jueves, 7 de mayo de 2026

PALOMA VALENCIA EN EL “PAÍS DE LOS JÓVENES”




Por Germán Ayala Osorio

 

La candidata presidencial e “hija” del expresidente Uribe también tuvo su encuentro con El País de los Jóvenes, el espacio que el Canal Caracol abrió para que los presidenciables conversaran con jóvenes de cada región del país. Un falso “cara a cara”, una puesta en escena de Noticias Caracol, un actor político defensor del Establecimiento y del uribismo.

Del encuentro entre Paloma Valencia llaman la atención dos asuntos: el primero, inician con dos temas “fríos” de fácil abordaje para la candidata y con una transformación en el tono: redes sociales y su impacto en la democracia y los Consejos de Juventud; y el segundo, que Paloma Valencia ya está hablando “paisa” tal y como su mentor y “padre”, Álvaro Uribe Vélez.  

Digamos que la candidata presidencial se defendió bien, a pesar de que apeló a “lugares comunes”, alejada eso sí de conceptos clave: democracia, opinión pública, verdad, censura, autocensura y posverdad.

La tercera pregunta fue sobre los criterios técnicos y científicos que tendría al momento de aplicar la técnica del fracking. Valencia Laserna ha dicho en reiteradas ocasiones que en su gobierno apelará a dicha técnica de fracturación hidráulica para la extracción de gas.  Esto dijo la nieta de Guillermo León Valencia: “La técnica del fracking lleva más de 20 años aplicándose en USA”. Habla de una costosa importación de gas, pero no dice que es Sarmiento Angulo uno de los agentes económicos involucrados en el negocio. Incluso hizo referencia de un riesgo de apagón por el fenómeno del Niño. Terminó su intervención hablando del problema de la deforestación y de su cura: “se cura con recursos de la industria minero-energética a través de las regalías. La protección de la Amazonia no es de discurso, sino con recursos”.

Una leve rechifla se escuchó del aconductado y selecto grupo de jóvenes. No hubo contra pregunta de parte del muchacho que puso el tema del fracking. El “diálogo” continuó. Otra joven habló de descentralización para disminuir brechas de desigualdad. Valencia Laserna no respondió. Esto dijo: “Cómo enriquecemos lo rural: lo haremos a través de la conexión con vías terciarias (placas huellas) y maquinaria amarilla. Y terminó con la conexión digital y créditos agrarios para los campesinos”. Al final, en un discurso un tanto desordenado y deshilvanado, hizo referencia al tema de la descentralización planteado por la joven.

Insisto: el formato está diseñado para que el candidato haga un despliegue de ideas y propuestas con la confianza de que nadie con criterio le saldrá al paso para controvertirlas. Así las cosas, no se trata de un diálogo horizontal, sino de una pantomima con la que Caracol y Noticias Caracol usa a los jóvenes para sus propósitos políticos y electorales.

Casi al final una de las jóvenes seleccionadas le tocó el tema de la población con discapacidad. La joven le entregó un documento elaborado por un grupo de personas pertenecientes a ese tipo de población. Un texto con 12 compromisos. “Queremos que nos escuche”.  Una oportunidad para vender la idea de una candidata que escucha a los jóvenes. Nuevamente una puesta en escena.

Un joven tocó el tema de la seguridad democrática y le preguntó si mantendría los perversos incentivos a los militares para producir bajas. Valencia repudió los “falsos positivos”, los llamó crímenes. La propia JEP dijo que esos crímenes obedecieron a ciertas personas y que no obedecieron a una política sistemática. Aunque es cierto que el alto tribunal descartó que se trató de un plan sistemático, pero actualizó la cifra de ejecuciones extrajudiciales. Al final, Valencia Laserna defendió los resultados de la seguridad democrática e insistió en que militarizará la vía Panamericana que atraviesa el departamento del Cauca.

El tonito paisa de Paloma Valencia es quizás lo más destacable en su encuentro con los muchachos (as), porque ya el país conoce que la “hija” o “muñeca” de Uribe: a ella no le cabe el país en la cabeza. Su formación conceptual es débil. Los problemas del país los aborda desde la superficialidad y la experiencia de una política que lleva viviendo en una burbuja que le impide entender y comprender los problemas de un país complejo y casi ingobernable como Colombia.


PALOMA VALENCIA “DEBATIÓ” CON UN HOLOGRAMA DE IVÁN CEPEDA

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Ante las dificultades[1] para organizar debates entre los candidatos presidenciales, a la campaña de Paloma Valencia Laserna le pareció genial apoyarse en la IA (Inteligencia Artificial) y recrear un “debate” con Iván Cepeda Castro. El ejercicio les salió bastante mal: fracasaron con rotundo éxito al diseñar una imagen holográfica de Iván Cepeda, convertido este último en la obsesión-preocupación de la derecha ante la posibilidad de que el progresismo triunfe en primera vuelta.

Una vez la moderadora lanzaba preguntas a ese fantasmal y difuminado candidato presidencial, la imagen se esfumaba del escenario dejando un humo gris. De inmediato, Paloma Valencia, la “hija” del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, respondía los interrogantes mirando a un imaginado y ausente Iván Cepeda. Una exposición de ideas propias de un frenético soliloquio.  

Por supuesto que Valencia Laserna se notó segura, confiada y empoderada en el imaginado escenario. Y era apenas lógico que la obsecuente candidata del uribismo contestara de buena manera las preguntas: no estaba Cepeda para debatir sus propuestas. Resulta bastante fácil “debatir” con una imagen holográfica.

En el pasado, el títere de Uribe que pernoctó por cuatro años en la Casa de Nari se auto entrevistó en su fluido inglés. En esta ocasión, Valencia Laserna “debatió” sola y “ganó” el debate: venció a un Cepeda inexistente.

Por estos días jugar con la IA hace ya hace parte de las dinámicas de las redes sociales e incluso de sectores de la producción. Y la verdad es que logran productos que causan hilaridad. Lo hecho por la campaña de Paloma Valencia logró llamar la atención de las audiencias, las entretuvo e hizo reír con un producto audiovisual que da cuenta del verdadero talante del uribismo y de la derecha: (re) crear realidades especialmente catastróficas para manipular a las audiencias que piensan que efectivamente que esas circunstancias sucedieron o se pueden dar si el progresismo logra continuar en el Casa de Nariño. También tienen la facultad de engañar: baste con recordar una de las propuestas de la campaña de Duque presidente: “menos impuestos, más salarios”. Años después, llegaría el primer presidente de “izquierda” (progresista, realmente) a reivindicar los derechos de los y las trabajadores: subió el salario mínimo e intentó que los ricos pagaran más impuestos, pero la institucionalidad judicial lo impidió.

Llevan casi cuatro años con su maliciosa y maledicente “inteligencia” diciendo que a Colombia llegaría el neocomunismo, que caería en una crisis social y económica jamás vista; que Petro se convertiría en un dictador tipo Videla, Massera, Galtieri, Stroessner o Pinochet. Mientras que los tozudos hechos sociales y los indicadores del DANE desmienten la realidad catastrófica recreada, Paloma Valencia Laserna confirma que efectivamente han tenido poca inteligencia al momento de ser y hacer oposición. Siguen leyendo mal el país y una parte de este, cambió. Le apuestan a seguir jugando con el país y la inteligencia de los colombianos. Como dicen por ahí, “sigan con esa yuca”. Ahora usan la IA para desvanecer a Iván Cepeda Castro, el candidato que les quita el sueño y la tranquilidad.

 

Adenda: siguiendo con la capacidad de los uribistas para generar risa, reapareció en los medios la precandidata del Centro Democrático, María Fernanda Cabal. Dijo que Uribe Vélez no era de “derecha”, que era un “socialdemócrata”. Hay que reconocer que Cabal tiene un gran sentido del humor. El exmandatario antioqueño tiene de “socialdemócrata” lo que Iván Duque tuvo de presidente de la República.



[1] El candidato Iván Cepeda exigió garantías para asistir a debates. Además, redujo la posibilidad a debatir a un encuentro con los dos candidatos de la derecha, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Dichas garantías consisten, básicamente, a la presencia de un moderador-periodista “neutral”. También, a que no se hagan ataques personales y calumniosos como los que a diario recibe de la derecha: que es el heredero de las Farc, por ejemplo. A pocos días de la primera vuelta, la posibilidad de que se dé un debate entre los candidatos se desvanece.

miércoles, 6 de mayo de 2026

PRIMO DE PALOMA VALENCIA OBLIGADO A DEVOLVER EXTENSO BALDÍO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La tierra en Colombia ha sido, históricamente, la fuente de conflictos étnicos y políticos, expresados estos últimos en lo que se conoce como el conflicto armado interno. Esas dinámicas armadas terminaron generando procesos de concentración de la tierra por desposesión, validados por gobiernos de derecha y agentes económicos de la sociedad civil atados a las lógicas e intereses del modelo de la gran plantación caracterizado por la siembra de monocultivos como la caña de azúcar y palma africana altamente disruptivos. Sin duda alguna, el reflejo del perfil feudal de una élite precapitalista y rentista.

