Por Germán Ayala Osorio
Los atentados terroristas que en
las últimas horas sacudieron a caucanos y vallecaucanos y a viajeros de la vía Panamericana ocurren en una
coyuntura político-electoral que permite pensar que las reacciones en contra
del gobierno nacional de la gobernadora del Valle y el alcalde de
Cali devienen con un tufillo electorero que se torna en constreñimiento indirecto
al votante que al asumir lo dicho por Dilian
Francisca Toro y Alejandro Eder como un efectivo abandono del gobierno central al Valle del Cauca y su capital, de inmediato ese elector piensa
en votar por los candidatos que ofrecen seguridad y bala, esto es, el regreso a la
temida seguridad democrática de Uribe.
Llama la atención el tono de las
reacciones del alcalde de Cali y la gobernadora. En lugar de hacer un balance de las actividades
de inteligencia y contrainteligencia que se debieron poner en marcha y consolidar
después del grave atentado terrorista contra las instalaciones de la Base
Aérea, de inmediato responsabilizó a Petro de la ocurrencia de los bombazos en contra
del Batallón Pichincha. Es tiempo que la señora Toro informe acerca de la inversión de los recursos obtenidos de la tasa a la seguridad.
El registro lastimero y
espectacular de los medios tradicionales de los violentos hechos prepolíticos ocurridos
en Palmira, Cali y en la vía Panamericana a la altura del sector El Túnel
(Cajibío, con saldo de víctimas fatales), sirve a la narrativa que señala que “Petro
le entregó el país a los violentos”, situación que los únicos
capaces de reversar son los candidatos presidenciales más visibles de la derecha:
Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo.
En la historia del “conflicto armado interno” las “guerrillas” siempre recibieron
y despidieron gobiernos con ataques similares a los que ocurrieron en las
últimas horas en los dos departamentos. Lo vivido en las últimas horas es más de lo mismo de unos facinerosos que solo saben hacer daño. No defienden ideas y mucho menos tienen un proyecto político. Son, además de "traquetos de camuflado" como los llamó Petro, estúpidos, incivilizados y orates. Nada más que agregar.
Todo indica que se trata de
acciones criminales coordinadas que se ejecutan en las narices de unas autoridades
asumidas como débiles por las audiencias y las víctimas directas e indirectas
que dejan dichos actos demenciales. Los ataques dinamiteros contra los batallones
Pichincha (Cali) y Codazzi (Palmira) y los usuarios de la vía Panamericana dan
cuenta del sentido político-militar de dichos atentados: se ataca a los
militares en una demostración de fuerza que deja en ridículo las actividades de
inteligencia y contrainteligencia, lo que confirma la tesis que señala que contra
el terrorismo es muy poco lo que hay que hacer; y se ataca a civiles para
consolidar la idea de que definitivamente el actual jefe del Estado y
comandante en jefe de las fuerzas armadas no está en capacidad de cumplir con la
misión constitucional de proteger a los primeros y de llevar a los uniformados
a la victoria militar.
Lo más probable es que sucedan nuevos ataques terroristas, pues los objetivos prepolíticos y criminales de la banda de “Iván Mordisco” terminan siendo compatibles con los de la derecha empecinada en recuperar la Casa de Nari para desatar una Guerra Total para la cual parecen estar preparados a librar los grupos al margen de la ley responsables de los ataques dinamiteros que llevan a muchos a pensar en que lo mejor es regresar a los tiempos de la seguridad democrática de Uribe. Aquello de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), el desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, la destrucción de ecosistemas naturales a través procesos de defaunación y deforestación, y el acaparamiento por desposesión de cientos de miles de hectáreas de tierra son insignificantes efectos colaterales que no se pueden evitar cuando la apuesta es “acabar militarmente con los bandidos”. Olvidan que el Estado lleva más de 50 años negociando y combatiendo grupos armados ilegales. Uribe los arrinconó, pero lejos estuvo de acabarlos militarmente.
Adenda: 14 muertos y más de 35 heridos es un saldo trágico, sumado a las pérdidas materiales. Son unos malditos los que perpetraron ese atentado criminal, al igual que los que electoralmente aplauden lo sucedido.
Imagen tomada de ataques en el sector El Túnel de Cajibio deja muertos - Búsqueda

