domingo, 20 de septiembre de 2026

LAS INMORALES PRIORIDADES DE ABELARDO GABRIEL




Por Germán Ayala Osorio

 

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, como jefe de Estado, desde el 7 de agosto viene mandando mensajes que contradicen e incluso desconocen los mandatos prescritos en la carta política de 1991. Hoy, casi dos meses después, con sus acciones se confirma que a su gobierno no le interesa ser garante del cumplimiento de lo consignado en el texto constitucional. 

Con el retiro de la alianza internacional por los derechos LGBTIQ+ el presidente de la República y jefe de Estado anima a los sectores homofóbicos y transfóbicos de la sociedad para que den continuidad a la estigmatización, persecución, señalamiento y eliminación física y simbólica de los miembros de esa población que reclama el derecho a vivir en condiciones de igualdad, seguridad y respeto.

Colombia se caracteriza por ser una sociedad gazmoña, puritana, goda, conservadora, camandulera, hipócrita, ladina, violenta, racista, clasista, arribista y aporofóbica, entre otras taras civilizatorias que la “batalla cultural” dejará aún más expuestas, con un agravante: quedarán legitimadas por la narrativa moralizante que desde el alto gobierno se está imponiendo con la colaboración irrestricta y acrítica de la prensa hegemónica y de las comunidades religiosas que están de plácemes porque por primera vez tienen a un pastor en la presidencia de la República (a veces puede actuar como rabino, cura de pueblo o agitador espiritual).

La decisión de retirar a Colombia del señalado Comité Ejecutivo por la Igualdad de Derechos la justificó el alto gobierno señalando que dicha “participación en el mecanismo no era prioritaria”. Si no es prioridad cuidar y asegurar el cumplimiento de varios artículos del capítulo I de la constitución y en la praxis reconocer la vida y los derechos de esa población, entonces qué pueden esperar del Estado los militantes y defensores de ese colectivo.

Antes de esa decisión, De la Espriella ya había puesto en entredicho la naturaleza laica del Estado y consecuentemente desconocido el artículo 19 que señala que “se garantiza la libertad de cultos. Toda persona tiene derecho a profesar libremente su religión y a difundirla en forma individual o colectiva”. Como ateo converso, De la Espriella Otero viene actuando más como pastor y líder espiritual de su “manada” que como símbolo de la unidad de la Nación y figura respetuosa de las diferencias. Se suma a lo anterior los gritos “firme por la Patria” y “que viva Cristo Rey”, expresiones que permiten asumir su ejercicio del poder político como una peligrosa cruzada ideológica de carácter religiosa y militar y por lo tanto con visos fascistas.

Con su plan Patriota 2.0 y el haberle puesto punto final a los procesos de diálogo con grupos al margen de la ley niega el derecho a la paz (artículo 22) lo que aboca al país a sufrir una guerra total con las consecuencias ya conocidas: desplazamiento forzado, crecimiento de los cinturones de miseria en las grandes capitales que acogerán a los desplazados; concentración de la tierra en pocas manos y el sometimiento de valiosos y estratégicos ecosistemas naturales a las dinámicas agro extractivas (minería, ganadería extensiva, monocultivos de palma africana, caña de azúcar y coca; y la minería a cielo abierto), bajo economías de enclave que lo único que garantizan es el sempiterno subdesarrollo para el país. Así las cosas, la guerra total, el desarrollo extractivista, la batalla cultural (ideológica) y el desconocimiento estatal de la población LGTBIQ+ son las prioridades inmorales del pastor-presidente.

Al Estado como estructura de dominación moderna se le exige la protección de los derechos consagrados en la constitución política; igualmente se espera que sea una fuente legítima del poder y de formas de violencia física y simbólica con miras a que dentro del territorio en el que funge como autoridad nacional establezca y garantice las condiciones para que la sociedad y sus asociados (dominados) caminen hacia estadios civilizatorios que alejen al colectivo de caer en la barbarie. De la Espriella Otero es abogado y en su discurso de campaña siempre se mostró como una persona respetuosa de la institucionalidad y de las leyes. Es claro que engañó a los casi trece millones de odiadores profesionales e ignorantes que lo votaron. 

El Estado colombiano arrastra una histórica y estructural debilidad y precariedad fruto de gobiernos que, guiados por la doctrina neoliberal, le apuestan a la privatización de funciones sustantivas o a la captura de su institucionalidad de parte de grupos de poder económico y político (clanes) que lo deslegitiman como orden establecido, consolidando una imagen negativa y el deterioro de las garantías constitucionales que está obligado a mantener.

Abelardo Gabriel de la Espriella Otero actúa como un neoliberal más por la fuerza de los compromisos y la presión de los banqueros que lo pusieron en el solio de Bolívar, que por un convencimiento fruto del análisis académico de las virtudes de ese modelo y doctrina económica. De la Espriella no sabe de macroeconomía y desconoce cómo funciona el Estado. Es poco leído y eso se le nota en su precario discurso. 

Es apenas evidente que poco o nada participa de las decisiones económicas. Estas las toman su vicepresidente, previa consulta con Sarmiento Angulo y los Gilinski; su trabajo como jefe de Estado está exclusivamente orientado a regresarnos al siglo XIX y quizás más atrás, dado que él se asume como un regenerador social, ideológico y espiritual. Los daños sistémicos que dejará su gobierno- ya se advierten y apenas lleva dos meses en el poder- serán presentados como retos del Santísimo, recogidos bajo la sentencia que legitima aquello de “sufrir en vida para poder alcanzar el paraíso” una vez llegue la muerte.

viernes, 18 de septiembre de 2026

JEP, PLAZAS VEGA Y LA DICTADURA CIVIL QUE SE AVECINA



Por Germán Ayala Osorio

 

Entre la asfixia económica a la que el gobierno pretende someter a la JEP y el respaldo que a nombre del Estado le dio De la Espriella al excoronel Alfonso Plazas Vega días antes de conocerse el fallo judicial que lo absolvió de responsabilidad en el caso de la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas asesinado por miembros del Ejército, hay un proyecto político-militarista de mediano y largo plazo que sectores societales aún no perciben la posibilidad de su ocurrencia. Al final de la columna expongo, a manera de hipótesis, lo que se estaría cocinando en la Patria Milagro.

A la pretensión de ahogar económicamente al tribunal de paz y justicia restaurativa recortando sus recursos para operar, se suma el proyecto de reforma constitucional que se discute en la Comisión Primera del Senado con el que se busca que todas las sentencias y actuaciones de la JEP en contra de miembros de la fuerza pública sean revisadas por la Justicia Penal Militar, instancia históricamente proclive a garantizar la impunidad de los uniformados procesados bajo esa jurisdicción.

La JEP siempre fue incómoda para los sectores castrenses que asumieron la operación del alto tribunal de justicia transicional como un mecanismo vindicativo de la izquierda y las Farc-Ep por los golpes que el Ejército le dio a la cúpula de esa organización armada ilegal durante los dieciséis años de uribismo (entre Uribe y Santos), incluidos los mal llamados falsos positivos; y por supuesto la participación de agentes uniformados en el exterminio de la Unión Patriótica (UP) y sus probadas relaciones con las estructuras paramilitares; todos hechos políticos y simbólicos que enlodan la imagen de las fuerzas militares colombianas.

El relato de Álvaro Uribe frente a los “falsos positivos”, como presidente y expresidente, siempre apuntó a desprestigiar a los magistrados de la JEP quienes, a juzgar por el político antioqueño, presionaban a los militares comparecientes a reconocer sus responsabilidades en las ejecuciones extrajudiciales. De la Espriella, consagrado uribista, está recogiendo los pasos de su mentor para dar el golpe definitivo contra la JEP.

Esos crímenes de Estado, a decir de varios altos oficiales que terminaron en la JEP para obtener beneficios judiciales, se dieron en virtud de las presiones de la cúpula militar y de las directrices emanadas por el Ejecutivo que hicieron posible encontrar patrones en esa sistemática práctica criminal.  Recordemos la exigencia de Uribe de obtener más y mejores resultados operacionales y el criterio castrense expresado en la frase del general Mario Montoya Uribe, “a mí no me traiga detenidos, denlos de baja”.

Convertir en un asunto de Estado la defensa política y jurídica de Alfonso Plazas Vega, demandado civilmente en los EE. UU. por la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas en los hechos de la retoma del Palacio de Justicia es una decisión política de Abelardo de la Espriella con la que confirma su perfil militarista, acompasado con su ridículo saludo militar y grito de guerra, “firme por la patria”.  El jefe del Estado llamó “héroe de la Patria” al exmilitar que hizo parte de la cruenta retoma del Palacio de Justicia, asaltado por un piquete de criminales del M-19.