Bajo esas circunstancias, los baldíos jugaron un papel protagónico gracias a que particulares, hijos o primos de la élite dominante se apropiaron de cientos de miles de hectáreas de esas tierras que por ley deberían pasar a manos de campesinos interesados en aportar a la autonomía y soberanía alimentarias.

El caso del primo de la candidata presidencial del uribismo, Paloma Valencia Laserna resulta paradigmático porque ilustra con precisión que las prácticas ilegales, esto es, la violación de la ley, terminan legitimadas por las relaciones familiares y políticas de una derecha enemiga del campesinado y de la reforma y la jurisdicción agrarias. Nicolás Laserna explotó a su antojo y por 10 años, más de 6100 hectáreas de un baldío de la Nación. Tuvo que llegar un gobierno progresista interesado en consolidar la imaginada reforma agraria para recuperar dichos terrenos adquiridos “legalmente” por el primo de la candidata presidencial. La Agencia Nacional de Tierras, en cabeza de Felipe Harman confirmó la recuperación del extenso baldío.

Los terrenos baldíos ocupados por Laserna están ubicados en el Vichada, departamento que sigue siendo considerado por la derecha que representa Paloma Valencia como parte de lo que en el marco de la Constitución de 1886 se conoció como los “territorios nacionales”, categoría que, con toda su carga eufemística, sirvió a las familias poderosas con conexiones en centros de poder político a hacer y deshacer en esos departamentos en los que el Estado brilla por su ausencia y decisión del centralismo bogotano.

Por estar íntimamente ligado a la moral uribista, las acciones ilegales cometidas por el primo de Paloma Valencia Laserna resultan legítimas. Es más, bajo esa particular moral, bien podría tratarse de “errores involuntarios” de la tradicional gente de bien. Lo mismo sucedió con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, quien en el pasado se apropió de El Laguito 2, un baldío que el ventajoso político antioqueño explotó a su antojo. Gracias a las gestiones y presiones del senador Wilson Arias, acompañado por la Contraloría y otras instituciones estatales, el exmandatario se vio obligado a devolver el baldío que muy seguramente se apropió y explotó por “error”. A lo mejor, siguiendo la lógica del Chavo del 8: “fue sin querer, queriendo”.

Alirio Barrera, congresista del Centro Democrático tiene abierto un expediente en la Agencia Nacional de Tierras (ANT) al parecer por posesión ilegal- léase por “error involuntario”- de baldíos de la Nación. El Tiempo, periódico uribizado dice que “el expediente administrativo que posee la ANT no es por acumulación de terrenos que actualmente ostenten la vocación de baldíos, sino por la acumulación de bienes que tienen un origen baldío”.

Baste con estos tres casos para entender que el uribismo es la inmoral doctrina política de una derecha enemiga de la reforma agraria y del campesinado. Los baldíos para su más visibles representantes son tierras abandonadas que tienen que ser explotadas por quienes tienen el suficiente músculo financiero y fuertes conexiones políticas. Finalmente, Nicolás Laserna, Álvaro Uribe y Alirio Barrera no violaron la ley: cometieron errores involuntarios. Punto. La candidata presidencial, "hija" de Uribe, defiende a su primo y al senador Alirio Barrera porque Paloma Valencia es enemiga del campesinado y de la idea de consolidar un Estado al servicio de la seguridad alimentaria. 




martes, 5 de mayo de 2026

DE LA ESPRIELLA EN “EL PAÍS DE LOS JÓVENES”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Caracol Televisión y su  Noticias Caracol son una fábrica de realidades que se ajusta con inusitada perfección a su rol de agente político y periodístico, defensor del Establecimiento colombiano. En el actual escenario electoral, su línea editorial claramente apunta a posicionar y tratar con pinzas a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, los candidatos presidenciales de la derecha uribizada. Lo contrario sucede con Iván Cepeda, candidato del progresismo al que confrontan y tratan de acorralar con preguntas y comentarios cargados ideológicamente.

Con el proyecto Colombia Decide, 2026, El País de los Jóvenes, Caracol Televisión organizó y transmitió un encuentro entre Abelardo de la Espriella con jóvenes que, de acuerdo con María Alejandra Villamizar, la conductora del programa, “representan a todas las regiones de Colombia”.

Varias cosas salieron mal en este primer ejercicio “dialógico” entre De la Espriella y el grupo de jóvenes que interactuó con el candidato presidencial. Lo primero que hay que decir es que se trató de una “puesta en escena” a través de la cual se le hace creer a las audiencias que habrá un diálogo fluido entre los muchachos y el político que insiste en que no lo es.

Villamizar saludó amablemente al aspirante presidencial. Lo llamó Abelardo. ¿Haría lo mismo con Cepeda? Una joven de apariencia indígena, al parecer Nasa, dio inicio al supuesto diálogo. Su presencia se explica quizás por el reciente atentado terrorista ocurrido en la vía Panamericana, a la altura de El Túnel (Cajibío, Cauca). Ahí hay un sutil uso de una coyuntura política muy bien explotada y extendida por Caracol en favor de los candidatos de la derecha que solo ofrecen seguridad (bala, bala y bala).

La inquietud de la joven de apariencia indígena giró en torno a la autonomía de los pueblos indígenas del Cauca. De la Espriella no contestó debidamente la pregunta de la muchacha. El formato está diseñado para que el candidato se extienda en temas recurrentes y caiga en lugares comunes como “recuperaremos la seguridad, duro con los bandidos y trato amoroso con los colombianos de bien”. Nadie lo confrontó.  Eso sí, Villamizar recogió lo que parece haber sido un acordado rechazo del público, tibio por demás, por algo que dijo el abogado que asegura que la “ética nada tiene que ver con el derecho”.

En otras apariciones de jóvenes, De la Espriella insistió en decir que él “no pertenece a la clase política tradicional”. Curioso. Su fórmula vicepresidencial es un político tradicional y agente del Establecimiento. Además, Abelardo de la Espriella dijo que “venía de la empresa privada, que era exitoso y de contera, un macho cabrío que en sus tiempos de universidad actuaba como un verdadero “pica flor” y un “galán” de telenovela mexicana. Dejó salir algo de su megalomanía.

Su cercanía a Bukele la expuso otro de los muchachos. El candidato lo confrontó y le dijo que él no propuso “pena de muerte” para los “malos”. Habló de “cadena perpetua” y de la construcción 10 mega cárceles.  Otra vez el populismo punitivo. Nadie lo confrontó. Al candidato “mata gatos” (bueno, al parecer solo asesinó a un micifuz en su adolescencia) le preguntaron que, si seguiría la línea represiva contra los jóvenes implementada por el presidente argentino, Javier Milei. De la Espriella negó e insistió en la idea de reducir el tamaño del Estado (cerrar embajadas), postura neoliberal que nadie criticó en el auditorio. Insisto: el formato se diseñó para que el candidato presidencial de la derecha se extendiera en sus ya conocidos lugares comunes. Jamás hubo una propuesta concreta.

“No soy un mercader de ilusiones”. “Hago parte de los que nunca gobernaron o contrataron con el Estado. Juan Poe, en su cuenta de X expuso contratos con el Estado de la firma de abogados de Abelardo de la Espriella. “Uno, durante el gobierno de Santos por 600 millones de pesos con el Fondo de Adaptación y otro en la administración de Iván Duque con el ICBF por 221 millones de pesos”. De la Espriella no es precisamente un outsider. Mas parece un mediocre actor que aprovechó el teatrino democrático que le montó Caracol Televisión.

