sábado, 25 de julio de 2026

PROPONEN “SEMANA ANTICOMUNISTA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La “semana anticomunista” que propone crear en los colegios el senador electo Alejandro Bermeo[1] deviene atada a tres elementos que confluyen en la narrativa anti-derechos que guiará al gobierno del primer presidente therian de Colombia, Abelardo de la Espriella Otero.

El primero de esos elementos tiene un carácter histórico-familiar asociado a la vida de Álvaro Gómez Hurtado, hijo de Laureano Gómez; el segundo está atado a la necesidad de los abelardistas de consolidar un régimen de poder que se parezca al que lidera Donald Trump en los Estados Unidos.

Y el tercer y último elemento está ligado al objetivo de la derecha colombiana de resucitar el fantasma del comunismo para regresarnos a los tiempos de la Alianza para el Progreso a través de la recuperación del relato anticomunista con el que la derecha se asume como el muro de contención del comunismo.

Recordemos que De la Espriella amenazó con “destripar” a la izquierda y se auto proclamó como su “acérrimo enemigo”.  También dijo: “No me interesa convencer petristas, son enemigos de la República y hay que tratarlos como tal. Vencerlos de todas las formas”. Veamos uno a uno esos elementos.

Precisamente fue Álvaro Gómez Hurtado quien le dio vida a las “repúblicas independientes”. La Comisión de la Verdad recogió el discurso del político conservador: “…No se ha caído en cuenta de que hay en este país una serie de repúblicas independientes que no reconocen la soberanía del Estado colombiano, donde el ejército colombiano no puede entrar, donde se le dice que su presencia es nefanda (…) Hay la república independiente de Sumapaz; hay la república independiente de Planadas, la del Río Chiquito, (...)» la de este bandolero que se llama Richard y ahora, tenemos el nacimiento de una nueva república independiente anunciada aquí por el ministro de gobierno: la república independiente del Vichada. La soberanía nacional se está encogiendo como un pañuelo; este es uno de los fenómenos más dolorosos del Frente Nacional».

La conexión política e ideológica con De la Espriella y el Movimiento Salvación Nacional en el que milita Bermeo se explica porque el designado ministro de Hacienda del gobierno entrante es hijo del exsenador Enrique Gómez Hurtado, nieto del expresidente Laureano Gómez y sobrino del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado.

Con el segundo elemento el congresista Bermeo le apuesta a que Colombia se parezca al violento y retardatario régimen que montó Trump en los Estados Unidos con el que aniquiló la tradición y la imagen democrática y defensora de las libertades que exhibió por muchos años ese país. Para lograr acercarse a ese objetivo el senador Bermeo propone que el país tenga una semana anticomunista como la que propuso Trump en el 2025. “Esta semana, nuestra nación observa la semana anticomunista, un recuerdo solemne de la devastación causada por una de las ideologías más destructivas de la historia”.

Y en lo que toca al tercer elemento, en el que claramente confluyen los dos anteriores, la ultraderecha que representan Bermeo, Salvación Nacional y el propio presidente therian le están apostando a resucitar el fantasma del comunismo. Para lograr ese cometido cuentan con los ejercicios discursivos que en el pasado reciente el uribismo realizó para el mismo fin.

Baste con recordar los dispositivos retóricos a los que apeló el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez en los tiempos en los que el Estado negociaba el fin del conflicto armado con las Farc-Ep en el gobierno de Juan Manuel Santos. Uno de los más efectistas de esos dispositivos retóricos es aquel que decía que “Santos le entregaría el país al comunismo”. Para el plebiscito por la paz de 2016, el “castrochavismo” fue la figura retórica con la que asustaron a millones de colombianos que salieron  emberracados a votar por el No a la refrendación del Acuerdo Final de La Habana; para las elecciones de 2022 aparecieron otros dispositivos: “Con Petro nos convertiremos en Venezuela o en Cuba”; “Llegará el neocomunismo”, “Habrá expropiaciones” y “Uribe es el muro de contención del comunismo”.

La peligrosa propuesta del senador Bermeo está conectada con la línea ético-política y moral que ya trazó De la Espriella para justificar los nombramientos de sus ministros y otros colaboradores. Después de la “semana anticomunista” lo más probable es que vengan las “semanas anti-población LGTBIQ+, antiaborto, anti-eutanasia y anti-adopción de hijos a parejas del mismo sexo”. La idea del congresista de Salvación Nacional hace parte de la batalla cultural que De la Espriella le encomendó librar a su ministra de Cultura en contra de la pluralidad y las ideas divergentes. De esa manera el fascismo va ganando terreno gracias a los más de12 millones de colombianos que votaron con rabia contra Petro ese 21 de junio y eligieron al "Bukele" criollo.



alejandro bermeo senador electo por qué partido - Búsqueda Imágenes



[1] La periodista Stefany Ostios escribió en su perfil de X: “Ojo al dato: @Alejoberme0, senador abelardista de Salvación Nacional, tomó posesión hoy de su cargo pese a que tenía un proceso en la Fiscalía en su contra por el delito de presunto abuso sexual.

Y SÍ, LA CORRUPCIÓN NO TIENE IDEOLOGÍA

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El informe periodístico de la revista Semana titulado Graduada en corrupción confirmaría la sentencia muy colombiana que dice que “la corrupción no tiene ideología”. Ese juicio comparte la misma línea ética y el socavón inmoral de la ya célebre propuesta del entonces presidente Julio César Turbay Ayala de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”. En ese mismo fétido hoyo habita la frase “no importa que sea inmoral, mientras sea legal”.

Y sí, es cierto, la corrupción no tiene ideología. Hay que aceptar que hubo corrupción al interior del gobierno Petro. No solo en la UNGRD, en el Fomag, sino en otras entidades y programas. Esos casos no solo revalidan los hallazgos que revela Semana, sino que debería de generar dentro del progresismo y el Pacto Histórico un mea culpa que meta al proyecto político en un proceso de limpieza tendiente a proscribir el ethos mafioso que contaminó la administración saliente. Tiene que ser tan fuerte ese lavado, incluidos "restri-Egos" que permitan incluso confrontar al propio Gustavo Petro por las responsabilidades que le caben por “haberse dejado encerrar en un mini círculo de poder, en una cofradía” cuyos miembros serían responsables de hechos de corrupción, por acción u omisión, que Semana denuncia y que fuentes cercanas a esta tribuna entregaron de manera espontánea. Incluso, Iván Cepeda, que habló en campaña de “revolución ética”, estaría obligado a hacer tolda aparte si las versiones periodísticas resultan ciertas, al igual que las que llegaron a la Otra Tribuna. Las fuentes aquí referidas exigieron la protección de sus identidades. 

La publicación de Semana hay que entenderla como parte de la estrategia política y mediática conocida como espejo retrovisor con el que no solo buscan consolidar el desprestigio de la izquierda y el progresismo, sino validar la narrativa “anticorrupción” con la que el gobierno del therian insistirá para señalar que su Patria milagro estará libre del cáncer de la corrupción público-privada. Por supuesto que se trata de una promesa que no podrá cumplir, como la del cambio que ofreció en campaña el entonces candidato presidencial, Gustavo Petro. Por una razón: la corrupción público-privada es una tara civilizatoria que no se podrá superar jamás en el país, salvo que haya un profundo cambio cultural que a nadie le interesa liderar porque la sociedad, el Estado y el sistema político se alimentan de la corrupción; son la corrupción misma. 

