miércoles, 22 de abril de 2026

ANGIE RODRÍGUEZ: FUEGO AMIGO Y (DES) LEALTADES IMPÚDICAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Las explosivas declaraciones dadas por Angie Rodríguez a Semana y Noticias Caracol con las que enloda al gobierno Petro hacen parte de lo que se conoce como “fuego amigo”. Más allá de si sus “denuncias” tienen algún tipo de materialidad jurídica, lo cierto es que su presencia en esas dos empresas mediáticas hace pensar en que Rodríguez, directora del Fondo de Adaptación, está en modo venganza, lo que implica un distanciamiento personal y político con el presidente Petro y lo que este representa para el progresismo y la idea del cambio.

Ella misma se declara defensora del proyecto progresista, pero incurre en el imperdonable error de acudir a dos medios de comunicación que, como actores políticos, le hacen férrea y sucia oposición al gobierno de Gustavo Petro. Y lo hace en una coyuntura electoral que terminará por afectar la campaña de Iván Cepeda. Claramente, Rodríguez sabe y muy seguramente espera que el escándalo mediático y político afecte la imagen del presidente Petro y por supuesto la de su ungido con el que se espera dar continuidad al proyecto progresista.

Exista o no un plan sistemático de 20 funcionarios dispuestos a deslegitimar y desprestigiar a la funcionaria e incluso a poner en riesgo su vida, en sus declaraciones se advierten lealtades impúdicas del presidente Petro con Juliana Guerrero, joven recientemente imputada por la Fiscalía por falsedad en títulos académicos adquiridos de manera irregular en la fundación San José.

Si lo expresado por Rodríguez es cierto en torno a la capacidad de Guerrero de incidir en contrataciones y manejos burocráticos, la responsabilidad recae directamente en el presidente Petro, quien debió alejar a la joven de su círculo más cercano. Eso sí, independientemente del enfrentamiento entre Guerrero y Rodríguez, de esta última se advierte una ruptura moral, política y ética con la lealtad hacia el presidente Petro y con el proyecto progresista, circunstancia que amerita que el jefe del Estado la retire del cargo, tal y como ya se lo están exigiendo agentes cercanos al gobierno.

Insisto en que Angie Rodríguez cometió el grave error político de ventilar sus diferencias y miedos ante unas empresas mediáticas que sabrán explotar muy bien lo declarado por la funcionaria. No se puede ser defensor del proyecto progresista, y al tiempo tener a las señaladas empresas periodísticas como instancias legítimas para ventilar problemas, intrigas y enfrentamientos personales que por supuesto comprometen a instituciones públicas y a las institucionalidades derivadas de su operación. ¿Rodríguez intentó hablar con Petro antes de entregarle a las dos empresas periodísticas en bandeja de plata la imagen del gobierno?

Los directos beneficiados del escándalo mediático son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Claudia López y Sergio Fajardo, agentes de la derecha que le exigirán al presidente de la República explicaciones. Lo hecho por Rodríguez alimentará la narrativa de la derecha con la que indica que el cambio en las costumbres políticas es una asignatura que el actual gobierno no pudo aprobar. 




martes, 21 de abril de 2026

PETRISTAS VS URIBISTAS EN LOS NÚCLEOS FAMILIARES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La polarización política y la crispación ideológica que se vive en el país de tiempo atrás se trasladó a los núcleos familiares en los que ocurren “enfrentamientos” entre petristas y uribistas. Primas, primos, tíos, tías, padres y madres se enfrascan en discusiones que terminan en “peleas” que fracturan los entornos de familias unidas.

Y tal como sucede en el ámbito de las redes sociales y la opinión pública, en las familias colombianas las discusiones suelen alimentarlas la información sesgada que entregan los medios hegemónicos (uribizados), las lecturas de los activistas que defienden sin matices al gobierno Petro, la falta de antecedentes de los participantes, un alto déficit de lectura critica de la historia y del devenir del Establecimiento colombiano y quizás lo más preocupante el débil  dominio conceptual de quienes participan de esas discusiones acaloradas en las que las opiniones ligeras y mediatizadas se ponen por encima de las categorías de las ciencias sociales que entran en juego en esos altercados. Ojalá los más vociferantes, sean petristas o uribistas, lleguen leídos y cargados de argumentos. 

Se trata, entonces, de diálogos acalorados en los que sobresalen la doxa, las contradicciones conceptuales y las lecturas moralizantes con las que se reducen las complejidades del país a un asunto entre “buenos” y “malos”. Ese es quizás el origen de esas discusiones que se tornan eternas y que afectan las relaciones entre primos, hermanos y padres.

Lo más sensato para evitar rupturas al interior de las familias es partir de unos conceptos mínimos para que las conversaciones transcurran de la mejor manera. Es muy común en esos espacios escuchar confusiones entre los conceptos de Estado y Gobierno, usados erróneamente como sinónimos. Luego, exponer las acepciones de legitimidad y hegemonía, conceptos clave para tratar de analizar los hechos que a diario ocurren en el país; y para quitarle a los hechos noticiosos ese carácter de realidad absoluta con el que llegan a cada ciudadano, las tías y los primos uribistas y petristas deberían de entender las lógicas informativas de los medios masivos y ojalá avanzar en el análisis del discurso periodístico (lo dicho y lo no dicho), los tratamientos de las imágenes y los intereses corporativos (políticos y económicos) de las empresas mediáticas. Todo lo anterior, sostenido en la aplicación del enfoque de sistemas, factor definitivo al momento de iniciar discusiones políticas.

Evitar las lecturas apasionadas también ayuda a que las confrontaciones de ideas transcurran en un ambiente de mutuo respeto. Cada palabra y gesto cuentan en esos momentos en los que cada familiar intenta convencer al otro. Las malquerencias que desatan Petro y Uribe contaminan los escenarios dialógicos. No es posible exponer argumentos cuando se odia. Y para avanzar en diálogos respetuosos, lo mejor es que cada uno de los participantes reconozca que la corrupción público-privada, la pobreza, la discriminación, el racismo, el clientelismo y la desigualdad, entre otros, son problemas estructurales que devienen atados a una cultura dominante y a unas prácticas de las que de manera directa o indirecta han participado los miembros de las familias divididas entre petristas y uribistas. La conciencia de clase resulta clave en esos eventos dialógicos: saber de dónde vengo siempre será importante al momento de definir qué sectores de poder estoy defendiendo o atacando.

Eso sí, lo mejor que pueden hacer los que participan de esas acaloradas discusiones es aceptar la condición aviesa de los seres humanos, en particular la de los politicastros que pululan en el país. Enemistarse por la política y los políticos jamás valdrá la pena. Aprender a discutir al interior de las familias podría disminuir un poco los altos niveles de crispación y polarización que vemos a diario en las redes sociales y los medios masivos en torno a la campaña presidencial.




¿ELECCIÓN PRESIDENCIAL O PLEBISCITO?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El carácter plebiscitario de la actual campaña presidencial se lo están dando el uribismo y el petrismo, en medio de una crisis de credibilidad del periodismo, la consagración de las bodegas y el activismo político en unas redes sociales convertidas en fétidas trincheras ideológicas en las que se alimentan el odio y se activa la pérfida relación amigo-enemigo que Uribe impuso entre el 2002 y el 2010; y lo que es peor, el afianzamiento de los métodos de la posverdad para generar estados de opinión pública con una carga inconmensurable de desprecio por la opinión ajena.

El proyecto Júpiter, develado por la revista Raya, representa los intereses de la derecha uribizada que le apuesta a recuperar, a como dé lugar, la Casa de Nari para sentar en el Solio de Bolívar a Paloma Valencia Laserna o en su defecto al abogado Abelardo de la Espriella. Júpiter nos retrotrae a los tiempos en los que una parte importante del empresariado y la clase política logró sacar “emberracado” a millones de colombianos que votaron No al Acuerdo de Paz firmado entre el Estado y las entonces Farc-Ep.

La idea ahora es que la gente salga “emputada” a votar a favor de la campaña de Valencia Laserna, esto es, en contra de las aspiraciones de Iván Cepeda Castro. La campaña del No y Júpiter comparten las mismas estratagemas: asustar a las audiencias, meterles miedo con la idea del neocomunismo que representa Cepeda y presionar a empleados públicos y privados para que voten por la “muñeca” de Uribe o por Abelardo de la Espriella, quien sería el segundo títere del expresidente antioqueño. Recordemos que Iván Duque fue el primero en cumplir con ese indigno e indignante rol. Hay que reconocer que lo hizo muy bien.