El histriónico y anodino candidato presidencial mira a la cámara y termina diciendo “firme por los jóvenes, firme por la Patria”. El papel de Villamizar es funcional a la estrategia del candidato. No hubo diálogo y Caracol Televisión irrespetó a los jóvenes, pues el País de los Jóvenes es apenas un eslogan. El programa se emitió en horario castigado (a las 10:30 pm). Todo mal.




lunes, 4 de mayo de 2026

LA SILLA VACÍA Y REVISTA RAYA, PROTAGONISTAS DE UNA CRISIS

 


Por Germán Ayala Osorio

En la disputa entre quienes defienden a la Revista Raya y a La Silla Vacía (en adelante, LSV) subsisten elementos ideológicos y periodísticos que develan una realidad inobjetable: el rigor y la manida objetividad periodística entraron en una profunda crisis por cuenta, justamente, de los intereses económicos y políticos que acompañan los ejercicios analíticos-informativos que los señalados medios han realizado.

El cruce de cartas- firmadas por distinguidos colombianos- reclamando legitimidad en disímiles grupos de las audiencias confirma el afán de ambos medios por ocultar sus preferencias e intereses en medio de una campaña electoral en la que a los periodistas que están detrás de la revista Raya les conviene la continuidad del proyecto progresista; lo mismo sucede para aquellos que hacen parte de LSV: les convendría el regreso de la derecha uribizada con la que en el pasado tuvieron relaciones comerciales que afectaron la “independiente” línea editorial del medio que orienta Juanita León.

Voy a decirlo sin ambages: ni Raya y mucho menos LSV son medios independientes. Raya deviene atado a las dinámicas informativas a las que debió apelar el gobierno Petro ante la andanada de ataques informativos y políticos de la prensa hegemónica (empresas grandes y portales como LSV). La actitud hostil de los periodistas de Caracol y RCN, La W, La FM, Blu radio, El Colombiano, El País de Cali y El Heraldo obligaron a los más cercanos colaboradores de Petro, entre ellos Holman Morris, a diseñar estrategias de contra discurso para confrontar a unas empresas mediáticas que siempre negaron ser actores políticos. Y lo hicieron apelando a las libertades de prensa y opinión. Se dieron cuenta, un tanto tarde, de que no era suficiente con que el presidente Petro enfrentara a la oposición periodística y política desde X, su red social y trinchera preferida desde donde se defiende de las mentiras de una prensa hegemónica que enterró en un barrizal la ética del oficio.

Habrá quien pueda llegar a pensar y decir que esa realidad que toca a los dos medios resulta peor para el caso de La Silla Vacía y su propietaria Juanita León, por tratarse de un medio privado con relaciones políticas que le permiten sobrevivir en un país como Colombia en donde hacer empresa periodística resulta casi siempre en una quijotada. El Estado debería de financiar a medios privados, en particular a portales, periódicos y emisoras pequeñas, sin importar su línea editorial.

También podría señalar que Raya y el conjunto de medios públicos (RTVC) están siendo usados por el gobierno Petro para defenderse de los ataques de específicos agentes de la sociedad civil empeñados en generar miedo e incertidumbres en los colombianos, inventando que el país va en caída libre por el despeñadero del comunismo. Se trata de recursos estatales que deberían estar al servicio de los colombianos y no defendiendo la causa petrista, por más que ésta represente el carácter colectivo que se espera de la operación de instituciones del Estado colombiano. Ambas lecturas son posibles.

En ese cruce de señalamientos entre Raya y LSV a propósito del proyecto Júpiter hubo errores de lado y lado. La disputa ideológica, económica y política deviene tan enconada que los periodistas de lado y lado no ven que en el fondo el “oficio más hermoso del mundo” está comprometido en esas reyertas discursivas. Porque si hay algo nos distingue como periodistas es la falta de auto crítica. Eso sí, tenemos la capacidad para ocultar los errores y la toma de partido apoyados en los derechos a informar y a opinar en un país que no lee, o que lee mal y que piensa que ese Otro que no piensa igual es el enemigo.

Por todo lo anterior, no defiendo a la revista Raya y a La Silla Vacía. Me paro en la raya para gritar que la credibilidad del periodismo quedó comprometida en ambos ejercicios. Al final, a LSV le desnudaron sus intereses y cercanías con el uribismo, hecho ético-político que afectó la credibilidad del taburete desde el que Juanita León sigue pontificando sobre ética, rigor periodístico, independencia y objetividad periodísticas.



domingo, 3 de mayo de 2026

CEPEDA TIENE BIBLIOTECA; DE LA ESPRIELLA, ARMERILLO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Para explicar las diferencias éticas y morales entre Iván Cepeda Castro y Abelardo de la Espriella bastaría con ver la imagen que encabeza esta columna de opinión.

El primero, suele grabar audio columnas con el fondo de su amplia biblioteca que, a juzgar por la forma en la que se expresa y escribe sus discursos (la derecha habla de “papelitos”), es apenas lógico concluir que los libros allí presentes no están de adorno y que efectivamente fueron leídos o por lo menos consultados por el candidato presidencial del progresismo; mientras que al candidato de la ultraderecha le encanta posar con armas de fuego que representan a los sectores de poder que apoyan su caricaturesca y ladina campaña y al propio Abelardo de la Espriella quien cree a pie juntillas en la violencia legítima del Estado y en la que ejercieron y puedan ejercer en el inmediato futuro estructuras paramilitares a las que como abogado asesoró.

Estamos ante dos hombres distintos que representan a disímiles modelos de Estado y Sociedad. El abogado “mata gatos” se muestra como un “patriota” defensor de la patria y de las arbitrariedades cometidas desde el inicio de la República por creer que las desavenencias y conflictos siempre será mejor tramitarlos a través del uso de las armas. ¿Para qué normas, protocolos, diálogos y procesos judiciales si tenemos armas con las que se pueden atemorizar, asesinar testigos y amedrentar jueces? Esa parece ser la pregunta que sirve de enlace ético y moral entre las armas que exhibe De la Espriella en su armerillo.

Cepeda Castro defiende la democracia y los derechos humanos, sin desconocer la “necesidad” de que existan las armas de la República para defender la soberanía nacional en caso de una amenaza internacional; infortunadamente, ese mismo poder bélico ha sido usado en esta guerra fratricida en la que llevamos más de 50 años.

Mientras que Cepeda propone discusiones conceptuales derivadas de años de lectura de libros clave para entender el conflicto, la política y el devenir de la condición humana, Abelardo de la Espriella es monotemático, conceptualmente débil y proclive a resolver las diferencias y los conflictos a través de litigios jurídicos con los que, por ejemplo, amedrenta periodistas que osaron hurgar en su pasado.

Cepeda es un humanista; De la Espriella, un abogado que colecciona armas de fuego. Punto. Si usted vota por el primero, lo más probable es que su vida haya estado atada a la lectura y a los diálogos horizontales y respetuosos en medio de las diferencias políticas. Si por el contrario Usted vota o conoce a alguien que lo hará por Abelardo de la Espriella es fácil concluir que ambos han vivido sin leer y probablemente muy cerca de chafarotes que desprecian la vida de aquellos que se atrevieron a pensar y a leer.




¿QUÉ REPRESENTAN VALENCIA, DE LA ESPRIELLA Y CEPEDA?

 

Por Germán Ayala Osorio

De la Espriella y Paloma Valencia Laserna son hijos y dignos representantes de la Colombia premoderna, insolidaria, violenta, neoliberal e individualista. Ambos promueven la idea de un Estado corporativo puesto al servicio de precapitalistas y rentistas que desdicen de sus procesos civilizatorios lo que les permite aportar a la consolidación del racismo estructural y del siempre malicioso clasismo. 

Usan los conceptos de Libertad, Capitalismo y Democracia para meterle miedo a los colombianos a los que la derecha mediática y política lleva más de 50 años asustándolos con el fantasma del “comunismo”. Para Valencia y De la Espriella la libertad tiene la siguiente acepción: “la facultad de que todos aquellos que ostentan poder hegemónico puedan disponer de los recursos que brinda un país biodiverso como Colombia e incluso de la vida de gente incómoda como indígenas, campesinos y pueblos afros”.

Frente a la idea de Capitalismo, estos dos ladinos políticos y fichas del Establecimiento lo entienden en sus etapas más tempranas. Más bien lo piensan desde el carácter feudal con el que han logrado mantener relaciones de dominación económica, social y política que convirtieron a Colombia en una mega hacienda repartida entre 4 ó 5 familias poderosas que insisten en extender en el tiempo el modelo de la gran plantación en donde realmente se sienten cómodos en sus roles de patronos, señores feudales o neo encomenderos.