Como se trata de comentarios, datos y opiniones de gente que le apostó al proyecto progresista y que, de acuerdo con sus versiones, conocieron de cerca las prácticas corruptas, las recogeré a manera de preguntas. Empecemos por el caso Juliana Guerrero: ¿Quién la protegió? La prensa hegemónica dice que fue Petro. En las versiones allegadas a esta tribuna se confirma lo dicho por los medios tradicionales. ¿Es cierto, presidente Petro? El 8 de noviembre de 2025 escribí una columna sobre el caso Juliana Guerrero. La pueden leer en este enlace: https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2025/11/anulan-titulos-academicos-juliana.html

En las versiones allegadas a esta tribuna se habla incluso actos de corrupción sobre los que ya hay amenazas del gobierno entrante de aplicarles procesos de revisoría fiscal forense. Las ollas podridas que se van a destapar salpicarán a más de uno lo que desatará una impresionante cacería de brujas. Igualmente, las fuentes señalan actos de corrupción al interior de la Aerocivil que involucran a Benedetti. También señalan que se hicieron fiestas sin control en Prosperidad Social y otras dependencias. ¿Es cierto eso, señor Benedetti?

Más allá de la consistencia de las pruebas y versiones periodísticas y las que me llegaron, lo cierto es que los cuatro años del gobierno Petro fueron una apuesta por los más desprotegidos, los trabajadores y por los históricamente invisibilizados, pero ello no debió asumirse como la patente de corso para naturalizar el ethos mafioso y la corrupción.

Por estar anclada la corrupción a la cultura, tanto en la dominante como en la que brota de las comunidades subalternas, la reflexión que debemos hacer todos debe apuntarle a la crítica a los modelos de sociedad, a los sistemas económico y político y al Estado que por más de 150 años vienen operando  en el país. Los ejercicios de poder en esa triada prácticamente obligan, seducen, facilitan e invitan a quienes llegan a la administración pública (local, regional y nacional) a robar o por lo menos a guardar silencio frente a las prácticas y hechos de corrupción. Lo hacen porque tienen el afán de enriquecerse, de hacer lo suyo, de aprovechar su cuarto de hora, lo que se traduce en que “todos llegan al Estado a robar”.

Me despido con apartes de dos canciones que bien pueden servir para tramitar la rabia, la desazón y el pesar que pueda producir en las mesnadas cercanas al progresismo al tener que aceptar que al interior del gobierno Petro se cohonestó con la corrupción.

JUANITO ALIMAÑA

Jum, ni pa' allá voy a mirar

La calle es una selva de cemento

Y de fieras salvajes como no

Ya no hay quien salga loco de contento

Donde quiera te espera lo peor

Donde quiera te espera lo peor

 

CAMBALACHE

Que el mundo fue y será una porquería

Ya lo sé...

¡En el quinientos seis

¡Y en el dos mil también!

¡Hoy resulta que es lo mismo

¡Ser derecho que traidor!

¡Ignorante, sabio o chorro

¡Generoso o estafador!

¡Todo es igual!

¡Nada es mejor!

¡Lo mismo un burro

¡Que un gran profesor!

LA INTIMIDANTE COHERENCIA DE ABELARDO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En los nombramientos en ministerios y otras dependencias, De la Espriella deja ver con preocupante claridad la línea ético-política y moral con la que mandará- gobernar es distinto- en el país. Lo hará con el apoyo decidido de la ultraderecha vengativa, violenta y retardataria que lo apoya y aplaude.

Veamos algunos ejemplos: la designación de Paola Holguín como ministra de Cultura y Didier Blanco como director de la Unidad Nacional de Protección (UNP). La gestión de la primera estaría atada a librar una “batalla cultural” lo que convertiría a la cultura en un campo de lucha ideológica con la directriz de tapar las fisuras que el progresismo en cuatro años del gobierno Petro pudo provocar en la hegemonía cultural. Si durante los ocho años de Uribe se apostó a la consolidación del unanimismo ideológico y político, con el presidente therian la defensa de la cultura dominante será una apuesta totalizante, lo que determinaría la desaparición de cualquier valor, idea o sentimiento con énfasis en lo comunitario y que apunte al reconocimiento de la pluralidad. Una especie de proceso de aculturación selectiva de las prácticas culturales de las comunidades subalternas, incluida la población LGTBIQ+, que el progresismo reconoció, reivindicó y valoró.

En lo que respecta a la llegada de Didier Blanco a la dirección de la UNP la línea ético-política y moral se conecta con la narrativa que De la Espriella impulsó durante la campaña presidencial. Recordemos los dispositivos retóricos con los que el entonces candidato recreó el patrón emocional negativo con el que logró graduar de enemigo de la Patria a la izquierda, al progresismo, a Petro y a los millones que lo votaron en el 2022. Estos fueron algunos de los dispositivos a los que apeló: “La izquierda radical es un cáncer que hay que erradicar”. “Izquierda destructora”, “enemigos de la Patria”; “promueven la disolución de la familia tradicional”, “son degenerados”, por eso hay “salvar a Colombia”. De la Espriella se vendió como el “acérrimo enemigo” del progresismo y la izquierda.

Las expresiones de odio de Didier Blanco en su cuenta de X contra Petro y Cepeda y lo que ellos representan para el progresismo y la izquierda democrática lo conectan de manera directa con la línea ético-política y moral que ya insinúa De la Espriella con sus decisiones burocráticas. Gracias a sus escatológicas, estigmatizantes y excluyentes posturas, Blanco recibe el premio de dirigir la Unidad Nacional de Protección (UNP). El terror que expresan miembros del Pacto Histórico por dicho nombramiento se explica solo.

La perversa línea ético-política y moral del gobierno entrante también se confirma en dos hechos sobre los cuales el silencio del therian presidente y de su círculo más cercano resulta ensordecedor. El asesinato del colombiano Joan Sebastián Durán Guerrero a manos de fascistas agentes del ICE y el secuestro y posterior asesinato de María Camila Potosí en Cali no merecieron comentario alguno de Abelardo de la Espriella.

El silencio sobre el primer caso se explica porque el presidente therian es ciudadano norteamericano y juró defender los intereses de los Estados Unidos. A lo que se suma, por supuesto, su actitud cipaya frente a Donald Trump.  Para De la Espriella, el crimen del colombiano no amerita ninguna discusión por cuanto presume que se dio en el marco de la aplicación de los protocolos y leyes americanas a las que él está sometido en su calidad de ciudadano gringo.

En general la prensa hegemónica de Colombia evitó criticar el silencio del gobierno entrante. Eso sí, El País de España se interesó en el caso y tituló El ruidoso silencio de Abelardo de la Espriella por la muerte de Johan Sebastián Durán Guerrero. En el texto noticioso se lee que “tanto el presidente electo como una delegación de visita en Washington ignoran el caso del migrante colombiano de 26 años baleado por el ICE en Estados Unidos”.

En lo que toca al crimen de Potosí y la extracción de su vientre de la bebé que esperaba, el silencio del primer presidente therian de Colombia se explica por la misoginia que dejó entrever De la Espriella durante la campaña presidencial, a lo que se suma la condición socioeconómica de la mujer asesinada. Si ese aberrante caso ocurriera al interior de una familia prestante, la reacción de rechazo del therian no se hubiese tardado.

Así las cosas, las dudas y miedos que ya circulan en varios sectores societales alrededor de la posibilidad de que el país regrese a los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Turbay Ayala e incluso a las prácticas ilegales del DAS durante el gobierno de Uribe Vélez tienen asidero en los silencios del presidente electo y la elección de sus más inmediatos colaboradores. La estrategia de los Bloques de Seguridad Urbana también aportan al terror que se siente en las huestes del petrismo y el progresismo. Eso sí, hay que reconocer que todas las decisiones adoptadas por De la Espriella son coherentes con su talante. Eso explica el miedo, el terror, el espanto, el pánico y la pavura que sienten una parte importante de los 12 millones que votaron por Cepeda ese inolvidable 21 de junio.



Abelardo de la Espriella en Bogotá (Colombia), el 25 de junio. Diego Cuevas (Getty Images)


viernes, 24 de julio de 2026

NUEVO DIRECTOR DE LA UNP: ¿GARANTÍAS EN BLANCO O EN COLOR MARRÓN?




Por Germán Ayala Osorio

El Estado colombiano deviene desde años atrás con un perfil criminal que asusta: los 7.837 crímenes de Estado eufemísticamente llamados “falsos positivos”, los casi seis mil militantes de la Unión Patriótica (UP) asesinados por agentes estatales y los cientos de miles de ciudadanos torturados en caballerizas y sedes policiales confirman que efectivamente hemos construido un Estado asesino y violador de los derechos humanos. Más claro: un Estado criminal.

