martes, 30 de junio de 2026

¿DESOBEDIENCIA CIVIL?

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Ya el país sabe que Abelardo de la Espriella gobernará hincado a los intereses del presidente de los Estados Unidos y a todo lo que de esa condición se derive como intervenciones militares, explotación de recursos naturales, expoliación de riquezas y planes de acción militar alejados de consideraciones humanitarias. Y lo hará por dos razones: la primera, juró defender los intereses norteamericanos cuando asumió la ciudadanía gringa de la que siente honrado y pletórico; y la segunda, porque su triunfo político dependió de miembros de la clase política bogotana históricamente proclives y acostumbrados a encadenar la soberanía estatal del mismo cipo en el que de tiempo atrás ataron su dignidad y libertad. En el fondo hay una cuestión de honor fundada ética, moral y políticamente a una tara civilizatoria de origen cultural.

Por lo tanto, exigirle a De la Espriella, como lo hace Iván Cepeda, sopena de llamar a la desobediencias civil, a que “renuncie a la ciudadanía estadounidense, aclare posibles vínculos con agencias de seguridad de EE. UU., respete y se someta a la soberanía colombiana, cese la persecución política y judicial, y se comprometa a no extraditar al saliente presidente Gustavo Petro”, constituye una salida en falso y una inconveniente amenaza de parte del colíder de la oposición política.

Concuerdo con Sandra Borda cuando señala que “no me gusta la idea de que nuestro arreglo constitucional le permita a un presidente tener doble ciudadanía. Creo que eso debería corregirse. Pero mientras no se cambien las reglas del juego, tampoco me gusta la idea de exigirle al presidente electo que renuncie a su ciudadanía y amenazarlo con desobediencia civil y con no reconocerlo como autoridad democráticamente electa si no lo hace. Hacer oposición a punta de extorsión y desconociendo nuestra legalidad no me suma”.

Después de reconocer los resultados del 21 de junio y la condición de presidente electo a De la Espriella, esta salida de Cepeda Castro parece obedecer a presiones internas e incluso a las maledicencias allegadas de agentes mediáticos que de manera denodada se la jugaron por su candidatura y de tiempo atrás por la defensa del proyecto político progresista.

El llamado a la “desobediencia civil” terminará por desgastar el capital social y político representado en los 12 millones setecientos mil colombianos que votaron por Cepeda Castro. Además del riesgo que supone exponer a sus líderes y cuadros a la persecución policial, militar y paramilitar que muy probablemente se ordenará desde la Casa de Nariño y por supuesto, desde aquellas instancias paraestatales dispuestas a defender a muerte el gobierno del “Tigre”, sus órdenes e incluso a interpretar sus silencios por el simple hecho de estar “Firmes por la Patria”. Recordemos que el propio presidente electo habla que detrás de él hay una “manada”. Y lo más probable es que de ese extenso grupo o caballada hagan parte ovejas, mansos felinos, perros ferales, ciudadanos ignorantes, chafarotes y odiadores profesionales e incluso bestias mitológicas.

Insistir en la “desobediencia civil” despertará a las Águilas Negras que durante los cuatro años de Petro fueron obligadas a hibernar no solo por razones ideológicas, sino porque aquello de defender la vida no fue un simple y engañoso eslogan. Hizo y sigue haciendo parte del proyecto progresista, el mismo que está alejado del carácter falaz y embaucador de ese molesto chillido con el que De la Espriella saluda a militares y civiles: “Firme por la Patria”.

Exponer al pueblo progresista a la persecución oficial de la que la derecha tiene experiencia, constituye una locura. Estamos hablando de vidas valiosas que se pueden perder en una disputa política que bien se puede librar al interior de las instituciones del Estado y bajo las reglas de la democracia deliberativa. Insistir en “tirarle el pueblo a la oligarquía”, bloqueando avenidas y realizando manifestaciones, es una manera de desentenderse de las obligaciones que le demanda a Cepeda, a los congresistas del Pacto Histórico y al propio expresidente Petro.

A la idea del gobierno entrante de gobernar con un enorme espejo retrovisor desde el que proyectará una imagen catastrófica del país que recibió, Cepeda debe organizar un equipo de profesionales que operen como una especie de gabinete que analice y vigile con juicio todas las decisiones y acciones emanadas de las carteras ministeriales que De la Espriella le está entregando a los de Siempre. En esa labor de control y vigilancia hay un ejercicio técnico que bien pueden desarrollar los exministros del Pacto Histórico, de la mano de profesionales dispuestos a colaborar con esa causa de confrontación de datos e interpretación de acciones gubernamentales.

Estos cuatro años bien los pueden dedicar a formar cuadros y consolidar equipos de trabajo con el único fin de recuperar la Casa de Nariño en el 2030. Si De la Espriella busca quedarse más allá de su periodo presidencial, bien a través de una reforma constitucional o través de un golpe de Estado, entonces el llamado a la desobediencia civil estará más que justificado.  El de ahora, no. El palo no está para cucharas, Iván. 



lunes, 29 de junio de 2026

EL SALUDO MILITAR DE ABELARDO

 

 

Por Germán Ayala Osorio

El saludo militar de Abelardo de la Espriella puede leerse de varias maneras, incluida, por supuesto aquella que indica que constituye un insulto que un civil haga ese tipo de reverencia a un militar que, por definición, está lejos de la condición civil, asumida en el mundo castrense como débil, indisciplinada y en precisos momentos históricos como despreciable. Los 7.837 jóvenes asesinados por uniformados son la constatación de que ese desprecio fue y es real. La prensa los llama “falsos positivos”, pero son crímenes de lesa humanidad, crímenes de Estado.

En la historia reciente del país jamás vi a un presidente de la República acoger el saludo castrense para reconocer a la tropa y exponer de esa manera el control político, institucional y moral sobre los subordinados.

En esta columna propongo tres formas interpretativas del gesto que durante cuatro años -quizás más- el nuevo presidente de los colombianos mostrará su cercanía hacia los uniformados que estarán bajo su mando al ser el comandante Supremo de las Fuerzas Armadas. 

Un civil chafarote. En la historia reciente del país se conocen historias de civiles que participaron de tomas o la recuperación de poblaciones de la mano de militares de carrera, a los que se sumaron “oficiales de la reserva”. Los casos de Yumbo y Siloé en Cali, en los tiempos en los que el M-19 operaba, son ejemplos reales de la participación de civiles en este tipo de operativos. Los oficiales de la reserva, al portar el uniforme, intentan asimilar las conductas propias de guerreros, esto es, de oficiales troperos con experiencia en orden público distinguidos con medallas grises que cuelgan de sus pechos.

Aunque se conoce que De la Espriella no prestó servicio militar porque fue declarado "no apto en el examen psicofísico", su lenguaje pendenciero y procaz y el grito de guerra, ¡Firme por la Patria!, lo acerca a lo que pueden llegar a sentir soldados profesionales, oficiales y suboficiales que combaten a las narcoguerrillas al momento en el que se les ordena participar de operaciones militares ofensivas. El fallecido Germán Vargas Lleras ostentaba el grado teniente de la reserva activa/profesional, de ahí su discurso violento. Hay miedo en las huestes del Pacto Histórico y en otros sectores de la sociedad por el regreso de los "falsos positivos" y que use a las fuerzas armadas para perseguir a periodistas, críticos y detractores del presidente electo. Ya veremos si De la Espriella queda convertido en un civil chafarote que desprecia la vida de esos otros que comparten con él la condición civil. 

Relación de simpatía-desprecio. Llevarse la mano derecha a la frente como lo hizo en campaña y en un primer contacto con militares activos en su condición de presidente electo obliga a De la Espriella a decidirse por dos caminos en su relación de jefe del Estado con las fuerzas armadas (militares y policías): el primero, de expresar, pero sobre todo demostrar que la simpatía hacia la vida castrense es real y no simplemente una pose resultado de una caricaturización del rol de comandante supremo de militares y policías. De la Espriella está obligado a respetar a los oficiales que harán parte de la cúpula militar y por su conducto a la tropa compuesta de soldados y suboficiales. Y ese respeto lo deberá demostrar garantizando en el tiempo el mejoramiento de las condiciones de vida que el gobierno saliente logró en materia de vivienda, salarios y alimentación, en particular para los soldados.