En cuanto al significado del concepto Democracia, ambos policastros la asumen como un régimen de poder en el que una minoría poderosa está obligada y autorizada, por tradición, a someter a las grandes mayorías. Se sienten orgullosos de esa idea que señala que “Colombia es la democracia más antigua de América”, frase eufemística con la que lograron por muchos años minimizar o esconder las realidades antidemocráticas de un régimen de poder mafioso y violento. Baste con recordar los episodios de la época de la Violencia, la alianza paramilitar establecida por miembros de una élite criminal y los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos y Duque. El común denominador de esas administraciones es la violación sistémica, sistemática y dirigida de los derechos humanos de aquella gente vista históricamente como “indeseable e incómoda” de la que había, sí o sí, “sacar de circulación”. Las sobrevivientes “guerrillas de izquierda” se parecen mucho a los actores políticos y armados con los que la ultraderecha masacró campesinos, asesinó a los militantes de la UP y capturó instituciones del Estado.

En contraste con lo que representan Paloma Valencia, la “hija” de Uribe y el abogado pica pleitos que insiste en que la ética nada tiene que ver con el derecho, el candidato del progresismo, Iván Cepeda Castro llega a la contienda electoral con unas conceptualizaciones disímiles alrededor de los vocablos Libertad, Capitalismo y Democracia. Frente al primero, Cepeda cree en una libertad con límites para los poderosos que se aprovecharon siempre de la captura mafiosa del Estado o promovieron su debilidad para operar desde los intereses de clase de una élite aviesa que manda aún sin una idea consolidada de Nación. En cuanto al Capitalismo, Cepeda, al igual que Petro, cree que con ese sistema de producción se puede garantizar bienestar colectivo. No habla de socialismo y mucho menos de comunismo. Le apunta a socialdemocracia y a la generación de riqueza que coadyuve a superar la vergonzante pobreza y las inequidades.

En el caso de la Democracia, Cepeda cree en el diálogo horizontal entre diferentes para llegar a consensos; le apunta al cumplimiento de lo prescrito en la Carta Política a través de instituciones estatales, organizaciones sociales, partidos políticos y los gobiernos progresistas instaladas en la Modernidad a la que siempre le huyeron Valencia y De la Espriella. Cepeda defiende los derechos de las minorías maltratadas, discriminadas y violentadas por privados y el propio Estado capturado este último por las élites que representan los candidatos que Uribe quiere imponer.

Que Paloma Valencia diga que “Uribe es su papá” y que para Abelardo de la Espriella el político antioqueño sea su “referente ético-político y un patriota ejemplar” explica con claridad que para los dos candidatos presidenciales lo más importante no es el Estado, las instituciones  y la construcción de una verdadera Democracia, sino los individuos con poder y capacidad para someter a quienes reclaman el derecho a vivir bajo la protección de un legítimo, ejemplar y viable Estado Social de Derecho.  A manera de conclusión: Cepeda le apunta a consolidar la Nación imaginada y soñada por quienes creen que nos merecemos, como pueblo, otra suerte; mientras que la “hija” de Uribe y De la Espriella, representan el pasado y le apuntan a mantener las condiciones propias de un Estado fallido o semi fallido, escenario en el que la derecha se siente a gusto.

Adenda: Sergio Fajardo y Claudia López jamás supieron construir un centro político porque ellos coquetean con la élite premoderna que lleva años manipulando los hilos del poder económico y político. Sus candidaturas no le apuntan a un cambio, ni siquiera a un ajuste en las  lógicas del poder hegemónico. 



sábado, 2 de mayo de 2026

CON IVÁN CEPEDA NACE EL “VOTO SILENCIOSO”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En reciente entrevista el candidato presidencial Iván Cepeda Castro habló del “voto silencioso” que muy seguramente compite o coexiste con los llamados “voto útil”, “amarrado o comprado” y el de “opinión”.

Ubiquemos el “voto silencioso” en dos escenarios posibles en los que podría aparecer para darle el triunfo en primera vuelta al candidato del progresismo y de una izquierda democrática y moderna, tal y como es su aspiración. Estos son los dos escenarios: 1. El de la Colombia profunda; y 2, el del miedo al rechazo social.

El “voto silencioso” que brote de la Colombia profunda se daría en respuesta a los procesos demoscópicos de las encuestadoras que suelen concentrar sus ejercicios de recolección de opiniones y percepciones de los posibles votantes en ciudades capitales y algunos sectores rurales, sin llegar a aquellos lugares en donde conviven comunidades indígenas y campesinas alejadas del “país político”, esto es, aquel que  atado a las dinámicas de urbes como Bogotá, Cali y Medellín, por nombrar a las más grandes del país, se olvidan de la existencia de esos connacionales que sobreviven en medio de la ausencia del Estado.

En cuanto a los “votos silenciosos” que puedan aparecer en el segundo escenario se explican por el miedo al rechazo social que puedan sentir cientos de miles de ciudadanos que sin ser petristas reconocen que este gobierno ha hecho ingentes esfuerzos por mejorar la calidad de vida de millones de colombianos.

En medio de un ambiente de polarización como el que se respira en el país pueden manifestarse algunos elementos de la Espiral del Silencio de la que habló en los años 70 Elizabeth Noelle-Neumann. El miedo al rechazo social puede ser el parapeto en el que se esconden aquellos ciudadanos que pueden sentir miedo a ser señalados e incluso excluidos por apoyar un proyecto progresista en ambientes familiares y empresariales uribizados o expuestos a diario a los discursos catastrofistas de los medios masivos de información.

Esos “votos silenciosos” de ese segundo escenario representarían el rechazo absoluto a las narrativas catastrofistas de las empresas mediáticas que llevan más de tres años diciendo que el país va por mal camino: dijeron que nos “íbamos a convertir en Venezuela o Cuba, que no habría papel higiénico, que habría expropiación y que el Estado acabaría con las empresas privadas; que Petro se quedaría en el poder y se convertiría en un dictador; que el país sufriría un apagón” igual o peor al que vivimos durante el gobierno neoliberal de César Gaviria Trujillo. A pocos meses de terminar el mandato, los banqueros y familias más ricas del país aumentaron sus riquezas y no se impuso el “comunismo”.

Así las cosas, el “voto silencioso” del que habla Cepeda entra a competir con los votos de “opinión, el útil y los amarrados”. Y nace como respuesta a la mala leche de unas empresas mediáticas que se olvidaron de la deontología del periodismo para convertirse en actores políticos y fábricas de mentiras y lecturas amañadas de los hechos noticiosos y de los logros de un gobierno que, a pesar de no tener el poder, ha logrado avances significativos en asuntos como la reforma agraria y la reivindicación de los derechos de población más vulnerable, la dignificación de los trabajadores de la salud y de otros asalariados, así como el mejoramiento de las condiciones de vida de militares y policías.




viernes, 1 de mayo de 2026

MATARIFE ABOGANSTER, EL NUEVO OBJETIVO DE LA “REVOLUCIÓN CREATIVA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal desnudó y universalizó los finos hilos de la inmoralidad con los que Álvaro Uribe Vélez tejió su oscuro, criminal, incontrastable y al parecer perenne poder.

El penalista y realizador usó el lenguaje audiovisual para narrar la historia del político que más daño le ha hecho a Colombia: Álvaro Uribe Vélez. Con su espíritu contestatario, el dominio del enrevesado mundo jurídico y la conexión de innumerables hechos políticos y titulares de prensa le contó al país verdades que la prensa hegemónica se empeñó en ocultar del turbio pasado del político,  hijo de Salgar, Antioquia. Había en esos productos audiovisuales momentos de rigurosidad periodística, acompañada de referencias bibliográficas y autores como Klaus Roxin, con el texto La autoría mediata por dominio en la organización, que aportaron a quienes de tiempo atrás hemos seguido críticamente la trayectoria política de Uribe Vélez.

Los últimos productos audiovisuales dedicados a develar la estructura (in) moral de Abelardo de la Espriella están lejos de la rigurosidad de varios de los episodios de la serie Matarife. Bajo el nombre de Matarife Aboganster, Mendoza Leal quiere desnudar al candidato presidencial de la ultraderecha. Y lo logra en por lo menos tres de los seis capítulos dedicados al fatuo corroncho que considera la comida colombiana como un potaje carcelario, que la ética nada tiene que ver con el derecho o que la vida de los gatos es tan insignificante que bien pueden morir amarrados a juegos artificiales.

El último episodio llamado “Justicia garosa” es un producto audiovisual mediocre en el que a Mendoza Leal le parece que a las audiencias cautivas y furtivas les puede interesar sus angustias existenciales y los efectos psicológicos dejados por la tragedia colombiana en la que el Estado es un aparato organizado de poder (criminal) consolidado como tal entre 2002 y 2010. Por largos tres minutos, de los 17 que dura el episodio, Mendoza Leal divaga en una oda egocéntrica que impide realmente tejer los rojizos hilos maliciosos de la vida de Abelardo de la Espriella, “objetivo audiovisual” de la “Revolución creativa” que propone Mendoza Leal.

