Por Germán Ayala Osorio
A Donovan Balanta lo habrían asesinado
por ser negro. Los policías responsables, directos e indirectos, incluido
un oficial en grado de Mayor, de la muerte del joven de 34 años fueron enviados
a la cárcel por un juez de control de garantías. Recluidos en centro penitenciario
esperarán el juicio por los delitos que les imputó la Fiscalía de homicidio y tortura
agravadas y falsedad ideológica.
Balanta fue golpeado y sometido a
descargas eléctricas con taser accionados por los policiales. Al final
del martirio, una provocada arritmia cardíaca acabó con su vida. Durante el suplicio,
de acuerdo con versiones periodísticas, uno de los policías le habría gritado
que “estaba acostumbrado a matar negros”.
El caso de Donovan Balanta me
hizo recordar la historia real que hay detrás de la película “Milagros
inesperados”. Después de haber sido condenado por un crimen que no cometió, la
justicia gringa concluyó que George Stinney era inocente. Las historias de
Balanta y Stinney (era un niño cuando fue ejecutado) comparten prácticas
racistas que siguen vivas tanto en los Estados Unidos como en Colombia. El
jurado que condenó a Stinney estuvo compuesto por personas blancas. A Balanta
lo asesinaron policías mestizos que quizás desconocen que ellos llevan en su
sangre genes negros e indígenas.
El factor racial tendría sustento
y validez jurídica por lo espetado por uno de los servidores públicos y por el evidente
desprecio hacia la vida de la víctima que exhibieron los uniformados. Los videos
de cámaras de seguridad confirman el ultraje y la subvaloración de la vida de
Balanta, quien por varios minutos estuvo tirado en el piso de la estación de Policía
a la que fue llevado en calidad de detenido.
El abogado Alí Bantú Ashanti en
su cuenta de X señaló lo siguiente: “Juez impone medida de
aseguramiento a cuatro policías por el presunto homicidio de Donovan Balanta. @ABDELAESPRIELLA
no los salvará de la justicia y la prisión. No levanten las armas
contra el pueblo y el indefenso. Nuestra voz firme contra el odio racial
y la violencia policial. La respuesta contra el racismo debe ser
siempre el amor al prójimo. Podrán recibir miles de cursos pagos con
nuestros impuestos, pero si no se aman a ustedes mismos, saldrán a matar llenos
de prejuicios, y no lo permitiremos”.
Al incluir en el trino al presidente
de la República, el penalista asume que habría una tácita intención del
Ejecutivo de lanzar algún tipo de salvamento que permita sacar a los policiales
del lío judicial en el que se metieron por haber violado los derechos de Balanta,
hasta producirle la muerte. O quizás la referencia se produce por el silencio
guardado por De la Espriella frente al aberrante crimen.
Quizás el silencio del comandante
supremo de las fuerzas armadas frente al crimen motivó al abogado a escribir
ese mensaje. Hasta hoy 27 de octubre de 2026 De la Espriella no se pronunció sobre
el homicidio de Balanta. Los pueblos afros y cientos de miles de ciudadanos esperan
un contundente rechazo de quien, de acuerdo con la Constitución, funge como comandante
supremo o jefe directo de los policiales que participaron de la tortura y la
golpiza con el desenlace ya conocido.
El silencio del presidente hace
parte del proceso comunicativo en el que está inmerso como ser humano y por supuesto
en la comunicación de carácter político en la que están inscritas sus responsabilidades
políticas y simbólicas como jefe de Estado. De ahí que, el no expresarse sobre
los hechos conlleva a múltiples lecturas que cuestionarían su rol como jefe de
Estado y garante del respeto de los derechos humanos de los servidores públicos
que están bajo su mando. “Un silencio más extenso o más breve de lo habitual
al terminar o antes de iniciar el discurso puede ser incluso más elocuente que
la palabra misma. Lo dicho, sin decirlo, abre un campo de interpretación capaz
de envolver a la palabra con un aura que puede evocar amenaza,
incomodidad, expectación, ironía, temor, compasión, empatía, desconfianza,
complicidad, venganza, entre otros”.
Es posible leer su mutismo como
parte de un ejercicio de prudencia atada a la evolución del proceso jurídico e
incluso a la llegada al momento del juicio. Pero también puede leerse ese significativo
sigilo presidencial como un apoyo tácito al actuar de los policiales dada la
cercanía y la admiración expresada por De la Espriella hacia las fuerzas
armadas. El país ya parece haberse acostumbrado a ver al presidente de la
República “patrullando”, con arma al cinto, radio y saludo militar incluido,
acompañado de policías en operativos en los que se capturan toda suerte de bandidos.
Se trata de actos simbólicos con los que el jefe del Estado deja ver su propensión
a defender sin ambages las institucionalidades derivadas de la operación de
militares y policías. Su condición civil se desvanece cuando aparece en los episodios
grabados cumpliendo funciones de juez, sheriff y comandante militar.
Hay una expresión de Abelardo que
puede ser usada para interpretar el silencio que hasta el momento exhibe
alrededor del crimen de Balanta. Esto dijo a Noticias Caracol en mayo del año
en curso, en condición de candidato presidencial: “…vas a ver lo duro que
muerde el tigre. Y no como de indio, no como de negro, no como de
blanco, no como de nada. El que salga a hacer desmanes y atacarme a la gente y
a la fuerza pública, le voy a caer con mano de hierro”.
El homicidio de Balanta por racismo
tendrá que probarse en el juicio. Mientras tanto, las interpretaciones alrededor
del silencio presidencial seguirán haciendo parte de ejercicios de análisis del
discurso y la comunicación política. Entre más se extienda el silencio presidencial,
más precisos y duros podrán ser las conclusiones académicas, simbólicas y políticas
que se deriven.