Desde las mesnadas del petrismo se hace lo propio para convertir la campaña presidencial en un plebiscito que valide lo hecho por Petro en estos cuatro años de gobierno, con todo y sus luces y sombras. Por supuesto que Cepeda buscará la profundización de la democracia, a través de la idea de la democracia radical de Chantal Mouffe. A la derecha uribizada no le gusta la discusión política en torno a conceptos y realidades como la hegemonía (Gramsci), los derechos de las minorías y ajustes económicos con claros beneficios colectivos.

Lo complejo de este ambiente plebiscitario es que sus animadores insisten en una peligrosa división entre petristas y uribistas, lo que termina por darle la razón a las campañas de Sergio Fajardo y Claudia López, los más visibles candidatos de un inexistente y engañoso Centro político. López y Fajardo están atrapados en el remolino ideológico que generan a diario los amigos de Petro y las fichas de Uribe Vélez. Así las cosas, los exalcaldes de Medellín y Bogotá terminan validando el plebiscito en el que nuevamente está inmerso el país. Al final poco importará quién gane la presidencia, pues el país habrá extendido en el tiempo y quizás con más fuerza, la división social y política de una sociedad que sobrevive en medio de las tensiones propias de una lucha de clases que cobró sentido de realidad con el confrontador discurso del presidente Petro.

Este nuevo plebiscito sirve desde ya para exponer las dificultades éticas y morales de una élite empresarial, mediática y política acostumbrada a imponer sus lógicas, intereses y el ethos mafioso, origen de la corrupción público-privada que impide construir consensos y “acuerdos sobre lo fundamental”. Capturar el Estado sigue siendo el objetivo de la derecha uribizada; mientras que el progresismo sigue pensando en que es posible ponerlo al servicio de lo prescrito en una constitución política diseñada para una nación imaginada o una inexistente sociedad republicana.

Adenda: el debate o los debates que se logren realizar deberían de girar en torno a estas preguntas: ¿El Estado y la biodiversidad para qué o para quiénes? ¿Es posible dejar de odiarnos? ¿Es posible proscribir el ethos mafioso que el Establecimiento convirtió en un factor de reconocimiento político?



Imagen tomada de cepeda, paloma y de la espriella a debate - Búsqueda Imágenes

lunes, 20 de abril de 2026

SELECCIÓN COLOMBIA SUB17 HUMILLA A LOS ARGENTINOS

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En el mundo del fútbol, los argentinos arrastran con la fama de ser “malos perdedores”. Arman bronca cuando son superados por rivales considerados por la historia y el periodismo deportivo como “inferiores”. Ese imaginario colectivo, con visos universales, está soportado en que lo han ganado todo en el fútbol en las diferentes categorías: con tres mundiales de fútbol de mayores (78, 86 y 2022) se sienten invencibles y únicos, incluso por encima de Brasil que tiene cinco títulos.

Hagamos algo de historia antes de entrar en materia. La del 78, dicen, se consiguió gracias a un arreglo económico con los jugadores de la selección peruana a la que necesitaban derrotar para acceder a la final. Y lo lograron: 6 a 0 terminó el juego. Se sumó a eso el contexto de una dictadura militar que necesitaba adormecer a la sociedad con la primera copa del mundo. Después vino la mano de Dios (Maradona) y la consecución del segundo título mundial en el Mundial México 86. Dejemos ahí y vamos al asunto que inspiró esta columna.

Julio Coria es un chico de la selección argentina Sub17 que, después de la derrota 4 a 0 se volvió viral por las altisonantes declaraciones que dio a la prensa argentina. Ese resultado del suramericano en Paraguay (2026) y lo expresado por el joven jugador puso a los periodistas deportivos de Colombia y Argentina a hablar, indirectamente, de ese imaginario. Esto espetó el joven: “No nos faltó nada. Yo sé que los vamos a agarrar en el Mundial y les vamos a romper el orto como lo hacemos siempre”.

Más allá de si se trata de un adolescente adolorido por la derrota sufrida a manos de una selección “inferior”, en lo dicho por Coria hay una evidente negación de la superioridad del seleccionado colombiano que les propinó semejante paliza. Actitud negacionista que deviene atada a las maneras en las que los periodistas argentinos y colombianos suelen mirar el fútbol. Del lado de los gauchos siempre hay la excesiva confianza en la superioridad de la albiceleste en todas las categorías; y del lado de los cafeteros, una excesiva admiración hacia el futbolista argentino y una naturalizada desconfianza en las capacidades de los jugadores colombianos. Entonces, los periodistas locales hablan de que a los nuestros les falta “jerarquía, cojones, seguridad y confianza”, cualidades que les sobran a los argentinos.

Por supuesto que el cuerpo técnico de ese seleccionado argentino tiene mucho de responsabilidad en lo expresado por el pibe que llegará al Mundial con las ganas de vengarse de la humillación recibida de unos colombianos que aún no ganan nada importante a nivel mundial. Se volvió a conseguir el título suramericano de la categoría después de 33 años.

Ojalá el técnico de la sub17 argentina se siente a conversar con Coria no tanto para fustigarlo por lo dicho, sino para aclarar si su reacción se alimentó en el vestuario momentos antes de jugar la final contra Colombia. A esa conversación deberán sumarse los tres jugadores que vieron la tarjeta roja por juego brusco, fruto de la rabia de perder contra la Colombia a la que están acostumbrados a romperle el orto

Por los lados de los campeones suramericanos se espera que asuman con humildad el triunfo conseguido y que pasen rápidamente la página pues se viene el Mundial de la categoría. Ojalá los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol aprendan de una vez por todas a consolidar procesos formativos como en el que están inmersos estos jóvenes que humillaron a los argentinos, porque como piensa Coria, “en las finales siempre nos rompen el orto”. Baste con recordar la final de la Copa América. Y como no hemos ganado nada realmente importante, esos malos resultados también son responsabilidad de los directivos y, por supuesto, de los jugadores. 

domingo, 19 de abril de 2026

¿ES EL PERIODISMO UNA GRAN MENTIRA?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay periodistas a los que les encanta codearse con agentes de poder político y económico. Entonces, los saludan de beso y abrazos, y aceptan regalos e invitaciones a parrandas y almuerzos a restaurantes costosos. Aquí no se habla de acoso sexual o de tocamientos no consensuados, muy a propósito de los casos que ocurrieron al interior del noticiero Caracol.   

Justo en ese tipo de relaciones perniciosas la independencia, la autonomía y la manida objetividad periodística quedan engrilladas. El oficio pierde un periodista, el Establecimiento gana un estafeta-mandadero y las audiencias seguirán siendo engañadas por aquellos que después del “guayabo” siguen pontificando sobre la importancia de la independencia y la toma de distancia con las fuentes, mientras afinan las estrategias de autocensura al momento de tener que informar o criticar las actuaciones de aquellos politicastros y/o empresarios a los que les vendieron el alma. También escriben publirreportajes y los hacen pasar por "informes" periodísticos. 

Los periodistas que actúan de esa manera suelen mirar con desprecio a los colegas que saben ponerle límites a las relaciones con quienes les sirven de fuentes o que representan a instancias de poder económico y político que, de acuerdo con la deontología del oficio, deben ser vigiladas de cerca por aquellos que están detrás de un micrófono.

Esas relaciones perniciosas suceden en ambos espectros ideológicos. Esos tipos amancebamientos ocurren en la derecha y en la izquierda, siendo por supuesto más en evidente y común en las mesnadas uribistas que gobernaron por 20 años en un país cuya sociedad deviene moralmente confundida. Por supuesto que, si nos vamos más atrás, esas prácticas en las que la credibilidad periodística y la independencia se desvanecen en largas noches de parranda o en veladas en finos restaurantes siempre fueron de común ocurrencia.

Por ese tipo de situaciones es que el periodismo y en particular los periodistas entran a hacer parte de lo que se conoce como la “farsándula” criolla, en la que la hipocresía, los secretos a voces, la corrupción público-privada y los chismes de alcobas afianzan el imaginario negativo que existe alrededor del poder político.

