viernes, 2 de octubre de 2026

UN CANSINO DESPRECIO DE LA VIDA




Por Germán Ayala Osorio

 

El uso de peligrosos herbicidas como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusión interminable entre ecólogos, biólogos, ambientalistas y gobiernos pro-gringos como el de Abelardo Gabriel de la Espriella; este último, insiste en darle continuidad a la fallida política antidrogas que los Estados Unidos. Recordemos que el presidente colombiano es ciudadano norteamericano, circunstancia que lo obliga a salvaguardar y defender los intereses de la potencia militar, por encima del bien general de la nación colombiana.

Una vez tomada la decisión del presidente De la Espriella de arriar la bandera gringa y desechar la colombiana, entonces vuelve el país a la misma discusión con un elemento nuevo: la decisión sin ninguna clase de miramientos sobre los efectos ecológicos y socioambientales que generará el uso del glufosinato de amonio, el herbicida con el que buscan afectar los cultivos de coca que abundan en el Putumayo y otras zonas del país. Más claro: la orden es fumigar, fumigar y fumigar.

Como Abelardo es incapaz de dar una discusión académica sobre los graves efectos que generará la aplicación de ese veneno (herbicida), descarga la responsabilidad en su ministro de Justicia, Iván Cancino. Y como la idea es despreciar el Principio de Precaución consignado en la Ley 99 de 1993 y desarrollado por la Corte Constitucional y el Consejo de Estado a través de varias sentencias y obedecer a Trump, entonces el funcionario judicial salió a defender a dentelladas el piloto con el que el país regresa a la fumigación aérea de los cultivos de uso ilícito. Lo hizo en el Congreso exhibiendo una actitud arrogante y grosera, propia de quien está obligado a negar la evidencia científica que advierte de los graves efectos y riesgos que trae la aplicación de herbicidas. No olvidemos que este es un gobierno negacionista del cambio climático.

En un debate de control político Iván Cancino soltó esta perla: “Este programa no es para experimentar a ver qué le pasa al ser humano, es para revisar si ese componente químico realmente causa sobre la mata lo que dicen que causa. Y perdóneme que se lo responda, yo no le puedo contestar qué va a pasar con el ser humano porque es que este programa no está diseñado para ver qué le pasa al ser humano cuando le hagan una aspersión con uno de los componentes; se trata de cuidarlo, de que no esté presente, de alejarlo y ver qué le causa a la mata”.

El desprecio por las vidas asociadas a los ecosistemas naturales e incluso a las que rondan a los llamados “ecosistemas emergentes” como el monocultivo de la coca es evidente en el ministro y hace parte sustantiva de la narrativa oficial del gobierno colombiano.

Cancino parece olvidar que son los vientos los que hacen posible que la peligrosidad del herbicida se potencie y se propaguen sus efectos negativos y termine afectando a cultivos de pan coger, las aguas superficiales, los suelos y por supuesto al campesinado y a los labriegos ubicados en zonas no tan cercanas a las elegidas para asperjar el glufosinato de amonio.

De acuerdo con informe de Indepaz, “…al tratarse de un herbicida no selectivo de amplio espectro, su potencial de quema abarca casi la totalidad de las cubiertas vegetales fotosintéticamente activas, lo que exige una delimitación técnica rigurosa de las bandas de amortiguamiento físico durante su dosificación en campo para impedir la destrucción colateral de cultivos útiles vecinos o de flora nativa circundante”. Y en el mismo documento, al que el ministro Cancino muy seguramente no le interesara conocer, se expone con claridad los riesgos sobre la salud humana: “El análisis ecotoxicológico y clínico del glufosinato de amonio demuestra que este principio activo no se comporta como un agente inocuo o estrictamente circunscrito al tejido vegetal objetivo. La literatura científica internacional ha acopiado evidencia empírica que sitúa a este xenobiótico como un factor de riesgo relevante para la salud humana, la estabilidad de la biodiversidad y la integridad de los recursos hídricos superficiales”.

Quizás por su formación como abogado, Cancino no desarrolló los pensamientos sistémico, complejo y mucho menos el crítico. Su mirada asistémica es propia de ciudadanos a los que jamás les interesó comprender las complejidades de los ecosistemas naturales y las de la propia condición humana. Al hacer gala de su ignorancia sobre asuntos que tienen que ver con la sostenibilidad sistémica, Cancino se ve obligado a vociferar y gritar para sentir que él tiene la razón, así lo espetado resulte ser una estupidez o simplemente confirme que como ministro legitima la narrativa oficial con la que se desprecian las vidas de los ecosistemas naturales y las de los seres humanos. El fracking a lo que marque, la fumigación aérea con glufosinato de amonio y la autorización para desarrollar minería a gran escala en el Páramo de Santurbán, en pleno fenómeno del Niño y las evidencias de una pluricrisis ambientales (cambio climático), confirman el espíritu ecocida con el que gobierno está actuando.

Cancino es un apellido “de origen español, vinculado a la música y la poesía, con presencia histórica en España y América Latina, y con connotaciones de creatividad y expresividad artística”. A juzgar por la actitud hostil del ministro en la sesión de control político en el Congreso y su demostrada ignorancia sobre asuntos relacionados con la sostenibilidad sistémica, su vinculación con la música y la poesía se circunscribe al canturreo del estribillo “fumigar, fumigar, fumigar y firme por la patria”.

jueves, 1 de octubre de 2026

BRUCE NO RENUNCIÓ, LO "RENUNCIARON"



Por Germán Ayala Osorio

 

Los eufemismos hacen parte de nuestra cultura. Y los discursos todo el tiempo nos lo confirman. Pongamos un ejemplo: en lugar de hablar de ejecuciones extrajudiciales o crímenes de Estado, la prensa y cientos de miles de ciudadanos hablan de “falsos positivos”. Sin duda alguna, un eufemismo cruel que minimiza la gravedad de esos hechos en los que militares monetizaron la vida de por lo menos 7837 ciudadanos. Los asesinaron, los vistieron con prendas de combate y los hicieron pasar como “guerrilleros caídos en enfrentamientos con la fuerza pública”.

Ahora que se conoce la carta de despedida del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, después de más de una década al frente de ese gremio, vuelven los eufemismos. Entonces, en lugar de decir que a Bruce lo vetó y tumbó el presidente De la Espriella, los periodistas usan los términos “renunció” o “dimitió”. Titulares como este de Caracol Radio dan cuenta del registro del hecho noticioso del día, del mes y quizás del año: “Bruce Mac Master presentó su renuncia a la Presidencia de la ANDI: esta es la carta”.

Lo más preocupante es que el propio (ex) presidente de la ANDI en su misiva apela a eufemismos para enmascarar lo que claramente fue una “emboscada política” que desde la Casa de Nariño (sede Barranquilla) se planeó de tiempo atrás. Baste con recordar lo publicado por Vicky Dávila en su cuenta de X para entender que la cabeza del presidente de la ANDI pendía del hilo que estaba pendiente de cortar el jefe del Estado. Hasta que lo cortó.

Veamos apartes del comunicado con el que Bruce enmascara lo que realmente pasó y que la estafeta-periodista Vicky Dávila ya le había advertido a él y al país en su cuenta de la señalada red social. “En las últimas semanas se han presentado circunstancias inesperadas y preocupantes que han hecho particularmente complejo el entorno de la Asociación… Múltiples presiones han afectado su capacidad de actuar libremente y cumplir sus funciones con autonomía.” Bruce Mac Master se cuida de hablar de “presiones políticas”, de diferencias insuperables entre él y De la Espriella. Y mucho menos se atreve a hablar del veto del que fue objeto, primer paso antes de su caída. Si hubiese un concurso para elegir el más precioso eufemismo, el de “Circunstancias inesperadas” se llevaría todos los honores. Y por supuesto, su emisor.

Sigamos. “La Junta de Dirección General, su Mesa Directiva y yo mismo hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para propiciar una solución y unas condiciones que le permitieran a la Asociación cumplir plenamente su función, buscando mantener abiertos los espacios de interlocución y continuar contribuyendo, como lo ha hecho durante toda su existencia, a la construcción de soluciones para el país, preservando siempre su independencia, su autonomía y su lugar institucional en la sociedad”.

