miércoles, 7 de octubre de 2026

ESTATUTO ANTITERRORISTA Y UN LIBRO POR ESCRIBIR




Por Germán Ayala Osorio

 

Estos dos meses del gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero han sido vertiginosos en anuncios, amenazas y símbolos que dan cuenta de la transformación personal del gobernante y de la democracia. Al tiempo que el jefe del Estado abandona su condición civil para transformarse en un militar más, la institucionalidad democrática va caminando hacia un régimen de mano dura que puede resultar peor a lo que el país vivió durante los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez y Duque Márquez.

Si hacemos el ejercicio de conectar frases, silencios, titulares, amenazas, decisiones socioambientales insostenibles que ponen en riesgo la soberanía y la seguridad alimentarias y redefiniciones étnico-identitarias (en Colombia no hay campesinos y niñas), es fácil concluir que efectivamente el país ya avanza hacia un proceso de “bukelización”, incluida la posibilidad de que regrese la reelección presidencial. Inicio con lo más actual.

El borrador de un nuevo Estatuto Antiterrorista que ya se filtró a los medios apunta a la consolidación de un régimen político que terminará por incluir en la lista de grupos terroristas a simpatizantes de izquierda, librepensadores, periodistas, feministas, petristas, miembros y militantes del Pacto Histórico, liberales, ambientalistas, defensores de los derechos humanos; líderes y lideresas sociales y ciudadanos que expresen críticas al gobierno nacional en cabeza de Abelardo Gabriel. No se descarta que el propio expresidente Petro termine en esa lista o preso por su apoyo a las movilizaciones que, aunque pacíficas, casi siempre terminan en desmanes por cuenta de desadaptados “orgánicos” o infiltrados de la ultraderecha. Lo anterior, en virtud de la extensión de la doctrina del enemigo interno a todo el que piense distinto. Quien no está conmigo, está contra mí. Quien no apoya al gobierno, es enemigo de la Patria. 

De la Espriella anunció, en tono castrense, que no “tolerará bloqueos y actos de vandalismo”. Y el expresidente Petro en su cuenta de X aseguró que participará de la “…marcha del 14 de octubre en Bogotá y espero a todo el pueblo trabajador de la ciudad. Es ya que tenemos que movernos y preparar la lucha hasta la huelga general por un salario mínimo vital para el año 2027 y un plan serio de lucha contra el hambre para mitigar el efecto que dejará la sequía”. El plato de la turbulencia social y la represión estatal está servido.

Si en el pasado se publicó el Libro Negro de la Represión (1958-1980) para dar cuenta de una cruenta violencia estatal, es posible que ese mismo título sea retomado por quienes sobrevivan a la represión que se viene con el objetivo de registrar las violaciones de los derechos humanos y los de la Naruraleza en zonas urbanas y rurales ya se están presentando y las que vendrán cuando el gobierno afine su proyecto disciplinante y regenerador (moral e ideológico) a través de la “batalla cultural”; en los territorios rurales muy seguramente se aplicará una violenta contrarreforma agraria.

Aunque en el Libro Negro de la Represión (1958-1980) se alude a circunstancias muy distintas a las que hoy vive el mundo y en particular este hemisferio, lo sucedido en aquella época y las que soportará en adelante el continente americano por la operación del Escudo de las Américas, la reedición de la Operación Cóndor y  el regreso del TIAR (Tratado Internacional de Asistencia Recíproca) de la mano de la ultraderecha trumpista, comparten un mismo patrón desestabilizador: la injerencia de los Estados Unidos y la sumisión de los países latinoamericanos a los intereses globales de la potencia militar.

En el prólogo del señalado libro se lee: “la Defensa de los Derechos Humanos, preconizada por el Presidente Carter en su campaña presidencial, e impulsada con bombos y platillos durante su mandato, contiene un carácter siniestro”. Ese carácter aciago, funesto, adverso y fatal acompaña sin duda alguna a la operación del Escudo de las Américas. Pero hay otros hechos, decisiones y pronunciamientos que preocupan. Sigamos.

Recién, en sus ya acostumbradas amenazas y en su tono bravucón, De la Espriella insinuó o por lo menos le permitió a los petristas pensar en que al presidente le gustaría reelegirse. Entonces, el expresidente Petro le salió al paso y le contestó “Yo a usted no le temo porque conozco al dedillo su pasado señorito Abelardo Squiffo. Habrá las puertas de la reelección y me enfrentará”. No seamos ingenuos: cualquier modificación a la Constitución que reviva la reelección presidencial inmediata del actual presidente vendrá con la prohibición legal que le prohibirá a Petro lanzarse nuevamente.

A pesar del gazapo en el trino de Petro, el país político entendió que el ambiente de confrontación política y social está por escalar porque en apenas dos meses De la Espriella ya dejó claro que su objetivo es reversar, con la ayuda del Consejo de Estado y las otras cortes, todas las reformas sociales y los avances que en materia de beneficios para los más pobres logró dejar operando el gobierno anterior.

El mutismo de las altas cortes frente a las amenazas que lanzó Abelardo en contra de los jueces que se opongan a la fumigación de los cultivos de coca con glufosinato de amonio y la intención manifiesta de acabar con la JEP hace pensar en que esa “bukelización” del país no es mal vista en esas corporaciones judiciales encargadas de ponerle límites al Ejecutivo. Bueno, por lo menos operaron contra el gobierno Petro con ese criterio y lograron frenar muchos de los decretos con fuerza de ley que emitió.  

Acabar con las zonas de protección alimentaria tiene un propósito económico que, unido a otras medidas y a las variables que determinan el índice de inflación, busca reducir a la clase media, así como empobrecer más a los pobres y afectar negativamente la soberanía y la seguridad alimentarias de las comunidades agrícolas y del país. Desconocer a los campesinos como actor histórico, social y cultural hace parte de ese proyecto en el que avanzará el sometimiento y transformación de valiosos ecosistemas naturales sometidos a la ganadería extensiva de baja producción y con fines de especulación inmobiliaria y al modelo de la gran plantación (economía de enclave) que incluye la extensión de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana y la minería a gran escala.

Así las cosas, es cuestión de tiempo para que la bukelización del país sea una realidad. Veo cada vez más lejana la posibilidad de que haya elecciones en el 2030. Hay un Bukele o en un General de Brigada en proceso de construcción. Ojalá me equivoque.

martes, 6 de octubre de 2026

ASESINOS DEL PRESIDENTE DE HAITÍ: ¿MERCENARIOS O HÉROES?




Por Germán Ayala Osorio

 

Todos los días el presidente de la República confirma su perfil militarista. Lo hace con su ridículo saludo militar, el porte de un arma al cinto, el outfit verde oliva en la camisa y el pantalón caqui; y su constante grito de batalla firme por la Patria. Su condición de civil se desvanece cada vez más y eso que apenas lleva dos meses en el cargo. No sería raro que terminara su mandato luciendo un uniforme de fatiga o usando charreteras propias de un general de Brigada. Concuerdo con Catalina Gil Pinzón cuando dice que “nunca es deseable que en una democracia un gobierno civil promueva con tanta frecuencia gestos y lenguaje militar como identidad política. La militarización del relato político es un riesgo silencioso para la democracia”.

El dictador Fidel Castro Ruz vestía prendas militares como premio y recuerdo de la gesta revolucionaria con la que desmontó el régimen de Batista en 1959 con la ayuda de un grupo de barbudos y mechudos que soñaban con el socialismo como alternativa política; lo mismo hace aún Daniel Ortega, presidente de Nicaragua. Ambos “revolucionarios” encontraron en las botas y en el uniforme militar reconocimiento internacional.

Al sentirse “combatiente” y querer parecerse en algo a quienes sí han participado de operaciones de orden público Abelardo Gabriel salió a defender a los exmilitares colombianos que participaron del asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moise, ocurrido el 7 de julio de 2021. No solo los llamó “héroes”, sino que ordenó a dos de sus ministros a brindarles apoyo estatal en su compleja situación jurídica hoy en manos de la justicia estadounidense.

De la Espriella, como abogado, guarda un especial gusto por interactuar y defender bandidos. En una entrevista publicada en la revista Semana (2008), Abelardo de la Espriella dijo esto sobre el entonces comandante de las AUC, Salvatore Mancuso: “Mancuso es mi paisano y se echó a espaldas una lucha que debimos haber dado todos los cordobeses. En el lugar de él, yo habría hecho lo mismo… habría sido ‘paraco’ de verdad, con uniforme y con fusil”. Aunque no lo llamó “héroe”, en lo dicho hay evidencia de una fuerte admiración por el criminal de marras y una actitud política con la que legitimó en ese momento la aparición del fenómeno paramilitar.

En su cuenta de X el jefe del Estado dijo que “les he dado la instrucción a los señores ministros de Defensa y de Justicia de brindar asistencia jurídica a los militares detenidos en Estados Unidos por su presunta participación en el asesinato del presidente de Haití, así como apoyo económico a sus familias. No pueden pagar justos por pecadores. Quiero saber exactamente qué ocurrió y que se esclarezca la responsabilidad individual de cada uno. No soy la clase de presidente que abandona a sus héroes cuando enfrentan dificultades. No los voy a dejar solos: tendrán respaldo para ejercer su defensa y para que toda esta situación se aclare”.

