domingo, 24 de mayo de 2026

EL HERALDO, EL NUEVO MENSAJERO DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

El Heraldo hizo público su respaldo al candidato presidencial Abelardo de la Espriella. La postura que asume la casa editorial puede ser asumida como un ejemplo de “transparencia política e informativa” frente a sus lectores y en general con las audiencias.

Con dicha decisión el medio informativo deja de lado su rol periodístico para priorizar la condición de actor político con todo y los riesgos que aparecerán al momento de criticar las decisiones que Abelardo de la Espriella adopte en su calidad de presidente de la República.

Eso sí, ese respaldo tiene unas implicaciones ético-políticas que, para el caso, terminarán por afectar la credibilidad de un medio que decide apoyar a un candidato presidencial que interpuso más de 109 demandas contra periodistas por haber confrontado sus actividades de abogado defensor de bandidos y recientemente por sus relaciones con Alex Saab, ficha clave del sucio régimen venezolano, hoy en manos de la justicia gringa. De la Espriella demandó a la columnista Cecilia Orozco Tascón por llamarlo “filipichín”. Ese es el talante del abogado. 

Con su decisión, El Heraldo minimiza el acoso judicial que De la Espriella viene implementando en contra de colegas, al tiempo que legitima las acciones judiciales del candidato presidencial. En lugar de solidarizarse con los periodistas demandados por hacer uso del derecho a la libre expresión y en ejercicio de la libertad de prensa, El Heraldo se pone del lado de quien podría convertirse en presidente de la República. Grave. Inconcebible. Con su respaldo al candidato de la ultraderecha neoliberal, rentista, precapitalista y violenta, El Heraldo aseguraría que el abogado “picapleitos” no demandará a los periodistas que decidan criticar sus decisiones como jefe del Estado.

A El Heraldo “le valió mondá” el vergonzoso episodio en el que el candidato presidencial intimidó y acosó “al aire” a una periodista para que examinara una fotografía en la que, según el propio abogado, se le “veía grande el paquete” (léase, la verga o mondá). Y si a Usted le parece vulgar el uso de aquellos vocablos, permítame decirle que así de obscena, sicalíptica y hedionda es la decisión editorial del medio de acompañar electoral, periodística y políticamente al perfumado abogado que considera que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. 

Lo curioso y contradictorio es que la directora de El Heraldo, Erike Fontalvo, hasta hace poco más de una semana despotricaba de Abelardo de la Espriella. En su cuenta de X, la periodista espetó: "Discursos estigmatizantes, machistas o misóginos contra la prensa enrarecen el ambiente- ya hostil- de la campaña. El candidato De la Espriella equivoca su proceder y asegura munición política a sus adversarios, degradando el debate. En la recta final, cada acto tiene efectos". 

Al parecer, a Fontalvo le dieron la orden desde el clan Char de cambiar de parecer y aceptar a regañadientes el apoyo editorial (político) al abogado "mata gatos". ¿El apoyo a De la Espriella de parte de El Heraldo es uno de los efectos de los que habló en su trino la editora? ¿Saldrá en los próximos días del cargo, a pesar de la evidente incoherencia ético-política en la que incurrió?

Aunque El Heraldo asegura en su comunicado que no renunciará a cuestionar y exigirle cuentas a De la Espriella, su condición de mensajero resulta problemática para un país en el que las grandes empresas mediáticas llevan cuatro años tratando de deslegitimar al gobierno Petro, a través de mentiras, tergiversaciones y tratamientos periodísticos sesgados.

El Heraldo anunció públicamente que será el mensajero, mandadero y estafeta del candidato presidencial y eventualmente del próximo jefe del Estado. Eso sí, no hay mucha diferencia entre el anuncio público del periódico barranquillero y los taimados apoyos que otros medios vienen ofreciendo al aspirante presidencial de la ultraderecha. Al final, todos juegan a la política para recibir millonarias sumas de dinero en pauta oficial. Lo más probable es que desde la sala de redacción de El Heraldo se empiece a escuchar el grito “Firme por la Patria”; o en su defecto, “Firmes por la Pauta...oficial”.

ACKERMAN Y CORONELL CONTRA ABELARDO DE LA ESPRIELLA

 



Por Germán Ayala Osorio

A pocos días de la primera vuelta presidencial, activistas, reconocidas abogadas y destacados periodistas afines al proyecto progresista y otros de derecha y defensores pasivos del Establecimiento enfilan baterías para develar el verdadero talante del abogado Abelardo de la Espriella, flamante candidato presidencial de la ultraderecha neoliberal, precapitalista, violenta y rentista.

Daniel Coronell, el archienemigo del expresidente Uribe, de tiempo atrás se puso a la tarea de desenmascarar a De la Espriella. Publicó en la revista Cambio dos columnas en las que "ataca" al abogado cordobés. En su más reciente columna, intitulada Los giros de Alex Saab, el avezado periodista señala que “el candidato presidencial Abelardo de la Espriella se benefició con giros de dos empresas que Alex Saab usó para enriquecerse a costa del hambre del pueblo venezolano”. Coronell aclara que le preguntó a De la Espriella si se había beneficiado de transferencias bancarias de las dos empresas de Alex Saab o si este le había girado dineros a terceros para atender negocios u obligaciones de él. No me respondió”.

En la misma revista Cambio, el reportero Johir Ackerman escribe la columna En el mapa de los CLAP, con el mismo objetivo periodístico y político de Coronell. En el texto se lee: “Pero la persona que aparece más cerca de Saab en múltiples mapas de investigación e inteligencia presentados ante autoridades de Estados Unidos es el abogado Abelardo de la Espriella. No aparece en un mapa cualquiera, sino en una red que mezclaba familia, sociedades offshore, alimentos subsidiados, contratos públicos venezolanos, intermediarios mexicanos, funcionarios chavistas, rutas portuarias, contadores y empresas de fachada. Abelardo no aparece en la periferia, sino cerca del centro, junto a Saab, identificado como abogado y apoderado de su núcleo familiar. Según esos documentos, es uno de los nombres más próximos al empresario barranquillero que hoy vuelve a estar acusado en Estados Unidos por el negocio de los CLAP”.

Mientras que Coronell y Ackerman, periodistas de centro derecha, intentan desenmascarar a De la Espriella, la revista Cambio en la que los dos publican sus columnas e investigaciones periodísticas, abre su edición digital con los resultados de la encuesta del Centro Nacional de Consultoría, a una semana de las elecciones. El titular es contundente: La última encuesta antes de la primera vuelta: Cepeda y De la Espriella, cabeza a cabeza; Paloma, a veinte puntos. “La última foto antes del día decisivo muestra un escenario inédito: el senador tiene una ventaja mínima sobre el abogado en los escenarios de primera. Y en segunda vuelta el abogado le sacaría una ventaja mínima. Paloma Valencia en alerta máxima”.

Mientras estos reporteros hacen la tarea de quitarle el velo al falso outsider de la política criolla, sus colegas de medios masivos se niegan a amplificar las opiniones negativas publicadas en medios alternativos y redes sociales en contra el abogado y candidato presidencial. Todos los “ataques” periodísticos contra Abelardo de la Espriella tienen de fondo la pérdida de aceptación de la campaña de Paloma Valencia, sobre quien el propio expresidente Uribe y sectores amplios de la derecha uribizada tienen dudas sobre su real capacidad de gobernar al país. Va quedando claro que la candidatura de Valencia cumplió el rol de distractor y ella, el de comodín. 

Hay periodistas - no todos militantes y cercanos al proyecto progresista- que buscan afectar negativamente la imagen y campaña de Abelardo de la Espriella por los riesgos reales que representa para el orden constitucional el ultraderechista que admira a Milei y a Bukele. A lo que hay que sumar el acoso judicial emprendido por el candidato presidencial contra los periodistas que osaron confrontar su pasado como amigo y defensor de perfumados y peligrosos bandidos. Hay registro de por lo menos 109 demandas contra periodistas. 

Cambio es una revista con una línea editorial que bien se puede catalogar como de centro izquierda, con visos de social democracia, sin que ello represente un desafío político y periodístico para el devenir del Establecimiento. Aunque no exhibe tratamientos periodísticos tan sesgados y dogmáticos como los de Semana, sendas críticas hacia el gobierno Petro no fueron bien recibidas en las huestes petristas.

Para Coronell y Ackerman un gobierno de Abelardo De la Espriella sería catastrófico en lo periodístico por cuanto que no habrían logrado el objetivo de afectar su imagen y campaña; al final, una vez sentado en el Solio de Bolívar, Cambio podría hacer ajustes a su línea editorial. Y quizás los dos avezados reporteros, también. Ya veremos qué efectos electorales producen las columnas anti-Abelardo publicadas en Cambio, así como la más reciente portada en la que el abogado “mata gatos”, de acuerdo con la encuesta citada, sería el virtual presidente de la República.



