Por Germán Ayala Osorio
El Consejo Nacional Electoral
(CNE) dejó por fuera de la consulta del Frente por la Vida a Iván Cepeda
Castro; se trata de una decisión contra derecho que no debería de sorprender
por la naturaleza politiquera y clientelista de sus miembros, a quienes de
manera equivocada llaman “magistrados”, cuando son simples políticos que interpretan
las normas de acuerdo con las órdenes que les den desde sus partidos. En este
caso, quienes votaron en contra de los intereses del Pacto Histórico lo habrían
hecho por cuestiones asociadas a la animadversión que sienten hacia la
izquierda, el progresismo y al propio presidente Petro. Odio puro, los habría guiado
en la proterva decisión.
Así las cosas, lo que debería pasar
es que Juan Fernando Cristo, Camilo Romero y Roy Barreras declinen participar
de la consulta y se unan ya a la candidatura presidencial de Iván Cepeda
Castro, para intentar ganar en primera vuelta. No se puede desconocer que
además de político, se trata de un golpe económico a juzgar por el valor del
voto ($8.287) que se reconocerá a los candidatos que participen de dichas
consultas.
Si Cristo y Barreras deciden continuar y presentarse a la consulta, el triunfo del médico vallecaucano lo llevaría directamente a primera vuelta y lo convertiría en un contendor de Cepeda. No tiene sentido hacer una consulta de la "centro izquierda" sin el candidato que puntea en las encuestas. No sabemos realmente cuáles son los intereses políticos de Roy Barreras.
Cristo y Barreras no representan histórica,
identitaria e integralmente al Pacto Histórico. El médico vallecaucano es un
hábil “camaleón” que en el pasado fue uribista, santista, vargasllerista y de repente,
petrista. Cristo, por su parte, viene del liberalismo. Eso sí, la fuerza
electoral de Cristo es mínima. Por el contrario, Barreras es un político que
gusta en todas las huestes, incluidas las del petrismo. Gusta en la derecha y en
el medroso centro por su habilidad para negociar y llegar a acuerdos que no necesariamente
benefician a las grandes mayorías. Más claro: Barreras es un político tradicional y no un
agente interesado en consolidar los cambios. Quizás su intención oculta apunte
a insistir en las reformas sociales, sin tocar los intereses de los más
privilegiados del país.
A Barreras y Cristo los une el
discurso de la paz, asunto que hoy, por cuenta de lo conversado en los Estados
Unidos entre Petro y Trump parece pasar a un segundo plano o quizás quede
proscrito porque el mismo presidente colombiano se encargó de deslegitimar a
los actores armados ilegales llamándolos “traquetos o mafiosos de camuflado”. Y
no se trata de una calificativo con el que esté buscando ganar aplausos en las
mesnadas castrenses. No. Se trata de un convencimiento ideológico y político de
Petro. ¿Para qué insistir en dialogar con unas estructuras armadas dedicadas a
las economías ilícitas (narcotráfico y minería ilegal)?
No por lo anterior el país debe votar
por Abelardo de la Espriella, con quien el país regresaría a los tiempos de la
seguridad democrática y a la activación de la relación amigo-enemigo que Uribe
y el uribismo en 25 años la consolidaron como un ethos con el que justificaron
procesos de estigmatización, persecución y desaparición de agentes políticos y
culturales y comunidades enteras. Y mucho menos por Fajardo, un uribista enclosetado; o Claudia López, de quien acertadamente un funcionario del gobierno Petro dijo que, políticamente, era como el serpenteante río Cauca: unas veces a la derecha y otras, a la izquierda.
Hay que aprovechar el golpe dado
por el CNE no para victimizarse, sino para consolidar un plan de gobierno que
convenza a los sectores desencantados con el gobierno Petro por los casos de corrupción
y muy seguramente por incumplimientos de promesas de campaña. Pasen la página y
con un renovado Congreso, hay que apostarle a eliminar esa cueva de rolando
llamada CNE.
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