Aunque la Paz Total fue un fracaso, pretender acabar militarmente con las disidencias de las Farc, el ELN y el Clan del Golfo sin tregua y durante una agresiva campaña de exterminio podría terminar siendo leída por los uniformados como una forma de desprecio. Ese sería el segundo camino. Ejemplo de lo anterior fue Uribe Vélez quien, empeñado en exigir “más y mejores resultados operacionales” obligó a oficiales de alto rango a pedir la baja por la intensidad de los combates e incluso por las presiones que recibieron durante los ocho años de la Seguridad Democrática. Los oficiales y suboficiales que ante la JEP reconocieron que fueron obligados a perpetrar los crímenes que la prensa llama “falsos positivos” dan cuenta de las humillaciones disfrazadas de patriotismo a las que Uribe sometió a la tropa.

Reivindicar la condición civil. Al inicio de esta columna señalé que la condición civil al interior de batallones se asocia con debilidad, indisciplina, flojera, antipatriotas y en muy precisos contextos como despreciable. Justamente, los procesos de heroización que la prensa suele iniciar para enaltecer a militares y policías están soportados en esa manera tan particular de entender y asumir a los civiles. En adelante, las frases célebres expresadas por Uribe Vélez y De la Espriella parecen dar vida al propósito con el que se puede asociar el saludo militar del presidente electo: reivindicar la condición civil.

Durante la campaña presidencial, De la Espriella exhibió un discurso violento que hizo recordar los actos locutivos, ilocutivos y perlocutivos del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, con los que expresó sin ambages su desprecio por la vida y las libertades ciudadanas. Uribe y De la Espriella comparten la condición de “machitos con excesos de testosterona”, alineados por supuesto con las prácticas machistas propias de la vieja cultura patriarcal dominante en Colombia.

Aquella frase “donde lo vea en la cara marica” confirmó el talante violento y homofóbico de Uribe Vélez. Eso sí, hay diferencias entre el nuevo presidente de la República y el carcamal de El Ubérrimo que se explican por el origen montañero y la originaria ordinariez del político antioqueño y la actitud sobradora, violenta y fatua del presidente electo, acompasada con su estilo de vida y el oufit de quien parece que todo el tiempo estuviera encima de una pasarela a la espera de ser aplaudido para inflar su incontrastable ego.  

Algunas frases en campaña dan cuenta de las “diferencias” con Uribe. Eso sí, el fondo es el mismo: “Hay vainas de Juan Daniel (Oviedo) que no me gustan y no las digo... lo mío se resuelve poniéndose las medias. Lo que no me gusta de Juan Daniel... jodido que lo arregle”. “Vas a ver lo duro que muerde el tigre... no como de indio, no como de negro, no como de blanco, no como de nada. El que salga a hacer desmanes... le voy a caer con mano de hierro”. Y la última con la que insistió en decirle al país que él es un macho cabrío, machista y con visos de misoginia: “Con esa foto me gané unos votos bien bacanos del electorado femenino... Estoy mal de culo, ¡pero miren esta foto!” “¿Qué ves aquí, cariño? Acércala y dime qué ves ahí. Hazle zoom”. “No mi amor, pero ¿Qué más ves? No seas tímida”.

Es posible también pensar que el saludo militar de Abelardo de la Espriella simplemente sea la superación del grito de guerra que usó el general Eduardo Zapateiro Altamirano: ¡Ajúa”. Y cómo olvidar la frase del entonces presidente Iván Duque Márquez en referencia al general que dejó varios “Zapateiros[1]” dentro del Ejército: “Este patriota me enseñó a decir ¡Ajúa!”.

Adenda: “La Fiscalía imputó al excomandante del Ejército por presunto acoso sexual contra una sargento y una abogada”.



[1] Esto dijo textualmente el alto oficial: “Jamás me iré... porque dejaré muchísimos Zapateiro en la institución.”

 

domingo, 28 de junio de 2026

LAS TRES ALTERNATIVAS DEL NUEVO PRESIDENTE

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Gobernar de manera directa, dedicarse, con espejo retrovisor en mano a deslegitimar todo lo hecho por el gobierno saliente e intentar meter preso a Petro son las tres alternativas que tiene Abelardo de la Espriella Otero.

En lo que respecta a la primera opción, señalo que De la Espriella no parece preparado y mucho menos interesado en meterse en las honduras de gobernar a un país prácticamente ingobernable, por una razón: en su proyecto de vida no incluye al país a pesar de su retórica barata de convertir a Colombia en la “Patria milagro”. Eso de Firme por la Patria no es más que un eslogan engaña bobos y atrapa clasistas. Ya empezó a saludar a militares en su calidad de presidente electo con el gesto castrense que él convirtió en una payasada. Muy a lo Trump, De la Espriella levanta su mano derecha para indicarle a los uniformados que él es su comandante supremo, esto es, un milico más que quizás se haga rodear de peligrosos chafarotes.

 Su desprecio por lo que representan los colombianos lo dejaron claro él y su aporofóbica esposa que, en la primera untada de pueblo, trató de quitarse la grasa inmunda que le impregnaron en sus manos. Esto dijo en la campaña: “Tenemos dos caminos: ganar o perder. Y bueno, y si perdemos, no pasa nada, porque ya tenemos una vida resuelta, vivimos maravilloso, trabajamos juntos, nuestros hijos, estamos en otro país, si queremos vamos a Colombia, si no, no”.

De la Espriella le entregará el manejo del país a los “tecnócratas agringados” que saben muy bien qué es lo que tienen hacer: debilitar el Estado, privatizarlo y capturarlo. Y por esa vía, volverle entregar los recursos energéticos y la biodiversidad a multinacionales, ganaderos y a los auspiciadores del modelo de la gran plantación en donde se “cultiva” sin campesinos. Mientras tanto, el presidente que eligieron casi 13 millones de colombianos se dedicará en gran medida a validar las decisiones que tomen los “técnicos”, al tiempo que seguirá exhibiendo su victoria política, la misma que  parece que asumió como una especie de reivindicación de su candorosa  imagen mancillada por sus detractores y adversarios, quienes le recordaron haber sido cercano defensor de paramilitares y corruptos y el asunto de los millones de pesos que dicen que le robó a David Murcia Guzmán, líder la pirámide DMG.

En cuanto al segundo camino u opción, De la Espriella Otero, el objetivo es claro: consolidar la narrativa que indica que el paso por la Casa de Nariño del progresismo o la izquierda fue un total desastre. Para que ese relato triunfe ya cuenta con la prensa hegemónica, la misma que durante cuatro años trató de deslegitimar y tumbar al gobierno Petro, pero en particular en demonizar a la persona. Para los periodistas de todos los medios tradicionales Petro fue un despreciable borracho, un hombre que manchó de inmoralidad la dignidad presidencial como si por la Casa de Nariño no hubiesen pernoctado Julio César Turbay Ayala, Álvaro Uribe Vélez y su obeso títere, Iván Duque Márquez; Petro fue presentado al país y al mundo como un degenerado homosexual, un irresponsable; un proto tirano, un lenguaraz y protervo exguerrillero del M-19, organización armada ilegal que le entregó al país exguerrilleros buenos y malos; en la jerga callejera, Petro fue presentado y representado como “una boleta”.

Esa narrativa será el parapeto informacional e ideológico con el que intentará tapar los desaciertos que muy seguramente cometerá el gobierno del therian. La prensa hegemónica, tan solo al final de su administración, se atreverá a señalar errores y perversas decisiones. La pauta oficial servirá para mantener aceitada la bisagra poder-medios masivos con la que De la Espriella Otero logró llegar al Solio de Bolívar. Y la tercera y última alternativa mantendrá ocupado al “desparchado” presidente de la República. Meter preso a Petro ocupará su tiempo, lo que supone un fuerte gasto de energía. Eso sí, la idea es que ese gasto calórico no le represente perder la lozanía de su muñequeado rostro y mucho menos abandonar el cuidado de su barba. Eso sí, no tiene cómo despeinarse porque una agresiva alopecia parece perseguirlo.