Nota: imagen tomada de la revista Cambio. 

sábado, 23 de mayo de 2026

¿QUÉ PASÓ DESPUÉS DEL TINTO ENTRE VALENCIA Y FAJARDO?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El café entre Paloma Valencia Laserna y Sergio Fajardo Valderrama terminó siendo un encuentro para insistir en la narrativa catastrofista con la que la derecha, incluida la uribizada, espera contrarrestar un eventual triunfo de Iván Cepeda Castro, el candidato del gobierno Petro. 

Valencia y Fajardo se cuidaron de hablar de “neocomunismo o castrochavismo”, pero Paloma Valencia usó los vocablos estatismo y abismo en los que confluyen sus manidas frases “hay que recuperar a Colombia porque está en riesgo la democracia, el equilibrio de poderes, la constitución y las libertades”.

Fajardo, entre tanto, aprovechó la “espontánea” invitación de la ungida del expresidente Uribe para tratar de borrar su pasado uribista y en particular su admiración hacia el político antioqueño que Valencia supo recordarle: “Usted conoce al doctor Uribe. Usted trabajó con él cuando fue alcalde de Medellín”, le dijo la nieta de Guillermo León Valencia. Entre tanto, el visitador de ballenas en Nuquí no oculta su obsecuencia con el exmandatario y exconvicto, a quien insiste en llamar “presidente”. Quizás su equipo asesor le recomendó que asociara a De la Espriella con el expresidente Uribe, como respuesta a la "insolencia" de Paloma que le recordó a Fajardo su militancia en el uribismo. La incomodidad de Valencia Laserna fue evidente.

¿A quiénes la hablaron Valencia y Fajardo? Al parecer, el exalcalde de Medellín en los tiempos de Don Berna le habló a los indecisos, a los sectores que creen en un fantasmal centro; a las altas cortes y a específicos agentes económicos de la sociedad civil a los que Fajardo defendió en el pasado, pero que hoy están con Abelardo de la Espriella. Este perfumado abogado es la mezcla perfecta entre neoliberalismo económico y un Estado militarista: formas de violencia simbólica, física e institucional con las que pretenderá echar para atrás las reformas sociales de Petro, la reforma agraria y todas aquellas acciones que resultaron beneficiando al pueblo trabajador y campesino.

Mientras que Valencia Laserna le envió mensajes a la derecha uribizada que la siente “tibia” e incapaz de gobernar al país, frente a la propuesta de mano dura que ofrece De la Espriella. También a la no uribizada que está apoyando la candidatura del abogado penalista que admira a los presidentes Milei y Bukele.

En medio de mutuos y melifluos halagos, Fajardo y Valencia se tomaron un tinto que de poco o nada servirá para cambiar la realidad política y electoral definida en las candidaturas y las disímiles visiones de país que tienen Cepeda y De la Espriella. Mientras que Cepeda le apuesta a consolidar las reformas sociales sin cambiar el modelo económico y político, Abelardo de la Espriella les ofrece a los colombianos el regreso de la seguridad democrática y la devolución del Estado a quienes por derecho natural deben explotar: la clase política tradicional que de manera ladina el “tigre” critica en la plaza pública y niega apoyos. 

Para enfrentar los fríos, pero preocupantes guarismos de la reciente encuesta de Invamer, Fajardo apeló a la ya conocida estrategia de generar miedo e incertidumbre. El exgobernador de Antioquia considera que el llamado de Petro a una Asamblea Nacional Constituyente es una “declaración de guerra” que terminará en un estallido social. Y se presentó como un defensor de la constitución de 1991, eso sí, de su carácter formal, esto es, sin profundizar derechos que incomoden a la élite que Fajardo siempre defendió y defiende. 

Al final, Fajardo y Valencia comparten el mismo proyecto de país: el de los privilegios para banqueros y clase empresarial rentistas y precapitalistas; el de la violencia legítima del Estado, aplicada y extendida a sectores de izquierda; el de una democracia procedimental y formal pensada no para garantizar derechos y una vida digna para las grandes mayorías, sino en una difícil de aplicar a las realidades de la “Colombia profunda” y la de los cinturones de miseria de las urbes.

El tinto terminó en un trago amargo para quienes ante las cámaras se muestran preocupados por la polarización y la violencia verbal y física entre petristas y uribistas, pero que saben que de llegar Abelardo de la Espriella al Solio de Bolívar ellos recibirán los beneficios que se merecen por haber defendido durante su vida política a los agentes del viejo Establecimiento que hizo de Colombia uno de los países más desiguales del mundo. Al final, Valencia Laserna y Fajardo Valderrama son derechosos, neoliberales y  uribistas.

viernes, 22 de mayo de 2026

A PROPÓSITO DEL CAFÉ ENTRE FAJARDO Y PALOMA VALENCIA

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna invita a Sergio Fajardo Valderrama a tomar juntos un café, justo después de la última encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, en la que el candidato Abelardo de la Espriella supera en intención de voto a la congresista caucana.

Fajardo aceptó tomarse el tinto con Valencia y propuso que el encuentro y la tomada del café se hagan de cara al país; además, el exgobernador de Antioquia insistió en que el país necesita de un cambio serio, resultado de la superación de la polarización atada a los nombres de Petro y Uribe. Ese es el estribillo con el que Fajardo evita criticar la corrupción de las EPS, la avaricia de los banqueros y otros miembros del Establecimiento colombiano. La tibieza de Fajardo deviene atada a su deseo de seguir siendo una ficha del viejo régimen de poder, pero esta vez sirviéndole desde la Casa de Nariño.

La rápida respuesta de Fajardo a Paloma Valencia se explica porque su campaña, de acuerdo con la encuesta de Invamer, no despegó: no supera el margen de error. Bajo esa circunstancia el matemático antioqueño se sigue vendiendo como el único capaz de “superar la polarización”. Fajardo asume la polarización como un perverso, inmoral, perjudicial y enfermizo fenómeno psico-social, cultural y político que impide al país superar problemas estructurales como la corrupción, pobreza, desigualdad, inseguridad urbana y la violencia en el campo, así como el subempleo, entre otros. Fajardo reduce la complejidad de los problemas del país al cruce de improperios y narrativas violentas entre petristas y uribistas. Y a partir de ese reduccionismo, Fajardo evita hablar de profundizar los cambios sociales en los que el gobierno Petro logró avanzar a pesar de la oposición de las altas cortes y el Congreso.

La polarización existe o se presenta porque hay dos modelos muy diferentes de pais: el que impuso con violencia la derecha y consolidó el uribismo y el del progresismo en cabeza de Petro. El primero representa la codicia de la clase dirigente y el segundo el despertar de los subordinados y sometidos por la élite política y económica tradicional. 

Fajardo olvida que Petro gobernó cuatro años bajo las condiciones hostiles propias de una sociedad escindida y unos medios masivos que impulsaron, validaron y coadyuvaron a que la polarización política y la crispación ideológica dividieran al país no entre petristas y uribistas, sino entre quienes reconocen que hay una élite perversa que privatizó el Estado y lo puso a su servicio; y otros que defienden a ese minúsculo grupo de privilegiados a los que poco o nada les importan los derechos de las grandes mayorías.

El café entre Paloma Valencia y Fajardo está lejos del sentido filantrópico, solidario y generoso que se le reconoció mundialmente a la campaña el “café pendiente”. Entre estos políticos uribistas hay exclusivamente cálculos electorales y políticos. Ellos tomarán café excelso, convencidos de que el resto de sus connacionales están obligados a tomar “pasilla”.

El encuentro entre Fajardo y Valencia puede responder más a una estratagema del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe de mostrar que la campaña de su ungida necesita del “centro” que Fajardo representa, mientras que él mismo -y no de cara al país- le está apostando a que sea De la Espriella el gallo que le dé la pelea a Iván Cepeda Castro.

En cualquier caso, el tinto que se tomen Fajardo y Valencia y los acuerdos a los que puedan llegar a pocos días de la primera vuelta presidencial de nada servirán para cambiar que Cepeda podría convertirse en Presidente sin necesidad de una segunda vuelta y que De la Espriella, el Bukele criollo, es la apuesta de los Gilinski, de Uribe y millones de colombianos que insisten en mantener el “estado de cosas inconstitucional” que nos hace ver ante el mundo como una sociedad premoderna y una élite rentista, precapitalista, violenta, torpe e incapaz de guiar los destinos del país bajo criterios democráticos y llevar a Colombia a estadios civilizatorios y de un superlativo bienestar para todos.