Si no se tuviera todo el contexto que la estafeta-periodista le entregó al país a cuentagotas, quien lea el documento no comprendería de qué está hablando el hasta hace unos meses aguerrido líder gremial que se enfrentó discursivamente al presidente Petro a quien le faltó poco para calificarlo de dictador. ¿A qué se refiere con “propiciar una solución”? ¿Cuál era el problema? El problema estaba claro: De la Espriella pidió su cabeza. Lo vetó primero y quizás haya logrado fracturar internamente a la ANDI y a su Junta. Una vez logrado el ambiente enrarecido, solo era cuestión de esperar la renuncia o mejor, la caída de Mac Master.

Estamos ante una misiva encriptada gracias en buena parte a los eufemismos, pero también a los dobleces del lenguaje. No es necesario explicitar todo para que la gente entienda. Lo que sucede es que esa misma gente puede pensar que el tono de la carta de Bruce se mueve entre la elegancia, la jactancia, la tranquilidad, la mesura, el cansancio por lo vivido durante semanas y el miedo porque, como pocos, pudo comprender hasta dónde podría llegar el presidente de la República de no conseguir la renuncia del dirigente gremial. Ahora Mac Master sabe lo “duro que muerde el tigre”.

Al décimo párrafo, de los 24 que compone su larga misiva, Bruce aterriza al lector en el nudo del problema: el Gobierno. O mejor, su nula interlocución con el presidente de la República. “A pesar de lo anterior, todos esos intentos resultaron infructuosos. Lo lamento profundamente, porque siempre he creído en la inteligencia colectiva y en la necesidad de que el Gobierno, el sector productivo y las instituciones puedan trabajar juntos, incluso en medio de diferencias, con respeto, independencia y sentido de responsabilidad nacional. Lo intentamos y no tuvimos éxito”.

Desde Lo No Dicho, elemento clave en el análisis del discurso, resulta apenas lógico pensar que a Bruce lo irrespetaron o por lo menos así se sintió. Y cómo no si fue vetado por el jefe del Estado. En el siguiente párrafo, Mac Master vuelve otra vez a los eufemismos. Quizás le sirvieron al propósito de no dejar salir la rabia y la desazón que pudo sentir de ver y darse cuenta de que de nada le sirvió votar por De la Espriella y sobre todo de haber publicado esa columna de opinión en El Colombiano en la que con zalamería le dijo al país y al entonces candidato presidencial cuál era su decisión. Recordemos un par de las ideas consignadas en el texto titulado Votaré por la democracia liberal con el único propósito de conectarlas con las del final de la misiva. Las coloreo con rojo para que el lector las conecte más adelante.

“Para quienes creemos en la democracia liberal, la Constitución, el Estado de derecho, las libertades, y una economía capaz de generar oportunidades, la elección actual es fundamental. Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. La alternativa de Cepeda representa la continuidad política y operativa del actual gobierno. Él mismo habla de “nuestro gobierno”. Frente a esa continuidad existen razones serias de preocupación. El problema no es sólo de ejecución; es su relación con los principios de la democracia liberal, su posición frente a las instituciones, la búsqueda del debilitamiento de los contrapesos, la presión sobre Cortes y Congreso, el ataque al sistema electoral materializado en insistencia en promover una Asamblea Nacional Constituyente que promueve mayor concentración presidencial y por lo tanto no fortalece la democracia, la debilita”.

Mírese con cuidado el último párrafo extraído de la carta de renuncia del dirigente gremial. Sugiero hacerlo recordando las frases subrayadas con rojo del párrafo anterior.

“Colombia atraviesa un momento que exige esfuerzos de todos. El país necesita instituciones fuertes y trabajo armónico en muchos frentes. Dentro de ellas, resulta esencial la existencia de pesos y contrapesos que aseguren los límites que protegen la democracia. Esta situación me deja reflexiones que considero importantes para nuestra democracia. Me recuerda el valor de las libertades, la importancia de la autonomía de las instituciones y la necesidad de proteger siempre los espacios desde los cuales los ciudadanos y las organizaciones pueden expresar sus posiciones, participar en la conversación pública y contribuir al desarrollo del país. Me recuerda muy especialmente la importancia de una actividad gremial íntegra, independiente, desprovista de agendas paralelas y acorde con las responsabilidades que la sociedad le otorga”.

La frase subrayada con el color verde hace pensar que Bruce se fue no solo por la presión de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, sino porque dentro del gremio y quizás desde otros, esas “agendas paralelas” incluían su salida, al parecer aclamada por empresarios que dejaron atrás su independencia para entregarse sin límites a los caprichos del poder presidencial. Varios deben estar hoy gritando aún ¡viva Cristo Rey!, al enterarse que Bruce cayó. Bruce no renunció, lo "renunciaron", es decir, el presidente pidió su cabeza. 

No es necesario decir que la descabezada a Bruce Mac Master manda un mal mensaje a la sociedad y a otros agentes económicos de la sociedad civil: o se alinean con la "batalla cultural" y la patria milagro, o se atienen a las consecuencias.  ¿Si eso es capaz de hacer el gobierno, el presidente de la República con un dirigente gremial, qué podemos esperar los ciudadanos de a pie que no compartimos sus ideas?

EL TEMPRANO MANIFIESTO DEL CENTRO POLÍTICO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Figuras del “centro político” acaban de publicar un manifiesto en el que expresan una serie de preocupaciones alrededor de las formas en las que el gobierno conduce algunos asuntos de interés nacional. Dicho documento, titulado La Constitución: Escudo de Colombia, llega antes de que se cumplan dos meses de haber llegado a la Casa de Nariño el falso outsider que vendieron los medios masivos y por el que votaron agentes gremiales que, curiosamente, los firmantes de dicho manifiesto defienden ante la arremetida presidencial en contra del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, quien hizo público su voto por De la Espriella en una columna que rápidamente “envejeció mal”.

Esto dijo el dirigente gremial, hoy confrontado y vetado por el jefe del Estado: “La elección que tenemos enfrente no es una decisión cualquiera. Estamos hablando del futuro de la democracia, el de la economía, la libre empresa, el empleo, la propiedad privada, la separación de poderes, de un modelo con límites democráticos para evitar abusos”.

Entre los firmantes aparecen exministros del gobierno Petro y de otras administraciones, Alejandro Gaviria Uribe y José Antonio Ocampo, así como Juan Daniel Oviedo, quien fuera fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial Paloma Valencia y reconocidos académicos.

Son cuatro asuntos sobre los que discurren los firmantes del Manifiesto: la guerra cultural, ejercicio del poder presidencial, relaciones con la prensa y libertad sindicatos y gremios. Veamos algunos apartes del documento con el objetivo de develar los alcances de lo explicitado en el Manifiesto.

En lo que respecta a la “Guerra Cultural”, en el texto se lee lo siguiente: “Este factor de confrontación social, que viene de tiempo atrás y ocurre en muchas partes del mundo, se agudizó durante el pasado gobierno y subsiste en el actual así los referentes ideológicos sean distintos”.

Aunque Petro no habló de batalla cultural, si usó su popular y aclamada figura política para confrontar al viejo Establecimiento y a las decisiones económicas y políticas cargadas de sentimientos y actitudes a todas luces aporofóbicas, clasistas y racistas. Si se comparan las actitudes de Abelardo de la Espriella que hoy confrontan quienes firman el Manifiesto, con las de Petro, no hay manera de asimilarlas a las apuestas del actual gobierno con su dichosa y peligrosa “batalla cultural”. Así las cosas, esa lectura del Manifiesto deviene exagerada. Eso sí, no se puede negar que Petro ideologizó la discusión de todos los asuntos públicos.

Consideran quienes refrendan el contenido del Manifiesto que la declaratoria de “guerra cultural” es contraria a la Constitución. Y sin duda es así.

“El uso recurrente de la expresión “Viva Cristo Rey” en los discursos presidenciales nos preocupa: fue usado como grito de guerra en los violentos enfrentamientos de los partidos políticos en el siglo pasado. Ese precedente trágico no puede ignorarse. Ciertos nombramientos de ministros pueden augurar políticas encaminadas a restringir los derechos de aquellos cuya vida sexual es diversa, a sesgar la educación por motivos religiosos, y a la intención de imponer en las aulas una visión cerrada de la historia de nuestra nación”.