La postura del pastor-presidente se explica por su intención manifiesta de borrar las verdades derivadas de fallos condenatorios contra los superiores de Plazas Vega que convirtieron la retoma del Palacio de Justicia en una oportunidad para vengarse, a cualquier costo, del M-19, grupo guerrillero que los había ridiculizado en la pasado con la extracción de cinco mil armas del cantón norte de Bogotá a través de un túnel. La absolución de Plazas Vega por un tribunal civil de los Estados Unidos, compuesto por jurados que jamás se tomaron el trabajo de comprender el contexto y las circunstancias en el que debía instalarse el crimen del magistrado, reinstalan en el país el azaroso y miedoso ambiente pro castrense que vivimos durante los gobiernos de Turbay Ayala, Belisario Betancur y Álvaro Uribe.

Insisto: esa defensa patriótica del excoronel de Caballería, Alfonso Plazas Vega está conectada ideológica y políticamente con la decisión económica y política del gobierno de Abelardo de la Espriella de asfixiar económicamente a la Justicia Especial para la Paz (JEP). Ese alto tribunal viene aportando, con sus investigaciones y fallos de condena moral contra militares y guerrilleros de las extintas Farc-Ep, a la construcción de un relato nacional en torno a la degradación moral que sufrieron en su interior esos dos actores armados. A manera de hipótesis señalo que una vez se logre la asfixia, la desaparición de la JEP y reversadas sus condenas morales y la verdad judicial alcanzada en sus años de operación, la derecha se prepara para tramitar una reforma constitucional que reviva la reelección presidencial inmediata de Abelardo de la Espriella Otero. De esa manera, se consolidaría el régimen de mano dura que necesitan los sectores retardatarios que apoyan al presidente de la República para poder ganar la batalla cultural o proyecto de regeneración ideológica que ya inició.

Limpiar la imagen de los militares, imponer la narrativa oficial que indica que las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) es una invención de la izquierda para desprestigiar a la política de seguridad democrática, reducir libertades ciudadanas al estilo del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala y si es el caso volver a las prácticas que permitieron el aniquilamiento en el pasado de la UP, pero esta vez aplicadas a los progresistas señalados por De la Espriella como “enemigos de la patria”, hacen parte de las tareas que se ejecutarían una vez se logre la continuidad del actual gobierno. 

Lo que viene haciendo Bukele en El Salvador es el referente ético-político que guiaría a quienes quieren llevar al país hacia una dictadura civil (gobierno autoritario con visos fascistas), en manos de un “civil” que piensa como militar, saluda como militar, manotea y grita como general de brigada y lo que es peor, se disfraza de militar.




LA IA EN LA ACADEMIA: EL FIN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En medio de llamados de atención y alarmas sobre los riesgos para la humanidad que ya trae la Inteligencia Artificial (IA) por su naturalización y uso en todas las actividades humanas, la Academia la dejó entrar a sus procesos pedagógicos y de formación profesional sin mayor reflexión, con un problema adicional: tácita o explícitamente se prohíbe a los docentes de humanidades abordar críticamente el uso irreflexivo de esa herramienta por parte del estudiantado que la incorporó para autoengañarse.

Cursos masivos virtuales de formación ciudadana de más de trescientos estudiantes que se esconden detrás de las cámaras de sus dispositivos, dan cuenta de que la Academia se entregó en cuerpo y alma a la mediocridad que va de la mano de aquellos estudiantes fascinados con la capacidad de la IA para resolver los problemas académicos que ellos deberían de asumir aplicando los criterios propios del pensamiento crítico, usando categorías de análisis y el enfoque sistémico, elevados ya a la condición de elementos  “fósiles o antediluvianos” y extrañas maneras de pensar en un mundo que avanza de la mano de la tecnología y la IA y del concomitante proceso de deshumanización y estupidización.

Las tareas académicas desplegadas en esos cursos estandarizados con los que se debilitan el currículo oculto y la posibilidad de los docentes de “tirar línea”, los estudiantes acuden a la IA para que se las haga. Es apenas lógico pensar que los profesores no tienen ni el tiempo ni la disposición para leer más de trescientes  “reflexiones” de la IA, firmadas por los estudiantes. Todos entraron en el juego de engañarse. La enseñanza en universidades privadas que se la jugaron toda por la virtualización de sus cursos, en particular los que corresponden a las disminuidas humanidades, se convirtió en una puesta en escena en la que todos los actores, libreto en mano, le hacen el juego a la IA, la misma que en unos años remplazará a los docentes por muñequitos animados con los que los alumnos (ahora si de verdad, sin luz), interactuarán para seguir autoengañándose.

Esos estudiantes que llegan a las universidades lo hacen con enormes vacíos conceptuales, emocionales y problemas comportamentales derivados de una crisis sistémica de los procesos educativos, incluidas las condiciones de familias disfuncionales en las que se levantan. Hacen parte de una sociedad que cada vez más premia la bobada y las pendejadas de las redes sociales, cloacas en las que se refugian millones de seres humanos que encontraron en la sobreexposición ególatra el real sentido para seguir viviendo. El profesor Miguel de Zubiría tiene claro el origen de esos problemas de los universitarios: “Muy pocos colegios, si es que alguno, les enseñan a sus estudiantes a escuchar (no conozco ninguno), a leer, exponer, escribir ensayos, a argumentar, derivar, hipotetizar y las demás operaciones intelectuales metacognitivas. Cuanto bien le haría al conjunto de primíparos una buena nivelación en operaciones intelectuales a su ingreso universitario”. Y el panorama es peor de acuerdo con el reconocido analista: “No tienen idea de quiénes son, y menos de cuáles son sus cualidades, fortalezas, incompetencias; ni mucho menos sus anhelos, motivaciones proyectos de vida. La razón, la misma de siempre: nadie siquiera les ha hablado de este tema, para mí, el más importante de la existencia”.

Baste con asomarse a lo sucedido electoral y políticamente en Colombia recientemente para entender los riesgos de ir a las urnas llevados por el odio al progresismo, o por la ignorancia supina con la que muchos votaron; otros lo hicieron por miedo al “comunismo”, desinformados, sin capacidad de análisis y guiados por cientos de miles de bots que recrearon una realidad algorítmica que terminó llevando a la presidencia a un tipo que se cree tigre. Un desarreglo identitario que los casi trece millones que votaron por De la Espriella lo convirtieron en una ventaja pues creyeron que con los zarpazos de ese gran depredador el país solucionaría todos sus problemas.

Mientras De la Espriella hace y deshace con el Estado como forma de dominación y escenario civilizatorio, en las universidades docentes, estudiantes, decanos y directivas juegan, mutuamente, a engañarse. Poco importan los riesgos que hoy exponen antiguos CEO o trabajadores de empresas dedicadas a desarrollar la IA, porque finalmente la finitud, como condición humana, y el desprecio natural por la Otredad son las circunstancias que seguirán justificando la presencia y el triunfo final de los robots humanoides que nos remplazarán para continuar haciéndole daño al planeta, mientras que logran conquistar otro para someterlo a la misma dinámica de depredación. Fungimos como langostas (saltamontes), en poco tiempo guiadas por máquinas. Mientras llega ese momento, Cali se achicharra bajo un sol inclemente y los caleños a diario bailan al ritmo de los enjambres sísmicos. Lo mejor es bailar al ritmo de la canción de Johny Pacheco, Si la tierra tiembla: "Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Si la tierra tiembla yo me voy de aquí. Yo mate cuatro panteras un tigre y dos leones. Pero si la tierra tiembla. Se me caen los pantalones...".

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

USA MANTIENE DESCERTIFICACIÓN A COLOMBIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Que los Estados Unidos mantengan la descertificación a Colombia por su ineficaz lucha contra las drogas no se puede asumir como una derrota temprana del gobierno de Abelardo de la Espriella, pero sí es una advertencia y casi que una orden para que cuanto antes active el Plan Patriota 2.0, es decir, la guerra total contra las organizaciones armadas ilegales con cuatro propósitos fundamentales: el primero, asegurar el desplazamiento forzado de comunidades campesinas y ancestrales ubicadas en zonas biodiversas; el segundo, garantizar el control institucional de varias etapas de la producción de cocaína, incluidas el manejo discrecional de las millonarias ganancias del negocio; la tercera,  la valoración real del potencial que tendría el país en materia de  “tierras raras”; y por último, en medio de las ya evidentes consecuencias del cambio climático, garantizar en el mediano plazo el acceso al recurso agua (cuencas) de vastos territorios en donde el líquido es abundante.

A los gringos poco o nada les importan los efectos dejados por el terremoto del 10 de agosto. Para ellos es una nimiedad frente a asuntos estratégicos como la competencia con China que lo obligan a ejercer presión sobre colonias como Venezuela, Ecuador y Colombia, países que hacen parte del triangulo de interés del degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Ya se hicieron con el petróleo venezolano, lograron someter al régimen de Maduro Moros, sin desmontarlo, y ejercen control extraterritorial sobre la presidenta interina y por su conducto de la institucionalidad democrática. Delcy Rodríguez le rinde cuentas al Virrey, Marco Rubio, fiel y útil encomendero de Trump. La imagen de los perritos de taxi muy común en Colombia representa con precisión el rol que cumple Rodríguez.

