miércoles, 2 de septiembre de 2026

ABELARDO, EL AZARÍAS DE LA PATRIA MILAGRO


Por Germán Ayala Osorio

 

Desfilar en medio de 23 bolsas blancas con cadáveres en su interior, como lo hizo el pastor-presidente, hace parte del cruel y obsceno espectáculo que en adelante se convertirá la lucha contra las estructuras narco criminales que aún insisten en llamarse “guerrillas” en el marco de un conflicto armado degradado. Con ese corto pero significativo desfile necro político, Abelardo de la Espriella le apunta a superar en sadismo a lo que vivimos durante los tiempos de la Seguridad Democrática (2002-2010).

Si bien las imágenes de televisión no hacen parte constitutiva de un proyecto de tanatoturismo o necroturismo, sí sirven para recrear la idea de que hay un presidente- un verdadero comandante en jefe- decidido a acabar con todos los bandidos, así sean menores de edad. Pacificar al país a las malas es el sueño erótico y ético-político de la derecha. Tanto así, que al general Rito Alejo del Río lo llamaron el “pacificador de Urabá” en los tiempos en los que Uribe dormía en bases militares para exigir “más y mejores resultados operacionales”. Al final, fue tanta la presión de ese fiero comandante supremo, que los mismos héroes militares que combatieron a los terroristas, asesinaron a 7.837 civiles a los que hicieron pasar como guerrilleros caídos en combate. La prensa y la narrativa oficial hablan de “falsos positivos”, eufemismo con el que se oculta una realidad incontrastable e inmoral: se trata de crímenes de Estado, de lesa humanidad. Los militares que perpetraron esos crímenes dejaron de pensar y monetizaron la vida de los jóvenes caídos. ¿Volverán los “falsos positivos”?

 Aunque el presidente De la Espriella y la prensa hablan de “dar de baja”, en realidad estamos frente a asesinatos producidos en el contexto de un bombardeo en el que también cayeron tres menores de edad. En el lenguaje de la guerra que comparten “guerrilleros” y las fuerzas estatales deshumanizar al enemigo será siempre el objetivo. Unos y otros se llaman “cerdos”, animalización que les facilita darle manejo a la pesada carga moral que supone lleva quien asesina y descuartiza a otro ser humano. Cuando los guerreros, legales e ilegales, gritan avanzar, la humanidad retrocede. 

De ahí que exhibir en bolsas- así sean blancas- los cadáveres mutilados de los narcoterroristas que cayeron en el bombardeo no minimiza la intención de validar la narrativa que indica que lo que hay en las bolsas son despojos, carne calcinada y finalmente, basura. Imagino que en este punto algún lector dirá, para confirmar, que efectivamente los terroristas son excrementos, pedazos de carne o inmundicias. Ese relato se ha naturalizado en Colombia y tiene un inicio: calificar como desechables a los habitantes de calle. Sin duda alguna, una patadita- y no de la buena suerte- al sentido de humanidad.

No se trata de defender la “naturaleza” política de los “guerrilleros” y mucho menos sus acciones terroristas, simplemente señalo que no es necesario convertir sus muertes en trofeos y por esa vía contribuir al viejo proceso de heroización de quienes los despedazaron en nombre de la ley, de los “buenos somos más” y de la legitimidad de un Estado que, para el caso, poco o nada hizo para que los menores asesinados no fueran reclutados por los criminales al mando de alias Iván Mordisco. Y mucho menos hizo cuando las entonces Farc-Ep reclutaron de manera forzada  a 18.667 menores de edad, a los que convirtieron en “máquinas de guerra”. ¿En dónde estaba el Estado? Ah, verdad que solo hay Estado en las grandes ciudades.

El nombre de la operación militar en la que el Ejército colombiano abatió a los 23 narcoterroristas que emocionaron en grado máximo a De la Espriella, confirma que todo lo que hace y en adelante hará el gobierno del presidente-pastor está fundado en la Biblia o hace parte de los relatos que se conocen de ese mega relato. La llamó operación Azarías. En una rápida búsqueda en internet, se lee que fue “…hijo de Amasías y que comenzó a reinar en Judá a los dieciséis años y gobernó durante cincuenta y dos años en Jerusalén. Su madre se llamaba Jecolías. Fue considerado un rey que agradó al Señor, aunque no eliminó los santuarios de las colinas donde el pueblo ofrecía sacrificios, lo que provocó que Dios lo castigara con lepra, obligándolo a vivir aislado hasta su muerte”.

Aunque De la Espriella fue elegido para gobernar cuatro años, la continuidad de esos resultados militares, su exaltación mediática, a lo que hay sumar los tempranos resultados que ya va arrojando la “batalla cultural”, pueden llevar a que sus aúlicos en el Congreso y varios hijos de la élite empresarial y política propongan una reforma constitucional que le asegure un periodo más o hasta lograr los 12 años en la Casa de Nariño que buscó desesperadamente quedarse Uribe Vélez. No podemos descartar que De la Espriella le diga al país, en unos años, en medio de un desfile entre cadáveres, que el Señor le habló y le ordenó continuar “limpiando” al país de terroristas, aunque los Señores de la Guerra criollos sigan incólumes enriqueciéndose con el negocio de la guerra. También corre el riesgo de que el mismo Señor lo castigue a vivir aislado y con lepra. No sabemos qué tan lejos está Abelardo de ser nuestro propio Azarías.


Adenda: el saludo militar- ridiculizado al máximo- por Abelardo y vestirse de verde oliva lo va acercando peligrosamente al perfil de dictadorzuelo de Nicolás Maduro Moros e incluso, del propio Fidel Castro Ruz. Cuidado. 

CENSURA OFICIAL-CORPORATIVA: LOS CASOS DE ZULUAGA Y RESTREPO




Por Germán Ayala Osorio

 

Después del acto de censura contra las periodistas Camila Zuluaga y Ana Cristina Restrepo, una parte de la sociedad se pregunta hacia dónde va el país en materia de respeto a las libertades de prensa y opinión con un presidente de la República claramente hostil hacia aquellos periodistas que osan cuestionar sus decisiones políticas e incluso volver a preguntarle por haber sido defensor de narcoparamilitares y por las relaciones que tuvo con Alex Saab el testaferro del régimen venezolano hoy procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales.

De manera concomitante a la censura de las comunicadoras se conoció la directriz presidencial que señala que solo serán convocados a ruedas de prensa los periodistas “amigos” del gobierno. Bajo esos dos hechos, la autocensura se naturaliza dentro de las dinámicas del oficio periodístico y a partir de ahí los periodistas y medios oficialistas se convierten en estafetas, mandaderos, botones, correveidiles, criados y emisarios de lo que quiera ordenar o decida mandar a decir De la Espriella con su vocero presidencial.

La censura de la que fueron víctimas las referidas periodistas tiene un componente corporativo que hace aún más preocupante la situación para el ejercicio de informar y opinar en el país, en la medida que la salida del aire del programa radial de la cadena Blu radio la tomó la misma familia Santo Domingo, propietaria de la empresa mediática, a petición del presidente de la República. Entonces, en sí misma no se trata de una censura oficial directa, sino de una que podemos llamar censura oficial-corporativa que tiene una enorme diferencia a la tradicional censura oficial aplicada en Colombia durante el gobierno del general Rojas Pinilla. El país recuerda que el militar mandó a los militares a cerrar el periódico El Tiempo el tres de agosto de 1955.  

A Rojas Pinilla le generaban urticaria los editoriales de El Tiempo. Hoy en día, a nadie le importa lo que “piensan” los periódicos. Las redes sociales son el nuevo escenario en el que se generan estados de opinión pública; eso sí, allá llega la gente menos leída y sensata, la más pasional, irracional, irascible y poco formada para la discusión argumentada.  De ahí que sirvan esas redes sociales o cloacas ideológicas para expresar odio y para dar cuenta de hechos como la censura a las dos periodistas, pero que no alcanzan a presionar para que semejante decisión pudiese ser reversada. Como se dice en la calle, tiene más reversa un buque. Además, el grueso de la prensa tradicional aún mantiene el poder de imponer las versiones oficiales convertirlas en verdades incontrastables en la medida en que entre todas las empresas mediáticas- hoy abelardistas; ayer, uribistas- harán todo para acompañar sin duda alguna el trasegar de la Patria Milagro y con ella el objetivo final: regenerar a la sociedad hasta conducirla por los caminos trazados por el Señor. Eso sí, en medio de ese proceso de forzado y violento cambio cultural (batalla cultural) aparece el miedo de muchos ciudadanos y periodistas a ser perfilados por agentes estatales al servicio de la causa abelardista por una razón evidente: estarían cumpliendo órdenes de Dios o de Jesús Cristo, lo que convierte lo ilegal en legítimo y lo inmoral en un valor moralmente superior porque la voluntad del Señor está de por medio.

Ahora, no creo que con De la Espriella lleguemos al cierre de empresas mediáticas, enviándoles a los militares para clausurar imprentas, silenciar emisoras o apagar cámaras de televisión. Y no porque crea que es incapaz de hacerlo, sino porque estamos en tiempos diferentes: los banqueros dueños de las empresas mediáticas primero están dispuestos a apoyar al jefe del Estado que ayudaron a ponerlo en el solio de Bolívar. Esa inversión deben recuperarla a como dé lugar. Sus empleados (periodistas) pasan de inmediato a un tercer e incluso a un quinto plano, lo que se traduce en que la autocensura al interior de los medios se asume como una práctica cotidiana que erosiona viejos principios periodísticos. Aquello de vigilar al poder y de incomodarlo es una quimera. Suele ser la autocensura más dura y violenta que la censura oficial misma.

