Por Germán Ayala Osorio
Poco importa si Colombia avanza más
allá de octavos de final en el Mundial, pues la hinchada y una parte de la
prensa que aman a la “Sele” ya tienen la disculpa-explicación-razón: el gol que el VAR le negó a la tricolor en el partido
contra Portugal. El gol fue anulado, según los jueces, por una
protuberancia del gordo del pie de Davinson Sánchez. Aunque no se precisó si se
trata de uñero o de un “juanete”, lo relevante aquí es que hubo un robo
descarado que supera con creces el estribillo “era gol de Yepes”. La misma
FIFA, en un absurdo comunicado recomendó a los jugadores colombianos cortarse al
ras las uñas, operarse “juanetes” y usar guayos sin punta.
El uso de la tecnología en el
fútbol llegó, supuestamente, para minimizar errores de los árbitros durante los
“picados”, pero podría estar siendo usada para arreglar partidos previamente
jugados en casas de apuestas, especies de “pollas” millonarias que imponen
resultados y estarían presionando a los “magistrados” de los VAR a los que poco
o nada les importa lo que están haciendo: tirándose el espectáculo, de la mano
de la FIFA, una especie de Cosa Nostra. Por lo menos así siempre la vio
Maradona, el único 10 que se atrevió a criticar a su dirigencia.
Seamos claros: Portugal y CR7 no podían perder contra Colombia, un país
sin historia, que en el fútbol a nivel de mayores no ganó nada
aún y lo que es peor, con una
fanaticada, incluidos varios de los jugadores, que aplaudieron unos y votaron
otros en la jornada electoral del 21 de junio a un tipo que no solo hizo olvidar
al Tigre Falcao, el único “Tiger”, sino que ensució de política barata la camiseta
de la “Sele”, lo único que “nos une” dicen los periodistas en un intento fallido por
maquillar que la sociedad colombiana deviene dividida entre Buenos y Malos. Lo
que sucedió en Colombia ese fatídico domingo fue y es tan absurdo como la
decisión del VAR que aquí se comenta. Desde las huestes del Pacto Histórico
gritan que esa camiseta “da chucha”.
Las injusticias que ya acumulan
los “togados del fútbol” superan con creces las que generaban los árbitros que,
en el pasado, sin ninguna ayuda, pitaban penales, anulaban goles o se los
inventaban. Baste con recordar al juez Ali Bin Nasser cuyos ojos no quisieron
percatarse de aquel gol con la Mano de Dios que hizo Maradona en el
partido contra Inglaterra.
Los jueces del fútbol y los que
toman decisiones en los estrados judiciales en donde se juegan otros tipos de
intereses y causas, suelen hacer interpretaciones de las normas. Los del VAR,
en el caso del gol anulado a Sánchez, hicieron una valoración exagerada del
código en el que se define los fueras de lugar. Un pedacito del pie no constituye
ninguna ventaja del jugador que hizo el gol. Ni siquiera inclinó el cuerpo. Fue
un robo.
En silencio, periodistas, fanáticos
de la Selección y el cuerpo técnico guardan la esperanza de que en el próximo
partido contra Ghana el VAR los compense validando un gol en fuera de lugar o anulándoselo
al equipo africano. Eso sí, la compensación solo podrá darse en ese partido. El
mensaje que de manera adelantada envía la FIFA es claro: en caso de derrotar
a Ghana y enfrentar en la fase siguiente a la Argentina, lo más probable es que
los “magistrados” del VAR hagan de las suyas para hacer avanzar a los
argentinos hasta la final.
Debo citar la reacción del Pibe
Valderrama: “Hasta el que no sabe de eso ve gol, y fue gol legítimo. Lo que
pasa es que ya me preocupo, yo no soy persona de preocuparme, pero con esta
situación que pasó hoy con el gol de Colombia, de Dávinson, todos ya sabemos
quién va a ser el campeón”. Y debo recordar que ese mismo Pibe gritó “Firme
por la Patria”.
Eso sí, por largos cuatro años
seguiremos viviendo del triunfo moral de haber dominado a la Portugal de CR7 y
exponiendo con dolor que fue gol de Sánchez. En el 2030 volveremos a otro
Mundial y a las urnas. Quizás para ese evento orbital se dé el milagro de
quedar campeón mundial por primera vez. Sería el premio soñado para aquellos
que votaron por quien prometió hacer de Colombia la “Patria Milagro”. Con que
no destripe a ninguno de los 12 millones que votaron por Cepeda, sería
suficiente milagro.