Vamos por partes como diría Jack El Destripador. De la Espriella habla de una “presunta participación”, cuando ya “hay nueve colombianos condenados en Estados Unidos por participar en este asesinato, de los cuales cinco fueron sentenciados a cadena perpetua, mientras que uno sexto tuvo una condena de nueve años por financiar el envío de chalecos antibalas para los mercenarios”. En cuanto al resto de exsoldados, hace poco fueron trasladados desde Puerto Príncipe a Estados Unidos 17 para ser procesados por el magnicidio del presidente de Haití.

El Estado colombiano está obligado moral y políticamente a hacer valer los derechos de sus connacionales que por cualquier razón están o van a ser procesados judicialmente en el exterior. Eso se entiende, pero el asunto problemático está en que el presidente de la República los eleve al estatus de “héroes”. Lo que no queda claro es si el calificativo se da como reconocimiento a la operación que terminó con la muerte del presidente de Haití o por los servicios prestados cuando portaron el uniforme en territorio colombiano.

Lo del apoyo económico a las familias suena a una suerte de actitud populista muy propia de quien afanosamente busca el reconocimiento castrense. Se ve mal el ofrecimiento cuando en el país hay cientos de miles de ciudadanos que madrugan todos los días a rebuscarse la vida y no precisamente a planear o hacer parte de una operación militar para asesinar a un jefe de Estado. Hay víctimas del terremoto que aún sufren las consecuencias dejadas por el devastador movimiento telúrico y continúan esperando la ayuda del Estado. Es más, el gobierno de Abelardo Gabriel se ha mostrado indiferente frente a la suerte de los migrantes colombianos detenidos por los fascistas del ICE en los Estados Unidos en el marco de la "limpieza étnica" que emprendió  Donald Trump. 

Cuando De la Espriella dice que no es la clase de presidente que abandona a sus héroes, a quién se refiere. ¿Acaso al entonces presidente Petro? Gustavo Petro en un viaje a la isla le pidió perdón a los haitianos y sus autoridades por las acciones criminales de los connacionales: “colombianos oscuros en su corazón, blancos en su piel, pagos como mercenarios por intereses en el estado de la Florida”, los llamó en ese momento. Dos disímiles maneras de entender los hechos. Durante el pasado gobierno se les ofreció a los “mercenarios” la asistencia que llaman estándar dentro de las actividades de la Cancillería. Ahora, el presidente-combatiente inicia un proceso de heroización que luce inmoral e inconveniente para la imagen del Estado colombiano.

Varios medios de información llaman “mercenarios” a los exmilitares colombianos que participaron del crimen del presidente haitiano. Lo son en la medida en que vendieron su formación a cambio de dinero. A la luz del derecho internacional y en el protocolo I, la definición de mercenario cambia especialmente porque no viajaron a Haití para participar de un conflicto armado. En El Príncipe de Maquiavelo se lee que “si un príncipe sustenta su Estado con tropas mercenarias, no estará nunca firme ni seguro, porque estas carecen de unión, son ambiciosas, indisciplinadas, fanfarronas en presencia de los amigos, y cobardes contra los enemigos...". Sería bueno que antes de haberlos elevado al estatus de Héroes, De la Espriella le dijera al país qué clase de oficiales y suboficiales fueron cuando portaron el uniforme. En cualquier caso, constituye un grave error político del presidente ponerlos en el mismo nivel de aquellos que han combatido en el país respetando las normas y sin traspasar los límites de la guerra, porque no se le olvide, que hasta la guerra los tiene.


¿ES JUANITA LEÓN UNA "ACTRIZ POLÍTICA"?

 

Por Germán Ayala Osorio

En el enfrentamiento verbal y político entre Carlos Suárez Rojas, estratega de la campaña de Abelardo Presidente y Juanita León, directora del portal La Silla Vacía hay de fondo una discusión conceptual en torno a la naturaleza política de todas las empresas mediáticas y a la siempre discutible “objetividad periodística”; ambos asuntos abordados por la academia y usados selectivamente por el amigo y estratega del hoy presidente de la República para “descalificar” al portal que lo confronta periodística y políticamente.

Tomo apartes de la respuesta que Suárez Rojas, presidente de la Junta Directiva de Ecopetrol, le envió desde su cuenta de X a la periodista y empresaria Juanita León, con el propósito de plantear el equívoco en el que incurre el funcionario. Al final de la columna, recojo algunas ideas de lo dicho por Juanita León a su poderoso interlocutor.

“… tú y La Silla Vacía se reservan el papel de narrador omnisciente: esa voz que todo lo sabe, todo lo interpreta y a todos sentencia. Antes de seguir, quiero dejar en claro lo siguiente: El Portal activista, La Silla Vacía, ha decidido declarar unilateralmente su enemistad conmigo y con el Gobierno del Presidente De La Espriella…”

Resulta a todas luces peligroso e inconveniente que Suárez apele a la vieja doctrina extendida del enemigo interno para exponer a la empresa de información como enemiga del gobierno y del propio Suárez. Ya De la Espriella, en campaña, catalogó al petrismo y a los petristas de “enemigos de la Patria”, asunto no menor en un país violento como Colombia en el que actores armados, legales e ilegales, suelen perseguir, estigmatizar y asesinar a quienes previamente fueran calificados como “enemigos de la causa” u objetivos militares; y como presidente sacó del aire a dos periodistas de Blu radio y tumbó al presidente de la ANDI.

La prensa puede ser considerada crítica, en oposición e incómoda, pero jamás incluirla en el arbitrario listado de enemigos de un presidente, gobierno o de un funcionario. Hablar de “enemistad pública declarada” obedece a un anuncio de guerra política que bien puede terminar en otra de carácter económica.

No creo en las leyes mordaza. Por más que mientan los medios, hay otras formas para contrarrestar campañas mediáticas consideradas por un gobierno o un sector de la sociedad como contraproducentes o dañinas. En lo que creo es que las audiencias deben ser formadas en el análisis del discurso para descifrar los intereses, ocultos y visibles, que se defienden desde las empresas mediáticas. Cualquier intento por acallar a un medio o a un grupo de periodistas es física cobardía, expresión clara de intolerancia y la decisión de fungir como déspotas y fascistas.  

“Yo quiero que, cada vez que te lean, todos recuerden esto: lo tuyo no es la investigación de un medio imparcial sobre el presidente y su estratega. Lo tuyo es la intervención de un actor político financiado por grupos económicos perfectamente identificables. Lo tuyo es defender los intereses de tu inmensamente rica familia, que contrata con el Estado o con sus empresas en condiciones que dejan mucho que desear. Lo tuyo es promover una agenda propia y operar mediante un método tan sencillo como eficaz: construyes una narrativa, la empaquetas, la distribuyes y la repites hasta convertirla en ambiente. Después, cuando esa narrativa produce efectos, te refugias en la solemnidad del periodismo para fingir que nada tuviste que ver con ellos”.

En mis tiempos de analista de medios dentro del ámbito universitario me referí a las empresas mediáticas hegemónicas como “actores políticos” por varias razones: la primera, porque el periodismo es una forma de poder y éste siempre devendrá con características políticas en la medida en que al ejercicio periodístico se suelen sumar políticos profesionales, empresas que pautan y por supuesto, los propietarios de estas a los que le interesa mantener a flote ese instrumento de poder, político y económico, llamado información; la segunda, porque actúan en la arena pública en la que los asuntos políticos, cubiertos bajo los valores/noticia, están naturalmente atados a las correlaciones de fuerza, a los intereses de la clase empresarial y política que rondan a los medios bien a través de la pauta, las fuentes que se consultan de manera rutinaria o los que de manera explícita o implícita deciden defender editorial y periodísticamente. Y la tercera, porque el lenguaje periodístico, con todo y sus dobleces, guarda una estrecha relación con lo político, entendido este último como expresión discursiva de las complejidades, las tensiones y los conflictos propios de la condición humana.

Es tan político el ejercicio periodístico, y tan metidos están los medios en las dinámicas de la política, que ha bastado con una llamada a un director de un medio para detener informes periodísticos que denuncian actos de corrupción.

Carlos Suárez cree que afecta negativamente a La Silla Vacía al calificarla de actor político. Y se equivoca Juanita León en no dar la discusión conceptual que el país mediático y político deben dar alrededor de esa inocultable naturaleza y perfil de los medios de comunicación: son actores políticos. Punto.

Suárez olvida que los medios que hoy acompañan a De la Espriella y le cubren la espalda también son actores políticos y apelan a los mismos tratamientos sesgados que según el presidente de la Junta Directiva de Ecopetrol hace La Silla Vacía. Y aquí entra el segundo concepto: la objetividad. La objetividad es quizás una de las mayores mentiras que se enseñan como valor periodístico (moral) en las escuelas de periodismo o comunicación social. No es posible ser objetivo por cuanto el periodista deviene con una historia personal y familiar que de muchas maneras sesga su mirada sobre hechos públicos; a lo que se suman la línea editorial, las directrices que le dan los editores y los usos particulares del lenguaje periodístico que el periodista reconoce en los titulares y la redacción misma de las notas publicadas. Hay intentar y apostarle a ser riguroso. 

