Por Germán Ayala Osorio
El congresista Ciro Ramírez hace
presencia en el Congreso con una condena en primera instancia encima. Sin duda,
un hecho ético-político en el que confluyen el cinismo del procesado, la
permisividad de la justicia soportada ésta en las exageradas condiciones
garantistas de las que gozan los aforados, así como el burdo y asqueante colegaje
de sus compañeros de bancada que le mantienen el apoyo bajo el principio ético que
el dueño del Centro Democrático impuso años atrás: “les voy a pedir a
los congresistas que voten los proyectos mientras los meten a la cárcel”.
El ladino político, involucrado
en la red criminal llamada las Marionetas 2, justificó su presencia en el Congreso
diciendo que iba a “defender las instituciones”. Lo primero que hay que
preguntar es si aquellas están en riesgo de colapso o de ser sometidas a un
tirano o algo parecido. La respuesta es apenas obvia: la separación de poderes
opera normalmente en Colombia y Petro se va el 7 de agosto.
Por supuesto que estamos ante una
burla de Ciro Ramírez, quien fuera en el pasado uno de los mimados del
expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Recordemos lo que dijo el exmandatario
antioqueño en diciembre de 2023 cuando se dio la captura de Ramírez: “Me
duele la captura del joven senador Ciro Ramírez. Ojalá pueda salir adelante. Ese
tipo de problemas es lo único que deja la “maldita” mermelada”.
Eso de “defender las instituciones”
me hizo recordar la famosa expresión del entonces coronel Plazas Vega,
comandante del operativo de retoma del Palacio de Justicia: “aquí, defendiendo
la democracia maestro”, espetó en su momento el oficial de Caballería.
Plazas Vega y Ciro Ramírez
parecen compartir el mismo principio ético-político con el que logran reducir
las instituciones y la institucionalidad derivada a una insulsa discursividad funcional
a sus particulares y pérfidos intereses. Plazas Vega no defendió la democracia,
lo que defendió y legitimó fue el golpe de Estado que por 48 horas los
militares le dieron al cobarde presidente de la República, Belisario Betancur
Cuartas. En cuando a Ciro Ramírez hay que decir que él no asiste al Congreso a “defender
las instituciones”, sino a burlarse de estas gracias en gran medida a las
excesivas garantías legales de las que goza como aforado.
Sin duda alguna, lo de Ramírez es
una provocación moral y ética a la que respondió el candidato Iván Cepeda
Castro quien, por supuesto, fustigó la presencia del condenado en el recinto en
el que se redactan las leyes. “Usted es una vergüenza”, espetó Cepeda,
lo que provocó la réplica del procesado. Ese tipo de rifirrafes sirven para
consolidar la imagen negativa del Congreso de la República en la medida en que
los colombianos no escuchan debates conceptuales y discusiones políticas de
alto nivel. No. Solo reclamos y cruce de improperios que ocultan la degradación
moral de la sociedad y el diseño institucional que anima el carácter circense
de las instituciones colombianas. Resulta a todas luces inaceptable que un
condenado ocupe su curul. Es vergonzoso. Pregunta final: ¿Qué tipo de instituciones
le puede interesar defender a un condenado?
Imagen tomada de Infobae

