, en perspectiva histórica, que la derecha neoliberal es la responsable de haber convertido a Colombia en uno de los países más desiguales del mundo; y que es la misma derecha que puso a De la Espriella en el solio de Bolívar para deshacer los avances que en materia social y de derechos logró el gobierno Petro. Que hubo corrupción en el gobierno progresista, por supuesto que sí. No se trata de negar esa realidad. Y lo más seguro es que una vez termine el gobierno de Abelardo- o quizás antes- el país sabrá que también hubo corrupción por una razón: el ethos mafioso en Colombia deviene naturalizado.  

Esos ciudadanos y ciudadanas que padecen esa Conciencia episomediática olvidaron de repente los casos de corrupción presentados en gobiernos neoliberales: Reficar, Odebrecht, los carteles de la hemofilia, del azúcar y del papel higiénico; el robo continuado de billonarios recursos públicos por parte de directivas de EPS y el OCAD Paz; y también dejaron en el olvido las ejecuciones extrajudiciales de más de 7.837 jóvenes asesinados por miembros del Ejército y presentados como guerrilleros muertos en combate; lo mismo hicieron con los hechos de Saludcoop, la Ñeñe política y más atrás la compra de la reelección presidencial inmediata de Uribe.

ESQUEMAS DE PROTECCIÓN PARA EL EGO

 




Por Germán Ayala Osorio

 

El clasismo y arribismo son dos conductas social y políticamente legitimadas. Tener esquemas de seguridad, sin tener reales condiciones de riesgo da cuenta de esas dos conductas muy propias de figuritas mediáticas (influencer y youtubers) que aprovechan sus cercanías con políticos para exigir que les asignen escoltas y camionetas blindadas o no, para sentirse importantes, reconocidas y visibles. Pasa también con congresistas, alcaldes, gobernadores e incluso, con sus familiares que suelen poner a los escoltas a que les compren el mercado, les carguen los hijos o lleven las ropa a la lavandería.

Sus propias vidas les resultan tan insustanciales a estas figuritas que creen que andar con escoltas para arriba y para abajo les da el estatus que se merecen, así sea transitorio porque una vez se produce el cambio de gobierno se ordenan análisis de riesgo, así como investigaciones de los procesos que derivaron en la asignación de esos esquemas de seguridad.

Lo peor del asunto es que hay líderes y lideresas sociales y políticas que en alejados territorios necesitan de verdad esquemas de protección para enfrentar amenazas reales de grupos al margen de la ley. Esos mismos líderes, para el caso del Pacto Histórico y durante el gobierno Petro, fueron víctimas del clasismo y el arribismo de hombres y mujeres que se la jugaron toda en las redes sociales por el proyecto progresista, pero cayeron en la vanidosa práctica de exigir esquemas de protección pensados más para alimentar sus frágiles egos, que para protegerlos de amenazas reales.

La sobreexposición egocéntrica y narcisista en las redes sociales, en defensa de un proyecto político, cualquiera que sea, no puede ser el criterio institucional para asignar esquemas de seguridad a quienes únicamente buscan sentirse importantes por la curiosidad que generan en la gente que sufre la incomodidad de ver hombres armados en los centros comerciales y restaurantes a los que asisten las figuritas mediáticas para exhibir a sus esquemas de seguridad.

Para lo único que sirve sentirse importante y reconocido al exhibir un esquema de seguridad es para confirmar que subsisten graves problemas de autoestima que la sobreexposición en redes sociales no pudo remediar o paliar. En particular, cuando me topo en la calle con camionetas de la UNP e incluso con esquemas de seguridad privada, me pregunto qué tan peligroso o dañino será aquel personaje que va ahí protegido por hombres armados. ¿Realmente se trata de esquemas de protección para vidas que están en riesgo o para exaltar egos en crisis que necesitan de este tipo de privilegios para sanar?





Nota: imagen tomada de El País de Cali. 

COLPENSIONES EN MANOS DE UN APRENDIZ

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