Daniel Samper Pizano escribió para la revista Cambio: “…el país escogió un rumbo que lo puede llevar democráticamente a un fiasco. Muchos que votaron sin reflexión, bien por mero odio a Gustavo Petro o porque se puso de moda el Tigre o arrebatados por la música bailable, descubrirán pronto a quiénes otorgaron peligrosos poderes en las urnas”.

A los genuflexos que lo votaron; a los odiadores de oficio que lo validan; a los empresarios y políticos cipayos que gritaron a rabiar el golazo que la derecha le metió al progresismo; a los aporofóbicos y clasistas que salieron a celebrar, vuvuzelas en mano, la pírrica victoria; a los que no se percatan de los riesgos de hacer parte del “Escudo de las Américas”; a los periodistas-estafetas que se prestaron para el engaño patriótico les digo que ojalá tengan la gallardía de reconocer que se equivocaron porque lo de la Patria Milagro fue, simplemente, un eslogan postizo, ficticio, artificioso y mentiroso como el grito de guerra, ¡Firme por la Patria!, que no es otra cosa que el remplazo del “Ajúa” que aprendió el sumiso, obsecuente y fatuo Iván Duque del general Zapateiro.


LOS JUECES DEL VAR

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Poco importa si Colombia avanza más allá de octavos de final en el Mundial, pues la hinchada y una parte de la prensa que aman a la “Sele” ya tienen la disculpa-explicación-razón: el gol que el VAR le negó a la tricolor en el partido contra Portugal. El gol fue anulado, según los jueces, por una protuberancia del gordo del pie de Davinson Sánchez. Aunque no se precisó si se trata de uñero o de un “juanete”, lo relevante aquí es que hubo un robo descarado que supera con creces el estribillo “era gol de Yepes”. La misma FIFA, en un absurdo comunicado recomendó a los jugadores colombianos cortarse al ras las uñas, operarse “juanetes” y usar guayos sin punta.

El uso de la tecnología en el fútbol llegó, supuestamente, para minimizar errores de los árbitros durante los “picados”, pero podría estar siendo usada para arreglar partidos previamente jugados en casas de apuestas, especies de “pollas” millonarias que imponen resultados y estarían presionando a los “magistrados” de los VAR a los que poco o nada les importa lo que están haciendo: tirándose el espectáculo, de la mano de la FIFA, una especie de Cosa Nostra. Por lo menos así siempre la vio Maradona, el único 10 que se atrevió a criticar a su dirigencia.

Seamos claros: Portugal y CR7 no podían perder contra Colombia, un país sin historia, que en el fútbol a nivel de mayores no ganó nada aún  y lo que es peor, con una fanaticada, incluidos varios de los jugadores, que aplaudieron unos y votaron otros en la jornada electoral del 21 de junio a un tipo que no solo hizo olvidar al Tigre Falcao, el único “Tiger”, sino que ensució de política barata la camiseta de la “Sele”, lo único que “nos une”  dicen los periodistas en un intento fallido por maquillar que la sociedad colombiana deviene dividida entre Buenos y Malos. Lo que sucedió en Colombia ese fatídico domingo fue y es tan absurdo como la decisión del VAR que aquí se comenta. Desde las huestes del Pacto Histórico gritan que esa camiseta “da chucha”.

Las injusticias que ya acumulan los “togados del fútbol” superan con creces las que generaban los árbitros que, en el pasado, sin ninguna ayuda, pitaban penales, anulaban goles o se los inventaban. Baste con recordar al juez Ali Bin Nasser cuyos ojos no quisieron percatarse de aquel gol con la Mano de Dios que hizo Maradona en el partido contra Inglaterra.

Los jueces del fútbol y los que toman decisiones en los estrados judiciales en donde se juegan otros tipos de intereses y causas, suelen hacer interpretaciones de las normas. Los del VAR, en el caso del gol anulado a Sánchez, hicieron una valoración exagerada del código en el que se define los fueras de lugar. Un pedacito del pie no constituye ninguna ventaja del jugador que hizo el gol. Ni siquiera inclinó el cuerpo. Fue un robo.  

En silencio, periodistas, fanáticos de la Selección y el cuerpo técnico guardan la esperanza de que en el próximo partido contra Ghana el VAR los compense validando un gol en fuera de lugar o anulándoselo al equipo africano. Eso sí, la compensación solo podrá darse en ese partido. El mensaje que de manera adelantada envía la FIFA es claro: en caso de derrotar a Ghana y enfrentar en la fase siguiente a la Argentina, lo más probable es que los “magistrados” del VAR hagan de las suyas para hacer avanzar a los argentinos hasta la final.

Debo citar la reacción del Pibe Valderrama: “Hasta el que no sabe de eso ve gol, y fue gol legítimo. Lo que pasa es que ya me preocupo, yo no soy persona de preocuparme, pero con esta situación que pasó hoy con el gol de Colombia, de Dávinson, todos ya sabemos quién va a ser el campeón”. Y debo recordar que ese mismo Pibe gritó “Firme por la Patria”.

Eso sí, por largos cuatro años seguiremos viviendo del triunfo moral de haber dominado a la Portugal de CR7 y exponiendo con dolor que fue gol de Sánchez. En el 2030 volveremos a otro Mundial y a las urnas. Quizás para ese evento orbital se dé el milagro de quedar campeón mundial por primera vez. Sería el premio soñado para aquellos que votaron por quien prometió hacer de Colombia la “Patria Milagro”. Con que no destripe a ninguno de los 12 millones que votaron por Cepeda, sería suficiente milagro.

 

 

sábado, 27 de junio de 2026

AMIG@S QUE VOTARON POR DE LA ESPRIELLA

 


Por Germán Ayala Osorio

Sufragar es un acto ético-político y en precisos contextos una acción  (in)moral  en el que confluyen asuntos como la ideología, la clase social, el clasismo si es el caso y los niveles de conciencia de clase de los votantes; la historia familiar (godo vota godo), los intereses económicos (un contrato, empleo), el nivel educativo atado o no a la conciencia de clase y por el nivel de influencia de los medios masivos de comunicación y las redes sociales en los que se promueve al ganador de las encuestas (La Espiral del Silencio, opera) y por supuesto se manipulan realidades y se reducen complejos problemas a meras opiniones, muchas de estas estúpidas, muy propias del entorno de esas cloacas llamadas redes sociales. Y por supuesto, la rabia, el odio, el miedo y, por último, la decepción con el gobierno o la figura presidencial que está de salida.

En el listado de “razones” posibles que podría un ciudadano elegir para explicar su voto no está el elemento más valioso quizás: el proyecto político por el cual se decidió votar. Para el caso que acaban de vivir los colombianos, millones de compatriotas votaron sin detenerse a pensar en los proyectos políticos en juego, representados en los candidatos Abelardo de la Espriella Otero e Iván Cepeda Castro. Bastaba con escuchar al candidato que ofrecía bala y fracking a lo que marque para entender que se trataba del único proyecto de país que le sirve a la derecha: someter voluntades por la fuerza, a las malas y, por supuesto, a los ecosistemas naturales-históricos incluidas las comunidades cercanas.

Conversé con un par de amig@s que votaron por De la Espriella: me dijeron que lo hicieron porque estaban decepcionados del gobierno Petro. La paz total, la corrupción, el caso de Juliana Guerrero e incluso el asunto del tren de cercanías para Cali que Petro no acompañó, los llevaron a votar a favor del "Tigre". En las explicaciones que dieron no se mencionó el proyecto político que encarnaba Cepeda, que apuntaba a consolidar las reformas sociales con las que estuvieron de acuerdo hace cuatro años cuando sufragaron a favor del proyecto progresista que lideró Petro.  Conclusión: no se vota por proyectos políticos, se sufraga por personas, simpatías momentáneas o hartazgos coyunturales que afectan la psiquis de los votantes. En estos casos operó el voto castigo, el voto rabioso. 