Bajo ese contexto, las políticas de seguridad ciudadana, pero en particular la operación de instituciones públicas como la Unidad Nacional de Protección (UNP) se asumen bajo el carácter y el espíritu garantista de la constitución política convertida en el marco ético-político y jurídico desde el que deberían de funcionar tanto la UNP, la agencia de inteligencia y esas otras instancias estatales diseñadas para cuidar la vida, la honra y los bienes de los ciudadanos.

Con la llegada a la Casa de Nariño del primer presidente therian, los sectores de poder político de la izquierda y el progresismo tienen miedo de que el nuevo gobierno no les dé las garantías suficientes para cumplir con las actividades de oposición y control a desarrollarse desde el Congreso e incluso por fuera de esa corporación a través de veedurías ciudadanas, periodistas independientes, tuiteros y youtubers.

De la Espriella, el presidente electo y therian por convicción acaba de nombrar director de la Unidad Nacional de Protección (UNP) a Didier Blanco. A juzgar por los trinos publicados por Blanco, las formas en las que se representa a la izquierda y a los progresistas generan preocupaciones y hasta miedo en las huestes de la oposición. He aquí varios ejemplos de esas opiniones publicadas en la red X, a todas luces desobligantes, grotescas, amenazantes y temerarias.

No hay una sola acción de los zurdos donde no se unten el zapato de mierda, todo lo de ellos es oscuro, amañado, sucio. A buena hora llegará el tigre a limpiar la mierda que han dejado impregnada en las instituciones del estado”.

Ojalá la silla vacía sacara una edición en periódico, para poderme limpiar el culo con Cepeda, Petro, Coronell, Santos y el Centro Democrático y poder decir literalmente, me limpie el culo con la silla vacía y con los mismos de siempre”.

Vamos por partes como diría Jack El Destripador. Lo primero que hay que señalar es que estamos ante un lenguaje escatológico, vulgar y procaz de un hombre que manejará una institución clave para las garantías que el Estado debe darles a aquellos grupos humanos que opten por hacerle oposición y control político al nuevo gobierno. Lo segundo es que en un precario ejercicio sinonímico el señor Blanco asocia ser de izquierda con heces fecales, desperdicio, con mierda. Aunque en sí misma la mierda no es un desperdicio sino una fuente de nutrientes, para Blanco los progresistas y los de izquierda deben ser recogidos o en su defecto echados por los excusados de un gobierno que parecería dispuesto a construir la infraestructura necesaria para enterrar a por los menos 10 millones de personas, entre militantes y simpatizantes de las ideas progresistas y de izquierda que votaron por Cepeda el 21 de junio.

En su perfil de X, Didier Blanco se presenta como Abogado - Psicólogo-Especialista en Derecho Penal-Experto en Urbanismo-. Así le agradeció al presidente electo, a quien Blanco en uno de los trinos citados le valida su identidad therian: “Recibo con mucha humildad y responsabilidad esta designación del señor presidente electo, @ABDELAESPRIELLA A todos los funcionarios de la UNP: mi capacidad y compromiso estarán a su servicio para que, juntos, logremos que la entidad aporte a la construcción de la Patria Milagro”.

Ojalá el señor Blanco ofrezca públicamente las garantías a militantes del Pacto Histórico y a otros agentes que ejercerán veeduría y control político y ciudadano a la gestión del nuevo gobierno e incluso a las actividades de la UNP. Eso sí, que resulte creíble y no se trate de una simple habladera de “mierda”. También se espera que al momento en el que se estudien nuevas solicitudes de protección y se evalúen los actuales esquemas de seguridad a cargo de la UNP, se apliquen criterios y protocolos que garanticen la vida de los protegidos, pues la señalada entidad estatal está cuidando personas y no bultos de mierda listos para hacer compostaje. Imagino que ya empezó a borrar los asqueantes trinos con los que muy seguramente se ganó la confianza y el respeto de quien lo puso en la Unidad Nacional de Protección. 

Los trinos citados no generan confianza en que habrá las garantías para que la oposición opere en Colombia. Mientras esperamos que el nuevo director de la UNP decida tranquilizar a la izquierda y a los progresistas del país, su menosprecio por el pensamiento divergente resulta inaceptable e inconveniente y mas cuando en campaña De la Espriella habló de destripar a la izquierda. 

SE ACABÓ EL MUNDIAL Y EL FÚTBOL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Se acabó el Mundial y millones de seres humanos sobrellevan la resaca que produce siempre el final del certamen planetario que prácticamente paralizó al mundo durante un mes largo. Quedan los memes del partido Argentina vs España, las rabietas de los gauchos por haber perdido la copa que ya tenían tejida en sus camisetas y las ya eternas críticas a la FIFA por el VAR y en particular por las relaciones políticas de  Infantino  con el presidente de los Estados Unidos. Se acabó el Mundial y también el fútbol. 

Esta columna es una forma de tramitar esa "resaca emocional". La reflexión gira en torno a la relación política-fútbol, una realidad cada vez más evidente, atravesada, además, por los intereses de actores económicos que se suman al desprestigio de la FIFA y del fútbol. Al fútbol lo está matando la codicia y la mezquindad de su dirigencia. Existen dudas alrededor de los resultados de los partidos. Hasta recaen dudas sobre el manejo del VAR. 

El fútbol, como deporte espectáculo, lleva la política y el poder impregnados en su naturaleza por cuenta de la representación que cada selección hace del Estado-nación de origen. Claro, desde un deber ser que se ve opacado y debilitado por los intereses comerciales de los jugadores, los de las empresas de apuestas y los de las firmas que los patrocinan a ellos y al propio Mundial que acaba de terminar; el incontrastable poder de la FIFA, convertida en una multinacional que garantiza la compra y venta de jugadores en lo que bien se puede asumir como una suerte de esclavitud de nuevo cuño; y finalmente, el real convencimiento patriótico de los miembros de cada selección que dicen defender a dentelladas a sus naciones, cuando realmente están luchando por el bienestar de sus familias; lucha por demás legítima que no debería de ensuciarse con el falso patriotismo (patrioterismo) de los protagonistas, convertidos todos en finas, intocables, intratables y costosas figuritas de Panini.

Y como en todo juego político y del poder, los jugadores, con la ayuda de las empresas mediáticas, apelan a dispositivos retóricos para mantener la atención de cientos de miles de sus connacionales que esperan cada cuatro años para escucharlos decir: vamos a darlo todo por el país”; “La camiseta de la selección es sagrada”; “Jugamos por la bandera". “No hay nada más grande que representar a tu país". Por mi país, por mi gente, por mi patria... salimos a dejar todo en la cancha". "No jugamos solo por nosotros, jugamos por millones que no pueden estar aquí. Esto es para ti, México/Argentina/Brasil/Colombia... esta victoria es de la patria". "Entrenamos juntos, sufrimos juntos, ganamos juntos... por la patria".

Sin duda alguna, figuras retóricas usadas para engañar a unas fanaticadas que buscan huir de las realidades políticas de sus países, pero que se encuentran con el mismo modus operandi de la política interna en cada una de las naciones representadas. El balompié dejó, hace muchos años, de ser un deporte para divertir a los aficionados: se convirtió en un vulgar instrumento de “embobamiento mundial” para matizar y ocultar el genocidio en Gaza y la guerra que viene librando Estados Unidos, uno de los anfitriones del Mundial, contra Irán.

Para el caso colombiano huelga recordar que a la camiseta de la “Sele” la ensuciaron e impregnaron de odio en un contexto social y político caracterizado por el enfrentamiento entre la derecha y la izquierda y la aparición de un anodino therian. Hasta la saciedad se habló del desaire y la patanería de los jugadores de la Selección Colombia con el presidente de la República y su hija Antonella Petro. James Rodríguez fue el capitán en ese momento que, transmitido en vivo y en directo, confirmó que esa Selección no iba en representación de todos los colombianos, sino de los sectores societales desde donde brotaron la animadversión y la inquina hacia la izquierda y el progresismo.