En el punto número dos, Ejercicio del poder presidencial, los firmantes del Manifiesto caen en el error de destacar la política comunicacional del presidente de la República. Sostener que lo hace “con buen criterio” cuando las evidencias hablan de censura, autocensura y de la construcción de realidades dramatizadas y recreadas como el patrullaje del presidente con un arma al cinco por algunas calles de Santa Marta acerca a los signatarios del documento a ese discurso centrista que con algo de razón se califica como “tibio o medroso”. Esto dice el texto: “Con buen criterio, el presidente está empeñado en generar una disciplina comunicacional que le dé claridad a sus propósitos. Sin embargo, centralizar en él mismo la difusión de los mensajes puede tener consecuencias negativas”.

A renglón seguido, los suscriptores del Manifiesto advierten del peligro de esa férrea disciplina comunicacional fundada claramente en la incapacidad de Abelardo para articular un discurso hilvanado y la evidente molestia que le genera ser confrontado y preguntado por asuntos que claramente no domina.

“La disciplina adoptada puede conducir a un gobierno autoritario y unipersonal semejante a otros que le sirven al presidente de la Espriella de paradigma. La destitución del director del DANE, a pesar de que esa entidad goza de autonomía técnica, y de que la difusión de sus informes es pública y obedece a una programación estricta, debilita la credibilidad de esa institución”.

El país sabe que De la Espriella admira a Bukele y a Milei, jefes de Estado con tendencias totalitarias. Hacen bien quienes firman el documento en señalar que el presidente colombiano sigue el paradigma político en el que están instalados esos dos y quizás otros más autócratas, reyezuelos o dictadorcitos bananeros.  

En el punto tres, que corresponde a las Relaciones con la prensa, los signatarios del mencionado documento lanzan una velada crítica al evidente proceso de politización e ideologización de los medios públicos durante el gobierno Petro. Claro que hubo excesos, lo que trae nuevamente la discusión acerca de la incapacidad institucional de consolidar medios públicos con visión de Estado que evite o por lo menos minimice su uso para defender gobiernos.

En el Manifiesto se lee: “El gobierno ha tomado la decisión de reducir y despolitizar los medios de comunicación estatales. Respaldamos esa política. Sin embargo, cabe advertir que la libertad de prensa tiene dos dimensiones diferentes: la de informar y la de recibir información veraz y oportuna (art.19).  En este contexto nos preocupan: • Los cierres intempestivos de programas de opinión política en medios de comunicación privados.  Cuando esa circunstancia coincide con la antipatía, real o presunta, de los gobernantes hacia determinados periodistas, la conclusión obvia es que pudo haber censura gubernamental, la cual, por supuesto, no tiene que ser explícita. • La estrategia de no conceder ruedas de prensa abiertas a los diferentes medios. Si el presidente y otros altos funcionarios escogen a sus interlocutores, surge la sospecha de que previamente se ha pactado la exclusión de temas y preguntas incómodas”.

En este punto, quienes suscriben el documento omiten hacer referencia a la autocensura, práctica que puede resultar peor que la censura oficial a la que fueron sometidas las periodistas de Blu radio. Además, se cuidan de señalar que efectivamente hubo censura. Al decir que “pudo haber censura gubernamental” se esconde una realidad que contradice el sentido y el objetivo del Manifiesto. Nuevamente el lenguaje centrista (medroso y tibio) aparece en el texto.

En lo que corresponde al cuarto punto, Libertad sindicatos y gremios, llama la atención la defensa que hacen los firmantes del Manifiesto de la soberanía popular a la que de manera permanente apeló el entonces presidente Petro, y que fue asumida por sus críticos, enemigos y detractores, incluidos agentes del Centro político, como una forma de meter miedo con los constantes llamados a una Asamblea Nacional Constituyente, a las concentraciones y movilizaciones masivas que recibió en respaldo el gobierno anterior.

“Cuando el poder político fluye desde el Estado hacia los ciudadanos puede surgir la tiranía; si se configura desde abajo, la democracia florece. Por eso dice la Constitución que “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del que emana el poder público” (art.3). El pueblo somos los ciudadanos como titulares de los derechos políticos (art.40), que podemos ejercer solos o asociados con otros (art. 38)”.

En este último punto dejan claro los suscriptores del Manifiesto su rechazo al veto que impuso De la Espriella al presidente de la ANDI. “Existen abundantes indicios para creer que el gobierno pretende interferir en el funcionamiento de los gremios. En tal caso, sería por entero lógico que se intentara una estrategia semejante con relación a las organizaciones sindicales. Así unos y otros pasarían a ser dependencias gubernamentales. La libertad para defender sus intereses dejaría de existir”.

El texto en mención puede asumirse como un primer llamado de atención- realmente una alerta- al gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, a los medios, al empresariado y al resto de la sociedad de los riesgos que vislumbran quienes firman el Manifiesto. Ya veremos cuál Abelardo responde al contenido del Manifiesto, si el presidente-actor, el presidente-pastor o el presidente-combatiente. O quizás decida guardar silencio o les mande a decir que no tiene tiempo de responderles porque anda ocupado actuando para la cámara y el camarógrafo de la presidencia. 


Adenda: pocas horas después de la publicación del Manifiesto se produjo la salida de Bruce Mac Master de la presidente de la ANDI. Abelardo ganó el pulso: lo vetó, lo obligó a renunciar. 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

MILAGRO: SE ACABÓ LA POLARIZACIÓN



Por Germán Ayala Osorio

 

La polarización política e ideológica fue usada por la prensa hegemónica y varios analistas políticos como un factor generador de disímiles formas de violencia, incluida la discursiva. Una suerte de enfermedad viral que no permitía a los colombianos llevar una vida normal e incluso, impedía, de acuerdo con ese mismo relato, que pudiesen entenderse sin agredirse.

Un vez instalado Abelardo Gabriel de la Espriella Otero en el solio de Bolívar de la agenda informativa desapareció la tal polarización que el país “sufrió” durante el gobierno Petro.

La sociedad a la que le hablaron por cuatros años de polarización política parece vivir hoy en una especie de ataraxia colectiva porque hay un “tigre” que la defiende y protege a cada colombiano de todo mal y peligro. Qué puede salir mal si hay un presidente-pastor que todo el tiempo invoca a Dios y lanza vivas a Cristo Rey. Incluso, el terremoto que sacudió al país lo convirtió en un reto que el Señor le envió, a lo que se suma que habla de Patria Milagro en una sociedad camandulera y creyente que se siente a gusto con un presidente piadoso. Todo un conjunto de elementos religiosos que hacen pensar a muchos que el país está viviendo una especie de resurrección (anastasis).

Así las cosas y a pesar de los problemas de orden público en Santa Marta y en el Cauca, y en otros territorios, y los que generará la sequía en el marco del fenómeno del Niño, la prensa y los periodistas que en el pasado atacaron a Petro y a su familia con evidente  inquina, aportando al crecimiento de la polarización, en estos dos meses del gobierno de Abelardo están fungiendo como una suerte de agentes ataráxicos que generan la tranquilidad mental, la calma emocional  y el sosiego que tanta falta le hizo al país en el anterior periodo presidencial.

Las empresas mediáticas pro-Abelardo están dedicadas a proteger y exaltar la imagen del presidente de la República. A pesar de dejar ver su frágil masculinidad al portar un arma al cinto y gritar como militar enardecido, para la gran prensa bogotana se trata de un macho valiente y berraco, capaz de retar y enfrentarse a los más peligrosos bandidos.

 Anulado, borrado o proscrito el enfrentamiento político e ideológico entre la derecha y la izquierda, entre el progresismo y el neoliberalismo, o entre Petro y el Establecimiento empresarial, la discusión pública de asuntos públicos desapareció en buena medida gracias a que De la Espriella no da entrevistas a esos medios porque no le gusta que lo contradigan o cuestionen su gestión y mucho menos los incumplimientos y las contradicciones en las que está incurriendo de acuerdo con lo prometido en campaña. Baste con nombrar dos: el primero, que gobernaría con técnicos y los “Nunca”. Es claro que está gobernando con los de Siempre.

Y el segundo, que acabaría con los privilegios de corruptos que pernoctan en guarniciones policiales y militares, convertidas en verdaderos resort. Santiago Uribe sigue recluido en una instalación militar. Fue condenado por homicidio agravado, pero seguirá en esa guarnición para no contrariar a su mentor, el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Pero quizás la más evidente contradicción está en la orden de trasladar a su primo Antonio Guerra de la Espriella, preso en la Picota, a un batallón en el Cesar. Recordemos que fue condenado por corrupción en el caso Odebrecht. Al final, la denuncia pública que hizo Iván Cepeda obligó al gobierno a echar para atrás la decisión.

