Por Germán Ayala Osorio
El cierre de un medio de
comunicación, cualquiera sea su orientación o agenda política y por supuesto
sus intereses corporativos, grupales, o comunitarios, constituye un fracaso tanto
para la sociedad moderna como para la democracia. Y por supuesto, es un golpe
al periodismo como oficio, a los periodistas que dependen económicamente del medio
en el que trabajan y a la construcción de una opinión pública plural en un país
en el que históricamente la derecha siempre manejó a la prensa tradicional con
el objetivo de mantener la legitimidad del viejo Establecimiento.
La salida del aire del programa radial
en Blu radio dirigido por Camila Zuluaga tiene un tufillo de censura oficial-empresarial
motivada en la ya probada y evidente animadversión que dejó ver el entonces candidato
presidencial y hoy jefe del Estado, Abelardo de la Espriella hacia los
periodistas que se atrevieron a preguntarle por sus relaciones cercanas con los
líderes paramilitares durante el mentiroso proceso de paz que adelantó Uribe
con esas estructuras criminales; el
manejo del caso DMG (David Murcia Guzmán) y por los negocios que de acuerdo con
versiones periodísticas sostuvo con Alex Saab, testaferro del régimen de
Nicolás Maduro Moros. Saab está procesado en los Estados Unidos por varios
delitos federales.
Tanto Zuluaga, como su compañera
en la mesa de trabajo periodístico, Ana Cristina Restrepo, resultaron incómodas
para De la Espriella lo que explicaría la decisión del presidente de la
compañía, Gonzalo Córdoba, de cerrar el espacio de análisis e información. También
hacía parte del programa Sebastián Nhora. Por supuesto que la variable
económica juega a favor de quienes tomaron la decisión: las audiencias han
mutado y cambiado, sin duda alguna, lo que se traduce en menores ganancias, pero
el factor ego-político ronda también a esa misma decisión. Trascendió a los medios que De la Espriella se reunió con miembros de la familia Santo Domingo para expresar su molestia con las dos periodistas.
Mañanas
Blu, dirigida por Néstor Morales se mantiene al aire porque las directivas
de la compañía y los propios periodistas de esa mesa de trabajo decidieron
hincarse ante el poder del presidente de la República.
Morales y Zuleta muy seguramente lo hicieron por convencimiento. Eso sí, hay
que recordar que durante los cuatro años del anterior gobierno “probaron finura”
con los propietarios de la cadena radial y el propio De la Espriella: atacaron
sin piedad al presidente Petro; lo hostigaron y les alcanzó hasta para reírse
de los “cachos” que, de acuerdo con ellos, le puso la novia del expresidente
progresista. Ese comportamiento, muchas veces alejado de la deontología del
oficio, les aseguró la permanencia al aire a pesar del rechazo que genera en
segmentos de la opinión porque dejaron de actuar como periodistas para
convertirse en estafetas de la derecha y ahora en defensores a ultranza del gobierno
del pastor-presidente. El Heraldo
fue el primer medio, en campaña, en declararse abelardista.
La salida del aire de los señalados
periodistas deja serias dudas sobre el talante democrático del jefe del Estado,
que en menos de un mes de estar al frente del gobierno cerró 21 emisoras
comunitarias fruto del Acuerdo de Paz entre el Estado y las Farc-Ep. A esas actuaciones
las precede acciones legales contra periodistas independientes y críticos del
pasado de Abelardo de la Espriella, asumidas por la FLIP y abogados como hostigamientos
judiciales que afectan las libertades de prensa y opinión. Hablo de los
periodistas Gonzalo Guillén y Julián Martínez, así como del realizador de la
serie Matarife, Daniel Mendoza Leal.
Lo sucedido a Camila Zuluaga y
Ana Cristina se veía venir. Ellas mismas, al aire, advirtieron que había gente
muy poderosa interesada en sacarlas de circulación. Ese momento, curiosamente,
llegó apenas comenzando el gobierno de De la Espriella. Vaya coincidencia.
Lo sucedido con Zuluaga y
Restrepo también tiene un componente de misoginia: en Colombia siguen
existiendo hombres poderosos que no resisten que existan mujeres capaces de
confrontarlos públicamente.
El unanimismo ideológico y
político que vivimos durante los ochos años del gobierno de Uribe está siendo
superado por Abelardo de la Espriella. Lo más probable es que esa persecución
ideológica y la revisión de la moral de eventuales nuevos funcionarios públicos
se siga extendiendo a universidades privadas y públicas que intenten acercarse
al gobierno.
Los desnombramientos de Sepúlveda
del DNP, de Carolina Soto de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (el clan Char busca poner una ficha al frente de la CCI) y de Hannah
Escobar, abelardista, pero proaborto, dan cuenta de que la instalación de
la policía moral en el país es una realidad. Esos desnombramientos no constituyen
propiamente actos de censura oficial como la salida de los tres periodistas
aquí señaladas, pero sí hacen parte de la depuración ideológica y moral que ya
practican los agentes creadores y defensores de la Patria Milagro.
Pensar diferente nunca resultó
tan incómodo como ahora. Y no ha completado el mes al frente del Estado y ya
está gobernando con periodistas-estafetas que deben sí o sí, doblar las
rodillas porque en el fondo están cuidando la lonchera y la visibilidad que les
dan los medios tradicionales.
El cierre del programa radial expuso
con claridad las dificultades para consolidar en el país un gremio de periodistas
que, antes que defender empresas y patrocinadores, luche por los derechos de los periodistas y defienda las
libertades de prensa y de opinión, hoy en vilo y coartadas desde la Casa de Nariño
(sede de Barranquilla). Imagino que a Morales y a sus compañeros les prohibieron
referirse al cierre del espacio de Zuluaga y Restrepo. La solidaridad no es un valor
tradicional dentro del gremio de periodistas. Por el contrario, hay disputas,
odios, envidias y sobre todo una incontrastable incapacidad para la autocrítica.
Y ni para qué hablar del miedo que sienten cuando los poderosos los rondan.
Quedan cuatro años. El mensaje es
claro para docentes, periodistas y funcionarios o aspirantes a llegar al servicio
público: bajan el perfil o se disciplinan, es decir, se alinean con el gobierno, o sentirán lo "duro que muerde el tigre" o simplemente serán víctimas del poder que baja hacia las oficinas de recursos humanos en donde te
dicen “aquí le tenemos su bono: “bono” trabajas más aquí”.
Adenda: el portal La Silla Vacía informó que el gobierno únicamente "dará ruedas de prensa a medios amigos". https://www.lasillavacia.com/en-vivo/presidencia-solo-dara-ruedas-de-prensa-a-medios-que-sean-sus-amigos/