Por Germán Ayala Osorio
La actual campaña electoral
guarda similitudes con la de 2022. Los medios masivos siguen en la tarea de
tergiversar los hechos noticiosos y generar miedo e incertidumbre, por aquello
de la llegada del “comunismo”. Es posible que dentro de las audiencias ya haya
agotamiento, por el nivel de pugnacidad alcanzado entre los candidatos
presidenciales y sus seguidores de las redes sociales, convertidas en
peligrosas cloacas ideológicas, con arenas movedizas donde lentamente mueren la
política y la discusión argumentada.
Entre las semejanzas de los dos
escenarios electorales aparecen la chabacanería, ramplonería y tosquedad de los
candidatos. Hace cuatro años Rodolfo Hernández era el “machito” de mostrar de
la derecha. A sus seguidores poco les importó que fuera un viejo putero,
grosero, ordinario, corrupto, lenguaraz, procaz e ignorante de los problemas
más sentidos del país. No supo decir dónde quedaba el Vichada:»¿eso qué es?».
Es decir, una vergüenza en términos éticos y morales.
En la actual campaña, Abelardo de
la Espriella se parece mucho a “Rodolfo Hernández”: se presenta como un
“machito”, al parecer un poco más “vergón” que el finado, valiente, capaz de
hacerse matar por el país, un Héroe «firme por la Patria». Es decir, un
peligroso “tigre” dispuesto a “destripar” a la izquierda (armada y
democrática). De la Espriella es ordinario, grosero y patán con las mujeres.
¿Misógino? Finge ser educado, pero es un “corroncho”[1]. Su tristemente célebre frase, propia de un
intelectual orgánico, “la ética nada tiene que ver con el derecho” ya es
estudiada en cursos de filosofía del Derecho. De la Espriella, con esa
sentencia logró ponerse a la altura de Kant(inflas).
Para ser justos, al viejecito
Hernández hay que reconocerle que algo de hilaridad generaban sus madrazos y
ocurrencias, mientras que las acciones y la verborrea del perfumado abogado
generan rabia y miedo. Con el viejo putero y el «corroncho vergón(zante)» la
derecha uribizada dio cuenta de lo que está hecha por dentro.
Las más recientes salidas
públicas del prestigioso abogado penalista lo hacen ver como un machito vulgar
y cachondo, proclive a reducir los complejos problemas del país a la mamadera
de gallo común en la costa Atlántica, donde “cógela suave, cuadro” es sinónimo
de procrastinar. Y por supuesto, la reducción de la mujer a un objeto sexual,
muy cercano al valor que en ciertos territorios le dan a “María casquitos”. La
vestimenta del candidato presidencial de la ultraderecha les recuerda a
millones de colombianos el outfit de “Don Chinche”, aquel inolvidable personaje
de la televisión nacional. Eso sí, un Chinche perfumado, con títulos académicos
de por medio, pero sin la conciencia social del personaje magistralmente
representado por Héctor Ulloa. Mientras que Don Chinche era visto como un
“filósofo del pueblo”, De la Espriella es un “corroncho” que apela a la
verborrea jurídica para impresionar ignaros.
La aparición de personajes
cantinflescos y risibles tuvo su debut con la llegada de Iván Duque Márquez, el
primer títere certificado que la derecha puso en la Casa de Nariño. Este
‘poquita-cosa’ ilustrado jugaba a la pelota con la cabeza que movía como “perrito
de taxi”, cada que el expresidente y expresidiario le daba órdenes. Duque hacía
cabecitas y el periodista Luis Carlos Vélez, en lugar de preguntarle por su
programa de gobierno cuando fungió como candidato presidencial, lo invitó a un
“reto rockero”. Por la misma época, cuando Petro fue también aspirante a
sentarse en el solio de Bolívar, Luis Carlos Vélez lo llevó a la cabina de La
FM. En un tenso diálogo, el periodista-estafeta del Establecimiento trató con
displicencia y grosería al entonces candidato.
Así entonces, desde la aparición
de Iván Duque, las campañas electorales entraron “en modo circo”, donde hay
payasos malos, pésimos bailarines de salsa, machitos cachondos, tigres y
palomas mensajeras de corto vuelo; todos en un gran teatrino llamado Colombia,
son manipulados por el Gran Titiritero, el maestro que entendió que a millones
de colombianos les encantan los candidatos groseros, patanes y machitos,
capaces de “dar en la cara, marica”, pagar por favores sexuales y acosar
mujeres a presumiendo que lo tienen “grande”.
Adenda: si por cosas del
destino y el infortunio Abelardo de la Espriella resulta electo (¿o erecto?)
presidente de la República, lo más probable es que sus propios votantes
terminen reconociendo que cometieron un grave error. Y es allí en donde
recordarán la frase de Eutimio Pastrana Polanía o el «Culebro Casanova»,
compañero y amigo entrañable de Don Chinche: «Bobo hijueputa…».