Nadie niega el valor y el atrevimiento de Daniel Mendoza al meterse con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe, un hombre que genera verdadero terror en quienes conocen de su verdadera naturaleza política. Su aviesa condición humana no parece asustar al penalista y realizador audiovisual. Que se asemeje a la historia de Juan Sin Miedo no significa que las audiencias, furtivas o no, estén interesadas en conocer de las angustias existenciales del realizador. Entre menos aparezcas en los relatos, mucho mejor, estimado Daniel.




jueves, 30 de abril de 2026

YA NO SON 6402, SINO 7937 CRÍMENES DE ESTADO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después de contrastar diversas fuentes, incluidos los testimonios de militares que vienen aportando verdad y responsabilidad, la JEP reconoce y de alguna manera rectifica la cifra de las 6402 ejecuciones extrajudiciales o crímenes de Estado cometidos durante los aciagos ocho años de Uribe Vélez.

El alto de tribunal de paz señaló que ya son 7937 los asesinatos de los que son responsables agentes estatales que dejaron de pensar para cumplir con las exigencias que a diario les hacían generales y el propio presidente Álvaro Uribe Vélez, el máximo responsable político de esas aberraciones. Este último exhortaba a los militares a dar “más y mejores resultados operacionales”, lo que derivó en la comisión de delitos de lesa humanidad que los medios llaman “Falsos Positivos”, término castrense que deviene con una enorme carga eufemística.

La sistematicidad y la inmoralidad de los operativos que terminaron con la vida de los 7937 colombianos se dieron en el marco de la Seguridad Democrática, política pública con la que Uribe convenció y engañó a millones de colombianos que creyeron que el Estado estaba ganando la guerra contra las Farc-Ep (no contra el ELN). Su guerra total contra las Farc-Ep estaba atada a su sentimiento de venganza expresado en la narrativa con la que Uribe le dijo al país que esa guerrilla habría asesinado a su padre, Alberto Uribe Sierra. Diversas fuentes sostienen que la muerte de su progenitor se habría producido por actividades poco santas que desarrollaba Uribe Sierra.

Con el paso del tiempo cientos de miles de esos connacionales entendieron que ese nombre de Seguridad Democrática arrastraba un espíritu eufemístico que servía para minimizar la perversidad de los uniformados que asesinaron civiles a cambio de platos de arroz chino, permisos, asistencia a bacanales, felicitaciones a las hojas de vida, ascensos y condecoraciones.

Se equivocan aquellos que, al defender la Seguridad Democrática de Uribe, recuerdan que las Farc-Ep reclutaron a 18.677 niños, niñas y adolescentes, a los que convirtieron en “máquinas de guerra”, como las llamó el entonces ministro de la Defensa, Diego Molano (gobierno de Iván Duque). Equiparar los 7937 crímenes de Estado con la descomunal cifra de los reclutamientos forzados constituye un error moral y ético-político por una razón fundamental: las Farc-Ep era una organización criminal por fuera de la ley, mientras que los militares, oficiales, suboficiales y soldados que asesinaron civiles fungían como agentes estatales que representaban a ese orden y forma de dominación llamada Estado.

Los responsables de los crímenes que se volvieron cifras comparten que son el resultado de la degradación moral de combatientes legales e ilegales que terminaron por monetizar y despreciar la vida de jóvenes como los de Soacha y las niñas, niños y adolescentes de territorios en los que el Estado brillaba por su ausencia o por una débil legitimidad. Lo grave aquí es que el Estado opere como un actor criminal tan vil como las FARC. 

Adenda: en una búsqueda rápida, en la red se encuentran dos cifras: 7837 y 7937. El diario El País de España habla de 7937. 



miércoles, 29 de abril de 2026

URIBE, MINISTRO DE LA DEFENSA: “PERIODICAZO” PARA PALOMA VALENCIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después de sugerir la posibilidad de nombrar al expresidente Uribe como su ministro de la Defensa (o de la Guerra), Paloma Valencia Laserna salió a los medios a explicar que en caso de llegar a la Casa de Nari (no de Nariño) ella sería la presidenta y no la “hija obediente” de su amado “padre” el expresidiario y exmandatario de los colombianos. Esto dijo Valencia “la presidenta soy yo, la que va a nombrar los ministros soy yo y que se acostumbre el país: vamos a tener ministros uribistas y ministros de centro y tenderemos ministros que sean buenos, porque lo que necesitamos es solucionar los problemas a los colombianos”.

Al margen de la propuesta, llama la atención el tiempo verbal en el que habla Valencia. No habla en futuro, no dijo si “llegase a ser la presidenta…”; habló en un presente que hace pensar en que está más que segura que resultará electa la primera mujer presidente de Colombia. Curioso.

Lo dicho por la candidata presidencial de la derecha se dio en medio del rechazo de Juan Daniel Oviedo, su fórmula vicepresidencial, frente a la posibilidad de que Uribe llegase a la cartera de la Defensa. Eso sí, la negativa de Oviedo no genera una ruptura o un distanciamiento. Lo dicho por el exconcejal de Bogotá deja claro el nivel de obsecuencia al que llegó el señor de los “periodicazos”. Para usar su infantil estrategia electoral, “periodicazo para Oviedo”.

Esto dijo Oviedo: “Me parece que no es el mensaje y se lo dije a ella anoche, pero hay que respetarla, por eso sabemos que somos distintos y yo no la voy a cambiar a ella. También hay que entender una cosa, y es que estamos en campaña política, ¿sí? Y hay estrategias y hay mensajes que se dan desde el punto de vista estratégico”.

¿A qué llamará estratégico el señor Oviedo? Al parecer Valencia le está mandando un mensaje a los sectores de poder que dudan de su capacidad para gobernar al país en medio de una oleada terrorista de las disidencias de las Farc, con posibles apoyos logísticos y políticos del lado ecuatoriano: tranquilos que Uribe estará muy cerca de mí, en el Mindefensa, lo que garantiza el regreso de la seguridad democrática.

También es posible asumir que, al proponer a Uribe en la cartera de la Defensa, Valencia le confirma a la propia derecha y le notifica a la izquierda democrática y armada que el expresidente antioqueño volverá a gobernar en cuerpo ajeno tal y como lo hizo durante el mandado de Iván Duque Márquez, reconocido por la opinión pública nacional e internacional como el “títere de Uribe”.

Se trata, por supuesto, de una penosa e inconveniente insinuación en la que sigue creyendo Valencia, al agregar que “aquí no aceptamos vetos para nadie, el que sea bueno como el presidente Uribe en materia de seguridad, ojalá se anime a ser mi ministro, yo seré la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y al lado del presidente Uribe podemos hacer grandes cosas por Colombia y ojalá haya muchos ministros de centro especialistas en educación, que nos ayude a sacarla adelante”.

Entre chiste y chanza le escuché decir a una muy querida enfermera que Cepeda podría proponer que Petro fuese su ministro de Hacienda. Por supuesto que al candidato presidencial del progresismo jamás se le ocurrirá proponer semejante idea porque si algo ha demostrado durante esta campaña es que tiene un sólido programa de gobierno con el que buscará profundizar los avances logrados por el actual gobierno en materia de reformas sociales; lo contrario sucede con Paloma Valencia quien solo habla de seguridad: es monotemática. Su mayor aspiración no está en convertirse en la primera mujer presidente, sino en dejar que sea su “amado padre” quien realmente gobierne. Así las cosas, Valencia Laserna sería la primera mujer electa presidenta que le entregó el mando a su “padre”.






domingo, 26 de abril de 2026

COLOMBIA: LA CAJA DE LOS VIENTOS DE LA GUERRA PERPETUA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Después de conocido el saldo de 19  muertos que deja hasta el momento el cobarde y demencial ataque terrorista perpetrado por los criminales de la “Jaime Martínez” o de la “Dagoberto Ramos”, la cotidianidad regresa y la vida continúa. Casi de inmediato el consorcio vial reparó la bancada y recogieron los escombros.

Es probable que en el lugar del atentado aparezcan cruces con los nombres de los civiles que perdieron la vida en el país de lo absurdo. Porque eso es Colombia: el país de la belleza y de lo irracional, de lo ilógico, de lo paradójico, de lo inadmisible y de la estupidez humana en su más concentrada y grande expresión. Si de verdad hay un Dios creador, al parecer de manera caprichosa y quizás maliciosa dejó caer sobre este basto territorio los genes dominantes de la estupidez.