Imagen tomada de Semana.com 

jueves, 21 de mayo de 2026

LOS TRES ESCENARIOS EN UN GOBIERNO DEL “TIGRE”

 


Por Germán Ayala Osorio

 

De acuerdo con la más reciente encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, lo más probable es que Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella pasen a la segunda vuelta presidencial. Imaginemos por un momento que el abogado que grita “Firme por la Patria” y que se auto representa como un Tigre se sentará a partir del 7 de agosto en el Solio de Bolívar. En esta columna expongo tres escenarios posibles que generaría un gobierno del señalado miembro de la ultraderecha.

Escenario 1. La proscripción de la ética.

De la frase “la ética nada tiene que ver con el derecho” se desprenderían los protocolos y formas regladas con las que gobernaría el abogado cordobés, lo que conllevaría al destierro de todas las deontologías profesionales incluidas por supuesto la del ejercicio del derecho, una de las profesiones sobre las que pesa un negativo imaginario colectivo por las acciones inmorales, ilegales, mafiosas e ilegítimas de magistrados en lo que se conoce como el Cartel de la Toga.

La tristemente célebre frase del penalista, amigo y defensor de Alex Saab, operaría como una suerte de mandato con el que el país regresaría a los tiempos del Todo Vale que sirvió para naturalizar, entre el 2002 y el 2010, el ethos mafioso que se entronizó en los sectores privados y públicos.

En lugar de la ética y los mandatos deontológicos la moral religiosa oficiaría como una suerte de deber ser exigido sin piedad por la Policía Moral que De la Espriella activaría para someter a quienes se atrevan a confrontar las “buenas costumbres de la gente de bien”, esto es, aquellos con linaje y en ejercicio del derecho natural que les da licencia para imponerse sobre aquellos que apenas sobreviven y respiran sin alcurnia alguna.

Escenario 2. Mano Firme por la Patria.

De la Espriella usa el saludo militar para acercarse al mundo castrense y a quienes creen a pie juntillas que la sociedad colombiana necesita ser disciplinada con “mano de hierro”, con la firmeza propia de padres violentos, siguiendo la lógica aquella de “la letra con sangre entra”. El Estado Gendarme y sus agentes policiales actuando desde la lógica del panóptico para vigilar y castigar a maleantes, impíos, académicos críticos del sistema y del gobierno; poetas, bohemios y ambientalistas, entre otros más ciudadanos asumidos por De la Espriella y su gobierno como ciudadanos incómodos e innecesarios para el sistema económico. Por supuesto que indígenas, campesinos y negros harían parte de ese grupo de ciudadanos, candidatos a ser eliminados simbólica y si llegase el caso, físicamente. El candidato habló de “destripar”.

La “Patria Milagro” con la que sueña el perfumado “filipichín” es el resultado de la combinación del neoliberalismo económico, el capitalismo salvaje, la consagración de los rentistas y precapitalistas, así como el individualismo exacerbado; todo lo anterior arropado por una sociedad sometida por el miedo a ser castigada por agentes estatales dispuestos a subyugar a los ciudadanos críticos y diferentes.

Escenario 3. El Espejo de Uribe.

Con sus 10 mega cárceles privadas por las que el Estado pagaría por cada preso, esta especie de Bukele, un poco más histriónico, corroncho y dicharachero, cumpliría el sueño húmedo de encarcelar bandidos, tatuados, marihuaneros y jóvenes protestantes, vistos previamente como “terroristas urbanos”.

El plan de gobierno de Abelardo de la Espriella se parece mucho al Manifiesto Democrático los 100 puntos de Uribe. En el punto 36 de aquel documento con el que Uribe “conquistó” a millones de colombianos se lee: “Ensayar cárceles privadas. El Estado pagará por interno. Las cárceles deben formar en principios y en un oficio técnico. Como Gobernador de Antioquia instalé una fábrica de gaviones en la cárcel de Bellavista. Exención tributaria para los empresarios que produzcan en las cárceles”.

En el punto 33 De la Espriella coincide con el violento ideario del expresidente Uribe: “Necesitamos un estatuto antiterrorista que facilite la detención, la captura, el allanamiento. A diferencia de mis años de estudiante, hoy violencia política y terrorismo son idénticos. Cualquier acto de violencia por razones políticas o ideológica s es terrorismo. También es terrorismo la defensa violenta del orden estatal”.

Lo expresado en los puntos 7 y 8 del Manifiesto Democrático inspira al abogado catador de vinos y coleccionista de armas de fuego: “7. La Presidencia será austera para dar ejemplo. Gastará menos en burocracia para invertir más, por ejemplo, en pequeña empresa. 8.  Menos Congreso, menos consulados y embajadas. Menos contralorías, menos vehículos oficiales. A cambio más educación, más salud, más empleo productivo”.

Finalmente, este padre de familia y ateo converso parece haberse aprendido el punto 24 de los 100 puntos de su admirado “presidente Uribe”: “El padre de familia que da mal ejemplo, esparce la autoridad sobre sus hijos en un desierto estéril. Para controlar a los violentos, el Estado tiene que dar ejemplo, derrotar la politiquería y la corrupción”.

A juzgar por los resultados que en materia de lucha contra la corrupción, el respeto a los derechos humanos, y a los pesos y contrapesos de la democracia que dejó Uribe después de sus ocho años de gobierno, este tercer escenario sería el regreso a los tiempos del Embrujo Autoritario y, por qué no, de los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”.

PRIMERA VUELTA PRESIDENCIAL: LOS GRINGOS Y HERMANOS MORENO, AHÍ

 




Por Germán Ayala Osorio

 

La presencia de Bernie Moreno en Colombia como “observador internacional” de la jornada electoral del 31 de mayo confirma el interés del gobierno de Donald Trump de incidir en los resultados. Ya lo advirtió el mismo congresista colombo-gringo: los Estados Unidos “podría no reconocer las elecciones”, sentencia que se traduce en “desconocer” el eventual triunfo de Iván Cepeda. Así de claro y peligroso.

La injerencia indebida de Moreno en los asuntos internos del país y en particular en el ya enrarecido clima electoral es la evidencia del terror que produce en las huestes de la derecha uribizada una eventual victoria de Iván Cepeda. Frente a esa posibilidad, Trump estaría dispuesto a desconocer la victoria del candidato del gobierno Petro, escenario deseado por el uribismo y otros agentes neoliberales proclives a hincarse ante el inmoral poder de los gringos. Bajo esas mismas circunstancias, el viejo putero que despacha desde el salón Oval de la Casa Blanca exigiría el reconteo de los votos e insistiría en reeditar loque sería una especie de nueva Alianza para el Progreso, estrategia usada en el pasado para “frenar la llegada del comunismo a América Latina”. La Doctrina Trump es reaccionaria y violenta como suele ser la derecha colombiana.

Bernie Moreno, hermano del expresidente del BID, Luis Alberto Moreno, hace parte de la avanzada republicana que, de la mano de la derecha colombiana, viene hablando de un posible fraude electoral achacable al gobierno Petro. Las presiones del país del norte se suman al ambiente de polarización política e ideológica que se respira en el país desde la campaña presidencial de 2022 que se clausuró con el inobjetable triunfo de Petro; eso sí, la crispación ideológica se inició con el plebiscito por la paz de 2016.

Debemos asegurarnos de que la maquinaria, el aparato, está funcionando bien, no hay interferencia. Y, segundo, creo que debe haber una conversación difícil sobre las elecciones que claramente son el resultado de la intimidación”, dijo el congresista norteamericano.

Hace poco, Luis Alberto Moreno, hermano del congresista republicano le dijo a Portafolio que detrás de la promesa del continuismo del Pacto Histórico hay un proyecto no solo de conservar el poder en el Ejecutivo, sino de capturar las instituciones que son parte del sistema de pesos y contrapesos, esencial en cualquier democracia. Me refiero a las Cortes, el Congreso y entidades como el Banco de la República. Y eso se quiere hacer a punta de populismo y autoritarismo, aplicando modelos que fracasaron en varios continentes. Pero lo que más me inquieta es el ánimo de ahondar en las divisiones y sembrar el odio. Nos encontramos al borde del abismo por el que se despeñaron Venezuela o Nicaragua”.

Estamos ante una estrategia muy bien pensada por la derecha colombiana, en coordinación con los republicanos del norte, acostumbrados a ver en la Casa de Nariño a monigotes como Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos e Iván Duque. A cambio de no procesar al expresidente antioqueño por delitos graves que se le endilgan de tiempo atrás, el Álvaro Uribe Vélez es la ficha que los gringos tienen para desestabilizar al país en caso de darse el triunfo electoral y político de Iván Cepeda. Lo intentaron con Petro y no pudieron, pero sí aplicaron con rigor el lawfare.