Otro hecho político que hoy se registra distinto es el veto de Abelardo contra el presidente de la ANDI. Los agrios enfrentamientos discursivos que sostuvo Petro con varios agentes gremiales, incluido Bruce Mac Master, la prensa bogotana los presentó como parte del libreto que estuvo por convertir a Petro en un dictador. Pero ahora que De la Espriella veta al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, entonces el hecho político e ideológico se minimiza al máximo. Ni siquiera les da para convertirlo en chisme de sala de redacción.

Eso sí, estos medios que operan hoy como agentes ataráxicos, están listos para descalificar las movilizaciones que muy seguramente se van a dar por cuenta de decisiones económicas tomadas por De la Espriella que afectarán a las clases menos favorecidas y a la clase media que lo votó. Entonces, ya no hablarán de polarización política e ideológica, sino de acciones propias de terrorismo urbano, siguiendo, por supuesto, el guion que el gobierno les pasará para deslegitimar las movilizaciones en defensa de derechos laborales y el páramo de Santurbán. Quizás ruidosas manifestaciones populares sean lo único que puede sacudir a quienes viven en ese estado de ataraxia colectiva. Eso sí, hay miedo porque el gobierno trabaja para acabar con las garantías constitucionales que legitiman las movilizaciones y la protesta social.

A pesar de que esos agentes ataráxicos están cumpliendo muy bien la tarea de exaltar y proteger la imagen del presidente-combatiente, en los sectores progresistas estos dos meses de gobierno se sienten ya como una pesadilla. Ya veremos qué pasa en esa Colombia que sigue creyendo en milagros.

LA FALSEADA REALIDAD DE LA PRIMERA MEGACÁRCEL




Por Germán Ayala Osorio

 

La prensa oficialista, corporativa y hegemónica siempre mintió, miente y mentirá. Esa es una verdad incontrastable que incluso le sirve a la gente del común y en particular a ciertos académicos a invalidar los análisis del discurso que solían hacer profesores de periodismo interesados en develar los intereses y presiones políticas que obligaban a las empresas a ocultar hechos y a exponerle al público verdades a medias. En los Observatorios de Medios de varias universidades privadas esos ejercicios analíticos confirmarían que esa prensa en particular, miente. Sobre este asunto volveré al final de la columna.

En adelante me ocupo de un hecho ético-mediático y político que sirve para asentar aún más el imaginario colectivo que señala que la prensa corporativa falsea la realidad. Los noticieros privados de RCN y Caracol dieron despliegue noticioso a la que será la primera megacárcel de las 10 que prometió construir en campaña Abelardo Gabriel de la Espriella Otero.

Noticias Caracol, por ejemplo, en su cuenta de X, incluido video de la obra carcelaria dice: “Se conocieron las imágenes de la primera megacárcel que entrará en operación durante este Gobierno. El centro penitenciario, ubicado en Magdalena, inicialmente tendrá una capacidad para unos 2000 reclusos”. Justo se presenta esa información cuando De la Espriella apenas va a cumplir dos meses al frente del Estado. Vaya si resulta conveniente políticamente exponer “semejante logro” cuando la promesa es construir nueve más. Ese tipo obras, al igual que la construcción de viaductos, colegios o carreteables deben ser presentadas como realizaciones de Estado. Esa obra en particular involucra a tres gobiernos.

En Última Hora Caracol el texto noticioso es similar: “@CaracolRadio conoció detalles de la que se convertirá en la primera megacárcel del Gobierno de Abelardo de la Espriella. Se llamará Renacer y estará ubicada en Sabanas de San Ángel en Magdalena en Magdalena. Tendrá 60 mil metros cuadrados y 1974 cupos. La directora de la USPEC, Isadora Fernández, tiene la misión de tenerla lista en el mayor tiempo posible. La obra ya alcanza el 88% de ejecución”.

Entre tanto, en su cuenta de X, Noticias RCN-medio uribista y ahora abelardista- escribió: “La megacárcel de Sabanas de San Ángel, en Magdalena, entró en la etapa final de la construcción. Así será el proyecto Eron Renacer”.

Si se lee la información publicada por Caracol y RCN queda la idea de que en tiempo récord- ni los chinos se atrevieron a tanto- el gobierno de Abelardo entregará la primera de las 10 megacárceles que prometió en campaña. RCN y Caracol prácticamente celebran y aplauden la entrega del centro de reclusión, aunque lo hacen sobre una realidad acomodada al interés que tienen de cuidar y exaltar la imagen de la actual administración.

El hecho noticioso tiene, como todos los hechos que se elevan a la condición de lo noticiable, un contexto y unos antecedentes que tanto Caracol y RCN omitieron de manera ladina. Resulta que la obra se inició en el gobierno de Iván Duque Márquez en el 2019. Por razones no precisadas, la construcción se detuvo y quedó abandonada. Llegó el gobierno Petro, la reactivó, hizo ajustes, la dejó financiada y en plena ejecución. Es más, si les interesara hacer buen periodismo, deberían de decir “después de siete años de haber iniciado obras, Colombia tendrá su primera megacárcel”.

De manera tendenciosa, ambas empresas mediáticas les dijeron a sus audiencias que se trataba de un “avance” del gobierno al que decidieron defender, cuando la historia de la misma obra desdice esa versión. ¿Qué necesidad de mentir de esa manera? La respuesta es casi que evidente: se dan el lujo de falsear la realidad porque aún conservan a unas audiencias que creen a pie juntillas todo lo que publican. Unas audiencia crédulas, que basan esa ciega confianza en simpatías ideológicas con la ultraderecha que gobierna y la incapacidad generalizada de los públicos para analizar y confrontar el discurso periodístico. Cómo hace de falta una Cátedra de Análisis del Discurso en colegios y universidades para enseñarles a los estudiantes y ellos a sus padres a comprender los dobleces del lenguaje periodístico-noticioso.

La revista Semana, otro medio oficialista que cumple labores de estafeta del actual gobierno se unió al impúdico tratamiento periodístico de ese hecho noticioso: "Así es la primera megacárcel que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiere terminar rápido: imponentes imágenes" Al igual que Caracol y RCN guardó silencio frente a los antecedentes de las actividades de construcción del reclusorio. 

Varios años atrás, durante la presentación del libro De la democracia radical, al unanimismo ideológico, medios de comunicación y seguridad democrática, una persona del público (formada se puede decir) me interpeló y esto dijo: “para qué insistir en publicar esos estudios cuando todos sabemos que la prensa siempre miente”. Esto le respondí: “esa verdad necesita ser revalidada con nuevos estudios. Si se dejan de hacer, de pronto los estudiantes de periodismo creerán que decir mentiras en público es hacer buen periodismo”.

Una reflexión final: que la prensa aplauda la construcción de una megacárcel y que una parte importante de la sociedad sienta alivio e incluso placer al ver la obra culminada no solo advierte cansancio por los altos niveles de inseguridad e impunidad en el país, sino que dice mucho de los problemas- verdaderas taras civilizatorias- que arrastramos como sociedad. Y cuidado porque son muchos los casos de gente inocente condenada a pagar largas condenas porque un juez se torció, por un falso testigo o porque simplemente el sistema judicial está hecho para castigar a los de ruana.

Adenda: mientras se entrega la “gran obra”, el gobierno echó para atrás, previa denuncia de Iván Cepeda, el traslado de La Picota a una guarnición militar de Antonio del Cristo Guerra de la Espriella, primo del presidente de la República. ¿Para qué megacárceles para los corruptos si hay condenados de primera, segunda, tercera y hasta de quinta categoría?

 

martes, 29 de septiembre de 2026

¿QUIÉN DIJO MIEDO?



 

Por Germán Ayala Osorio

 

El régimen que recién se instaló en el país no nació con Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Es el mismo que lleva operando en el país más de doscientos años y que se caracteriza por la captura privada (mafiosa) del Estado, el sometimiento de los ecosistemas naturales a procesos violentos de transformación y eliminación de sus servicios ambientales y la escisión de la sociedad entre “buenos” y “malos”; entre “inservibles” y “necesarios”. El país de la atrocidad está de regreso.

Al final, sobre esos estratégicos ecosistemas veremos ganadería extensiva, monocultivos de caña de azúcar, palma africana y coca; carreteras para beneficiar a los propietarios de esas haciendas y por supuesto, los procesos de gentrificación urbana que borrarán cualquier recuerdo de la existencia de humedales, ríos y alamedas. Cali, el Valle del Cauca y el valle geográfico del río Cauca sufrieron las pisadas de quienes trajeron e impusieron el monocultivo de la caña de azúcar y las actividades de desaparición de ríos y madres viejas. A ese desprecio de la vida natural se suma el de la vida de los críticos, librepensadores, feministas, gente de izquierda y progresistas.

