Por Germán Ayala Osorio
El café entre Paloma Valencia Laserna
y Sergio Fajardo Valderrama terminó siendo un encuentro para insistir en la
narrativa catastrofista con la que la derecha, incluida la uribizada, espera
contrarrestar un eventual triunfo de Iván Cepeda Castro, el candidato del gobierno
Petro.
Valencia y Fajardo se cuidaron de
hablar de “neocomunismo o castrochavismo”, pero Paloma Valencia usó los
vocablos estatismo y abismo en los que confluyen sus manidas frases “hay
que recuperar a Colombia porque está en riesgo la democracia, el equilibrio de
poderes, la constitución y las libertades”.
Fajardo, entre tanto, aprovechó la
“espontánea” invitación de la ungida del expresidente Uribe para tratar de
borrar su pasado uribista y en particular su admiración hacia el político antioqueño
que Valencia supo recordarle: “Usted conoce al doctor Uribe. Usted
trabajó con él cuando fue alcalde de Medellín”, le dijo la nieta de
Guillermo León Valencia. Entre tanto, el visitador de ballenas en Nuquí no
oculta su obsecuencia con el exmandatario y exconvicto, a quien insiste en
llamar “presidente”. Quizás su equipo asesor le recomendó que asociara a De la
Espriella con el expresidente Uribe, como respuesta a la "insolencia" de Paloma que le recordó a Fajardo su militancia en el uribismo. La incomodidad de
Valencia Laserna fue evidente.
¿A quiénes la hablaron Valencia y
Fajardo? Al parecer, el exalcalde de Medellín en los tiempos de Don Berna le
habló a los indecisos, a los sectores que creen en un fantasmal centro; a las
altas cortes y a específicos agentes económicos de la sociedad civil a los que
Fajardo defendió en el pasado, pero que hoy están con Abelardo de la Espriella.
Este perfumado abogado es la mezcla perfecta entre neoliberalismo económico y
un Estado militarista: formas de violencia simbólica, física e institucional
con las que pretenderá echar para atrás las reformas sociales de Petro, la
reforma agraria y todas aquellas acciones que resultaron beneficiando al pueblo
trabajador y campesino.
Mientras que Valencia Laserna le
envió mensajes a la derecha uribizada que la siente “tibia” e incapaz de
gobernar al país, frente a la propuesta de mano dura que ofrece De la
Espriella. También a la no uribizada que está apoyando la candidatura del abogado
penalista que admira a los presidentes Milei y Bukele.
En medio de mutuos y melifluos
halagos, Fajardo y Valencia se tomaron un tinto que de poco o nada servirá para
cambiar la realidad política y electoral definida en las candidaturas y las disímiles
visiones de país que tienen Cepeda y De la Espriella. Mientras que Cepeda le
apuesta a consolidar las reformas sociales sin cambiar el modelo económico y
político, Abelardo de la Espriella les ofrece a los colombianos el regreso de
la seguridad democrática y la devolución del Estado a quienes por derecho
natural deben explotar: la clase política tradicional que de manera ladina el “tigre”
critica en la plaza pública y niega apoyos.
Para enfrentar los fríos, pero
preocupantes guarismos de la reciente encuesta de Invamer, Fajardo apeló a la
ya conocida estrategia de generar miedo e incertidumbre. El exgobernador de
Antioquia considera que el llamado de Petro a una Asamblea Nacional Constituyente
es una “declaración de guerra” que terminará en un estallido
social. Y se presentó como un defensor de la constitución de 1991, eso sí, de
su carácter formal, esto es, sin profundizar derechos que incomoden a la élite
que Fajardo siempre defendió y defiende.
Al final, Fajardo y Valencia
comparten el mismo proyecto de país: el de los privilegios para banqueros y
clase empresarial rentistas y precapitalistas; el de la violencia legítima
del Estado, aplicada y extendida a sectores de izquierda; el de una democracia procedimental y formal pensada no para
garantizar derechos y una vida digna para las grandes mayorías, sino en una difícil
de aplicar a las realidades de la “Colombia profunda” y la de los cinturones de
miseria de las urbes.
El tinto terminó en un trago amargo
para quienes ante las cámaras se muestran preocupados por la polarización y la
violencia verbal y física entre petristas y uribistas, pero que saben que de
llegar Abelardo de la Espriella al Solio de Bolívar ellos recibirán los beneficios
que se merecen por haber defendido durante su vida política a los agentes del
viejo Establecimiento que hizo de Colombia uno de los países más desiguales del
mundo. Al final, Valencia Laserna y Fajardo Valderrama son derechosos, neoliberales y uribistas.