Si James y su combo revisaran con juicio el contexto y el sentido de lo expresado por Diego Armando Maradona en el 2001, quizás llegarían a la conclusión que ese día en el que miraron feo y con evidente desprecio al presidente de la República “mancharon la pelota” y la camiseta de la Selección. Aquí les dejo la frase: “El fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo. Porque se equivoque uno, no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”.

La crítica deportiva dirá que James, Lucho Díaz y Jerry Mina ya pagaron: la Selección fue eliminada en la tanda de unos penales que aún siguen sin aprender a patear. En su último discurso como presidente de la República, Gustavo Petro dijo “perdieron por codicia y falta de humildad”, en referencia directa a las selecciones de Colombia y Argentina. 

Ojalá la dirigencia del fútbol colombiano emprenda una campaña para limpiar la camiseta de la “Sele”, pues el retiro de aficionados y la molestia de cientos de seguidores del “equipo nacional” se traduce en pérdidas económicas para quienes aprendieron a usar las señaladas figuras retóricas para manipular a la fanaticada. 

Lo cierto es que en cuatro años volverán las empresas mediáticas a manipular las emociones de los colombianos que anhelan que la Selección gane una copa del mundo para liberar penas, odios y fracasos, pero, sobre todo, para sentirse felices por un triunfo ajeno, que se vende como si fuera propio.



jueves, 23 de julio de 2026

POSESIÓN PRESIDENCIAL EN UN BATALLÓN: ¿QUÉ PIENSAN LOS MILITARES?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La discusión alrededor del peligroso capricho del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar por ahora se mantiene en los ámbitos de la política. Quizás sea tiempo de llevar la discusión a las brigadas y al estamento militar que De la Espriella quiere manosear con su cantinflesco saludo militar que se asocia con burla e irrespeto al espíritu de los hombres y mujeres que portan las armas de la República. Dicho saludo, en manos de un civil, deviene irrespetuoso, posudo y burlesco.

Mientras se escuchan advertencias acerca de la inconveniencia de trasladar la ceremonia civil de transición del mando presidencial a un batallón, la cúpula militar guarda un silencio sepulcral que da cuenta de la sumisión total del poder militar al civil, pero que en la actual coyuntura resulta incompatible con el capricho del presidente electo.  

Convendría que oficiales de alta graduación y los propios miembros de la jerarquía militar se atrevieran a expresar su opinión acerca del antojo de Abelardo de la Espriella, por dos razones fundamentales: la primera, el therian presidente estaría usando la institucionalidad castrense para dividir aún más al país y por esa vía recrear la aparición de los nuevos enemigos de la patria: los que se oponen a que el presidente electo se posesione en una unidad militar bajo el pueril argumento de que es una forma de reconocer la valía de los soldados. Puro populismo militar del therian presidente.

Y la segunda, porque incentiva la toma de partido al interior de las fuerzas y las ideologiza de tal manera que, De la Espriella, en su calidad de comandante supremo de las FFAA ya no sería asumido como tal, sino como un soldado más lo que abriría el camino para el regreso del militarismo que sufrió el país durante los tiempos del gobierno de Julio César Turbay Ayala y, lo que es peor, a despertar el espíritu anti derechos civiles que exhibieron los miembros de la cúpula tropera en el gobierno de Belisario Betancur Cuartas, responsable de la retoma del Palacio de Justicia.

Al desarreglo identitario que exhibe De la Espriella al creer que es un tigre se suma el saludo militar que incorporó para terminar sus mal hilados discursos. Lo único que le falta al therian presidente es ponerse una chaqueta verde oliva como lo hicieron en su momento Fidel Castro Ruz, Nicolás Maduro Moros y Daniel Ortega. Los tres terminaron actuando como dictadorzuelos. El populismo militar llegaría de la mano del presidente electo, quien no prestó servicio militar, pero parece querer usar las armas de la República para parecerse a Bukele y de esa manera instaurar en el país un régimen de mano dura.

Lo dicho por el presidente Alberto Lleras Camargo, en el teatro Patria el 9 de mayo de 1958 bien podría servir de inspiración a la cúpula militar (saliente) y a otros altos oficiales de las distintas fuerzas a deliberar alrededor de la caprichosa actitud del presidente electo. Esto dijo Lleras Camargo: “La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra”.



de la espriella y la posesión en un batallón - Búsqueda Imágenes


CON CUÁL ANTIOQUIA SE QUEDAN LOS PAISAS: ¿LA DE CEPEDA O LA DE ABELARDO?

 

Por Germán Ayala Osorio

Antioquia, su capital Medellín y su gente han vivido y soportado procesos de construcción y deconstrucción identitaria que dan cuenta de las intenciones de su dirigencia de exaltar la “raza antioqueña”, ocultando realidades sociales y culturales complejas, muchas de estas rayan con la inmoralidad de una sociedad pacata, farandulera, morbosa, mojigata, gazmoña, puritana, morronga, machista, homofóbica, transfóbica, mafiosa, corrupta y misógina.

De esos procesos históricos se destacan figuras retóricas (para muchos, simples eslóganes) como “Antioquia la más educada”, pasando por “somos el muro de contención del comunismo”, hasta convertirse en la sede del Escudo de las Américas, justificada esa decisión por el propio presidente electo, Abelardo de la Espriella, quien dijo lo siguiente: “…porque aquí está a la cabeza de la serpiente del narcotráfico y del crimen organizado. Desde Medellín y el área metropolitana salen la mayoría de órdenes al resto del país, así que nos vamos a concentrar acá para luchar contra el crimen como debe ser: se someten o se les da de baja como en derecho corresponde”.

Lo curioso del asunto es que el presidente therian lo dijo acompañado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, alias Fico, y el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón. Por supuesto que lo espetado por De la Espriella no causó molestia en las huestes que defienden el buen nombre del departamento y la pujanza de su gente porque el presidente electo hace parte de las mesnadas de la derecha que representan Gutiérrez y Rendón, alfiles del uribismo y de la godarria antioqueña.

El periódico El Colombiano se limitó a registrar la “verdad presidencial”.  Lo mismo hicieron otras empresas periodísticas que meses atrás reaccionaron ante el sacrilegio que cometió el entonces candidato presidencial Iván Cepeda, que se atrevió a decir en su visita a Medellín, que “Antioquia se convirtió en cuna de la parapolítica, la narco economía y del terrorismo de Estado”. En ese momento, el estamento antioqueño salió, rabioso, en defensa de la moral y el buen nombre del departamento y la berraquera de los paisas. Estamos ante una indignación selectiva o un silencio interesado que guía la narrativa regional de una dirigencia antioqueña capaz de reconocer sus propias realidades dependiendo de cuándo, dónde, para qué y quién lo diga. Fue tanta la ira que la Asamblea departamental declaró a  Cepeda persona non grata en un documento firmado por 14 de los 26 diputados.

El alcalde Fico dijo, con inocultable molestia, que “Antioquia merece y exige respeto, en Antioquia se ve el desarrollo, la pujanza, el progreso y somos el muro de contención del comunismo”. Quedó claro que los políticos y específicos periodistas antioqueños están dispuestos a reconocer realidades y fenómenos socioculturales siempre y cuando quien los exponga sea ideológica y políticamente compatible.

Volvamos a lo dicho por De la Espriella. Por supuesto que se trata de una lectura política con miras a legitimar la estrategia de los Estados Unidos llamada Escudo de las Américas para “luchar” contra el narcotráfico. La lectura del therian presidente expone realidades socioculturales en las que Pablo Escobar Gaviria ancló con rotundo éxito el ethos mafioso que sostiene la corrupción público-privada local y regional, el sicariato y alimentó el surgimiento del paramilitarismo y la naturalización del narcotráfico y otras actividades económicas ilegales.

