Por Germán Ayala Osorio
En un escenario hipotético en el
que la ultraderecha neoliberal logre sentar a su candidato presidencial en la
Casa de Nariño (será de Nari, realmente), vale la pena imaginar las consecuencias que traería para el
país, la región y la geopolítica mundial la activación de la dupla De la Espriella-Trump,
dos machitos que gobiernan pensando más en el tamaño y el funcionamiento de sus gónadas que en el bienestar
de sus pueblos. Estos son los temas que
desarrollaré en esta columna: 1. Lucha contra el narcotráfico. 2. El futuro de
la Ruta de la Seda. 3. Dinámicas de violencia política y derechos humanos. 4. Sostenibilidad
ambiental.
1. Lucha
contra el narcotráfico. La injerencia del pederasta y convicto presidente
de los Estados Unidos en la campaña electoral está motivada por la necesidad de
controlar la producción y distribución de la cocaína, asegurando la permanencia
del negocio que tanto beneficia a la economía gringa y por supuesto a la del resto del mundo. Al tener a De
la Espriella cumpliendo el rol de “lacayo orgánico”, Estados Unidos lograría mantener
a flote el lucrativo negocio representado en la recuperación de los canales
institucionales que el gobierno Petro haya afectado en estos cuatro años de
interdicciones, incautaciones y destrucción de laboratorios. La guerra no es
contra la cocaína sino contra aquellos actores, políticos, armados y no
armados, que intenten hacer parte de las dinámicas establecidas al más alto
nivel entre la DEA, agentes privados estadounidenses, bancos y sus similares en
Colombia, para mantener la producción controlada del alcaloide. La lucha contra
el narcotráfico es un fracaso muy bien pensado por los actores económicos involucrados. Lo que constituye un éxito son
las ganancias que deja.
2. El futuro de la Nueva Ruta de la Seda. Como sucedió con Panamá, uno de los objetivos será reversar los compromisos y acciones que llevaron a que Colombia haga parte de la Nueva Ruta de la Seda, estrategia económica y política de China. Al presidente panameño el propio Marco Rubio lo doblegó. Al final, echó para atrás el acta de intención con la que se garantizaría la entrada de China al Istmo. Recordemos la reacción gringa frente a los acercamientos con el gigante asiático logrados en mayo de 2025: “Estados Unidos reaccionó con dureza tras la decisión del gobierno de Gustavo Petro de unirse a la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China. En una inusual y contundente declaración, Washington advirtió que bloqueará financiamiento internacional para proyectos en Colombia vinculados a empresas chinas”. Bajo la consigna “América para los americanos”, pensar en el multilateralismo constituye para los gringos una amenaza para los siempre pérfidos intereses en dominar a todos los gobiernos en este hemisferio. Ya tiene bajo su control a Chile, Venezuela, Ecuador y Argentina.
3. Dinámicas
de violencia política y derechos humanos. Abelardo de la Espriella dijo que
solicitaría a los Estados Unidos un segundo Plan Colombia, estrategia económica,
medioambiental, militar y política impuesta por Clinton con la anuencia de
Andrés Pastrana, de la que se desprendieron el Plan Patriota y la seguridad
democrática durante los gobiernos de Uribe Vélez. Esto dijo el “tigre” de Temu:
“Yo quiero un plan Colombia 2 y que las bases americanas vuelvan. Yo voté
por el presidente Trump. Yo soy republicano en Estados Unidos. Yo creo que lo
ideal para la economía colombiana sería dolarizarla”. Por esa vía, lograría
reversar la entrega de tierras y la reforma agraria de Petro. Y lo haría convirtiendo
selvas y campos en zonas rojas. Al final, se lograría el desplazamiento forzado de cientos
de miles de familias campesinas que consolidaron el crecimiento en la producción
de alimentos en el país, lo que se tradujo en soberanía y seguridad alimentarias. Estas dos últimas realidades molestan a neoliberales como De la Espriella. Por supuesto
que las dinámicas bélicas atadas a la aplicación de ese nuevo Plan Colombia afectarían
ecosistemas estratégicos sobre los que tienen puestos los ojos terratenientes,
banqueros, ganaderos e ingenios azucareros y agentes palmicultores. La lógica guerrerista
estaría en comunión con el interés de importar alimentos en desmedro de la
producción nacional y la vida de las comunidades agrarias. No se descarta que
la práctica de los falsos positivos (crímenes de Estado y lesa humanidad)
regrese a las huestes castrenses que desde ya acompañan el ridículo saludo militar
del candidato presidencial. Fueron 7.837 crímenes de Estado durante los aciagos ochos años de Uribe.
4. Sostenibilidad ambiental. De la Espriella y su fórmula vicepresidencial le apuestan al “fracking sostenible” en páramos y otros ecosistemas. Está más que documentado los efectos negativos de esa practica. Sin duda alguna, un exabrupto ecológico, ético-estético y ambiental en un país con una institucionalidad ambiental débil y proclive a dejarse cooptar por intereses políticos (privados, corporativos). Y peor sería el escenario por la eliminación de entidades públicas que propone De la Espriella en su idea de reducir el tamaño del Estado y por esa vía, su privatización. Pero no solo es el fracking. Abelardo, en su supina ignorancia en temas ambientales le apostará a la gran minería, lo que implica regresarnos a los tiempos de Uribe Vélez, en los que se entregaron 7.869 licencias mineras, lo que implicó la eliminación de los límites entre lo legal y lo ilegal. El modelo de la gran plantación se impondrá, lo que supone la desaparición de las fincas econativas y el minifundio. Potrerizar y convertir ecosistemas frágiles en socavones serán las actividades que promoverá De la Espriella, quien al igual que Trump, es negacionista del cambio climático. Las posturas fascistas de Trump y De la Espriella se extienden a los ecosistemas naturales-históricos, vistos por estos como obstáculos para la visión desarrollista que promueven, en particular porque para el caso colombiano, a ellos están asociadas las vidas de indígenas y campesinos, comunidades que De la Espriella detesta.
A Adenda: aunque hace unas horas el candidato aporofóbico salió a decir que en su gobierno no habrá fracking en páramos, no descarta que acuda a esa técnica de fracturamiento hidráulico para extraer gas y petróleo en otros territorios o ecosistemas. De la Espriella no es de fiar: en el pasado dijo que era ateo y ahora es el más ferviente creyente.
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