Ahora es mucho más sencillo controlar a la prensa: basta con echar a un par de periodistas para que los demás “afinen” y decidan alinearse con el gobierno. Los que no comulguen con las ideas del pastor-presidente pueden irse a You Tube para tratar de sobrevivir. Muy seguramente Restrepo y Zuluaga abrirán su canal en esa plataforma.

Algunos tuiteros recordaron el caso del periodista Luis Carlos Vélez, echado de La FM, dando a entender que se trató de un acto de censura parecido al que sufrieron Restrepo y Zuluaga. Y no, no entra en el ámbito de la censura oficial corporativa. Simplemente el sector azucarero le hizo saber hasta dónde llega el poder de la pauta y las relaciones gremiales. De esa forma le cobraron el haberse metido con los intereses de ese gremio en la COP16 que organizó la capital del Valle del Cauca. Hoy, en su canal de You Tube, Vélez está alineado con el gobierno, lo que lo convierte en un estafeta del abelardismo. Poco le importó a sus jefes y a los patrocinadores de esa emisora de RCN su evidente animadversión hacia el presidente Petro. Simplemente lo usaron, hasta que cuando por un error no forzado como se dice en el tenis, se volvió incómodo y lo echaron como a un perro.

La crisis de credibilidad del periodismo colombiano aumentará ostensiblemente en estos cuatro años del gobierno de De la Espriella. Eso tampoco les importará a los banqueros y millonarios propietarios de las empresas mediáticas porque el proyecto de la posverdad y las granjas de bots hacen parte del proyecto de regeneración cultural, moral e ideológica que arrancó el 7 de agosto.

Quizás lo que más recordará la gente es el acto de censura contra las dos periodistas, pero muy pocos harán conciencia de que la autocensura es la peor práctica en la que puede caer un medio de información. La ya precaria, formal y electoral democracia colombiana entra en una fase de congelamiento de sus valores más universales (el deber ser), al tiempo en el que se activa la mano dura, esto es, la persecución y estigmatización por parte de los agentes abelardistas de la policía moral contra todos los que insistan en oponerse a las decisiones tomadas por el pastor-presidente.

martes, 1 de septiembre de 2026

CENSURA EN LA PATRIA MILAGRO



Por Germán Ayala Osorio

 

El cierre de un medio de comunicación, cualquiera sea su orientación o agenda política y por supuesto sus intereses corporativos, grupales, o comunitarios, constituye un fracaso tanto para la sociedad moderna como para la democracia. Será siempre un golpe al periodismo como oficio, a los periodistas que dependen económicamente del medio en el que trabajan y a la construcción de una opinión pública plural en un país en el que históricamente la derecha siempre manejó a la prensa tradicional con el objetivo de mantener la legitimidad  del viejo Establecimiento.

La salida del aire del programa radial en Blu radio dirigido por Camila Zuluaga tiene un tufillo de censura oficial-empresarial motivada en la ya probada y evidente animadversión que dejó ver el entonces candidato presidencial y hoy jefe del Estado, Abelardo de la Espriella hacia los periodistas que se atrevieron a preguntarle por sus relaciones cercanas con los líderes paramilitares durante el mentiroso y fallido proceso de paz que adelantó  el entonces presidente Uribe con esas estructuras criminales;  el manejo del caso DMG (David Murcia Guzmán) y por los negocios que de acuerdo con versiones periodísticas sostuvo con Alex Saab, testaferro del régimen de Nicolás Maduro Moros. Saab está procesado en los Estados Unidos por varios delitos federales. 

Tanto Zuluaga, como su compañera en la mesa de trabajo periodístico, Ana Cristina Restrepo, resultaron incómodas para De la Espriella lo que explicaría la decisión del presidente de la compañía, Gonzalo Córdoba, de cerrar el espacio de análisis e información. También hacía parte del programa Sebastián Nhora. Incluso, la misma Zuluaga contó al aire que durante la campaña presidencial, De la Espriella le ordenó a su equipo de asesores no atender los llamados de la periodista. Por supuesto que la variable económica juega a favor de quienes tomaron la decisión: las audiencias han mutado y cambiado, sin duda alguna, lo que se traduce en menores ganancias, pero el factor ego-político ronda también a esa misma decisión. Muchas veces esos grandes medios no generan ganancias porque a sus propietarios lo que les interesa es mantener a las audiencias en altos grados de desinformación. Trascendió a los medios que De la Espriella se reunió días atrás con miembros de la familia Santo Domingo para expresar su molestia con las dos periodistas. 

Mañanas Blu, dirigida por Néstor Morales se mantiene al aire porque las directivas de la compañía y los propios periodistas de esa mesa de trabajo decidieron hincarse ante el poder del presidente de la República. Morales y Zuleta muy seguramente lo hicieron por convencimiento. Eso sí, hay que recordar que durante los cuatro años del anterior gobierno “probaron finura” con los propietarios de la cadena radial y el propio De la Espriella: atacaron sin piedad al presidente Petro; hostigaron a sus hijas y se metieron con su vida privada; y hasta les alcanzó para burlarse de los “cachos” que, de acuerdo con ellos, le puso la novia del expresidente progresista. Ese comportamiento, muchas veces alejado de la deontología del oficio, les aseguró la permanencia al aire a pesar del rechazo que genera en segmentos de la opinión porque dejaron de actuar como periodistas para convertirse en estafetas de la derecha y ahora en defensores a ultranza del gobierno del pastor-presidente. El Heraldo fue el primer medio, en campaña, en declararse abelardista. Luego se sumaron los noticieros Caracol, RCN, El Colombiano y El País de Cali, entre otros más. 

La salida del aire de los señalados periodistas deja serias dudas sobre el talante democrático del jefe del Estado, que en menos de un mes de estar al frente del gobierno cerró 21 emisoras comunitarias fruto del Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc-Ep. A esas actuaciones las precede acciones legales contra periodistas independientes y críticos del pasado de Abelardo de la Espriella, asumidas por la FLIP (Fundación para la Libertad de Prensa) y abogados como hostigamientos judiciales que afectan las libertades de prensa y opinión. Hablo de los periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez, así como del realizador de la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal, víctimas de ese acoso judicial. 

Lo sucedido a Camila Zuluaga y Ana Cristina se veía venir. Ellas mismas, al aire, advirtieron que había gente muy poderosa interesada en sacarlas de circulación. Ese momento, curiosamente, llegó apenas comenzando el gobierno de De la Espriella. Vaya coincidencia.



Lo sucedido con Zuluaga y Restrepo también tiene un componente de misoginia: en Colombia siguen existiendo hombres poderosos que no resisten que existan mujeres capaces de confrontarlos públicamente. 

El unanimismo ideológico y político que vivimos durante los ochos años del gobierno de Uribe está siendo superado por Abelardo de la Espriella con lujo de detalles y en el menor tiempo. Lo más probable es que esa persecución ideológica y la revisión de la moral de eventuales nuevos funcionarios públicos se extienda a universidades privadas y públicas, bastiones de la libertad de cátedra y de la opinión calificada de sus docentes-investigadores. 

Los desnombramientos de Sepúlveda del DNP, de Carolina Soto de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (el clan Char busca poner una ficha al frente de la CCI) y de Hannah Escobar, abelardista, pero proaborto, dan cuenta de que la instalación de la policía moral en el país es una realidad. Esos desnombramientos no constituyen propiamente actos de censura oficial como la salida de los tres periodistas aquí señaladas, pero sí hacen parte de la depuración ideológica y moral que ya practican los agentes creadores y defensores de la Patria Milagro. Pensar diferente nunca resultó tan incómodo como ahora. Y no ha completado el mes al frente del Estado y ya está gobernando con periodistas-estafetas que deben sí o sí, doblar las rodillas porque en el fondo están cuidando la lonchera y la visibilidad que les dan los medios tradicionales.

El cierre del programa radial expuso con claridad las dificultades para consolidar en el país un gremio de periodistas que, antes que defender empresas y patrocinadores, luche por los derechos de los periodistas y defienda las libertades de prensa y de opinión, hoy en vilo y coartadas desde la Casa de Nariño (sede de Barranquilla). Imagino que a Morales y a sus compañeros les prohibieron referirse al cierre del espacio de Zuluaga y Restrepo. La solidaridad no es un valor tradicional dentro del gremio de periodistas. Por el contrario, hay disputas, odios, envidias y sobre todo una incontrastable incapacidad para la autocrítica. Y ni para qué hablar del miedo que sienten cuando los poderosos los rondan.

Quedan cuatro años. El mensaje es claro para docentes, periodistas y funcionarios o aspirantes a llegar al servicio público: bajan el perfil o se disciplinan, es decir, se alinean con el gobierno, o sentirán lo "duro que muerde el tigre" o simplemente serán víctimas del poder que baja desde perfumadas oficinas hacia las de los jefes de recursos humanos en donde te dicen “aquí le tenemos su bono: “bono” trabajas más aquí”.