En las últimas horas se volvió viral un video en el que aparece la periodista de Caracol, Vannesa de la Torre enrumbada con Alicia Arango, exsecretaria privada de Uribe, exministra de Iván Duque y jefe de debate de la campaña presidencial de Vicky Dávila. Justamente esa cercanía de la periodista con agentes del uribismo le hacen perder credibilidad y seriedad. Como diría el expresidente Uribe, “hay compañeros que no cuidan las comunicaciones”. Arango publicó el video y expuso a De la Torre al escarnio público por su cercanía con las huestes uribistas a las que está obligada a cuestionar y vigilar. Por ese tipo de videos es que es doloroso concluir que el periodismo es una gran mentira y que el ejercicio del poder político es el teatrino en el que se falsea la realidad de un país moralmente confundido, además de clasista y racista. 

Los y las periodistas que se ríen maliciosamente con las fuentes y comparten espacios privados le hacen un enorme daño al oficio. Eso sí, una vez entrados en esos “gastos de credibilidad e independencia” no hay forma de salirse o tomar distancia. Sin exagerar, se parece mucho cuando se entra al mundo de las mafias: es fácil entrar, pero difícil de salir.

Así que, estimado estudiante de periodismo o recién egresado, si realmente ama su oficio y sobre todo se respeta así mismo no acepte invitaciones y mucho menos salga a bailar con las fuentes. Es posible que suba de estrato, pero perderá lo más preciado: credibilidad y autonomía para vigilar y cuestionar a los que ostentan alguna forma de poder.




Imagen tomada de VIDEO DE VANESSA DE LA TORRE DE RUMBA CON ALICIA ARANGO - Búsqueda Imágenes

DEBATES PRESIDENCIALES: CEPEDA RETÓ A LA ULTRADERECHA MEDIÁTICA Y POLÍTICA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Iván Cepeda Castro retó a debatir a Paloma Valencia Laserna y Abelardo de la Espriella. Ahora dependerá de cuál empresa mediática estará interesada en organizar un debate presidencial entre los dos candidatos de la ultraderecha y el candidato del gobierno. Se trata de una decisión compleja por todo lo que ahí se juega.

Desde el punto de vista económico (el rating), dicho debate sería un éxito absoluto. La pauta se vendería muy bien en un horario prime time. Eso sí, políticamente podría resultar negativo para la agenda y los intereses del canal o medio de comunicación del Establecimiento que se atreva a aceptar el desafío del candidato presidencial que lidera la intención de voto en todas las encuestas que se han aplicado hasta el momento. Y podría resultar así por las flaquezas conceptuales y discursivas de Valencia Laserna, pero sobre todo las de Abelardo de la Espriella, un abogado penalista que, con un discurso básico y chabacán impulsa un proyecto de país que nos devolvería a los tiempos de la constitución de 1886. Entre los dos proyectos hay muy pocas diferencias. 

Sin duda alguna, se trata de una provocación política y mediática de Cepeda Castro, quien venía recibiendo críticas por negarse a debatir en las condiciones que priorizan los enfrentamientos verbales y los agravios, circunstancias estas que gustan mucho a los directivos y editores de Caracol y RCN.

El candidato presidencial del progresismo les lanzó un "anzuelo" con una buena carnada. ¿Lo morderán Caracol y RCN televisión, los canales privados con la capacidad para realizar un debate presidencial? ¿Harán lo propio Valencia Laserna y De la Espriella? 

El reto no incluyó a Sergio Fajardo y Claudia López, candidatos presidenciales de un medroso centro que no parece tener cabida electoral y política en la actual campaña presidencial, reducida al enfrentamiento entre la ultraderecha representada en Valencia y De la Espriella y la izquierda democrática y el progresismo en cabeza de Iván Cepeda.

No invitar a Fajardo y López puede sonar excluyente y hasta arrogante en la medida en que son opciones válidas para aquellos que creen que la exalcaldesa de Bogotá y el exgobernador de Antioquia representan realmente a un centro que ellos mismos se encargaron de desdibujar con sus erráticas decisiones políticas del pasado y el discurso ambivalente y acomodaticio de sus campañas.

Es posible que Cepeda Castro esté pensando en que un “triunfo” en un primer y quizás único debate contra los candidatos uribistas lo catapultaría como la única opción viable y posible; realidad política que no convendría del todo a las empresas mediáticas que justamente acompañan política y periodísticamente a las campañas de Valencia y De la Espriella.

Hay que esperar si los candidatos del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe “muerden” el anzuelo que les lanzó Cepeda; lo mismo sucede con los canales RCN y Caracol, actores políticos que se verán obligados a brindarle al candidato del Gobierno las garantías que viene exigiendo para asistir a debates. El formato será clave.  Cepeda podrá exigir, en su calidad de retador, una metodología que facilite el despliegue de sus propuestas de gobierno, en contravía de las preguntas y las réplicas insulsas que suelen promover en los debates los canales Caracol y RCN.

Adenda: en caso de que las empresas mediáticas no "muerda el anzuelo" que les lanzó Cepeda, existen en Colombia universidades privadas con la capacidad técnica para organizar y transmitir debates presidenciales.  



Imagen tomada de Semana.com

viernes, 17 de abril de 2026

DEBATES PRESIDENCIALES SIN PERIODISTAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los debates presidenciales, en las democracias modernas, son parte sustancial de la política asumida esta como espectáculo y/o escenario electoral a partir del cual las audiencias confirman su voto por alguno de los candidatos.

En medio de un crispado ambiente electoral y político, el candidato del gobierno, Iván Cepeda Castro se niega a debatir con los otros candidatos a la presidencia porque no encuentra garantías para el desarrollo de debates serios alejados de la mala leche de la prensa que se presta para amplificar los ataques de los que viene siendo víctima y de las descalificaciones personales de sus adversarios.

Paloma Valencia e Iván Cepeda llevan varios días enfrentándose verbalmente al interior del congreso de la República alrededor de asuntos que los alejan de la necesidad que tienen los colombianos de conocer sus realidades capacidades para gobernar un país complejo, que por ratos se torna ingobernable. El país los quiere escuchar por representar dos propuestas diametralmente distintas: Valencia representa el regreso a las prácticas neoliberales que convirtieron a Colombia en uno de los primeros países más desiguales del mundo; mientras que Cepeda daría continuidad al proyecto progresista que quedó a medias por cuenta de la alineación del Consejo de Estado, la Corte Constitucional y la oposición en el Congreso en contra de las reformas sociales que el país necesita para operar realmente como una República.

Eso sí, resulta a todas luces inconveniente no realizar por lo menos dos debates presidenciales con reglas claras y el compromiso entre los participantes de que no habrá ataques personales que desvirtúen el ejercicio dialógico.

Al tener las empresas mediáticas sus propias agendas políticas, los debates que se programen tendrán siempre un tufillo de confrontación y descalificación en contra del candidato del gobierno que lidera las encuestas; así como la intención manifiesta de posicionar a los candidatos del Establecimiento.

Así las cosas, los editores de los medios privados están en mora de ceder los espacios para que sean profesores y profesoras los que orienten los encuentros entre los presidenciables. Por el nivel de crispación política e ideológica que exhibe el país urge que los debates se hagan con criterios más académicos que periodísticos, fundados estos últimos en el interés de asegurar rating, propiciando rifirrafes entre los participantes. Hay que dejar atrás el formato pensado más para el careo personal y las réplicas insulsas que reducen la discusión a la defensa de obras de gobiernos o sobre episodios atados a actividades propias de la propaganda negra.

Un buen debate presidencial podría darse al sacar de la ecuación a Uribe y al presidente Petro, íconos de la polarización política. Propongo diseñar debates basados en ejercicios previos de prospectiva que obliguen a los candidatos a exponer soluciones y adoptar decisiones acordes con las condiciones de esos escenarios de futuro. Insisto: no hacer debates empobrece la democracia y les abre los caminos a las estrategias de propaganda negra y a las efectistas campañas de Tik Tok y otras redes sociales diseñadas para anular el pensamiento crítico y la discusión sistémica de los asuntos públicos.

Por lo demostrado hasta el momento, resultaría interesante escuchar a Sergio Fajardo, Claudia López, Iván Cepeda, Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia. Es tiempo de superar los lugares comunes en los que redundan Fajardo, López y el abogado de Alex Saab; es tiempo también de ver a una Paloma Valencia alejada de Uribe y su “legado”. Y es tiempo de que Cepeda despeje las dudas que circulan en torno a su capacidad oratoria por su dependencia al discurso escrito previamente elaborado. Los escenarios prospectivos requieren ejercicios de pensamiento en los que afloran la formación y la comprensión sistémica de una sociedad compleja como la colombiana.

Adenda: Petro deja la vara muy alta en términos de la capacidad de articular ideas y la comprensión sistémica de los problemas contemporáneos.



