Por Germán Ayala Osorio
Las denuncias de acoso sexual al
interior de Noticias Caracol abren nuevamente el debate alrededor del Pacto Patriarcal
en el que nacen los hombres, que no es otra cosa que la manifestación simbólica
del sistema patriarcal dominante en Colombia; el mismo en el que se naturalizaron
formas sutiles de cosificación sexual de las mujeres lo que facilita la
aparición de las prácticas de acoso sexual y otras formas de violencia basadas en
género.
Muy bien por las mujeres que se
atreven a denunciar a los jefes y compañeros acosadores, a pesar de saber que
van a ser señaladas y cuestionadas por sectores societales desde los que se
defiende el sistema patriarcal y se reproduce el Pacto Patriarcal. Para el caso
de Noticias Caracol vienen apareciendo en los últimos días casos de violencia
sexual de más de 20 años de haber ocurrido. Y a juzgar por la permanencia, pero
sobre todo por el ascenso y el reconocimiento público de los periodistas-presentadores
responsables de las conductas de acoso sexual, es apenas lógico concluir que al
interior de esa empresa mediática operó y opera aún un Pacto Patriarcal con el
que se minimizó el acoso sexual, reducido a “imprudencias, errores,
malentendidos, salidas en falso; o a una cuestión de tragos o crisis
matrimoniales de los machos abusadores”; y las más infames: “es que ella
se insinuó, mire como vino vestida y maquillada; es coqueta…”
¿Es posible romper o salirse de
ese Pacto Patriarcal? La respuesta es sí, pero hay que enfrentar fuertes condicionantes
culturales que tocan ámbitos colectivos, familiares, institucionales e
individuales, todos atados a formas de representación del cuerpo femenino en
las que juegan un papel clave la publicidad sexista y la industria cosmética
que impone estándares estéticos a las mujeres.
Sobre los adolescentes hombres
recaen presiones familiares y societales alrededor de aquello de “comportarse
como machos”, esto es, hombres capaces de “conquistar” a cualquier mujer. Es decir,
aquello de conquistar mujeres puede que ciertos hombres la asuman como
una “guerra a muerte” en la que acosar y violar se asumen como caminos posibles
a recorrer ante un no femenino mal tramitado por el derrotado varón o
por el miedo latente al rechazo. Pensar a las mujeres como “territorios de
conquista” hace parte de la narrativa masculina validada por el discurso publicitario
y en general por la cultura dominante.
Quizás entonces lo que haya que
modificar o proscribir esté atado a las exigencias familiares con miras a
asegurar la esperada heterosexualidad tanto de madres y padres que se sentirán
orgullosos de saber que sus hijos varones lograron establecer y consolidar una
relación con mujeres, sin que les importe mucho con qué tipo de representación social
de la mujer lo lograron. En esos núcleos
familiares suelen distinguirse muy bien las mujeres de la casa, de las “otras
mujeres”. Esas distinciones pueden estar en función del sistema patriarcal
diseñado para que haya mujeres que desde la intimidad del hogar aceptan el machismo
e inducen a sus hijos, hombres y mujeres, extenderlo en el tiempo sin mayores
cuestionamientos.