Que existen diferencias con gobiernos anteriores, por supuesto, pero no son estructurales: la ética acomodaticia, la inmoralidad, el doble rasero y el talante antidemocrático se mantienen como características fundantes de ese régimen de terror que está de regreso, después de la obligada pausa que significó el gobierno de Petro.  

Hay, eso sí, actores nuevos como las redes sociales, el surgimiento no explosivo de medios y periodistas independientes que a diario enfrentan las mentiras y las medias verdades de unas empresas mediáticas que optaron por “comer calladas” ante decisiones del alto gobierno que benefician, como es tradición en el país, a cuatro o cinco familias mega ricas que recuperaron la Casa de Nariño, con su capataz y la servidumbre completa, para continuar haciendo negocios, empobreciendo a los colombianos y generando las condiciones socioambientales y ecológicas que nos harán sentir la solastalgia que suele dejar un modelo de desarrollo a todas luces insostenible y responsable de las pluricrisis que llegan de la mano del cambio climático.

Digamos que ese es el panorama y la situación real que enfrenta el país. La pregunta es: ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Resistir es la primera palabra que se viene a la cabeza. Otros recomiendan hacer redes solidarias para intercambiar información, ejercicios de análisis e incluso de prospectiva y para advertir de peligros asociados a la presencia de los viejos “tiras” y la creación de listas de gente incómoda para el gobierno.

Se escuchan decir los vocablos documentar y denunciar aplicados a prácticas violatorias de los derechos humanos, muy propias de regímenes de ultraderecha como el que recién empieza en Colombia su caravana de persecuciones, estigmatizaciones y desapariciones simbólicas y físicas. Ya se habla de los primeros “falsos positivos”, el cruel eufemismo con el que la prensa evita llamar ejecuciones extrajudiciales o crímenes de Estado. Los casos de Ricardo Andrés Martínez Rodríguez y Donovan Balanta dan cuenta, aunque con evidentes diferencias, de que está de regreso la violencia policial aún no rechazada por el alto gobierno. Silencio sepulcral ante los reclamos de la Defensora del Pueblo y el registro en redes sociales y medios internacionales de los hechos que llevaron a la muerte a los dos jóvenes.

De fondo escucho esa canción que dice:

 “yo aquí sentada y todo tan paraco

tan sucio tan verraco, tan por debajo e la mesa

quien invite a la cerveza, le cuento este cuento largo

largo como el cañón del rio

donde habitan los escorpiones… se comieron todo el queso y mataron al ratón

le pegaron tres balazos y quien fue ya se voló

se voló pa los oscuros huecos de las bestias innombrables

a recoger más billetes para acabar con la plaga

y como dicen los señores

lo callamos, o se calla!

a las balas o los golpes, así el niño esté mirando

así usted esté comiendo, pa que vaya pues sabiendo

cómo son las vainas en las tierras de las altas democracias”.

Lo peor que podemos hacer como ciudadanos es callar y naturalizar lo que ingenuamente y durante cuatro años creímos que había sido proscrito en el país: la violencia estatal. Se escucha muy débil, casi imperceptible, la voz de la oposición, de los periodistas independientes y del resto de los ciudadanos que ya advierten el peligro en el que está el país, sus instituciones y recursos naturales. El Pacto Histórico, con todo y su fractura interna, sigue anclada a las redes sociales y a hacer las réplicas, y se olvidaron del trabajo comunitario y la generación de actividades contra discurso.

Apelar a los sempiternos grimorios no ayudará en nada a cambiar el destino que la ultraderecha neoliberal y camandulera nos propone para estos cuatro años. Como tampoco ayuda pensar que el gato montes de la casa de gobierno es un belcebú, cuando apenas si le alcanza para ser fanfarrón y fierabrás. Mucho menos sirve la coprolalia que se ve en las redes sociales para descalificar su mandato. Eso sí, a pesar del miedo que genera la ultraderecha con todo y sus aparatos ideológicos y represivos de Estado hay que mantener hasta donde sea humana y racionalmente posible el espíritu erasmista de quienes creemos que es posible convivir en medio de las diferencias y nos oponemos a la doctrina del enemigo interno extendida por el uribismo a todo aquel que se opusiera en ese entonces a lo que decía su Mesías,  convertido hoy en un débil carcamal que aplaude en silencio todo lo que dice y hace su creación política.

Falta mucho tiempo. De pronto, el real milagro es que sobrevivamos a esta nueva embestida de la ultraderecha, peligrosamente más religiosa, fanática, fanfarrona, hipócrita, sicofante y tanática. 


lunes, 28 de septiembre de 2026

CANCELAN VISA AMERICANA A CONGRESISTA MARTHA PERALTA

 



Por Germán Ayala Osorio

La cancelación de las visas americanas a la senadora del Pacto Histórico, Martha Peralta y al empresario Euclides Torres devienen con un tufillo de venganza política de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia contra agentes de la izquierda y el progresismo.

La decisión discrecional del gobierno gringo es noticia en Colombia porque tener ese permiso para ingresar a los Estados Unidos es asumido por la prensa hegemónica como una suerte de “privilegio” e incluso como un factor de distinción social y política en una sociedad clasista y proamericana como la colombiana. No tener la visa o lo que es peor, que esta sea cancelada de un momento a otro, se asume en el país como una “condena moral” para aquellos que se precian de tener el permiso de ingreso a la tierra del Tío Sam.

La estafeta-periodista del régimen abelardista, Vicky Dávila, en su cuenta de X hizo eco de la medida migratoria apelando al lenguaje propio de ese periodismo que suele mirar de rodillas hacia el país del norte. Esto dijo la mandadera: “¡URGENTE! EEUU les quitó la VISA a Euclides Torres y a Martha Peralta. “Corrupción o narcotráfico”. Euclides ha sido intocable y lo han relacionado con la financiación, no reportada, de la campaña de Petro.  Luego con pago de favores por contratos. Martha Peralta está investigada por el escándalo de corrupción de la UNGRD”.

Lo que llama la atención es la reacción de Peralta, quien grabó un video en el que, visiblemente afectada por la discrecional medida migratoria, anuncia que “iniciará las acciones institucionales y administrativas pertinentes ante la Cancillería, ante la Embajada y al mismo gobierno de los Estados Unidos que se me informe de manera formal cuáles fueron los argumentos para dicha decisión…”.

Con el reclamo público de la congresista convierte el tener visa en un derecho adquirido, cuando se trata de una medida administrativa discrecional del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Salir a pedir explicaciones a los gringos expone con claridad la indignidad de la congresista que le da un valor superlativo que no tiene el visado gringo. Señora Peralta, si Usted misma dice que esa medida hace parte de una “persecución mediática, judicial y política”, solicitar explicaciones a la Embajada norteamericana y al gobierno Trump es ridículo por cuanto las autoridades norteamericanas no están obligadas a darle explicaciones a nadie por la cancelación de la visa. Además, cae Usted en un error al meter en la dolorosa ecuación a la Cancillería colombiana, pues la medida la adoptó el Departamento de Estado.

Un país en el que se violan los derechos humanos de los migrantes, muchos de ellos connacionales de la congresista, tiene que dejar de ser un destino turístico para quienes desde el progresismo y la izquierda defienden los derechos humanos. Nada tienen que ir a hacer allá. Y si se quedó con las ganas de ir a ver a Mickey Mouse y a otras atracciones de Universal Studios, entonces vaya armando viaje para Panaca en el Eje Cafetero. Le aseguro que hay vida después de la cancelación de la deseada visa. Pregúntele al expresidente Ernesto Samper Pizano. 

Entienda senadora Peralta que con su infantil y ridículo reclamo a los gringos por la cancelación de su visa para lo único que sirve es para consolidar el imaginario colectivo que indica que los Estados Unidos es el único destino turístico deseable en el mundo. No. Viajar a ese país hoy, termina significando un apoyo a un gobierno, como el de Trump, que patrocina el genocidio en Gaza y su pérfida injerencia en Colombia. Tenga dignidad, señora congresista. 