Adenda: el portal La Silla Vacía informó que el gobierno únicamente "dará ruedas de prensa a medios amigos". https://www.lasillavacia.com/en-vivo/presidencia-solo-dara-ruedas-de-prensa-a-medios-que-sean-sus-amigos/



lunes, 31 de agosto de 2026

DEMOCRACIAS EN PAUSA Y PRESIDENTES HOLOGRÁFICOS


Por Germán Ayala Osorio

 

En la historia de las viejas y recientes intervenciones políticas y militares de los Estados Unidos en disímiles países del sur global lo que menos le interesó a los gobiernos republicanos y demócratas fue mejorar, consolidar o reinstalar la democracia, entendida esta como un régimen de poder garante de libertades, derechos y bienestar colectivo.

Con el reciente “acuerdo petrolero” con Venezuela, el gobierno del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos, Donald Trump le dice al mundo- en particular a China y a la OPEP- que el petróleo venezolano pasa a dominio norteamericano; y todo, con la anuencia de Deysi Rodríguez, la presidenta interina que más parece un holograma que una verdadera jefe de Estado. Esa imagen tridimensional y la luz que le da vida se proyecta desde el salón Oval de la Casa Blanca. Por ello, en cualquier momento dejará de funcionar como proyección holográfica.

Bajo esas circunstancias la democracia venezolana entró en un estado vegetativo o en pausa hasta que desde los Estados Unidos se determine cuándo es prudente llamar a elecciones. Mientras tanto, mantienen el cañazo con Deysi Rodríguez quien dejó de ser la chavista anti gringa para quedar reducida a una marioneta de Trump.

El mal llamado “acuerdo petrolero”- realmente es un raponazo- manda un mensaje claro a los defensores de la democracia: la viabilidad y la calidad de las democracias ya no se miden por las elecciones libres, la presencia de partidos políticos y las libertades de expresión y prensa; en adelante serán los barriles de petróleo, la eficiencia en las prácticas del fracking, mantener la lucha antidrogas para garantizar el control institucional de los envíos y la existencia de tierras raras, entre otros, los factores que determinarán el futuro de los países democráticos. Ejemplo emblemático de una "sólida democracia" es Venezuela, gobernada por Marco Rubio, quien realmente opera como un Virrey de nuevo cuño.

La intervención militar en Venezuela con la que se logró la captura y posterior extracción- secuestro- de Nicolás Maduro Moros fue el primer paso que dio USA en su tarea de recuperar el control sobre América Latina, amenazado por gobiernos progresistas y de izquierda y el interés de China de hacerse con ese mercado a través de la Nueva Ruta de la Seda.

Instalado el nuevo Virrey en Venezuela, el objetivo siguiente era Colombia. Solo había que esperar el fin del cuatrienio de Gustavo Petro Urrego para hacerse con el control político y militar. La amenaza que lanzó Trump contra el entonces presidente progresista hizo parte de la narrativa intervencionista.

Para regresar a Colombia y hacerse con el control político y militar necesitaron de un candidato de derecha progringo. Hubo varios precandidatos que gustaron en la Casa Blanca durante las elecciones. Juan Carlos Pinzón sonó en su momento, pero su candidatura finalmente se desinfló; Paloma Valencia también gustaba en las huestes americanas, pero su condición de mujer y el que el expresidente Uribe le haya quitado el respaldo una vez emergió Abelardo de la Espriella, hicieron que los gringos se volcaran a apoyar al ciudadano norteamericano que aspiraba llegar a la Casa de Nariño. Una vez fue elegido presidente de la República, De la Espriella aceptó sin chistar hacer parte del Escudo de las Américas. La propuesta del Plan Patriota 2.0 es la constatación de la sumisión total a los designios e intereses de USA en los recursos naturales y la biodiversidad del País de la Belleza.

Los gobiernos republicanos y demócratas suelen tener información reservada y clasificada de los presidentes latinoamericanos que la usan para chantajearlos y por esa vía garantizar su total sumisión a lo que se les ordene. El caso del presidente panameño Manuel Antonio Noriega es emblemático. Los gringos (la DEA y la CIA) lo usaron en su “lucha contra el narcotráfico” hasta que un día se cansaron y optaron por sacarlo del poder, meterlo preso y hacerse con el control del Canal.

A la presidenta interina o el holograma Deysi Rodríguez le deben de tener algún guardado o simplemente la tienen chantajeada con meterla presa por haber hecho parte del proyecto bolivariano. De allí la complacencia de Rodríguez con el “acuerdo petrolero”.  Para el caso del presidente De la Espriella, lo más probable es que las autoridades norteamericanas lo tengan amenazado con el proceso judicial que llevan jueces gringos en contra Alex Saab, el testaferro del régimen de Maduro Moros.  El periodista Daniel Coronell señaló que “el candidato presidencial Abelardo de la Espriella se benefició con giros de dos empresas que Alex Saab usó para enriquecerse a costa del hambre del pueblo venezolano. La primera de esas empresas es Group Grand Limited, fundada en Hong Kong, y utilizada por Saab para vender 350 millones de dólares en alimentos expirados y alterados con los que el régimen de Venezuela armaba las llamadas bolsas CLAP que entregaba, muchas veces con comestibles descompuestos, a las familias más necesitadas del país”.

Así entonces, la narrativa aquella que indicaba que los gringos estaban muy preocupados por la democracia y la violación de los derechos humanos en Venezuela escondía el real interés de Trump: hacerse con el petróleo venezolano. De igual manera, la preocupación por la llegada del "comunismo" a Colombia fue la falsa narrativa con la que engañaron a cientos de miles de pendejos que aún creen en fantasmas. Y hablando de relatos, el de la Patria Milagro está siendo usado para tapar la injerencia gringa en el país.  De la Espriella  legitima la presencia de los soldados gringos, así como la gobernanza compartida con Marco Rubio, la DEA, la CIA, lo que no es otra cosa que el alineamiento con el Gobierno de Trump, lo que se traducirá en la persecución contra periodistas independientes, académicos, líderes sociales y defensores de los ecosistemas naturales. Todo lo anterior, con un novedoso factor ideológico: la presencia de las granjas de bots desde las cuales se despliegan implacables y sucias campañas de hostigamiento contra los periodistas y otros agentes públicos que critican al Gobierno del primer ciudadano colombo norteamericano en gobernar a Colombia. Se reeditará lo que pasó durante la seguridad democrática de Uribe: perseguir y estigmatizar a esos críticos, llamándolos “guerrilleros vestidos de civil o amigos de los terroristas”.

La democracia en Venezuela está en pausa o en estado vegetativo. En la Colombia del pastor-presidente, Abelardo de la Espriella poco a poco se avanza hacia ese mismo escenario de la mano de sionistas israelíes, de Dios, Jesucristo, de la prensa hegemónica, el Establecimiento y bajo las directrices de Trump. Ya veremos si en el 2030 hay elecciones libres o si De la Espriella se convertirá en el segundo holograma proyectado desde el siempre inmoral Salón Oval.  Quizás en Washington lo ven como otro presidente interino. 

 

domingo, 30 de agosto de 2026

LOS GRANJEROS DE LA POSVERDAD

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Los escándalos políticos y las decisiones judiciales que podrían venir a partir de la captura del granjero de la posverdad, Fernando Cerimedo, pueden superar a los que generó la multinacional Odebrecht en varios países de América Latina. En Colombia prácticamente no pasó nada, a pesar de que fue el presidente Uribe Vélez el mandatario que permitió su entrada y operación corrupta en proyectos de infraestructura que se extendieron a los gobiernos de Santos.

Este granjero es el responsable mediático de los triunfos electorales de Katz en Chile, de Paz en Bolivia, de Milei en la Argentina, de Keiko Fujimori en Perú y hay sospechas de que pudo haber tenido incidencia en la pírrica victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia. Al igual que Odebrecht, Cerimedo es la constatación de que el ethos mafioso y la consecuente corrupción político-electoral hacen parte sustantiva de las prácticas de la derecha latinoamericana alineada con el poder inmoral que se ejerce desde los Estados Unidos; ahora, de la mano de Donald Trump, todos los presidentes que Cerimedo ayudó a poner en diferentes casas de gobierno, están perfectamente alineados con los intereses de los Estados Unidos en los países de América Latina, asumidos por el pederasta de la Casa Blanca como una despensa mineral que opera exclusivamente bajo las condiciones de la economía de enclave. Ya controlan el petróleo en Venezuela después de la extracción de Nicolás Maduro Moros y la instalación en el Palacio de Miraflores de Deysi Rodríguez, una especie de holograma presidencial controlado desde el Salón Oval de la Casa Blanca. El cargo de presidenta interina es una fachada, pues en Venezuela gobierna Marco Rubio y las multinacionales petroleras.

El punto de conexión entre Trump- no habla español y odia esta lengua- y los gobiernos que llegaron gracias a Cerimedo es Marco Rubio. Todos esos mandatarios son asumidos por Estados Unidos como “presidentes interinos”. De la Espriella también lo es.