Ahora que se hacen análisis post derrota electoral desde las mesnadas del Pacto Histórico destacan mis amigas y amigos la sobreexposición en redes  sociales del presidente Petro y las constantes invitaciones a que su pueblo se movilizara en las calles. Los trancones que esas marchas producían fueron el detonante que llevó al fuerte hartazgo en aquellos que quizás nunca en su vida votaron por un proyecto político y en particular por el sentido socialmente reivindicativo que encarnó y defendió Petro durante cuatro años. Ellos y ellas mismas están expectantes a lo que suceda con el gobierno del therian que en campaña ofreció “destripar” a la izquierda, pero que una vez electo dijo que “no habrá persecuciones, ni retaliaciones y que gobernará para todos los colombianos”. Les dije: ya veremos qué sucede en cuatro años. Por ahora están viendo que al nuevo gobierno están llegando los de Siempre. En su caras ya se dibuja decepción y preocupación. Al final de la conversación les dije, riéndome: nos vemos en elecciones G…

LLEGARÍAN MÁS DE “LOS DE SIEMPRE” AL GOBIERNO DEL “TIGRE”




Por Germán Ayala Osorio

 

En el sonajero ministerial del gobierno entrante aparecen y suenan nombres de políticos y exfuncionarios que hacen parte de los de Siempre. Es decir, se confirma que De la Espriella engañó a los miembros de su “manada” (no se sabe manada de qué) con aquello de representar a los Nunca, en oposición clara a los que llevan gobernando el país de tiempo atrás. Empezó con la designación de Rodrigo Lara Restrepo como ministro del Interior o de la política, un manzanillo que trabajó de la mano del eterno candidato presidencial Germán Vargas Lleras (QEPD).

Circula en varios medios y redes sociales los siguientes nombres y posibles cargos. Para la cartera de Agricultura suena Indalecio Dangond; para Ambiente, Fabio Arjona; para el ministerio de Relaciones Exteriores, José Manuel Restrepo; para Comercio, Mauricio Gómez; para el min educación, Viviane Morales; para la cartera de Salud, Iván Sánchez y Vivienda, Jaime Beltrán. He aquí los perfiles de tres de los que aparecen en el listado.

Jaime Beltrán Martínez fue alcalde Bucaramanga y concejal por tres periodos. De la Espriella, el día de la celebración de la pírrica victoria electoral del 21 de junio, dijo: “Oigan, Carlos, mira la cara de ministro que tiene este man”. Es decir, su nombramiento estaba más que cantado. Beltrán es ultraconservador. Su elección como alcalde de la Ciudad Bonita fue anulada por el Consejo de Estado por doble militancia. Es un populista de derecha.

En la Silla Vacía se lee que Beltrán Martínez “…viene de una familia con vínculos con el cristianismo protestante y la política local. Su padre, Jaime Beltrán Contreras, es un pastor influyente que fundó la Iglesia Camino a la Libertad en Bucaramanga. Llegó a esta ciudad en 1986 con el objetivo de expandir la iglesia evangélica bajo el Movimiento Misionero Mundial”.

Jaime Beltrán llegó a la alcaldía de Bucaramanga gracias al apoyo del movimiento político y religioso Colombia Justa y Libres (Evangélicos). Al conseguir la victoria ofreció “paloterapia” contra los ladrones y un estricto control migratorio a los inmigrantes venezolanos. Al igual que el presidente electo, se declaró admirador de Bukele, incluso le alcanzó para auto proclamarse el Bukele bumangués. Finalmente, Beltrán Martínez tiene un proceso de responsabilidad fiscal abierto en la Contraloría de Bucaramanga por irregularidades en la venta de 46 mil millones de bienes públicos de esa ciudad (luminarias y bienes en desuso). Claro, se presume su inocencia.

La eventual ministra de Educación sería Viviane Aleyda Morales Hoyos, exfiscal y pareja de Carlos Alonso Lucio, exguerrillero del M-19 y compañero y examigo de Gustavo Petro. Además de excongresista, fue embajadora de Colombia en Francia en el gobierno de Iván Duque Márquez. Es decir, Morales Hoyos es una de los de Siempre. En su momento defendió al presidente Ernesto Samper, investigado por hechos relacionados con el proceso 8.000. Esto dijo desde su curul: “la denuncia del Fiscal no tiene argumentos jurídicos suficientes y desborda ampliamente la competencia que tiene el ente investigador, hasta el punto de que acusa gratuitamente al presidente en los terrenos moral y político”.

De Morales Hoyos, la Silla Vacía registró que “en 2007 el entonces presidente Álvaro Uribe la metió en la Comisión de Notables para la reforma política cuando estalló el escándalo de la parapolítica. Al ser nombrada, el representante liberal a la Cámara, Carlos Arturo Piedrahita, denunció que Viviane Morales y su familia tenían contratos con el Estado, lo que representaría un “impedimento moral y ético”. Sin embargo, la queja no prosperó”.

Como fiscal general “tomó decisiones muy sonadas políticamente, como la de solicitar órdenes de captura contra Andrés Felipe Arias, Bernardo Moreno y Luis Carlos Restrepo por actuaciones cuando eran altos funcionarios del gobierno de Uribe. Eso le valió la animadversión del uribismo”.

Como mujer y política conservadora promovió un referendo para consultarle a los colombianos sobre quiénes deberían adoptar niños huérfanos en el país. La convocatoria buscaba limitar las aspiraciones de familias conformadas por homosexuales. Solo lo podrían hacer aquellas en las que existan las figuras tradicionales de papá y mamá. Esto dijo en ese entonces: “…hay muchos estudios científicos que señalan que lo mejor para un niño, para su desarrollo armónico e integral es estar en un entorno conformado por hombre y mujer, por supuesto una pareja que sea estable, una pareja que tenga las condiciones de brindarle a ese niño ese torno. Pero lo mejor para definir su personalidad, su libre desarrollo de la personalidad es tener un modelo femenino y masculino”.

Vamos a ver cuáles políticas promoverá desde la cartera de Educación la señora Morales Hoyos. Lo cierto es que hace parte de los de Siempre. Es conservadora como su compañero Beltrán Martínez. ¿En qué términos planteará su relación con los maestros y en especial con Fecode? ¿Se atreverá nuevamente a promover iniciativas que contradigan fallos de la Corte Constitucional en asuntos como el aborto y los derechos de las parejas del mismo sexo?

Indalecio Dangond será el ministro de Agricultura. Se sabe que es amigo personal del presidente electo. “Ha trabajado en el Ministerio de Agricultura (1998-2003 y 2015), la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (2006-2010), la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (2005-2006), Finagro (2003-2004) y la Caja de Crédito Agrario (1991-1992)”. Como columnista de El Espectador criticó con dureza la reforma y la política agrarias promovidas por el gobierno Petro. Esto escribió para el portal El Nuevo Día: “El Gobierno nacional no solo incumplió su promesa de democratizar el crédito rural; construyó un relato artificioso que hoy se desmorona frente a las cifras reales. El 74,3% de esos recursos fue a parar a grandes empresas, mientras los pequeños productores —que constituyen el 72% de las operaciones— apenas accedieron al 15,6% del total. Esto no es inclusión: es concentración disfrazada de política pública”.

Si se confirma su nombramiento, lo más probable es que no dé continuidad a la reforma agraria en gracia de cumplir con las tres millones de hectáreas que deben hacer parte del Fondo de Tierras acordado en el tratado de paz de La Habana. Es posible también que apoye el modelo de la gran plantación a través de los monocultivos de palma africana y caña de azúcar que ya prosperan en la altillanura (Orinoquia) e incluso en zonas no planas del Valle del Cauca. Ya hay caña en cotas de los 1.200 metros sobre el nivel del mar. Se espera un pronunciamiento de Dangond y del propio presidente electo a propósito de los grupos paramilitares que irrumpieron en una finca que la Agencia Nacional de Tierras y la SAE les quitó a narcoparamilitares para entregárselas a campesinos, en el marco de la reforma agraria.  