En su larga perorata, Suárez fustiga prácticas periodísticas en las que incurre La Silla Vacía, que son las mismas en las que por ejemplo incurren la revista Semana, de los Gilinski y el periódico El Tiempo, ambos banqueros que apoyan a De la Espriella.

“La Silla Vacía puede llamarse medio de comunicación. Para mí, hace tiempo decidió comportarse como un actor político. Y los actores políticos reciben respuesta política. Por ejemplo, luego hablaré de tu financiación y de los nexos con Ecopetrol. Así que quítate la máscara y juguemos de tú a tú. Publica cuanto quieras. Ataca cuanto puedas. Pero no pretendas ser, al mismo tiempo, jugadora, árbitro y cronista del partido”.

En el extenso trino de Suárez hay una desafortunada frase que León interpreta como una amenaza velada. “No desconozco tu derecho a publicar. Desconozco tu pretensión de golpear como adversaria y ser protegida como árbitro. Tampoco quiero silenciarte, Juanita: sería regalarte el papel de mártir y poner a cantar a tu coro de auxilio — esas si bodegas - como Cambio y los demás activistas que se disfrazan de periodistas —, siempre dispuesto a calificar de persecución cualquier contradicción. Soy menos pretencioso: solo quiero quitarte el disfraz e igualar el terreno”.

La frase en rojo deja ver la arrogancia del funcionario y amigo del presidente que se da el lujo de “descabezar” periodistas y líderes gremiales. ¿Acaso tiene el poder para silenciarla? ¿O mejor, lo pensó? Frente a eso León dijo en su respuesta: “Que Suárez diga que no quiere silenciar a La Silla también merece una precisión. Que un medio pueda investigar y publicar sobre quienes ejercen poder no depende de que las personas en el poder decidan tolerarlo ni es una concesión que le hagan al periodismo. Es una garantía democrática. Suárez tiene todo el derecho a controvertir nuestras investigaciones, cuestionar nuestros métodos y aportar evidencia que contradiga lo que publicamos. Pero no le corresponde decidir qué medios merecen ser escuchados, cuáles deben ser desacreditados o cuándo resulta conveniente silenciarlos”.

Finalmente, Juanita León evita la discusión alrededor del calificativo “actor político”. Eso sí, en medio del unanimismo ideológico y mediático en el que transcurre la vida pública y privada en la "Patria Milagro", lo que hace La Silla Vacía de confrontar al poderoso Carlos Suárez y de incomodar al presidente De la Espriella abre una luz de esperanza. Con errores o sesgos, siempre debemos defender a quienes le apuestan a vigilar y molestar a los que ostentan poder. Esa es la esencia del periodismo. 

Qué sano sería para la democracia y el periodismo que todos se quitaran las máscaras para reconocer una verdad histórica y cultural: los medios son actores políticos. Punto; y otra coyuntural, hay empresas mediáticas que, por miedo a ser censurados, por conveniencia económica y simpatías ideológicas están defendiendo al gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero que, en apenas dos meses, ya deja claro que su proyecto de país es regresarnos al siglo XIX con su batalla cultural; en lo económico, a los tiempos de César Gaviria Trujillo y su apuesta neoliberal; y en materia de derechos humanos y orden público, a las nefastas circunstancias que rodearon la aplicación de la Seguridad Democrática de Uribe y a las que acompañaron al Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. Dar esa discusión pública y sincera sería un verdadero Milagro.





lunes, 5 de octubre de 2026

COLOMBIA: UN PAÍS DE PELÍCULA



Por Germán Ayala Osorio

 

En dos meses de estar al frente del Gobierno, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero (AGDLE) ha protagonizado varios roles que, cinematográficamente, pueden resultar atractivos para las audiencias, en particular para los miembros de la “manada” que lo votaron, pero que lo alejan del gran papel para el que fue elegido: jefe de Estado.

Hasta el momento y a juzgar por sus primeras actuaciones no da muestras de poder interpretarlo como lo espera esa parte del país que cree en el Estado y en el ejercicio del poder basado en una indiscutible legitimidad social y política, atada, por supuesto a una gobernanza libre de las sempiternas ataduras clientelares que convirtieron a la política en un negocio entre clanes y mafias de todo tipo.

Veamos algunos de los papeles hasta ahora protagonizados por Abelardo. Inició su aventura actoral con el desarreglo identitario que parece sufrir y que usó en campaña para presentarse como un tigre, feroz depredador con el que se sentía identificado. El Presidente-Therian fue su primer papel, el que ha ido dejando de lado para entrar de lleno en la interpretación de otros con los que ha logrado conectar de una mejor manera con sus fans. De vez en cuando usa la frase “lo duro que muerde el tigre” o “en la era del tigre”, pero ese primer rol se ha difuminado un poco por la fuerza de los otros protagonizados en tan corto tiempo.  

En el personaje de Presidente-Sheriff o Presidente-Combatiente se destacan las escenas muy bien logradas por el equipo de grabación. El país lo vio patrullando, a la madrugada, con arma al cinto, por unas muy bien escogidas calles del barrio Cristo Rey de Santa Marta. El barrio fue elegido entre varios, pero se optó por grabar las escenas en Cristo Rey por lo que empezaron a llamar dentro su equipo racord ideológico. El oufit usado en esas y otras grabaciones indica con claridad el abandono paulatino de su condición civil.

El país no olvidará esas trágicas, tétricas y lúgubres escenas en las que camina entre cadáveres. Miembros de su “manada” aplaudieron a rabiar esa interpretación porque sintieron que por fin se acabarán los villanos en Colombia. Las mejores actuaciones, a juzgar por varios críticos del séptimo arte, se registraron en Cali y en un hangar. En la capital del Valle del Cauca, también a la madrugada, se vio al Presidente-Sheriff dándole la bienvenida a la “patria milagro” a un peligroso vendedor minorista de droga de la zona de El Calvario. La crítica destacó la reacción natural del capturado en flagrancia en su rol de villano caído en desgracia. En la segunda locación, vimos al Presidente-Sheriff despidiendo al criminal alias Araña. Bueno, aún no está claro si lo estaba despidiendo o dándole la bienvenida a la “patria milagro”.

Mucho antes de esa fulgurante interpretación, en su posesión como presidente y después en otras grabaciones el país vio al Presidente-Creyente. Atrás quedó su pasado como ateo. Su entrega a Dios, a Cristo Rey y a la lectura de la Biblia le pueden abrir, una vez termine su pasantía en las sedes de la Casa de Nariño, la posibilidad de encarnar el papel protagónico de Jesús de Nazaret. Según fuentes fidedignas, Universal Estudios inició contacto con sus manejadores.

La más reciente de sus actuaciones la protagonizó apenas unos días atrás cuando se le vio “condenando” públicamente al alcalde de Sincelejo, Jair Acuña. En su caracterización como Presidente-Juez, se le vio algo arbitrario frente a la presunción de inocencia, el debido proceso y el derecho a la réplica, elementos que hacen parte de las garantías procesales y constitucionales de una democracia como la colombiana. La actuación de Acuña, en su rol de villano antagonista sirvió para que prestantes juristas llamaran la atención acerca de las extralimitaciones en las que habría incurrido el Presidente-Juez. Varios guionistas salieron en defensa del actor y el rol protagónicos indicando que se trata de una escena de ficción, aunque se parezca a hechos de la vida real.

Quizás el rol protagónico que generó terror y miedo en ciertos sectores societales fue el de Presidente-Decapitador en la sombra. Metido en ese rol, logró cortarle la cabeza al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master. Aunque no hay imágenes que den cuenta de su desempeño actoral, una famosa periodista-estafeta y la hija del dirigente gremial, Sofía Mac Master confirman que efectivamente Abelardo protagonizó ese papel que es contrario a la defensa de los presos y contrapesos de la democracia, de la autonomía e independencia de actores económicos de la sociedad civil. Esa sería la tercera escena porque ya había hecho lo mismo con propios nombramientos como el de Carlos Sepúlveda Rico, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), cuya cabeza también fue cercenada por asuntos ideológicos. La descabezada del director del DANE también es recordada en esas huestes en las que no gustó de a mucho esas interpretaciones.

Otro rol estelar es el de Presidente-Censor. Bajo la misma modalidad de actor en la sombra, dos periodistas de Blu radio fueron sacadas del aire por ser consideradas incómodas por el presidente. Dicen las malas lenguas que están en capilla “Julito no me cuelgue” y Daniel Coronell.