Así las cosas, lo que le corresponde hacer a Cerimedo es soportar la detención en Bolivia, los procesos judiciales abiertos, pero sobre todo los escándalos en las redes sociales por sus conexiones con la derecha de este hemisferio. Mientras siguen aparecen videos y fotografías de las reuniones del granjero de la posverdad con los entonces candidatos presidenciales, la derecha latinoamericana alista las maneras de presionar a los jueces y fiscales para que el caso de Cerimedo quede reducido a un asunto de violencia intrafamiliar y si acaso a un intento de feminicidio, hechos y circunstancias menores frente a los cismas que podrían producirse si se decanta la verdad de la operación de las granjas diseñadas para que los electores pasionales, desinformados, poco leídos, descriteriados e ignorantes de estos tiempos votaran a ciegas guiados por los bots, el algoritmo y por supuesto, por el odio y el miedo al sempiterno fantasma del comunismo-socialismo.

Más allá de los intereses económicos y políticos sobre los que están soportadas las granjas de bots de Cerimedo, lo que se pone en evidencia son los procesos de estupidización de la opinión pública atados a la operación de las redes sociales, escenario en el que la sobreexposición egocéntrica, narcisista e individualista de sus usuarios termina por desconectarlos de las realidades políticas, sociales y ambientales de los países latinoamericanos sobre los que hoy Estados Unidos posa sus garras y marca territorio como si se tratara de un perro feral por la amenaza que representa China, como potencia económica.

De la misma manera como en el pasado la televisión fungió como la caja mágica con la que se fabricaban verdades, hoy las redes sociales son aquellas planicies ideológicas en las que funcionan a la perfección las granjas de bots con las que se superó con creces la Espiral del Silencio de Elizabeth Noelle Neuman. Quizás el miedo a ser rechazados socialmente- sugerido en la teoría de La Espiral del Silencio- al no coincidir con lo sugerido en las encuestas y en los relatos periodísticos haya desaparecido en millones de votantes que llegan a las redes sociales sin pensamiento crítico y capacidad de análisis sistémico. Asumen ese escenario de interacción social como una forma de escapar a sus penosas realidades, miedos e incertidumbres, circunstancias que les permite construir perfiles falsos, fantasiosos y artificiosos que facilitan que los granjeros de la posverdad los vayan llevando de la mano a votar por aquellas opciones de poder desconectadas de las necesidades de construir naciones y Estados con alguna dosis de autonomía y soberanía.  

Para el caso colombiano, ya en las redes sociales operan con gran eficiencia los bots que, de la mano de agentes políticos (congresistas, excongresistas, funcionarios de gobierno, agentes de la derecha abelardista y periodistas-estafetas-activistas), van camino a convencer a los más ignorantes y estúpidos del artificioso relato de la Patria Milagro con el que el pastor-presidente está engañando a millones de connacionales. De la Espriella, sus ministros y la prensa tradicional, al igual que Cerimedo, son granjeros de la posverdad.

sábado, 29 de agosto de 2026

PODER PRESIDENCIAL Y MARIPOSAS AMARILLAS



Por Germán Ayala Osorio

 

El sistema patriarcal y el machismo tienen en la Política- sí, con mayúscula- al mejor escenario para mantenerse, extenderse en el tiempo y reproducir las narrativas y lógicas de dominación sobre la mujer y los ecosistemas naturales, formas de violencia simbólica y física esenciales en eso de ser hombre. Baste con mirar la historia de las civilizaciones, el actual modelo de desarrollo extractivo y la experiencia misma de la colonización antioqueña para comprender la fuerza de ese sistema y de todo lo que se deriva de su operación.

Los presidentes de la República, todos hombres para el caso colombiano, confirman que la Política es el escenario en el que se reproducen taras civilizatorias como el racismo, el clasismo y por supuesto el machismo que convierte a los políticos en hombres interesantes, deseados, irremplazables y definitivos para otros hombres y para mujeres, todos y todas dispuestas y  capaces de hacer todo- y todo es todo- con tal de vivir de la política, esto es, enriquecerse, alcanzar visibilidad, reconocimiento y un lugar en la historia.

Quienes logran llegar al máximo poder político- la presidencia de la República- suelen convertirse en caudillos y en Mesías. A otros, por supuesto, solo les interesó llegar para cumplir las tareas que les impusieron otros hombres que los sentaron en el Solio de Bolívar para que fueran sus sirvientes: Iván Duque es el ejemplo más reciente, aunque todos de una y otra manera terminan hincándose al poder bien sea de banqueros, contratistas e incluso de mafiosos. Negocios y cosas de machos. No en vano la escritora Carolina Sanín habla del “cacorraje nacional” en detrimento del surgimiento de los liderazgos femeninos.

Otros buscaron llegar a la Casa de Nariño porque así lo ordenaba la tradición familiar: es el caso de Juan Manuel Santos, un “delfín” que sí o sí debía ser presidente. El caso de Vargas Lleras, nieto de presidente, resulta emblemático porque tuvo todo para llegar a la casa de gobierno, pero su nulo carisma, su rostro adusto, su clasismo y aporofobia le impidieron alcanzar la “gloria”. Por ahí andan unos “delfines” a más de 2600 metros sobre el nivel del mar, a los que muy probablemente les pasará lo mismo que le sucedió a Germán Vargas Lleras.

Otros llegaron extraviados, como es el caso del poeta Belisario Betancur Cuartas, un mandatario pusilánime que dejó de gobernar por un poco más de 48 horas: la tropera cúpula militar de la época le dio el mini golpe para retomar el Palacio de Justicia tomado a sangre y fuego por un piquete del M-19. Los uniformados no recuperaron el edificio porque lo quemaron y tampoco defendieron la democracia como creyó que lo estaba haciendo el coronel y caballero Alfonso Plazas Vega. Lo de caballero es porque era del arma de la Caballería. Muy cerca de ese momento histórico atado a la constitución de 1886 está la figura de Julio César Turbay Ayala, cuya presidencia se recuerda como violenta por la aplicación del Estatuto de Seguridad y la violación de los derechos humanos. Llegó al poder para dar rienda suelta a su incontrolable cachondez: se cree que venía a Cali a participar de bacanales con sus amigos los narcos.

El punto delirante llega cuando se vuelven caudillos, se sienten Mesías e incluso amanecen un día sintiéndose como los “papás” de los colombianos. Hay dos casos para citar: Álvaro Uribe Vélez y recientemente Abelardo de la Espriella Otero.

El primero, en su Manifiesto Democrático, los 100 puntos de Uribe dejó clarísimo cómo se veía frente al pueblo colombiano: “Aspiro a ser presidente sin vanidad de poder. La vida sabiamente la marchita con las dificultades y atentados. Miro a mis compatriotas hoy más con ojos de padre de familia que de político. Aspiro a ser presidente para jugarme los años que Dios me depare en la tarea de ayudar a entregar una Nación mejor a quienes vienen detrás. No quiero morir con la vergüenza de no dar hasta la última lucha para que mi generación pueda tranquilamente esperar el juicio de la historia”.

De la Espriella Otero no lo dejó consignado en un manifiesto y mucho menos en su escueto programa de gobierno de tres páginas. Lo dijo en Cali, dieciocho días después del terremoto que en particular afectó a la capital del Valle del Cauca. Dijo sentirse el “papá” de 53 millones colombianos. Qué locura tener un padre como De la Espriella.

Antes de la llegada de ADLA a la Casa de Nariño hay que referirse a Gustavo Petro Urrego, un huésped inesperado para la élite tradicional-hombres poderosos- que jamás imaginó que un exguerrillero se colgara la banda presidencial. Con Petro, llegó el populismo de izquierda, en contraste con el más grande populista de la derecha: Álvaro Uribe Vélez.

Petro será recordado por haber bajado la pobreza estructural, subir el salario mínimo y dignificar así la vida de millones de trabajadores y tratar de proteger los ecosistemas naturales, entre otros logros. Pero también será recordado por los escándalos de corrupción, por su debilidad ante la belleza femenina y comentarios sexualizados como el de “acompasar el clítoris y el cerebro” y su auto referencia a que “hace cosas muy buenas en la cama”.

La prensa hegemónica que lo hostigó durante los cuatro años le está sacando en cara la existencia de un grupo de Mariposas Amarillas, esto es, una red de mujeres esbeltas, hermosas y jóvenes que se habrían beneficiado de millonarios contratos. Lo de las Mariposas Amarillas despertó enfrentamientos entre mujeres y hombres en las redes sociales alrededor del empoderamiento de esas jóvenes y hermosas mujeres, frente a otras que, en alejados territorios, dieron la vida por defender las banderas del Pacto Histórico. Es en este punto en el que de detengo para atar el ejercicio del poder político y la Política con el sistema patriarcal y el machismo y lo que llamo la más grande trampa tendida a las mujeres por ocultos “agentes” patriarcales: las cirugías estéticas asumidas por muchas como el mecanismo para entrar al círculo de poder de hombres poderosos, incluido por supuesto el presidente de la República; y entendidas por los políticos como la oportunidad única de exhibir, como objetos, perfectos cuerpos femeninos esculpidos por cirujanos  (hombres) que encontraron en las inseguridades de un importante número de mujeres y en el exacerbado machismo una mina de oro al parecer inagotable.