El presidente electo está proponiendo nombres para carteras de gran responsabilidad a varios amigos que lo apoyaron en la campaña presidencial. Eso no tiene nada de malo: se gobierna con amigos, pero también con recomendados. Lo discutible y preocupante es lo que aquellos representan en términos ideológicos, pues varios de ellos son godos recalcitrantes cuyas decisiones podrían confirmar los miedos de varios sectores societales alrededor de retaliaciones y el perfil pendenciero de Abelardo de la Espriella Otero y el carácter fascista que ya dejaron ver muchos de quienes lo votaron e incluso políticos cercanos al nuevo mandatario de Colombia.

Vamos a esperar a ver qué dice la prensa de los perfiles de los ministros del nuevo gobierno. ¿Serán capaces los periodistas de los medios hegemónicos de esculcar, auscultar, vigilar y criticar a los colaboradores del presidente electo? ¿O ese trabajo de controlar al poder solo aplicaba para el periodo 2022-2026?

Adenda: el mensaje que acompaña la imagen con la que se ilustra esta columna es claro: ¿logrará cumplir esa promesa De la Espriella gobernando con y para los de Siempre? Advirtiendo que parte de un engaño o de una exageración. 

viernes, 26 de junio de 2026

MINISTRO DEL INTERIOR DE ABELARDO: ¡FIRMES POR LOS DE SIEMPRE!

 



Por Germán Ayala Osorio

Como se advirtió en esta tribuna, aquello de los “Nunca contra los de Siempre” fue una invención de campaña con la que el entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella cautivó a la manada (¿De borregos?) que se tragaron enterito el engañoso eslogan: ahora es una probada mentira. No demoran en salir los primeros arrepentidos de haber votado por el falso outsider que coadyuvaron a ponerlo en el Solio de Bolívar. Pronto entenderán que votaron por una ilusión y que De la Espriella no es ningún salvador y mucho menos un patriota. Abelardo de la Espriella o el “Alejandro Magno criollo” nombró a Rodrigo Lara Restrepo (el Batman criollo), hijo del inmolado ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, como su ministro del Interior. Lo que muy seguramente no saben los fanáticos que eligieron al abogado presidente de la República es que el flamante nuevo ministro del Interior en el pasado validó información periodística con la que atacó a De la Espriella. Vean el trino: 



Sigamos con el perfil del ministro de la política, no sin antes decir que al ser "dinámica la política", se pierde coherencia. Lara Restrepo es “abogado de la Universidad Externado de Colombia. Representante a la Cámara por Bogotá, presidente de esa corporación entre 2017 y 2018 y senador de la República entre 2018 y 2022. También fue presidente de Cambio Radical entre 2015 y 2017”.

Así entonces, Lara es un político tradicional, uno de los de Siempre. El haber sido presidente de Cambio Radical, el partido de Germán Vargas Lleras, lo hace ficha clave del Establecimiento, el mismo desde donde muy seguramente se aplaudió el asesinato de su padre, ocurrido el 30 de abril de 1984.  

Sin contar que ese partido es uno de los más corruptos del país. De acuerdo con Claudia López Hernández, "Cambio Radical es un partido con más prontuario que cualquier otra cosa, es el partido que más ha avalado parapolíticos, es el partido que más gente tiene encarcelada por diferentes casos de corrupción, que avaló a un asesino como ‘Kiko Gómez'”. El portal Las 2 Orillas sostiene que sobre esa colectividad “hay datos sorprendentes y que seguramente gran parte del país desconoce: 349 miembros de sus filas han sido sancionados y 41 destituidos”.


Si es el eslogan de los Nunca contra los de Siempre fue un engaño, el ministro del Interior recién nombrado usó en el pasado estratagemas parecidas para mostrarse independiente. Lo hizo cuando aspiró, por firmas, a la alcaldía de Bogotá. Esto dijo el manzanillo en ese momento: “Decidí lanzarme por firmas a la Alcaldía porque conozco el interior de los partidos, porque sé que para gobernar es necesario tener libertad. Eso es lo que necesita Bogotá”. Sobre sus movidas político-clientelistas recomiendo leer la columna Lara-mente no son como suenan” de Laura Ardila Arrieta, autora del libro La Costa Nostra.

Rodrigo Lara Restrepo Nunca hizo méritos para acercarse al talante ético de su padre y dar las luchas que su progenitor dio para develar las relaciones de ilegales, mafias y narcos con agentes estatales (políticos y clase dirigente). Por el contrario, por comodidad política e ideológica decidió estar del lado de las fuerzas políticas y sociales que conforman el llamado Establecimiento colombiano que deviene mafioso y criminal. Al final, del lado de sus victimarios. 

Quien si se dio a la tarea de esculcar archivos y consultar fuentes para develar la verdad de lo acontecido con el crimen de Lara Bonilla fue Jorge Lara, hijo del ministro asesinado y hermano del hoy ministro del Interior. Jorge, documentalista de profesión, dejó para la memoria colectiva y quizás para las de sus hermanos la pieza “audiovisual Lara - the man who took on Escobar (Lara: el hombre que se enfrentó a Escobar), no solo revive uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de Colombia, sino que plantea una mirada profunda sobre la justicia, la memoria y la reconciliación”.

Y se vendrán más nombramientos de los políticos de Siempre. Suenan consolidados lagartos y políticos profesionales cuestionados por sus gestiones al mando de departamentos. ¡Firmes por los de Siempre! ¡Ajúa!

jueves, 25 de junio de 2026

LAS PRIMERAS CUATRO MENTIRAS DEL PRESIDENTE ELECTO




Por Germán Ayala Osorio

 

Reconocido por el Consejo Nacional Electoral (CNE) como presidente electo, Abelardo de la Espriella Otero le habló al país, pero especialmente a sus alucinados y obsecuentes votantes que al parecer siguen embelesados con su discurso básico y lleno de mentiras e impresiones conceptuales.

En su intervención, el fatuo y egocéntrico presidente electo volvió a mentir. Al parecer, sigue en campaña, escenario político en el que a los políticos se les permite decir mentiras y manipular realidades. Examinemos las falsedades en las que incurrió De la Espriella Otero durante la ceremonia en la que fue investido como presidente electo: 1. "Gané sin estructuras políticas". Frente a semejante falsedad hay que decirles a sus votantes que recibió el apoyo de todos los partidos tradicionales: la Casa Char, de los expresidentes Uribe, Duque y Gaviria, de los partidos conservador y liberal; de Cambio Radical, de Mira… Cuando nombre sus ministros sabremos a qué casa política pertenece cada uno de los miembros de su gobierno. Eso de los “nunca” contra los de “siempre” es una invención de sus asesores. De la Espriella gobernará con los de siempre. Punto.

2. "No recibí apoyo de grupos económicos." Abelardo recibió, de acuerdo con versiones periodísticas, 36 mil millones de Sarmiento Angulo y el Grupo GEA, así como el apoyo económico y periodístico de la familia Gilinski. La revista Semana, de propiedad de ese clan financiero, le sirvió de plataforma ideológica y mediática. Vicky Dávila Hoyos fungió como estafeta de los mensajes engañosos que en campaña entregó la campaña De la Espriella Presidente. Las decisiones que en materia de política económica tomará el entrante gobierno darán cuenta de los compromisos y las obligaciones que deberá cumplir el nuevo jefe del Estado.

3. "Cepeda tenía el apoyo del régimen social comunista de Petro". En este punto el abogado penalista que considera que la “ética no tiene que ver con el derecho” cae en una imprecisión conceptual.  No solo manipula el concepto de régimen, sino que insiste en el uso de la categoría-coco con la que la ultraderecha neoliberal pretende seguir asustando y engañando a ignorantes e incautos. Justamente lo contrario: es Abelardo de la Espriella y los sectores económicos y políticos que lo apoyaron los que hacen parte del viejo régimen que Petro y el progresismo derrotaron. Entre 2022 y 2026 no se instaló en Colombia un gobierno socialista (estatista) y mucho menos derivó en comunismo: se respetó la propiedad privada, no hubo expropiaciones y los pesos y contrapesos funcionaron, fruto del respeto a la división de poderes. Eso sí, hay que reconocer que Cepeda era el candidato del Gobierno, asunto que hace parte de la dinámica política del país. En el pasado, Santos fue el candidato de Uribe, así como Rodolfo Hernández fue la ficha no solo de Iván Duque, sino del Establecimiento colombiano. 