Puede sonar duro, pero es así. No es posible negar que la pujanza de sectores societales de Medellín y el departamento está sostenida en valores como la solidaridad, las ganas de salir adelante, de progresar y construir bienestar para todos, alejadas por supuesto de la inmoralidad y la ilegalidad que acompañó el proceso de heroización del asesino serial más despiadado que haya parido Antioquia: Pablo Emilio Escobar Gaviria. Bueno, dicen que hay otro por ahí muy parecido en el perfil criminal del entonces jefe del Cartel de Medellín.

 

 


Medellín será sede en Colombia del Escudo de las Américas. Foto: AFP, EL TIEMPO

miércoles, 22 de julio de 2026

HABLEMOS DE DISPOSITIVOS RETÓRICOS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En política y en particular en coyunturas electorales los candidatos presidenciales, presidentes y políticos en general apelan a dispositivos retóricos para persuadir, motivar y despertar emociones en una sociedad como la colombiana en la que sus ciudadanos son proclives a explicarse las realidades construidas mediáticamente y aquellas frutos de sus propias experiencias, a partir de sentimientos muchas veces primarios, alejados de cualquier posibilidad de discernir sobre ideas, desde el pensamiento sistémico y categorial; no se apela  a conceptos y hechos porque se prefieren las nociones, los prejuicios, preconceptos y las lecturas de clase. 

Desde el plebiscito por la paz de 2016 millones de colombianos aún prefieren apelar a la falacia ad hominen para atacar y someter a ese Otro al que asumen como enemigo por el solo de hecho de no pensar como ellos. Los miedos a exponer sus certezas, miedos y la debilidad argumental los hace proclives a atacar a la persona en lugar de debatir sus posturas y argumentos.

El listado de dispositivos retóricos usados en los últimos años dice mucho de la condición humana de quienes los propusieron, como de los periodistas-editores que los amplificaron por simpatías ideológicas o porque simplemente estaban siguiendo la línea editorial planteada por la empresa mediática. Recordemos algunos: “castrochavismo, neocomunismo, socialismo del siglo XXI, paz con impunidad, paz sí, pero no así”.

Después del proceso de paz de La Habana, académicos como Andrei Gómez Suárez[1] sugirieron que la sociedad colombiana tuvo en ese momento el reto de “tramitar emocionalmente la transición de la guerra a la paz”. Después de un difícil proceso de implementación de lo acordado entre el Estado y las entonces Farc-Ep, el criticado funcionamiento del tribunal de justicia transicional y restaurativa (JEP) y la llegada al poder del primer presidente therian hay que preguntarse si a partir del 7 de agosto los colombianos se deben preparar para “tramitar emocionalmente la transición de la paz total a la guerra total”.

Una primera respuesta va en este sentido: no hubo tiempo para gestionar y prepararnos para esa compleja transición porque los dispositivos retóricos usados durante la campaña presidencial que terminó el 21 de junio con el controvertido y pírrico triunfo de Abelardo de la Espriella estuvieron sostenidos y lo están aún en una fuerte división social y política de la sociedad, a la que se sumó el odio visceral hacia el presidente Petro por haber apelado a dos poderosas figuras retóricas, el “Cambio” y la “Paz Total”, que, después de cuatro años de gobierno progresista, se asumieron engañosas, hiperreales y falaces porque como promesas no se cumplieron y porque arrastraban un incontrastable nivel maximalista, lo que mostró una lectura equivocada de realidades políticas y culturales que las convirtieron en utopías en una sociedad distópica como Colombia.

Con el anuncio del Plan Patriota 2.0, el gobierno de Abelardo de la Espriella dispone del escenario propicio para darle sentido de realidad a sus propios dispositivos retóricos. El primero tiene que ver con la condición identitaria del primer presidente therian de Colombia. De la Espriella se cree un “tigre” que “ruge y muerde duro”. A pesar del desarreglo identitario del presidente electo, la imagen que proyecta con el animal es de protección, fuerza, garra, ataque y depredación, ideas que calzan perfectamente con el ideario neoliberal que él defiende y que se resume en el favorecimiento de las élites, en detrimento de los derechos de las mayorías.

Otras de las figuras retóricas usadas por De la Espriella son “superar la dictadura” y los “momentos de oscuridad” por los que atraviesa el país. En este último recurso ancla su figura retórica emocionalmente más importante: la “patria milagro”. Si la figura del “Cambio” usada por Petro resultó maximalista, la del therian deviene abrumadoramente engañosa y peligrosa por una razón fundamental: De la Espriella ofreció “destripar” a la izquierda, lo que hace pensar en que se trataría de un milagro costoso social, ideológica, cultural y políticamente.  El desprecio hacia el pensamiento divergente y en particular hacia el progresismo lo llevó a romper con la tradición republicana de posesionarse en la Casa de Nariño, para hacerlo en una guarnición militar para evitar así el encuentro con el presidente saliente, Gustavo Petro. Sin duda alguna, una actitud con un evidente carácter infantil propia de un adolescente que se cree tigre. También puede ser leída como una decisión política de sumisión al poder militar o su exaltación como una forma de prepararse para lo que vendrá para el país con la implementación del Plan Patriota 2.0 y la inclusión de Colombia en el Escudo de las Américas. Es posible pensar que el presidente therian quiere posesionarse en el Cauca, en una guarnición militar, para meter al país en una discusión innecesaria entre civilistas y militaristas. Los congresistas que votarán no a la propuesta, quedarán "fichados" como enemigos de los militares;  y los que dirán sí, alcanzarán el estatus de patriotas, de amigos de la Patria que gritan ¡Firme por la Patria!

Con todo y las figuras retóricas aquí expuestas, la fuerza de esos dispositivos está atada a la histórica incapacidad de millones de colombianos de tramitar los conflictos y las diferencias de manera civilizada y dialogada. A lo que se suma el rechazo y el odio que sienten cientos de miles de connacionales hacia sus procesos de mestizaje. Odian a la "indiamenta" y a la "negramenta". 

Para superar la “polarización” y el odio hay que apostarle a un profundo cambio cultural que supone proscribir la aporofobia, el ethos mafioso (corrupción público-privada), el racismo, clasismo y la supremacía étnica de aquellos que se creen “blancos”, casi arios. Por supuesto que al presidente therian o al therian presidente no le interesa liderar ese proceso de transformación cultural: lo de él es jugar a ser tigre depredador en lo ambiental y destripador, en lo humano y en lo ideológico. 








[1] Autor del libro El triunfo del No, la paradoja emocional detrás del plebiscito. Ícono. 2016.

martes, 21 de julio de 2026

PLAN PATRIOTA 2.0: SE VIENE LA GUERRA TOTAL


 Por Germán Ayala Osorio

 

Con la complaciente y acrítica mirada de la prensa hegemónica se anuncia desde las huestes abelardistas la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, programa de cooperación e intervención militar de los Estados Unidos en las dinámicas del conflicto armado interno de Colombia, reducido nuevamente a una amenaza terrorista, atada al Escudo de las Américas, estrategia de Donald Trumo que acogió de manera temprana De la Espriella.

El país recordará que en el Plan de Desarrollo del gobierno Pastrana se incluyó un capítulo llamado Plan Colombia. En aquella oportunidad, el hijo de Misael Pastrana Borrero viajó a los Estados Unidos para reunirse con el presidente Bill Clinton a quien le presentó ese capítulo con la solicitud expresa de apoyar la paz. 

Pastrana propuso una relación Paz/Guerra con una distribución de los recursos de un 80% para la primera y de un 20% para la segunda. Clinton le cambió la relación. Lo demás fue simple: el Plan Colombia fue aprobado en el Congreso americano y aplicado en el país sin ser discutido y admitido en el legislativo colombiano. La lucha contra las narcoguerrillas de entonces no obedecía y no obedece hoy tampoco a “…una lucha antidrogas de profunda base ética y moral, sino, también, un ajuste de cuentas entre grupos económicos del mundo desarrollado, pues de la comercialización de la cocaína hay sectores que han levantado un verdadero imperio y que, en medio de las reglas del sistema capitalista, han resuelto que la materia prima sea adquirida en el mundo subdesarrollado alto andino…”[1].