Las actividades político-electorales de los hermanos Moreno se explican por la animadversión hacia Petro, autor del libro El caso del Banco del Pacífico (Intermedio editores). El presidente de la República, en un mensaje en X y en el marco de un enfrentamiento verbal con Bernie Moreno, dijo: “Este es el libro que publiqué sobre mi debate sobre el Banco del Pacífico en el Congreso de Colombia. Aquí expongo todas las pruebas que indican que el Banco fue quebrado premeditadamente a través de autopréstamos por el grupo que en ese momento lo controlaba. La empresa controlante del Banco del Pacífico se llamaba ‘westphere’, y aglutinó a varios miembros del gobierno de Andrés Pastrana y en cuyo seno estaba uno de los hermanos del senador Colombo estadounidense Moreno”.

El octogenario pederasta que pernocta en la Casa Blanca quiere ver en la Casa de Nariño a Paloma Valencia Laserna o en su defecto a Abelardo de la Espriella. De ahí que los hermanos Moreno y Marco Rubio sean las puntas de lanza de Trump para lograr el objetivo de “recuperar a Colombia” exclusivamente para los intereses norteamericanos, alejado de la Nueva Ruta de la Seda que China viene ejecutando con éxito en varios países de la región. Marco Rubio logró someter el presidente de Panamá, quien se vio obligado a desistir de integrarse a las actividades logísticas y económicas que China emprendió hace rato con la señalada estrategia. Petro se acercó a los chinos, razón suficiente para impedir la continuidad del proyecto progresista y la apuesta del presidente Petro para abrir nuevos mercados y relaciones políticas y comerciales (multilateralismo).  


Foto: AP, tomada de Semana

miércoles, 20 de mayo de 2026

CEPEDA, PAZ Y LA NATURALEZA POLÍTICA DE LAS “GUERRILLAS”

 




Por Germán Ayala Osorio

 

La presencia y operación otoñal de las llamadas “guerrillas” hace rato que pusieron en crisis el proyecto político que las inspiró en los años 60: más de 50 años desconociendo y atacando al Estado y a la sociedad confirman, de un lado, su incapacidad militar[1] para derrotar a las fuerzas legales; y del otro, la precariedad política de su discurso revolucionario, alimentada por la nociva práctica del reclutamiento forzado de jóvenes, síntoma inequívoco de la antipatía social que siempre generaron sus actividades armadas (masacres, tomas y ataques terroristas).

El paso del tiempo es el primer gran golpe que reciben los proyectos políticos de guerrillas como el ELN y las Farc-Ep, dedicados a una guerra interna que sus comandantes saben que jamás ganarán. ¿Cómo es posible que no hayan entendido aún que los tiempos de las “revoluciones armadas” en América Latina ya pasaron?

El segundo gran porrazo que recibieron los comandantes de esas dos agrupaciones armadas fue el proceso de paz de La Habana. En particular, el mazazo lo recibieron los frentes que no aceptaron las condiciones de la negociación que acordaron los plenipotenciarios del gobierno de Santos y los del Secretariado de las entonces Farc-Ep. El Acuerdo de Paz firmado en el teatro Colón, después de haber perdido el plebiscito por la paz, los deslegitimó de tal manera que su insistencia en darle continuidad a la lucha armada constituye un anacronismo.

Al tratarse de una negociación política que los alejó de la cárcel y que les aseguró el desprestigio político de sus máximos comandantes, fruto de sus propias confesiones ante la JEP, tanto el ELN como las disidencias de las Farc-Ep se convirtieron en organizaciones armadas extemporáneas por haberse quedado en las circunstancias contextuales de los años 60.

El estar desprovistas de un proyecto político, esas agrupaciones armadas ilegales sobreviven por las dinámicas atadas a las economías ilícitas que les da el músculo económico suficiente para seguir operando en medio del repudio generalizado de una sociedad que nos los reconoce como “salvadores”. Por el contrario, los asumen como victimarios legitimadores de una derecha que los necesita para continuar ofreciendo bala y mano dura.

Bajo esas circunstancias, de llegar Iván Cepeda Castro a la Casa de Nariño estaría obligado política y moralmente a revisar su apuesta de mantener procesos de paz con el ELN y las disidencias de las Farc-Ep por la naturaleza anacrónica de esas agrupaciones y por la efectiva pérdida de su carácter político. El presidente Petro los llamó varias veces “traquetos de camuflado”. 

Agregó que “no son simples grupos armados, operan como una confederación de mafias internacionales”. Los epítetos del presidente Petro se asumen como parte de una política de Estado que Cepeda no puede simplemente obviar o desconocer. Por el contrario, lo tendrían que llevar a examinar con juicio las condiciones bajo las cuales negociaría con las disidencias y el ELN. Nadie niega que la paz es un derecho constitucional, pero no debería la sociedad colombiana estar sometida a otros 50 años más  de una  guerra fratricida que hace más ricos a los Señores de la Guerra (fabricantes y comerciantes de armas). Como tampoco es prudente plantear negociaciones políticas eternas entre el Estado y los grupos armados por fuera de la ley. Es tiempo de parar, por las buenas o por las malas. La viabilidad del país no puede estar atada al movimiento pendular entre la guerra eterna y negociaciones perennes. 



[1] En un evento académico en Santander de Quilichao Pablo Catatumbo contó que en una conversación con Fidel Castro Ruz éste les preguntó si tenían aviones para tomarse el poder. Sin ese componente militar la lucha armada no tendría mayor sentido, fue el mensaje que Castro Ruz les envió a los miembros del Secretariado.

PINTAR Y DESPINTAR LA VERDAD EN UN PAÍS SIN MEMORIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En la reciente reyerta entre el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez y manifestantes que le recordaron los 7.837 crímenes de Estado que dejó su cacareada, pero peligrosa política de seguridad democrática confluye el odio entre petristas y uribistas, y se naturaliza el hostil ambiente electoral de cara a la primera vuelta presidencial de este 31 de mayo. Quizás estamos a “tres doritos” de pasar de la violencia simbólica, a la violencia física y política expresada en eventuales magnicidios.

En esta columna haré referencia a lo que considero el uso indebido de la Memoria Histórica como proceso clave para allanar la paz y reconstruir socialmente el pasado, en particular el triste y aberrante episodio de las ejecuciones extrajudiciales. La Memoria Histórica tiene un halo de dignidad y grandeza moral que se desdibuja cuando la acción simbólica (discursiva) de recordar que en Colombia, entre 2002 y 2010, se consolidó un aparato criminal (sicarial) con los visos de legitimidad y legalidad propios de un Estado asesino construido a imagen y semejanza de la élite política.

Pintar y despintar paredes termina siendo un ejercicio inocuo para el objetivo de develar las lógicas y dinámicas que permitieron que miembros del Ejército, azuzados desde la Casa de Nariño y amparados en una política pública, tomaran la decisión de monetizar la vida de 7.837 jóvenes asesinados con armas oficiales y presentados falsamente como guerrilleros caídos en combate. Uno de los objetivos materiales (morales y éticos) de los ejercicios académicos y cotidianos de la Memoria Histórica debería estar atado a la acción de reescribir los manuales de formación en las escuelas castrenses; también, de recordarles a los militares, en sus propias instalaciones, que en el pasado compañeros mancharon de indignidad el uniforme. Los murales que hoy pintan los "anti uribistas" y despinta el rabioso expresidente Uribe deben colorearse al interior de todos los batallones.

El país necesita comprender desde la ética, la moral y escarbando en la siempre aviesa condición humana cómo fue posible que la exigencia diaria del entonces presidente Uribe a los militares de “entregar más y mejores resultados operaciones y el falso anhelo de acabar con lafar”, fuera determinante para que oficiales, suboficiales y soldados asesinaran con tiros de gracia a inermes jóvenes. Vestirlos de camuflado una vez asesinados y ponerle las botas al revés constituye una cruel perfidia en el ámbito militar.

De esa forma, esos militares terminaron convertidos en sicarios estatales al servicio de la “causa” de Uribe Vélez de vengar la muerte de su padre, asesinado según su propio y falso relato, por la organización armada ilegal (Farc).

Al borrar con rodillo el acusador y develador mensaje, el expresidente Uribe dejó entrever que en su adolescencia y en su vida madura quizás se acercó a las prácticas reconocidas en lo que se conoce como latrinalia. Finalmente, entre 2002 y 2010 Uribe Vélez asumió al país como un “gran letrina” en la que se sentó a sus anchas a expulsar las heces que producen quienes cargan sobre su conciencia procesos penales por la comisión de graves delitos; además de su enfermiza necesidad de concentrar poder y riqueza. 

Uribe cree que la fetidez y los nauseabundos olores que dejó la aplicación a rajatabla de su política de seguridad democrática pueden borrarse con un rodillo embadurnado de pintura blanca. Cuán equivocado vive el expresidiario antioqueño.