Para el caso de Ecuador pasa igual. Novoa sigue al pie de la letra las instrucciones que le manda Rubio. Le reciben su banano, al tiempo que le exigen mantener el ya naturalizado control institucional del tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. Los crecientes problemas internos que Novoa aún no logró superar y controlar obligan a Rubio a mantener vigilancia constante sobre el “presidente” ecuatoriano.

Con De la Espriella y Colombia es distinto porque en el País de la Belleza aún hay obstáculos políticos, comunitarios y militares que la derecha colombiana no logró superar: la vida comunitaria de indígenas, afros y campesinos que se oponen a la presencia de los gringos en sus territorios, pero sobre todo a las lógicas y dinámicas desarrollistas que acompañan los proyectos de intervención en sus territorios aupados por terratenientes, constructoras, multinacionales mineras y sus congresistas-lobistas; así como ganaderos, palmicultores y azucareros; y agentes extranjeros interesados en comprar tierras para la explotación agrícola. Los menonitas son un ejemplo claro de esa presencia foránea. Con De la Espriella comparten su adoración por la Biblia.

En términos políticos, la izquierda y el progresismo, como fuerzas políticas en proceso de renacimiento son vistas por agentes americanos y la derecha local como incómodos actores por su capacidad para insistir en narrativas ambientalistas que se oponen al proceso continuado de intervención, sometimiento y transformación de valiosos ecosistemas que esconden oro, coltán, litio y otros minerales sobre los que los gringos tienen posados sus interesados ojos. El rechazo a la economía de enclave y la insistencia en hablar de soberanía popular y estatal hacen que la izquierda y el progresismo sean vistos como enemigos políticos (de la Patria) que deben ser atacados y neutralizados por orden expresa de Trump y Rubio al gobierno del pastor-presidente.  

Así las cosas, Colombia volverá a ser certificada porque De la Espriella dará cumplimiento a todo lo que le indiquen desde el salón Oval. Está obligado a darle gusto a los gringos en todas sus peticiones e instrucciones porque está sometido a lo que le ordenen desde la Casa Blanca. Los gringos siempre tienen formas de presionar a los presidentes colombianos. A De la Espriella, sus relaciones comerciales y financieras con  Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros, lo obligan a ser sumiso con Trump y Rubio. Recordemos que Saab acaba de declararse culpable del delito de lavado de activos por haber usado el sistema financiero para mover-lavar- millones de dólares sacados de Venezuela. En el pasado, al entonces presidente Uribe también le tenían su "guardado", razón por la que durante sus ocho años fueron de total sometimiento a las exigencias norteamericanas. Baste con recordar que hizo parte de una lista de narcotraficantes colombianos con el número 82. 

 

miércoles, 16 de septiembre de 2026

CONCIENCIA EPISOMEDIÁTICA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Después de la censura a dos periodistas de Blu radio, al caricaturista Vladdo y la echada al director del DANE, las grandes empresas de información en Colombia ofician como agencias privadas de divulgación de información oficial (de presidencia) y maquilladoras de la imagen del pastor-presidente que ya dejó ver su incontrastable egocentrismo. El ensayista Julio César Londoño en su columna Sobre reptiles y milagros señaló que “Abelardo es más ególatra que Petro”.  

Al tiempo que el ególatra de turno les pone mordaza a sus propios ministros, la prensa le abre los micrófonos para que insista en la consolidación del relato político, moral y periodístico con el que busca afanosamente desprestigiar lo hecho por el gobierno Petro, esconder la incapacidad y la supina ignorancia de Abelardo para entender asuntos macroeconómicos referidos al manejo de la deuda pública del Estado y la operación misma del aparato estatal. Y lo que es peor: esconder que gobernará en beneficio de los mega ricos del país y en detrimento de las clases populares y la clase media, siguiendo la tradición de la derecha neoliberal.

El periodismo que está haciendo la prensa hegemónica abelardista garantiza los efectos sociales que históricamente se le reconocen a los media en su tarea de generar estados de opinión pública favorables al Establecimiento que defienden a dentelladas en la medida en que dichas empresas de información son “hijas” del viejo régimen que hoy está de plácemes con el agrandado pastor-presidente.

Una opinión pública víctima de unos medios masivos capturados y temerosos de cumplir el mandato constitucional de informar de manera veraz y responsable genera estados de opinión soportados en lo que llamo “Conciencia episomediática”, a la que defino de esta manera: “conjunto de reacciones, opiniones y posturas asumidas de y por un importante número de ciudadanos que siguen y creen a pie juntillas las emisiones noticiosas de medios masivos y periodistas que están al servicio del régimen de poder.  Se trata de tomas de conciencia con carácter episódico de escasa durabilidad y permanencia en escenarios públicos, porque obedecen a la lógica noticiosa, anclada a la espectacularización de los hechos elevados al estatus de noticia. Eso sí, en específicas coyunturas esa conciencia episódica regresa para revalidar sentimientos, posturas y las sempiternas formas parciales de entender la complejidad de Colombia”.

Ese tipo de conciencia, individual y colectiva, se produce y la facilitan la falta de pensamiento y actitud críticas para asumir y entender asuntos públicos que nos interesan a todos. La nula comprensión de la historia del país, los sesgos ideológicos fruto del racismo, el clasismo y la aporofobia y una admiración ciega y reverencial de los americanos (léase, gringos) son elementos que se agregan de manera natural a ese proceso de construcción y consolidación de la Conciencia episomediática. Ahora que Abelardo se hinca ante Trump, huelga recordarles a los que padecen esa conciencia episódica que en más de 100 años de estar plegados a los intereses de la potencia militar y económica jamás Colombia alcanzó un desarrollo superlativo que le permitiera ser asumida como una economía emergente.

Los ciudadanos que exhiben, muchas veces sin saber, ese tipo de conciencia y que votaron en contra del proyecto progresista por odio a Petro son víctimas no declaradas de esa prensa que desde el 7 de agosto maquilla los exabruptos fiscales y económicos que cometerá Abelardo con el sobreendeudamiento del país, al tiempo que minimiza su discurso autoritario con visos fascistas. Eso de caminar entre cadáveres, querer violentar a las universidades públicas para capturar no solo a los históricos capuchos, sino a líderes estudiantiles que, alejados de acciones violentas, se destacan por sus claridades conceptuales; y el jugar a ser rabino, cura, pastor, profeta y fanático del “Gran Filósofo” Diomedes Díaz (condenado por el asesinato de Doris Adriana Niño) son imágenes que los medios masivos registran de manera acrítica.

Las audiencias que consumen a diario lo dicho por la prensa hegemónica abelardista van adquiriendo esa Conciencia episomediática de la que aquí hablo, que puede derivar en un problema cognitivo visible en la incapacidad de comprender, en perspectiva histórica, que la derecha neoliberal es la responsable de haber convertido a Colombia en uno de los países más desiguales del mundo; y que es la misma derecha que puso a De la Espriella en el solio de Bolívar para deshacer los avances que en materia social y de derechos logró el gobierno Petro. Que hubo corrupción en el gobierno progresista, por supuesto que sí. No se trata de negar esa realidad. Y lo más seguro es que una vez termine el gobierno de Abelardo- o quizás antes- el país sabrá que también hubo corrupción por una razón: el ethos mafioso en Colombia deviene naturalizado.  

Esos ciudadanos y ciudadanas que padecen esa Conciencia episomediática olvidaron de repente los casos de corrupción presentados en gobiernos neoliberales: Reficar, Odebrecht, los carteles de la hemofilia, del azúcar y del papel higiénico; el robo continuado de billonarios recursos públicos por parte de directivas de EPS y el OCAD Paz; y también dejaron en el olvido las ejecuciones extrajudiciales de más de 7.837 jóvenes asesinados por miembros del Ejército y presentados como guerrilleros muertos en combate; lo mismo hicieron con los hechos de Saludcoop, la Ñeñe política y más atrás la compra de la reelección presidencial inmediata de Uribe.

ESQUEMAS DE PROTECCIÓN PARA EL EGO

 




Por Germán Ayala Osorio

 

El clasismo y arribismo son dos conductas social y políticamente legitimadas. Tener esquemas de seguridad, sin tener reales condiciones de riesgo da cuenta de esas dos conductas muy propias de figuritas mediáticas (influencer y youtubers) que aprovechan sus cercanías con políticos para exigir que les asignen escoltas y camionetas blindadas o no, para sentirse importantes, reconocidas y visibles. Pasa también con congresistas, alcaldes, gobernadores e incluso, con sus familiares que suelen poner a los escoltas a que les compren el mercado, les carguen los hijos o lleven las ropa a la lavandería.

Sus propias vidas les resultan tan insustanciales a estas figuritas que creen que andar con escoltas para arriba y para abajo les da el estatus que se merecen, así sea transitorio porque una vez se produce el cambio de gobierno se ordenan análisis de riesgo, así como investigaciones de los procesos que derivaron en la asignación de esos esquemas de seguridad.

