Por Germán Ayala Osorio
Para enfrentar el proyecto
político que encarna y lidera el presidente-pastor, Abelardo de la Espriella
se requiere de una oposición dispuesta a hacer ejercicios de análisis crítico
que superen las siempre emocionales opiniones que circulan en las redes
sociales. Quedarse en esas “cloacas ideológicas” es quizás el error más grande
en el que están incurriendo los agentes más visibles del progresismo y del
Pacto Histórico (PH) que le hacen oposición al gobierno. Al tener al aparato mediático
de su lado, a De la Espriella hay que desnudarlo construyendo redes de
la que deben hacer parte periodistas independientes, líderes y lideresas sociales,
influencers y youtubers, entre otros agentes sociales dispuestos y capaces de
trabajar de manera coordinada. Eso sí, sin egos y protagonismos.
Los congresistas del PH podrían
organizar eventos de análisis con académicos y políticos que, fundados en
ejercicios de prospectiva y análisis de coyuntura política y noticiosa, les
permita cualificar a los sectores de la opinión
pública cercanos a la causa progresista; recuperar simpatizantes y ganar otros
de cara a las elecciones regionales que se avecinan y por supuesto a las presidenciales
de 2030 debería de ser el objetivo final de esas estrategias de análisis y
comprensión de para dónde está llevando el país la ultraderecha abelardista.
Noto a una oposición desorganizada
y cómoda criticando cada acción de gobierno, sin consolidar un relato que sirva
para que la gente comprenda con suficiencia los riesgos que corremos como
colectivo si el proyecto de muerte que ya ejecuta el gobierno se consolida y
naturaliza. Las noticias diarias y sesgadas que presentan las empresas
mediáticas abelardistas-ayer
uribistas- no le permiten a cientos de miles de ciudadanos visualizar el norte
hacia donde quiere conducir la godarria que llegó al Estado para librar desde ahí
la ya anunciada “batalla cultural”. Las empresas mediáticas están aprovechando
la catástrofe dejada por el terremoto del 10 de agosto para invisibilizar las
reales pretensiones del gobierno actual.
Razón le cabe a la tuitera
Marcela cuando dice que “hoy tenemos una oposición convertida en
comentarista de la personalidad del metro y medio. Una oposición que amplifica
lo que la ciudadanía ya sabe, que denuncia lo que la ciudadanía ya sabe y es
que los presidentes gobiernan con sus amigos, que tienen aliados, que hacen
política y que tienen intereses. ¡Pues claro! Eso no es hacer oposición. A
un gobierno como este se le derrota políticamente, no siguiéndole el juego del
espectáculo. Lo que hay que hacer es desmontar su proyecto político, sus
decisiones, sus políticas, sus intereses, sus alianzas y, sobre todo, mostrar
quiénes son los que pagan el costo de cada cosa que propone este infeliz”.
El proyecto regenerador
que lideran fanáticos y sectas religiosas y agentes del Opus Dei, impulsados
por el jefe del Estado tiene en la policía moral y en el viva Cristo
Rey a la más fuerte estrategia ideológica y política para perseguir a la
gente de la misma derecha y por supuesto a los liberales de izquierda y progresistas
que le apuestan a una educación no confesional que mantenga el reconocimiento de los derechos de
las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y a los miembros de la población LGTBOQ+ que están
en la mira del proyecto regenerador que impulsa el actual gobierno.
De esos ejercicios de prospectiva,
así como los análisis de coyuntura noticiosa y política deberían salir libros,
cartillas, manifiestos y productos audiovisuales ampliamente divulgados y
trabajados en sectores de clase media y populares, en particular aquellos que
por diversas razones perdieron la confianza en la izquierda y el PH. Insisto:
noto a la oposición fracturada, individualizada, desorganizada, atomizada y lo
que es peor veo los enfrentamientos entre militantes del PH como una expresión
clara de que no saben qué hacer con su rol de oposición. Al parecer no se
recuperan del mazazo electoral que les dieron ese fatídico 21 de junio. Con o
sin las granjas de bots, la realidad es que la ultraderecha montó en la Casa de
Nariño a un ateo converso dispuesto a lavar sus pecados, cometiendo las barbaridades
que su Dios le está ordenando para “sacar a Colombia de su época más oscura”.
La soberbia y la falta de autocrítica
están consumiendo a quienes tienen el deber moral y político de mantener la
legitimidad y vigencia de las ideas progresistas. Lo sucedido con los cinco
congresistas del PH que acompañaron la inmoral apuesta del presidente de la
Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes para garantizarle impunidad
al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez es una mácula que difícilmente
se borrará.
De seguir así, el PH y el
progresismo dejarán de ser una real opción de poder. Para vencer nuevamente a
la derecha
se necesita de un proyecto renovado que, en lugar de hablar de una idea maximalista
del cambio y la paz, se acerque a la cotidianidad de millones de colombianos
que sobreviven en medio de precariedades y de un Estado capturado por mafias
atadas al sector privado. Es tiempo de ir exponiendo nuevos liderazgos, en particular
femeninos. La gobernadora del Chocó es una mujer inteligente y estructurada que
bien podría asumirse como una futura candidata presidencial. Se necesita de un
equipo de trabajo que le ayude a consolidarse como tal. El tiempo pasa rápido.