Insisto: reducir los procesos simbólicos de reconstrucción de la Memoria Histórica exclusivamente a informes académicos y murales pintados en puentes y paredes es propio de una sociedad que sigue anclada a la violencia verbal y simbólica, primer paso para continuar matándonos como lo venimos haciendo desde hace marras. ¿Por qué no exponer la fría y dolorosa cifra de 7837 crímenes de Estado en estadios de fútbol, en buses, semáforos, batallones, estaciones de policía e incluso en medallas y condecoraciones militares? Sería viable hacerlo por una razón: se trata de crímenes de Estado de los que somos responsables todos y todas, por acción u omisión. 

martes, 19 de mayo de 2026

ALEX SAAB Y EL PROYECTO SOCIALISTA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La entrega de Alex Saab a los Estados Unidos que hizo la presidenta interina de Venezuela constituye la prueba fehaciente de que el régimen venezolano que construyeron Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros se erosiona poco a poco. De ese proceso erosivo participa como artífice Delcy Rodríguez, presidenta- “muñeca” de Trump en el Palacio de Miraflores.

Ver a Venezuela sometida a los Estados Unidos representa una derrota política, ideológica y hasta cultural para los venezolanos que confiaron y respaldaron las aventuras “revolucionarias” de Chávez Frías y Maduro Moros. Al final, y con el control de los gringos del petróleo, los latinoamericanos y el mundo entero observan que jamás construyeron ningún socialismo. La eterna injerencia gringa en los destinos de los países que hacen parte de su “patio trasero” es una realidad vergonzante y preocupante por todo lo que representa la historia de dominación y explotación que de tiempo atrás ejercen los norteamericanos en este vasto territorio.

El coronel Chávez buscó reivindicar  la vida de  millones de pobres que los pasados gobiernos rentistas reprodujeron en tantos años de saqueo en nombre del capitalismo neoliberal. Quiso exportar la “revolución bolivariana”, pero olvidó lo más importante: afianzar un cambio cultural capaz de sostener la transformaciones económicas y políticas que, de acuerdo con Pepe Mujica, demanda el socialismo. Chávez jugó a ser Mesías y el pueblo que intentó guiar hacia la victoria fue inferior a semejante apuesta. Insisto: se trató de un fallo cultural compartido entre el “pueblo” venezolano y estos dos Mesías latinoamericanos.

El llamado “socialismo del siglo XXI” en Venezuela fue el sueño y el proyecto de vida de Hugo Chávez Frías. Una alternativa al capitalismo neoliberal. Después de 27 años de chavismo en el poder (1999-2026), el balance no es bueno por la triste imagen que proyecta la presidenta interina, otrora firme y combativa enemiga de USA y por el regreso de los gringos a manejar los hilos de Venezuela como si se tratara de un Estado más de la Unión Americana.

El expresidente uruguayo explicó a Chávez y al anodino de Nicolás Maduro Moros su idea de socialismo. Esto les dijo: “Rescatar 40 millones de la pobreza como le pasó a Lula y no será tocar el cielo con las manos, ni mucho menos construir el socialismo. Pero esos cuarenta que comen todos los días, esos cuarenta millones, es una cosa muy de izquierda. ¿Por qué? Porqué ser de izquierda es ser solidario…Después hay otra etapa. Yo creo en el socialismo, pero no creo en el estatismo. Y creo que la construcción del socialismo supone una sociedad mucho más culta, mucho más inteligente y mucho más rica. Creo que países como Suecia se arrimaron mucho más a lo que puede ser el socialismo, o Noruega, que los intentos fallidos que hemos tenido…Soy enemigo de la burocracia…Desconfío cuando el Estado se hace demasiado grande, pueda sustituir la iniciativa de la gente… Cuando pase Chávez, habrá un montón de millones de venezolanos que vivían en la miseria que van a estar viviendo un poco mejor, que van a tener una casa mejor y un servicio de salud, pero no habrán construido ningún socialismo, pero la humanidad habrá mejorado”.

Si revisamos con cuidado lo expresado por Pepe Mujica es posible comprender que las revoluciones populares necesitan estar apoyadas en proyectos culturales que superen las luchas ideológicas entre quienes defienden a dentelladas el capitalismo y aquel modelo socialista atado a las magras experiencias de la antigua URSS y Cuba. El grave error que cometieron Chávez y Maduro sigue siendo cultural. Ellos mismos jamás se constituyeron en referentes del cambio cultural que, a la luz de lo dicho por Mujica, debieron liderar; les interesó más erigirse como Mesías, alimentados por un tonto y falaz discurso anti gringo. La entrega a Trump en bandeja de plata de Alex Saab, ficha del régimen venezolano, es la prueba de que tanta alharaca ideológica fue la fachada con la que lograron mantener una forzada popularidad, respaldada en la entrega irresponsable de subsidios y por supuesto, el enriquecimiento de personajes como Maduro, la familia de Chávez, Vladimir Padrino y Diosdado Cabello, entre otros.

El capitalismo que propone y ejecuta Trump en los Estados Unidos para favorecer a los magnates que lo pusieron en la Casa Blanca y el soñado socialismo de Chávez y Maduro comparten los mismos niveles de inmoralidad. Con ambos, la humanidad pierde. Ni Socialismo, ni Capitalismo, hay que repensar la vida humana.



lunes, 18 de mayo de 2026

ACUERDO NACIONAL, PERIODISMO Y DOS ESCENARIOS POSIBLES

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En el gobierno de Gustavo Petro las empresas mediáticas tradicionales terminaron convertidas en bodegas defensoras del viejo Establecimiento; dejaron ver como nunca su carácter político, ideológico y de afectación psicológica, perfil propio de los aparatos ideológicos de Estado de los que habló Louis Althusser.

¿En caso de ganar la presidencia Iván Cepeda, mantendrán la misma línea editorial con la que intentaron desestabilizar y deslegitimar al primer gobierno progresista en Colombia? Con la pregunta es posible imaginar por lo menos dos escenarios. La respuesta al interrogante está atada a si Cepeda logra el Acuerdo Nacional que Petro no pudo alcanzar por disímiles razones y factores.

Así entonces, un primer escenario bajo las circunstancias de ese gran Acuerdo entre poderosos actores de la sociedad civil y el gobierno Cepeda los obligaría a cambiar la línea editorial y las prácticas periodísticas con las que lograron subvertir de tal manera las dinámicas informativas que terminaron convertidos, periodistas y medios de comunicación, en bodegueros y estafetas, los primeros; y en tenebrosas bodegas, los segundos, desde donde lanzaron ataques contra Petro, sus hijas y el gobierno. A ese primer escenario lo llamaré Cambio de Agenda.

Los niveles de animadversión contra todo lo que oliera a izquierda, progresismo, petrismo y Petro[1] hicieron que las empresas mediáticas y los periodistas orgánicos del Establecimiento exhibieran incontrastables niveles de violencia simbólica (discursiva) que en otras circunstancias los hubiesen acercado a las dinámicas propias de los Aparatos Represivos del Estado de los que también habló Althusser.

Durante cuatro años empresas como Semana, El Tiempo, El Colombiano, El País de Cali, El Heraldo; la W, la FM, Blu radio, Noticias Caracol y RCN Noticias atacaron sin piedad al gobierno progresista, lo que les implicó desechar la ética periodística. Se olvidaron de la rigurosidad para informar a través de la autocensura y los sesgos ideológicos y políticos con los que abordaron hechos públicos. Evitaron el registro de hechos noticiables, como la entrega de sedes universitarias, cientos de miles de hectáreas de tierras a campesinos y del barco-hospital Benkos Biojó, entre otros logros. La intención siempre estuvo clara: no reconocerle nada bueno al gobierno Petro. Y en parte, lo lograron.

Contrario al Cambio de Agenda, un segundo escenario sería la continuidad de las prácticas periodísticas que llevó a medios tradicionales a perder credibilidad frente a unas audiencias que además de que no consumieron la información sesgada que a diario difundían, le perdieron el miedo al fantasma del “comunismo” al que apelaron empresarios y periodistas para aterrorizar a los millones de colombianos, asiduos consumidores de la información publicada por las empresas arriba mencionadas. A ese segundo escenario lo llamaré La Lucha Continúa. Es decir, cuatro años más de mentiras, información sesgada y ataques personales e institucionales contra el eventual gobierno de Iván Cepeda Castro.

El escenario Cambio de Agenda no sería el resultado de un mea culpa por los negativos y pérfidos tratamientos periodístico-noticiosos realizados en cuatro años de desinformación y divulgación de mentiras. El Acuerdo Nacional los obligaría a dar el giro ético-político sin arrepentimiento alguno y ofrecimiento de disculpas a las audiencias afectadas por el nocivo ejercicio del periodismo. Por el bien del oficio periodístico y del país, se necesita un Acuerdo Nacional.