Imagen tomada de Blu radio. 

LA TRANSFORMACIÓN “KAFKIANA” DE KATHERINE MIRANDA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Katherine Miranda anda en “modo metamorfosis”. Por supuesto que la congresista no está sufriendo lo que soportó Gregorio Samsa, esto es, las circunstancias descritas magistralmente por Frank Kafka en su novela La Metamorfosis.

Aunque no volverá al Congreso porque en las pasadas elecciones se “quemó”, Miranda se anda moviendo políticamente en búsqueda de un ministerio o cualquier otro cargo que le permita mantener el nivel de vida como congresista. En su transformación, Miranda amaneció con los crocs puestos y ahora defiende a dentelladas la candidatura presidencial de Paloma Valencia Laserna, la “muñeca” de Álvaro Uribe.

Mientras que Gregorio Samsa, el personaje de Kafka le contó al mundo el sufrimiento que soportó por haberse convertido en un repugnante insecto, Miranda practica el “manguismo”, “lagarterismo” y el “voltiarepismo”, características con las que muy probablemente sobrevivirá políticamente. Eso sí, su rostro raído de “progresista” asusta tanto como la imagen proyectada de Samsa en la referida novela.

Por estos días anda borrando los trinos con los que desempeñó el rol de “progresista y mujer de izquierda”. Sin duda alguna una actuación merecedora de premios nacionales a la mejor actriz de reparto (de indulgencias, abrazos y aplausos). Expertos en la farándula o farsándula criolla no se explican cómo es posible que no haya sido premiada por lo menos con un India Catalina. Algunos hablan de actuaciones memorables.

Entre los trinos que viene borrando de su cuenta de X se encuentran verdaderas joyas que dan cuenta de su gran talento para la actuación política y electoral. Veamos algunos: “! ¡Les aseguro que jamás me verán en crocs!”; “Grandes personas que quiero y admiro mucho! (foto con los congresistas Inti Asprilla, María José Pizarro e Iván Cepeda). Y este otro: “Hoy me di cuenta que soy hormonalmente anti uribista”.

Del caso de Miranda por supuesto que no se ocuparán la literatura, la ciencia política y mucho menos la medicina por aquel extraño “desarreglo hormonal” que hoy padece.  Su condición de veleta ideológica le permitirá instalarse en las mesnadas uribistas.  La veremos defender el legado de Uribe Vélez y de llegar Paloma Valencia a la Casa de Nariño, las apuestas con las que el uribismo regresaría el país a los tiempos de la seguridad democrática, la privatización del Estado y la conculcación de los derechos humanos.  

Quizás algunos “culturólogos políticos” se ocuparán de la transformación de Katherine Miranda. A la revista Semana, la saliente congresista dijo una “Oviedad”: “Yo tengo muchas diferencias con Paloma, las tengo desde hace ocho años que nos conocemos, pero es una mujer que ha respetado la independencia, la Constitución, la democracia. Y yo creo que en el momento que está viviendo Colombia, nos tenemos que encontrar en lo fundamental”. Al final, a manera de chiste, esta estrella de la actuación política reconoció a la misma publicación que le “duele aceptar que mi tía uribista tenía razón”.



Imagen tomada de Semana.com

jueves, 16 de abril de 2026

CIRO RAMÍREZ: EL CONDENADO QUE "DEFIENDE" LAS INSTITUCIONES

 

Por Germán Ayala Osorio

El congresista Ciro Ramírez hace presencia en el Congreso con una condena en primera instancia encima. Sin duda, un hecho ético-político en el que confluyen el cinismo del procesado, la permisividad de la justicia soportada ésta en las exageradas condiciones garantistas de las que gozan los aforados, así como el burdo y asqueante colegaje de sus compañeros de bancada que le mantienen el apoyo bajo el principio ético que el dueño del Centro Democrático impuso años atrás: “les voy a pedir a los congresistas que voten los proyectos mientras los meten a la cárcel”.

El ladino político, involucrado en la red criminal llamada las Marionetas 2, justificó su presencia en el Congreso diciendo que iba a “defender las instituciones”. Lo primero que hay que preguntar es si aquellas están en riesgo de colapso o de ser sometidas a un tirano o algo parecido. La respuesta es apenas obvia: la separación de poderes opera normalmente en Colombia y Petro se va el 7 de agosto.

Por supuesto que estamos ante una burla de Ciro Ramírez, quien fuera en el pasado uno de los mimados del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Recordemos lo que dijo el exmandatario antioqueño en diciembre de 2023 cuando se dio la captura de Ramírez: “Me duele la captura del joven senador Ciro Ramírez. Ojalá pueda salir adelante. Ese tipo de problemas es lo único que deja la “maldita” mermelada”.

Eso de “defender las instituciones” me hizo recordar la famosa expresión del entonces coronel Plazas Vega, comandante del operativo de retoma del Palacio de Justicia: “aquí, defendiendo la democracia maestro”, espetó en su momento el oficial de Caballería.

Plazas Vega y Ciro Ramírez parecen compartir el mismo principio ético-político con el que logran reducir las instituciones y la institucionalidad derivada a una insulsa discursividad funcional a sus particulares y pérfidos intereses. Plazas Vega no defendió la democracia, lo que defendió y legitimó fue el golpe de Estado que por 48 horas los militares le dieron al cobarde presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas. En cuando a Ciro Ramírez hay que decir que él no asiste al Congreso a “defender las instituciones”, sino a burlarse de estas gracias en gran medida a las excesivas garantías legales de las que goza como aforado.

Sin duda alguna, lo de Ramírez es una provocación moral y ética a la que respondió el candidato Iván Cepeda Castro quien, por supuesto, fustigó la presencia del condenado en el recinto en el que se redactan las leyes. “Usted es una vergüenza”, espetó Cepeda, lo que provocó la réplica del procesado. Ese tipo de rifirrafes sirven para consolidar la imagen negativa del Congreso de la República en la medida en que los colombianos no escuchan debates conceptuales y discusiones políticas de alto nivel. No. Solo reclamos y cruce de improperios que ocultan la degradación moral de la sociedad y el diseño institucional que anima el carácter circense de las instituciones colombianas. Resulta a todas luces inaceptable que un condenado ocupe su curul. Es vergonzoso. Pregunta final: ¿Qué tipo de instituciones le puede interesar defender a un condenado?



Imagen tomada de Infobae


martes, 14 de abril de 2026

LA ESCOBA DE FAJARDO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Hay consenso social alrededor de que la corrupción público-privada deviene en una tara civilizatoria difícil de superar en Colombia justamente porque las prácticas corruptas son la expresión de un ethos mafioso que todos internalizamos. De allí que proponer “acabarla o reducirla a sus justas proporciones” hace parte del juego retórico de los candidatos presidenciales que, en viajes de superioridad moral, ofrecen superar una tara que es funcional a los modelos social, político y económico, de allí la dificultad para superarla, acabarla o reducirla. Habrá corrupción por siempre en Colombia.

Sergio Fajardo Valderrama es muy dado a darse esos viajes de superioridad moral. En lo corrido de la actual campaña se presenta como la solución a los problemas del país. Para superar la polarización y a los extremos, el matemático y profesor es la solución. Eso sí, jamás explicó cómo lo haría.

Y para “acabar con la corrupción”, Fajardo viajó al pasado para “robarle” a Regina 11 el símbolo anticorrupción: la escoba, con la que aquella peculiar candidata quiso “barrer a los corruptos” y con ellos a las prácticas mafiosas. El país aún se ríe de las ocurrencias de Regina Betancourt de Liska, más conocida como Regina 11; y ya se escuchan las carcajadas de millones de colombianos que disfrutan de las ocurrencias de un profesor universitario con una evidente atrofia para crear símbolos con fuerza de recordación.

En su afán de tomar distancia del ridículo imaginario que se construyó alrededor de la escoba de Regina 11, Sergio Fajardo señaló que su colorida escoba representa “el poder de los que no tienen poder”. En términos progresistas, el exalcalde de Medellín parece estarse refiriendo a otros “nadies”, que cree posible empoderar con el uso de una insulsa barredera. Ahí está pintado Fajardo.

La idea de “limpiar” y “barrer la corrupción” parte de un error conceptual: reduce la complejidad que acompaña la operación del ethos mafioso al acto de barrer, cuando no ofrece atacar el origen de las prácticas corruptas: el Establecimiento es corrupto y necesita de la corrupción para mantenerse. La escoba de Fajardo, por ejemplo, jamás se usaría para barrer las inmundicias de las EPS por una razón: el candidato presidencial es un defensor a ultranza del sistema de salud cuyo espíritu corporativo facilitó las decisiones de las juntas directivas de varias de esas entidades que terminaron con la desviación de billonarios recursos.