Lo peor del asunto es que hay líderes y lideresas sociales y políticas que en alejados territorios necesitan de verdad esquemas de protección para enfrentar amenazas reales de grupos al margen de la ley. Esos mismos líderes, para el caso del Pacto Histórico y durante el gobierno Petro, fueron víctimas del clasismo y el arribismo de hombres y mujeres que se la jugaron toda en las redes sociales por el proyecto progresista, pero cayeron en la vanidosa práctica de exigir esquemas de protección pensados más para alimentar sus frágiles egos, que para protegerlos de amenazas reales.

La sobreexposición egocéntrica y narcisista en las redes sociales, en defensa de un proyecto político, cualquiera que sea, no puede ser el criterio institucional para asignar esquemas de seguridad a quienes únicamente buscan sentirse importantes por la curiosidad que generan en la gente que sufre la incomodidad de ver hombres armados en los centros comerciales y restaurantes a los que asisten las figuritas mediáticas para exhibir a sus esquemas de seguridad.

Para lo único que sirve sentirse importante y reconocido al exhibir un esquema de seguridad es para confirmar que subsisten graves problemas de autoestima que la sobreexposición en redes sociales no pudo remediar o paliar. En particular, cuando me topo en la calle con camionetas de la UNP e incluso con esquemas de seguridad privada, me pregunto qué tan peligroso o dañino será aquel personaje que va ahí protegido por hombres armados. ¿Realmente se trata de esquemas de protección para vidas que están en riesgo o para exaltar egos en crisis que necesitan de este tipo de privilegios para sanar?





Nota: imagen tomada de El País de Cali. 

martes, 15 de septiembre de 2026

LO MEJOR ES DEJAR DE PENSAR

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La autocensura de los medios de información, previa censura a dos periodistas y un caricaturista y la decisión de las empresas mediáticas de no molestar al poder presidencial son circunstancias que se suman a la metanarrativa que el gobierno del pastor-presidente impulsa y que buscará entronizar en la sociedad en estos cuatro años de administración. Se trata de un mega relato que eleva a condición de riesgo a quienes osen expresar opiniones en función de sus cargos o críticas al gobierno o directamente al autócrata presidente-pastor para el caso de ciudadanos de a pie, periodistas independientes, agentes gremiales, docentes, sindicalistas, líderes y lideresas sociales y estudiantes. Quizás lo mejor sea dejar de pensar si se quiere conservar el puesto de trabajo, la dignidad e incluso la vida.

El miedo a pensar, a discernir, a opinar, a cuestionar y a vivir en función del espíritu libertario que acompaña a la democracia como idea y deber ser civilizatorio es el propósito final de la metanarrativa que desde el 7 de agosto De la Espriella impulsa con celeridad y constancia.

El más reciente desnombramiento- ya van varios en menos de dos meses- del director del DANE es una acción institucional con la que ese mega relato se convierte en realidad, esto es, entra a hacer parte de la praxis social y política. Como si se tratara de un emperador romano o un dictador hijo de una república bananera, De la Espriella chasquea los dedos y de inmediato sus vasallos corren a cumplir la orden recibida.

No es bueno para el país lo que se viene tejiendo desde la casa de gobierno con la aquiescencia de unas empresas mediáticas que entre el 2022 y el 2026 hostigaron al presidente Petro y convirtieron la consigna de “incomodar al poder” en un grito de guerra que acompañó la innoble tarea de exagerar, desprestigiar, mentir y ocultar las actuaciones del anterior gobierno. Ver y escuchar a los periodistas de Blu radio y Noticias Caracol, entre otros medios, leer sin cuestionar las “razones” que tuvo De la Espriella para echar al director del DANE genera terror porque sus periodistas no solo dejaron de pensar y discernir, sino que se ven felices sirviéndole al gobierno del pastor-presidente. Ricardo Ospina, de Blu radio, es uno de los estafetas del uribismo y ahora del abelardismo al que se le nota que anda de plácemes, sin advertir los daños que él mismo le está haciendo al oficio periodístico. 

La salida de un funcionario formado en el rigor técnico y científico de la estadística y con experiencia en el DANE deja dudas sobre las reales razones que llevaron al pastor-presidente a declararlo insubsistente (echarlo, más claro). ¿Será que ser honesto no paga en la Patria milagro porque la "batalla cultural" y en sí el proyecto político regenerador deviene inmoral? 

La directiva presidencial que prohíbe a sus ministros ofrecer ruedas de prensa constituye un rasgo característico de quien, envilecido por el poder alcanzado, duda de la lealtad de sus colaboradores, pero, sobre todo, deja ver la molestia que le genera tener que escuchar y reconocer a esos Otros que lo pueden superar en razón e inteligencia. De ahí que la mejor forma de garantizar la completa sumisión y la estulticia que siempre se deriva de ese tipo de relaciones de dominación es anularles-prohibirles- la capacidad de pensar. Cuando se deja de pensar y se actúa en “automático”, es más fácil cumplir con las órdenes recibidas en la medida en la que las cargas éticas y morales se desvanecen con cada orden ejecutada, hasta que la indignidad se hace costumbre.

Con su categoría la Banalidad del Mal la filósofa Hannah Arendt - y no precisamente el “filósofo” Diomedes Díaz- concluyó que un tipo como Adolf Eichmann efectivamente cumplía órdenes porque él mismo se consideraba una ficha más del sistema de anulación identitaria y desaparición física que crearon los nazis para asesinar a más se seis millones de judíos en lo que se conoce como el Holocausto. Eichmann dejó de pensar porque fue apenas un burócrata más, metido en la lógica gubernamental que impulsó el exterminio de los judíos.

El riesgo que corren los periodistas y funcionarios ordinarios que hoy acompañan a De la Espriella en su “batalla cultural” y proceso de regeneración moral (religiosa) de la sociedad colombiana es que pueden dejar de pensar y por ese camino terminarán legitimando, sin juzgar la validez de los argumentos y el espíritu que acompaña a las directrices que les están llegando de la Casa de Nariño.  

Le bastó un solo mes al pastor-presidente para dejarle claro a los colombianos que pensar, discernir, cuestionar, dirimir, dialogar, discutir, descifrar y reconocer a la Otredad son los viejos demonios de la democracia liberal y el progresismo. Y él llegó a la presidencia para hacer el milagro de acabar con esos espíritus malignos que no dejan consolidar el pensamiento único, el unanimismo y los regímenes de mano dura, sus mayores aspiraciones como presidente de la República.

Adenda: hay una gran diferencia entre leer y citar a Hannah Arendt y elevar a la condición de “Gran Filósofo” al cantautor vallenato, procesado y condenado por el homicidio de Doris Adriana Niño. Eso hace parte de nuestra idiosincrasia y carnavalesca realidad. Quienes por miedo al poder dejaron de pensar poco a poco se convertirán en las marimondas del Carnaval de Barranquilla con la certeza de que sus vidas, cortas por demás, serán como la de Joselito Carnaval.  Porque como dijo el “gran filósofo” Diomedes Díaz, citado por De la Espriella, “cuando uno se muere, dura mucho tiempo muerto”.





lunes, 14 de septiembre de 2026

EL DANE AL BOLSILLO DE ABELARDO



Por Germán Ayala Osorio

El presidente-pastor declaró insubsistente al director del DANE, Ricardo Valencia Ramírez, quien duró al frente de esa entidad apenas tres semanas. Un poco más que la ministra de Educación, Viviane Morales, quien habría salido por desencuentros ideológicos con el jefe del Estado.

La misma presidencia, a través de un comunicado explicó los motivos que generaron la salida intempestiva del funcionario: “La decisión se produce luego de que el saliente director, Ricardo Valencia, afirmara, sin que previamente se hubieran adelantado auditorías profundas, que no había encontrado anomalía alguna en los indicadores del DANE correspondientes al mes de julio, cifras producidas durante el último mes del Gobierno anterior”.

Sacar de esa manera al director del DANE hace pensar en la posibilidad de que la independencia técnica del organismo pueda quedar sujeta a las intenciones políticas  del Presidente de la República de darle manejo discrecional a la información oficial, mientras insiste en la narrativa con la que busca afanosamente desacreditar al gobierno Petro. Aunque en el mismo comunicado reitera que esa independencia se mantendrá, echar al funcionario por sus declaraciones iniciales deja ver a un presidente intolerante y caprichoso que busca total obediencia en los funcionarios del Estado de mayor visibilidad e importancia para la imagen del gobierno. De la Espriella, el mismo que ha dicho hasta el cansancio que respeta la institucionalidad, le metió la mano al DANE, irrespetó su independencia y autonomía y mandó una amenaza a todos los expertos que trabajan en esa entidad. Más claro: le dio un verdadero zarpazo a la institucionalidad derivada del funcionamiento de esa entidad estatal. 

El Gobierno Nacional reitera que la independencia técnica del DANE será respetada y garantizada. Nadie interferirá en su rigor científico, en sus metodologías ni en la producción objetiva de las estadísticas oficiales. Independencia técnica, sí. Posición política de un organismo técnico, no”. Lo cierto es que sacar a Valencia Ramírez constituye una forma de irrespeto a la independencia del DANE, organismo técnico que durante gobiernos anteriores le informó al país de manera autónoma sobre cifras de inflación, pobreza y desempleo, entre otros asuntos de interés nacional.  