Digamos que, en un temprano balance, Abelardo Gabriel ha sacado adelante esas actuaciones en un país al que le gusta la política espectáculo. Por tratarse de escenas de ficción, basadas en hechos reales, la gobernabilidad se mantiene a pesar de las crecientes críticas de académicos, periodistas independientes y exministros que consideran que el presidente anda “empeliculado” y metido en esos seis papeles protagónicos, pero poco interesado en el papel principal de Jefe de Estado.  

Aunque nunca se conocen detalles previos de las grabaciones y locaciones, las audiencias saben que en cualquier momento serán sorprendidas.  Lo que sí sabe es que el Director de esta película llamada Colombia está todos los días presto a gritar: luces, cámara, acción.

Un famoso guionista, escritor y crítico del cine político que pidió reserva de su nombre, envió al equipo de grabación de presidencia un corto texto que podría servir para construir el perfil del rol de Jefe de Estado, en caso de que Abelardo quiera interpretarlo: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general. Son fines del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución…El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte. Es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación. “El presidente de la República simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”.

domingo, 4 de octubre de 2026

NO HAY ACUÑA QUE MÁS APRIETE…

 



Foto: Colprensa. 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las constantes y cinematográficas apariciones del presidente De la Espriella dejan ver a un mandatario que confunde poder con autoridad, legitimidad social y política con exposición mediática y aplausos de sus áulicos; que irrespeta la separación de poderes; esos mismos registros audiovisuales exponen la contradicción del presidente de la República que dice respetar las instituciones y las institucionalidades derivadas, pero que presionó la salida de Bruce Mac Master de la ANDI y sacó al director del DANE porque no encontró que el gobierno Petro hubiese manipulado cifras; a todo lo anterior se suma el saludo militar, el oufit castrense y el porte de un arma al cinto que lo aleja cada vez más de su condición civil para acercarlo a la de presidente-combatiente.

Son ya varios los videos en los que, como un presidente-actor, ordena y toma decisiones en asuntos menores si se comparan con los problemas complejos que arrastra de tiempo el país y que le exigen su atención en lugar de estar exhibiendo autoridad y poder como si fueran sinónimos.  Por ejemplo, en Santa Marta apareció a la madrugada armado y “patrullando” mientras la ciudad sufría un “paro armado” ordenado por un grupo paramilitar y mafioso; en Cali, aparece en una escena en la que le da la “bienvenida a la patria milagro” a un vendedor de estupefacientes de la olla de El Calvario en pleno centro de la ciudad; o en un hangar haciendo lo mismo, pero al criminal alias Araña, momentos antes de irse extraditado hacia los Estados Unidos.

En otro video que circula en las redes sociales aparece el presidente-actor llamando la atención al público: “Aplaudan, por qué no aplauden”. La exigencia presidencial la hizo con el objetivo de mostrar que su lucha contra la corrupción va en serio. La frase, por supuesto, se volvió meme en las implacables redes sociales. Pues en ese mismo escenario e insistiendo en el tema de la corrupción pública el propio Abelardo Gabriel de la Espriella Otero subió videos en los que aparece fustigando y descalificando al alcalde de Sincelejo, Jair Acuña.  

La embestida presidencial contra el alcalde Acuña se dio en el marco de un consejo de seguridad. “Todo Sincelejo lo sabe, todo Sucre lo sabe, lo que usted ha hecho con la plata del pueblo sincelejano. Usted cree que yo soy la clase de presidente que le va a permitir las prácticas ha hecho aquí en Sincelejo. Usted cree que yo voy a permitir que siga haciendo lo que sabe hacer que es politiquería… cómo confiar en una persona que tiene 13 procesos por corrupción…”. Sin duda alguna, De la Espriella convirtió al alcalde de Sincelejo en su “chivo expiatorio”. Al final, en la retina de las audiencias quedó claro que Acuña es corrupto, previa condena del presidente de la República. Solo le faltó mandarlo a detener, aunque el acalde aún no ha sido vencido en juicio.

Periodistas y políticos esperaban que el alcalde saliera a dar alguna declaración en respuesta a semejante embestida del jefe del Estado. Horas después, Acuña usó el mismo canal, las redes sociales, para confrontar al “juez” que lo condenó frente a las cámaras. Esto dijo el vapuleado mandatario local: “Señor Presidente, por favor, ese video está editado y manipulado digitalmente. Le pido que muestre el video completo donde se puede cómo se violentan los códigos disciplinarios y penales en Colombia… donde se puede ver como un alcalde es intimidado con fusiles, en cabeza de civiles, como se le coloca a un alcalde una persona con arma larga permanente con el único objetivo de intimidarlo; se me quita el legítimo derecho a la réplica, sopena de ser expulsado…”.

Si lo que dice Acuña en su video es cierto, lo sucedido en ese consejo de seguridad que se desarrolló en Coveñas, amerita no solo explicaciones del jefe del Estado, sino la intervención de la Procuraduría General de la Nación en la medida en que, de acuerdo con lo expresado por el alcalde de Sincelejo, se le violaron varios derechos, entre ellos a la presunción de inocencia, al debido proceso de la mano de un presidente-juez que lo condenó; a controvertir, a expresarse de manera libre. Que el presidente le haya permitido “quedarse, pero en silencio” en el evento resulta a todas luces oprobioso con una autoridad local elegida a través del voto.

Jair Acuña usó el concepto y derecho a la presunción de inocencia para jugar el mismo juego moral en el que lo metió el presidente de la República: “yo no le voy a quitar a Usted la presunción de inocencia porque Usted tenga expedientes…tampoco le voy a quitar la presunción de inocencia ni la buena fe de recaudos en cabeza de personas jurídicas no gubernamentales que hoy recaudaron recursos y que la gente no sabe dónde están, pero le doy la buena fe”.

Acuña le recordó a De la Espriella el lío de una chatarra de Bucaramanga en el que está involucrado su ministro de Vivienda; hizo lo propio con la viceministra de Defensa llamada a juicio… Y terminó su reacción con la exposición de unos audios en los que se escucha al entonces candidato presidencial, Abelardo de la Espriella Otero reconociendo la gestión en seguridad de Jair Acuña.

Le alcanzó al señor Alcalde para ventilar intimidades y cercanías con amigos en común. Es tal la familiaridad, que Acuña le reconoció lo rico que cocina la señora madre de Abelardo Gabriel, una “santa”, dijo el alcalde en el video. Una especie de “sacada de trapitos al sol” muy propia de amigos de parranda y de actividades electorales.

La pulla final del funcionario local le recordó al país la lúgubre y macabra escena en la que aparece el presidente-sheriff caminando entre una veintena de cadáveres: “no me perfile…me rehuso a creer, señor presidente, que me quieran volver un falso positivo; que me quieran meter en una bolsa… Dios lo bendiga y chao, pescao”. Y como estamos hablando de cine y de actuaciones, este capítulo debe titularse No hay (A) cuña que más apriete que la del mismo palo.




SOFÍA MAC MASTER HABLÓ SIN EUFEMISMOS




Por Germán Ayala Osorio

 

La renuncia del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, por presiones directas de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, no puede quedarse en el simple registro noticioso de unas empresas mediáticas que tímidamente abordaron el asunto sin ahondar en los peligros que conlleva que el jefe del Estado haya pedido la cabeza del dirigente gremial por diferencias personales y políticas.

En su carta de despedida Bruce apela a una serie de eufemismos con los que quizás deja ver el miedo que le produce señalar de manera directa al presidente de la República de ejercer presión directa sobre la Junta Directiva y afiliados claves al gremio para garantizar su dimisión. Quedó claro que Mac Master no renunció, “lo renunciaron”.

Cuando los medios y el propio Bruce hablan de “presiones del gobierno”, ocultan lo que realmente pasó: fue Abelardo el que pidió la cabeza de Mac Master. Más directa resultó la hija del decapitado dirigente gremial, Sofía Mac Master. Esto dijo: “Hoy es él. Pero el precedente queda. Si normalizamos que un presidente puede ejercer presión hasta volver incómodo o imposible que alguien continúe al frente de un gremio porque no le gusta lo que dice, mañana puede pasar exactamente lo mismo con cualquier otra persona”.

Ya dije en una anterior columna que Colombia es el país de los eufemismos. El miedo o la excesiva prudencia de Bruce Mac Master para exponer lo que realmente pasó con su abrupta salida de la ANDI expone la gravedad de lo sucedido. Lo que resulta a todas luces peor es la fractura al interior del gremio e incluso la división de otros agentes económicos de la sociedad civil sobre los cuales De la Espriella tiene el interés de capturarlos, someterlos y por esa vía reducir su interlocución a instancias individuales más fáciles de manipular. Eso de tender puentes con una organización en la que puede haber algo de pluralidad y disenso no parece ser del gusto del jefe del Estado.

Mientras el país empresarial pasa el trago amargo de la decapitada de Bruce, la ya famosa columna que escribió en favor del entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella no solo “envejeció mal”, sino que da cuenta de una incontrastable ingenuidad de Mac Master, alimentada por el odio de clase con el que se enfrentó al presidente Petro. A pesar de los agrios desencuentros discursivos, Petro jamás lo vetó o pidió su cabeza como si lo hizo De la Espriella.