La escoba de Fajardo no será jamás un símbolo con sentido de realidad porque él mismo es selectivo en la identificación de los problemas del país y cosmético en el planteamiento de soluciones. Definitivamente, Fajardo, siendo Fajardo.



Imagen tomada de Infobae


domingo, 12 de abril de 2026

SAN BASILIO DE PALENQUE: ENTRE BENKOS BIOHÓ Y PAMBELÉ

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La modernidad, como proyecto humano, se enfrenta a diario con la historia de San Basilio de Palenque (SBP), el primer pueblo libre de América. De dicho enfrentamiento surge una resistencia endulzada por un turismo incipiente que explota los imaginarios colectivos y los de los visitantes interesados en conocer de la voz de los hijos de Palenque, algo de la vida de Benkos Biohó y, muy de lejos, la de Antonio Cervantes Kid Pambelé, el boxeador de piel de ébano que enfrentó a puños a la pobreza y al hambre. A ambas las venció con honores.

Mientras que Biohó enfrentó a instituciones que validaron la esclavitud para alcanzar y ocupar un lugar en la historia de un país sin memoria; Pambelé alcanzó la siempre efímera gloria del reconocimiento social; Benkos es un referente de la libertad, de la resistencia y la dignidad del pueblo afro; mientras que Pambelé terminó siendo víctima de la propia arrogancia e ignorancia de este palenquero que asumió el dinero y la fama como mecanismos para alcanzar reconocimiento sin dignidad y sin saber qué es eso de la resistencia colectiva de los cimarrones.

A Pambelé lo recuerdan por sus logros deportivos, la frase “es mejor ser rico que pobre” y por haber gestionado el alcantarillado y la energía eléctrica para San Basilio de Palenque, su pueblo natal; y a Benkos, por haber dejado impregnado de dignidad los barcos cargados de negros esclavizados y los propios caminos de los cimarrones. A Benkos lo mató la premodernidad; y a Pambelé, elementos propios de la modernidad lo regresaron a la pobreza que había vencido a puñetazos.

La libertad y la dignidad que les dejó Benkos y el orgullo atado a las hazañas deportivas de Antonio Cervantes sobreviven a las prácticas de un proyecto modernizador hegemónico que se opone a los deseos folcloristas y romantizados de los visitantes que llegan a San Basilio de Palenque deseando ver y sentir la ancestralidad y el orgullo de un pueblo negro que intenta sobrevivir contando la historia del líder que se rebeló contra el yugo esclavista. Diagonal a la estatua de Benkos Biohó está la sede de la iglesia católica, multinacional de la fe que legitimó y agenció la esclavitud. En San Basilio de Palenque la guardia cimarrona funge como la autoridad local, sin necesidad de policías. Esa iglesia, sobra.

Los chicos de la escuela saben decir quién fue Benkos, pero quizás sus profesores no estén en la capacidad de enseñarles el valor y significado de esa “cosa pequeñita que se llama libertad”.

La vida en el primer pueblo libre de América transcurre en medio de la agricultura, ganadería, un turismo precario y una temperatura cercana a los 40 grados centígrados. Los turistas quedan a merced de un sol que pone a prueba la resistencia física de quienes llegan a SBP para viajar hacia el pasado de la mano de agentes culturales locales que, a cambio de dinero, los acercan a la vida de un pueblo que gritó libertad para hacerse libre.

A la llegada al pueblo, de la nada apareció Dionisio, un hombre afro que ofreció contarnos la historia de SBP a cambio de dinero. Saludó en palenquero, la lengua local que sobrevive porque en una pared cualquiera aparecen vocablos que los turistas intentan memorizar creyendo que de esa manera se insertan en la cultura palenquera y en la historia de Benkos y los negros libertos.

Llamó la atención que Dionisio desconocía la existencia del barco hospital Benkos Biohó lanzado por el gobierno Petro a las aguas del Pacífico para atender a un pueblo negro víctima histórica del racismo y el clasismo.

El vendedor de guamas, el que ofrece contar la historia gratis o a cambio de dinero y las mujeres que bailan a los turistas, sobreviven a una modernidad que usa la ancestralidad y la dignidad para distraernos de la gran discusión: ¿De qué libertad estamos hablando? De la que luchó Benkos y que le costó la vida; ¿O la que le permitió a Pambelé desperdiciar en trago y mujeres la fortuna que se ganó a golpes?

¿O estamos hablando de la que se opuso a la cruel esclavitud de los pueblos negros o a esa otra a la que alude la filosofía y que nos obliga a ser libres y felices, mientras inventa todo tipo de cadenas, igual de efectivas a los grilletes que le pusieron a Benkos?

El Viaje

Partí desde la Cali segregacionista y racista rumbo a SBP el primer pueblo libre de América en los tiempos de la esclavitud perpetúa de la que cantó Joe Arroyo. Fue un viaje al pasado que incluyó el recuerdo de mi abuelo paterno a quien mis oídos adolescentes le escucharon decir que El Cerrito “se estaba llenando de negros”. “Papito” Alfonso no era precisamente un hombre caucásico. Su piel oscura lo acercaba a la genética de Benkos y Pambelé, circunstancia que el abuelito no asumía como realidad aceptable o posible.

Regreso a la Sultana del Valle, la urbe que segregó a los negros, a pobres, indígenas y campesinos que llegaron desplazados por múltiples formas de violencia. Cali seguirá usando el Petronio Ávarez y la Feria de Cali para ocultar las prácticas racistas de sus élites y las de cientos de caleños que admiran, aceptan y reconocen a los negros y negras que bailan salsa, o se destacan en el fútbol y en el boxeo, mientras duran las presentaciones. Una vez terminadas, vuelven la indiferencia, los tratos crueles, los chistes racistas y el lenguaje que excluye.  

Los más de mil kilómetros de distancia que separan a los caleños del pueblo palenquero son suficientes para comprender que las acciones y estrategias libertarias que implementó Benkos sirvieron para que Palenque sea hoy el primer pueblo libre de América; pero insuficientes para animar procesos educativos que nos lleven como sociedad a proscribir el racismo y el clasismo. Algún día, ojalá, podamos gritar: “¡Colombia, el primer país del mundo, libre de racismo!”





lunes, 23 de marzo de 2026

ME MANDARON AL INFIERNO

 

Por Germán Ayala Osorio

Los colombianos llegarán a la próxima contienda electoral acosados por los efectos que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, instancias que dividieron el país entre “patriotas” y “pro-guerrilleros”.  Sin duda alguna, un reduccionismo que sirvió de excusa para dividir a la sociedad entre el Sí y el No, es decir, entre “buenos” y “malos”; esa caricatura del país sostiene ética, moral y políticamente las candidaturas de Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella basadas en la defensa de la Patria a partir de la aplicación sin límites de ninguna clase del principio weberiano de la violencia legítima del Estado a través de la política de seguridad democrática, la misma con la que se “justificaron” por lo menos 6402 ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos). Asociado a este, se escuchan frases como “vamos a recuperar el rumbo, al país; vamos a reconstruir a Colombia”, expresiones que dan cuenta de la lectura simplista, mentirosa y moralizante de una derecha que no supera haber perdido la Casa de Nariño con Gustavo Petro.

Mientras que el candidato del progresismo Iván Cepeda Castro representa a las víctimas del Estado fruto de la aplicación de la seguridad democrática de la mano del principio de la “enemigo interno”, Paloma Valencia y De la Espriella representan a quienes le apuestan al regreso a los tiempos en los que comandantes militares exigían a sus subalternos “litros de sangre” y gritaban “a mi no me traiga detenidos”.

Si se examina con atención entre las dos lecturas o formas de representación de la realidad del país aparece una idea de la paz que reeditará la insondable división que dejaron el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz. El fracaso de la paz total es el combustible con el que se mueven las fuerzas sociales, económicas y políticas que nos quieren regresar a los tiempos en los que los paramilitares fungían como agentes bisagra o simplemente fueron la autoridad estatal en vastos territorios.

La siguiente anécdota de alguna manera explica el nivel de crispación ideológica y la animadversión hacia todo lo que haga referencia a la pacificación por las buenas del país, a la izquierda y al pensar diferente.