Una de las más mediáticas de esas mujeres que la prensa incluyó en el pequeño grupo de las Mariposas Amarillas enfrenta en la red X críticas por su constante exhibición de sus atributos físicos y su cercanía política al expresidente Petro. Incluso, pareciera fungir como vocera del Pacto Histórico. Ella misma se presta para que sexualicen y la reduzcan a un objeto. La hipersexualización es evidente.  Recojo lo dicho por una tuitera que la confrontó: “…una cosa es disfrutar la vida privada y otra muy distinta convertir la exhibición permanente del lujo, las cirugías y el estatus en una especie de performance, mientras alrededor suyo hay personas que llevan años dejándose la piel en las causas progresistas sin haber tenido nunca acceso a esos espacios de poder y reconocimiento Porque si alguien recibe una visibilidad extraordinaria gracias a su cercanía con el poder, tiene derecho a disfrutarla, por supuesto, pero también debería preguntarse qué comunica y qué significa esa exhibición para quienes la observan”.

En medio de la sobreexposición individual, narcisista y egocéntrica de las redes sociales, hombres y mujeres reproducen juntos lo que tanto daño les hace a las segundas. Justamente esas son las circunstancias que ayudan a que el sistema patriarcal se mantenga en pie y el machismo siga siendo minimizado por las mujeres que por cuenta propia aceptan ser miradas como objetos sexuales, como territorios en disputa y muñecas de exhibición. 

¿QUIÉN LES DIO LA ORDEN?




Por Germán Ayala Osorio

 

Después del rechazo unánime que recibieron los cinco congresistas del Pacto Histórico (PH) que hacen parte de la históricamente ilegítima Comisión de Absoluciones (también conocida como Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes) la pregunta que se hacen muchos es quién les dio la orden.

Aunque el interrogante no arrastra la condena legal y moral que acompaña a quienes en el pasado preguntaron quién dio la orden a los militares que, en el contexto de la Seguridad Democrática de Uribe, asesinaron a por lo menos 7.837 colombianos, sí amerita una respuesta urgente del expresidente Petro en la medida en que las explicaciones dadas por varios de los cinco congresistas involucrados en el escándalo político del momento terminaron por oscurecer y por esa vía aumentar la indignación de propios y extraños.

Las respuestas dadas en sus cuentas de X resultaron insuficientes, confusas e insultantes, lo que obliga al expresidente Gustavo Petro a salir a responder qué fue lo que pasó. Ya hay sectores de la opinión pública que hablan de un “pacto por la impunidad” firmado con el uribismo.

El arreglo político entre Uribe y Petro que le aseguró al PH las mayorías en la Comisión de Absoluciones para proteger al expresidente progresista de una eventual persecución jurídico-política de la ultraderecha abelardista, no puede llevar a la colectividad a ese nivel de abyección al que llegaron Toro, Landínez, Pizarro, Bastidas y Becerra. Lo hecho por estos congresistas es ominoso, asqueante, funesto y produjo evidentes arcadas en militantes y simpatizantes del proyecto político progresista. Acercarse de esa manera al Establecimiento convierte al PH en una colectividad ilegítima e inviable.

David Alejandro Toro, Heráclito Landínez, María del Mar Pizarro, Jorge Hernán Bastidas y Gabriel Becerra son los  cinco congresistas del Pacto Histórico que acompañaron al presidente de la Comisión de Absoluciones en su vulgar solicitud que elevó ante la Fiscalía con la que buscaba que el ente investigador y acusador remitiera el caso de las masacres de la Granja y el Aro y el asesinato de Jesús María Valle a semejante antro de impunidad que es la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. El objetivo: evitar que el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez sea procesado por su presunta responsabilidad en esos hechos cometidos cuando fungía como gobernador de Antioquia. La defensa de Uribe se inventó una colisión de competencias entre la Fiscalía y la Comisión de Absoluciones y los congresistas del PH la “compraron” sin mayor discusión. ¿Quién les dio la orden?

El silencio de Petro frente al asunto aporta a la retirada de cientos de miles de simpatizantes que vieron cómo el proyecto que votaron y defendieron con ahínco durante más de cuatro años se fue diluyendo entre los costosos contratos entregados a quienes hicieron parte de las llamadas Mariposas Amarillas, el clientelismo, la corrupción y la decisión del presidente de la República de encerrarse en el círculo de amigos y amigas del M-19. Al final, Petro redujo las aspiraciones de la izquierda y el progresismo a la historia del movimiento 19 de abril.

La “cagada” de los cinco congresistas debería generar un verdadero cisma en el Pacto Histórico. Hoy, los liderazgos de Petro y Cepeda devienen resquebrajados. El primero necesita de un descanso largo y una toma de distancia de las dinámicas de la política pues llega el momento en el que los expresidentes terminan convertidos o asumidos por la opinión pública como “muebles viejos que estorban”; por lo menos así lo consideró en su momento Alfonso López Michelsen. Eso sí, los vejetes de la derecha están ahí metidos en la política a pesar de sus achaques como actúan como verdaderos estorbos que le impiden al país avanzar hacia estadios de modernidad.

En cuanto a Cepeda, se le nota agotado. Su fallida candidatura presidencial es la mácula que termina por debilitar su ya frágil liderazgo y carisma. Además, su llamado a la “desobediencia civil” no pegó. Es tiempo de nuevos liderazgos. Si nadie sale a responder quién les dio la orden, por lo menos tengan la grandeza de permitir el brote de nuevos liderazgos. Dentro del PH hay mujeres y hombres que el propio Petro y sus aúlicos desecharon o mantuvieron al margen. Ese lugar de privilegio al parecer lo ocuparon las bellas Mariposas Amarillas.

 

viernes, 28 de agosto de 2026

EL PACTO HISTÓRICO, A LAS PUERTAS DE EL UBÉRRIMO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Lo hecho por los cinco congresistas del Pacto Histórico (PH) al interior de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes (en adelante Comisión de Absoluciones) golpea la credibilidad del partido, la del propio expresidente Petro y por supuesto la de Iván Cepeda; y lo que es peor, lo actuado constituye una mofa a las víctimas de los grupos paramilitares y de los agentes políticos y económicos que los auparon y patrocinaron.

Las reacciones en redes sociales no se hicieron esperar, en medio del silencio del partido y de los involucrados en lo que constituye sin duda alguna una embarrada mayúscula que acerca al PH al ethos mafioso que siempre guió a la derecha uribizada, al tiempo que lo aleja de la idea del cambio prometido en las costumbres políticas, en especial en la urgente necesidad de ponerle límites éticos y morales a los acuerdos políticos consustanciales al ejercicio de la política. Lo acordado entre Uribe y Petro para que el PH tuviera la mayoría de esa Comisión de Absoluciones justamente para proteger al expresidente progresista de la intención del nuevo gobierno de meterlo preso, no puede arrastrar a la colectividad al fango y a las covachas en las que siempre vivió Uribe y sus seguidores.

Aprobar y acompañar la solicitud que el presidente de la Comisión de Absoluciones elevó a la Fiscalía para que el proceso contra el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe por las masacres del Aro, la Granja y el asesinato de Jesús María Valle pase a manos de esa ilegítima corporación constituye de lejos una traición a los principios de justicia y búsqueda de verdad que millones de colombianos reconocieron en el PH y en los líderes políticos de esa colectividad que de tiempo atrás enfrentaron a Álvaro Uribe Vélez y confrontaron su oscura vida pública.

Petro y Cepeda, desde el Congreso, se enfrentaron a la maquinaria política, mediática e ideológica que está detrás de las actuaciones y decisiones de Álvaro Uribe Vélez, llamado por el periodista Josep Contreras, el “Señor de las Sombras”. Hablando de libros, Iván Cepeda y Jorge Rojas escribieron A las puertas del Ubérrimo. En los agradecimientos los autores reconocen que el libro se escribió “pensando en las víctimas de los crímenes de lesa humanidad que se han perpetrado en los últimos veinticinco años en Córdoba: las miles de personas desaparecidas, asesinadas y desplazadas por la violencia. A ellas está consagrada esta obra”.

La decisión política tomada por David Alejandro Toro, Heráclito Landínez, María del Mar Pizarro, Jorge Hernán Bastidas y Gabriel Becerra echa a la basura las luchas que dieron Petro y Cepeda que sirvieron para develar el demencial y diabólico carácter de lo que se conoce como el uribismo. Lo que hicieron Toro, Landínez, Pizarro, Bastidas y Becerra, curiosamente, los acerca a las puertas de El Ubérrimo.

Es urgente que el PH, como partido político, no solo reaccione frente al rechazo que en redes generó las actuaciones de los cinco congresistas, sino que diga quién les dio la orden. ¿Acaso el expresidente Petro está detrás de semejante “cagada”? No creo que Iván Cepeda esté detrás de esa torpeza, pues lo actuado por sus compañeros lo afecta de manera directa porque el excandidato presidencial hace parte del proceso judicial que nuevamente tiene a Uribe Vélez en el ojo de la justicia, esta vez por hechos violentos ocurridos cuando fungía como gobernador de Antioquia.