4. "La prensa estuvo en mi contra". Esta es quizás la más cínica de las mentiras expresadas por De la Espriella, pues contó con el apoyo periodístico y editorial de medios como El Tiempo, El Espectador, El Heraldo, El País de Cali, Semana, Blu radio, La FM y Caracol radio (antes La W de Julio Sánches Cristo) y los noticieros de televisión Caracol y RCN. Además, la campaña del auto proclamado “Tigre” se benefició de los malestares sociales que durante cuatro años el conjunto de la prensa generó contra Petro a través de tratamientos sesgados e ideologizados con los que deslegitimaron su gobierno. La Silla Vacía encontró que en las plataformas de Semana "se publicaron al menos 133 videos de campaña de Abelardo De La Espriella entre primera y segunda vuelta, un espacio de 21 días. Los videos invitan explícitamente al apoyo del candidato, su contenido proselitista es difundido de manera completa, sin ninguna intervención periodística".

Ya es tiempo que De la Espriella Otero aterrice y entienda que la campaña ya terminó. Ya fue electo presidente y a partir del 7 de agosto deberá asumir con responsabilidad, aplomo, seriedad y grandeza la tarea de gobernar a un país como Colombia. Quizás las mentiras e imprecisiones en las que aún incurre el presidente electo se expliquen por la inexperiencia política del pendenciero abogado. A lo mejor no sabe en qué se metió. Es tiempo también que sus asesores le recomienden empezar a hablar de realidades, pero sobre todo a tratar de comprender las complejas realidades de una sociedad escindida en la que hay más de 12 millones de compatriotas que estarán, unos vigilantes, expectantes y miedosos, y otros atentos a lo que dice, hace, promete y ejecuta.  Sobre todo, esto último.

DE LA ESPRIELLA: “PERSONAS ILEGALES” TIENEN UN MES PARA SOMETERSE A LA JUSTICIA

 



Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda


Por Germán Ayala Osorio

 

Durante la ceremonia de reconocimiento institucional y entrega de la credencial que lo acredita como presidente electo, Abelardo de la Espriella Otero intentó, nuevamente, bajar la tensión y los miedos que genera el carácter pendenciero que sedujo a millones de colombianos que al final lo votaron porque ofreció lo que otros también ofrecieron en el pasado: bala, bala y más bala.

Es evidente que, en las huestes del progresismo, del periodismo independiente, académicos y pensadores libres y de la izquierda democrática, hay miedo por eventuales retaliaciones y el uso de la inteligencia militar y policial para perseguir, intimidar, estigmatizar, “destripar” y desaparecer a críticos y detractores.

El terror que se siente en redes sociales y en conversaciones privadas hace pensar a quienes temen lo peor, que a partir del 7 de agosto se iniciará en Colombia una cacería de brujas muy parecida a la que vivieron esos mismos sectores en los gobiernos de Turbay Ayala y Uribe Vélez con la aplicación a rajatabla del Estatuto de Seguridad y la Seguridad Democrática, dos políticas oficiales que fueron en sus tiempos la patente de corso para que desde el Estado se violaran los derechos humanos. Baste con recordar a los que sufrieron torturas en unidades castrenses durante la administración de Julio César Turbay Ayala y los 7.837 jóvenes asesinados por miembros del Ejército que monetizaron sus vidas para entender la aprensión y el recelo con el que cientos de miles de ciudadanos asumen la llegada de Abelardo de la Espriella a la jefatura del Estado.

En su intervención, el Alejandro Magno[1] criollo, mandó un mensaje claro a los ilegales. Sin precisar si se refería a los grupos armados ilegales (ELN, Disidencias farianas y Clan del Golfo), De la Espriella conminó “a esas personas que intimidan al pueblo mediante el caos y la violencia. A esas personas que están al margen de la ley, un mensaje. Disponen de un mes para entrar en razón y organizar. Disponen de un mes para organizar su sometimiento al estado de derecho[2]”.

¿Por qué no habló de “grupos terroristas, narcoterroristas o bandidos” el presidente electo? Quizás estemos ante una estrategia discursiva de nuevo cuño con la que el cuasi inquilino de la Casa de Nariño (¿o de Nari?) desconoce a esos grupos como organizaciones criminales y por esa vía la naturaleza política que reclaman de tiempo atrás. En su exhortación y amenaza, De la Espriella Otero evita reconocer a comandantes y líderes de esos grupos al margen de la ley que, dedicados a los negocios del narcotráfico, la extorsión y la minería, erosionaron y deslegitimaron la categoría Conflicto Armado Interno con la que la academia y organismos internacionales llaman a lo sucede en Colombia por las disímiles violencias generadas en selvas y campos.  

La expresión “personas ilegales” me hizo recordar dos frases: la primera, en Colombia no hay conflicto armado, sino amenaza terrorista (Uribe) y la segunda, en el país no hay desplazados, hay migrantes (José Obdulio Gaviria, primo hermano del criminal Pablo Escobar Gaviria). Armando Montenegro los llamó “migrantes voluntarios”. Es posible pensar, entonces, que en Colombia no hay conflicto armado interno y mucho menos organizaciones terroristas, sino “personas ilegales”. Vaya manera de minimizar una problemática social, económica y política que lleva manifestándose más de 50 años.

De acuerdo con el emplazamiento a esas “personas ilegales”, el 7 de septiembre de 2026 habría paz en Colombia sin necesidad de procesos de paz, ofrecimientos de garantías como la no extradición, ceses del fuego y órdenes de captura, así como la concentración en espacios territoriales como sucedió con los Paramilitares en Santafé de Ralito y con guerrillas en la zona del Caguán, entre otras zonas de despeje temporal.

Ya el país vivió algo parecido una vez resultó electo Gustavo Petro. Esto dijo: “A los tres meses de ser presidente se acaba el ELN”. Por supuesto que esa promesa no se cumplió lo que derivó en críticas, cuestionamientos y hasta risas en los sectores de la derecha.

El 8 de septiembre sabremos si la exhortación de Abelardo “Magno” de la Espriella caló en aquellas personas ilegales a las que invitó a someterse a la justicia. De no concretarse dicha entrega sin condiciones al Estado, el recién posesionado presidente de la República estará abocado a elegir entre dos caminos: el de la negociación política, sin gabelas, con los grupos terroristas o el de confrontación militar sin tregua y con resultados ya conocidos: desplazamiento de millones de campesinos, afectaciones ecológicas en ecosistemas frágiles y la llegada de terratenientes y políticos a las zonas rojas a comprarle a precios irrisorios la tierra a los campesinos que huyen de los enfrentamientos o simplemente a tomar posesión de las fincas de los hacía rato las abandonaron.



[1] En su disertación, el histriónico presidente electo calificó la campaña que lo llevó al triunfo electoral y político como una gesta cercana a las de Alejandro Magno. Durante cuatro años criticaron a Petro por sus constantes alusiones al libertador Simón Bolívar.

[2]No habrá ofertas generosas ni concesiones inaceptables como las que recibieron del régimen que está llegando a su fin. La convivencia del actual gobierno con el crimen organizado es asqueante y vergonzoso. En la era del Tigre se acabó. La ley, y solo el imperio de la ley

miércoles, 24 de junio de 2026

HAY EXGUERRILLEROS BUENOS Y MALOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

De confirmarse que el ex guerrillero del M-19, Carlos Alonso Lucio López hará parte del equipo de empalme que conformó el presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaría el país frente a lo que bien podría llamarse la moral acomodaticia que a partir del 7 de agosto guiará las decisiones que tomará el nuevo inquilino de la Casa de Nariño.