Venía caminando muy cerca de mi lugar de residencia. En sentido contrario venía una señora de unos 70 años, con una sombrilla, protegiéndose de un sol canicular. Al cruzarnos se detuvo y me preguntó que si podía hacerle un favor. A lo que accedí con un sí y una tímida pregunta: de qué se trata, señora.

La dama respondió: “que me acompañe a rezar para que nuestro señor Jesucristo no permita que un guerrillero y ateo resulte elegido presidente de la República”. Aunque sorprendido, le respondí: “no señora”. Su reacción a modo de pregunta fue contundente: “¿Es usted guerrillero, ateo? Le dije que no, pero que apoyaba el proyecto progresista. Seguí mi camino y la “cucha” se quedó gritando “ateo, guerrillero, satanás, te irás al infierno”.

La escena me hizo pensar en qué le habrá pasado a la señora para llegar a ese punto de mendigar oraciones a un extraño para “salvar a Colombia de ser gobernada por un guerrillero y ateo”, en referencia directa a Iván Cepeda. No es necesario explicar que Cepeda jamás empuñó un fusil y desconozco si cree o no en Dios, asunto que me resulta irrelevante, aunque peligroso cuando se usa políticamente.

Llegué a pensar que la “cuchita” aún vivía en los tiempos de la campaña Petro presidente, quien como todos saben militó en el M-19. Hasta donde sé, Petro defiende los principios de la Teología de la Liberación y es creyente. De lo que sí estoy seguro es que la señora no había despertado de un coma inducido justo antes del inicio de la campaña presidencial que finalmente llevó a la presidencia de Colombia al primer y último exguerrillero.

Mientras me llega la hora de irme para el infierno al que me mandó la “cucha buscadora" de feligreses que la acompañen en su particular cruzada, seguiré escribiendo columnas (o calumnas) sobre los asuntos y problemas de una sociedad premoderna, conservadora, goda, puritana, morbosa y de doble moral que insiste en mezclar política, religión, fe y altas dosis de ignorancia. La paz política seguirá siendo una materia pendiente, cualquiera sea el presidente de la República porque las guerrillas se transformaron en carteles, en mafiosos de camuflado como los llamó Petro.



domingo, 22 de marzo de 2026

NOTICIAS CARACOL Y EL MANEJO DE LAS DENUNCIAS DE ACOSO SEXUAL

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Sigue Noticias Caracol y Caracol Televisión cometiendo errores en el manejo público de la crisis de credibilidad que afrontan por cuenta de las denuncias de acoso sexual contra dos de sus presentadores-periodistas.

El comunicado inicial, escueto por demás, termina siendo una forma de encubrimiento de los nombres de los periodistas (victimarios) que acosaron a las mujeres (¿practicantes?) que decidieron denunciar internamente las prácticas de violencia basadas en género en las que habrían incurrido dos de sus presentadores-periodistas.

Días después, Juan Roberto Vargas, director de Noticias Caracol y de Mañanas Blu hizo referencia al asunto con la anuencia, según el propio comunicador, del presidente de la compañía. Vargas habló de “doloroso y triste episodio” y expresó la solidaridad institucional con la frase estamos del “lado de las víctimas y de sus familias”. Quizás recogiendo el sentido del eslogan del noticiero: primero la gente.

A renglón seguido, habló de una de toma de  decisiones que permitirá “cortar de raíz y actuar con severidad”, lo que supone una ruptura del Pacto Patriarcal que parece que operó durante varios años al interior del noticiero a juzgar por los múltiples casos de mujeres que en las redes sociales vienen contando que sufrieron acosos sexuales durante su paso por el importante informativo. Casos que ocurrieron hace 20 años. 

Al referirse al asunto como un episodio, Vargas intenta cortar cualquier sistematicidad de las violentas conductas. El director del Noticiero hace un corte sincrónico, pero olvida el sentido histórico de una inocultable diacronía en la que se inscriben varios casos de acoso sexual que él como director quizás minimizó, no conoció de primera mano o no quiso conocer.

Mientras que los silencios  del comunicado inicial firmado por Caracol Televisión y los asumidos en el editorial comentado por Juan Roberto Vargas en torno a las identidades de los dos presentadores-periodistas hacen insondable la crisis de credibilidad que podría venirse en contra de la compañía y del noticiero, las especulaciones alrededor de los nombres de los presuntos acosadores se tomaron las redes sociales y varios portales, lo que bien parece obedecer a una estrategia institucional no reconocida por ningún directivo de dejar que el derecho al buen nombre de los dos señalados presentadores-periodistas sea escaldado en hogueras como la red X en las que vienen siendo tendencias los dos reconocidos periodistas. Hablo de Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego.

En su intervención, Juan Roberto Vargas habló de “transparencia, rigor y dignidad” y de que en el manejo de este “doloroso caso habrá plenas garantías para todos, en particular para las víctimas”. ¿Por qué permitir que las suspicacias y las especulaciones sobre los posibles nombres de los acosadores sexuales recayeran sobre dos de sus más reconocidos presentadores-periodistas? ¿Se trata acaso de una forma de sanción moral e institucional no protocolizada? ¿Por qué Juan Roberto Vargas en su nota editorial no hizo referencia a la lapidación moral que están padeciendo dos de sus empleados, compañeros y amigos? ¿La no aparición de los señalados y ya condenados presentadores en las emisiones del noticiero es una forma institucional de castigo previo a las sanciones definitivas que han de tomar “observando las plenas garantías para todos”?

Estas son preguntas que dejan ver los errores cometidos por la compañía Caracol Televisión en el manejo de unos casos de acoso sexual que se piensan “cortar de raíz” a pesar de las sospechas alrededor de la existencia de un Pacto Patriarcal liderado por directivos (hombres y quizás mujeres) que en el pasado inmediato desestimaron otras denuncias por similares casos de violencia basadas en género.

En cualquier caso, hay de fondo un asunto comunicacional que ha de servir de ejemplo para los estudiosos de las crisis, de la comunicación y de la comunicación organizacional. Insisto, entre más tiempo pase, peor resultará para la imagen de Noticias Caracol como empresa informativa, actor político y centro de prácticas para muchas periodistas que  quieren llegar a ese medio como una excelente opción de empleo y visibilidad pública.

EL PACTO PATRIARCAL EN NOTICIAS CARACOL





Por Germán Ayala Osorio

 

Las denuncias de acoso sexual al interior de Noticias Caracol abren nuevamente el debate alrededor del Pacto Patriarcal en el que nacen los hombres, que no es otra cosa que la manifestación simbólica del sistema patriarcal dominante en Colombia; el mismo en el que se naturalizaron formas sutiles de cosificación sexual de las mujeres lo que facilita la aparición de las prácticas de acoso sexual y otras formas de violencia basadas en género.

Muy bien por las mujeres que se atreven a denunciar a los jefes y compañeros acosadores, a pesar de saber que van a ser señaladas y cuestionadas por sectores societales desde los que se defiende el sistema patriarcal y se reproduce el Pacto Patriarcal. Para el caso de Noticias Caracol vienen apareciendo en los últimos días casos de violencia sexual de más de 20 años de haber ocurrido. Y a juzgar por la permanencia, pero sobre todo por el ascenso y el reconocimiento público de los periodistas-presentadores responsables de las conductas de acoso sexual, es apenas lógico concluir que al interior de esa empresa mediática operó y opera aún un Pacto Patriarcal con el que se minimizó el acoso sexual, reducido a “imprudencias, errores, malentendidos, salidas en falso; o a una cuestión de tragos o crisis matrimoniales de los machos abusadores”; y las más infames: “es que ella se insinuó, mire como vino vestida y maquillada; es coqueta…”

¿Es posible romper o salirse de ese Pacto Patriarcal? La respuesta es sí, pero hay que enfrentar fuertes condicionantes culturales que tocan ámbitos colectivos, familiares, institucionales e individuales, todos atados a formas de representación del cuerpo femenino en las que juegan un papel clave la publicidad sexista y la industria cosmética que impone estándares estéticos a las mujeres.  

Sobre los adolescentes hombres recaen presiones familiares y societales alrededor de aquello de “comportarse como machos”, esto es, hombres capaces de “conquistar” a cualquier mujer. Es decir, aquello de conquistar mujeres puede que ciertos hombres la asuman como una “guerra a muerte” en la que acosar y violar se asumen como caminos posibles a recorrer ante un no femenino mal tramitado por el derrotado varón o por el miedo latente al rechazo. Pensar a las mujeres como “territorios de conquista” hace parte de la narrativa masculina validada por el discurso publicitario y en general por la cultura dominante.