Esa es quizás la tragedia que enfrenta la condición humana: pase lo que pase, hay que seguir adelante, incluso, sin saber a ciencia cierta quiénes son los responsables de semejante salvajada. Entonces hablan de resiliencia, el vocablo de moda con el que terminamos por soslayar que no podemos vivir juntos, que aquí no cabemos todos y, por ende, hay gente que tiene que desaparecer físicamente. Esos 19 muertos de El Túnel (Cajibío- Cauca) serán vistos como “daños colaterales”. Así de simple y doloroso.

En el país del Sagrado Corazón y cuna del Realismo Mágico la tragedia que hoy todos lamentamos ocurrió en una vereda llamada El Túnel, jurisdicción del municipio de Cajibío, muy cerca de la piadosa, conservadora, rezandera y camandulera ciudad de Popayán, la capital del Cauca, convertida en la covacha en la que una élite muy particular decidió oscurecer, de la mano de los bandidos, el futuro de una región como si se tratara del más tenebroso túnel. El Cauca es eso: un pasadizo entre la civilidad y la barbarie; entre los mundos indígenas y mestizos avergonzados de sus propios procesos de mestizaje. Siempre fue así.

Cajibío significa “caja de viento” en lengua indígena. Una hermosa acepción que junto a los nombres de las veredas El Carmelo, El Cofre y El Túnel, le dan al pequeño municipio caucano un carácter mágico que los guerreros, legales e ilegales, intentan marchitar con su promiscuo y enfermizo juego de la guerra eterna o interna.  

Y aparece lo de siempre: peticiones de justicia y venganza, el ofrecimiento de millonarias recompensas para lograr dar con los cabecillas, operaciones militares, periodistas que informan al borde de las lágrimas y discusiones familiares entre petristas y uribistas alrededor de la Paz Total, la defensa de los diálogos de paz y el deseo de volver a los tiempos de la seguridad democrática. Llevamos más de 50 años matándonos en una espiral de violencia que beneficia a los Señores de la Guerra y a los políticos que los representan.  Y de esto no se habla.

Lo único claro que se tiene es quiénes están sacando provecho político y electoral de la situación: la derecha uribizada cuya vigencia social y política está atada a las dinámicas de un degradado conflicto armado interno que es el espejo en el que nos miramos todos los días y reflejamos lo que somos como sociedad premoderna, incivilizada, clasista y racista.

Y aparecen entonces los dos únicos caminos posibles a seguir: el primero, la guerra total contra las “guerrillas”, lo que implica una inversión billonaria en recursos económicos y por lo menos ocho años de operaciones militares constantes, con bajas de lado y lado, desplazados y víctimas civiles, sin la certeza de que el Estado alcance la victoria militar; y el segundo,  insistir en dialogar con  aquellos comandantes, los mismos que no se ven firmando un armisticio con el Estado, pero que aprovechan los escenarios dialógicos para fortalecerse militarmente, recuperar heridos e insistir en el adoctrinamiento ideológico de jóvenes reclutados de manera forzada.

Paz en la tumba de los civiles que cayeron en El Túnel. La vida sigue en el país de lo absurdo y la estupidez; Colombia es la inmensa caja en donde los vientos de la guerra y la barbarie soplan más fuerte que los de una anhelada paz que nos seguirá costando las vidas de mujeres, hombres, niñas, niños, viejas y viejos que tuvieron el infortunio de nacer en el país del Sangrado Corazón. 




Imagen de EFE/Ernesto Guzmán, tomada de El Espectador.com

LOS SILENCIOS DE CORONELL EN SU “VIAJE A JÚPITER”

 

Por Germán Ayala Osorio

Daniel Coronell es un periodista de élite y elitista reconocido por su larga y agrias disputas jurídico-periodísticas con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. En su reciente columna, intitulada El viaje a Júpiter, el columnista reparte palo a la revista Raya y al excanciller Jaime Bermúdez, este último protagonista de lo que se conoce como el proyecto Júpiter, conjunto de estrategias mediáticas y de disuasión política diseñadas para generar miedo en seleccionados públicos ante la posibilidad de que Iván Cepeda sea electo presidente de la República. El objetivo se parece mucho al de la campaña del No en el plebiscito por la paz: “sacar emberracada a la gente a votar en contra del progresismo”. Entre tanto, a Juanita León, directora y propietaria de la Silla Vacía, apenas si le “casca” con una ramita de laurel.

Veamos apartes y miremos los silencios que prefirió guardar Daniel Coronell. En su texto de opinión se lee que “algo quedó claro en la publicación de la Revista Raya por RTVC: Está en marcha una paracampaña política de un sector de la derecha para influir en la elección presidencial”. Acierta el periodista y de paso reconoce el sentido del artículo de Raya. Y sobre Bermúdez, el agente ideológico de Júpiter, Coronell afirma que “lo que realmente hace (Bermúdez) es propaganda para promover una visión de ultraderecha, exacerbar el miedo entre los trabajadores de las empresas que le abren la puerta, y consolidar un falso dilema según el cual Colombia está condenada a escoger entre quien diga Álvaro Uribe y el abismo”.

En cuanto al ejercicio periodístico, Coronell desdeña de la “investigación” de la revista Raya, al decir que la mencionada Revista “sí tenía un tema para investigar, pero se conformó con sugerir una teoría de la conspiración y, además, de manera un poco chapucera. Con errores de fondo, de forma, y sin documentar, por ejemplo, cuáles fueron los trabajadores constreñidos a votar por la evidente candidata de Bermúdez”.

Los mismos periodistas suelen hablar de investigaciones periodísticas cuando apenas si son filtraciones de fuentes, incluidas las de los gobiernos, con intereses políticos, jurídicos y electorales.  Esa práctica es muy común en Colombia.

Frente a Juanita León y la Silla Vacía, Coronell evita hacer referencia a donaciones millonarias que, de acuerdo con el reportero Julián Martínez, empresas de la familia de la directora entregaron al uribismo. En un trino, Martínez dijo lo siguiente: “Nadie se percató: la familia de Juanita León donó 90 millones al @CeDemocratico en 2018 y, tras el aporte, consolidó una relación comercial con @ECOPETROL_SA por 65.000 millones (2018-2021). Donación que retornó en un negocio con @IvanDuque en el poder”. El titular de El País de Cali es contundente: “Juanita León admite nexos comerciales de su familia con Ecopetrol en medio de polémicas sobre independencia de La Silla Vacía”.

Coronell evita a hacer referencia al conflicto de intereses que emerge cuando un medio supuestamente independiente hace negocios con entidades del Estado y sus propietarios donan a campañas políticas. Cuando aparecen esos conflictos, no advertidos por Coronell, la línea editorial queda comprometida. Creo que el apreciado columnista pudo decir más sobre el espinoso asunto.

En una anterior ocasión la Silla Vacía estigmatizó a quienes les publicaron sus artículos en medios como la Agencia de Prensa Rural que el portal informativo llamó “medios orgánicos de las Farc”. En esta columna hice referencia a ese peligroso señalamiento por cuanto en un par de ocasiones mis columnas fueron publicadas en dicha agencia: https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2026/03/periodistas-y-medios-organicos-de-las.html

En una sociedad clasista y racista como la nuestra resulta apenas normal y lógico que haya periodistas que opten por defender al Establecimiento y otros por atacar a sus más poderosos agentes. Coronell y Juanita León confluyen en esa defensa del régimen de poder que manda en Colombia de tiempo atrás. Por eso quizás entre ellos no se pisan las mangueras.

Todo ese asunto del proyecto Júpiter, las reacciones de la Silla Vacía a través de Juanita León y el ejercicio periodístico de la revista Raya confirman un enfrentamiento político e ideológico entre periodistas de élite y los que emergieron de la mano del progresismo. Al final también se confirma que la objetividad es la más grande mentira que aún se enseña en las escuelas de periodismo.



Imagen tomada de la revista Cambio. 


sábado, 25 de abril de 2026

ATAQUES TERRORISTAS Y AMBIENTE ELECTORAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Los atentados terroristas que en las últimas horas sacudieron a caucanos y vallecaucanos  y a  viajeros de la vía Panamericana ocurren en una coyuntura político-electoral que permite pensar que las reacciones en contra del gobierno nacional de la gobernadora del Valle y el alcalde de Cali devienen con un tufillo electorero que se torna en constreñimiento indirecto al votante que al asumir  lo dicho por Dilian Francisca Toro y Alejandro Eder como un efectivo abandono del gobierno central  al Valle del Cauca y su capital, de inmediato ese elector piensa en votar por los candidatos que ofrecen seguridad y bala, esto es, el regreso a la temida seguridad democrática de Uribe.