Juan Daniel Oviedo, ex director del DANE rechazó la directriz presidencial con la que se coarta la libertad del funcionario para dar declaraciones al país. “Durante mi dirección, las ruedas de prensa fueron una decisión técnica para explicar las cifras y responder preguntas. La ley 2335 no obliga a hacerlas; pero sí impide que Presidencia decida por el DANE sus formas de difusión”.

La inflación viene creciendo y el país se aboca, por cuenta del fenómeno del Niño, a una sequía que impactará la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria, lo que presionará al alza el costo de los alimentos de la canasta familiar. Es en ese contexto en el que es posible advertir que posiblemente le interese a De la Espriella tener en el DANE a una ficha sobre la que pueda ejercer control y presión al momento de informarle al país sobre indicadores sociales y económicos que afecten negativamente la imagen de un gobierno empeñado más en mirar por el espejo retrovisor, que en asumir con seriedad los desafíos socioambientales, ecológicos y económicos del fenómeno del Niño y la reconstrucción real de las ciudades afectadas por el terremoto del 10 de agosto. De la Espriella está dejando ver con claridad que no conoce cómo opera el Estado y lo más preocupante es que su ignorancia en temas macroeconómicos la quiera encubrir con decisiones caprichosas e ideologizadas.

Con sus acciones, decisiones y actos de habla Abelardo de la Espriella está superando al entonces presidente Uribe, a quien el país recuerda como un hombre pendenciero y vengativo. La abrupta salida de Valencia Ramírez del DANE hace recordar la renuncia de César Caballero Reinoso entonces director de esa entidad en el gobierno del presidente antioqueño. En aquella oportunidad, Caballero renunció porque consideró moralmente inaceptable una instrucción presidencial que le ordenó “…cancelar una rueda de prensa donde revelaría los resultados de la encuesta sobre víctimas de la violencia en las grandes ciudades”. Caballero le dijo a la prensa que “…como funcionario y ciudadano considera que la información del Dane no le pertenece al Estado sino a la sociedad colombiana, y que tan pronto el Dane sienta que los datos cumplen con el rigor técnico debe hacerlos públicos de la manera más rápida y transparente posible”.

Si ese fue el criterio de Caballero Reinoso, cuál será el del nuevo director de la entidad estadística, Juan Manuel Alvarado Nivia, economista del Caribe; ¿llegará con uno propio o aceptará de manera sumisa el que le dicte De la Espriella? Quizás no lo sabremos nunca de su propia voz porque ya está sometido a la directiva presidencial que señala que ningún funcionario está autorizado para dar ruedas de prensa sin el visto bueno de presidencia. La cercanía de Alvarado al clan Char genera dudas sobre la independencia del nuevo director del DANE, pero sobre todo, de su obligación por hacer respetar el carácter técnico-científico de la entidad. Ojalá la comunidad académica (los estadísticos) estén vigilantes a la gestión del nuevo director del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. 



COLOMBIA, AGÚZATE QUE TE ESTÁN VELANDO




Por Germán Ayala Osorio

 

El proyecto de país que encarna Abelardo de la Espriella Otero deviene autoritario en lo político e ideológico lo que supone la puesta en marcha de una cruzada religiosa (moral)  que alienta lo que se conoce como “batalla cultural”, nombre que el mismo gobierno le dio a su avanzada en contra de la izquierda liberal, el feminismo y el progresismo; además, discurre violento contra los ecosistemas naturales-históricos pues quienes apoyaron su campaña y lo acompañan hoy en el gobierno son terratenientes, ganaderos (ganadería de baja producción que especula con el valor de la tierra), amigos y lobistas de las multinacionales mineras, palmicultores y azucareros, entre otros, que no solo hacen parte del grupo de negacionistas del cambio climático, sino que insisten en apostarle al modelo de la gran plantación y a la extensión de economías de enclave (minería a gran escala) en territorios protegidos por la ley y por comunidades ancestrales que siempre avergonzaron a los hijos de la élite que llevaron a De la Espriella al poder; y por supuesto que ese mismo proyecto apunta a desandar los pasos que alcanzó a dar el gobierno progresista de Gustavo Petro en materia de derechos sociales, libertades ciudadanas y comprensión histórica de los daños infringidos por la derecha neoliberal en cabeza de César Gaviria Trujillo, pasando por los gobiernos de Uribe y Santos, hasta terminar en la administración del subpresidente Iván Duque Márquez. El fin del País de la Belleza está cerca. 

Lo anterior es, digamos, el marco contextual en el que es posible visibilizar los objetivos y alcances de un proyecto político conservador en lo cultural e identitario, neoliberal en lo económico y fascista en lo social y político en la  medida en que el Otro se asume como un potencial enemigo al que hay que desechar, excluir, perseguir, estigmatizar, borrar y si es el caso darlo de baja porque no encaja en la patria milagro, nombre con el que se busca que ese proyecto de país se entronice como una apuesta moralizante que nos regresará al siglo XIX.

Frente a semejante desafío cultural el Pacto Histórico, como único partido en oposición y sus agentes más visibles están planteando una lucha política desorganizada y atomizada por los egos de una dirigencia que espera órdenes y pautas de su líder natural, Gustavo Petro Urrego. El excandidato presidencial Iván Cepeda Castro, colíder, ya demostró su débil liderazgo. A Cepeda hay que dejarlo tranquilo en su curul haciendo debates de control político. Su tiempo como candidato ya expiró. Hay que pensar rápidamente en otras candidatas o candidaturas. Es evidente que el propio Petro y la cúpula del PH no han diseñado una agenda nacional que ofrezca caminos de acción colectiva en los territorios por fuera de Bogotá con los cuales enfrentar la amenaza latente que rodea todas las decisiones y orientaciones que está tomando De la Espriella, un presidente que sigue actuando como si estuviera en campaña. Las divisiones y fracturas internas son evidentes. El PH debe superarlas cuanto antes. El círculo de poder que capturó a Petro y al propio partido debe comprender que insistir en operar como un partido poco democrático y alejado de los territorios no podrán recuperar el poder en el 2030. 

El pastor-presidente no ejerce un liderazgo real soportado en la comprensión sistémica de los desafíos que le impuso el terremoto del 10 de agosto e incluso de lo que supone ejecutar al pie de la letra su proyecto de país; su visibilidad mediática deja ver vacíos conceptuales y un pragmatismo ancorado más en la inercia institucional, que en la comprensión real de lo que el país está esperando que haga como jefe de Estado. En este punto se viene a mi mente la canción Agúzate, de Bobby Cruz y Ricardo Rey, cuando dice: “Y yo pasaría de tonto si no supiera. Que uno tiene que estar mosca por dondequiera. Y es por eso que yo digo de esta manera que este individuo no sabe en qué se metió (ajá)”. Colombia es una nación compleja y un país difícil de gobernar. Insistir en su ridículo saludo militar, lanzar vivas a Cristo Rey, desfilar entre cadáveres, meterse con la autonomía universitaria (pública) y creer que es viable gobernar mirando por el espejo retrovisor más parece una estrategia para ocultar su incompetencia y la angustia de no saber realmente “en qué se metió”.

A la censura de dos periodistas y el caricaturista Vladdo y la autocensura asumida por las empresas mediáticas en virtud  del miedo que les generó esos dos hechos, se suman los silencios de la Academia y otros agentes de la sociedad civil como la iglesia católica frente a las apuestas de un gobierno que con visos fascistas parece estarle apostando a ejecutar acciones insostenibles en lo ecológico, cultural y socioambiental, legitimadas por actores económicos y políticos que reducen la sostenibilidad a la viabilidad económica, fruto de una transacción política alejada de realidades territoriales complejas.

En particular, el silencio de las facultades de comunicación social-periodismo, incluso las de sociología, filosofía, ambiente y sostenibilidad resulta atronador. Preocupa porque De la Espriella y su gobierno le están apostando fuerte a consolidar el unanimismo ideológico y político que durante ocho años el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez impuso con el apoyo de la gran prensa, la misma que hoy se hincó al poder amenazante del pastor-presidente que dice estar “firme por la patria”. 

Superar en maldad a la administración Uribe parece ser el objetivo (in)moral y político del gobierno del tigre, con todo lo que significa identificarse con el nicho ecológico de ese gran felino y depredador. Produce terror pensar en la posibilidad del regreso de los crímenes de Estado (falsos positivos) y otras ejecuciones extrajudiciales. ¿Volverán los gritos "nos están matando"?

 

sábado, 12 de septiembre de 2026

COLOMBIA EN ESCENAS

 

 

Epa Colombia fue trasladada con esposas y cadenas a su audiencia en Ibagué Foto: Montaje SEMANA | X: @colombiaoscura - ESTEBAN VEGA LA-ROTTA / SEMANA

Por Germán Ayala Osorio

 

En estos tiempos de sobreexposición ególatra en redes sociales, las puestas en escena se volvieron pan de cada día, lo que facilita la construcción de realidades con las cuales sus participantes y creadores engañan a los públicos que las ven, las reproducen, las hacen virales y les dan el siempre esperado y exigido “me gusta”.