EL PAÍS DE LA ATROCIDAD

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Gobernar a Colombia, o por lo menos tratar de hacerlo, siempre terminará siendo un desafío moral, democrático, ético y estético tanto para los agentes históricos del Establecimiento como para esos grupos societales que, en medio de confusiones conceptuales, ignorancia convertida en un bien individual y colectivo, así como la naturalización de un ethos mafioso, sobreviven a esas fuerzas tradicionales responsables de haber impedido la consolidación de una verdadera República en este territorio.

Los presidentes de la República suelen asumirse como verdaderas provocaciones éticas, morales, democráticas y estéticas. Veamos algunos ejemplos, incluyendo al actual jefe del Estado, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero.

Inicio con Álvaro Uribe Vélez, quizás el político que mejor representa a esa Colombia violenta, premoderna, incivilizada, camandulera, goda y neoliberal que durante ocho años se consolidó como un proyecto cultural que desafió los límites democráticos, los valores y principios morales y éticos, así como los de la estética del poder. Los daños que dejó Uribe fueron inconmensurables. Baste con señalar a los 7.837 crímenes de Estado perpetrados por agentes militares que acogieron a placer el espíritu de la política de seguridad democrática. Al final, esa política pública la convirtieron en el puntal de un democidio[1]. En lo que respecta a su ejercicio del poder, desde la dimensión estética fue grotesco por el uso reiterativo de un lenguaje vulgar, pendenciero y de la constante invitación a que la vida en todas sus manifestaciones fuera violentada. El presidente Santos lo llamaría después “rufián de esquina”.

Con la llegada de Juan Manuel Santos Calderón el legado de Uribe guio en parte las ejecutorias del hijo de la rancia bogotana que una vez elegido, dio un giro ético-político con el proceso de paz de La Habana pues intentó cerrar la “carnicería” en la que había convertido el país el presidente antioqueño. Frenar por un tiempo la producción de víctimas por el enfrentamiento entre el Estado y las Farc-Ep fue asumido como una “traición” no solo por el creador de la tanática política de seguridad democrática, sino por amplios sectores de la sociedad que llegaron a sentirse a gusto- pletóricos, quizás- con esa particular ética de un hombre premoderno, con la negación de la democracia como apuesta civilizatoria, y la inmoralidad de un mandato y un ejercicio del poder fascinado con la atrocidad y la barbarie. Édgar Barrerro acuñó el concepto de Estética de lo Atroz. Creo que esa categoría calza muy bien con lo que vivimos en el país durante esos aciagos años.

Luego vendría Iván Duque Márquez, un ser diminuto, un verdadero homúnculo que se encontró con la presidencia como quien se topa por accidente con un billete. Claro, las consecuencias de ese evento accidental partieron de la misma eticidad, inmoralidad y la burda estética que le legó su jefe, patrón, mentor y titiritero, Álvaro Uribe Vélez. Realmente Duque Márquez fue un costoso pasante de la Casa de Nariño. Lo único que una parte del país le reconoce es que gracias a su estulticia y estolidez el progresismo y la izquierda pudieron soñar con la posibilidad de conquistar el poder. Y lo lograron con Gustavo Petro Urrego, después de una pandemia y un estallido social mal manejados por este descriteriado y fatuo personaje.

Petro Urrego no solo llegó a retar al poder hegemónico, sino a deconstruir imaginarios, individuales y colectivos alrededor de eso de ser de izquierda y progresista. Al final, actuó más como progresista que como hijo de una izquierda armada degradada. Aunque quiso alejarse de la inmoralidad uribista, terminó erosionando su propia idea del cambio con las prácticas corruptas que ensuciaron su mandato. Esos hechos fueron magnificados por una prensa adversa que hizo todo y lo hace aún para exponerlo como lo peor que le pudo suceder al país. Se trata, por supuesto, de una apuesta política e ideológica con la que se busca demonizar las reformas sociales alcanzadas y la dignificación de los trabajadores a través de un fuerte incremento del salario mínimo.

Petro defendió la vida en todas sus manifestaciones. Intentó imponer un relato y una estética contraria a la de la barbarie que naturalizaron Uribe y Duque. El País de la Belleza recoge muy bien esa estética que se opone al modelo de desarrollo agro extractivo y la economía de enclave a la que le apostaron todos los presidentes que lo antecedieron. La fuerza de esa consigna atrajo el turismo internacional y puso al país de moda por las ocurrencias de Petro como desafiar a Trump y al genocida Estado de Israel, a la derecha internacional; insistir en el multilateralismo y de entrar en la Nueva Ruta de la Seda.  

Después de cuatro años de una lucha ideológica mediatizada, llegaría la campaña electoral. La corrupción, los errores cometidos por la campaña de Iván Cepeda, su nulo carisma y acartonada figura coadyuvaron en gran medida al triunfo de Abelardo de la Espriella, el falso outsider que la prensa hegemónica impuso. Claro, las granjas de bots aportaron al triunfo electoral y político de un abogado que considera que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. De la Espriella llegó a la Casa de Nariño gracias a los clanes Gilinski, Char y al apoyo de Sarmiento Angulo. Es decir, de una parte, importante del viejo Establecimiento colombiano.

A pocos días de cumplir dos meses al frente del Estado, De la Espriella Otero ya deja ver los derroteros éticos, estéticos, democráticos y morales[2] con los que manejará el país. En campaña dijo que iba a gobernar con los “Nunca” que han vivido del Estado, pero a su gobierno llegaron los de Siempre. Mintió. Primer fallo ético. En lo que respecta a su idea de la democracia y el respeto a las instituciones, el veto contra el presidente de la ANDI y el acoso judicial contra periodistas dejan ver su talante antidemocrático. Peligroso antecedente de un perfil autocrático que se puede consolidar con el paso de los días.

En cuanto a su estética del poder, caminar entre cadáveres, mofarse de criminales a punta de ser extraditados y abandonar su condición de civil para actuar como un militar[3] más, lo acercan a lo que Édgar Barrero llamó la “Estética de lo atroz”.

“Nuestras élites políticas nos acostumbraron al ejercicio de la atrocidad como forma privilegiada de resolver nuestros conflictos sociopolíticos, toda vez que una de las características fundamentales de lo atroz es que alguien siente un gusto especial, un placer, una alegría con la destrucción severa de otros seres humanos que le resultan desagradables e inaceptables como para convivir con ellos”.

Insisto en la idea con la que inicié esta columna: gobernar a Colombia, o por lo menos intentarlo, constituye un desafío moral, ético, estético y democrático. Cambiar lo que lleva más de doscientos mal no ha sido la prioridad de la mayoría de los presidentes colombianos. Por el contrario, desde la Casa de Nariño han hecho todos los esfuerzos simbólicos e institucionales para mantener esos niveles de barbarie que hoy parecen disfrutar esos casi 13 millones de colombianos que votaron por un candidato presidencial que, una vez investido como Presidente, desprecia la ética, la Otredad, la dignidad de los muertos y la vida de los ecosistemas naturales. Ya estamos en camino de dejar de ser el País de la Belleza para ser el País de la Atrocidad.



[1] “Democidio es un término acuñado por el politólogo estadounidense Rudolph Rummel para describir "el asesinato intencional de una persona desarmada o desarmada por parte de agentes del gobierno que actúan en su capacidad autoritaria y de conformidad con la política del gobierno o el alto mando".

[2] “Invocar el nombre de Dios para legitimar la violencia o la opresión es una profanación de este nombre. Nada de lo que desfigura la dignidad humana se puede reivindicar como una auténtica inspiración divina. El discurso religioso debe exhortar constantemente a desarmar los corazones y las palabras” (Papa León XIV, en cuenta de X).

[3] “Esa naturalización de la vía “militarista” para resolver los conflictos va acompañada de posturas ideológicas profundamente intransigentes a través de las cuales se instala en la subjetividad una intencionalidad política de eliminación de la diferencia. Esa intencionalidad de asesinar física o simbólicamente la diferencia es lo que se puede llamar “violencia política”, pues ésta “supone una elaboración en la que existe una intención manifiesta o latente de hacer daño, siendo la estructura psicológica la que mayor impacto recibe” (Barrero, 2008, p. 38).

domingo, 27 de septiembre de 2026

OTRO "RICARDO SEMILLAS" ASESINADO EN COLOMBIA

 




Carolina y Franklin Quintero, hermanos de Ricardo Martínez, permanecen junto al ataúd de su hermano en Santa Marta, el 25 de septiembre de 2026.Santiago Mesa


Por Germán Ayala Osorio


El asesinato de Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, el joven campesino de 18 años ejecutado por la Policía en el dichoso operativo en contra de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) me hizo recordar la canción Ricardo semillas, de Ana y Jaime.

