Por Germán Ayala Osorio
En el caso de Rafael Poveda,
periodista acusado de acoso sexual por varias colegas, bien podría haber en el
fondo una “decisión” adoptada o una "orden cultural" dada por el sistema patriarcal y la cultura
machista derivada de ese poderoso sistema de dominación: la mujer debe ser conquistada, halagada y
seducida. Esa especie de “mandato cultural” desde muy jóvenes los hombres
lo asumimos como una “obligación” que, por supuesto siempre devino atada a la imperiosa
necesidad de demostrar que se es un hombre para despejar cualquier duda en virtud
de la homofobia imperante. Lo de encantador, detallista y caballero hace parte
de ese mismo relato aceptado por las mujeres, incluso por las que hoy atacan y
defienden a Poveda.
El vocablo clave aquí es “conquistar”
del que se desprenden frases como “vaya conquístela”, como si la Mujer fuera un
territorio en disputa y dispuesto para soportar “campañas o gestas” de varones
interesados en acceder para construir relaciones de dominación en ese deseado
territorio. Otra frase clave es “se la van a quitar” que, traducida al lenguaje
del dominio territorial significa que alguien más podría estar interesado en
apropiarse de dichos “terrenos”.
En el lenguaje habitamos todos,
de ahí que la fuerza locutiva, ilocutiva y perlocutiva de “a las mujeres hay
que conquistarlas” terminó validando todas las “formas de lucha” diseñadas
para los hombres interesados en “atacar” esos territorios. Entonces nacieron los
piropos, los halagos y toda una “caja de herramientas masculinas” para avanzar
en las ya planeadas conquistas.
Interesantes me resultan los
trinos de las mujeres que creen en la inocencia de Poveda; de igual manera, los
de que aquellas que, sin despedazarlo, cuestionan la pulcritud de aquello de
ser caballero expuesto por las primeras para salvar al periodista que fue
llevado al cadalso de las redes sociales, en las que está siendo funado y
sometido al escarnio público. Lo curioso del asunto es que Poveda fue víctima
de las periodistas que primero publicaron la denuncia y luego buscaron la
versión del implicado.
Uno de esos trinos es el de María
Castro: “La mayoría de los acosadores sexuales en ámbitos laborales son unos
"caballeros encantadores", seguros gracias a su posición de poder y
convicción”.
Otras usuarias de la red X se
lamentan por lo que ellas llaman “rupturas en las relaciones H-M” por los miedos
de los hombres a querer acercarse a una mujer con el simple deseo de entablar
una conversación. Lo cierto es que, por cuenta de los escabrosos casos de
feminicidios, violaciones
y otras formas de maltratos
contra las damas, se vienen consolidando miedos compartidos entre hombres y
mujeres al momento de entablar una conversación y quizás después, una relación.
El sistema patriarcal y la cultura
machista derivada tienen un poder inconmensurable que los hace casi invencibles.
Recordemos el pacto
patriarcal en Noticias Caracol que sirvió para ocultar por varios años
las prácticas de acoso que hoy tienen en líos judiciales a dos de sus antiguos
periodistas-presentadores. Y cómo olvidar a los “provida” que hoy presentan un
proyecto de ley para modificar la constitución y por esa vía volver a penalizar
el aborto: una clara intención de mantener los procesos de dominación sobre las mujeres que, de acuerdo con los "provida", no tiene cómo decidir sobre su cuerpo y la maternidad.
La publicidad sexista y los reinados
de belleza coadyuvan de gran manera a la extensión en el tiempo de esas dos formas
de dominación masculina. También es importante recordar que detrás de todo está
la condición humana, aviesa por naturaleza y malintencionada cuando aparecen
toda suerte de intereses e intenciones. Y esa inevitable condición está
presente en hombres y mujeres.