Los resultados militares del Plan Colombia aparecieron durante las administraciones de Uribe y Santos: las Farc-Ep se vieron obligadas a replegarse en los más recóndito de las selvas, sus procedimientos y actividades logísticas resultaron fuertemente golpeadas y varios miembros del Secretariado de esa guerrilla cayeron abatidos.  Al final, optaron por firmar el armisticio y someterse a las condiciones de la justicia transicional (restaurativa) en el marco del proceso de paz de La Habana.  

Los efectos negativos en la agricultura, en estratégicos ecosistemas naturales y en los proyectos de vida comunitaria en las zonas de influencia de las operaciones militares fueron evidentes. El desplazamiento forzado por la vía de la violencia paramilitar y los combates terminó beneficiando a terratenientes, narcotraficantes, políticos y ganaderos que se quedaron con millones de hectáreas de tierra abandonadas. La acumulación por desposesión aportó al crecimiento de la concentración de la tierra en pocas manos.

Durante el gobierno Uribe, ese Plan Colombia fue “nacionalizado” con el nombre de Plan Patriota. De la mano de la Política de Defensa y Seguridad Democrática, dicho plan se ejecutó bajo las mismas dinámicas y objetivos trazados para el plan matriz llamado Plan Colombia.

Ahora, con la llegada al poder del primer presidente therian, el país regresa a las intervenciones político-militares de los Estados Unidos, lo que supone la naturalización de la injerencia gringa en los asuntos internos y el devenir del país con dos factores nuevos: el primero, que como jefe de Estado está De la Espriella, ciudadano colombo norteamericano que juró defender los intereses de USA, lo que se traduce en la entrega casi absoluta de la soberanía estatal a lo que desee hacer con ella el gobierno Trump; y el segundo, la puesta en marcha a nivel latinoamericano del Escudo de las Américas, iniciativa hemisférica con la que Donald Trump busca controlar política y económicamente a la región, lo que no es otra cosa que la proscripción de cualquier actividad que en el marco del multilateralismo deseen emprender los gobiernos que ya hacen parte del Escudo de las Américas. Y por supuesto, insistir en la fracasada lucha antidrogas como una forma de mantener las condiciones del fructífero negocio y el control que sobre sus ganancias ejercen la banca multilateral y la institucionalidad diseñada en cada país para insistir en una guerra que beneficia a banqueros y a los miembros de la clase política que transa con narcos que cuentan con la bendición para operar.

Así las cosas, con la puesta en marcha del Plan Patriota 2.0, la política de seguridad y defensa que el gobierno de Abelardo de la Espriella quiera diseñar e implementar queda tempranamente sujeta a los designios del plan de intervención político-militar de los Estados Unidos. Ojalá la bancada del Pacto Histórico, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación, en particular sus divisiones ambientales y el Ministerio del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible hagan el control político correspondiente, pues lo más probable es que los efectos negativos que dejaron el Plan Colombia y el Plan Patriota de Uribe se repetirán. Está por empezar la Guerra Total que prometió el therian en campaña. ¡Firmes por la Guerra! 






El ministro de Defensa designado de Colombia, Jorge Eduardo Mora, junto a Joseph Humire, representante del gobierno de Donald Trump para asuntos de seguridad hemisférica. Foto: @jmhumire





GOBERNAR DESDE UN BATALLÓN

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El “capricho” del primer presidente therian de Colombia de posesionarse en una guarnición militar, el infantil y burlón saludo militar del que se contagió su gabinete tiene un fuerte arraigo en la sobrevaloración de la vida castrense, la heroización mediática de sus hombres, la poco vigilada y cuestionada institucionalidad militar, los apegos de los civiles a los uniformes, así como el desprecio que de la condición civil suelen exhibir, en público y en privado, los militares activos.

Nadie niega que De la Espriella está mandando un mensaje de sumisión al poder militar, lo que lo puede convertir, si específicos agentes de poder del Establecimiento se lo permiten, en el Bukele criollo con el que sueñan militares, policías, el propio Abelardo y actores sociales y políticos de la ultraderecha que sienten una profunda animadversión por los derechos humanos y las garantías que ofrece la Carta política de 1991.

La doctrina del enemigo interno, extendida a defensores de los derechos humanos, de la naturaleza y la pluralidad étnico-ideológica podría aplicarse con mayor celeridad estando De la Espriella condicionado por las narrativas que a diario oirá dentro del Batallón Paraíso de Barranquilla desde donde piensa gobernar al país. Los relatos castrenses serán legitimados por la godarria que lo acompaña, en particular quienes le hablan al oído. Salvación Nacional bien podría operar como un partido político-militar y agencia para emprender acciones cívico-militares, influenciado por Acore y los veteranos que votaron por De la Espriella y que harían parte de los Bloques de Seguridad Urbana que el nuevo gobierno diseñará para las ciudades capitales.

Es tiempo de que la sociedad civil haga un juicioso análisis del “capricho” del therian presidente de dirigir los destinos del país desde un cantón militar. Su alejamiento de la condición civil lo haría proclive no solo a validar todo lo que hagan y propongan los uniformados, sino a poner por encima de la civilidad el sentido de la vida y de la política que suele alimentarse al interior de las guarniciones.

Aunque los militares que monetizaron la vida de los 7837 jóvenes asesinados bajo la modalidad de “falsos positivos” ya no están en el Ejército, no hay evidencias de que ese espíritu sicarial haya desaparecido de las huestes castrenses y de los objetivos operacionales que se trace la nueva cúpula militar en medio de la guerra total que ofreció De la Espriella en campaña.

Ya el país sufrió los desmanes de las políticas de seguridad de los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez. El Estatuto de Seguridad del primero fue el instrumento político, militar e ideológico para perseguir profesores, estudiantes, sindicalistas y militantes de izquierda. La Seguridad Democrática del segundo cumplió exactamente el mismo papel de perseguir, estigmatizar y violar los derechos humanos. De tiempo atrás, en Colombia viene operando un Estado militarista, cruel y asesino. Dice el informe de la Comisión de la Verdad que “esta doctrina contrainsurgente se expresó en la estigmatización del movimiento social y en el tratamiento militar de los conflictos políticos” (p.99).

La actitud adolescente de Abelardo de la Espriella al identificarse con un tigre no puede reducirse a un tardío desarreglo identitario: es una apuesta ideológica de acercarse al mundo castrense para validar los rugidos, mordeduras, zarpazos y los destripamientos que prometió en campaña. Un presidente civil obnubilado por las armas, uniformes y el pensamiento militar constituye un riesgo para una sociedad que ya sintió en el pasado el desprecio por la vida que se alimentó en las escuelas de formación militar. La retoma del Palacio de Justicia y el vil asesinato de magistrados, empleados y visitantes con balas oficiales fue y es el episodio que exige que los militares, en democracia, deben estar sometidos al poder civil.

No se puede neutralizar a las estructuras criminales, mal llamadas guerrillas, copiando de éstas sus inmorales y pérfidos procedimientos. Las armas de la República están para proteger a la población civil. 


Adenda: La política es el arte de la división. Las Fuerzas Armadas son la encarnación de la unidad nacional. Si la política entra a los cuarteles, la unidad se rompe, la disciplina se quiebra y la fuerza se desintegra." Alberto Lleras Camargo. Teatro Patria, 9 de mayo de 1958.

PRIMERA DERROTA POLÍTICA DEL PRESIDENTE THERIAN

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La primera derrota política que acaba de sufrir el presidente therian en el Congreso se dio gracias a la alianza entre las bancadas del Centro Democrático (CD) y el Pacto Histórico, siguiendo las órdenes de Uribe y Petro respectivamente. Más allá de los nombres de Honorio Henríquez y Alfredo de Luque (amigo de Abelardo), lo sucedido anoche en el legislativo es una bofetada al presidente electo que creyó que podía arrasar con su mentor, el expresidente Uribe.