Llama la atención el tono de las reacciones del alcalde de Cali y la gobernadora. En lugar de hacer un balance de las actividades de inteligencia y contrainteligencia que se debieron poner en marcha y consolidar después del grave atentado terrorista contra las instalaciones de la Base Aérea, de inmediato responsabilizó a Petro de la ocurrencia de los bombazos en contra del Batallón Pichincha. Es tiempo que la señora Toro informe acerca de la inversión de los recursos obtenidos de la tasa a la seguridad. 

El registro lastimero y espectacular de los medios tradicionales de los violentos hechos prepolíticos ocurridos en Palmira, Cali y en la vía Panamericana a la altura del sector El Túnel (Cajibío, con saldo de víctimas fatales), sirve a la narrativa que señala que “Petro le entregó el país a los violentos”, situación que los únicos capaces de reversar son los candidatos presidenciales más visibles de la derecha: Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Claudia López y Sergio Fajardo. En la historia del “conflicto armado interno” las “guerrillas” siempre recibieron y despidieron gobiernos con ataques similares a los que ocurrieron en las últimas horas en los dos departamentos. Lo vivido en las últimas horas es más de lo mismo de unos facinerosos que solo saben hacer daño. No defienden ideas y mucho menos tienen un proyecto político. Son, además de "traquetos de camuflado" como los llamó Petro, estúpidos, incivilizados y orates. Nada más que agregar. 

Todo indica que se trata de acciones criminales coordinadas que se ejecutan en las narices de unas autoridades asumidas como débiles por las audiencias y las víctimas directas e indirectas que dejan dichos actos demenciales. Los ataques dinamiteros contra los batallones Pichincha (Cali) y Codazzi (Palmira) y los usuarios de la vía Panamericana dan cuenta del sentido político-militar de dichos atentados: se ataca a los militares en una demostración de fuerza que deja en ridículo las actividades de inteligencia y contrainteligencia, lo que confirma la tesis que señala que contra el terrorismo es muy poco lo que hay que hacer; y se ataca a civiles para consolidar la idea de que definitivamente el actual jefe del Estado y comandante en jefe de las fuerzas armadas no está en capacidad de cumplir con la misión constitucional de proteger a los primeros y de llevar a los uniformados a la victoria militar.

Lo más probable es que sucedan nuevos ataques terroristas, pues los objetivos prepolíticos y criminales de la banda de “Iván Mordisco” terminan siendo compatibles con los de la derecha empecinada en recuperar la Casa de Nari para desatar una Guerra Total para la cual parecen estar preparados a librar los grupos al margen de la ley responsables de los ataques dinamiteros que llevan a muchos a pensar en que lo mejor es regresar a los tiempos de la seguridad democrática de Uribe. Aquello de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos), el desplazamiento forzado de más de seis millones de campesinos, la destrucción de ecosistemas naturales a través procesos de defaunación y deforestación, y el acaparamiento por desposesión de cientos de miles de hectáreas de tierra son insignificantes efectos colaterales que no se pueden evitar cuando la apuesta es “acabar militarmente con los bandidos”. Olvidan que el Estado lleva más de 50 años negociando y combatiendo grupos armados ilegales. Uribe los arrinconó, pero lejos estuvo de acabarlos militarmente. 

Adenda: 19 muertos y más de 35 heridos es un saldo trágico, sumado a las pérdidas materiales. Son unos malditos los que perpetraron ese atentado criminal, al igual que los que electoralmente aplauden lo sucedido. 


Imagen tomada de ataques en el sector El Túnel de Cajibio deja muertos - Búsqueda

viernes, 24 de abril de 2026

DE LA PAZ TOTAL, A LA GUERRA TOTAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

A pocos meses de terminar el gobierno Petro, las estructuras armadas ilegales que sostienen relaciones o guardan simpatías ideológicas con sectores del Establecimiento (nacional, regional y local) arreciarán sus ataques terroristas e incursiones armadas, incluidas masacres, con el único propósito generar un ambiente de zozobra y caos que beneficie a los candidatos presidenciales que ofrecen “recuperar la seguridad” a punta de bala, negando cualquier posibilidad de negociar con los grupos al margen de la ley.  La idea es pasar de la Paz Total a la Guerra Total. Eso sí, ambos caminos resultan inconvenientes por el carácter maximalista con el que suelen presentarse.

El candidato presidencial del gobierno, Iván Cepeda Castro ha dicho que insistirá en los diálogos de paz con las “guerrillas” (Disidencias de las Farc y ELN). Cepeda dará continuidad a la Paz Total, decisión política que lo pone en contravía de los sectores de poder económico y político y de la opinión pública que están dispuestos a desatar y apoyar en el país una Guerra Total como la que desató el entonces gobierno de Uribe con la nacionalización del Plan Colombia que le dejó operando Andrés Pastrana. Fue la seguridad democrática la política pública con la que se obligó a las entonces Farc-Ep, junto a otras circunstancias, a aceptar los diálogos en La Habana que terminaron con la firma del Acuerdo de Paz en el teatro Colón de Bogotá. El país no puede olvidar los 6402 crímenes de Estado, los seis millones de desplazados y el acaparamiento de cientos de miles de hectáreas de tierra que pasaron a manos de terratenientes y narco paracos.

Recién la capital del Valle del Cauca fue escenario de un ataque terrorista que, aunque fallido en contra de las instalaciones del Batallón Pichincha sirve a la narrativa de los sectores de la derecha y la ultraderecha que se benefician de dichos atentados. Electoralmente, la estructura armada “Jaime Martínez”, responsable al parecer de la acción terrorista, le hace el juego a Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella, Sergio Fajardo y Claudia López, aspirantes presidenciales que defienden a dentelladas aquello de la “violencia legítima del Estado”. Me pregunto: ¿Cómo puede ser legítima la violencia de un Estado precario, ilegítimo y que opera en muchos espacios del territorio de la mano de criminales? El batallón Agustín Codazzi de Palmira también fue atacado horas después de lo sucedido en Cali. ¿Se tratará de acciones criminales perpetradas en connivencia con las autoridades? ¿La derecha vallecaucana le está apostando a generar miedo en la población civil con propósitos electorales?

Si bien es cierto que la Paz Total de Petro salió bastante mal, las responsabilidades del fracaso son compartidas con los grupos ilegales con los que el gobierno se sentó a dialogar. Del lado del gobierno hay que señalar que hubo yerros en el manejo político de unos diálogos en los que jamás se consolidó una mutua confianza.  

En este juego de la Guerra Total y la Paz Total hay una realidad inocultable: la paz no es buen negocio para las disidencias, el ELN y el clan del Golfo, entre otras estructuras. No les interesan curules y vivir de proyectos productivos. El narcotráfico y la minería ilegal-legal son un negocio billonario que bien vale la pena mantener. Lo demás es retórica política de unas “guerrillas” que hace rato perdieron su naturaleza política.

La Guerra Total que proponen los candidatos presidenciales de la derecha hay que conectarla con los intereses de agentes económicos que se vienen oponiendo a la entrega de tierras y la formalización de propiedades rurales que benefician directamente a familias campesinas. Retornar a los procesos de contrarreforma agraria, por vía de la desposesión y acaparamiento de tierras y el desplazamiento forzado hace parte de esa apuesta de la Guerra Total. El objetivo no está en acabar militarmente con el “enemigo interno”. De lo que se trata es de garantizar condiciones de acaparamiento y la convivencia institucional con los ejércitos mafiosos (guerrillas), lo que se traduce en el mantenimiento del negocio del narcotráfico y las finas relaciones establecidas de tiempo atrás con agentes económicos y políticos del Establecimiento colombiano.

Ni la Guerra Total, ni la Paz Total servirán para pacificar el país. Si esa sentencia es válida y tiene asidero, entonces qué se puede hacer o cuál es la salida se puede preguntar el lector que llegó hasta aquí. Si vamos a insistir en el discurso académico entonces inexorablemente nos llevará a hablar de “copar el territorio, ganarse la confianza de las comunidades rurales, implementar procesos de sustitución de cultivos y construir Estado”. Acciones que se han intentado en el pasado e incluso en el actual gobierno, con resultados agridulces.