Quizás entonces lo que haya que modificar o proscribir esté atado a las exigencias familiares con miras a asegurar la esperada heterosexualidad tanto de madres y padres que se sentirán orgullosos de saber que sus hijos varones lograron establecer y consolidar una relación con mujeres, sin que les importe mucho con qué tipo de representación social de la mujer lo lograron.  En esos núcleos familiares suelen distinguirse muy bien las mujeres de la casa, de las “otras mujeres”. Esas distinciones pueden estar en función del sistema patriarcal diseñado para que haya mujeres que desde la intimidad del hogar aceptan el machismo e inducen a sus hijos, hombres y mujeres a extenderlo en el tiempo sin mayores cuestionamientos.



sábado, 21 de marzo de 2026

EL CASO DE ACOSO SEXUAL EN NOTICIAS CARACOL: UN ASUNTO COMUNICATIVO



Por Germán Ayala Osorio

 

Si miramos los casos de acoso sexual que Caracol Televisión aceptó estar revisando a la luz de sus propios protocolos, desde la perspectiva de la Comunicación, lo primero que hay que advertir es que están ante un desafío corporativo que puede terminar minando la credibilidad de las directivas, en particular las del noticiero Caracol, espacio institucional en el que habrían actuado los dos presentadores-periodistas sobre los que recaen las denuncias de acoso sexual contra colegas mujeres.

El reconocimiento público de la bochornosa situación interna se asume como un relativo punto positivo a favor del canal en la medida en que sobre el escueto comunicado recaen preguntas claves que, de no resolverse adecuadamente, terminarán afectando la ya minada credibilidad de Noticias Caracol, un actor político fustigado por sectores de las audiencias por tratamientos periodísticos amañados de hechos políticos asociados a decisiones adoptadas por el gobierno Petro, asumido por el noticiero como “objetivo político” con miras  a deslegitimarlo.  

Interrogantes como estos salieron al paso una vez se conoció el contenido del comunicado: ¿Desde cuándo las directivas conocen de esta y de otras situaciones de acoso sexual?; ¿El canal y el noticiero institucionalmente protegieron a los presentadores señalados de acosar sexualmente a periodistas mujeres? ¿Tienen contemplado, una vez se surta el debido proceso interno, exponer los nombres de los victimarios y sus víctimas? ¿El reconocimiento público y la credibilidad de los dos presentadores involucrados son motivo de duda para cancelarles los contratos?

Si el acoso sexual al interior del canal y el noticiero se asume de tiempo atrás como parte del paisaje, esto es, como parte de las relaciones cotidianas, es fácil advertir que estamos ante un problema comunicativo expresado en la reducción de la mujer a la condición de “objeto sexual” al que se accede desde las instancias de poder reconocidas dentro de las dinámicas del propio noticiero de televisión. Las exigencias estéticas a las mujeres periodistas-presentadoras no necesariamente responden a los estándares societales; es posible que detrás haya una pretensión sexualizante que complementa y alimenta la cachondez y la concupiscencia de los periodistas (jefes) que interactúan a diario con las periodistas.  

Entre más se demore @NoticiasCaracol en exponer a los acosadores sexuales peor será para su imagen. Encubrirlos porque son reconocidos y garantizan credibilidad tendrá un alto costo en materia de consumo por parte de las audiencias.

Aunque parece paradójico que dentro de un medio de comunicación subsistan problemas comunicativos ancorados al no reconocimiento de la Otredad, no lo es tanto porque si de algo se encarga el periodismo y la información como instrumento político, económico y social es de negar, señalar y mancillar identidades, en particular las de aquellos ciudadanos que el noticiero asume como “inconvenientes, incómodos e incluso como “desechables”. Hablo de los pueblos afro e indígenas y de las comunidades campesinas, entre otros, cuyos registros noticiosos por parte de Noticias Caracol estuvieron motivados en un ya probado racismo y clasismo. Por supuesto que tipos específicos de mujeres también resultan “incómodas” para el noticiero: las que denuncian a los acosadores, defienden la causa feminista y rechazan el sistema patriarcal.

El canal y el noticiero tienen al frente una oportunidad única para ofrecerle a la sociedad colombiana, machista y misógina por excelencia, un cambio institucional alrededor de las maneras como se percibe a la mujer. De esta coyuntura pueden salir ideas y procesos reeducativos que requiere una sociedad patriarcal que sexualiza todo el tiempo a la mujer a través del discurso publicitario, las exigencias estéticas y las relaciones de poder y dominación hegemónica de los hombres sobre las mujeres.



ACOSO SEXUAL EN CARACOL TELEVISIÓN

 



Por Germán Ayala Osorio

Caracol Televisión y Noticias Caracol sufren por estos días una suerte de linchamiento moral en redes sociales y de parte de algunos medios por cuenta del reconocimiento público que hizo el canal de “unas denuncias recibidas en contra de dos periodistas y presentadores por presunto acoso sexual”.

Al oficializar “que ha activado de manera inmediata los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley para la atención e investigación de este tipo de situaciones”, Caracol Televisión y su noticiero quedan expuestos a que aparezcan periodistas acuciosos de la competencia o de otras huestes interesados en develar las identidades de los dos periodistas y presentadores denunciados por acoso sexual y por supuesto los nombres de las víctimas. Por tratarse de presentadores y periodistas involucrados en el supuesto acoso sexual, ello supone un alto grado de reconocimiento social, político y periodístico lo que aumenta el interés noticioso, con todo y morbo.  

Desde la perspectiva noticiosa, el caso de acoso sexual cumple con los valores/noticia de los que hablan los teóricos de la comunicación de masas: es un caso relevante, de alcance nacional e internacional; se trataría de mujeres periodistas acosadas por sus jefes inmediatos en un país con una creciente sensibilidad social en torno a este tipo conductas aberrantes. Es decir, desde lo noticioso y lo periodístico, el plato está servido.

¿Qué pasa con el olfato periodístico de los colegas que al interior de Caracol y su noticiero saben quiénes son los acosadores? Lo primero que se activa en estos casos es el espíritu de cuerpo o lo que Carolina Sanín llamaría el “cacorraje nacional”, es decir, hombres encubriendo y solidarizándose con los colegas acosadores y desestimando las versiones de las mujeres acosadas. Se activa aquello de “la ropa sucia se lava en casa”. Entonces, aparece la autocensura como la única forma de ponerle límites al olfato periodístico y al interés de abrir noticiero con un “extra, extra, última hora, estos son los acosadores sexuales”. Estas circunstancias confirman una vez más que los criterios de noticia o de noticiabilidad siempre serán acomodaticios. Y más aún cuando la noticia o los hechos noticiables aparecen justo en las entrañas de un canal y de un noticiero que lleva más de tres años haciendo equivocados y amañados tratamientos periodísticos atados al ejercicio del poder del presidente de la República. 

En una sociedad machista como la colombiana la sanción mediática y moral de los acosadores es quizás el único camino que les queda a las víctimas y a quienes están interesados en erosionar las relaciones de dominación a las que normalmente están sometidas las mujeres. Y es así porque la justicia suele revictimizar a las víctimas de acoso sexual y exculpar a los machos violentos reduciendo las conductas a “coqueteos” normalizados al interior de las empresas.

A juzgar por las reacciones de periodistas víctimas en el pasado de iguales o peores prácticas y que conocen el medio televisivo el acoso sexual al interior de las empresas noticiosas y del entretenimiento está más que normalizado. Sería una práctica cotidiana no muy alejada de lo que acontece en universidades públicas y privadas, entre otros ámbitos.

Una vez expuesto el caso a través del comunicado público, Caracol Televisión y en particular las directivas del Noticiero están en la obligación de acelerar la investigación interna de los hechos denunciados. Cuanto antes deben frenar las “acusaciones y especulaciones” que circulan en la red X en contra de dos presentadores que no aparecieron en la emisión de ayer 20 de marzo lo que despertó suspicacias en varios tuiteros.

Compleja situación la que afronta el canal de televisión. En esta confluyen su condición de actor de poder (político y social) y su naturaleza periodística que la obligaría a hacer públicos los hechos y dar los tratamientos noticiosos propios de un oficio moralmente pensado para denunciar con fines civilizatorios y educativos lo que está mal dentro de la sociedad.  Y por supuesto que el acoso y las otras formas de violencia basadas en género son conductas que estamos en mora de proscribir. La ética empresarial y periodística están comprometidas en el asunto.