[1] A Petro lo atacaron por su pasado en el M-19. Los compañeros de lucha armada que militan en el Centro Democrático lograron el “perdón social y político” de los enemigos furtivos del presidente de la República. De repente, se volvieron “guerrilleros buenos”, mientras que Petro seguirá siendo uno de los “malos”.

domingo, 17 de mayo de 2026

CONVOCATORIA DE SEBASTÍAN VILLA: UN ASUNTO DE ESTADO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La convocatoria de Sebastián Villa a la Selección de Fútbol que competirá en el Mundial de Fútbol llamó la atención del periodismo deportivo, pero en particular la de la Defensoría del Pueblo que, sin ambages, le dio el carácter político que los periodistas deportivos obsecuentes con el manejo de la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), insisten en minimizar o desconocer. 

Iris Marín, Defensora del Pueblo, publicó una carta dirigida a la máxima autoridad del balompié nacional alrededor del llamado del señalado jugador, involucrado en el pasado en hechos de violencia de género y sexual ocurridos en la Argentina. Esto se lee en la misiva: “La discusión no es solamente deportiva. Villa fue condenado judicialmente por hechos de violencia basada en género y enfrentó además una acusación por abuso sexual. Estos antecedentes no pueden reducirse a ‘problemas personales’ ni separarse por completo de la responsabilidad pública que implica llevar la camiseta de Colombia en un mundial”.

Aunque Villa hace parte de la lista preliminar compuesta de 55 jugadores, el reclamo de la Defensora del Pueblo podría terminar con el sueño de Villa de ir al Mundial y de Lorenzo de contar con él en la lista definitiva de 26 que enfrentarán los partidos del Mundial. El asunto no es jurídico, es político, moral y ético. No faltarán los aficionados, periodistas deportivos e incluso los mismos compañeros de Villa que consideren que “la ética nada tiene que ver con el fútbol”, siguiendo la línea del vulgar, machista y misógino candidato presidencial de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella, quien además de considerar que “la ética nada tiene que ver con el derecho”, días atrás violentó a una periodista, presionándola para que “agrandara” una fotografía de él, en la que se le veía “grande el paquete”.

Eso sí, es poco probable que el técnico Néstor Lorenzo le dé la trascendencia ético-política, institucional y moral que tiene lo expresado por Iris Marín, por varias razones: la primera, porque es hombre y esos hechos de violencia intrafamiliar suelen minimizarse y en ocasiones legitimarse a través de la solidaridad de género en un país machista como Colombia y en un mundo masculino y masculinizante; la segunda, Lorenzo es un extranjero a quien poco o nada le importa lo que pase con la imagen del Estado colombiano, representado en este caso por la Defensoría del Pueblo; y la tercera, Ramón Jesurun, presidente de la Federación  Colombiana de Fútbol y la institución que regenta de tiempo atrás arrastran una historia de cuestionamientos éticos y morales que pueden servir de pararrayos para defender y justificar la convocatoria de Sebastián Villa.

Lo mejor que puede hacer la FCF es impedir que Villa haga parte del seleccionado. De esa forma repara el error inicial de convocarlo a sabiendas de las reacciones negativas que iba a generar su llamado. Jesurun, Lorenzo, los periodistas deportivos pro FCF y los aficionados deben entender y comprender que el fútbol como deporte espectáculo y las dinámicas económicas y socioculturales que se mueven a su alrededor devienen atadas políticamente a la operación del Estado. La sociedad colombiana, reconocida por taras civilizatorias como el machismo y el racismo, no merece llevar la mácula de ser también cuna de formas de disímiles formas de violencia contra las mujeres. 

Hay una evidente desconexión entre lo que representa portar la camiseta de la selección Colombia y el valor ético y moral del Estado como orden y forma de dominación; esa desconexión es fruto del poder del poder de los patrocinadores del fútbol y los propietarios de los pases de los jugadores. A éstos últimos poco o nada que Villa haya violentado mujeres. 

Llevar a Villa al Mundial de Fútbol es legitimar y aplaudir violencias sexuales y otras basadas en género, lo que confirmaría al Estado colombiano como un orden que, en lugar de proteger y defender a las mujeres, niñas y adolescentes, otorga licencias a los hombres famosos (jugadores fútbol) para que las sometan a todo tipo de violencias simbólicas y físicas. Villa no puede ser premiado. “El mensaje que enviamos cuando relativizamos la violencia contra las mujeres por talento, popularidad o rendimiento deportivo es desolador, nos aleja del espíritu que construimos detrás del deporte”.

viernes, 15 de mayo de 2026

RODOLFO Y ABELARDO: PARECIDOS RAZONABLES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La actual campaña electoral guarda similitudes con la de 2022. Los medios masivos siguen en la tarea de tergiversar los hechos noticiosos y generar miedo e incertidumbre, por aquello de la llegada del “comunismo”. Es posible que dentro de las audiencias ya haya agotamiento, por el nivel de pugnacidad alcanzado entre los candidatos presidenciales y sus seguidores de las redes sociales, convertidas en peligrosas cloacas ideológicas, con arenas movedizas donde lentamente mueren la política y la discusión argumentada.

Entre las semejanzas de los dos escenarios electorales aparecen la chabacanería, ramplonería y tosquedad de los candidatos. Hace cuatro años Rodolfo Hernández era el “machito” de mostrar de la derecha. A sus seguidores poco les importó que fuera un viejo putero, grosero, ordinario, corrupto, lenguaraz, procaz e ignorante de los problemas más sentidos del país. No supo decir dónde quedaba el Vichada:»¿eso qué es?». Es decir, una vergüenza en términos éticos y morales.

En la actual campaña, Abelardo de la Espriella se parece mucho a “Rodolfo Hernández”: se presenta como un “machito”, al parecer un poco más “vergón” que el finado, valiente, capaz de hacerse matar por el país, un Héroe «firme por la Patria». Es decir, un peligroso “tigre” dispuesto a “destripar” a la izquierda (armada y democrática). De la Espriella es ordinario, grosero y patán con las mujeres. ¿Misógino? Finge ser educado, pero es un “corroncho”[1].  Su tristemente célebre frase, propia de un intelectual orgánico, “la ética nada tiene que ver con el derecho” ya es estudiada en cursos de filosofía del Derecho. De la Espriella, con esa sentencia logró ponerse a la altura de Kant(inflas).

Para ser justos, al viejecito Hernández hay que reconocerle que algo de hilaridad generaban sus madrazos y ocurrencias, mientras que las acciones y la verborrea del perfumado abogado generan rabia y miedo. Con el viejo putero y el «corroncho vergón(zante)» la derecha uribizada dio cuenta de lo que está hecha por dentro.

Las más recientes salidas públicas del prestigioso abogado penalista lo hacen ver como un machito vulgar y cachondo, proclive a reducir los complejos problemas del país a la mamadera de gallo común en la costa Atlántica, donde “cógela suave, cuadro” es sinónimo de procrastinar. Y por supuesto, la reducción de la mujer a un objeto sexual, muy cercano al valor que en ciertos territorios le dan a “María casquitos”. La vestimenta del candidato presidencial de la ultraderecha les recuerda a millones de colombianos el outfit de “Don Chinche”, aquel inolvidable personaje de la televisión nacional. Eso sí, un Chinche perfumado, con títulos académicos de por medio, pero sin la conciencia social del personaje magistralmente representado por Héctor Ulloa. Mientras que Don Chinche era visto como un “filósofo del pueblo”, De la Espriella es un “corroncho” que apela a la verborrea jurídica para impresionar ignaros.

La aparición de personajes cantinflescos y risibles tuvo su debut con la llegada de Iván Duque Márquez, el primer títere certificado que la derecha puso en la Casa de Nariño. Este ‘poquita-cosa’ ilustrado jugaba a la pelota con la cabeza que movía como “perrito de taxi”, cada que el expresidente y expresidiario le daba órdenes. Duque hacía cabecitas y el periodista Luis Carlos Vélez, en lugar de preguntarle por su programa de gobierno cuando fungió como candidato presidencial, lo invitó a un “reto rockero”. Por la misma época, cuando Petro fue también aspirante a sentarse en el solio de Bolívar, Luis Carlos Vélez lo llevó a la cabina de La FM. En un tenso diálogo, el periodista-estafeta del Establecimiento trató con displicencia y grosería al entonces candidato.