Me resulta asqueante y ominoso lo que hicieron los congresistas del Pacto Histórico. A los hechos de corrupción del gobierno Petro y a los errores cometidos durante su mandato no tenían porqué sumar semejante “deposición”. Es tan grande, que los avances sociales alcanzados en los cuatro años del gobierno progresista no serán suficientes en la titánica labor, al parecer no advertida aún, de repensar el futuro de una colectividad que parece más interesada en acercarse al viejo y criminal Establecimiento, que regresar a los caminos que la llevaron a convertirse en una alternativa de poder fundada en la coherencia ideológica y política, la defensa de los derechos colectivos, el mejoramiento de las condiciones de vida de las grandes mayorías y alejada de los vicios de la clase política tradicional. Hoy, veo a su dirigencia muy atada a la sobreexposición en redes sociales de figuritas que le restan seriedad al partido por cuanto una parte de la opinión pública las asocia con el clientelismo y el pago de favores políticos. El fenómeno "Juliana Guerrero" no puede mantenerse. Debe proscribirse de tajo. 

Adenda: al cierre de esta columna, la Fiscalía desestimó la solicitud elevada por Carlos Cuenca y los congresistas del PH. Tampoco se conoce pronunciamiento del expresidente Petro. El partido emite un escueto comunicado que poco a nada aclara lo actuado por los cinco congresistas. 

 

jueves, 27 de agosto de 2026

UN PACTO HISTÓRICO POR LA IMPUNIDAD




Por Germán Ayala Osorio

 

Los pactos entre partidos políticos hacen parte de las dinámicas congresionales, atravesadas estás últimas por la sempiterna elasticidad moral y ética de quienes al interior de esas agrupaciones políticas hacen acuerdos que en ocasiones resultan ser vergonzantes y vergonzosos.

Cuestión Pública informó que los cinco miembros del Pacto Histórico que hacen parte de la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representante (CACR) apoyaron la solicitud que el presidente de esa corporación, Carlos Cuenca (Cambio Radical) le envió a la Fiscal Luz Adriana Camargo en la que le pide que el proceso en contra del expresidente Álvaro Uribe Vélez por las masacres del Aro, la Granja y el asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Valle pase a manos de la CARC.

Lo constatado por el equipo periodístico de Cuestión Pública resulta tan incomprensible, como repugnante, porque Iván Cepeda, figura prominente del Pacto Histórico, lleva años acompañando a las víctimas del paramilitarismo en Colombia y a las madres de los jóvenes asesinados por agentes estatales (falsos positivos).

La disputa jurídica entre Cepeda y Uribe se convirtió en una bandera que hizo brillar al progresismo, al propio excandidato presidencial y al Pacto Histórico como partido comprometido con la defensa de los derechos humanos y la lucha contra la impunidad de la que gozan aún actores políticos y económicos que patrocinaron a los grupos paramilitares. Como parte de esa lucha política y jurídica del Pacto Histórico está la condena en segunda instancia contra Santiago Uribe, hermano del expresidente antioqueño.

El exmandatario está citado a declarar ante la Fiscalía el 4 de septiembre por los hechos relacionados con las masacres del Aro y la Granja y el asesinato de Jesús María Valle. Uribe Vélez fungía como gobernador de Antioquia cuando se produjeron esas masacres y el crimen del defensor de derechos humanos y abogado.

La solicitud de Carlos Cuenca se da por lo que se puede considerar una fina “leguleyada” de la defensa del expresidente y expresidiario antioqueño. Se trata de una interpretación jurídica que, de la mano de la misiva enviada por la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes (en adelante, Comisión de Absoluciones) busca asegurarle total impunidad al expresidente Uribe.

En el oficio que envió Cuenca se lee el argumento que la defensa de Uribe le entregó para que elevara la solicitud a la Fiscalía: “…Álvaro Uribe Vélez ejerció como presidente de la República desde el 7 de agosto de 2002 hasta el 7 de agosto de 2010, mientras que la actual investigación tendría como fecha de consumación del delito de concierto para delinquir agravado el año 2003”.

El corte sincrónico que hace el defensor del expresidente Uribe desatará una colisión de competencias entre la Fiscalía y la Comisión de Absoluciones, situación jurídica que deberá resolver la Corte Suprema de Justicia o en su defecto la Corte Constitucional. Así las cosas, la comparencia de Uribe ante la Fiscalía, prevista para el 4 de septiembre, se suspendería lo que sin duda alguna representará un triunfo político y jurídico del que hizo parte sustantiva el Pacto Histórico (PH).

Que los cinco miembros del PH hayan aprobado la citada solicitud debería de desatar una crisis monumental al interior de esa colectividad, pero, sobre todo, una condena pública del senador Iván Cepeda. Varias fuentes le confirmaron a Cuestión Pública que efectivamente David Alejandro Toro, Heráclito Landínez, María del Mar Pizarro, Jorge Hernán Bastidas y Gabriel Becerra aprobaron el sentido de la solicitud enviada por Cuenca. Cepeda se limitó a decir que “le he solicitado a mis abogados que mantengan nuestra posición para que la fiscalía general de la Nación conserve la competencia para adelantar esa investigación, con las debidas garantías procesales”.

Becerra defendió lo hecho y le dijo a Cuestión Pública que “la decisión adoptada debe entenderse en el marco de una controversia jurídica sobre la autoridad competente para continuar esta investigación”. Gabriel Becerra no solo acoge sin miramientos la interpretación jurídica que hace la defensa de Uribe, sino que trata de justificar lo que claramente debe entenderse como una afrenta contra las víctimas, una contradicción ética, ideológica y política que incluso toca a su compañera María del Mar Pizarro, hija de Carlos Pizarro Leóngomez, asesinado por orden de las AUC.

En su lamentable justificación entregada a Cuestión Pública, Becerra insiste en que “por la gravedad de estos hechos consideramos indispensable que la investigación tenga plena seguridad jurídica, respete el debido proceso y sea adelantada por el juez natural…”. Si por juez natural se refiere a la Comisión de Absoluciones, lo que queda claro es Uribe será protegido por quienes hoy son mayoría de esa corporación, gracias al pacto inicial con el Centro Democrático que le aseguró al expresidente Petro que las investigaciones en su contra no prosperarán gracias a los cinco miembros del Pacto Histórico que hacen parte de la Comisión. 

Todo indica que los cinco miembros del Pacto Histórico tomaron esa decisión sin consultarle al senador Cepeda, lo que constituye un golpe ético y político a su liderazgo y un desconocimiento a su condición de actor civil y defensor de los derechos de las víctimas. Cepeda debería de pensar seriamente en abandonar la colectividad pues claramente lo hecho por sus compañeros de la Comisión de Absoluciones constituye una burla a su lucha.

Los militantes del PH cumplieron con la tarea que les encomendaron, que es fruto del primer pacto firmado con el Centro Democrático que les permitió ser mayoría para defender al expresidente Petro. ¿Fue Petro quien les dio la orden de acompañar la solicitud de Carlos Cuenca? Lo cierto es que esa decisión deja muy mal parado al PH en la medida en que confirma que como partido político mantiene la elasticidad ética y moral de las demás colectividades. Lo hecho resulta vergonzoso, bochornoso, inaceptable, oprobioso, indigno, deslinderado y aberrante. Sin duda alguna, un Pacto Histórico por la impunidad.

GOBERNAR CON LA BIBLIA EN LA MANO DERECHA



Imagen tomada de Las 2 Orillas. 


Por Germán Ayala Osorio

 

Con el nombramiento del sacerdote Rodolfo Londoño de la Espriella como delegado presidencial en cinco universidades públicas, el gobierno avanza en su proceso de regeneración social, ideológica y política que, aunque no finaliza o se agota en la idea abstracta de la Patria Milagro, resulta determinante en el objetivo final de refundar la patria a través del relato bíblico y los mitos religiosos que hacen parte de la imaginación colectiva en una sociedad creyente, camandulera, pacata, morronga, puritana, gazmoña, violenta y antiderechos como la colombiana.

Aquello de “refundar la patria” o volver a la familia tradicional en los términos que ya expone el abelardismo no está lejos de las pretensiones que quedaron consignadas en el Pacto de Ralito. Mientras volvemos a la “familia tradicional y a sus valores”, el país debe continuar con la profundización del neoliberalismo, la captura del Estado por parte de clanes políticos tradicionales, la proscripción de las ideas socialistas-comunistas-progresistas y la consecuente eliminación simbólica y física de sus voceros; el desarrollo extractivo y la expansión de la ganadería extensiva y el modelo de la gran plantación.  Todo lo anterior se mantiene con un matiz clave:  la moralización de la política y el ejercicio del poder. Lo nuevo es la naturalización del discurso moral y moralizante de las comunidades religiosas que sostienen espiritual y políticamente al jefe del Estado, quien vive su propio proceso de reconversión que lo tiene ad portas de pasar de ser presidente de la República y jefe de un Estado laico, a pensar y actuar como pastor-presidente, salvador de los colombianos y un insuperable Mesías. Un juez de la República, tímidamente, le ordena disculparse por haber convertido la sesión en el Congreso en la que fue investido como presidente de la República en una eucaristía. Ya veremos cómo reacciona el pastor-presidente.

La victoria religiosa a la que apunta conseguir De la Espriella en cuatro años- pueden ser más- está fundada en el poder del lenguaje que, con todo y sus dobleces, es clave para hacer que los colombianos vuelvan a creer en esa realidad imaginada que les ha permitido  usar a Dios para rechazar los movimientos progresistas  que le han dado vida social y política al feminismo y visibilidad a los miembros de la población LGTBIQ+ asumidos por pastores y agentes políticos provida como figuras demoniacas promotoras o fuentes de la “ideología de género” que deberán ser perseguidas y quemadas en las redes sociales convertidas en las más efectivas hogueras de estos nuevos tiempos de sobreexposición individual y narcisista.