Son varios los párrafos de esa ya famosa y ejemplarizante columna que escribió Bruce en el godo periódico El Colombiano. Rescato dos que dejan ver con claridad la ingenuidad y la zalamería del presidente de la ANDI que, por poco tiempo, estuvo “firme por la patria: “De La Espriella ha decidido rodearse de personas respetables, con visión institucional y democrática, eso es muy importante. Confiamos en que habrá un gobierno dentro del cauce de la Constitución, con respeto por los contrapesos, talento técnico, constructor de consensos y con buenas políticas públicas. El país necesita más unión y menos polarización…Este próximo domingo tendremos que decidir entre dos caminos. No tengo ninguna duda de que optaré por el camino de mayor institucionalidad, mayor Democracia y respeto de la Constitución”.

Con todo y lo negativo y peligroso que resulta que un jefe del Estado vete y haga sacar a un líder gremial por discrepancias personales, ese insuceso deja una lección para los miembros de la élite empresarial: a veces, el real “enemigo” de la institucionalidad no está en las huestes opuestas, sino que está presente y se incuba en las propias mesnadas. Más claro: el “enemigo” no estaba en la izquierda o en el progresismo tal como Bruce se lo hizo ver a la opinión pública, sino en la misma derecha.

A Bruce lo sacó Abelardo, eso está claro. Su caso se puede explicar desde las circunstancias de un particular “fuego amigo” en el que se enfrentaron dos visiones de clase, con sus respectivos clasismos. El clasismo de Bruce, anclado a su origen y pertenencia a una élite empresarial profundamente aporofóbica; y el clasismo sobreviniente de un tipo como Abelardo de la Espriella que, desde el tradicional elitismo gremial y político colombiano, siempre fue y será visto como un “emergente”, como un “levantado”.  Eso sí, el jefe del Estado y su prestante víctima tienen en común que ambos son profundamente aporofóbicos. Desde la sede presidencial de Barranquilla, una vez Abelardo Gabriel conoció la carta de renuncia de Bruce, debió haber espetado, bienvenido a la Patria Milagro y que viva Cristo Rey.

sábado, 3 de octubre de 2026

MARÍA FERNANDA CABAL Y LA NUEVA DERECHA

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Después de su renuncia al Centro Democrático, partido que jamás le respondió su solicitud de escisión, María Fernanda Cabal Molina inicia el camino para consolidar un nuevo partido político en Colombia y sobre esa plataforma buscar la presidencia de la República en 2030. La señora Cabal Molina habla de una “nueva derecha”, pero no oculta su apoyo a las políticas y actitudes propias de la ultraderecha que viene implementando y exponiendo públicamente Abelardo Gabriel de la Espriella Otero. Abiertamente apoyó la candidatura del “tigre”. “Felicitaciones @ABDELAESPRIELLA vamos firmes por la patria en segunda vuelta. El país a votar para derrotar a Petro y su camarada Cepeda”.

Se entiende el desespero de la excongresista y feroz defensora del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez- a quien insiste en llamarlo “presidente”- por construir su propia historia política sin jefe político. Pero llegar al movimiento Liga de Gobernantes contra la Corrupción, fundado por Rodolfo Hernández, condenado por corrupción, hoy llamado Partido Republicano, constituye una decisión política que de entrada le pone una mácula a su aspiración presidencial. El tamaño de esa sombra crece al confirmar que la acompañará el congresista de la Alianza Verde, Jota P Hernández. No podía quedar peor acompañada la señora Cabal al lado de semejante personaje.

En declaraciones a varios medios, Cabal Molina dijo que “vamos a ser la plataforma que siempre soñé, la nueva derecha, que conecta con el ciudadano bueno, con el trabajador, con la defensa de la vida, la propiedad y de la fuerza pública que tanto nos cuida”.

Cabal Molina no se caracteriza justamente por tener un excelso dominio de categorías y conceptos propios de la filosofía política. Eso sí, aprendió en el Centro Democrático a lanzar mensajes efectistas que no soportan un análisis crítico. Habla de una “nueva derecha”, pero hace referencia a los mismos elementos ideológicos que durante varios años ella defendió al interior del Centro Democrático, un partido de derecha: “la propiedad privada, la vida y la fuerza pública” aplicando, esos sí, los principios y recetas de la doctrina neoliberal con las que efectivamente se defiende la propiedad privada y se extiende su espectro al Estado que termina siendo “privatizado” y operado por agentes empresariales que solo buscan hacer negocios y enriquecerse a costa del bienestar colectivo; bajo esas circunstancias, ni el Estado ni la derecha tradicional han defendido la vida como asegura Cabal.

Baste con recordar que el entonces presidente Uribe “entregó 8.53 millones de hectáreas a empresas mineras. Muchas de esas hectáreas incluso estaban en páramos y en lugares de reserva natural. Uribe fue un desastre entregando títulos mineros a diestra y siniestra”. Se estima que en los ocho años que duró su gobierno se concedieron 7.869 títulos mineros, casi 984 anuales. Muchos de estos títulos se dieron en el suroeste antioqueño, en donde Uribe sigue siendo admirado con fervor”.

En lo que corresponde a la defensa de la fuerza pública Uribe los llevó a una guerra frontal contra las Farc-Ep, con cientos de miles de militares y policías mutilados; con millones de campesinos desplazados y la consecuente ruina del campo. Sin duda alguna una forma curiosa de respetarlos y dignificar sus vidas. Los 7.837 crímenes de Estado (falsos positivos), que Cabal pone en duda su ocurrencia y las precarias condiciones salariales de soldados, no dan cuenta precisamente de una actitud de reconocimiento y respeto hacia los uniformados. Fue Petro, el "comunista exguerrillero" quien les mejoró el salario y la comida que se reparte en los ranchos de los batallones. 

En sus declaraciones a la prensa tradicional que cubrió su llegada al Partido Republicano, la exsenadora Cabal dijo que “como primera militante del Partido Republicano voy a trazar el rumbo que siempre quise… hoy es una plataforma que se construye para las elecciones regionales y para la presidencia de 2030. El buen gobernante, dice la Biblia, tiene feliz a su pueblo”.

Cabal Molina habla de conectar con ciudadanos “buenos”. Al insistir en esa falsa y peligrosa dicotomía entre Buenos y Malos la excongresista se acerca a la ultraderecha que hoy gobierna a Colombia. De la Espriella la llevó a otro nivel pues calificó al petrismo y a los petristas claro está, como “enemigos de la Patria”, es decir, desde el discurso de la señora Cabal, millones de ciudadanos que votaron por Petro y Cepeda serían malos ciudadanos. Y termina alineada aún más con el actual gobierno, al citar la Biblia. Por ser creyente y al parecer camandulera, lo más probable es que en su campaña presidencial de 2030 también programe retiros espirituales para entregar biblias a sus fututos ministros con la "marca Cabal", apoyada en el eslogan con "extrema coherencia". Es tan coherente que fue a dar a un partido creado por un corrupto. El cambio de nombre no borra ese deshonroso antecedente. 

Al final, creo que Cabal Molina con su Partido Republicano no le apostará realmente a consolidar una “nueva derecha”, sino a naturalizar las prácticas de la ultraderecha que dejará operando De la Espriella. Ojalá la futura candidata presidencial entienda que Colombia jamás funcionó como una verdadera República por decisión directa de la élite y presidentes de la derecha tradicional. Apenas si lograron crear una República pero bananera. 

LO QUE SIGUE DESPUÉS DE ACABAR CON LA JEP

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Acabar con la JEP ha sido el anhelo de la derecha colombiana que directa o indirectamente tiene responsabilidades en la degradación moral de las fuerzas militares y en general de las dinámicas del conflicto armado interno. El expresidente Uribe sigue siendo el más enconado enemigo de ese tribunal de paz porque a partir de los testimonios de los militares comparecientes se consolidó la narrativa que indica o sugiere que le cabe a él una responsabilidad política en la ocurrencia de los crímenes de lesa humanidad (falsos positivos) cometidos por militares que seguían las directrices de su política de seguridad democrática.

Con el anunciado recorte a las finanzas que permiten la operación de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), De la Espriella “releva” a Uribe en su pretensión de acabar con el alto tribunal apoyado en el mismo falaz argumento de recuperar la imagen y defender los derechos de los “patriotas” que no cometieron crímenes, sino errores o pequeñas extralimitaciones en sus funciones. En particular los soldados que asesinaron a civiles desarmados lo hicieron porque, como dijo el general Montoya Uribe, eran de “estratos 1 y 2 y por su ignorancia no supieron diferenciar entre bajas y resultados”.

La animadversión hacia la justicia transicional representada en la JEP y la incomodidad político-militar de sus hallazgos partió del proceso de paz de La Habana, espacio de negociación política entre los plenipotenciarios del gobierno y las FARC-Ep en el que emergió la idea de crear esa jurisdicción para procesar a los combatientes, legales e ilegales, que participaron de las hostilidades y violaron los derechos humanos y el DIH. Los que votaron No en el plebiscito por la paz de 2016 dejaron claro que las penas alternativas (sanciones morales) que recibirían los criminales de las Farc-Ep les resultaban insultantes para el grueso de la sociedad.