Si se comprueba la culpabilidad de los señalados, lo recomendable es que el canal prescinda de sus servicios y exponga sus nombres cumpliendo así con las condiciones teóricas y la praxis del oficio. ¿Serán capaces de hacerlo?




jueves, 19 de marzo de 2026

JEP, "FALSOS POSITIVOS" Y NEGACIÓN SIMBÓLICA

 

Por Germán Ayala Osorio

Los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”, dan cuenta de la degradación misional de los integrantes del Ejército que monetizaron la vida de jóvenes a los que convirtieron, por arte de birlibirloque, en “guerrilleros dados de baja en combates”, vestidos a la carrera, con las botas al revés y tiros de gracia. 

Los encuentros organizados por la JEP entre victimarios y víctimas terminan en reclamos, sollozos y la catarsis de madres adoloridas, rabiosas  y llenas de dolor que confrontan a exoficiales, exsoldados y exsuboficiales que ordenaron las ejecuciones o simplemente cumplieron sin pensar la orden de asesinar a por lo menos 6402 jóvenes.

En esas audiencias o encuentros dialógicos entre los comparecientes (exmilitares) y los familiares de las víctimas de la política de seguridad democrática hay lo que llamo aquí en esta columna una negación simbólica que favorece la imagen del Ejército nacional, en la medida en que los responsables de las ejecuciones extrajudiciales que responden ante la JEP ya no visten el uniforme militar con el que legitimaron la práctica de asesinar civiles para inflar las cifras y engañar al país sobre el devenir del conflicto armado interno.

Así las cosas, las madres de los jóvenes asesinados terminan haciéndole reclamos a individuos (civiles) que ya no representan a la institución militar que validó la comisión de semejante atrocidad. Las peticiones de perdón de los exmilitares pierden valor simbólico porque ya no ostentan el poder intimidatorio y desbordado con el que cumplieron y dieron las órdenes de asesinar a los muchachos de Soacha y de otros lugares a lo largo y ancho del país. 

Los execrables crímenes se entendieron en las unidades militares como actos del servicio, lo que obligaría a que la aceptación de responsabilidades por parte de los exmilitares la hicieran vestidos con los uniformes con los que dieron o cumplieron las órdenes de asesinar a cambio de permisos, condecoraciones y platos de arroz chino. Es más, la comparecencia debía de darse con las medallas que se ganaron por asesinar civiles inermes y de esa manera mentirle al país en torno a que estaban ganando la guerra contra las guerrillas. El retiro de los galardones alcanzados por asesinar jóvenes debía de hacer parte de las audiencias y los encuentros dialógicos entre victimarios y víctimas.

Ver a oficiales, suboficiales y soldados vestidos de civil graduados de asesinos sin los uniformes camuflados o de fatiga constituye una negación simbólica que afecta la consolidación de la narrativa que señala que dentro del Ejército operó una empresa criminal plegada a las exigencias del entonces comandante en jefe de las FFAA que aparecía en los medios masivos exigiéndole a la tropa “más y mejores resultados operacionales”.

Insisto en que la condición civil desde la que generales, coroneles, mayores y capitanes reconocen haber dado y cumplido órdenes consistentes en asesinar muchachos termina por favorecer la imagen de la institución castrense comprometida en la comisión de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por uniformados de alta, media y baja graduación.

Quienes piensen que lo que se propone aquí es la teatralización del dolor se equivocan. De lo que se trata es de aportar a la construcción de la verdad de lo acontecido con los “falsos positivos”, apelando a la reconstrucción de unos hechos criminales usando la simbología castrense que legalizó y legitimó los crímenes de lesa humanidad que deberían de avergonzarnos como sociedad civilizada.

La práctica institucional de los “falsos positivos” merece el rechazo de toda la sociedad. No es suficiente con que comparezcan ante la JEP, pidan perdón a las víctimas y prometan repararlas. La desviación misional que los convirtió en sicarios amerita, por su gravedad, la exposición de los comparecientes con la vestimenta castrense desde y con la que mancharon para siempre el honor militar, mancillaron la confianza de los civiles en el Ejército nacional y convirtieron al Estado en un asesino serial.

miércoles, 18 de marzo de 2026

PETRO PERDONÓ LA IGNORANCIA DE MANUEL SACRO RAMÍREZ

 

Por Germán Ayala Osorio

 


El presidente Petro perdonó al vendedor ambulante que profirió amenazas de muerte en contra del mandatario y los miembros de su familia. El ciudadano fue identificado como Manuel Yasman Sacro Ramírez, quien reconoció públicamente que “no entendía bien lo que decía. Dije cosas violentas que ahora me dan vergüenza. Me dejé llenar la cabeza de odio. Hoy reconozco que desear un golpe de Estado y decir que hay que acabar con el presidente, ni acabar con él, no es libertad de expresión, es un crimen y es odio puro. No quiero ser parte de quienes odian al país”.

Más allá de si la retractación de Sacro Ramírez fue fruto de una recomendación de un abogado en el marco del principio de oportunidad solicitado por la Fiscalía  o de un genuino arrepentimiento, el suceso debe conminarnos a reflexionar en torno a las fuentes y actores que pudieron coadyuvar a que Manuel Yasman Sacro Ramírez alimentara la violenta e inexplicable animadversión hacia el jefe del Estado.

¿Fueron acaso los periodistas y las empresas mediáticas que todos los días, durante estos casi cuatro años de gobierno creyeron que la mejor forma de confrontar el poder que ostenta el presidente de la República era apelando a la crítica mal intencionada (ética-estética) de la figura presidencial? Quienes dicen y reconocen que odian a Petro, ¿esa inquina es fruto de un análisis serio de las “malas decisiones” adoptadas por el presidente o simplemente esa animadversión se explica por el miedo-rabia que les da reconocer que el país, a pesar de los catastrofistas no se fue al abismo, no se le entregó a las Farc, o al temido comunismo?

Como vendedor ambulante o rebuscador es posible que en la calle Sacro Ramírez haya creído a pie juntillas las “verdades” que suelen circular en semáforos y andenes en torno a los gobernantes y en particular alrededor del presidente Petro, el mandatario que más ha soportado el escrutinio moralizante de columnistas y periodistas que le han criticado por el uso de los zapatos ferragamo, el caminado y en general su outfit, atado sin duda a su pasado guerrillero.   

Les alcanzó a esos mismos “comunicadores y odiadores profesionales” para meterse con su vida íntima y hasta para atacar a sus hijas, en particular a Antonella, perseguida y ultrajada en estadios de fútbol y en las redes sociales, verdaderas alcantarillas en donde supuran heridas; redes sociales que realmente son insondables trincheras ideológicas en donde se escupen toda suerte de improperios. ¿Acaso Manuel Yasman Sacro Ramírez es víctima de las redes sociales?

La supina ignorancia de Sacro Ramírez puede ser la mayor responsable del lío judicial en el que se metió al amenazar al presidente y a los miembros de su familia. Esto dijo en uno de los videos que publicó: “Cuál es el miedo Petro, no Gustavita, perra… Los vamos a acabar a todos y te vamos a acabar a ti (Presidente Petro), ya pedí 70 mil hombres para hacer el golpe de estado (…) Este es un mensaje bien bravo que te estamos dando, y a todo el ELN y las FARC que se preparen”.

Bien por el gesto del presidente Petro y mejor aún el arrepentimiento de Sacro Ramírez. ¿Reconocerán algún día los periodistas y columnistas que abandonaron los límites éticos del oficio para atacar con saña al presidente de la República? ¿Tendrán la gallardía de aceptar que actuaron como “bodegueros” y activistas políticos?

Última pregunta: ¿Sabrá Manuel Yasmán el significado de la palabra Sacro, que le sirve de apellido? “El apellido «Sacro» tiene sus raíces en el término latino «sacrum», que se traduce como «sagrado». Este significado sugiere una conexión espiritual o religiosa, lo que es común en muchos apellidos de origen latino. En diversos contextos, el apellido puede haber sido utilizado para designar a quienes tenían una relación particular con la iglesia, o a aquellos que trabajaban en profesiones relacionadas con lo sagrado. A medida que se expandió su uso, también podría haber adquirido connotaciones relacionadas con el honor y la dignidad”.

 

ANGIE RODRÍGUEZ: FUEGO AMIGO Y (DES) LEALTADES IMPÚDICAS

  Por Germán Ayala Osorio   Las explosivas declaraciones dadas por Angie Rodríguez a Semana y Noticias Caracol con las que enloda al gob...