Dicha moral, complaciente, dúctil y funcional para los miembros de la ultraderecha neoliberal que representa De la Espriella, les sirvió durante cuatro años como parapeto desde el que atacaron al presidente Petro por haber militado en la organización guerrillera de origen y operación urbana. La misma que firmó la paz con el gobierno de Virgilio Barco Vargas, se desmovilizaron sus miembros y aceptaron hacer política con las reglas de la democracia colombiana.  

Exguerrillero, asesino y terrorista le gritaron desde diversas tribunas. Hasta se atrevieron a decir que participó de la toma del Palacio de Justicia. De la Espriella lo llamó “guerrillero de cafetería” durante una conversación con Miguel Abraham Polo Polo en la que el hoy flamante presidente electo dijo: “Si yo hubiese sido paraco tendría las pelotas de hacer lo que hay que hacer”.

Por supuesto que a Lucio López nadie se atreverá a gritarle exguerrillero, asesino y terrorista porque el Manual de la Doble moral o de la Moral Acomodaticia que aplicaron en el pasado todos los militantes del Centro Democrático es el mismo que guiará las decisiones que adoptará Abelardo De la Espriella. El país recordará que Everth Bustamante, Rosemberg Pabón (conocido como comandante Uno), Augusto Osorno y Eduardo Chávez, entre otros, ocuparon cargos públicos durante los gobiernos de Álvaro Uribe y hacen parte del Centro Democrático.

En la introducción de dicho Manual se lee que hay “exguerrilleros buenos y los hay malos. Los primeros serán aquellos que demuestren estar dispuestos a unirse a las fuerzas defensoras del Establecimiento y rendir pleitesía a sus líderes políticos más destacados; por el contrario, los malos serán aquellos que insistan en recordar su pasado en armas como si se tratara de una gesta y agitar la bandera de dicha organización armada ilegal”.

Carlos Alonso Lucio López es un personaje. Pasó de militar en el M-19 y de ser amigo y compañero de Petro, a enemigo número uno del presidente de la República. Es más, a mediados de enero de 2024 Lucio dijo en una columna que en junio de ese mismo año iniciaría un juicio político contra Petro. “Volvió a la vida pública asumiendo roles de asesoría política y participando en negociaciones de paz, fue pieza clave, como asesor, durante el proceso con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez”. Lucio militó en la izquierda armada y ahora hace parte de la ultraderecha neoliberal. Bueno, De la Espriella fue ateo y ahora es creyente. En eso se parecen: cambian de parecer como de calzoncillos. 

La posibilidad de que Lucio López haga parte del equipo de empalme para la transición armónica del poder fue registrada por varios medios. Infobae, por ejemplo, dijo en su portal: “Entre los nombres que han sido mencionados sorprende que esté Carlos Alonso Lucio, que, aunque es un crítico del presidente Gustavo Petro, fue parte del M-19, algo que De la Espriella ha mencionado como un aspecto negativo de lo que representa el actual mandatario”.

Lucio López fue condenado por la Corte Suprema de Justicia por dos delitos. “Fue condenado por los delitos de estafa y falsa denuncia. La Corte Suprema de Justicia lo sentenció luego de determinar que había incurrido en estos delitos durante su actividad política y empresarial tras la desmovilización del M-19. Lucio cumplió una pena de prisión por estos cargos en la cárcel La Picota de Bogotá”.

Ya suenan varios nombres de políticos, de los que De la Espriella llamó los “de siempre”, como eventuales ministros del próximo gobierno. A los que le creyeron el cuento al  “Tigre” de que iba a gobernar con los “Nunca”, deben de saber que los engañaron. Con el Manual de la Doble Moral que aquí cito, Colombia regresa al pasado, esto es, a los tiempos de la Seguridad Democrática y al ethos mafioso que el uribismo naturalizó entre 2002 y 2010. Bienvenidos.

 

CEPEDA RECONOCE RESULTADO ELECTORAL

 

Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga, tomada de El Espectador. 


Por Germán Ayala Osorio

Al aceptar el resultado electoral y el reconocimiento de la condición de presidente electo de Colombia a Abelardo de la Espriella Otero, Iván Cepeda confirma su talante democrático y el manejo responsable, sereno y firme que hará como líder de la oposición que ejercerá a partir del 7 de agosto desde el Congreso de la República.

Sin duda alguna, Cepeda envía un mensaje de tranquilidad a los seguidores del Pacto Histórico que aún no se reponen de la derrota sufrida el 21 de junio. La tristeza se respira en las mesnadas progresistas e incluso en núcleos familiares y empresariales acosados por tácitos y expuestos enfrentamientos, resquemores y distanciamientos entre quienes votaron por De la Espriella, el candidato de la ultraderecha neoliberal con visos fascistas y los que lo hicieron por el representante del progresismo y candidato del gobierno Petro.

Hay, eso sí, una diferencia semántica entre reconocer la victoria de su oponente y aceptar el resultado electoral y el de los escrutinios. Cepeda dijo: “he decidido aceptar el resultado de dicho proceso y que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República. Lo hago como un acto de responsabilidad democrática; lo hago para contribuir a la convivencia, a la paz y al diálogo entre colombianos; lo hago porque creemos profundamente en la democracia y porque estamos convencidos de que las diferencias políticas deben resolverse mediante la participación ciudadana, el respeto a las instituciones y la deliberación pública”.

Esa diferencia semántica adquiere una dimensión política no solo por la estrecha victoria de la ultraderecha (una diferencia de 250 mil votos), sino por lo que expresó Cepeda Castro a reglón seguido: “…sin embargo, aceptar el resultado electoral no significa renunciar a la verdad, guardar silencio frente a hechos que consideramos graves y que marcaron esta campaña presidencial…”.

El manto de duda con el que Cepeda cubrió el triunfo de su adversario tiene, por supuesto, una intención deslegitimante de la pírrica victoria obtenida por la ultraderecha. Cepeda habló de la injerencia de Trump y de la compra masiva de votos en favor del candidato ganador. También es posible que el excandidato presidencial derrotado haya pensado en validar momentáneamente el éxito de la campaña De la Espriella presidente mientras encuentra cómo probar que hubo fraude por ejemplo en las votaciones en el exterior, a las que el CNE se negó a escrutar.

En cuanto a la expresión “lo hago”, usada por Cepeda tres veces de manera explícita y una cuarta de manera tácita, da cuenta de una obligación que, para el caso, deviene política y que por supuesto deriva en obligaciones de carácter ético e institucional por la condición de congresista que en adelante ejercerá.  Al advertirse que será líder o colíder de la oposición- a la espera del papel que jugará Petro en su condición de expresidente-, Cepeda estaba obligado y presionado por medios de información y sectores políticos a reconocer, por lo menos, el resultado electoral. Aquellos esperaban que Cepeda dijera: "reconozco  la victoria y felicito al doctor De la Espriella"

La acción discursiva con la que Cepeda deslegitima la victoria de la ultraderecha colombiana está atada a un imaginario muy asentado y propio de la izquierda: la prevención y animadversión frente a la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país. Quienes votaron por De la Espriella, a sabiendas del apoyo brindado por el pederasta y convicto presidente de la potencia militar norteamericana, Donald Trump, ven a los Estados Unidos como una oportunidad de desarrollo a pesar de las evidencias que demuestran lo contrario a juzgar por las realidades sociales, ambientales y políticas de la propia Colombia y de otros países de AL en los que Estados Unidos intervino de manera directa con sus agencias e incluso con planes como el Plan Colombia. A los "abelardistas amigos y admiradores de los gringos les recuerdo lo que dijo Simón Bolívar hace marras: "Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad".

A otros tantos les ha de bastar tener la visa americana para ir a visitar a los familiares que resisten la persecución feral ejercida por los fascistas miembros de las autoridades migratorias (AIS) de USA.  O simplemente, poder visitar una y otra vez los parques de diversiones de Orlando (Florida) o exhibir el papel migratorio como un factor diferencial ancorado a posturas clasistas, arribistas y aquellas con las que suelen mostrarse avergonzados de ser y de actuar como colombianos.