El pastor-presidente monta la macabra escena en la que se pavonea, como si tratara de un capo que acaba de dar un golpe a sus enemigos, entre los despojos mortales de 23 cadáveres de terroristas que cayeron bajo el bombardeo estatal. Algunos dudan que en las bolsas blancas hubiese realmente cuerpos despedazados; otros se preguntaron por qué razón no estaban en Medicina Legal o si la entidad oficial autorizó su traslado para el montaje de la cruel escena.

Un juez de primera instancia y ante una acción de tutela le ordenó al Gobierno y a los organizadores del teatrino bajar esas imágenes de las redes sociales por los efectos psicológicos que pueda generar su exposición. La Defensora del Pueblo, Iris Marín le recordó al actor-presidente que hasta la guerra tiene límites.   

Frente a los desastres dejados por el terremoto del 10 de agosto, el gobierno del pastor-presidente, con el concurso de las grandes empresas mediáticas autocensuradas, montan escenas en las que dan un parte de tranquilidad a la opinión pública de que la reconstrucción de las viviendas va bien, que el Estado está respondiendo al monumental desafío de devolverle a los damnificados la dignidad que resultó resquebrajada e incluso sepultada debajo de los escombros. Entonces, usan los casos más emblemáticos de cada ciudad afectada para entregar llaves simbólicas de nuevos apartamentos y anuncios presidenciales sobre los que la prensa hegemónica no parece interesada en hacerle seguimiento para verificar su cumplimiento. No. Eso de confrontar e incomodar al poder era parte del ejercicio periodístico para el periodo 2022-2026. Después de la censura contra las dos periodistas y el caricaturista Vladdo, las directivas de las acuciosas empresas mediáticas del pasado optaron por la autocensura.

Pasaron los días y una de las llamadas “mariposas amarillas” de Petro montó su propio performance horas después de haber aceptado que cometió el delito de fraude procesal en el caso conocido por la opinión pública en el que falsificó el acta de grado y el título de contadora pública de la Fundación Universitaria San José para acceder al caro de viceministra de Juventudes. Bueno, hay que aclarar que la hábil y hermosa (belleza artificial) Juliana Andrea Guerrero habló de un “error”, lo que no es otra cosa que la deconstrucción de un hecho jurídico probado que termina minimizado en el vocablo “error” porque supone que no hubo voluntad en cometerlo, cuando claramente los hechos dicen lo contrario. Sin duda alguna, una contradicción de los términos en los que se aprobó el preacuerdo firmado con la Fiscalía y validado por el juez de conocimiento que finalmente la condenó a tres años por el delito referido. El cinismo que Guerrero dejó ver en la puesta en escena, sentada cómodamente en un sillón, es muestra clara de que tiene el talante, el perfil y la fuerza suficientes para continuar aspirando a cargos ministeriales, de la mano del Pacto Histórico o de cualquier otro movimiento que reconozca su potencial como actriz principal. Sin duda alguna, su vida está en la política colombiana.

El preacuerdo, en sí mismo es una acción y pieza teatral en la que se le hace creer a las audiencias “que se hizo justicia” y que el aparato de justicia salió fortalecido porque no solo fue condenada la delincuente, sino porque se evitó el desgaste económico e institucional por el tiempo que se invertiría en demostrar la responsabilidad penal de la procesada, imputada y finalmente condenada. La verdad es que, por el contrario, la escena en la que el juez le “da cantaleta” a la condenada solo sirve para darle sentido de realidad al dicho que dice que la “justicia es para los de ruana”.

En otra escena que se hizo viral en el país mediático, bochinchero y farandulero vimos a la empresaria e “influencer” Epa Colombia, Daneidy Barrera Rojas, caminar esposada de pies y manos, acompañada de agentes del INPEC. Se trata, por supuesto, de un performance en el que la entidad carcelaria exhibe un cambio en las maneras en las que, en adelante, ciertos presos, serán movidos de sus celdas para algún trámite por fuera de los muros de las prisiones. Una exhibición de poder mas no de autoridad. La escena humilla y erosiona la dignidad de los presos, al tiempo que edifica una legitimidad mentirosa del INPEC, entidad estatal cuya historia de escándalos de corrupción de guardianes y directores de centros carcelarios confirma que la justicia en Colombia es para los más pendejos o los de ruana. ¿Por qué Santiago Uribe Vélez, condenado por homicidio y conformación del grupo paramilitar los 12 Apóstoles no fue exhibido con los grilletes que le pusieron a Epa Colombia? Todos sabemos la respuesta.

El primer mes del gobierno en la Patria Milagro transcurre en medio de performance con los que nos quieren hacer creer que el país, el Estado y su legitimidad van por buen camino, cuando no es así. Seguiremos viendo a un presidente-actor o actor-presidente mandando o diciendo que él está firme por la patria, su grito de guerra con el que ya está librando la anunciada “batalla cultural”, la película de terror ideológico, político y cultural que nos transmiten todos los días en vivo y en directo. Ojalá que el descongelamiento del porte y la venta de armas amparadas no termine siendo una purga callejera en la que caerá gente de verdad y no actores de reparto.



LAS CLAVES DE LA PATRIA MILAGRO


Por Germán Ayala Osorio

 

La Patria Milagro o el milagro a secas atrajo a millones de colombianos creyentes y temerosos de Dios a votar por el proyecto regenerador, en lo moral e ideológico, que encarna Abelardo de la Espriella Otero, visto por muchos como la “oveja descarriada” que volvió al rebaño (dejó de ser ateo) para entregarse en cuerpo y alma a Cristo Rey. Ese feliz retorno al corral se asume, en esas comunidades religiosas, como un primer milagro.

La aceptación social y política del poderoso eslogan y visión de Estado está atada a varios factores, sentimientos o circunstancias contextuales sobre las cuales vale la pena discurrir en esta columna. Pueden ser más e incluso se pueden reagrupar. Estos son: 1. El odio a Petro. 2. El miedo al comunismo. 3. La oportunidad para excluir. 4. La necesidad de un líder religioso. 5. La inconciencia de clase y 6. Los excesos de la democracia liberal. Empecemos con el número 1.

El constante hostigamiento de las grandes empresas mediáticas hacia el entonces presidente de la República y al hombre que estaba detrás de esa dignidad dio vida a lo que los estudiosos de la comunicación de masas reconocen como los “efectos sociales de los media”. Efectivamente, se generó tal nivel de animadversión hacia Gustavo Petro que votar por cualquiera que pudiera vencerlo e incluso ofreciera encarcelarlo se entendió como una esperanza casi bíblica en quienes llegaron a las urnas convencidos de que el otrora ateo era lo mejor para ellos y el país. Incluso en peleas de pareja el apellido Petro fue usado como adjetivo para descalificar: “sos tan mentiroso(a) como Petro” escuché un par de veces.

Sigamos con el segundo. A pesar de las evidencias cotidianas, incluso registradas en los propios medios de información masivos, que demostraban que no había llegado el comunismo o el socialismo a Colombia de la mano de Petro, en las calles, en redes sociales y en espacios institucionales, privados y públicos, el “coco” del comunismo-neocomunismo-socialismo seguía intimidando a ciudadanos pobres y de clase media. Incluso, gente formada y estructurada entró en el pánico generalizado que producía la presencia fantasmal del “comunismo”.

Pasemos al factor número tres. La sociedad colombiana se caracteriza por ser goda, clasista, gazmoña, camandulera, doble moral, racista y aporofóbica. La narrativa a la que apeló el progresismo para develar esas condiciones propias de una sociedad premoderna e incivilizada generó el efecto contrario: en lugar de avergonzar a los clasistas, aporofóbicos, camanduleros y racistas, ese discurso reivindicativo en favor de los más pobres y vulnerables le abrió las puertas a De la Espriella, el típico “levantado” que desprecia la vida de todos aquellos que no tienen cómo exhibir “clase, poder, mujeres, ropa fina y buen gusto”. Se trata, por supuesto, de una estrategia con la que se pretende ocultar un evidente proceso de deshumanización y del padecimiento del efecto Macbeth.

El sueño de tener a un líder religioso en la Casa de Nariño se cumplió para los fanáticos religiosos que, con Biblia en mano, llevaban años esperando ese momento divino para dejar salir su desprecio por las conquistas liberales expresadas en los derechos y la visibilidad de las perseguidas vidas de los miembros de la población LGTBIQ+. Las apuestas del movimiento feminista también entraron en el radar despreciativo de los llamados “Provida”, que se oponen a la despenalización del aborto y ven con ojos pecaminosos a las mujeres que se niegan a la maternidad. De la Espriella Otero repartió Biblias a sus ministros como un gesto incontrastable de su reconversión, de su voluntad por borrar el carácter laico del Estado y por supuesto de su decisión de dar la “batalla cultural” que nos devuelva a las cavernas aquellas en las que se levantaron nuestras abuelas y madres. Mujeres prácticamente obligadas a tener 10, 12 o más hijos para satisfacer las arrecheras de sus maridos y da cuenta de la obediencia a la iglesia católica que les decía todos los domingos que Dios les dio la obligación de procrear. 

