Por Germán Ayala Osorio
De confirmarse que el ex
guerrillero del M-19, Carlos Alonso Lucio López hará parte del equipo de empalme
que conformó el presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaría el país frente
a lo que bien podría llamarse la moral acomodaticia que a
partir del 7 de agosto guiará las decisiones que tomará el nuevo inquilino de
la Casa de Nariño.
Dicha moral, complaciente, dúctil
y funcional para los miembros de la ultraderecha neoliberal que representa De la
Espriella, les sirvió durante cuatro años como parapeto desde el que atacaron al
presidente Petro por haber militado en la organización guerrillera de origen y
operación urbana. La misma que firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco
Vargas, se desmovilizaron sus miembros y aceptaron hacer política con las
reglas de la democracia colombiana.
Exguerrillero, asesino y
terrorista le gritaron desde diversas tribunas. Hasta se atrevieron a decir
que participó de la toma del Palacio de Justicia. De la Espriella lo llamó “guerrillero
de cafetería” durante una conversación
con Miguel Abraham Polo Polo en la que el hoy flamante presidente electo dijo: “Si
yo hubiese sido paraco tendría las pelotas de hacer lo que hay que hacer”.
Por supuesto que a Lucio López
nadie se atreverá a gritarle exguerrillero, asesino y terrorista porque
el Manual de la Doble moral o de la Moral Acomodaticia que
aplicaron en el pasado todos los militantes del Centro Democrático es el mismo
que guiará las decisiones que adoptará Abelardo De la Espriella. El país recordará
que Everth Bustamante, Rosemberg Pabón (conocido como comandante Uno), Augusto
Osorno y Eduardo Chávez, entre otros, ocuparon cargos públicos durante los
gobiernos de Álvaro Uribe y hacen parte del Centro Democrático.
En la introducción de dicho Manual
se lee que hay “exguerrilleros buenos y los hay malos. Los primeros serán
aquellos que demuestren estar dispuestos a unirse a las fuerzas defensoras del
Establecimiento y rendir pleitesía a sus líderes políticos más destacados; por
el contrario, los malos serán aquellos que insistan en recordar su pasado en
armas como si se tratara de una gesta y agitar la bandera de dicha organización
armada ilegal”.
Carlos Alonso Lucio López es un
personaje. Pasó de militar en el M-19 y de ser amigo y compañero de Petro, a
enemigo número uno del presidente de la República. Es más, a mediados de enero
de 2024 Lucio dijo en una columna
que en junio de ese mismo año iniciaría un juicio político contra Petro. “Volvió
a la vida pública asumiendo roles de asesoría política y participando en
negociaciones de paz, fue pieza clave, como asesor, durante el proceso con las
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez”. Lucio
militó en la izquierda armada y ahora hace parte de la ultraderecha neoliberal.
Bueno, De la Espriella fue ateo y ahora es creyente. En eso se parecen: cambian de parecer como de calzoncillos.
La posibilidad de que Lucio López
haga parte del equipo de empalme para la transición armónica del poder fue
registrada por varios medios. Infobae, por ejemplo, dijo en su portal: “Entre
los nombres que han sido mencionados sorprende que esté Carlos Alonso
Lucio, que, aunque es un crítico del presidente Gustavo Petro, fue parte del
M-19, algo que De la Espriella ha mencionado como un aspecto negativo de lo que
representa el actual mandatario”.
Lucio López fue condenado por la
Corte Suprema de Justicia por dos delitos. “Fue condenado por los delitos de
estafa y falsa denuncia. La Corte Suprema de Justicia lo sentenció luego de
determinar que había incurrido en estos delitos durante su actividad política y
empresarial tras la desmovilización del M-19. Lucio cumplió una pena de prisión
por estos cargos en la cárcel La Picota de Bogotá”.
Ya suenan varios nombres de
políticos, de los que De la Espriella llamó los “de siempre”, como eventuales
ministros del próximo gobierno. A los que le creyeron el cuento al “Tigre” de que iba
a gobernar con los “Nunca”, deben de saber que los engañaron. Con el Manual
de la Doble Moral que aquí cito, Colombia regresa al pasado, esto es, a
los tiempos de la Seguridad Democrática y al ethos mafioso que el uribismo naturalizó
entre 2002 y 2010. Bienvenidos.