El apoyo del Pacto Histórico al candidato del CD, Honorio Henríquez a la presidencia del Senado obedece a una coalición pasajera que se podría repetir mientras De la Espriella insista en imponer su voluntad y violentar a quien en buena medida es responsable de su victoria electoral: Álvaro Uribe Vélez. El expresidente y expresidiario antioqueño creó el “monstruo” que ya lo retó a un duelo a muerte. Algunos dicen que las disputas entre el salgareño y el colombo-norteamericano se parecen mucho a una vendetta por la extradición a los Estados Unidos de los jefes paramilitares.

La inexperiencia política del presidente therian y su envalentonamiento a pesar de la pírrica victoria del 21 de junio lo llevaron a unir a Petro y Uribe como opositores políticos. Craso error.

Eso sí, los integrantes más visibles del Pacto Histórico deberían de salir a hacer pedagogía con la militancia que los acompaña porque en las barriadas no se entiende muy bien y quizás no es de buen recibo hacer alianzas con la derecha uribizada.  A los petristas hay que explicarles que no se trata de una coalición para afectar las conquistas sociales logradas por el gobierno Petro y mucho menos una rendición temprana. Hace parte del juego político al interior de un Congreso al que el nuevo presidente intentará manipular e ignorar al gobernar por decreto, como ya vociferan en las mesnadas abelardistas.

El senador Wilson Arias, consciente de que esa coalición pasajera con el CD puede leerse negativamente, salió en redes sociales a explicar la decisión. Esto dijo: “Nuestro voto es público y en contra de Abelardo; cuanto más poder reúna, más amenazadas quedan las reformas y más vulnerable el pueblo colombiano. Somos leales al pueblo; aquí no hay ambigüedad. Frente al Centro Democrático estamos en orillas contrarias y le exigimos al nuevo presidente del Senado garantías para el principal partido de oposición”.

Eso sí, el presidente Petro e Iván Cepeda deberán cuidarse de que por entre las fisuras entre la derecha uribista y abelardista se filtren los objetivos estratégicos del Pacto Histórico como bancada y movimiento social: cuidar al expresidente Petro de la persecución política y judicial que prometió De la Espriella, mantener el apoyo popular con miras a recuperar el poder en el 2030 y oponerse radicalmente a que el país retroceda en materia de garantías constitucionales y las conquistas sociales alcanzadas entre 2022 y 2026. Hay que poner cuidado que por entre esas grietas se filtre esa enfermedad ideológica llamada “manguismo” que puede afectar a miembros de la bancada del Pacto Histórico. Es claro que contra ese virus no hay vacuna.

Esto apenas comienza. Ya veremos cómo reacciona el adolescente therian. ¿Seguirá creyendo que es un tigre o aterrizará a esa realidad compleja que es gobernar a Colombia?

lunes, 20 de julio de 2026

UN PARTICULAR 20 DE JULIO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La conmemoración de este 20 de julio pasará a la historia porque mientras el presidente Petro asistía a su último desfile como jefe de Estado y comandante supremo de las fuerzas armadas, el presidente electo, sin haber recibido aún el reconocimiento de la tropa hacía lo propio en Medellín, ciudad desde la que envió un mensaje a la tropa regional y a los colombianos que lo votaron ese fatídico 21 de junio de 2026.

Con el mismo tono vociferante y ventijuliero el primer presidente therian del país no parece darse cuenta de que la campaña presidencial terminó: sigue con las arengas en las que incluye e insiste en su identidad animal asociada a la vida salvaje de un tigre. Aunque no se trata de un desarreglo psicológico, identificarse con un animal como lo hace De la Espriella lo acerca a vivencias propias de un adolescente que está en la búsqueda de consolidar su identidad. En su prematura “alocución”, el therian presidente dijo: “Este pueblo que me llena de orgullo y de fuerza para seguir luchando tiene presidente porque el tigre representa a Antioquia, el tigre tiene a Antioquia en su corazón y en su espíritu”.

La gestualidad de Abelardo de la Espriella se parece mucho a la de Uribe Vélez durante sus primeros dos años de administración. Las gafas oscuras que en principio usó el político antioqueño y que hoy exhibe De la Espriella, en lugar de ofrecer transparencia y confianza, generan miedo y desconfianza en las audiencias que escuchan sus arengas y los gestos amenazantes de sus brazos.

“Hoy estoy aquí rindiéndole homenaje a los héroes de la patria, soldados y policías, pero también a este pueblo antioqueño que no se arrodilla pese a la adversidad, a este pueblo de patriotas que decidió derrotar la tiranía para defender la democracia, la libertad y la institucionalidad”.

El therian presidente insiste en la narrativa- falsa por demás- que asocia al gobierno saliente con una dictadura. Sin duda alguna, una exageración propia de un candidato presidencial. Alguien que le diga a De la Espriella que es tiempo de dejar atrás lo sucedido en campaña. El país necesita a un presidente que representa la unión de la nación y no a un agente que ahonde en la división de la sociedad entre buenos y malos, resultado de la doctrina amigo-enemigo que nos dejó el uribismo: quien no está conmigo, está contra mí y por lo tanto es mi enemigo. Y a los enemigos se derrotan, eliminan, se encarcelan o se destripan.

De la Espriella les recordó a los antioqueños, en especial a la godarria representada por Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín y Andrés Julián Rendón, gobernador del departamento, que en su gabinete hay “tres ministras de Estado porque se lo merece, porque este departamento es inspiración y ejemplo para Colombia”.

En sus coqueteos a la dirigencia y al pueblo antioqueño, De la Espriella insiste en reforzar los imaginarios colectivos atados a la cultura paisa: “pueblo berraco, echado para adelante, laborioso y vivo”. En su discurso ante la tropa regional, el adolescente presidente espetó que “si en Colombia podemos construir la patria milagro eso implicaría necesariamente replicar el modelo de Antioquia y Medellín en el resto de los departamentos para llevar a nuestro país al lugar de grandeza que se merece que es la patria milagro”.

Debería de explicar el presidente therian qué de ese modelo quisiera replicar en el resto del país: ¿Las prácticas paramilitares o la cultura mafiosa y criminal que naturalizó Pablo Escobar Gaviria de la mano de una parte de la élite?

Ahora bien, si lo que aplaude De la Espriella son las etapas, procesos, resultados, alcances y efectos de la colonización antioqueña, valdría la pena que conociera de las lecturas críticas que se escribieron sobre ese fenómeno pues hay quienes consideran que “gran parte de la colonización antioqueña se parece comparativamente, y viéndolo en retrospectiva, al proceso de Conquista, por los procedimientos adoptados, por el despojo en territorios indígenas, por el poder de los dueños de las concesiones, y los reclamos jurídicos de los latifundistas que exhibían “títulos” y documentos de antepasados entroncados con la corona real para impedir ocupaciones de terrenos que no querían conceder; por el acompañamiento y “tutoría” que los curas desplegaron, y por la violencia aplicada y la servidumbre impuesta sobre campesinos pobres[1].

Lo más probable es que el país que no votó por el proyecto político de la ultraderecha tenga que soportar por cuatro años- quizás por más- el repetitivo discurso y la actitud vocinglera del primer adolescente therian que alcanza la presidencia de la República. Pasamos del “ajúa” que aprendió a gritar Iván Duque Márquez, el fatuo e infantil subpresidente, al grito “Firme por la Patria”, que en sectores societales se entiende como el grito de guerra de aquellos dispuestos a librar la “guerra cultural” que De la Espriella liderará de la mano de su ministra de Cultura o de Aculturación, Paola Holguín.

domingo, 19 de julio de 2026

ARGENTINA VS ESPAÑA: MÁS ALLÁ DE UNA COPA MUNDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cae el telón del Mundial de Fútbol. Termina el certamen orbital del deporte espectáculo usado por los políticos como el más grande y poderoso opioide con el cual adormecen a la masa de aficionados que ven las transmisiones de los partidos. Esos mismos a los que durante un mes largo no se les ocurrió mirar hacia Gaza e Irán, convertidos por Israel y Estados Unidos en zonas de desastre humanitario. Para qué hacerlo si el fútbol tiene esa capacidad de sacarnos de la realidad durante largos 90 minutos. El fútbol tiene el poder analgésico del fentanilo. Y Fútbol se escribe con F de Fentanilo.