Quizás sea el momento de plantear salidas más audaces y adoptar costosas decisiones de índole político y económico. Entre las primeras, convertir en agentes armados estatales a los miembros de los grupos al margen de la ley que operan en los territorios en donde el Estado brilla por su ausencia. Por supuesto, con un acompañamiento internacional.  Suena terrible, pero podría intentarse un programa piloto.

Y finalmente, que a través de labores de inteligencia y contrainteligencia se expongan a los Señores de la Guerra, nacionales y extranjeros que se benefician de la extensión en el tiempo de las dinámicas de lo que se conoce pomposamente como conflicto armado interno. Esta salida suena, imposible porque implica quitarle la máscara a los belicistas que disfrutan en elegantes clubes sociales el cierre de negocios en los que se venden pertrechos y armas para la guerra. Estamos condensados a vivir buscando la paz en un país que disfruta de la guerra. 





jueves, 23 de abril de 2026

LA UTOPÍA DE GOBERNAR A COLOMBIA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cuatro años las audiencias concurren a votar por proyectos políticos pensados por candidatos presidenciales que creen a pie juntillas y con la fe del carbonero que es posible gobernar a una sociedad como la colombiana que se mueve entre consolidadas taras civilizatorias, un invencible ethos mafioso y una equívoca idea de para qué sirve el Estado.

El racismo y el clasismo son quizás las más fuertes taras civilizatorias que como sociedad exhibimos y arrastramos, lo que facilita la exclusión y estigmatización de bastos territorios en donde sobreviven comunidades campesinas, pueblos afros e indígenas, asumidos por la clase política y empresarial como “gente incómoda” que debe ser eliminada simbólica y ojalá físicamente. Ninguno de los candidatos presidenciales se atreve a hacer referencia a esas taras y mucho menos a proponer caminos educativos para superarlas y proscribir las prácticas socioculturales que las reproducen.

Si miramos con atención el origen de los candidatos y lo que representan social y políticamente, entonces podemos entender la fortaleza de esas dos taras: Paloma Valencia Laserna, la “muñeca” del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez es una digna representante del racismo y el clasismo. Valencia odia a los indígenas, a los negros y al campesinado. Sus propuestas de “dividir el Cauca entre mestizos e indígenas” y “poner a aguantar hambre a los indígenas que bloqueen la Panamericana” no son “salidas en falso”: se trata de expresiones de odio construidas históricamente y validadas a través de políticas públicas. Baste con nombrar la política de seguridad democrática para entender que esas taras civilizatorias se reproducen desde el Estado y sectores privilegiados. A la guerra interna van indígenas, afros y campesinos pobres. Los hijos de la élite ni siquiera prestan servicio militar.

Abelardo de la Espriella comparte con Valencia ese lugar de enunciación desde el que desconoce el valor cultural y antropológico de aquellas comunidades subalternas víctimas del racismo y el clasismo. El abogado que considera que la ética nada tiene que ver con el ejercicio del derecho es, además de fatuo, el más elegante reproductor de esas dos fallas. Aunque se muestra como “salvador de los pobres”, su patrioterismo termina por reproducir esas taras civilizatorias de las que vengo hablando.

Aunque el ethos mafioso podría considerarse como una tara civilizatoria más, para efectos de esta columna se asume como un problema cultural grave que los aspirantes a llegar a la Casa de Nariño confían en que es posible de superar o transformar. Entonces, hablan de “acabar con la corrupción” público privada, expresión clara de la existencia de ese ethos que nos identifica como sociedad mafiosa, ventajosa y corrupta.

Cepeda propone una “revolución ética” casi imposible de ejecutar y lograr en una sociedad que deviene moral y éticamente confundida. Confusión que todos los días se alimenta desde las empresas mediáticas, convertidas de tiempo atrás en faros inmorales en virtud de que como actores políticos terminan por encubrir y legitimar las andanzas de los politicastros que han gobernado al país desde los inicios de la República.

La idea que del Estado tienen Cepeda, Valencia y De la Espriella, para citar solamente a los tres que puntean en las encuestas, sirve para constatar que las señaladas taras civilizatorias y el ethos mafioso adquieren el carácter de circunstancias estructurales difíciles de proscribir. El ungido de Petro cree en un Estado que proteja la vida y los derechos de los más vulnerables; mientras que la nieta de Guillermo León Valencia y el abogado defensor de Alex Saab, empresario cercano al régimen venezolano, ofician como agentes neoliberales que le apuestan a la privatización de esa forma de dominación que llamamos Estado y por ese camino, servirles a unas cuantas familias que desdicen de sus propios procesos de mestizaje.  

Gobernar a Colombia bajo esas condiciones y circunstancias es una enorme utopía, pues todos los días nos afianzamos como un colectivo distópico cuyos miembros se acostumbraron a vivir en medio de procesos deshumanizantes que nos acercan a estadios barbáricos.




miércoles, 22 de abril de 2026

ANGIE RODRÍGUEZ: FUEGO AMIGO Y (DES) LEALTADES IMPÚDICAS

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Las explosivas declaraciones dadas por Angie Rodríguez a Semana y Noticias Caracol con las que enloda al gobierno Petro hacen parte de lo que se conoce como “fuego amigo”. Más allá de si sus “denuncias” tienen algún tipo de materialidad jurídica, lo cierto es que su presencia en esas dos empresas mediáticas hace pensar en que Rodríguez, directora del Fondo de Adaptación, está en modo venganza, lo que implica un distanciamiento personal y político con el presidente Petro y lo que este representa para el progresismo y la idea del cambio.

Ella misma se declara defensora del proyecto progresista, pero incurre en el imperdonable error de acudir a dos medios de comunicación que, como actores políticos, le hacen férrea y sucia oposición al gobierno de Gustavo Petro. Y lo hace en una coyuntura electoral que terminará por afectar la campaña de Iván Cepeda. Claramente, Rodríguez sabe y muy seguramente espera que el escándalo mediático y político afecte la imagen del presidente Petro y por supuesto la de su ungido con el que se espera dar continuidad al proyecto progresista.

Exista o no un plan sistemático de 20 funcionarios dispuestos a deslegitimar y desprestigiar a la funcionaria e incluso a poner en riesgo su vida, en sus declaraciones se advierten lealtades impúdicas del presidente Petro con Juliana Guerrero, joven recientemente imputada por la Fiscalía por falsedad en títulos académicos adquiridos de manera irregular en la fundación San José.

Si lo expresado por Rodríguez es cierto en torno a la capacidad de Guerrero de incidir en contrataciones y manejos burocráticos, la responsabilidad recae directamente en el presidente Petro, quien debió alejar a la joven de su círculo más cercano. Eso sí, independientemente del enfrentamiento entre Guerrero y Rodríguez, de esta última se advierte una ruptura moral, política y ética con la lealtad hacia el presidente Petro y con el proyecto progresista, circunstancia que amerita que el jefe del Estado la retire del cargo, tal y como ya se lo están exigiendo agentes cercanos al gobierno.

Insisto en que Angie Rodríguez cometió el grave error político de ventilar sus diferencias y miedos ante unas empresas mediáticas que sabrán explotar muy bien lo declarado por la funcionaria. No se puede ser defensor del proyecto progresista, y al tiempo tener a las señaladas empresas periodísticas como instancias legítimas para ventilar problemas, intrigas y enfrentamientos personales que por supuesto comprometen a instituciones públicas y a las institucionalidades derivadas de su operación. ¿Rodríguez intentó hablar con Petro antes de entregarle a las dos empresas periodísticas en bandeja de plata la imagen del gobierno?

La versión que indica que Rodríguez sostendría una relación sentimental con el representante a la Cámara Jorge Rodrigo Tovar Vélez, hijo del exjefe paramilitar Jorge 40, habría generado molestias al interior del gobierno y una pérdida de confianza en la funcionaria. En cualquier caso, la directora del Fondo de Adaptación le entregó a la prensa hegemónica un culebrón en el que hay de todo: traición, amoríos, lealtades y deslealtades. 

Los directos beneficiados del escándalo mediático son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia, Claudia López y Sergio Fajardo, agentes de la derecha que le exigirán al presidente de la República explicaciones. Lo hecho por Rodríguez alimentará la narrativa de la derecha con la que indica que el cambio en las costumbres políticas es una asignatura que el actual gobierno no pudo aprobar. 




PALOMA VALENCIA EN EL “PAÍS DE LOS JÓVENES”

Por Germán Ayala Osorio   La candidata presidencial e “hija” del expresidente Uribe también tuvo su encuentro con El País de los Jóven...