Por Germán Ayala Osorio
Las disímiles formas de violencia, simbólica y física que
acompañan los tormentosos procesos civilizatorios de Colombia, aunque suelen ser
rechazadas por defensores de la vida y los derechos humanos, algunos las asumen
como salidas legítimas para resolver diferencias políticas y rechazar medidas
gubernamentales. Justamente, varios tuiteros ya proponen que para rechazar el
contenido del proyecto de ley de ajuste económico (realmente es una reforma tributaria) que el gobierno presentará al
Congreso se vuelva a vivir un estallido social como el de 2021.
Para “justificar” su llamado recuerdan que el estallido
social lo generó la reforma tributaria de Carrasquilla, el fierabrás e
irresponsable ministro de Hacienda del inefable e infantil Iván Duque Márquez. Por
supuesto que hay diferencias coyunturales que harían casi imposible que el país
vuelva a vivir y sufrir semejantes escenas de odio étnico, aporofobia gubernamental
y social, todo en el marco de una declarada lucha de clases.
La invitación a que el “pueblo se levante” en esas mismas
condiciones para rechazar las regresivas medidas económicas de gravar con IVA las
frutas, verduras y el café, entre otros productos y servicios es a todas luces
temeraria, pero sobre todo irresponsable. Quienes aspiran a que se vuelva a
presentar ese violento y caótico escenario parecen olvidar el saldo trágico que
dejó el estallido social de 2021: las “Rutas del Conflicto registró 80
víctimas mortales durante el estadillo social, en su mayoría jóvenes
estudiantes y trabajadores entre los 17 y los 26 años. Brutalidad
policial, enfrentamientos y confusos hechos se evidenciaron en una base de
datos construida por Rutas del Conflicto, en la que buscamos contar quiénes
eran las víctimas y las circunstancias alrededor de su muerte”. Sin contar
las jóvenes violentadas sexualmente por policías del Esmad.
Invitar a movilizaciones, plantones y marchas resulta
legítimo para expresar el descontento social que crece a diario en contra del
gobierno y la figura de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Esperar y proponer
que de estas se derive un nuevo estallido social deja ver un desprecio por la
vida de los jóvenes sobre los que recaería la responsabilidad de las
movilizaciones y la violencia oficial que este gobierno está dispuesto a ejercer
con ferocidad y enmarcar la protesta social en lo que Duque en su momento calificó
como “terrorismo urbano”.
Las organizaciones sociales de izquierda y progresistas, las
centrales obreras y los agentes más visibles del petrismo no pueden recoger las
ideas de unos cuantos tuiteros que asumen el estallido social de 2021 como fórmula
e instrumento para echar para atrás las pretensiones de Abelardo de afectar
negativamente la vida de las grandes mayorías de colombianos que cada mes hacen
ingentes esfuerzos para asegurar los tres golpes (las tres comidas).
Que Abelardo y su equipo económico están jugando con candela
no se puede negar, pero invocar y proponer un nuevo estallido social no puede
ser el único camino posible que queda para responder al desafío cultural,
social, económico y político de un presidente empeñado en seguir al pie de la
letra las recetas del FMI y favorecer a los banqueros que financiaron su
campaña.
Las aplastantes mayorías que tiene Abelardo en el Congreso,
sin tener un partido político consolidado, hacen pensar que su proyecto de ley de
ajuste fiscal pueda pasar tal cual como lo presentará. Pero cuidado que se
vienen las elecciones regionales en 2027, escenario electoral que podrá ser
aprovechado por las huestes petristas, la izquierda y el progresismo para tomar
revancha de un gobierno que en menos de tres meses ya dejó ver una incontrastable
ineptitud y sumisión a los siempre mezquinos intereses de los mega ricos del país
y a la voluntad de Donald Trump. También se advierte que Abelardo les mintió a
sus votantes durante la campaña. Les dijo, entre otros asuntos y promesas que
no gravaría productos de la canasta familiar. Sin duda alguna, los engañó, les
mintió, se burló de ellos.
Así las cosas, el reto para la izquierda, los progresistas e
incluso para las mesnadas de la derecha que entienden los riesgos que corren
electoralmente de seguir aprobando todo lo que propone y hace Abelardo está en
oponerse con firmeza a la desacertada política de ajuste fiscal que está
empeñado en sacar el inquilino de la Casa de Nariño. Si al país le va mal con
Abelardo, el regreso al poder de la izquierda y el progresismo se podría dar,
así no haya estallido social.