Ricardo bajo a la aldea estrenando amaneceres

Silbando canciones frescas sin olvidar sus quehaceres

La aldea ese día nuevo salio el sol muy en silencio

Y dejo que el aire tibio regara bien los sucesos

Ay ay ay ay regara bien los sucesos

Ay ay ay ay regara bien los sucesos

El protagonista del primer crimen de lesa humanidad, crimen de Estado o “falso positivo” en la Patria Milagro llegó a la aldea estrenando una muda de ropa que días atrás había comprado, acompañado por su madre, según relata Valentina Lugo en su preciosa crónica. En el texto publicado se lee que “en una finca le pagaron 600.000 pesos [unos 180 dólares], y con eso me dijo que lo acompañara a comprarse una ropita”.

Quizás Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, por su juventud y por un antecedente de salud mental no reunió a otros campesinos para hablar de reforma agraria como señala la letra de la icónica canción de Ana y Jaime. Parada Lugo registró así en su crónica ese hecho: “<<Él quería, en realidad, prestar el servicio militar. Se había presentado al Ejército, pero lo rechazaron y se tuvo que devolver a la finca>>. El 30 de abril de este año viajó hasta Ocaña (Norte de Santander), al batallón donde presentó sus pruebas para incorporarse. Duró apenas una semana allá y no pasó porque, en su adolescencia, había tenido problemas de salud mental”.

Mientras escribo esta nota, sigo escuchando a Ana y Jaime, cantantes que me acompañaron en mi adolescencia.

Ricardo reunió a los hombres y les hablo con despacio

Palabras verde esperanza teñidas de sal y selva

Les dijo la vida es nuestra también es nuestra la tierra

Y las palabras que traigo son semillas también nuestras

Ay ay ay ay son semillas también nuestras

Ay ay ay ay son semillas también nuestras

A Ricardo Martínez lo asesinó el Estado colombiano. Ojalá los pocos periodistas independientes que quedan dentro del país y con la ayuda medios internacionales le apuesten a consolidar la narrativa que indique que estamos ante la primera ejecución extrajudicial en el gobierno del “tigre” que ya mostró su animadversión hacia los campesinos: primero, borrando esa identidad que huele a tierra mojada, a soberanía alimentaria, a ropa sucia, a jornal; luego, a querer fumigarlos con glufosinato de amonio, el poderoso defoliante que también puede terminar apagando sus vidas.

Las muertes de Ricardo Semillas y Ricardo Andrés Martínez se parecen mucho: a los dos les dispararon. Valentina Parada Lugo, en su sentida y muy concebida crónica registra las circunstancias previas al crimen de Estado.  “…Pero sí hablaron con una mujer que vive en la zona y que contó que ellos se acurrucaron juntos en un rincón de la finca cuando los oficiales entraron, y luego vio cuando uno de los policías lo separó de ella, tomó a Ricardo por el brazo y le disparó. La familia no tiene forma de confirmar esta parte de la historia. De lo que sí tienen evidencia, por la información de Medicina Legal, es que Ricardo Andrés Martínez fue asesinado por un solo tiro en el pecho. En el corazón. Un tiro de gracia. A la familia le entregaron la ropa con la que lo mataron dentro de una bolsa de plástico. Vestía una de las prendas que había comprado una semana atrás con su madre”.

Y termino esta columna con esa parte de la canción de Ana y Jaime en la que se alude a la manera como fue asesinado Ricardo semillas:

Un disparo corto el viento con sed de sangre emboscada

Y Ricardo dobló el cuerpo sin terminar la palabra

Ricardo murió ese día hermano de hombre y semilla

Murió mirando la vida que entre sus manos moría

Ay ay ay ay que entre sus manos moría

Ay ay ay ay, Ricardo, murió ese día

Eso sí, hay una diferencia que no es semántica entre el Ricardo de la canción y Ricardo Andrés Martínez Rodríguez: al primero, toca imaginarse quién lo asesinó; del segundo ya sabemos que fue un agente estatal el que lo convirtió en el primer “falso positivo” del gobierno del tigre o del gato montés que pernocta en la Casa de Nariño. El titular de la crónica de Valentina habla de una ejecución extrajudicial: La denuncia por una ejecución extrajudicial opaca el operativo militar de De la Espriella en Santa Marta: “Era un campesino pobre, no un criminal”.

Mis condolencias a la familia de este nuevo Ricardo semillas asesinado. Lo más doloroso es que vendrán más ejecuciones extrajudiciales. Esto apenas comienza porque la “pelona” ya está rondando los campos de Colombia. Y lo hace vestida de camuflado, pantalones entubados, chaleco antibalas, radio, pistolas, fusiles y gritando que viva Cristo Rey.

sábado, 26 de septiembre de 2026

LAS AMENAZAS DE ABELARDO GABRIEL




Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos días de cumplir dos meses al frente del Estado, De la Espriella va dejando claro su desprecio por la institucionalidad privada y estatal y la separación de poderes. Son tres arremetidas que confirman ese ultraje que ya define su talante que lo acerca al de un dictador bananero: la primera, reducir el presupuesto de la JEP para asfixiarla y evitar que continúe con su tarea de juzgar moralmente a criminales de lesa humanidad, en particular a los agentes estatales involucrados en la sistemática práctica de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos).

Adicionalmente, en el Congreso las bancadas gobiernistas tramitan una ley para que los fallos y las investigaciones de ese tribunal de paz terminen en la Justicia Penal Militar; el segundo ataque institucional tiene que ver con el veto, que según la estafeta-periodista, Vicky Dávila, impuso al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master; y el tercero tiene que ver con la amenaza que lanzó contra particulares y operadores judiciales, incluidos a los magistrados de las altas cortes, en particular a los de la Corte Constitucional, que sigan oponiéndose a la fumigación de los cultivos de uso ilícito. Y eso incluye a jueces de primera y segunda instancia que sigan fallando tutelas que frenan la aspersión aérea con peligrosos herbicidas.

En su tradicional lenguaje desafiante, hablado y corporal, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero y en medio de otra de sus puestas en escena, espetó lo siguiente: “Como presidente de la República he dado la orden desde el primer día que llegué de reiniciar la fumigación de los cultivos ilícitos y nos hemos encontrado con toda suerte de trabas para ese propósito dentro del Estado colombiano y fuera de él. Y quiero decirlo claro, todo aquel que se oponga a la fumigación de ese cáncer sea un funcionario o un particular está de alguna manera ayudando a que ese fenómeno de extienda. Lo anterior debe ser revisado con detenimiento por la justicia norteamericana porque aquellos que están obstaculizando la fumigación están indirecta o directamente patrocinando que las calles de los Estados Unidos, de Europa y de otras latitudes del mundo se llenen de cocaína; Colombia hoy está produciendo el 80% de la cocaína que consume el mundo. La fumigación va y lo voy a lograr porque si queremos que haya seguridad hay que acabar con el combustible que la financia. Lo haré, cueste lo que cueste”.

Vamos por partes, como diría Jack El Destripador porque en su deshilvanada perorata hay elementos interesantes para analizar y comentar. Lo dicho por el presidente de la República constituye, sin ambages, una amenaza. Al poner en manos del gobierno de los Estados Unidos y de su aparato judicial la suerte de quienes se opongan a las fumigaciones de los monocultivos de coca, De la Espriella ya no actúa como presidente de los colombianos, sino como agente federal gringo por su condición de ciudadano norteamericano, con todas las obligaciones morales que conlleva llevar esa ciudadanía. En su monserga político-legal, a De la Espriella habla de cultivos ilícitos. No, presidente, no hay cultivos ilícitos. Es el uso el que los que convierte en ilícitos. Y no se trata de mera semántica. Es un asunto conceptual de fondo.

Sigamos. A De la Espriella le preocupa que la cocaína colombiana circule en las calles de los Estados Unidos, el país al que juró defender y honrar sus intereses extraterritoriales y en particulares los que tienen sobre Colombia: los minerales de las llamadas “tierras raras”, el agua y otros recursos de la biodiversidad. Poco o nada le preocupan los efectos ecológicos, sanitarios y socioambientales que generan el uso de herbicidas como el glifosato y ahora Glufosinato de amonio, potencialmente más dañino que el primero, de acuerdo con los expertos. ¿Con qué empezarán los gringos a perseguir a quienes se opongan al envenenamiento de los suelos y las aguas, a petición de Abelardo Gabriel? ¿Les quitarán las visas o se atreverán a abrirles procesos penales en USA por ser “cómplices” de organizaciones narcotraficantes y terroristas?

