Por Germán Ayala Osorio
Partió Germán Vargas
Lleras (en adelante GVL). Se fue uno de los hijos mimados del viejo
Establecimiento colombiano. Murió el político conservador. Un verdadero godo. A
la tumba se llevó su falta de carisma, su nula simpatía, empatía
y su incapacidad para comprender los problemas de un país que, de acuerdo con la
tradición y su linaje, debía gobernar. Fue un eterno candidato
presidencial, al igual que Álvaro Gómez Hurtado.
La derecha política y mediática
dirá que “Colombia perdió la oportunidad de ser gobernada por un hombre probo,
disciplinado, inteligente y con el linaje suficiente para regentar el poder en
un país históricamente descuadernado: su abuelo Carlos Lleras Restrepo se sentó
en el Solio de Bolívar. Es una cuestión de genes, Vargas Lleras debió
ser Presidente”.
La izquierda dirá que partió un hombre
combativo y propositivo que, alejado de las ideas progresistas y cercamos a las
del dañino neoliberalismo, supo hacerle oposición
al gobierno Petro. El jefe de Estado lamentó la muerte de GVL en su cuenta de X:
“Lamento la muerte de Germán Vargas Lleras. Tanto en el Senado como en
campaña se comportó como un gladiador. En general contradictor mío,
lamento que su seriedad en el debate desaparezca. Le envío a su familia mi
sentido pésame”.
En la Colombia de la “doble moral”,
de una excelsa pero hipócrita diplomacia, cuando uno de los hijos de la élite
muere, esa partida es usada por los medios hegemónicos para “lavarles la cara”
a quienes muy seguramente “Dios los llamó a su reino” por ser gente de
bien. Los buenos van al cielo; los malos (los de la izquierda), al infierno. Recordemos
que María Fernanda Cabal espetó en su cuenta de X, a propósito del fallecimiento
de Gabriel García Márquez, el nobel de Literatura y una fotografía del escritor
con Fidel Castro Ruz, que “pronto estarán juntos en el infierno”.
Cuando en Colombia muere un
político profesional -politicastro- de inmediato se borran las diferencias
ideológicas, sus yerros y hasta la abyecta propuesta que lanzó el clasista y
racista político de 64 años en plena pandemia del covid-19: el “exvicepresidente
Germán Vargas
Lleras propuso reducir los salarios de los empleados, y echar mano de las
primas y las cesantías, dejándolas de pagar este año, no pagar el subsidio de
transporte y de flexibilizar las obligaciones para el trabajo nocturno o en
días festivos”.
En estos momentos en los que la
prensa prepara especiales sobre la vida del finado y usa el universal el “país
llora la muerte de Vargas Lleras”, es preciso recordar los
agrios enfrentamientos públicos entre Enrique
y Germán Vargas Lleras con el presidente Petro
por la crisis de la Nueva EPS y otros asuntos en los que el jefe del Estado
fustigaba, justamente, el clasismo y la pertenencia de ambos personajes a los
más cerrados círculos del poder bogotano.
Esto dijo Petro en su momento: “Miles
de millones de pesos se gana un Vargas Lleras por un sorteo que hace el otro Vargas
Lleras en la corte arbitral de la Cámara de Comercio de Bogotá,
que no solo consolida la privatización de la justicia, sino que es palanca
fuerte para la politización de la justicia pública. (...) La contratación del
gobierno debe abandonar este tipo de justicia privada para dirimir sus pleitos”.
Imagino que sus restos mortales
serán expuestos en cámara ardiente en las instalaciones del Congreso por
su condición de cuasi presidente para que cientos de miles de colombianos,
religiosos y temerosos de la muerte despidan al exvicepresidente, a ese hijo de
la élite responsable en gran medida de los graves problemas y taras
civilizatorias que arrastramos como sociedad. Se decretarán tres días de duelo
por la partida de un político clientelista y dueño de Cambio
Radical, uno de los partidos más corruptos del país del Sagrado Corazón o
del Sangrado Corazón. No hay mayor diferencia entre las dos.
El expresidente y expresidiario Álvaro
Uribe
Vélez también lamentó la muerte de GVL: “En mala hora de la Patria muere
Germán Vargas Lleras. Su partida ocurre en el momento que la democracia más
necesitaba de su verticalidad”. Huelga recordar los duros enfrentamientos[1]
entre Uribe y Vargas Lleras por el apoyo o la connivencia de uno y otro con los
grupos paramilitares. Esto dijo el político antioqueño: “Yo
conozco a Vargas Lleras, él es un engaño al país, amenazaba a funcionarios
de mi gobierno para que le dieran puestos. Estimulaba cualquier
clase de fechoría clientelista en el Congreso.
De acuerdo con lo dicho hasta
aquí, me correspondería decir “paz en la tumba de Germán Vargas
Lleras”. Y sí, que descanse nuestro estimado “coscorrón”. Eso sí, no diré
jamás que se irá al infierno porque, contrario a la señora Cabal, no creo que
exista ese escenario y mucho menos el reino de la eternidad y un apacible
cielo. Lo que diré es que el país se salvó de ser gobernado por el finado.