Eso sí, las sanciones morales que también recibirían los militares comprometidos en la comisión de graves violaciones a los derechos humanos les resultaban menos ofensivas en la medida que eso de los “falsos positivos” hacía parte de la falsa narrativa promovida por defensores de derechos humanos y enemigos de Uribe, todos cercanos a las guerrillas. En el 2021 la senadora uribista María Fernanda Cabal dijo que “eso enferma la izquierda porque necesitan crear una narrativa que destruya el honor de la fuerza pública, por eso se inventan 6.402 falsos positivos. pero el presidente de la JEP no pública la lista para demostrarle que es falso. ¡Publique la lista, no deshonre más a los hombres que perdieron sus ojos sus piernas y su vida por este país!”

Por estos días el expresidente Santos y el entonces jefe de la delegación de paz en La Habana, Humberto de la Calle Lombana se refirieron a la decisión política del gobierno de Abelardo de la Espriella de ahogar económicamente a la JEP. Llama la atención que, en su defensa del tribunal de justicia transicional, el expresidente criticara las “demoras” en las investigaciones y expedición de sentencias por parte de los magistrados de la JEP y el segundo hablara de “errores”.

De la Calle afirmó a varios medios que “ha utilizado demasiado tiempo para tomar decisiones y se ha llenado de procedimientos que no corresponden a su carácter transicional”. Humberto de la Calle y el expresidente Santos comparten ese mismo diagnóstico, pero insisten en que la JEP no debe ni puede eliminarse. Además, están de acuerdo en que el periodo de ese tribunal de paz no debe extenderse en el tiempo. Lo contrario piensa el expresidente Petro, quien en su cuenta de X afirmó que “la JEP debe recuperar las facultades derivadas del acuerdo de paz: debe ser el máximo tribunal de la verdad del conflicto y los terceros deben ser parte de su investigación e intervenir”.

La degradación del conflicto armado y la conversión de los actores armados ilegales en estructuras mafiosas (narcotraficantes) son suficientes factores para extender en el tiempo la operación de la JEP, con miras a probar que la producción y tráfico de cocaína, la minería legal e ilegal, la extorsión y el comercio de armas están conectados con agentes económicos y políticos que deben quedar expuestos ante la opinión pública. Y el mejor lugar para lograr ese objetivo es la JEP. El país necesita que ese tribunal abra un mega caso sobre los Señores de la Guerra. Muy seguramente se trata de terceros civiles muy poderosos que deberían de comparecer ante la JEP. 

Volvamos a lo dicho por Santos y De la Calle. Frente a la arremetida política del actual gobierno y el uso político-militar del virtual ahogamiento del alto tribunal de paz, lo expresado por Santos y De la Calle resulta a todas luces inconveniente porque legitima la pretensión presidencial de acabar con la JEP. 

Hay una diferencia entre Uribe y De la Espriella en lo que tiene que ver con la verdad que la JEP ya ha venido construyendo alrededor de lo ocurrido durante el conflicto armado interno, en particular en lo que toca al trabajo coordinado entre militares y paramilitares. Al expresidente Uribe le interesaba exclusivamente salvar su imagen, ya bastante comprometida por los crímenes y excesos que dejó la aplicación a rajatabla de su política de seguridad democrática; mientras que De la Espriella le está apuntando a ganarse un lugar dentro del espectro castrense, en particular ser reconocido como un verdadero patriota por quienes son partidarios de la línea dura (tropera), que incluye la extensión y aplicación sin miramientos de la doctrina del enemigo interno a gente de izquierda, progresistas, liberales, intelectuales, defensores del ambiente y los derechos humanos, así como contra académicos críticos del militarismo que representa De la Espriella.

El saludo militar, portar un arma al cinto y su permanente grito de guerra, firme por la Patria, hacen parte del proyecto de cerrar la JEP, que va de la mano de la intención ya manifiesta de consolidar en el país un régimen de terror que supere con creces lo sufrido y vivido durante los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez y Duque Márquez. El referente político y moral es el gobierno de Nayib Bukele. El silencio de las altas cortes frente a la disminución del presupuesto a la JEP y las amenazas de Abelardo a los jueces que con sus fallos se opongan a la fumigación de cultivos de uso ilícito; la presión del presidente de la República para sacar de la ANDI a Burce Mac Master, la censura contra dos periodistas de Blu radio, y la consecuente autocensura asumida por los grandes medios, ponerle límites a la protesta social y varias iniciativas que caminan en el Congreso como pasar a la Justicia Militar los procesos que lleva la JEP, van ambientando lo que sería la “bukelización” del país. Ya no se escucha el “ajúa”, pero se oye con enorme simpatía en los sectores más fanáticos, tanáticos y religiosos, que ¡viva Cristo Rey!



viernes, 2 de octubre de 2026

UN CANSINO DESPRECIO DE LA VIDA




Por Germán Ayala Osorio

 

El uso de peligrosos herbicidas como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusión interminable entre ecólogos, biólogos, ambientalistas y gobiernos pro-gringos como el de Abelardo Gabriel de la Espriella; este último, insiste en darle continuidad a la fallida política antidrogas que los Estados Unidos. Recordemos que el presidente colombiano es ciudadano norteamericano, circunstancia que lo obliga a salvaguardar y defender los intereses de la potencia militar, por encima del bien general de la nación colombiana.

Una vez tomada la decisión del presidente De la Espriella de arriar la bandera gringa y desechar la colombiana, entonces vuelve el país a la misma discusión con un elemento nuevo: la decisión sin ninguna clase de miramientos sobre los efectos ecológicos y socioambientales que generará el uso del glufosinato de amonio, el herbicida con el que buscan afectar los cultivos de coca que abundan en el Putumayo y otras zonas del país. Más claro: la orden es fumigar, fumigar y fumigar.

Como Abelardo es incapaz de dar una discusión académica sobre los graves efectos que generará la aplicación de ese veneno (herbicida), descarga la responsabilidad en su ministro de Justicia, Iván Cancino. Y como la idea es despreciar el Principio de Precaución consignado en la Ley 99 de 1993 y desarrollado por la Corte Constitucional y el Consejo de Estado a través de varias sentencias y obedecer a Trump, entonces el funcionario judicial salió a defender a dentelladas el piloto con el que el país regresa a la fumigación aérea de los cultivos de uso ilícito. Lo hizo en el Congreso exhibiendo una actitud arrogante y grosera, propia de quien está obligado a negar la evidencia científica que advierte de los graves efectos y riesgos que trae la aplicación de herbicidas. No olvidemos que este es un gobierno negacionista del cambio climático.

En un debate de control político Iván Cancino soltó esta perla: “Este programa no es para experimentar a ver qué le pasa al ser humano, es para revisar si ese componente químico realmente causa sobre la mata lo que dicen que causa. Y perdóneme que se lo responda, yo no le puedo contestar qué va a pasar con el ser humano porque es que este programa no está diseñado para ver qué le pasa al ser humano cuando le hagan una aspersión con uno de los componentes; se trata de cuidarlo, de que no esté presente, de alejarlo y ver qué le causa a la mata”.

El desprecio por las vidas asociadas a los ecosistemas naturales e incluso a las que rondan a los llamados “ecosistemas emergentes” como el monocultivo de la coca es evidente en el ministro y hace parte sustantiva de la narrativa oficial del gobierno colombiano.

Cancino parece olvidar que son los vientos los que hacen posible que la peligrosidad del herbicida se potencie y se propaguen sus efectos negativos y termine afectando a cultivos de pan coger, las aguas superficiales, los suelos y por supuesto al campesinado y a los labriegos ubicados en zonas no tan cercanas a las elegidas para asperjar el glufosinato de amonio.

De acuerdo con informe de Indepaz, “…al tratarse de un herbicida no selectivo de amplio espectro, su potencial de quema abarca casi la totalidad de las cubiertas vegetales fotosintéticamente activas, lo que exige una delimitación técnica rigurosa de las bandas de amortiguamiento físico durante su dosificación en campo para impedir la destrucción colateral de cultivos útiles vecinos o de flora nativa circundante”. Y en el mismo documento, al que el ministro Cancino muy seguramente no le interesara conocer, se expone con claridad los riesgos sobre la salud humana: “El análisis ecotoxicológico y clínico del glufosinato de amonio demuestra que este principio activo no se comporta como un agente inocuo o estrictamente circunscrito al tejido vegetal objetivo. La literatura científica internacional ha acopiado evidencia empírica que sitúa a este xenobiótico como un factor de riesgo relevante para la salud humana, la estabilidad de la biodiversidad y la integridad de los recursos hídricos superficiales”.