Así entonces, desde la aparición de Iván Duque, las campañas electorales entraron “en modo circo”, donde hay payasos malos, pésimos bailarines de salsa, machitos cachondos, tigres y palomas mensajeras de corto vuelo; todos en un gran teatrino llamado Colombia, son manipulados por el Gran Titiritero, el maestro que entendió que a millones de colombianos les encantan los candidatos groseros, patanes y machitos, capaces de “dar en la cara, marica”, pagar por favores sexuales y acosar mujeres a presumiendo que lo tienen “grande”.

Adenda: si por cosas del destino y el infortunio Abelardo de la Espriella resulta electo (¿o erecto?) presidente de la República, lo más probable es que sus propios votantes terminen reconociendo que cometieron un grave error. Y es allí en donde recordarán la frase de Eutimio Pastrana Polanía o el «Culebro Casanova», compañero y amigo entrañable de Don Chinche: «Bobo hijueputa…».



 


 

jueves, 14 de mayo de 2026

NO HUBO DEBATES: ¿LE PASÓ ALGO A LA DEMOCRACIA?

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las campañas presidenciales están en “modo cierre” lo que indica que no habrá debates entre los candidatos presidenciales. Si no hay un ganador en la primera vuelta, lo más probable es que los anhelados encuentros dialógicos sí se den entre los dos aspirantes  que finalmente se disputarán el derecho y la obligación de gobernar a un país que por momentos parece ingobernable.

Los más puristas de la política ya dijeron que se afecta la democracia pues las audiencias se quedarán sin escuchar las propuestas de los aspirantes a sentarse en el Solio de Bolívar. Sin duda alguna una exageración que nos lleva a decir que las dinámicas institucionales, sociales y políticas que gravitan en torno a la democracia, como régimen de poder, suelen devenir desconectadas o alejadas de las disímiles acepciones que circulan en torno a la democracia.

El analista político y columnista Gabriel Cifuentes Ghidini tituló así un texto de opinión publicado en El Tiempo: “Sin debates no hay democracia”. En el documento se lee que “La incompresible falta de una obligación legal expresa conduce a que los aspirantes puedan condicionar su realización o incluso rehuirlos por un mero ejercicio de cálculo político. Aun así, debatir en el foro público es un imperativo categórico para cualquier democracia. La aridez deliberativa es la sepultura de la democracia y necesitamos guardianes de la democracia”. Contrario a lo dicho por Cifuentes, la democracia colombiana sigue operando, a pesar de la no realización de los debates. En Colombia no opera una democracia plena por razones y factores previos a la realización o no de los debates que tanta falta parece que le hacen a los politólogos y a los periodistas.

Hay una suerte de idealización de la democracia y una mirada romántica sobre una categoría política cada vez más difícil de asir por cuenta de las realidades asentadas en países, como Colombia, que arrastra una historia de violencia política, así como una  bien programada y funcional debilidad del Estado, la evidente crisis de los partidos políticos convertidos en mafias clientelares y la consolidación de procesos cada vez contaminados de generación de la opinión a cargo de los medios tradicionales, las bodegas, medios alternativos y la presencia de Youtubers e Influencers, actores todos  que ensucian la comunicación política y alimentan la lectura fragmentada de nuestras complejas realidades socioculturales; eso sí, hay que reconocer que hay colombianos mejor informados y con la capacidad de discernimiento que da cuenta de la superación del Estado de Opinión y el Embrujo Autoritario, fruto del debilitamiento de la imagen del Mesías que la derecha impuso con la ayuda de las empresas mediáticas durante  los tiempos  del unanimismo ideológico y político (2002-2010).   

La no realización de los debates ha de servir para revisar las prácticas periodísticas, los intereses electorales y políticos de los medios hegemónicos defensores del Establecimiento; así como el tradicional formato que ofrecen los canales privados y sus noticieros pensados y diseñados para “poner hablar al país” por unos días sobre polémicas insustanciales, fruto de las siempre preguntas de sí o no que les fascinan a los periodistas interesados en reducir lo complejo a una expresión o una respuesta corta.

El ambiente de polarización política y crispación ideológica le permitió al candidato del Pacto Histórico a “exigir garantías” para asistir a debates. Medios como Blu radio, La W y la FM todos los días atacan al gobierno y buscan desdibujar a Iván Cepeda, lo que hace pensar en que no hay en Colombia presentadores-periodistas que conduzcan debates presidenciales sin la animadversión que desde los medios tradicionales se alimenta en contra del candidato del Gobierno.

La plaza pública, las redes sociales y los periplos de los candidatos por los territorios parecen suficientes para cautivar a un electorado atiborrado de información, mensajes subliminales, miedos por la llegada del “comunismo” y las acciones de propaganda blanca y negra desplegadas por grupos de poder a través de iniciativas como el proyecto Júpiter. Pregunto: ¿Con todo lo anterior, no será que los debates presidenciales televisados perdieron el atractivo de campañas anteriores?

Ya veremos si hay o no debates antes de la primera vuelta e incluso en la segunda. Va a depender de quiénes pasen y el ambiente que se logre generar en torno a las dos candidatos finalistas. Con o sin debates, la democracia colombiana seguirá operando bajo las lógicas de una élite parásita, rentista, precapitalista, violenta y premoderna; y la academia seguirá discutiendo y ampliando las exigencias a un concepto que en particulares realidades se torna etéreo e incluso inaplicable. Eso sí, habrá quienes seguirán defendiendo la eufemística idea de que “Colombia es la democracia más antigua de AL”.

miércoles, 13 de mayo de 2026

PISO 8 FM, JOVANOTY Y LAURA RODRÍGUEZ

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Laura Rodríguez es la periodista a la que Abelardo de la Espriella le pasó el celular para que viera una foto en la que, según él, se le notaba el “paquete”. Después del lamentable momento y una vez se hizo viral el video, Rodríguez reaccionó así a la amarga experiencia: “Y no fue un simple comentario desafortunado. Fue un total irrespeto hacia mí y hacia mi trabajo. Me sentí vulnerada, acosada y asqueada”.

Más allá de las disculpas ofrecidas por el candidato de la ultraderecha y de la reacción de la periodista afectada, hay que volver sobre el penoso asunto ya no para insistir en que Abelardo de la Espriella es misógino, machista y vulgar, sino para poner de presente la complacencia del humorista Jovanoty y otros que hacían parte de la mesa de trabajo de Piso 8 FM, con la actitud chabacana del abogado penalista que aspira a sentarse en el Solio de Bolívar a partir del 7 de agosto de 2026.

Entre risas y comentarios “jocosos”, el imitador y sus compañeros se prestaron para la encerrona sexualizada que De la Espriella le tendió a Laura Rodríguez. Jovanoty le hizo el “cuarto” al candidato presidencial. Así las cosas, la molestia de la periodista con Abelardo de la Espriella debe extenderla a sus compañeros que la irrespetaron igual a como lo hizo el abogado que asegura que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.  

El ambiente humorístico que caracteriza a Piso 8 FM no puede ponerse al servicio de políticos que exhiben sin pudor representaciones sexualizadas de la Mujer, atadas a la cultura machista resultante de las prácticas dadas en el marco de un sistema patriarcal que subvalora a las mujeres y las convierte en simples objetos sexuales o en figuras decorativas.

Esto dijo De la Espriella obligado por el rechazo generalizado que se produjo en las redes sociales por su vulgar actitud y acoso en contra de la periodista: “Entiendo que, aunque no haya existido intención de mi parte de ofender y mucho menos de irrespetar, si una mujer se siente incómoda, un caballero tiene la obligación moral de ofrecer disculpas”. Cuando bromeé con la periodista Laura Rodríguez en el programa de Jhovanoty, en Piso 8, no lo hice de mala fe ni para hacerla sentir mal, mucho menos para acosarla frente a miles de televidentes. Todo ocurrió en un contexto humorístico y como parte del juego que se estaba dando en un programa de humor sobre mis partes íntimas y sobre un supuesto implante de silicona, mencionado por los anfitriones. Yo simplemente seguí esa línea con otra broma, sin malicia ni morbosidad, mamando gallo, como suelo hacerlo, con una foto que está en mis redes sociales”.

Así como alias “Papucho” presentó públicas disculpas, lo mismo deberían de exigirles a los compañeros de Laura Rodríguez, en particular de Jovanoty, por haberse prestado para que el candidato de la ultraderecha avergonzara a la joven comunicadora.

COSTEÑOS, REMISOS Y EL “PENE GRANDE” DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA

 



Por Germán Ayala Osorio

El machismo, la patanería y la misoginia de Abelardo de la Espriella me hizo recordar mi paso por el Ejército nacional como soldado bachiller. Su visible obsesión por demostrar que es un “macho que la tiene grande” me llevó a encontrar conexiones con aquello de “ser costeño”. Es tal su preocupación que puso en calzas prietas a una periodista a quien le compartió una fotografía en la que al parecer se le nota “el bulto”. Episodio que se hizo viral.

