Por Germán Ayala Osorio
Todos los días Abelardo de la
Espriella deja salir su talante autoritario, su nula formación humanística,
fanatismo religioso, su incontrastable egolatría y consecuencialmente su
desprecio por la diferencia y por la vida. Cada vez más parece sentirse como un
emperador y no como un jefe de un Estado democrático.
A pocas horas de ocurrido el
terremoto del 10 de agosto, llegó del comité oficial conformado para enfrentar
semejante desafío, sonriendo y tirando besitos como si estuviera en una carroza
del carnaval de Barranquilla; luego, montó una escena en la que un grupo de
personas levantaban los brazos como señal de aprobación por su presencia en un
pueblo afectado por el terremoto; y más adelante, el país lo vio muy majo y
henchido de felicidad caminando entre los 23 cadáveres de terroristas “dados de
baja” y sacando pecho horas después por la muerte del criminal Bendito Menor de
quien dijo que “estaba a buen recaudo en el infierno”.
Y el último lo protagonizó
durante la cumbre de gobernadores en Mompox. En dicho evento amenazó,
estigmatizó y expuso al gobernador de Nariño, Luis Alfonso Escobar. Esto le
dijo en tono autoritario y pendenciero el pastor-presidente: “… en este
punto quiero hacer una advertencia muy clara: ningún gobernador, ni ningún
alcalde puede adelantar por su propia cuenta negociaciones, acuerdos o
contactos clandestinos con estructuras terroristas. Me encargaré- aquí
subió el tono- de que aquel que atraviese esa línea responda ante la
justicia. No voy a tolerar bajo ninguna circunstancia que mientras
nuestros soldados y policías arriesgan sus vidas para enfrentar a esos bandidos
alguna autoridad intente hacer pactos por debajo de la mesa con los enemigos de
la patria. Quiero ser muy claro y quiero ser especialmente claro con Usted
señor gobernador de Nariño: está advertido”.
Para entender la dimensión y el
alcance de semejante amenaza hay que remitirse a los graves problemas de orden
público que afronta el departamento de Nariño por la operación en ese
territorio de varias estructuras criminales. El gobierno anterior, en el marco
de la Paz Total, adelantó conversaciones territoriales con el grupo Comuneros
del Sur que delinque en ese departamento.
De la Espriella le dijo al país
que no habrá procesos de paz, mesas de diálogo y negociación con los grupos al
margen de la ley. Además, dejó claro que la paz se impondrá por la razón o por
la fuerza. Con esa postura, el jefe del Estado deja sin valor político, ético y
moral el artículo 22 de la Constitución política que señala que la paz es un
derecho y un deber de obligatorio cumplimiento. Así las cosas, la guerra
total se abre paso como política de orden público pensada para castigar a quien
se atreva a hablar de paz negociada. Buscar la paz se asemeja a la comisión de
un delito. Así vamos.
La amenaza-advertencia que lanzó
el pastor-presidente en contra del mandatario regional se asume como un
perfilamiento al gobernador Luis Alfonso Escobar y lo que es peor, su mandato
queda deslegitimado y cercano a la ilegalidad. Escobar fue expuesto ante la
opinión pública nacional como un eventual enemigo de la patria que, de acuerdo
con la sentencia del jefe del Estado, podría ir preso en cualquier momento.
Como responsable del orden
público, el presidente de la República tiene la potestad de diseñar las
acciones conducentes a someter a las estructuras delincuenciales que de tiempo
atrás desconocen la autoridad del Estado y lo atacan militarmente. Eso no se
discute. Aquí lo que está en cuestión es el tono y la amenaza que lanzó sobre
un mandatario elegido popularmente. Un gobernador no es un sirviente del
presidente de la República. Al representar los intereses de sus electores,
Escobar está en la obligación moral y ética de hacer todo lo que esté a su
alcance para garantizar la vida y el bienestar de los nariñenses. Si De la
Espriella está empeñado y cree posible ganar la guerra contra los grupos
narcoterroristas, lo mejor que puede hacer es, junto con el Gobernador y la
cúpula militar, sentarse a diseñar la estrategia bélica que logre desmantelar a
esas estructuras delincuenciales. Perfilar de esa manera al mandatario regional
lo deslegitima y pone en riesgo su vida.
Casi de inmediato, el
expresidente Petro reaccionó a la “guachada” del presidente-pastor: “Los
diálogos de paz en Nariño redujeron la tasa de homicidios de Nariño a la mitad,
ahora los amantes de la sangre quieren que suba, se derrame y Nariño entre a la
matanza. Me parece que llegó el momento que ya no sólo el gobernador sino el
pueblo nariñense se exprese”. Y en su cuenta de X, el mandatario
regional también le contestó a De la Espriella, en un tono conciliador que
contrasta con el pendenciero que usó el jefe del Estado en su amenaza: "Por
eso en el sur las puertas están abiertas. Lo invito a conocer de primera mano
lo que hemos hecho en materia de Paz Territorial, sus resultados y los enormes
desafíos que todavía enfrentamos. Como nos enseña el Papa León XIV @Pontifex_es,
les deseo que alberguen en sus corazones una paz desarmada, desarmante en
el lenguaje y perseverante, todos los días”.
Solo resta esperar mañana y los
días siguientes para ver con qué va a salir este ateo converso y hoy fanático
religioso que parece sentirse cómodo actuando como un vulgar, fatuo e histriónico
capataz respaldado por los sectores más violentos, premodernos y conservadores
de la sociedad colombiana.