Por Germán Ayala Osorio
Después de sugerir la posibilidad
de nombrar al expresidente Uribe como su ministro de la Defensa (o de la
Guerra), Paloma Valencia Laserna salió a los medios a explicar que en caso de
llegar a la Casa de Nari (no de Nariño) ella sería la presidenta y no la “hija
obediente” de su amado “padre” el expresidiario y exmandatario de los
colombianos. Esto dijo Valencia “la presidenta soy yo, la que va a
nombrar los ministros soy yo y que se acostumbre el país: vamos a tener
ministros uribistas y ministros de centro y tenderemos ministros que sean
buenos, porque lo que necesitamos es solucionar los problemas a los colombianos”.
Al margen de la propuesta, llama
la atención el tiempo verbal en el que habla Valencia. No habla en futuro, no dijo
si “llegase a ser la presidenta…”; habló en un presente que hace pensar
en que está más que segura que resultará electa la primera mujer presidente de
Colombia. Curioso.
Lo dicho por la candidata presidencial
de la derecha se dio en medio del rechazo de Juan Daniel Oviedo, su fórmula
vicepresidencial, frente a la posibilidad de que Uribe llegase a la cartera de
la Defensa. Eso sí, la negativa de Oviedo no genera una ruptura o un distanciamiento.
Lo dicho por el exconcejal de Bogotá deja claro el nivel de obsecuencia al que
llegó el señor de los “periodicazos”. Para usar su infantil estrategia
electoral, “periodicazo para Oviedo”.
Esto dijo Oviedo: “Me
parece que no es el mensaje y se lo dije a ella anoche, pero hay que
respetarla, por eso sabemos que somos distintos y yo no la voy a cambiar a ella.
También hay que entender una cosa, y es que estamos en campaña política,
¿sí? Y hay estrategias y hay mensajes que se dan desde el punto de vista
estratégico”.
¿A qué llamará estratégico el
señor Oviedo? Al parecer Valencia le está mandando un mensaje a los sectores de
poder que dudan de su capacidad para gobernar al país en medio de una oleada
terrorista de las disidencias de las Farc, con posibles apoyos logísticos y
políticos del lado ecuatoriano: tranquilos que Uribe estará muy cerca de
mí, en el Mindefensa, lo que garantiza el regreso de la seguridad democrática.
También es posible asumir que, al
proponer a Uribe en la cartera de la Defensa, Valencia le confirma a la propia
derecha y le notifica a la izquierda democrática y armada que el expresidente
antioqueño volverá a gobernar en cuerpo ajeno tal y como lo hizo durante el
mandado de Iván Duque Márquez, reconocido por la opinión pública nacional e
internacional como el “títere de Uribe”.
Se trata, por supuesto, de una
penosa e inconveniente insinuación en la que sigue creyendo Valencia, al agregar
que “aquí no aceptamos vetos para nadie, el que sea bueno como el
presidente Uribe en materia de seguridad, ojalá se anime a ser mi ministro, yo
seré la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas y al lado del presidente
Uribe podemos hacer grandes cosas por Colombia y ojalá haya
muchos ministros de centro especialistas en educación, que nos ayude a sacarla
adelante”.
Entre chiste y chanza le escuché decir
a una muy querida enfermera que Cepeda podría proponer que Petro fuese su
ministro de Hacienda. Por supuesto que al candidato presidencial del
progresismo jamás se le ocurrirá proponer semejante idea porque si algo ha
demostrado durante esta campaña es que tiene un sólido programa de gobierno con
el que buscará profundizar los avances logrados por el actual gobierno en materia
de reformas sociales; lo contrario sucede con Paloma Valencia quien solo habla
de seguridad: es monotemática. Su mayor aspiración no está en convertirse en la
primera mujer presidente, sino en dejar que sea su “amado padre” quien
realmente gobierne. Así las cosas, Valencia Laserna sería la primera mujer
electa presidenta que le entregó el mando a su “padre”.