Perteneciente al 4to contingente de 1983, serví a la Patria en dos instalaciones militares: inicialmente y por cuatro meses, en el Batallón Juan José Rondón (La Guajira); y los restantes ocho meses en el Batallón de Servicios Número 2 (Baser 2) ubicado en la ciudad de Barranquilla.

Al oficial responsable del reclutamiento le pareció “interesante” revolver muchachos caleños (varios menores de edad, entre estos, yo) de clase media baja, con remisos costeños que ya eran padres de familia. Sus edades oscilaban entre los 24 y los 34 años. Muchos de aquellos venían de zonas como Cereté (Montería), María La Baja (Bolívar) y Tolú (Sucre), entre otros territorios de la costa Caribe. Se trataba de hombres “básicos”, con una empobrecida base cultural que los acercaba a comportamientos primitivos.

Por supuesto que en un ambiente militar el discurso machista afloraba con naturalidad. Entonces, apareció el tema de las relaciones amorosas con las burras que se le endilgan de tiempo atrás a los costeños de la costa Caribe. Nadie hablaba de zoofilia.  Y es en este punto en donde nos conectamos con el anuncio de Abelardo de la Espriella: “tengo un gran pene”, quiso gritar el aspirante a llegar al Solio de Bolívar en su asqueante encuentro con periodistas (hombres) del programa Piso 8, que validaron la patanería del candidato presidencial y permitieron que De la Espriella intimidara y violentara a la colega insistiéndole que bajara la mirada hasta el "bulto". 

Los reclutas remisos de aquella época se jactaban de lo mismo. No se trata de un determinismo regional (cultural) por aquello de ser costeños, pero llama la atención que a pesar de haber estudiado derecho y filosofía del derecho, De la Espriella se parece mucho a los premodernos y machistas hombres con los que compartí mi servicio militar.

En las reyertas discursivas entre caleños y costeños, en aquel hostil ambiente castrense de los años 80 apareció el asunto que hoy ocupa a feministas que rechazaron con vehemencia el comportamiento misógino y vulgar del perfumado abogado penalista: el tamaño de la verga, la mondá, pipí, pájaro o el pene, necesario para poder tener relaciones con “María casquitos” (es decir, las burras) y por supuesto para satisfacer a las mujeres. Los viejos remisos hablaban con orgullo de sus aventuras zoofílicas que los convertían en verdaderos sementales. ¿Será que Abelardo, el Gran Varón, es un semental?

Abelardo de la Espriella fue criado en Montería (Córdoba). Es decir, es “costeño” y habla como tal. Por ello resulta curioso que el candidato de la ultraderecha y del uribismo no hable de mondá, sino de pene. Habría que esperar una segunda entrevista con la periodista María Lucía Fernández para que la aplomada presentadora le pregunte si ha tenido relaciones con alguna representante del gremio de “María casquitos”. Huelga recordar que Fernández incomodó a alias “Papucho” en reciente diálogo en las instalaciones de Caracol Noticias cuando le recordó su tristemente célebre frase “la ética no tiene nada que ver con el derecho”.

Esa preocupación masculina por el tamaño del miembro viril está asociada al sistema patriarcal, a los miedos masculinos y al machismo derivado de una cultura dominante en la que la mujer suele ser vista como un objeto sexual pasivo y su cuerpo un territorio que puede ser conquistado, intervenido y sometido en cualquier momento. La publicidad sexista tiene algo o mucho de responsabilidad en las maneras como los colombianos nos representamos a la Mujer.

Dejemos atrás mi pasado como soldado y recordemos la frase del escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal cuando resultó electo gobernador del Valle del Cauca: “no voy a gobernar con el culo sino con la cabeza”, espetó el autor de Cóndores no entierran todos los días, ante las reacciones homofóbicas de sus detractores que vieron como inmoral que un declarado homosexual llegara al poder regional.

Si el escritor vallecaucano al parecer gobernó con la cabeza y no con el culo, es apenas lógico preguntarle a alias Papucho si en caso de llegar a la Casa de Nariño gobernará con su “enorme pene” o con la cabeza. Para el caso y a juzgar por sus discursos públicos al parecer el país no podrá esperar mucho de Abelardo de la Espriella en lo que respecta a la discusión sesuda de asuntos públicos. De la Espriella es igual de básico, vulgar, primitivo y premoderno a los remisos viejos a los que hago referencia en esta columna, los mismos que se jactaban de “haber comido” burras durante su adolescencia. Si aún viven, lo más probable es que griten “solo De la Espriella con esa mondá”.

Adenda: el presidente Petro, nacido en Ciénaga de Oro (Córdoba) dejó salir eso de “ser costeño o cordobés”: “No me interesa qué hizo el señor Trump en la cama. Ni le preguntaré. Ni a ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí”.



EXTRADITAR A PETRO



Por Germán Ayala Osorio

La condición de expresidiario con la que cargará hasta sus últimos días el expresidente Álvaro Uribe Vélez es, además de una mácula más en su agitada y oscura vida política, una razón para que específicos agentes del Establecimiento le hayan apostado durante casi cuatro años a desestabilizar al gobierno Petro y atacarlo como persona: le han dicho borracho, consumidor de sustancias psicotrópicas y de llevar una vida privada licenciosa. Además, el lawfare seguirá operando hasta el 7 de agosto.

Una vez Petro abandone la Casa de Nariño, bien para que llegue a ésta Iván Cepeda, Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella, será objetivo paramilitar, judicial y político para aquellos sectores de poder afectados por las decisiones adoptadas por el “exguerrillero comunista”. Más claro: buscarán abrirle un proceso penal y una eventual extradición a los Estados Unidos.

El jefe del Estado acaba de decirlo: "La paz de Colombia no es renunciable; están tratando de convertir los procesos de paz para que los colombianos no se maten entre sí como pruebas para meterme preso en Estados Unidos; pueden hacerlo, pero no voy a faltar a mi palabra de paz (…) Dialogar siempre es mejor que matar”.

Es posible que Petro exagere, fruto de la paranoia resultante de haberse atrevido a tocar a miembros de una élite parásita acostumbrados a hacer lo que les daba la gana con el Estado y a consolidar una relación de sometimiento a los intereses de los norteamericanos. La reciente solicitud que elevó a la Fiscalía de suspender órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, grupo narco paramilitar y terrorista, podría servir para encausar al mandatario por “colaborar” con estructuras criminales al impedir la extradición, por ejemplo, de alias “Chiquito Malo”.

Aunque concentrar a los bandidos en una Zona de Ubicación Temporal para evitar que interfieran en la jornada electoral del 31 de mayo es un propósito político loable, las autoridades gringas, azuzadas por actores uribistas, lo pueden ver como una acción de nula colaboración judicial por la no extradición del criminal Jobanis de Jesús Ávila Villadiego, alias “Chiquito Malo”. En cualquier caso, se trata de un error de cálculo electoral y político haber elevado semejante solicitud, por los cuestionamientos a la Paz Total, el deterioro del orden público, la sensación de miedo inoculada desde la prensa hegemónica cuya narrativa está atada a la reducción de los problemas del país al tema de la seguridad y la crisis del sistema de aseguramiento en salud. En ese punto, el gobierno Petro se equivocó.

A modo de venganza moral y política la institucionalidad judicial defensora de los intereses de la derecha uribizada buscará procesar a Petro una vez asuma la condición de expresidente de la República. De esa manera, el Establishment colombiano logrará vengarse de los efectos políticos que les produjo el procesamiento y la condena en primera instancia contra Álvaro Uribe, el más avezado y obsecuente de las fichas que vienen poniendo de tiempo atrás en la Casa de Nari, como llamó a la casa de gobierno el criminal alias Job.

Así registró la prensa la entrada del bandido a las instalaciones oficiales: “Las cámaras de seguridad de la Casa de Nariño dejaron registrada la tarde del miércoles 23 de abril de 2008, pasadas las 18:30, el ingreso por el área de sótanos de Antonio López, alias Job, asesor político de “don Berna” – Diego Fernando Murillo-, cabeza de la llamada oficina de Envigado, y de su abogado Diego Álvarez. Estaban allí para entrevistarse con el entonces secretario Jurídico de la presidente, Edmundo del Castillo, y con el jefe de prensa del presidente Uribe, César Mauricio Velásquez”.

Procesar y meter preso a Petro bien puede convertirse en un objetivo político para aquellos sectores de poder que harán todo lo que esté a su alcance para equiparar a Uribe con el hijo de Ciénaga de Oro. Por ahora, la condición de expresidiario es exclusiva del expresidente antioqueño, el político que más daño le hizo y le sigue haciendo a los colombianos.

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