En todo lo anterior, De la Espriella el converso, está dispuesto a gobernar para las élites tradicionales con salvedades ideológicas atadas unas, a ejercicios de la moral religiosa y otras al pasado político de hijos, esposas y familiares de aquellos que quieran llegar a cargos públicos y privados. Los nombramientos y desnombramientos de los últimos días explican con claridad el tipo de escrutinios a los que fueron sometidos funcionarios elegidos para servir al Estado o profesionales seleccionados para trabajar en el sector privado. A los casos de Carlos Sepúlveda en el DNP y al de Carolina Soto en la Cámara Colombiana de la Infraestructura se suma el de Hannah Escobar, la química farmacéutica que se opuso con vehemencia a la reforma a la salud del gobierno Petro. Por su formación y ese rasgo político fue nombrada en la Dirección de Medicamentos y Tecnologías en Salud del Ministerio del ramo. A los pocos días renunció (la renunciaron) por su postura proaborto.  Es este el elemento moral que está exponiendo el pastor-presidente y el abelardismo para determinar quién es digno o no de trabajar para el Estado. Parece que existe un círculo de poder muy cercano al presidente De la Espriella que ya funge como una especie de “policía moral” que de manera selectiva recomienda al jefe del Estado quién merece hacer parte de la Patria Milagro.

Como dije líneas atrás, el lenguaje, con todo y sus dobleces y capacidad para nombrar los fenómenos, calificar a las personas e incluirlas en los listados de los moralmente viables o inviables para trabajar en el Estado e incluso en los gremios económicos, es el factor clave en esta nueva etapa en la que entra la operación de la República. Sobre el lenguaje, Ernest Cassirer, en su libro El Mito del Estado, dice que “…no es tan solo una escuela de sabiduría; es también una escuela del desatino. El mito nos revela este último aspecto; no es más que la oscura sombra que el lenguaje proyecta sobre el mundo del pensamiento humano”.

El relato bíblico con el que De la Espriella y su séquito más cercano están enfrentando la tragedia del terremoto del 10 de agosto y la transformación moral de Colombia hace parte de esa imaginación común que les permite a millones de colombianos encontrarse alrededor del mito de la eternidad, del cielo y el infierno. Alcanzar el reino de los cielos, así toque sufrir en la Tierra la irresponsabilidad del Estado y la avaricia y la corrupción de su clase política y empresarial, es la apuesta del actual gobierno. No en vano el pastor-presidente decretó que el terremoto fue un castigo divino, una prueba: “las cosas de Dios, queridos compatriotas, solo Dios las sabe. Él decidió ponernos en esta prueba tan dura y, en su sabiduría, lo hizo justo el día en que comenzó mi mandato”.

miércoles, 26 de agosto de 2026

GALÁN: DE ALCALDE MAYOR, A SUBGERENTE

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Hay sutiles maneras de deslegitimar a los alcaldes elegidos a través del voto. Durante las administraciones de Uribe Vélez (2002-2010), sus famosos consejos comunitarios o comunales sirvieron al propósito de afianzar el centralismo, debilitar la autonomía y por esa vía someter la gobernabilidad local a los deseos del entonces jefe del Estado que, en más de 200 visitas a los territorios, “solucionaba” problemas que les correspondía asumir a los mandatarios locales. Por supuesto que los alcaldes, en total sumisión, aceptaron la intromisión del entonces presidente de la República. Antanas Mockus dijo en su momento que los consejos comunales del gobierno Uribe fue una práctica que “…no respeta la descentralización y permite que las regiones limiten sus recursos para que el gobierno los use de manera arbitraria".

En la actual coyuntura política y con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño nombrarle una “Gerente” al alcalde Mayor de Bogotá apunta a hacer lo mismo que hacía Uribe con sus consejos comunales: afianzar la centralización en medio de las críticas de De la Espriella al centralismo bogotano, ponerle cortapisas a la gobernabilidad del alcalde Carlos Fernando Galán, restarle autonomía y erosionar la imagen gerencial que de manera natural debería acompañar a todo alcalde, en particular al de Bogotá. Carlos Carrillo, exdirector de la UNGRD, consideró como “inaceptable que el presidente pisotee la autonomía de Bogotá nombrando a una aliada suya en un cargo que no existe. Bogotá tiene un alcalde, no dos; desde 1988 los alcaldes se eligen por voto popular sin interferencia del presidente”.

Aunque el objetivo de nombrar a Claudia Lucía Sandoval es “articular y hacer seguimiento a proyectos estratégicos y contribuir a resolver dificultades de ejecución, sin sustituir las competencias de la administración distrital”, lo cierto es que políticamente suena a que la presidencia de la República le está imponiendo una jefa al alcalde Mayor Carlos Fernando Galán porque no confía en sus capacidades gerenciales y ejecutorias, de ahí que se necesite controlar de cerca sus decisiones y formas de administrar la capital del país. Quizás sin proponérselo, Abelardo de la Espriella está minando la credibilidad de Galán, quien muy seguramente querrá aspirar a la presidencia en el mediano plazo.

 

El jefe del Estado justificó, en medio de las críticas, la llegada de la Gerente para Bogotá usando cuatro verbos a saber: coordinar, destrabar, articular y avanzar. ¿Acaso esos mismos vocablos no hacen parte de las funciones gerenciales que debe cumplir un alcalde? Otro asunto que le cuestionan a De la Espriella es que en campaña habló de reducir el tamaño del Estado y por esa vía disminuir los costos de su operación, disminuyendo la burocracia. ¿Cuánto salario devengará la gerente de Bogotá y de dónde saldrán esos recursos? ¿Se trata de un nuevo cargo público? ¿Sus ejecutorias estarán bajo la lupa de los organismos de control o exclusivamente bajo la auditoría de su amigo el presidente de la República?

Galán aceptó la imposición recordando sus enfrentamientos personales y políticos con el presidente Petro. Carlos Fernando Galán pasó de ser el alcalde Mayor a ser el “subgerente” de la ciudad, bajo las órdenes de Claudia Lucía Sandoval.

En las imágenes y videos publicados se ve a un Galán sometido a la voluntad del jefe del Estado. Sus gestos dan cuenta de un político que cree poder sacar ventajas políticas y electorales de las gestiones conjuntas que emprenda con la gerente. Ya veremos. Lo único que se le puede reconocer como positivo es que Galán no hizo el ridículo saludo militar y mucho menos gritó Firme por la Patria.

Lo cierto es que, por ahora, la imagen de alcalde-gerente deviene debilitada no solo por los problemas de inseguridad y la recolección de las basuras que acosan a la capital del país, sino por la actitud sumisa del alcalde Mayor de Bogotá. Quizás ya está pensando en lanzarse a la presidencia de la República. Su condición de “delfín” y la imagen de pusilánime proyectada serán serios obstáculos por vencer, aunque después de Iván Duque cualquiera puede convertirse en presidente de la República. Baste con que una parte del Establecimiento lo apoye. 


NOMBRAR Y DESNOMBRAR POR RAZONES IDEOLÓGICAS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

No cumple el mes al frente del Estado y Abelardo de la Espriella Otero (ADLA) ya deja las marcas suficientes que dan cuenta de su talante vindicativo, infantil, excluyente y autoritario con el cual mandará- gobernar es otra cosa- hasta el 2030.

El nombramiento y desnombramiento de Carlos Sepúlveda Rico en el Departamento Nacional de Planeación (DNP) por ser gay y haber colaborado en la redacción del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno de Petro confirma que al pastor-presidente lo inspiran las retaliaciones ideológicas y las prácticas moralizantes de doble rasero que en el marco de la Patria Milagro se consideran como propias de un proceso de regeneración de la sociedad. Esa es la primera marca.

La presión que ejerció De la Espriella sobre la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI) con el propósito de que sus directivas echaran para atrás el nombramiento de Carolina Soto Losada como presidenta ejecutiva es la segunda marca que ya deja el gobierno de ADLA. Este segundo caso expone asuntos políticos, ideológicos y gremiales que deben leerse desde las viejas prácticas de lo que se conoce como la “puerta giratoria” entre el sector estatal (público) y el privado y por supuesto la operación del clasismo y el elitismo en los sectores económicos de agentes de la sociedad civil instalados en la lucha política y electoral.

Blu radio, medio abelardista, dice en su plataforma que “…a través de llamadas de la ministra de Transporte, Elsa Noguera, se reclamó formalmente al gremio por haber ignorado las sugerencias del presidente de la República. Al enterarse de la situación real, la junta directiva le solicitó a Carolina Soto dar un paso al costado. Lejos de ceder inmediatamente, Soto publicó un mensaje en sus redes sociales agradeciendo el nombramiento. Esto provocó la furia de los grandes constructores del país afiliados al gremio. Firmas de la envergadura de Sacyr, Corficolombiana y Odinza notificaron que, de mantenerse el nombramiento de Carolina Soto, se retirarían definitivamente de la CCI”.