Quizás por su formación como abogado, Cancino no desarrolló los pensamientos sistémico, complejo y mucho menos el crítico. Su mirada asistémica es propia de ciudadanos a los que jamás les interesó comprender las complejidades de los ecosistemas naturales y las de la propia condición humana. Al hacer gala de su ignorancia sobre asuntos que tienen que ver con la sostenibilidad sistémica, Cancino se ve obligado a vociferar y gritar para sentir que él tiene la razón, así lo espetado resulte ser una estupidez o simplemente confirme que como ministro legitima la narrativa oficial con la que se desprecian las vidas de los ecosistemas naturales y las de los seres humanos. El fracking a lo que marque, la fumigación aérea con glufosinato de amonio y la autorización para desarrollar minería a gran escala en el Páramo de Santurbán, en pleno fenómeno del Niño y las evidencias de una pluricrisis ambientales (cambio climático), confirman el espíritu ecocida con el que gobierno está actuando.

Cancino es un apellido “de origen español, vinculado a la música y la poesía, con presencia histórica en España y América Latina, y con connotaciones de creatividad y expresividad artística”. A juzgar por la actitud hostil del ministro en la sesión de control político en el Congreso y su demostrada ignorancia sobre asuntos relacionados con la sostenibilidad sistémica, su vinculación con la música y la poesía se circunscribe al canturreo del estribillo “fumigar, fumigar, fumigar y firme por la patria”.

jueves, 1 de octubre de 2026

BRUCE NO RENUNCIÓ, LO "RENUNCIARON"



Por Germán Ayala Osorio

 

Los eufemismos hacen parte de nuestra cultura. Y los discursos todo el tiempo nos lo confirman. Pongamos un ejemplo: en lugar de hablar de ejecuciones extrajudiciales o crímenes de Estado, la prensa y cientos de miles de ciudadanos hablan de “falsos positivos”. Sin duda alguna, un eufemismo cruel que minimiza la gravedad de esos hechos en los que militares monetizaron la vida de por lo menos 7837 ciudadanos. Los asesinaron, los vistieron con prendas de combate y los hicieron pasar como “guerrilleros caídos en enfrentamientos con la fuerza pública”.

Ahora que se conoce la carta de despedida del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, después de más de una década al frente de ese gremio, vuelven los eufemismos. Entonces, en lugar de decir que a Bruce lo vetó y tumbó el presidente De la Espriella, los periodistas usan los términos “renunció” o “dimitió”. Titulares como este de Caracol Radio dan cuenta del registro del hecho noticioso del día, del mes y quizás del año: “Bruce Mac Master presentó su renuncia a la Presidencia de la ANDI: esta es la carta”.

Lo más preocupante es que el propio (ex) presidente de la ANDI en su misiva apela a eufemismos para enmascarar lo que claramente fue una “emboscada política” que desde la Casa de Nariño (sede Barranquilla) se planeó de tiempo atrás. Baste con recordar lo publicado por Vicky Dávila en su cuenta de X para entender que la cabeza del presidente de la ANDI pendía del hilo que estaba pendiente de cortar el jefe del Estado. Hasta que lo cortó.

Veamos apartes del comunicado con el que Bruce enmascara lo que realmente pasó y que la estafeta-periodista Vicky Dávila ya le había advertido a él y al país en su cuenta de la señalada red social. “En las últimas semanas se han presentado circunstancias inesperadas y preocupantes que han hecho particularmente complejo el entorno de la Asociación… Múltiples presiones han afectado su capacidad de actuar libremente y cumplir sus funciones con autonomía.” Bruce Mac Master se cuida de hablar de “presiones políticas”, de diferencias insuperables entre él y De la Espriella. Y mucho menos se atreve a hablar del veto del que fue objeto, primer paso antes de su caída. Si hubiese un concurso para elegir el más precioso eufemismo, el de “Circunstancias inesperadas” se llevaría todos los honores. Y por supuesto, su emisor.

Sigamos. “La Junta de Dirección General, su Mesa Directiva y yo mismo hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para propiciar una solución y unas condiciones que le permitieran a la Asociación cumplir plenamente su función, buscando mantener abiertos los espacios de interlocución y continuar contribuyendo, como lo ha hecho durante toda su existencia, a la construcción de soluciones para el país, preservando siempre su independencia, su autonomía y su lugar institucional en la sociedad”.

Si no se tuviera todo el contexto que la estafeta-periodista le entregó al país a cuentagotas, quien lea el documento no comprendería de qué está hablando el hasta hace unos meses aguerrido líder gremial que se enfrentó discursivamente al presidente Petro a quien le faltó poco para calificarlo de dictador. ¿A qué se refiere con “propiciar una solución”? ¿Cuál era el problema? El problema estaba claro: De la Espriella pidió su cabeza. Lo vetó primero y quizás haya logrado fracturar internamente a la ANDI y a su Junta. Una vez logrado el ambiente enrarecido, solo era cuestión de esperar la renuncia o mejor, la caída de Mac Master.

Estamos ante una misiva encriptada gracias en buena parte a los eufemismos, pero también a los dobleces del lenguaje. No es necesario explicitar todo para que la gente entienda. Lo que sucede es que esa misma gente puede pensar que el tono de la carta de Bruce se mueve entre la elegancia, la jactancia, la tranquilidad, la mesura, el cansancio por lo vivido durante semanas y el miedo porque, como pocos, pudo comprender hasta dónde podría llegar el presidente de la República de no conseguir la renuncia del dirigente gremial. Ahora Mac Master sabe lo “duro que muerde el tigre”.

Al décimo párrafo, de los 24 que compone su larga misiva, Bruce aterriza al lector en el nudo del problema: el Gobierno. O mejor, su nula interlocución con el presidente de la República. “A pesar de lo anterior, todos esos intentos resultaron infructuosos. Lo lamento profundamente, porque siempre he creído en la inteligencia colectiva y en la necesidad de que el Gobierno, el sector productivo y las instituciones puedan trabajar juntos, incluso en medio de diferencias, con respeto, independencia y sentido de responsabilidad nacional. Lo intentamos y no tuvimos éxito”.

Desde Lo No Dicho, elemento clave en el análisis del discurso, resulta apenas lógico pensar que a Bruce lo irrespetaron o por lo menos así se sintió. Y cómo no si fue vetado por el jefe del Estado. En el siguiente párrafo, Mac Master vuelve otra vez a los eufemismos. Quizás le sirvieron al propósito de no dejar salir la rabia y la desazón que pudo sentir de ver y darse cuenta de que de nada le sirvió votar por De la Espriella y sobre todo de haber publicado esa columna de opinión en El Colombiano en la que con zalamería le dijo al país y al entonces candidato presidencial cuál era su decisión. Recordemos un par de las ideas consignadas en el texto titulado Votaré por la democracia liberal con el único propósito de conectarlas con las del final de la misiva. Las coloreo con rojo para que el lector las conecte más adelante.

“Para quienes creemos en la democracia liberal, la Constitución, el Estado de derecho, las libertades, y una economía capaz de generar oportunidades, la elección actual es fundamental. Votaré por Abelardo de la Espriella porque considero que es la alternativa más conveniente para todo el país, para las empresas y para los trabajadores. La alternativa de Cepeda representa la continuidad política y operativa del actual gobierno. Él mismo habla de “nuestro gobierno”. Frente a esa continuidad existen razones serias de preocupación. El problema no es sólo de ejecución; es su relación con los principios de la democracia liberal, su posición frente a las instituciones, la búsqueda del debilitamiento de los contrapesos, la presión sobre Cortes y Congreso, el ataque al sistema electoral materializado en insistencia en promover una Asamblea Nacional Constituyente que promueve mayor concentración presidencial y por lo tanto no fortalece la democracia, la debilita”.

Mírese con cuidado el último párrafo extraído de la carta de renuncia del dirigente gremial. Sugiero hacerlo recordando las frases subrayadas con rojo del párrafo anterior.

“Colombia atraviesa un momento que exige esfuerzos de todos. El país necesita instituciones fuertes y trabajo armónico en muchos frentes. Dentro de ellas, resulta esencial la existencia de pesos y contrapesos que aseguren los límites que protegen la democracia. Esta situación me deja reflexiones que considero importantes para nuestra democracia. Me recuerda el valor de las libertades, la importancia de la autonomía de las instituciones y la necesidad de proteger siempre los espacios desde los cuales los ciudadanos y las organizaciones pueden expresar sus posiciones, participar en la conversación pública y contribuir al desarrollo del país. Me recuerda muy especialmente la importancia de una actividad gremial íntegra, independiente, desprovista de agendas paralelas y acorde con las responsabilidades que la sociedad le otorga”.

La frase subrayada con el color verde hace pensar que Bruce se fue no solo por la presión de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, sino porque dentro del gremio y quizás desde otros, esas “agendas paralelas” incluían su salida, al parecer aclamada por empresarios que dejaron atrás su independencia para entregarse sin límites a los caprichos del poder presidencial. Varios deben estar hoy gritando aún ¡viva Cristo Rey!, al enterarse que Bruce cayó. Bruce no renunció, lo "renunciaron", es decir, el presidente pidió su cabeza. 

