Por Germán Ayala Osorio
De acuerdo con la más reciente
encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, lo más probable es que Iván
Cepeda y Abelardo de la Espriella pasen a la segunda vuelta presidencial.
Imaginemos por un momento que el abogado que grita “Firme por la Patria” y que
se auto representa como un Tigre se sentará a partir del 7 de agosto en el
Solio de Bolívar. En esta columna expongo tres escenarios posibles que generaría
un gobierno del señalado miembro de la ultraderecha.
Escenario 1. La proscripción
de la ética.
De la frase “la ética nada
tiene que ver con el derecho” se desprenderían los protocolos y formas
regladas con las que gobernaría el abogado cordobés, lo que conllevaría al
destierro de todas las deontologías profesionales incluidas por supuesto la del
ejercicio del derecho, una de las profesiones sobre las que pesa un negativo imaginario
colectivo por las acciones inmorales, ilegales, mafiosas e ilegítimas de magistrados
en lo que se conoce como el Cartel de la Toga.
La tristemente célebre frase del
penalista, amigo y defensor de Alex Saab, operaría como una suerte de mandato
con el que el país regresaría a los tiempos del Todo Vale que sirvió
para naturalizar, entre el 2002 y el 2010, el ethos mafioso que se entronizó en
los sectores privados y públicos.
En lugar de la ética y los
mandatos deontológicos la moral religiosa oficiaría como una suerte de deber
ser exigido sin piedad por la Policía Moral que De la Espriella activaría
para someter a quienes se atrevan a confrontar las “buenas costumbres de la gente
de bien”, esto es, aquellos con linaje y en ejercicio del derecho natural que
les da licencia para imponerse sobre aquellos que apenas sobreviven y respiran
sin alcurnia alguna.
Escenario 2. Mano Firme
por la Patria.
De la Espriella usa el saludo militar
para acercarse al mundo castrense y a quienes creen a pie juntillas que la
sociedad colombiana necesita ser disciplinada con “mano de hierro”, con la
firmeza propia de padres violentos, siguiendo la lógica aquella de “la letra
con sangre entra”. El Estado Gendarme y sus agentes policiales actuando desde
la lógica del panóptico para vigilar y castigar a maleantes, impíos, académicos
críticos del sistema y del gobierno; poetas, bohemios y ambientalistas, entre
otros más ciudadanos asumidos por De la Espriella y su gobierno como ciudadanos
incómodos e innecesarios para el sistema económico. Por supuesto que indígenas,
campesinos y negros harían parte de ese grupo de ciudadanos, candidatos a ser eliminados
simbólica y si llegase el caso, físicamente. El candidato habló de “destripar”.
La “Patria Milagro” con la que
sueña el perfumado “filipichín” es el resultado de la combinación del
neoliberalismo económico, el capitalismo salvaje, la consagración de los
rentistas y precapitalistas, así como el individualismo exacerbado; todo lo
anterior arropado por una sociedad sometida por el miedo a ser castigada por
agentes estatales dispuestos a subyugar a los ciudadanos críticos y diferentes.
Escenario 3. El Espejo de
Uribe.
Con sus 10 mega cárceles privadas
por las que el Estado pagaría por cada preso, esta especie de Bukele, un poco
más histriónico, corroncho y dicharachero, cumpliría el sueño húmedo de
encarcelar bandidos, tatuados, marihuaneros y jóvenes protestantes, vistos
previamente como “terroristas urbanos”.
El plan de gobierno de Abelardo
de la Espriella se parece mucho al Manifiesto Democrático los 100 puntos de
Uribe. En el punto 36 de aquel documento con el que Uribe “conquistó” a millones
de colombianos se lee: “Ensayar cárceles privadas. El Estado pagará por
interno. Las cárceles deben formar en principios y en un oficio
técnico. Como Gobernador de Antioquia instalé una fábrica de gaviones en la
cárcel de Bellavista. Exención tributaria para los empresarios que produzcan en
las cárceles”.
En el punto 33 De la Espriella
coincide con el violento ideario del expresidente Uribe: “Necesitamos un
estatuto antiterrorista que facilite la detención, la captura, el allanamiento.
A diferencia de mis años de estudiante, hoy violencia política y terrorismo
son idénticos. Cualquier acto de violencia por razones políticas o
ideológica s es terrorismo. También es terrorismo la defensa violenta del orden
estatal”.
Lo expresado en los puntos 7 y 8
del Manifiesto Democrático inspira al abogado catador de vinos y coleccionista
de armas de fuego: “7. La Presidencia será austera para dar ejemplo. Gastará
menos en burocracia para invertir más, por ejemplo, en pequeña empresa. 8. Menos Congreso, menos consulados y embajadas.
Menos contralorías, menos vehículos oficiales. A cambio más educación, más
salud, más empleo productivo”.
Finalmente, este padre de familia
y ateo converso parece haberse aprendido el punto 24 de los 100 puntos de su
admirado “presidente Uribe”: “El padre de familia que da mal ejemplo,
esparce la autoridad sobre sus hijos en un desierto estéril. Para controlar a
los violentos, el Estado tiene que dar ejemplo, derrotar la politiquería y
la corrupción”.
A juzgar por los resultados que
en materia de lucha contra la corrupción, el respeto a los derechos humanos, y
a los pesos y contrapesos de la democracia que dejó Uribe después de sus ocho años
de gobierno, este tercer escenario sería el regreso a los tiempos del Embrujo
Autoritario y, por qué no, de los crímenes de Estado, mal llamados “falsos
positivos”.