De la Espriella prejuzga y casi que condena a quienes se expresen, a través de sentencias, columnas o meras opiniones, a la fumigación con peligrosos herbicidas los cultivos de uso ilícito: los tildó de patrocinadores, aupadores y legitimadores del consumo de cocaína en el mundo. Eso es supremamente grave. Si la rama judicial, juristas serios, la academia y sectores del Establecimiento que ya están sintiendo los efectos negativos de haberlo votado no se expresan e intentan frenar los ímpetus del jefe del Estado, no se extrañen que el día de mañana ordene la captura de un columnista, periodista o juez de la República que se exprese en contra de la aspersión aérea sobre cultivos de coca con Glufosinato de amonio, el peligroso defoliante con el que pretenden volver a fumigar cultivos de pan coger y los de coca.

Ya en el pasado el entonces presidente Álvaro Uribe, en un consejo comunal en Buenaventura, ordenó detener a un funcionario señalado de corrupto. Una vez presentado ante un juez, el operador judicial lo dejó en libertad.

Terminó su contundente amenaza el presidente de la República con esta sentencia: “la fumigación va”. Es decir, por encima de jueces, de las advertencias de ecólogos, biólogos y ambientalistas el jefe del Estado colombiano logra cumplir la orden que le dio su jefe y conciudadano, Donald Trump: fumigar, fumigar y fumigar.

Pero, así como Abelardo Gabriel de la Espriella Otero ya deja claro que su talante no es propiamente el de un demócrata, también naturaliza sus problemas para construir discursos medianamente coherentes. Es tal su incapacidad para articularlos, que a cada momento acude a leer papelitos. El final de la arremetida aquí consignada se puede calificar de “cantinflesca”. Lean: “La fumigación va y lo voy a lograr porque si queremos que haya seguridad hay que acabar con el combustible que la financia”. Sin comentarios, señor juez. O quizás sea mejor decir: No comment, your honor.

Preocupa el atronador silencio de las altas cortes, de la Academia, de las asociaciones de juristas y abogados; de los ambientalistas, ecólogos y biólogos. Que no vaya a pasar que terminemos reescribiendo el famoso poema de Martin Niemöller, atribuido a Bertol Brecht: “Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a buscar a los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a buscarme a mí, no había nadie más que pudiera protestar.”

Algo así como, “Cuando los gringos, de la mano de las autoridades colombianas, vinieron por los opositores de las fumigaciones con peligrosos herbicidas los cultivos de uso ilícito, guardé silencio…”




viernes, 25 de septiembre de 2026

HABLÓ BRUCE MAC MASTER

 




Por Germán Ayala Osorio

Dentro del análisis del discurso existen dos elementos que ayudan a descifrar las intenciones, luchas externas e internas y los silencios de quienes escriben ensayos, comunicados de prensa o columnas de opinión. Esos dos elementos son Lo Dicho y Lo No Dicho. En esta ocasión, aplicaré el segundo al comunicado que publicó el presidente de la ANDI, Bruce Mac Master. 

Después de que la estafeta-periodista, Vicky Dávila, vocera del gobierno y del clan Gilinski informara de un veto de Abelardo de la Espriella al presidente de la Andi y a la junta directiva de dicho gremio, el mundo empresarial y las redes sociales esperaban la reacción de Bruce Mac Master.

Hoy, 25 de septiembre, la máxima cabeza de la Asociación Nacional de Industriales publicó un comunicado en el que, sin referirse al veto en forma directa, y mucho menos al retiro de varias empresas del gremio que dirige, si deja claro que algo está pasando entre De la Espriella y él.

Si miramos varios pasajes del comunicado desde el ámbito de Lo No Dicho encontramos una excesiva prudencia en el líder gremial, así como una altura ética y moral que de entrada confronta a la de quienes le entregaron la decisión del veto presidencial a la periodista Vicky Dávila, quien se prestó para para ser la estafeta oficial.

Si hay diferencias de criterio e incluso algún tipo de animadversión entre De la Espriella y Bruce Mac Master, estas había que tramitarlas a través de los canales institucionales a los que se refiere el presidente de la ANDI. En el texto se lee: “hemos privilegiado durante estos días los canales institucionales y los esfuerzos encaminados a abrir una conversación directa, franca y respetuosa”. Desde lo No Dicho, Bruce expresa su incomodidad con los responsables de haber puesto a rodar la versión del veto e incluso le alcanza para llamarlos irrespetuosos con la institución que él representa.

Las omisiones estratégicas (Lo No Dicho) en las que incurre Bruce Mac Master pueden leerse como “cobardes o tibias” por quienes recuerdan los agrios enfrentamientos discursivos que tuvo con el entonces presidente Gustavo Petro, a quien llamó autoritario y con visos dictatoriales. Esas confrontaciones se originaron por las diferencias ideológicas atadas exclusivamente a la dualidad entre Izquierda y Derecha, espectros en los que Petro y Bruce militan de tiempo atrás.

Cuando dice que la “prudencia no es ausencia de posición” en el presidente de la ANDI se pueden advertir dos cosas, a saber: la primera, que él mismo supone que el prolongado silencio después de conocido lo del veto presidencial fue leído en las huestes petristas e incluso, en el mismo gremio, como parte de una postura tibia o cobarde; y la segunda, se puede advertir algo de sorpresa por el anunciado veto porque Bruce no solo votó por De la Espriella, sino que escribió una columna de opinión en El Colombiano que, desde el mismo lugar de Lo No Dicho, resultó elogiosa hacia el entonces candidato presidencial de la ultraderecha, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Recordemos algunos apartes de aquel texto de opinión titulado Votaré por la democracia liberal: “Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. No significa que comparta todas sus posiciones o ideas. Seguramente tendremos acuerdos, así como también diferencias. La democracia no implica adhesiones absolutas. En democracia escogeré la alternativa que mejor protege la libertad, la institucionalidad y el progreso”. Quizás la parte subrayada y posturas asumidas con posterioridad por Bruce en el manejo de recursos para la reconstrucción de las ciudades afectadas por el terremoto fueron mal leídas en la Casa de Nariño, en particular por el presidente de la República.

Volvamos al comunicado. Cuando Mac Master dice que “la ANDI ha trabajado con todos los gobiernos de Colombia. Lo ha hecho defendiendo sus convicciones y expresando respetuosamente sus diferencias y buscando siempre espacios de construcción conjunta…”, tira un venenoso dardo a De la Espriella y a su gobierno que bien se puede expresar en esta frase: “pasará a la historia como el primer gobierno con el que no fue posible dialogar, construir puentes y mantener el respeto por las instituciones y las institucionalidades derivadas de los agentes económicos de la sociedad civil”. Mucho más al fondo, y desde Lo No Dicho, el presidente de la ANDI le está diciendo a su poderoso contradictor: “con todo y lo que me enfrenté a Petro, éste jamás pidió mi cabeza como lo está haciendo Usted”. El final del comunicado resulta claro y directo: “el país necesita más diálogo, más confianza y más capacidad de trabajar conjuntamente, el país lo merece y podemos hacerlo con buena voluntad”.

Ya veremos quién gana este pulso entre De la Espriella y Bruce Mac Master. Pronto sabremos de qué lado se van a poner los otros gremios y los propios afiliados a la ANDI. Sin duda, estamos ante un peligroso episodio que bien puede terminar en la cooptación de estos y otros agentes de la sociedad civil por parte de un presidente de la República que dice respetar la institucionalidad gremial, pero Vicky Dávila se encargó de desmentirlo.

Por ahora, la estafeta-periodista informó en su cuenta de X que “Incauca, Providencia y Sucroal acaban de notificar a la ANDI la no continuidad. Se van. La desbandada empezó con Coca-Cola (FEMSA) de la Cámara de Bebidas de ANDI. ¿Qué opina Bruce Mac Máster? ¿Hasta dónde va a llevar a los empresarios? El gremio necesita interlocución con el Gobierno de @ABDELAESPRIELLA de lo contrario se vuelve muy difícil. Los empresarios lo saben”.




UN CANSINO DESPRECIO DE LA VIDA

Por Germán Ayala Osorio   El uso de peligrosos herbicidas como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusió...