viernes, 5 de junio de 2026

DIOS, HINCHAS DE LA SELECCIÓN Y JAMES RODRÍGUEZ

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Las pasiones que mueve el fútbol en Colombia llevaron a cientos de colombianos, un 5 de septiembre de 1993, a retroceder en sus procesos evolutivos con el 5 a 0 que once “guerreros o héroes sin capa” le propinaron a la Selección Argentina en el Monumental de Núñez.  Un abultado, histórico y moral triunfo- una gesta, dijo la prensa deportiva- que no entregó título alguno. Bueno, sí, uno, a la “peor celebración”.

Ese comportamiento anómalo e incivilizado se repitió con matices en la final de la Copa América que perdieron con Argentina. Otro triunfo moral: quedaron subcampeones. Y hace pocas horas, esas mismas pasiones, mezcladas de clasismo, racismo, aporofobia, arribismo, arrogancia, patanería y supina ignorancia generaron un cisma en el colectivo de hinchas del seleccionado nacional. Fruto de esa ruptura, la figura de James Rodríguez fue quemada, incluida la “mona” de Panini y la costosa y oficial camiseta 10. Quemaron al ídolo de papel y arde su imagen en esas oscuras cuevas o trincheras llamadas redes sociales. De la reyerta discursiva participaron funcionarios del gobierno, políticos, tuiteros y columnistas.

Pero, así como las derrotas, los triunfos de la Selección, el comportamiento de la hinchada y la (de) formación política de los jugadores dicen mucho de lo que somos como sociedad, las canciones también aportan lo suyo. “Soñando con el abuelo” es un bambuco escrito por Luis Javier Piedrahita Gaviria, más conocido como Fausto. Si miramos la letra en perspectiva cultural, más bien parece una radiografía indeleble, una especie de papiro del que se desprenderán eternos memoriales de agravio, o un enorme espejo en el que cada cierto tiempo nos miramos para reconocer lo que verdaderamente somos como individuos y sociedad.

En medio de lo que llaman los medios polarización política y crispación ideológica, la iglesia católica a través de la Conferencia Episcopal en reiteradas ocasiones llamó a “desescalar el lenguaje, a respetar al otro”. A pocos días de la segunda vuelta presidencial, los enviados de Dios en la Tierra vuelven a pedir que se detenga la pugnacidad entre los candidatos presidenciales. Eso sí, se cuidan de advertir que un proyecto político defiende la vida y que el otro hará de la muerte su glorioso himno.

Sin duda alguna una encomiable exhortación que se desvanece y pierde sentido cuando leemos y cantamos “de la iglesia, suyo abuelo ya casi no queda nada, los curas que no son santos la quieren manipulada”. El silencio cómplice de varios purpurados frente a las inmorales prácticas pederastas y pedófilas de cientos de curas confirman la infausta radiografía del autor del bambuco. Los periodistas de CasaMacondo que investigaron a los degenerados sacerdotes son víctimas de persecuciones judiciales y amenazas de muerte. “Aquí el mundo está al revés… Al ladrón tratan señor, y al señor como un pirata…”.

La situación de la iglesia católica y de otras congregaciones que insisten en la existencia y la imperiosa necesidad de adorar a Dios nos recuerda la metáfora que Nietzsche le entregó al mundo hace marras: “Dios ha muerto”. Siglos después, y muy lejos del viejo continente, cientos de tuiteros confirman la muerte de un semidios llamado James. << “James es un nombre masculino de origen hebreo que significa "sostenido por Dios" o "Dios es misericordioso">>.

Los mismos hinchas que quemaron la figurita aseguran que con un par de golazos y la clasificación a cuartos de final en el Mundial será suficiente para que esa deidad llamada James resucite, así sea igual de arrogante y grosero al que le negó una fotografía y el saludo a Antonella Petro. Porque así somos. O quizás debamos preguntarnos como lo hizo Yunis Turbay en su libro ¿Por qué somos así?, ¿Qué pasó en Colombia?

 

jueves, 4 de junio de 2026

JAMES RODRÍGUEZ, UN 10 EN PATANERÍA

 


Por Germán Ayala Osorio


El desaire de James Rodríguez a la hija del presidente Petro y la actitud hostil con el presidente de la República tiene un profundo arraigo cultural. De padre ausente, James se levantó como casi todos los jugadores de fútbol del país: en medio de precariedades y afugias económicas, vacíos emocionales y por supuesto ambientes familiares en los que los libros y la lectura brillan por su ausencia.

Ahora que es millonario, el 10 de la Selección de Fútbol se “da el lujo” de despreciar a la hija del jefe del Estado, una menor de edad que hace rato se declaró fans de la Selección. James es padre de una hija, vaya contradicción.

La actitud infantil del hábil zurdo-con las manos, es de derecha- está ancorada a la doctrina que su amigo y admirado expresidente Uribe impuso y naturalizó en el país: quien no está conmigo, está contra mí; los hijos y los amigos de mis enemigos, son también mis enemigos. De allí que el desprecio de Rodríguez hacia Antonella Petro se explique porque James odia al presidente y a todo lo que él representa: a millones de pobres, trabajadores, sindicalistas y docentes, entre otros, que se vieron beneficiados con el incremento del salario mínimo en un 27%. Así las cosas, James Rodríguez no irá al Mundial a representar a todos los colombianos, sino a aquellos que él considera dignos de reconocimiento: la gente con plata y de derecha.

James Rodríguez es arribista y clasista gracias al fútbol, el deporte espectáculo más popular del mundo, al que siguen millones de pobres alrededor del mundo. Estar forrado en dinero no asegura tener o desarrollar el llamado don de gente. James es la constatación del sentido de realidad de esa sentencia.

Así como en las redes le están dando con todo al 10 de la Selección, también hay que darle “periodicazos” al presidente Petro por exponer a su hija menor ante varios de los patanes que Néstor Lorenzo convocó. Bueno, no podemos olvidar que el técnico consideró llevar al Mundial a Sebastián Villa, patán de patanes. En un ambiente masculino como ese, la patanería y el irrespeto a las mujeres resulta ser una cosa menor.

Por supuesto que ninguno de los compañeros de James en la Selección se atreverá a llamarle la atención por haber sido grosero con Antonella Petro; y mucho menos la Federación Colombiana de Fútbol (FCF), entidad que ya tiene suficiente con tener que lidiar con la personalidad de Ramón Jesurún. Si se atreven, de pronto este semi dios se molesta, le da una rabieta y abandona la concentración. O se va a los puños con quien ose hacerle ver lo mal que quedó ante los colombianos. ¿Se atreverán los periodistas deportivos a confrontarlo? Lo dudo, porque ellos están para adorarlos y cargarles la alfombra roja sobre la que James no camina, levita. Algunos medios hablan de "incómodo momento" o de "gesto confuso". 

James, jugas al fútbol y has logrado cosas importantes a nivel de clubes. En la cancha te haces “grande”; por fuera, sos diminuto. Ojalá los hambrientos de victoria de Uzbekistán y la República Democrática del Congo te enseñen algo de humildad. Agrandado. Y no se olvide que Colombia, a nivel de la Selección de Mayores, aún no ganó nada a nivel mundial.

EL DESAIRE DE JAMES RODRÍGUEZ A LA HIJA DE PETRO




Por Germán Ayala Osorio

 

Antes de iniciar la participación de la Selección Colombia en el Mundial a realizarse en Canadá, USA y México ya hay polémica- en el país de las polémicas-, por el desaire de James Rodríguez y de otros jugadores con Antonella Petro, hija del presidente de la República al momento de la despedida en el aeropuerto de CATAM. Al 10 del combinado nacional se le vio molesto, frío y distante-diría rabioso- por la presencia del mandatario y el saludo que les ofreció la dulce retoña de Gustavo Petro. Las imágenes son contundentes. 

Por supuesto que la actitud de los jugadores con el jefe del Estado y Antonella Petro es reprochable, justo en medio de semejante coyuntura electoral y política; eso sí, hay que señalar que la postura de las “estrellas” del fútbol colombiano deviene aupada y atada a las simpatías de muchos de estos jugadores con la derecha neoliberal. No olvidemos que varios de los convocados por el técnico Néstor Lorenzo compartieron en el pasado con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, enconado enemigo del país y de Petro. Estas figuritas de la Selección son arribistas y clasistas. Unos levantados sin conciencia de clase. Se les olvidó de dónde salieron. 

A James Rodríguez se le vio feliz junto al exmandatario antioqueño dentro de un vehículo, en tiempos en los que se hablaba de su retiro del fútbol. Corrían 22 días de junio de 2023 cuando se dio el encuentro entre el 10 de la Selección y el funesto expresidente. Entre tanto, Yerry Mina le sirvió de “poste” a Uribe para que el político antioqueño girara, montado en una yegua, alrededor del defensa de la Selección.

Considero que se pudo evitar ese momento desagradable que vivieron James, el propio presidente Petro y su hija, en el aeropuerto de CATAM: a la despedida únicamente debieron asistir, en representación de los jugadores, aquellos que sientan genuinamente simpatía por el proyecto político progresista y por su líder el presidente de la República. O por lo menos, aquellos que no sientan animadversión.

Obligar a los atletas a saludar al presidente de la República constituye una falta de respeto de la Federación Colombiana de Fútbol con quienes representarán al país en el Mundial y con el jefe del Estado a sabiendas de la animadversión que sienten varios de los jugadores hacia Petro. En particular cuando muchos de ellos- por no decir todos- solo aprendieron a patear un balón: suelen ser poco leídos y consumidores acríticos de la historia oficial y de lo que dice todos los días la prensa hegemónica. 

Los aficionados al fútbol y a los seguidores de la Selección Colombia caen en dos garrafales errores: el primero, exigirles que por fuera de la cancha se comporten como ciudadanos capaces de discernir sobre realidades complejas que requieren de un mínimo manejo conceptual que claramente James y Yerry Mina, entre otros, no tienen por qué tener por una razón evidente: son vedettes y tienen plata, lo que es suficiente para vivir así sea en medio de la oscuridad intelectual. Y el segundo, depositar en ellos la necesidad que tenemos todos de buscar y encontrar la felicidad. James y su combo ya tienen la vida resuelta, mientras que millones de sus fans viven al día y en medio de incertidumbres generadas por políticas neoliberales aplicadas por aquellos con los que si les gusta tomarse fotos sonriendo o dominados por un vulgar caballista. 


miércoles, 3 de junio de 2026

EL DECÁLOGO DEL MILLÓN DE VOTOS DE FAJARDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La tibieza y el ego de Sergio Fajardo Valderrama resultan inconmensurables. Después de la estruendosa derrota electoral del pasado 31 de mayo- quedó de cuarto-, se inventó el Decálogo del Millón de Votos con tres propósitos: el primero, mantener su atormentada vigencia política a pesar de las tres derrotas electorales que acumula y que parecen insuficientes para obligarlo a tomar la decisión de retirarse de la vida pública. Aunque en el amargo tinto que se tomó con Paloma Valencia en el Hotel El Prado de Barranquilla dijo que esta era su última campaña presidencial. Ya con 70 años, una parte del país espera que cumpla su palabra y se retire. Su nieta y Nuquí reclaman su presencia.

El segundo propósito, transmitir el mensaje institucional de varios agentes del Establecimiento que Fajardo defiende y representa muy bien y por supuesto algunas ideas que él ladinamente hace pasar como si fueran de su cosecha pero que en realidad responden a los lugares comunes que cada cuatro años aparecen en forma de eslóganes de campaña. No haré referencia a las “10 propuestas o líneas rojas” de Fajardo. Y finalmente, su tercera intención evitar hablar de las razones personales y políticas que lo llevaron a sufrir tres derrotas electorales. Al igual que Álvaro Góméz Hurtado, Fajardo será recordado como el eterno candidato presidencial.

En su Decálogo, Fajardo le dice al Pacto Histórico, a la campaña y al candidato presidencial Iván Cepeda Castro que “civilicen, moderen y rebajen la crispación", es decir, que le pongan fin a la polarización política. El exgobernador de Antioquia olvida el origen de esa pugnacidad y los factores ideológicos y las razones fácticas que la hacen prácticamente insuperable. 

En su segunda “línea roja”, el exalcalde de Medellín exige a Cepeda que se olvide de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), mecanismo al que considera inconveniente porque supone la violación de la independencia de poderes. En este punto, Fajardo Valderrama invalida la posibilidad del llamado a una ANC poniendo sobre el mecanismo una mácula que lo hace ilegítimo, cuando apelar a este es un derecho constitucional. Se entiende el punto porque si algo caracteriza al profesor y matemático antioqueño es la defensa a dentelladas de la tradición y del Establecimiento. Fajardo le tiene pavor hablar de cambio.

No podía faltar en su Decálogo la lucha contra la corrupción, bandera con la que intentó tres veces llegar a la Casa de Nariño. Quizás sea tiempo de que Fajardo entienda que esa es una lucha inútil porque ya en el país se naturalizó un ethos mafioso que curiosamente tiene un fuerte arraigo en Antioquia y en las huestes de un personaje al que Fajardo siempre le rindió pleitesía; tanta, que aún lo sigue llamando “presidente”.  Además, en este punto propuso una auditoría a la actual administración.

En el cuarto punto, Fajardo exige el desmonte de la “paz total”, plan de gobierno que salió muy mal por múltiples factores que no tocaré en esta columna. Y propone lo de siempre: copar el territorio, atacar las economías ilegales y cuidar los ecosistemas naturales. Como si el gobierno Petro no lo haya intentado. La recuperación del cañón del Micay es un logro que Fajardo no reconoce. Eso sí, todos los gobiernos han fallado en consolidar el Estado en todo el territorio nacional.

En el quinto elemento que plantea el recién derrotado candidato presidencial hace alusión al tema que lo apasiona: la educación. Cuando habla de “Colombia la más educada”, Fajardo, declarado fiscalmente responsable por el colapso de la represa de hidroituango, está recordando su programa “Antioquia la más educada”. Cosas del ego.

En su sexta línea roja, Sergio Fajardo recomienda y exige soluciones en materia de salud. Olvida el exgobernador de Antioquia que el sistema de aseguramiento en salud viene de tiempo atrás en una profunda crisis financiera, fruto de la corrupción y el diseño mismo de la ley 100 de 1993. Por cierto, una crisis sobre la que Fajardo guardó silencio cómplice frente a las actuaciones dolosas de varias juntas directivas de EPS intervenidas y declaradas inviables.

El Decálogo del Millón de Votos de Fajardo parece más bien una carta de despedida dirigida a sus votantes y seguidores. Se trata de una forma elegante y poco autocrítica- actitud muy propia de los egocentristas- de reconocer que sus campañas fracasaron en gran medida por su tibieza e incapacidad para proponer cambios, lo que implicaba confrontar al Establecimiento regional y nacional con el que siempre guardó simpatías ideológicas y políticas.

Hay que reconocer y abonarle que antes de la primera vuelta fijó postura frente al talante de Abelardo de la Espriella. Esto dijo: “el comportamiento del señor Abelardo de la Espriella es el de un atarván. Es un tipo machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso. Una persona como él no debería ser presidente de Colombia; puede y tiene posibilidades, pero yo espero que Colombia no caiga tan bajo”.

Y aunque no se fue a ver ballenas esta vez, con su Decálogo del Millón de Votos Fajardo quiere dejar la imagen de “intelectual y estadista”, eso sí, orgánico del viejo Establecimiento al que jamás confrontó. Ahí radica el origen de su tibieza. 

martes, 2 de junio de 2026

ES DE COBARDES Y COMPLACIENTES VOTAR EN BLANCO

 



Por Germán Ayala Osorio

Para quienes piensan votar en blanco en la segunda vuelta presidencial va esta columna de opinión. Con este texto de opinión confronto semejante decisión a todas luces inconveniente por todo lo que está en juego. Votar en blanco es igual de indecoroso a darle un voto a De la Espriella, el candidato de la ultraderecha y Uribe.

Si Usted está pensando en votar en blanco porque no le gustan las propuestas de Cepeda y De la Espriella, déjeme decirle que esa postura deviene cobarde y complaciente con el proyecto autoritario (fascista) que encarna el abogado y amigo del testaferro del régimen venezolano, Alex Saab.

Ante la posibilidad de que el país empiece a recorrer los caminos autoritarios y con visos fascistas que hoy recorren ecuatorianos, chilenos, salvadoreños y argentinos, votar en blanco o quedarse en casa constituye una decisión cobarde y mezquina a sabiendas de los daños irreparables que generará en materia social,  política, ecológica y ambiental un gobierno presidido por quien claramente se alineará con los inmorales principios de la doctrina Donroe y todo lo que representa el pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Si Usted siente desprecio por Cepeda por ser el candidato del gobierno con el que Usted tiene razones suficientes para castigarlo en las urnas, tómese un momento para comprender los mayores riesgos para las libertades ciudadanas y los derechos civiles que representa el proyecto autoritario de Abelardo de la Espriella.

Trato de imaginar la molestia en contra de los dos candidatos que pasaron a la final de aquellos connacionales que piensan votar en blanco. Por ello, se los pongo en estos términos: se trata de escoger entre una enfermedad cutánea (manejable y curable) y una huérfana para la cual no hay tratamiento y mucho menos cura. Cepeda, en este caso, representa la enfermedad epidérmica y De la Espriella, la huérfana y catastrófica.

No son los tiempos del “voto castigo” y de expresar molestias e incluso animadversiones y prevenciones inoculadas por la acción mediática hacia el progresismo y el candidato Iván Cepeda Castro. Que hubo corrupción, nadie lo niega, pero el país no cayó al abismo que pronosticaron uribistas y anti petristas: “no nos convertimos en Venezuela”, pero hay riesgo de que con De la Espriella terminemos sobreviviendo como los argentinos por culpa de Milei.

Sin exagerar, en la actual coyuntura millones de colombianos tienen en sus manos la obligación moral y ético-política de rechazar el proyecto de país que tiene en mente ejecutar Abelardo de la Espriella, el falso outsider, que nos hará retroceder a los tiempos del Estatuto de Seguridad del gobierno de Julio César Turbay Ayala. Por ello, votar en blanco es ayudarle a abrir las compuertas a un proyecto profundamente antidemocrático.

Si Usted votó por Sergio Fajardo, le recuerdo lo que espetó de Abelardo de la Espriella antes de la primera vuelta: “el comportamiento del señor Abelardo de la Espriella es el de un atarván. Es un tipo machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso. Una persona como él no debería ser presidente de Colombia; puede y tiene posibilidades, pero yo espero que Colombia no caiga tan bajo…”.

Si por el contrario votó por Paloma Valencia Laserna, lo más sensato e inteligente que puede hacer es no acompañar la decisión adoptada por la senadora caucana de “cargarle las maletas” a De la Espriella.

Si Usted es mujer y tiene unos mínimos de sororidad con el resto de las mujeres, está en la obligación de votar en contra de la patanería y el maltrato del ganador de la primera vuelta hacia mujeres periodistas. A una de ellas, la hostigó sexualmente y al aire para que agrandara una foto de él, en la que se le veía grande el “paquete”. “Durante la transmisión, el político de ultraderecha le pidió a Laura Rodríguez, la única mujer periodista en el panel, que viera en un celular una foto con la cual, dijo, se ganó “unos buenos votos bien bacanos (buenos) del electorado femenino”. Aludía a que allí se observaba, según él, el tamaño de sus genitales. ¿Qué ves allí, cariño, ven? Acércala a ver qué ves”, le dijo el candidato a Rodríguez. Ella no hizo ningún comentario, y él insistió: “No, mi amor, pero qué más ves, no seas tímida”. Días después, cuando dicho fragmento se hizo viral, la periodista aseguró que se había sentido “vulnerada, acosada y asqueada”.

Sin duda alguna, De la Espriella irrespetó al conjunto de las mujeres. En reciente fallo de tutela, la jueza 129 Penal Municipal con Función de Conocimiento le ordenó al candidato “reconocer expresamente la importancia de la participación de las mujeres en el proceso democrático y electoral, reconociendo que los criterios para sufragar de estas obedecen a su inteligencia, discernimiento y opinión”.

Adenda: con el mensaje de felicitación del presidente de los Estados Unidos al candidato Abelardo de la Espriella se ratifica el interés de los gringos por tener en la Casa de Nariño a la “marioneta” perfecta para alcanzar los falsos objetivos planteados en el Escudo de las Américas. De ganar la segunda vuelta De la Espriella, Colombia volverá a ser el patio trasero en el que los gringos defecan sus siempre inmorales programas de intervención, cooperación y vigilancia.

LOS VISOS FASCISTAS DE ABELARDO DE LA ESPRIELLA





Por Germán Ayala Osorio

 

El proyecto de país que encarna Abelardo de la Espriella tiene visos fascistas porque recoge, entre otros elementos, el discurso y las prácticas arribistas, clasistas, racistas y aporofóbicas que nos identifican como una sociedad premoderna y cuasi primitiva por la fuerza de la tradición de esas y otras taras civilizatorias. El candidato de la ultraderecha  y Uribe habló de "destripar" a la izquierda. 

No olvidemos las recientes condenas contra Henry Alexis Velasco Rodríguez y Fabiola Rubiano por racismo y hostigamiento. El primero, arremetió contra un guarda de tránsito en la capital del Valle del Cauca por el color ébano de su piel; y la segunda, por llamar “simio” a la vicepresidenta Francia Márquez Mina. A lo que hay sumar los constantes episodios de “Usted no sabe quién soy yo” que se hicieron virales en las redes sociales. Baste con recordar el caso de la “Dra Liliana”, quien discriminó a un repartidor de pizza. Esa es la Colombia que votó masivamente a favor de De la Espriella. Ese es el caldo de cultivo en el que se incubó y se sigue incubando el fascismo criollo. 

Por supuesto que De la Espriella encarna ideas totalitarias y fascistas. Su discurso es violento, básico y alejado de cualquier posibilidad de entablar procesos comunicativos atados a lo expresado en la Teoría de la Acción Comunicativa de Habermas. Con él, la comunicación siempre fracasará. Pero el peligro que representaría un eventual gobierno en manos del abogado y amigo del testaferro del régimen venezolano, Alex Saab está atado al apoyo que recibiría de sectores societales que por supina ignorancia o decisión de vida exhiben uno o varios de los rasgos del fascismo de los que habló Umberto Eco.

En adelante hago un ejercicio de extrapolación de algunos de los 14 rasgos que el escritor le entregó al mundo sobre el “fascismo original” con el propósito de ancorarlos a las taras civilizatorias que arrastramos de tiempo atrás como colectivo, fuente de poder y vida al proyecto autoritario que en tres semanas puede instalarse en la Casa de Nariño.

El miedo a la diferencia, que para el caso nuestro se traduce en odio hacia indígenas, negros y campesinos, pueblos y comunidades que Petro y su gobierno le devolvieron protagonismo, dignidad y el valor cultural que el neoliberalismo uribista les arrebató en 25 años; el pacifismo, esto es, quienes hablen de paz y propongan salidas negociadas al conflicto armado interno y las disímiles expresiones de violencia en urbes como Cali, Bogotá y Medellín fundadas en la segregación. A pesar de que la guerra y la paz hacen parte de la misma moneda, cada que un fascista la lanza al aire, ésta siempre cae del lado de la confrontación armada.

El desprecio de los débiles de parte de aquella élite aristocrática y militarista que lleva más de 50 años apostándole a la guerra total, fina estrategia para concentrar la tierra en pocas manos, eliminar a las comunidades rurales o desplazarlas forzadamente. Por supuesto que los Señores de la Guerra hablan de negocios con los miembros de esa élite porque la guerra es un lucrativo negocio. Y finalmente, las prácticas y el discurso machista del que se desprenden la misoginia, la homofobia y la transfobia.

Colombia está a tres semanas de volver a votar- ya lo hizo en primera vuelta- por un proyecto de país que nos condenaría a naturalizar todas las formas de violencia física y simbólica en nombre de quienes profesan un incontrastable odio hacia todo lo que les parezca diferente y contrario a la tradición y a las finas costumbres aristocráticas. El proyecto de Abelardo de la Espriella incluye, por supuesto, el sometimiento de los ecosistemas naturales-históricos a las lógicas de un desarrollismo avasallante y perturbador: el modelo de la gran plantación, la minería, legal e ilegal, el fracking, la potrerización de selvas y la inseguridad alimentaria son la prioridad para este abogado. En esa idea de país confluyen quienes siempre vieron a las selvas como obstáculos para los procesos de modernización urbana.


ERRORES DE LA CAMPAÑA CEPEDA PRESIDENTE

 




Por Germán Ayala Osorio

La victoria en primera vuelta del proyecto autoritario, chabacán y neoliberal que encarna Abelardo de la Espriella es el fruto de unas muy precisas circunstancias contextuales, incluidos por supuesto los intereses y la injerencia de los Estados Unidos y claro, los de los banqueros colombianos que están detrás de la campaña del abogado, defensor y amigo del testaferro del régimen venezolano, Alex Saab.

1.     El papel de las empresas mediáticas. Han sido cuatro años de desinformación y generación de miedos, odios e incertidumbres. Como nunca, el periodismo se puso al servicio del viejo Establecimiento para minimizar, enlodar, debilitar y deslegitimar al gobierno Petro. En primera vuelta mucha gente salió berraca a votar en contra del fantasma que Uribe y sus secuaces crearon y recrearon: el comunismo o el neocomunismo. Normalmente, cuando se cree en espíritus o fuerzas espectrales es porque hay altos niveles de ignorancia, estupidez o simplemente la decisión de negarse a encontrar explicaciones racionales al fenómeno. ¿Si no nos convertimos en Venezuela, no hubo expropiación o nacionalización de la banca o de multinacionales y los indicadores económicos hablan de un manejo responsable de la economía, por qué siguen creyendo y repitiendo como loros que Cepeda es un neocomunista?

 

2.     La campaña Cepeda presidente. La derrota en primera en vuelta puso en evidencia varios yerros que bien la pena listar: el primero, la excesiva confianza en que derrotarían el 31 de mayo pasado al candidato de la ultraderecha y el uribismo. Fue tanta la confianza, que Cepeda sale en un video con un "mensaje a la Nación", como si se tratara del jefe del Estado, mientras que el “Tigre de Temu” vociferaba lugares comunes y mentía descaradamente sobre su “independencia política”. Y el segundo, haber priorizado las intervenciones en plaza pública sobre las redes sociales que son el hábitat natural de millones de jóvenes que no gustan de escuchar rollos filosóficos o discursos largos: quieren videos cortos, bien logrados, espectaculares, así como una imagen "fresca" de los candidatos. Frente a la narrativa mediática y del uribismo que Cepeda es un líder neocomunista faltó contundencia de parte del candidato progresista y de la misma campaña al momento de desmentir ese falso relato. Tímidamente Cepeda explicó que con el sistema capitalista se podría superar la pobreza y la desigualdad. Se falló nuevamente en lo más vital hoy en el mundo: comunicar-informar-seducir-desmentir. 

 

3.     Cepeda no es Petro. El presidente Petro es carismático, popular, populista y cercano al pueblo. Esto último le brota natural, no se trata de una impostura. Cepeda es todo lo contrario: es poco carismático y no muy dado a los abrazos con la gente. No se ve cercano al pueblo. Su rostro adusto y el hablar pausado, sin la fuerza ilocutiva y perlocutiva de Petro terminó por enfriar las relaciones con el pueblo que supo tejer muy bien el presidente de la República en cuatro años de mandato. Los asesores de Cepeda no supieron manejar esa realidad y dejaron que el candidato simplemente fuera él, cuando en política hay que apelar a las simulaciones en especial cuando se carece de carisma. Que Cepeda es menos provocador que Petro es verdad. Más reflexivo, académico y quizás menos terco, pero en estas instancias y frente a una campaña tan agresiva como la que diseñaron los asesores de Abelardo de la Espriella, se debió proceder de otra manera.

 

La ultraderecha se manifestó el domingo 31 de mayo: sus voceros, líderes y financiadores quieren llevar al país por los caminos que ya recorren los chilenos, ecuatorianos, salvadoreños y argentinos. Y para lograrlo deberán reversar todos los avances logrados por el gobierno Petro. Sobre este último asunto podrían concentrarse los generadores de contenido que están con la campaña Cepeda presidente. Por supuesto que se trata de un proyecto totalitario, desarrollista y neoliberal, lo que supone el uso de disímiles formas de violencia simbólica y física contra todo lo que huela a progresismo, derechos y libertades, y a cuidado de la Naturaleza. Lo más probable es que una vez en la Casa de Nariño, De la Espriella ordene dar “balín” y por esa vía se logre el desplazamiento forzado de campesinos como estrategia de contrarreforma agraria y se cometan crímenes de Estado (falsos positivos); y los más probable es que se den constantes movilizaciones y protestas sociales enfrentadas con violencia, lo que supondrá la consolidación de un Estado gendarme y asesino con el que se identifica el amigo de Alex Saab. 

lunes, 1 de junio de 2026

¿AHORA SÍ HABRÁ DEBATE?

 




Por Germán Ayala Osorio


Después del tanganazo electoral del 31 de mayo, la campaña y el propio Iván Cepeda despertaron con ganas de debatir con Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y del uribismo. Y se encontraron con tres exigencias de parte de las huestes “abelardistas”: la primera, que Cepeda reconozca los resultados y el triunfo electoral y político; la segunda, que al debate asistan con sus fórmulas vicepresidenciales; y la tercera, que el debate se haga en las instalaciones de la revista Semana, el cuartel general desde donde los Gilinski catapultaron al ultraderechista que en tres semanas podría convertirse en presidente de la República.

La primera condición resulta apenas lógica pues no existe un reconocimiento explícito de parte de Cepeda alrededor de la legitimidad de Abelardo de la Espriella como contrincante político. Haberse plegado a la postura del presidente de Petro con la que no “aceptó” la victoria parcial de la ultraderecha fue un error garrafal de Cepeda.

Hasta tanto no haya ese reconocimiento público, debate entre los dos no habrá. Y la urgencia por debatir ideas y programas la tiene ahora la campaña del Pacto Histórico. Antes de la primera vuelta, Cepeda era el “chacho” que le puso condiciones a la prensa para ir a debates; ahora es De la Espriella el que tiene la sartén por el mango ante la mirada aún pérdida de Cepeda, fruto del tanganazo que recibió el 31 de mayo y del que tendrá que reponerse rápidamente si de verdad quiere llegar a la Casa de Nariño.

La segunda exigencia de Abelardo de la Espriella confirma los miedos que persiguen al abogado pues sabe de sus vacíos conceptuales y de su desconocimiento de asuntos estructurales que tienen que ver con la operación del Estado y la toma de decisiones sobre la base de la comprensión sistémica de las complejas realidades del país. De la Espriella es un novato en la administración pública que delegará en “expertos neoliberales” las decisiones que le correspondería adoptar como jefe del Estado.

El candidato presidencial de la ultraderecha exige la presencia de las fórmulas vicepresidenciales por una razón y un objetivo: la razón tiene que ver con la confianza que De la Espriella tiene en que José Manuel Restrepo lo respaldará al momento en el que aparezcan en el debate asuntos macroeconómicos que él no entiende y que quizás Cepeda no domina con suficiencia. Restrepo fungirá como el lazarillo en muchos temas y asuntos que De la Espriella desconoce.

En cuanto al objetivo, este está claro: exponer públicamente a Aída Quilcué para que sea devorada por las audiencias y la prensa de derecha que la odian por ser mujer indígena y no haberse graduado en las prestigiosas universidades privadas en las que estudió y trabajó la fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella. Cuestionarán su vestimenta, la dicción y las respuestas que dé, desde el racismo y el clasismo que acompañan a los “abelardistas”; justamente, con esas taras civilizatorias De la Espriella conquistó a cientos de miles de colombianos que sienten la misma animadversión a todo lo que huela a indígena, comunidad, ancestralidad y defensa de la Madre Tierra.

De la Espriella es una figurita electoral. Un falso outsider inflado por la espectacularidad de los videos, la contundencia de su mensaje anti-progresismo, anti-Petro y anti-izquierda. Su discurso de odio caló en las audiencias que la prensa hegemónica le moldeó durante cuatro años de señalamientos y cuestionamientos al gobierno. Como sucedió con Álvaro Uribe años atrás, De la Espriella es un fenómeno mediático alimentado por las nuevas condiciones que impone la postverdad, la estupidización de sectores de la opinión y la necesidad de sectores del Establecimiento de recuperar la Casa de Nari para desde allí echar para atrás los avances y las medidas adoptadas por el gobierno Petro en materia de reforma agraria y la recuperación de predios a través de la SAE. En el fondo, violentar física y simbólicamente los procesos de empoderamiento y consolidación de lo comunitario que Petro impulsó en territorios rurales. De la Espriella habló de “destripar”. 

Cepeda no aceptó el debate con las fórmulas vicepresidenciales. "Es entre él y yo. Es un duelo". Le corresponde al "tigre de Temu" decidir. 

Adenda: que alguien le diga a Iván Cepeda que no se desgaste discutiendo bobadas. Que De la Espriella use la camiseta de la Selección Colombia es un detalle menor. Quedan tres semanas para hacer alianzas, ajustes y diseñar una estrategia mediática (incluida las redes). Hay que evitar que el país caiga en manos de los fascistas que están detrás de la campaña de Abelardo de la Espriella, el Bukele criollo que puede llevar al país por los caminos dictatoriales que hoy recorren los pueblos de El Salvador, Argentina, Ecuador y Chile. 

PALOMA VALENCIA, LA PRESIDENTA QUE NO FUE

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna, la mujer que soñó con ser la primera mujer presidenta, ofreció su respaldo, como persona, al candidato presidencial ganador de la primera vuelta, Abelardo de la Espriella (ADLA). Le cargará las maletas al ladino abogado para, según ella, “derrotar al neocomunismo de Cepeda y Petro”.

De manera errada, Paloma Valencia cree posible deslindarse de su rol político y de la militancia al Centro Democrático, partido que, por supuesto está detrás del triunfo de ADLA y que, en caso de ser electo presidente de la República, lo acompañará como fuerza política y bancada desde el Congreso. No solo cae en ese error, sino que insiste en hablar de “neocomunismo”, vocablo que acuñó su mentor y “progenitor político”, Álvaro Uribe con el que siguen asustando incautos y pendejos.

Valencia Laserna fue abandonada y desechada por el uribismo y su propio “padre”, el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez por su condición de mujer. En un país de “machitos” que se la pasan pensando en cuál de todos la tiene más grande, las mujeres cuentan como adornos, objetos sexualizados o simples referencias a los roles de madres, esposas y cocineras.

El acordado desplome de la candidatura de Valencia Laserna estuvo atado a la necesidad de la ultraderecha de enfrentar el discurso pacifista y el perfil filosófico de Iván Cepeda con la exhibicionista masculinidad y el talante de macho cabrío de Abelardo de la Espriella, el clásico metrosexual que mimetiza sus miedos, vacíos conceptuales y ordinariez, con una elegancia posuda y fatua. Lo más probable es que esta sea la primera y última aventura electoral de Paloma. Ojalá se siente a hacer el balance. A lo mejor llega a la conclusión que ella es una mujer machista, clasista, racista, aporofóbica y ahora, con visos fascistas.

Para la actual campaña electoral, Paloma Valencia fue el comodín y distractor con el que Uribe jugó a dos bandas y ganó: puso en la final al abogado cordobés. El departamento de Córdoba es el territorio en el que por años el político antioqueño ha tenido influencia en el poder político local.

Contrario a lo que piensan muchos, el uribismo no resultó derrotado en esta primera vuelta. El uribismo mutó por dos razones: Uribe está salida y el Establecimiento necesita remplazarlo y encontraron en Abelardo de la Espriella al machito perfecto para recoger el pérfido legado del salgareño; y dos, por las presiones del gobierno de Donald Trump para que Colombia se alinee con los gobiernos fascistas de Ecuador, Honduras, Chile y Argentina.

En una sociedad machista y con sólidos visos de misoginia como la colombiana, las mujeres, sean de izquierda o derecha, deben de luchar contra esas circunstancias culturales (verdaderas taras civilizatorias) y lo que resulta peor, contra su propia docilidad y condescendencia frente a los machitos que las ungieron y dieron la oportunidad de soñar con ser presidentas, como los casos de Paloma Valencia y María Fernanda Cabal. Esta última también maltratada, usada y desechada por Uribe y otros integrantes del partido Centro Democrático. Ambas insisten en llamar Presidente a su amoroso victimario electoral. Tanta mansedumbre es el talón de Aquiles de estas y de otras mujeres que siguen venerando a machitos insulsos y violentos como el expresidente y el ganador de la primera vuelta presidencial.

Colombia necesita con urgencia liderazgos femeninos sin ataduras masculinas de ningún tipo. Mujeres capaces de repensar las relaciones Hombre-Mujer, lo que debe traducirse en serios cuestionamientos al vigente sistema patriarcal que las tiene sometidas de tiempo atrás. Y por supuesto, revisar y cambiar las maneras como el ser humano se viene relacionando con la Naturaleza.

 

domingo, 31 de mayo de 2026

¿CEPEDA PUEDE GANAR EN SEGUNDA VUELTA?




Por Germán Ayala Osorio

El inesperado resultado de la primera vuelta presidencial no puede terminar alimentando la pugnacidad política y social y mucho menos trasladarla a las calles en formas de estallido social y/o en encarnizados enfrentamientos mediados por una latente pero contenida lucha de clases.

El presidente Petro no aceptó la victoria de Abelardo de la Espriella. En su cuenta de X, el mandatario dijo que “el llamado conteo transmitido no tiene fuerza vinculante. Sus datos no son norma pública. Como presidente no acepto los resultados del pre-conteo de la firma privada de los hermanos Bautista, porque debiendo estar quietos los algoritmos del software de conteo y escrutinios, en la última semana fueron variados en tres oportunidades y agregaron 800.000 cédulas más de personas que no están en el censo oficial presentado”.

En esa misma línea se expresó Iván Cepeda Castro, quien recogió lo expresado por Petro y aplazó el reconocimiento de la derrota hasta que las comisiones escrutadoras confirmen o desestimen cualquier irregularidad o fraude electoral. No reconocer la victoria de la ultraderecha fascista que representa Abelardo de la Espriella puede terminar distrayendo a la campaña y al propio Iván Cepeda del gran objetivo: darle vuelta al resultado y superar el medio millón de votos con los que De la Espriella reclamó la victoria parcial. 

Además, manda un mal mensaje al país a propósito de "respetar las instituciones y de confiar en su transparencia". Existen los mecanismos reglados para hacer las reclamaciones. Petro debe insistir en que el software debe estar en manos del Estado y no en manos de particulares. Hay que pedirle a la justicia, a las altas cortes que se pronuncien al respecto. 

Petro y Cepeda confrontan a la institucionalidad electoral blindada por la entrega de los resultados en tiempo récord y la aprobación de su transparencia por los agentes internacionales desplegados para acompañar la operación de la Registraduría en la trascendental campaña presidencial sobre la que el gobierno de los Estados Unidos posó sus intereses geopolíticos.

Mientras se registran las impugnaciones a las que haya lugar, Cepeda y sus asesores deben emprender las siguientes acciones políticas: 1. Invitar a Claudia López, Sergio Fajardo y Roy Barreras a que se sumen a la campaña, acogiendo reclamos como el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente. En política electoral no existe la transferencia automática de votos. Sin embargo, Cepeda debe enviar mensajes de apertura ideológica y política por una razón: evitar que el fascista Abelardo de la Espriella llegue a la Casa de Nariño.

2. Aceptar debates con el candidato de Uribe y de la ultraderecha. Es tiempo de que Cepeda le muestre al país la solidez de su oratoria y la férrea formación conceptual y filosófica. El objetivo es uno solo: desnudar a De la Espriella y exponerlo ante el país como lo que realmente es: un vulgar machito, con visos claros de misoginia y una evidente incomprensión de los problemas del país.

3. La campaña de Cepeda debe enfilar baterías en contra de todo lo que representa Abelardo de la Espriella. Referirse en términos catastrofistas alrededor del proyecto de país que tiene en mente el abogado cordobés: autoritarismo, regreso de los crímenes de Estado (falsos positivos), desregulación laboral, pérdida de conquistas sociales; minería y ganadería extensiva con efectos negativos y disruptivos en y para los ecosistemas naturales, lo que aseguraría graves problemas socioambientales y ecológicos, como, por ejemplo, afectar los páramos por la explotación de oro.

Así como el uribismo metió miedo cuando ganó Petro con aquello de que “nos volveríamos como Venezuela”, ahora toca aterrorizar a los colombianos con la posibilidad de que en un tiempo van a comer carne de caballo o de burro, y a trabajar más de 8 horas. La Argentina de Milei es una realidad que puede usarse para generar miedo entre los colombianos indecisos y los que no salieron a votar. 4. Cepeda debe ajustar su discurso pacifista a las exigencias de cientos de miles de colombianos que exigen mano dura contra los bandidos de camuflado y los malandros que roban celulares y secuestran en las principales ciudades del país. Hablar de diálogos de paz con estructurales criminales desprovistas de un proyecto político no resulta conveniente hoy en Colombia. Y 5, Cepeda debe mostrarse menos parco, pues todos saben que no tiene el arrollador carisma de Gustavo Petro. 

Hay asesores de imagen que pueden ayudar a que “se suelte” un poco más, a que sonría y muestre una faceta más terrenal y popular, pues finalmente hay sectores societales que aún no alcanzaron "la mayoría de edad", de ahí el ascenso y la aceptación de un personaje tan básico como De la Espriella. 

Ante la pregunta, de si Cepeda puede ganar en segunda vuelta, la respuesta es sí, siempre y cuando ajusten la campaña y reconozcan que llegaron confiados de ganar en primera. Craso error. Llenar plazas públicas ya no es garantía de nada. Hay que ir a las redes, debatir y diseñar una verdadera estrategia que atraiga, convenza y enamore. 

LA ULTRADERECHA GOLPEÓ EN PRIMERA VUELTA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Habrá segunda vuelta presidencial en Colombia. Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y el uribismo superó a Iván Cepeda Castro, aspirante presidencial del progresismo, por más de 650 mil votos[1]. Se trata, sin duda alguna, de un golpe de mano que requiere de una evaluación seria alrededor de qué pudo haber pasado para que se diera semejante resultado inesperado y distinto al que pronosticaban las encuestas, las grandes derrotadas en esta jornada electoral.

La victoria parcial de Abelardo de la Espriella está fundada en una realidad ético-política y social: Colombia siempre fue un país de derecha que, para la actual coyuntura, dio el paso que le faltaba para alinearse con los gobiernos de ultraderecha de Argentina, Chile, Ecuador y El Salvador, aupados todos por el poder inmoral del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Así las cosas, agentes específicos del Establecimiento movieron todo tipo de recursos y esfuerzos para evitar la continuidad del proyecto progresista no tanto porque el primer gobierno de “izquierda” en Colombia haya dejado al país en bancarrota o les haya expropiado o nacionalizado empresas, sino por la exposición pública que de sus actuaciones inmorales hizo el presidente Petro. La confrontación ideológica y las constantes amenazas del presidente Petro con “echarles el pueblo encima”, incluida el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente, los llevó a jugársela por el menos preparado de todos los candidatos presidenciales y quizás el más obsecuente: Abelardo de la Espriella. Su  frase célebre de “la ética nada tiene que ver con el derecho” embrujó y sedujo a quienes en las sombras del Establecimiento siempre le apostaron a evitar que el país recorra los caminos de la modernidad, lo que supone la superación de viejas taras civilizatorias como el racismo, el clasismo, la aporofobia y el ethos mafioso que los inspira.

Además, ante el evidente desgaste político del expresidente Álvaro Uribe y su cuasi salida del juego por razones naturales, esos agentes del Establecimiento le están apostando a que De la Espriella reemplace al exmandatario antioqueño para los mismos y quizás otros propósitos para los que usaron al político nacido en Salgar (Antioquia) desde el 2002, hasta el 2022: echar para atrás las medidas del gobierno Petro, volver a privatizar el Estado y aplicar con más rigor el modelo neoliberal. Y por supuesto, para instaurar en el país un régimen fascista. 

Esta primera vuelta presidencial confirma al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez como el Gran Elector. Uribe y las huestes uribistas sacrificaron a Paloma Valencia Laserna por su condición de mujer, lo que para aquellos es sinónimo de debilidad ante dos desafíos: el primero, las violentas arremetidas de los grupos armados ilegales que todos los días los validan como agentes de poder; y el segundo, recuperar la Casa de Nari, símbolo del poder político para la élite bogotana y sus correlatos en regiones a las que Petro confrontó durante toda su administración. Todo lo anterior en el marco de un sistema patriarcal que se alimenta de los vulgares, asqueantes, machistas, misóginos, burdos, básicos y violentos liderazgos de “machitos” como Uribe y el propio Abelardo de la Espriella.

El perfil humanístico de Iván Cepeda Castro, su hablar pausado y la formación filosófica es la antítesis de De la Espriella, un falso outsider que conquistó a los uribistas que dejaron tirada a Paloma Valencia y a otros tantos golpeados por el gobierno Petro: hablo de mafiosos, terratenientes, traquetos y clanes políticos guiados estos últimos por el ethos mafioso que Uribe naturalizó en el país.

Por supuesto que la campaña de Cepeda tendrá que revisar qué errores pudieron cometer. El sentirse ganador por los guarismos entregados por las encuestas; la confrontación con Uribe Vélez pudo cansar a una parte de la sociedad realmente “mamada” de los enfrentamientos públicos entre estas dos figuras; el voto silencioso parece que no emergió en esta jornada, lo que supondrá redoblar esfuerzos para superar en segunda vuelta al “Bukele criollo”.

Las empresas mediáticas tradicionales que hoy disfrutan del triunfo de la ultraderecha representada con lujo de detalles por el “tigre” siguen siendo eficaces a la hora de enlodar al primer gobierno progresista. Las exigencias y la negativa para asistir a debates de parte de Cepeda les dieron a los medios hegemónicos la oportunidad para atacar al candidato presidencial y del gobierno. Es urgente debatir con De la Espriella con el firme propósito de desnudar sus debilidades conceptuales y su nula comprensión de los problemas del país. Cepeda debe soltar a Uribe: el riesgo está representado en la figura del corroncho colombo-italiano, el viejo patrón está de salida. 

Si en segunda vuelta la ultraderecha y Uribe Vélez logran sentar en el Solio de Bolívar al perfumado abogado que en su adolescencia se divertía asesinando gatos, la responsabilidad política la debe compartir el gobierno Petro y el propio Cepeda con los agentes del espectral centro político, cuyas votaciones resultan a todas luces vergonzosas. Esos guarismos confirman su mezquindad, egocentrismo y la incapacidad para leer el momento histórico y en particular los riesgos que ofrece la disruptiva y escalofriante figura de Abelardo de la Espriella: Sergio Fajardo (1´002.963 de votos), Claudia López (224.108) y Roy Barreras (14.037). A López y Barreras los derrotó el voto en Blanco( 405.150): vergonzoso.

Vendrán semanas de arduo trabajo para el gobierno Petro y los asesores de imagen de Iván Cepeda Castro. Una parte de la sociedad se pronunció a favor de la patanería, el autoritarismo, el fascismo, el ethos mafioso y disímiles formas de violencia contra las mujeres, los derechos humanos, la Naturaleza y el Estado social derecho. De triunfar esa idea de país, el resto de los colombianos deberán resignarse a recordar los avances sociales que dejó el primer gobierno progresista en un país derechoso. Quienes no acepten esa realidad quizás decidan recorrer el camino de la confrontación social en las calles que está dispuesto a construir Abelardo de la Espriella, el “patriota” que cree que Colombia está llena de “malagradecidos y cafres”.



[1] Boletín 21 de la Registraduría, correspondiente al 99,21% de las mesas informadas. De la Espriella obtiene 10.286.961 y Cepeda 9´634.793.

sábado, 30 de mayo de 2026

USA, PRESIDENTE NOBOA Y URIBE VÉLEZ SE LA JUEGAN POR DE LA ESPRIELLA




Por Germán Ayala Osorio

En la conversación entre Abelardo de la Espriella y el presidente del Ecuador, Daniel Noboa, confluyen varios elementos político-electorales. El primero, el desespero de la ultraderecha colombiana por darle a su candidato el talante político que él mismo se ha encargado de negar al presentarse como un outsider. “No soy un político” es la frase que ha repetido infinidad de veces el abogado que considera que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. Les urge a sus asesores y al uribismo matizar el estilo chabacán, el lenguaje procaz, su machismo, misoginia y autoritarismo que lo caracterizan. Como dijo Sergio Fajardo, De la Espriella es un "atarván". Un poco tarde tomó partido el también candidato presidencial. 

El segundo, las lecturas amañadas de El Espectador y del resto de la prensa hegemónica con las que buscaron exaltar a De la Espriella como un “componedor y hombre de soluciones, pues en vivo y en directo logró que el mandatario ecuatoriano reversara los aranceles” que arbitrariamente le impuso a Colombia. Una lectura que no concuerda con la realidad de los hechos.

El diario bogotano, en su cuenta de X dijo lo siguiente: “A pesar de eliminar los aranceles tras hablar con De la Espriella, la Comunidad Andina de Naciones ya había ordenado cesar la medida.” La redacción de El Espectador es imprecisa de acuerdo con el comunicado de la Cancillería en el que confirma que el reversazo del presidente del Ecuador se dio por mandato de la Comunidad Andina (el 7 de mayo emitió las resoluciones). Así las cosas, la llamada en vivo entre Noboa y el candidato presidencial obedeció a una pantomima, una estratagema de corte electoral.

El Espectador de forma ladina valida el encuentro en vivo entre los dos ultraderechistas y por esa vía le da un inmerecido estatus de político hábil capaz de ponerle fin a la “guerra arancelaria” que desató Ecuador contra Colombia, muy seguramente siguiendo instrucciones de la Casa Blanca y respaldado por el expresidente Álvaro Uribe.

El tercer elemento tiene que ver con el interés -preocupación- que despierta la elección presidencial en el país: dejó de ser doméstica, para convertirse en un asunto de interés para la derecha internacional. La posibilidad de que el proyecto progresista se reelija convierte al país en un asunto-problema para la derecha nacional e internacional.

A principios de mayo del año en curso, la ungida de Uribe y por éste mismo desinflada candidata presidencial, habló con Noboa, quien se comprometió a reducir los aranceles al 75%. Así registró El País de España el encuentro entre Paloma Valencia Laserna y el presidente ecuatoriano: “El presidente Noboa tomó la decisión de bajar los aranceles de 100% a 75% como muestra de su buena voluntad para trabajar con el próximo gobierno”.

Valencia Laserna habló con Noboa por teléfono antes de que su “padre”, el expresidiario y expresidente colombiano descargara en la candidatura De la Espriella la verdadera esperanza de recuperar la Casa de Nari (recordar que así llamó alias Job a la casas de gobierno), ante la desinflada de Paloma en las encuestas y las dudas que genera en las mesnadas uribistas, así como el daño que le hizo a su campaña el haber buscado al centro. No se descarta que la llegada de Oviedo como su fórmula vicepresidencial le haya quitado apoyo a la congresista caucana. A pocas horas de la jornada electoral, los asesores de Abelardo de la Espriella se la jugaron con una video llamada en vivo. Al final, cientos de miles de compatriotas se comieron el cuento de que Noboa, agente gringo, desmontó los aranceles a petición del candidato presidencial.

Y finalmente, la probada injerencia de Noboa en la campaña electoral y de USA con su enviado el congresista republicano Bernie Moreno, en el marco del Escudo de las Américas, hace parte del juego político. El gobierno del consumado pederasta y convicto, Donald Trump apoya a De la Espriella, porque ven en el “Bukele corroncho” a una ficha clave para conseguir los falsos objetivos trazados en la estrategia el Escudo de las Américas.  

viernes, 29 de mayo de 2026

HABLEMOS DE LA CACAREADA POLARIZACIÓN

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las empresas mediáticas, entre ellas Noticias Caracol, llevan cuatro años insistiendo en que el “país está polarizado” entre dos extremos ideológicos y políticos inconvenientes e irreconciliables; curiosamente, esas circunstancias polarizantes sirvieron para exponer realidades culturales que de otra manera jamás hubiesen salido a flote. Más claro: “gracias” a la polarización política una parte importante de la sociedad entendió que por primera vez hay un proyecto de país que supera con creces al que el Establecimiento impuso de tiempo atrás. Hablo del progresismo como propósito y camino para superar las atávicas y naturalizadas formas de vida y ejercicios del poder que confluyen en la figura jurídica Estado de Cosas Inconstitucional.

Al consolidar la narrativa de la polarización política, el periodismo, siguiendo su lógica noticiosa, reduce la complejidad que está detrás de los sentimientos, prácticas comunicativas, acciones y pasiones que dan vida a ese fenómeno sociopolítico y cultural que angustia a los periodistas, pero que ha resultado revelador para millones de colombianos sometidos por el poder  político hegemónico de una élite rentista y precapitalista interesada exclusivamente en privatizar el Estado y ponerlo a su servicio.

Por tratarse de una acción deliberada de los agentes informativos tradicionales de reducir la polarización a un problema de pasiones electorales impulsadas por caudillos, las audiencias, analistas y políticos aceptan la existencia del fenómeno societal sin buscarle explicaciones históricas, pero sobre todo a una realidad política que no es exclusiva de Colombia: la radicalización de la derecha con todo y lo que ello significa en materia del debilitamiento de garantías constitucionales y derechos individuales, así como los riesgos ecológicos, ambientales y ético-estéticos de un modelo económico extractivo que llevó al planeta a la situación crítica que se traduce hoy en el cambio climático o la pluricrisis climática.

Sara Tufano, en magistral columna publicada en El Tiempo en 2020, pulveriza la narrativa de la polarización de esta manera: “La idea de que Colombia vive una intensa polarización se popularizó durante la campaña presidencial de 2018. En ese entonces, varios simpatizantes de la Colombia Humana explicamos que no se trataba de la oposición entre dos extremos equivalentes, puesto que mientras el proyecto uribista buscaba hacer trizas los acuerdos, la Colombia Humana buscaba preservar el acuerdo de paz y ampliar la democracia. En el debate público nos enfocamos en desmentir la idea de que la Colombia Humana se situaba en un extremo del espectro político, ni podía ser equivalente a la extrema derecha personificada por Álvaro Uribe, pero poco se habló del origen de la idea de la polarización”.

Por supuesto que esa narrativa, como lo indicó Tufano en la referida columna, beneficia al siempre fantasmal centro político que, para la actual campaña presidencial, representan Claudia López Hernández y Sergio Fajardo Valderrama; estos dos aspirantes a sentarse en el Solio de Bolívar son políticos ambivalentes y fichas del viejo Establecimiento ofrecen “superar la polarización” negándose a señalar y criticar a los agentes patronales responsables de haber generado durante más de 50 años las vergonzantes condiciones de vida en las que llevan sobreviviendo millones de connacionales. Fajardo y López caen en la trampa discursiva que se desprende de la narrativa periodística: pongamos al progresismo y a sus más visibles exponentes en el mismo nivel de inmoralidad e insostenibilidad sistémica del proyecto de país que encarnan candidatos como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, ungidos por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Este último, el más efectista, radical y efectivo intérprete de esa idea de sociedad y Estado que tienen los banqueros y otros agentes económicos que hacen parte de esa élite responsable en grado sumo de la desigualdad, la extrema pobreza y la concentración de la riqueza y la tierra en pocas manos.

La disputa electoral y política no está entre la extrema izquierda (Iván Cepeda) y la extrema derecha (Abelardo de la Espriella). Cepeda le apuesta a profundizar al democracia y las reformas sociales sin tocar el modelo económico; mientras que de llegar a la Casa de Nariño el abogado “mata gatos”, Abelardo de la Espriella, como sociedad estaríamos abocados a sufrir retrocesos en materia de derechos y garantías constitucionales, incluidas por supuesto las acciones medio ambientales tendientes a potrerizar selvas, autorizar el fracking y a revivir la minería en páramos, en nombre del mismo modelo extractivista que provocó la crisis climática que hoy padece el planeta. Un eventual gobierno de Paloma Valencia haría lo mismo que el otro ungido por el expresidiario Álvaro Uribe Vélez. 

jueves, 28 de mayo de 2026

LO QUE DEJA LA ACTUAL CAMPAÑA PRESIDENCIAL

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Próxima a terminar, la actual campaña presidencial confirma realidades que hacen pensar en que cualquier promesa de cambio debe pasar, inexorablemente, por una “revolución cultural” que hasta el momento nadie está dispuesto a liderar, ni desde el Estado y mucho menos desde las huestes de una sociedad civil fragmentada y tocada por la codicia. Todos los aspirantes presidenciales hablan de un “cambio” que supere las condiciones anómalas en las que sobreviven millones de colombianos, alimentadas por las perversas institucionalidades privadas y estatales; prometen un cambio pero ignoran las complejidades de una sociedad como la colombiana que se mueve entre la premodernidad y la modernidad.

Una de esas realidades toca de manera directa a las empresas mediáticas cuya naturaleza política sobrepasó su tradicional rol (des) informativo reconocido socialmente como vital para la generación de una opinión pública capaz de mantener y defender la idea formal, procedimental y precaria de la democracia colombiana.

Bastaron los cuatro años del gobierno Petro para que sus propietarios, directivos y periodistas terminaran atrapados en las lógicas propagandísticas y los reduccionismos de influenciadores, bodegas y youtubers en un mundo inundado de información e incomunicado por la gracia de los celulares y los nuevos lenguajes pensados y diseñados para no reconocernos. Bajo esas circunstancias, la crisis ética y la pérdida de credibilidad del periodismo deviene incontrastable pero perfectamente compatible con los nuevos tiempos de las escuelas de periodismo en las que el análisis del discurso periodístico y la posibilidad de confrontar a los medios masivos quedaron prácticamente proscritos.

La consolidación de las redes sociales, en particular TikTok e Instagram, como los nuevos escenarios de socialización constituye otra realidad que nos deja la actual campaña presidencial; en esas plataformas las propuestas de los candidatos presidenciales y el manejo de todo tipo de sensaciones confrontan a las viejas dinámicas del periodismo tradicional que se ve superado por la estética del Entretenimiento y la Reducción de la Complejidad (ERC) que se promueven en esas dos redes.

Atada a esa estética, la Política se va vaciando de sentido lo que permite su reducción a las formas de la persuasión emocional fundada en el miedo y el odio, sentimientos propios de una sociedad como la colombiana, con todo y los miembros de sus élites, que desdice de sus procesos de mestizaje. Por ese camino se naturalizó el racismo y el clasismo como taras civilizatorias visibles que, de la mano de la aporofobia, la misoginia y el sistema patriarcal imperante, continúan validando a “machitos” como Abelardo de la Espriella, Santiago Botero y Álvaro Uribe Vélez; los dos primeros, candidatos presidenciales y el tercero, expresidiario y referente de cientos de miles de hombres violentos, básicos, impulsivos, malhablados, cafres, mentirosos, corruptos, feminicidas, mafiosos, acosadores sexuales y laborales.

Pronto terminará esta campaña electoral que sirvió para confirmar la vigencia inmoral de Uribe y de todo lo que él representa social y políticamente. Justo en las mesnadas uribistas están los más significativos obstáculos para avanzar hacia estadios civilizatorios y culturales que nos acerquen, por fin, a vivir como República. Eso sí, haber sido derrotados en el 2022 por el progresismo que encarnó en ese momento Gustavo Petro es un avance y un cambio, pero aún falta mucho. Incluso, un triunfo de Cepeda tampoco será suficiente para el objetivo máximo de superar la desigualdad, la pobreza y el ethos mafioso.

Una victoria de Paloma Valencia o de Abelardo de la Espriella se asume como un retroceso en materia socioambiental, ecológica, económica y política; pero también sería la confirmación de que como país estamos condenados a vivir bajos las condiciones de una plutocracia y/o kakistocracia que ellos dos representan.

 

miércoles, 27 de mayo de 2026

DESPUÉS DE LA PRIMERA VUELTA...

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Nadie discute que el proyecto de país que impulsa la candidatura de Iván Cepeda Castro es diametralmente distinto al que tienen en sus cabezas Paloma Valencia Laserna y Abelardo de la Espriella, los candidatos de la derecha y la ultraderecha uribizadas. En esta columna no voy a exponer las diferencias entre los programas diseñados por cada uno de los candidatos presidenciales.

Más allá del sentido de los eslóganes de las campañas y de quién finalmente resulte electo presidente o presidenta de la República de Colombia, después del 7 de agosto hay realidades que seguirán su curso en medio del cambio que busca consolidar Cepeda y el regreso al pasado al que nos llevarían Valencia Laserna y/o Abelardo de la Espriella. Y es así porque en Colombia hay realidades atávicas fruto de taras civilizatorias que histórica y culturalmente nos definen como sociedad premoderna, violenta y con altos grados de estupidez.

Hablo del ethos mafioso que Cepeda ingenuamente cree poder proscribir con una “revolución ética” que, para el caso, está atada diacrónicamente a la inmoralidad social y religiosa que todos los días vemos registrada en los medios masivos de información, agentes igualmente impúdicos al servicio de banqueros avaros y codiciosos. Por bien que le vaya a Iván Cepeda en su eventual papel de jefe de Estado, la corrupción público-privada continuará porque responde a las condiciones propias de una tara civilizatoria. De hecho, en el gobierno Petro hubo hechos de corrupción que ensuciaron la maximalista promesa del Cambio, al tiempo que confirmaron la condición perenne de esa falla que arrastramos como sociedad. Al final, es un rasgo distintivo de la condición humana.

La violencia armada que ejercen las “guerrillas” hace parte de ese grupo de taras civilizatorias que dicen mucho de la pérdida del sentido de la historia, la política, la democracia y del sentido común de los comandantes de esas agrupaciones por fuera de la ley. Los atentados terroristas, masacres, hostigamientos, secuestros, retenes ilegales, ataques y enfrentamientos con policías y militares continuarán indefinidamente: haya o no haya diálogos de paz y se insista en la Paz Total o en la Guerra Total.

El anacronismo de las disidencias farianas, del ELN y del Clan del Golfo, entre otras agrupaciones, coincide perfectamente con la tercera ley de la estupidez humana que Carlos Cipolla definió así: Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio[1].

La tercera ley que propone Cipolla se aplica a ciudadanos del común, a los miembros de la élite, de la clase política y eclesiástica y a todo aquel que, en ejercicio del poder, por pequeño que sea, actúa con el objetivo de afectar la vida de uno o de más ciudadanos.

El modelo de desarrollo, amparado en la deforestación por la vía de la potrerización de selvas y otros valiosos ecosistemas naturales-históricos, en los monocultivos de caña de azúcar y palma africana y en la especulación financiera que también toca al valor de la tierra, seguirá su curso, poniendo en riesgo la sostenibilidad sistémica, dejándole el camino libre al único tipo de sostenibilidad que le interesa promover a los dueños del país: la económica. Esa es otra forma de estupidez.

Si Cepeda triunfa, el proyecto progresista seguirá siendo atacado y torpedeado desde las altas cortes, el Congreso y las empresas mediáticas, salvo que se logre en los primeros meses de su mandato un acuerdo nacional con los agentes más representativos y anacrónicos del Establecimiento colombiano.

En caso de darse un triunfo de Abelardo de la Espriella, la estupidez de la que habla Carlos Cipolla será el combustible con el que las altas cortes frenarán las reformas laboral y pensional e intentarán reversar las medidas de corte social adoptadas por el gobierno Petro. Este Bukele criollo, histriónico y con visos de misoginia será el imán que atraerá a todas las taras civilizatorias que arrastramos como colectivo. Asusta pensar en todo lo que podemos retroceder en materia de humanidad con un gobierno de Abelardo de la Espriella.

Si Paloma Valencia logra acceder al Solio de Bolívar, lo que en el país sucedería no se aleja mucho de la espeluznante realidad social, política y económica planteada líneas atrás con un eventual triunfo del abogado que se ufana al decir que “la ética nada tiene que ver con el derecho”.

Después del 31 de mayo, o en su defecto del 21 de junio, sea cual fuere el resultado electoral y político, Colombia seguirá expresando sus atávicos problemas societales. Para cambiar nuestras realidades se requiere de una “revolución cultural” que arrancará cuando haya un acuerdo nacional, pero sobre todo del reconocimiento de que nos odiamos y nos avergonzamos de nuestro proceso de mestizaje.



[1] Tomado de Las Leyes Fundamentales de la Estupidez Humana. Carlos M. Cipolla.

DIOS, HINCHAS DE LA SELECCIÓN Y JAMES RODRÍGUEZ

  Por Germán Ayala Osorio   Las pasiones que mueve el fútbol en Colombia llevaron a cientos de colombianos, un 5 de septiembre de 1993, ...