En la final del Mundial se habla español: España y Argentina definirán el nuevo campeón mundial. Me pregunto: ¿A qué país le convendría más que su selección gane el anhelado trofeo? Trataré de responderme el interrogante.

Ambas selecciones representan no solo a sus naciones sino las realidades políticas, social y económicas que, para el caso, devienen distintas. Pedro Sánchez en la “Madre Patria” le apostó a implementar reformas sociales en medio de desafíos migratorios, escándalos de corrupción y los que acompañan al control de la inflación. Estamos hablando de un país europeo que hace parte del norte opulento. Y esa es una realidad que no se puede obviar porque resulta determinante.

Mientras que Milei, atado a los intereses del FMI y alineado a los Estados Unidos de Donald Trump se propuso reducir el Estado a punta de motosierra y por esa vía afectar la dignidad de los pensionados y trabajadores oficiales: “el mayor golpe en materia de ingresos se dio entre los trabajadores del sector público. Víctimas del ajuste y la ‘motosierra’ de Milei, el nivel de salarios de septiembre de 2025 perdió un 18% de su capacidad de compra frente al promedio de 2023”.

Los críticos del gobierno de Milei pintan un escenario catastrófico que incluso sirvió para tratar de asustar a los colombianos que finalmente votaron el 21 de junio por el primer presidente therian de Colombia. El relato aquel de “nos vamos a convertir en Argentina si votan por De la Espriella y vamos a comer carne de burro” de poco sirvió. Será porque hay cientos de miles de colombianos, verdaderos jumentos en términos políticos, que de tiempo atrás comen de esa carne.

Así las cosas, si España conquista su segunda copa mundo habrá celebraciones y quizás algunos desmanes; si, por el contrario, pierde la final frente a los gauchos, la resaca que produce la derrota resultará manejable por las condiciones sociales y económicas en las que viven los españoles.

El caso para los argentinos puede ser diferente: estamos hablando de un país suramericano que hace parte del Sur empobrecido y sometido. Y esa es una circunstancia que no se puede soslayar.  Alrededor del Obelisco se congregarán borrachos de felicidad y orgullo cientos de miles de aficionados para saltar mientras el opioide hace el efecto esperado: quitarles por varias semanas los dolores que les dejó la pérdida del laburo y las dificultades para reclamar medicamentos y comer.

Si la selección de Messi, Lautaro y el Dibu Martínez se alzan con el trofeo no solo será la cuarta copa mundial sino la oportunidad única para que el “libertario” (realmente es un neoliberal) presidente de Argentina, Javier Milei, lo use para atenuar la mala imagen que se proyecta del país por sus agresivas reformas sociales y decisiones de política energética. “El Gobierno del presidente Javier Milei confirmó que avanzará con la licitación internacional de un bloque offshore de aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados en el Mar Argentino para la exploración de petróleo y gas, una decisión que ha generado fuertes cuestionamientos debido al interés manifestado por una empresa de capitales británicos”.

Como sucedió durante la dictadura militar, la primera copa mundo ganada por Argentina sirvió para tapar las arbitrariedades y crímenes cometidos por Galtieri y Videla. Lo mismo podría pasar si Messi y su combo conquistan la cuarta estrella en territorio norteamericano. Una parte importante de la sociedad argentina necesita “trabarse” para aguantar el difícil partido que les planteó Milei. Si Argentina resulta hoy campeona mundial le habrá entregado al presidente Javier Milei el cargamento de fentanilo que necesita para calmar al pueblo argentino que sobrevive en medio de la precariedad laboral y las afugias médicas que a diario padecen los gauchos. Hay dolores físicos y del alma que el fútbol logra controlar por un tiempo. Si, es un paliativo que no cura las enfermedades terminales que genera el neoliberalismo.

Una última pregunta: ¿Será que Trump e Infantino estarán pensando en darle de regalo a Milei y a Messi la Copa Mundo?

sábado, 18 de julio de 2026

URIBE Y ABELARDO: "PELEA" ENTRE MONSTRUOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las tensiones entre el primer presidente therian del país y el expresidente Uribe hay que sacarlas del ámbito transaccional que ocurre por estos días al interior del Congreso alrededor de qué partido debe controlar las mesas directivas. Se trata de una lucha política en la que salieron a relucir los egos de las dos figuras megalómanas más visibles de la derecha.

La disputa entre Uribe y De la Espriella hay que situarlas en el recambio generacional que ya está experimentando la derecha neoliberal, precapitalista, rentista, violenta, retrógrada y goda que por 20 años lideró el político antioqueño. Igualmente, dicho enfrentamiento, que probablemente sea pasajero, se explica porque el debilitamiento del liderazgo de Uribe Vélez no obedece exclusivamente a sus líos judiciales y al natural proceso de consunción que lo está consumiendo.

El fondo del asunto puede resultar más simple de lo que parece: Uribe está de salida y De la Espriella será su reemplazo porque una parte del Establecimiento así lo decidió. Los agentes económicos, sociales y políticos del viejo régimen necesitan contar con un tipo como Abelardo de la Espriella, cuyo perfil sibarita es aplaudido en esas huestes en las que siempre vieron con desagrado el oufit de Uribe y su montaraz carácter. El Establecimiento creó ese monstruo llamado Uribe y éste ayudó a crear a esa fiera que hoy lo desafía.

Aunque los gustos refinados del therian guardan visos corronchos, este agrada más por su juventud y porque aquellos agentes de poder lo sienten capaz de traspasar todos los límites éticos, institucionales y morales, incluso superando las propias marcas que Uribe dejó en esas materias.  Aquellos reconocen y aplauden todos los límites éticos y morales que traspasó Uribe siendo jefe de la Aerocivil, estando al frente de la alcaldía de Medellín, la gobernación de Antioquia, de la Casa de Nari y por supuesto lo hecho desde el Congreso.

Además, esos mismos actores pro-Abelardo entienden muy bien que el actual momento histórico por el que atraviesa Estados Unidos, el (des) orden internacional y la propia Colombia los obliga a explotar muy bien los afanes de Abelardo de la Espriella de ser reconocido, aplaudido, reverenciado y venerado. Al presidente therian le urge superar sus propios vacíos emocionales y darle rienda suelta al fatuo carácter con el que desea ocupar el lugar importante en la historia política del país que él cree que se merece.

El therian presidente está resuelto a superar con creces lo hecho ideológica, cultural, económica y políticamente por Uribe Vélez. La apuesta de Abelardo de la Espriella es consolidarse como el nuevo líder de la derecha y la ultraderecha por lo menos durante los cuatro años de su administración. De su volátil carácter saben muy bien quienes coadyuvaron a ponerlo en el Solio de Bolívar, de ahí que estén dispuestos a todo para corregir, ajustar, desaparecer o destripar lo que consideren necesario durante los cuatro años en los que lo manejarán y mimarán para que les cumpla con lo convenido en campaña.

Si en el pasado las empresas periodísticas construyeron ese fenómeno mediático llamado Álvaro Uribe Vélez, hoy, esas mismas casas editoriales le están apostando a consolidar otro fenómeno, pero sobre todo a naturalizar las ideas y prácticas fascistas con las que De la Espriella está dispuesto a dar las “batallas culturales” con las que eliminará al progresismo y a la izquierda. La “patria milagro” de la que habla el therian presidente está fundada en la proscripción del pensamiento crítico y divergente, el destierro de los defensores de los derechos humanos y los de la naturaleza. 

PROPONEN “SEMANA ANTICOMUNISTA”

  Por Germán Ayala Osorio   La “semana anticomunista” que propone crear en los colegios el senador electo Alejandro Bermeo [1] deviene ...