Cepeda reconoció el resultado electoral, pero jamás reconocerá a De la Espriella como el presidente legítimo que sus seguidores reclaman, al igual que actores interesados de la sociedad civil. La legitimidad, lo advirtió también en su mensaje el senador del Pacto Histórico, deberá ganársela el presidente electo a partir del 7 de agosto, siempre y cuando no cumpla sus amenazas de “destripar a la izquierda”, reversar las conquistas laborales y salariales y mucho menos someta a los ecosistemas estratégicos como los páramos al fracking a lo que marque.

 De la Espriella tendrá la oportunidad de demostrar al país y al mundo que la derecha y la ultraderecha que representa aprendió algo de los cuatro años del gobierno progresista liderado por Petro. Los errores y los despropósitos en los que incurran quedarán expuestos política y electoralmente al final de los cuatro años. En el 2030 habrá elecciones- eso se espera-. Y de repetir las acciones y decisiones desastrosas del gobierno de Iván Duque Márquez, lo más probable es que les toque nuevamente sufrir con la recuperación del poder por parte del progresismo. Y como dicen los ñeros en Antioquia: "nos vemos en elecciones go..."

martes, 23 de junio de 2026

DE LA ESPRIELLA Y LA MUÑEQUIZACIÓN DE LA POLÍTICA

 

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Abelardo de la Espriella, virtual presidente electo, deberá salir de la caja o urna desde la que hizo campaña, amenazó con destripar a la izquierda y de afectar en materia grave a los páramos con “fracking a lo que marque”; la misma desde donde dio su primer discurso. El mismo que la prensa hegemónica calificó como “conciliador”. Al salir de esa especie de joyero, De la Espriella sentirá de manera directa lo que es lidiar con un país como Colombia: lleno de cafres- él mismo lo dijo-, gobernado por mafias de todos los pelambres y una élite premoderna, rentista y precapitalista. Aunque deje la caja, la muñequización de la política que él representa llegó para quedarse.

La enorme urna la ubicaron en Barranquilla, la ciudad del clan Char, fuerza política que está detrás de su triunfo electoral. Los Char le prestaron el espacio de la “ventana al mundo” para que le hablara a la “manada” (no está claro si se trata de ovejas o de felinos cachorros). Dicen por ahí que “todo comunica”. Pues bien, Abelardo comunica muchas cosas y lo mismo su esposa.  Se entiende comunicar en el sentido de poner en común unas ideas y las formas como concibe el poder y la política. Y en la comunicación hay factores ético-estéticos que bien vale la pena observar.

Empecemos por la señora Ana Lucía Pineda Aruachan, quien, sin ostentar la condición de “Primera dama”, se hizo viral en las redes sociales por un gesto de desprecio a miembros de la manada que al parecer la felicitaban por el triunfo en segunda vuelta. En el video se ve que Pineda se limpia los dedos que al parecer le quedaron grasientos después del infausto contacto con algunos de los más de 12 millones que votaron por su marido. Muchos de esos votos salieron de viviendas humildes, de gente pobre y por supuesto de la siempre cambiante clase media. 

¿Será que la elegante primera dama se sintió sucia o simplemente el efecto Lady Macbeth la llevó a tratar de limpiarse? Sobre ese efecto se dice que es la “tendencia o necesidad de limpiarse, lavarse las manos o ducharse después de haber cometido algún acto que va en contra de nuestras creencias y sentimientos, ante la sensación de a gusta y malestar interno que nos supone la contradicción entre nuestra creencia y nuestra acción”.

Con o sin efecto Macbeth, De la Espriella y su esposa son claramente aporofóbicos y clasistas. Además, profesan un desprecio por el país y su gente. Es un populista de derecha, pero sin respaldo popular. O mejor, con el respaldo de un pueblo ignorante, inspirado en un ethos mafioso. 

Hay una ética-estética que rodea la figura del Tigre. Sigamos con su alegoría al gran felino. Se trata de un animal “solitario y depredador.  Son excelentes nadadores y poseen visión nocturna aguda, oído y olfato desarrollados, así como garras y dientes poderosos para cazar”. Quizás en esas características Abelardo de la Espriella, el animal humano, sustenta su amenaza de “destripar a la izquierda” pues está convencido de que “puede morder duro”. Hay que esperar los zarpazos fiscales y los que se den contra el erario. 

El uso de la camiseta de la Selección Colombia también tiene un significado que supera los argumentos jurídicos asociados a la manipulación de los símbolos patrios. Portar esa particular camiseta apunta a que De la Espriella asume la política y el ejercicio del poder como un juego en el que solo ganarán los poderosos: el banquero Gilinski que de manera directa apoyó su campaña, será uno de los primeros en recuperar la millonaria inversión, muy seguramente sobre enormes costos sociales: puso al servicio del therian la revista Semana, un fortín ideológico y cloaca en la que Vicky Dávila enterró la deontología del periodismo.

La muñequeada figura de Abelardo de la Espriella dentro de la caja proyecta la imagen de un ser especial, pero también la de un juguete. Haber llamado a Donald Trump para agradecerle su apoyo explica esa condición de marioneta que parece disfrutar el presidente electo. Lo llamativo es que los hilos con los que el presidente de los Estados Unidos le dará vida a De la Espriella están cargados de inmoralidad. Trump es un vulgar pederasta y un fino convicto dentro del territorio gringo. 

Después de Duque, el primer títere reconocido como tal, De la Espriella no solo naturaliza la existencia de esa figura no humana o proto humana, sino que mejoró la estética: deviene encajada, lo que le da un aire de pureza en medio de su inhumana existencia. De la Espriella saldrá de la urna de cristal y por cuatro años- quizás más- vivirá protegido y en mejores condiciones de asepsia en la Casa de Nariño o en adelante la Casa del Muñeco.

Adenda: ya se anuncian nombres de eventuales ministros para el gobierno de Abelardo de la Espriella. Se trata de políticos tradicionales. Los verdaderos “nunca”: los que nunca soltarán la “teta” del Estado. “Firmes por la tradición” se escuchó gritar en las huestes de los partidos conservador y liberal.





lunes, 22 de junio de 2026

CATARSIS



Foto: Colprensa. 

Por
Germán Ayala Osorio

 

Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde: exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro.

Agrupo esas circunstancias, actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.

Inicio con el papel de los medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo, y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.

Eran tanta la dicha, que no sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar “empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?

En lo que toca a las redes sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”. El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados por sus rutinas.  Dejar de pensar es el resultado final y se suele actuar en consecuencia.

2. La paz y la guerra. El origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética. A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra el campesinado y la Naturaleza.

3. La injerencia gringa. Abelardo de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.

Trump domina Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.

4. Los errores de Petro. El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas".  En ese momento y durante todos los días lo fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho, drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario” resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales, edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado por el Estado.

Sus peleas con los gringos asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.

5. Cepeda, el filósofo. En este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí, Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista, lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los efectos de los media.

Cepeda fue un gran candidato presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que votaron por el “felino”.

Que se preparen Camilo Romero, Carolina Corcho e incluso el propio Daniel Quintero. En caso de aspirar dentro de cuatro años a ocupar la Casa de Nariño, deben comprender que los discursos elevados no gustan en sectores societales en los que prima la bobada, la pendejada, la banalización. Allí están las redes sociales. Les tocará buscar, como lo hizo tardíamente Cepeda, a influencers y youtubers, prueba irrefutable de que hay cientos de miles de jóvenes que no quieren “rollos académicos” y reflexiones profundas. Quieren mensajes cortos, efectistas, con música estridente. Que les hablen como reguetoneros, como therian. La Política, en mayúscula, desapareció.  Hoy quieren ver a políticos vestidos de payasos, que bailen, se dejen caer; que jueguen con un balón y sobre todo, que les muevan las emociones más primarias como lo supo hacer el Tigre de papel. 

¿DESOBEDIENCIA CIVIL?

  Por Germán Ayala Osorio   Ya el país sabe que Abelardo de la Espriella gobernará hincado a los intereses del presidente de los Estados Un...