El quinto elemento se mueve entre la cultura y la política. Millones de colombianos que “lograron salir adelante” (estudiaron, tienen casa propia y viven de un salario) se olvidaron de sus raíces campesinas y de las dificultades estructurales con las que lidiaron sus padres para poder darles una vida mejor. La esperada conciencia de clase se difuminó con el paso del tiempo, acompasada esa negación-desaparición en la inclusión en grupos sociales en los que por supuesto lo primero que se niega es el origen de clase, de dónde se viene. Por eso les resulta tan fácil odiar a los pobres, votar por los hijos y amigos de los responsables históricos de las difíciles condiciones de cientos de miles familias que en el pasado y aún hoy luchan para sacar adelante a sus hijos.

Y por último el sexto factor bien podría servir de gran contenedor en el que es posible guardar los cinco anteriores: los excesos de la democracia liberal. Asuntos como los derechos y libertades ciudadanas, asumidas por los sectores conservadores y godos que acompañan a De la Espriella en su falsa p ero efectista cruzada moral, vienen siendo asumidos como un riesgo para la vida religiosa y contemplativa y claro, para las élites premodernas, terratenientes y laboralmente explotadoras que se oponen al reconocimiento de derechos y libertades. La democracia en sí misma, para esos sectores societales, constituye un mal superior para quienes asumen que el poder y la cultura hegemónica están legitimados por los valores cristianos de sus más visibles y poderosos agentes: son altruistas, generosos; generan empleo y eso de exigir derechos constituye un desagradecimiento de parte de los empleados. No importa cómo consiguieron sus fortunas, es la “gente de bien”.

Después de un mes en el poder ya una parte de la sociedad, quizás la mejor formada en pensamiento crítico y comprensión lectora, es consciente de los riesgos que trae la consolidación de un régimen de mano dura y regenerador moral e ideológico como el de Abelardo de la Espriella Otero, el pastor-presidente que a petición de casi 13 millones de creyentes, el Señor Jesucristo les hizo el milagro de sentarlo en el itinerante solio de Bolívar.

 

 

viernes, 11 de septiembre de 2026

ACERCAMIENTOS PETRO Y CLAUDIA LÓPEZ




Por Germán Ayala Osorio

 

La posibilidad de que el expresidente Gustavo Petro y Claudia López Hernández limen asperezas y logren reunirse de nuevo en torno a las ideas progresistas y al Pacto Histórico (PH), suena inconveniente hasta tanto el PH no haga un auto análisis de lo positivo y negativo que dejó el paso de Petro por la Casa de Nariño. Además de revisar críticamente el papel que hasta ahora están desempeñando como fuerza opositora al actual gobierno.

Para reencontrarse, tanto López y Petro deben estar dispuestos no solo a tomarse un café y superar las desavenencias y mutuas acusaciones de traiciones, sino a revisar el lugar que piensan darles a sus liderazgos de cara a las elecciones regionales, a las presidenciales en el 2030. Y lo más importante: unirse para enfrentar los desafíos sistémicos-verdaderas amenazas- que implica para el país, la sociedad, la biodiversidad y el carácter laico del Estado los visos autoritarios y fascistas de Abelardo de la Espriella, el primer pastor y therian en convertirse en presidente de la República.

López Hernández arrastra ya un fuerte desgaste en su imagen como mujer política. Su oportunismo y “veletismo” político e ideológico menguaron su legitimidad y carisma, lo que hace pensar en que su reencuentro con Petro en lugar de servirle a la causa progresista podría resultar contraproducente. Ese examen lo deberán hacer Petro y López y sus equipos de trabajo más cercano.

La condición de Petro como expresidente de la República igualmente puede jugar a favor o en contra del progresismo en su tarea de “reinventarse” después de reconocer los graves errores que se cometieron durante el gobierno Petro.

Es claro que se requieren de nuevos liderazgos y dinámicas. El caso de Iván Cepeda debe ser revisado con urgencia. El excandidato presidencial y congresista exhibe hoy una imagen desgastada que se suma a su acartonado perfil academicista y nulo carisma. Es tiempo de mirar los perfiles de mujeres como la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba Curi y la exministra Carolina Corcho. Para ello, el machismo que le impidió a la segunda convertirse en candidata presidencial debe ser proscrito de las entrañas del PH. Al igual que las rencillas entre mujeres al interior de esa colectividad.

El PH debe entender y aprender de los errores cometidos durante la campaña electoral y revisar muy bien los aciertos del proyecto populista, con visos fascistas, que encarnó y encarna De la Espriella. Enfrentar a las granjas de bots, al discurso religioso, moralizante y peligrosamente estigmatizante que el actual gobierno dejará consolidado y a la prensa hegemónica que aceptó sin chistar la censura oficial a dos periodistas y al caricaturista Vladdo amerita sentarse a analizar estrategias para enfrentar semejante desafío.

Hay que examinar con juicio el liderazgo y la forma de gobernar de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Y en particular, el manejo que le ha dado a las siempre conflictivas relaciones políticas con el degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Los cuatro años en la Casa de Nariño representaron para el progresismo una oportunidad única para cambiar o modificar en algo las costumbres políticas en un país como Colombia en el que el ethos mafioso se naturalizó de tal modo que la política es asumida como una forma de negocio y bolsa de empleo a la que se llegan de muy diversas maneras con un solo objetivo: enriquecerse o por lo menos sacar tajadas millonarias.

La idea y propuesta del cambio se le vendió al país en términos maximalistas y utópicos. Lo mismo ocurrió con la Paz Total, una suerte de utopía político-militar fincada en una lectura ingenua de las realidades contextuales de unos grupos armados ilegales que perdieron hace rato su naturaleza política: son estructuras mafiosas. Punto.

Al final, esa utopía y ese maximalismo terminaron haciendo parte constitutiva de la espada de Damocles que pesadamente cayó sobre el proyecto progresista y sus más representativas figuras: el presidente Petro y su círculo más cercano de áulicos, casi todos del M-19. Petró dejó por fuera a congresistas que de tiempo atrás venían luchando en espera del momento de ser gobierno. Pero vendría lo peor: las pruebas fehacientes que confirmarían que la corrupción pública y privada jamás será proscrita por una razón fundamental: hace parte de la cultura, esto es, es una forma de ser y estar en el mundo y relacionarnos.

Que hubo corrupción, por supuesto; que se cometieron garrafales errores, claro que sí; y que se despreciaron genuinos liderazgos en los territorios por favorecer a esbeltas figuritas mediáticas que la prensa hegemónica llamó las “mariposas amarillas” de Petro, resulta innegable. El caso de Juliana Andrea Guerrero, confesa y condenada corrupta, confirma que el presidente Petro se equivocó al “retar al país” con ella por ser “joven y revolucionaria”, quizás como una manera de ocultar o proteger a quienes estuvieron detrás de esa figura emergente y prominente en la que quiso convertirse la señora Guerrero. Al final, terminó mal y afectó en materia grave la credibilidad del Pacto Histórico.

Las fuerzas progresistas están en mora de auto evaluarse. Y ello incluye examinar con criterio la conveniencia o no del regreso de Claudia López a las propias huestes. Que lime asperezas con Petro está muy bien como gesto y mensaje de reconciliación en un país sumergido en odios y venganzas; pero hay que revisar muy bien lo que aportaría la exalcaldesa de Bogotá al renovado proyecto político que debe salir si entienden que deben auto examinarse e incluso repensarse. Lo hecho por los cinco congresistas del PH en la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes es vergonzoso porque podría significar un pacto por la impunidad en favor del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Son muchos los temas que deben tocarse al interior de la colectividad si de verdad quieren ser nuevamente alternativa de poder. 

 

 


jueves, 10 de septiembre de 2026

UN MES DESPUÉS

 





Por Germán Ayala Osorio

 

El 7 de septiembre cumplió un mes de estar al frente del Estado Abelardo de la Espriella Otero, el político-actor o actor-político que unos días se disfraza de pastor, gobernante eficiente  y Mesías y otros los dedica a fungir como sirviente de Donald Trump, capataz y fino sepulturero que camina entre cadáveres para calcular las medidas de sus mortajas o cajones y claro, para tomarle el pulso a la opinión de quienes le aplauden a rabiar su decisión de acabar con los “malos”, pero sobre todo, por exhibirlos como trofeos que brillan a pesar del estado de autólisis de esos despojos mortales.