A esas circunstancias descritas por el medio oficialista se suman otras que hacen parte de las maneras en las que el poder actúa en los niveles más altos de una sociedad clasista y arribista como la nuestra. Sigamos.

Soto Losada es la compañera sentimental de Alejandro Gaviria Uribe, exministro de Educación en el gobierno Petro. Esa sería otra razón por la que ADLA presionó la salida de la ya nombrada presidenta ejecutiva de la CCI. Sin duda alguna, una retaliación de corte ideológico que, aunque no es nueva, sí debería de preocupar a los otros gremios que a pesar de no reconocerlo como miembro de clase VIP, lo votaron por el odio a Petro y al progresismo. No se descarta que sectores de la élite gremial vea al presidente de la República como un “levantado” con el que sí o sí deberán entenderse por los intereses que están en juego.

Veamos dos casos recientes en los que presidentes de la República en ejercicio interfirieron o chocaron con los nombramientos de los presidentes de Asocaña y la Federación Nacional de Cafeteros. Para el caso del gremio azucarero, en el 2020, fue elegido para presidir Asocaña Frank Pearl, quien había trabajado en el gobierno Santos en los asuntos del proceso de paz con las Farc. Desde el uribismo se presionó su salida y Asocaña dio el reversazo. La razón del desnombramiento la dio Juan Fernando Cristo: “los ingenios no aguantaron la presión del Palacio de Nariño” y que “el pecado” de Pearl había sido “ser santista y negociador del acuerdo”. Y el caso del gremio cafetero se presentó durante el gobierno Petro. El jefe del Estado tuvo agrios enfrentamientos con Germán Bahamón, presidente del gremio cafetero.

Los gremios económicos, históricamente de derecha, siempre abogan por el respeto a la institucionalidad, la democracia, la separación de poderes y la libertad de empresa. Durante el gobierno Petro, los enfrentamientos políticos e ideológicos con Fenalco y la Andi fueron frecuentes, lo que finalmente fue aprovechado en campaña por De la Espriella para mostrarse como defensor de la libre empresa y amigo del empresariado.

Lo sucedido con la Cámara Colombiana de la Infraestructura parece preocupar a los otros gremios que apenas ahora están conociendo el verdadero talante del jefe del Estado por el que ellos mismos votaron. Quedaron notificados los gremios: sus elecciones internas serán examinadas con rigor ideológico en la Casa de Nariño.

Ya la vocera del grupo Gilinski y abelardista comprometida, Victoria Eugenia Dávila está pidiendo la cabeza del eterno presidente de Fenalco. En su cuenta de X, la “periodista-periodista” espetó lo siguiente: “La ANDI requiere una renovación y una modernización. Es importante impulsar nuevas voces y liderazgos dentro del mismo gremio. Hay que reconocer la importante labor de Bruce Mac Master durante más de 15 años. Dicho eso, si las directivas de la ANDI piensan más en el pasado que en el presente, corren el riesgo de un futuro en la obsolescencia”.

 

La reacción de Alejandro Gaviria

No se descarta que la intromisión de Abelardo de la Espriella en los asuntos internos del CCI se haya producido también porque la elegida es una mujer. ADLA en campaña dejó ver visos de una misoginia igualmente ideologizada. Eso sí, varios periodistas y exfuncionarios criticaron el reversazo del gremio exaltando las calidades académicas y las capacidades de Carolina Soto Losada.

Llama la atención la reacción del exministro Alejandro Gaviria Uribe, esposo de la desnombrada presidenta de la CCI, quien se refirió al asunto desde su cuenta de X. Lo expresado por Gaviria Uribe podría tener una doble lectura. Esto dijo: “El autoritarismo desbordado de derecha es tan perjudicial como el de izquierda para el sector privado. El desprecio por la ley y por unos límites mínimos de decencia debe combatirse sin importar el color político del gobierno. El Leviatán es peligroso para la democracia y las instituciones, vístase como se vista”.

Una primera lectura apunta a que, al evitar nombrar al presidente de la República, Gaviria Uribe intenta minimizarlo haciendo una referencia si se quiere abstracta y atemporal del ejercicio del poder político. Es posible que en lo "No Dicho" el exministro esté la pequeñez que ya muchos ven en De la Espriella al inmiscuirse en las decisiones del gremio que hoy resulta clave para el proceso de reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto.  

Una segunda lectura de la reacción de Gaviria indicaría una tibia defensa de la formación y la capacidad de su compañera sentimental. ¿Miedo al jefe del Estado? El exministro pudo aprovechar el espacio para exaltar las cualidades de Soto Losada e insistir en lo peligroso que puede resultar para el país naturalizar el carácter vindicativo del presidente de la República. En un país machista y misógino como Colombia los hombres públicos con reconocimiento social y político están más que obligados a defender a las mujeres cuando por la mezquindad del poder ideologizado son rechazadas por hombres con un poder incontrastable como el del presidente de la República.

Contrario a la reacción abstracta del exministro Gaviria, su “descabezada” esposa terminó su comunicado público en el que declina a su nombramiento por la furiosa reacción que generó en el alto gobierno. “Finalmente, quiero llamar la atención sobre la importancia de la independencia de las decisiones del sector privado y del respeto del gobierno a las mismas”.





Nota: foto tomada de Semana.com

martes, 25 de agosto de 2026

EL VOTO MILITAR, OTRA VEZ

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cierto tiempo la derecha militarista colombiana vuelve a proponer que los militares puedan votar, es decir, que puedan deliberar y meterse de lleno, con las armas en las manos, en los debates públicos y privados en torno a candidaturas presidenciales.

En el pasado, desde el Partido de la U- en el 2018- y el Centro Democrático- en el 2020, alborotaron el avispero con el espinoso asunto que le apunta a modificar la Constitución, en particular el artículo 219 que señala que “la fuerza pública no es deliberante; no podrá reunirse sino por orden de autoridad legítima, ni dirigir peticiones, excepto sobre asuntos que se relacionen con el servicio y la moralidad del respectivo cuerpo y con arreglo a la ley. Los miembros de la fuerza pública no podrán ejercer la función del sufragio mientras permanezcan en servicio activo, ni intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

Ahora, en el 2026, la propuesta sale de las manos aún camufladas del senador Germán Rodríguez (Salvación Nacional), mayor retirado de la Infantería de Marina, quien presentó el proyecto de ley con el ya señalado objetivo. La iniciativa legislativa requerirá de un largo y arduo trámite legislativo. Más allá de lo que pueda o no suceder al interior del Congreso, la propuesta cobra mayor relevancia -y peligro- en estos momentos en los que el gobierno de Abelardo de la Espriella Otero lidera el Proyecto de Regeneración Ideológica y Social (PRIS) que ya empezó con la anunciada “batalla cultural” que muy seguramente apelará al uso de la fuerza oficial para disciplinar a los agentes sociales (civiles) que se opongan a las nuevas condiciones que se impondrán en el contexto del PRIS: el retorno a la familia tradicional, educación confesional en todos los colegios, vigilancia y control de lo que se dice en las redes sociales y formación académica universitaria alejada de la dimensión humanística, del pensamiento crítico y sistémico.

Detengámonos un momento para recordar a Martha Nussbaum y lo consignado en su libro Sin fines de lucro, por qué la democracia necesita de las humanidades. Mientras que la autora establece una maravillosa conexión entre educación y democracia, la “batalla cultural” (religiosa) que ya libra el actual gobierno apunta a anular esa conexión en aras de imponer el relato bíblico como verdad absoluta y con éste la obediencia a ciegas a lo que Dios les ordene hacer a militares, policías y al gobierno del pastor-presidente.

Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo”. Sigamos.

Permitir que los militares deliberen y voten constituye un riesgo para la democracia y en particular para el pensamiento liberal, divergente, para la civilidad, el progresismo, y la izquierda; así como para las víctimas de los crímenes de Estado (Falsos positivos), defensores de los derechos humanos y de la paz como camino para ponerle fin al degradado conflicto armado interno y a los objetores de conciencia. El fenómeno paramilitar no pudo haberse consolidado y extendido en el tiempo y por los territorios del país sin la doctrina del enemigo interno que los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque ampliaron su aplicación a específicas comunidades que las fuerzas militares y organismos de inteligencia estatal asociaron con la operación de las guerrillas: gente de izquierda, mamertos, músicos, profesores, investigadores sociales y ambientalistas.

Así las cosas, la pretensión del senador Rodríguez llega en el peor momento para la República y en el mejor para el régimen de mano dura que apenas está tomando vuelo en el gobierno del pastor-presidente Abelardo de la Espriella Otero. Ya el país sufrió en el pasado las acciones de los Chulavitas. No vaya a ser que por cuenta de la participación en política de policías y militares broten de las guarniciones y escuelas de Policía los “Abelardistas”, policía moral que a sangre y fuero patrullarían calles y campos para someter a quienes se opongan a las acciones de reconversión religiosa, persecución a impíos, homosexuales progresistas, agentes liberales, tatuados, mechudos y miembros de la población LGTBIQ+, ambientalistas y opositores a la minería y al fracking, entre otros, considerados como ciudadanos incómodos para el régimen proto teocrático que en ciernes le apunta a disciplinar a millones de colombianos que perdieron el rumbo, es decir, que se salieron del rebaño.


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