No es necesario decir que la descabezada a Bruce Mac Master manda un mal mensaje a la sociedad y a otros agentes económicos de la sociedad civil: o se alinean con la "batalla cultural" y la patria milagro, o se atienen a las consecuencias.  ¿Si eso es capaz de hacer el gobierno, el presidente de la República con un dirigente gremial, qué podemos esperar los ciudadanos de a pie que no compartimos sus ideas?

EL TEMPRANO MANIFIESTO DEL CENTRO POLÍTICO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Figuras del “centro político” acaban de publicar un manifiesto en el que expresan una serie de preocupaciones alrededor de las formas en las que el gobierno conduce algunos asuntos de interés nacional. Dicho documento, titulado La Constitución: Escudo de Colombia, llega antes de que se cumplan dos meses de haber llegado a la Casa de Nariño el falso outsider que vendieron los medios masivos y por el que votaron agentes gremiales que, curiosamente, los firmantes de dicho manifiesto defienden ante la arremetida presidencial en contra del presidente de la ANDI, Bruce Mac Master, quien hizo público su voto por De la Espriella en una columna que rápidamente “envejeció mal”.

Esto dijo el dirigente gremial, hoy confrontado y vetado por el jefe del Estado: “La elección que tenemos enfrente no es una decisión cualquiera. Estamos hablando del futuro de la democracia, el de la economía, la libre empresa, el empleo, la propiedad privada, la separación de poderes, de un modelo con límites democráticos para evitar abusos”.

Entre los firmantes aparecen exministros del gobierno Petro y de otras administraciones, Alejandro Gaviria Uribe y José Antonio Ocampo, así como Juan Daniel Oviedo, quien fuera fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial Paloma Valencia y reconocidos académicos.

Son cuatro asuntos sobre los que discurren los firmantes del Manifiesto: la guerra cultural, ejercicio del poder presidencial, relaciones con la prensa y libertad sindicatos y gremios. Veamos algunos apartes del documento con el objetivo de develar los alcances de lo explicitado en el Manifiesto.

En lo que respecta a la “Guerra Cultural”, en el texto se lee lo siguiente: “Este factor de confrontación social, que viene de tiempo atrás y ocurre en muchas partes del mundo, se agudizó durante el pasado gobierno y subsiste en el actual así los referentes ideológicos sean distintos”.

Aunque Petro no habló de batalla cultural, si usó su popular y aclamada figura política para confrontar al viejo Establecimiento y a las decisiones económicas y políticas cargadas de sentimientos y actitudes a todas luces aporofóbicas, clasistas y racistas. Si se comparan las actitudes de Abelardo de la Espriella que hoy confrontan quienes firman el Manifiesto, con las de Petro, no hay manera de asimilarlas a las apuestas del actual gobierno con su dichosa y peligrosa “batalla cultural”. Así las cosas, esa lectura del Manifiesto deviene exagerada. Eso sí, no se puede negar que Petro ideologizó la discusión de todos los asuntos públicos.

Consideran quienes refrendan el contenido del Manifiesto que la declaratoria de “guerra cultural” es contraria a la Constitución. Y sin duda es así.

“El uso recurrente de la expresión “Viva Cristo Rey” en los discursos presidenciales nos preocupa: fue usado como grito de guerra en los violentos enfrentamientos de los partidos políticos en el siglo pasado. Ese precedente trágico no puede ignorarse. Ciertos nombramientos de ministros pueden augurar políticas encaminadas a restringir los derechos de aquellos cuya vida sexual es diversa, a sesgar la educación por motivos religiosos, y a la intención de imponer en las aulas una visión cerrada de la historia de nuestra nación”.

En el punto número dos, Ejercicio del poder presidencial, los firmantes del Manifiesto caen en el error de destacar la política comunicacional del presidente de la República. Sostener que lo hace “con buen criterio” cuando las evidencias hablan de censura, autocensura y de la construcción de realidades dramatizadas y recreadas como el patrullaje del presidente con un arma al cinco por algunas calles de Santa Marta acerca a los signatarios del documento a ese discurso centrista que con algo de razón se califica como “tibio o medroso”. Esto dice el texto: “Con buen criterio, el presidente está empeñado en generar una disciplina comunicacional que le dé claridad a sus propósitos. Sin embargo, centralizar en él mismo la difusión de los mensajes puede tener consecuencias negativas”.

A renglón seguido, los suscriptores del Manifiesto advierten del peligro de esa férrea disciplina comunicacional fundada claramente en la incapacidad de Abelardo para articular un discurso hilvanado y la evidente molestia que le genera ser confrontado y preguntado por asuntos que claramente no domina.

“La disciplina adoptada puede conducir a un gobierno autoritario y unipersonal semejante a otros que le sirven al presidente de la Espriella de paradigma. La destitución del director del DANE, a pesar de que esa entidad goza de autonomía técnica, y de que la difusión de sus informes es pública y obedece a una programación estricta, debilita la credibilidad de esa institución”.

El país sabe que De la Espriella admira a Bukele y a Milei, jefes de Estado con tendencias totalitarias. Hacen bien quienes firman el documento en señalar que el presidente colombiano sigue el paradigma político en el que están instalados esos dos y quizás otros más autócratas, reyezuelos o dictadorcitos bananeros.  

En el punto tres, que corresponde a las Relaciones con la prensa, los signatarios del mencionado documento lanzan una velada crítica al evidente proceso de politización e ideologización de los medios públicos durante el gobierno Petro. Claro que hubo excesos, lo que trae nuevamente la discusión acerca de la incapacidad institucional de consolidar medios públicos con visión de Estado que evite o por lo menos minimice su uso para defender gobiernos.

En el Manifiesto se lee: “El gobierno ha tomado la decisión de reducir y despolitizar los medios de comunicación estatales. Respaldamos esa política. Sin embargo, cabe advertir que la libertad de prensa tiene dos dimensiones diferentes: la de informar y la de recibir información veraz y oportuna (art.19).  En este contexto nos preocupan: • Los cierres intempestivos de programas de opinión política en medios de comunicación privados.  Cuando esa circunstancia coincide con la antipatía, real o presunta, de los gobernantes hacia determinados periodistas, la conclusión obvia es que pudo haber censura gubernamental, la cual, por supuesto, no tiene que ser explícita. • La estrategia de no conceder ruedas de prensa abiertas a los diferentes medios. Si el presidente y otros altos funcionarios escogen a sus interlocutores, surge la sospecha de que previamente se ha pactado la exclusión de temas y preguntas incómodas”.

En este punto, quienes suscriben el documento omiten hacer referencia a la autocensura, práctica que puede resultar peor que la censura oficial a la que fueron sometidas las periodistas de Blu radio. Además, se cuidan de señalar que efectivamente hubo censura. Al decir que “pudo haber censura gubernamental” se esconde una realidad que contradice el sentido y el objetivo del Manifiesto. Nuevamente el lenguaje centrista (medroso y tibio) aparece en el texto.

En lo que corresponde al cuarto punto, Libertad sindicatos y gremios, llama la atención la defensa que hacen los firmantes del Manifiesto de la soberanía popular a la que de manera permanente apeló el entonces presidente Petro, y que fue asumida por sus críticos, enemigos y detractores, incluidos agentes del Centro político, como una forma de meter miedo con los constantes llamados a una Asamblea Nacional Constituyente, a las concentraciones y movilizaciones masivas que recibió en respaldo el gobierno anterior.

“Cuando el poder político fluye desde el Estado hacia los ciudadanos puede surgir la tiranía; si se configura desde abajo, la democracia florece. Por eso dice la Constitución que “La soberanía reside exclusivamente en el pueblo, del que emana el poder público” (art.3). El pueblo somos los ciudadanos como titulares de los derechos políticos (art.40), que podemos ejercer solos o asociados con otros (art. 38)”.

En este último punto dejan claro los suscriptores del Manifiesto su rechazo al veto que impuso De la Espriella al presidente de la ANDI. “Existen abundantes indicios para creer que el gobierno pretende interferir en el funcionamiento de los gremios. En tal caso, sería por entero lógico que se intentara una estrategia semejante con relación a las organizaciones sindicales. Así unos y otros pasarían a ser dependencias gubernamentales. La libertad para defender sus intereses dejaría de existir”.

El texto en mención puede asumirse como un primer llamado de atención- realmente una alerta- al gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, a los medios, al empresariado y al resto de la sociedad de los riesgos que vislumbran quienes firman el Manifiesto. Ya veremos cuál Abelardo responde al contenido del Manifiesto, si el presidente-actor, el presidente-pastor o el presidente-combatiente. O quizás decida guardar silencio o les mande a decir que no tiene tiempo de responderles porque anda ocupado actuando para la cámara y el camarógrafo de la presidencia. 


Adenda: pocas horas después de la publicación del Manifiesto se produjo la salida de Bruce Mac Master de la presidente de la ANDI. Abelardo ganó el pulso: lo vetó, lo obligó a renunciar. 

ESTATUTO ANTITERRORISTA Y UN LIBRO POR ESCRIBIR

Por Germán Ayala Osorio   Estos dos meses del gobierno de Abelardo Gabriel de la Espriella Otero han sido vertiginosos en anuncios, ame...