Tres días después, Dios lo puso a prueba provocando el terremoto, suceso que también cumplió un mes. Ambos eventos comparten la tragedia de la muerte, la esperanza de la reconstrucción física de las ciudades y pueblos afectados por el terremoto y lo más importante, la restauración moral de la sociedad que por cuatro años fue víctima de ideas progresistas. De ahí que la batalla cultural sea el camino de la regeneración de una sociedad que cayó en el abismo de la inmoralidad al insistir en darle visibilidad y reconocerle derechos a la población LGTBIQ+ y por supuesto a las mujeres para decidir sobre sus cuerpos, maternidad y sexualidad. La fantasmal ideología de género debe ser combatida con toda la fuerza espiritual y moral de un Estado laico en proceso de reconversión. Quizás jamás seamos una teocracia, pero el país godo, puritano, gazmoño y camandulero ya probó que es posible poner en la Casa de Nariño a un pastor. En el 2030, volverán a intentarlo, ya con el consagrado reconocimiento de San Abelardo, el regenerador de las almas perdidas. 

Un mes después es insuficiente para hacer evaluaciones del manejo de esos dos sucesos en la medida en que ambos están atravesados por el ejercicio del poder y la política, factores que, atados a las entrañas de la condición humana y la cultura dominante, siempre serán motivo de críticas, alabanzas y aleluyas, dependiendo desde dónde se hagan las evaluaciones y cuestionamientos. De hecho, los desastres dejados por el terremoto se alejan de la condición natural del fenómeno si se revisan con cuidado el incumplimiento de las normas de construcción (sismorresistencia) y se visibilizan los errores de los poderosos urbanizadores y de quienes, para el caso de Cali, le apostaron a sepultar al río Cañaveralejo que corría por el sur de la capital del Valle, la zona más afectada por el movimiento telúrico.

Hemos visto a un pastor-presidente, therian, capataz, cuasi militar y sepulturero viajando en helicóptero y caravanas de carros blindados de un lado a otro, llevando promesas de soluciones a los damnificados, la palabra de Dios y su espiritual Viva Cristo Rey con el que el jefe del Estado se siente iluminado, elegido y ungido por el ser superior.

Insisto: el terremoto del 10 de agosto y el triunfo electoral de la ultraderecha devienen como sucesos trágicos y dolorosos. Las evidencias del primero son incontrastables y hay los suficientes registros periodísticos que nos permiten entender y comprender la gravedad de los daños generados; sobre el segundo evento o suceso se esbozan poderosos y peligrosos símbolos, así como decisiones cuyos efectos los veremos en el mediano y largo plazo. Por ejemplo, la guerra declarada contra los cultivos de uso ilícito, fumigados en adelante con glufosinato de amonio, un poderoso herbicida y defoliante, peor que el glifosato, ya usado como madurante de los cultivos de caña de azúcar.

La posibilidad de que el gobierno le entregue a los Estados Unidos las “tierras raras” para su beneficio y las operaciones militares conjuntas hacen parte de la misma estrategia de despojo de las tierras a los campesinos. Viviremos, muy seguramente, una nueva y definitiva ola desplazamientos forzados de campesinos, indígenas y comunidades afrocolombianas. Y la promesa de realizar actividades de fracking, a lo que marque, como dijo en campaña el pastor-presidente.

Falta aún mucho tiempo para evaluar los efectos morales, económicos, socioambientales, ético-políticos y ecológicos que dejará el gobierno de Abelardo de la Espriella. Pero hay mensajes, discursos y símbolos que, un mes después, hacen pensar en que su paso por la presidencia dejará daños severos que se asemejan a los que dejó el terremoto de 7.4 grados. O quizás los que dejó la mega avalancha del 26 de agosto en Nepal. 

 


Nota:imagen tomada de Semana.com 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

¿HACIA DÓNDE VA COLOMBIA?

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Un mes después de haberse posesionado como presidente de la República, Abelardo de la Espriella Otero va dejando claras las características del camino ético-político, moral y cultural que dejará para que los colombianos decidan- si es que ya no lo hicieron- si continúan dándole cabida a las ideas progresistas y liberales reinstaladas por Petro en sus cuatro años de mandato, o si por el contrario, sobre la proscripción de aquellas, el país opta por regresar a la oscuridad que siempre acompaña al discurso religioso, a la religiosidad misma, al fanatismo político y al desprecio por el cuerpo y el pensamiento liberal y liberador del yugo de los que de manera ciega, hipócrita y apasionada creen en mandatos divinos, mientras libran vibrantes y febriles luchas internas contra sus propios demonios. Montaigne decía que “la religión no ha tenido fundamento humano más cierto que el desprecio por la vida”.

Instalado en el poder omnímodo de un jefe de Estado de una república bananera, el therian y pastor-presidente jamás matizó la amenaza que lanzó en tono bíblico contra los petristas y progresistas asumidos por este agente regenerador de nuevo cuño como “enemigos de la patria”. Su desfile jactancioso y fierabrás sobre los 23 despojos mortales de igual número de “enemigos de la patria” confirmó su desprecio por la vida de los diferentes, sean terroristas o no, pero, sobre todo, mostró su animadversión hacia la dignidad de los muertos exhibidos como trofeos en perfecto estado de autólisis.

La censura oficial-corporativa contra las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo y el caricaturista Vlado ha sido minimizada por la prensa tradicional y los colegas que decidieron no poner en riesgo la lonchera. La autocensura es un tipo de mordaza peor que la censura en la medida en que el periodista encarcela su propia lengua y deslegitima su propio derecho a pensar, a opinar. Como si se tratara de los agentes nazis que simplemente cumplían órdenes en los tiempos del holocausto, los periodistas que se autocensuran dejan de pensar para convertirse en las simples arandelas de la máquina de desinformación y posverdad que ya opera en Colombia.

Los colegas periodistas que ya agacharon la cabeza ante el poder presidencial pasarán a la historia como cómplices no solo del gobierno, sino de la construcción de esas inmorales placas huella sobre las cuales ya estamos caminando de regreso a los tiempos de la quema de libros, señalamientos públicos y privados de impíos; a la persecución de homosexuales y mujeres. A estas últimas no por “brujas” sino por aplazar el deber divino de ser madres y lo que es peor por atreverse a abortar en las circunstancias que llevaron a la Corte Constitucional a despenalizar el aborto. Mujer violada y embarazada por su victimario debe dar a luz a la criatura concebida con violencia, porque así lo dispuso el más retardatario de los políticos colombianos de todos los tiempos: Enrique Gómez, nieto del tenebroso Laureano Gómez.

Vista la cultura como una segunda naturaleza, De la Espriella Otero está dejando las huellas y las rutas y prácticas culturales que llevarán a la sociedad colombiana a exhibir sin pudor que la condición humana, aviesa como ninguna otra, tiene en millones de colombianos, por lo menos en casi trece millones que lo votaron, a su más nítida e insuperable expresión, alimentada por aquellas fuerzas económicas y políticas internacionales que están naturalizando el desprecio de la vida a través del genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y la persecución étnico-lingüística que declaró Trump contra los migrantes latinos.

La historia de la humanidad y de la iglesia católica misma se han alimentado y legitimado de las dicotomías cuerpo-alma y buenos-malos. Sobre esta última dualidad el país ya vivió y experimentó las moralizantes y paradigmáticas lecturas que impuso Álvaro Uribe Vélez, el premoderno, violento y pecaminoso Mesías que le mostró el camino a De la Espriella, su más aventajado discípulo. El therian presidente que se cree tigre -en la naturaleza es un magnífico depredador- ya se encaramó en lo más alto de la cadena ideológica, moral y ética que años atrás los conservadores, los del Opus Dei y otras yerbas construyeron para determinar quiénes tienen o no el derecho a vivir en la Patria Milagro.

Durante la campaña presidencial, el entonces candidato presidencial dijo que “Colombia atravesaba por su momento más oscuro y que él sintió un llamado patriótico para salvar al país. Por el contrario, millones de colombianos sentimos que desde el 7 de agosto de 2016 estamos regresando a los momentos de mayor oscuridad, penumbra y opacidad que ya vivimos durante los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez.  Descongelar el porte de armas amparadas por el Estado es otra de esas medidas y acciones que harán posible tramitar nuestras diferencias a balazos, como corresponde en repúblicas bananeras. De la mano de Cristo Rey, estamos de regreso al más ominoso pasado. 

Quizás sea tiempo, para los que aún no lo hicieron, de leer y releer El país de las emociones tristes, de Mauricio García Villegas. A lo mejor, después de su lectura empiezan los abelardistas a entender- no espero tanto, la verdad- que los caminos que está trazando su ídolo y pastor-presidente nos conducirán hacia la barbarie de los años 80 y 90. Termino esta columna con esta cita del referido libro: “Tal vez deberíamos dedicar más tiempo a mejorar los arreglos emocionales que heredamos del pasado; a mitigar los rencores y domesticar las furias; a pensar menos en las guerras que tenemos que librar, en los enemigos que debemos aniquilar, en las cuentas que tenemos que saldar; a no caer en las trampas del  individualismo ciego…”.

LAS INMORALES PRIORIDADES DE ABELARDO GABRIEL

Por Germán Ayala Osorio   Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, como jefe de Estado, desde el 7 de agosto viene mandando mensajes que ...