domingo, 19 de julio de 2026

ARGENTINA VS ESPAÑA: MÁS ALLÁ DE UNA COPA MUNDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cae el telón del Mundial de Fútbol. Termina el certamen orbital del deporte espectáculo usado por los políticos como el más grande y poderoso opioide con el cual adormecen a la masa de aficionados que ven las transmisiones de los partidos. Esos mismos a los que durante un mes largo no se les ocurrió mirar hacia Gaza e Irán, convertidos por Israel y Estados Unidos en zonas de desastre humanitario. Para qué hacerlo si el fútbol tiene esa capacidad de sacarnos de la realidad durante largos 90 minutos. El fútbol tiene el poder analgésico del fentanilo. Y Fútbol se escribe con F de Fentanilo.

En la final del Mundial se habla español: España y Argentina definirán el nuevo campeón mundial. Me pregunto: ¿A qué país le convendría más que su selección gane el anhelado trofeo? Trataré de responderme el interrogante.

Ambas selecciones representan no solo a sus naciones sino las realidades políticas, social y económicas que, para el caso, devienen distintas. Pedro Sánchez en la “Madre Patria” le apostó a implementar reformas sociales en medio de desafíos migratorios, escándalos de corrupción y los que acompañan al control de la inflación. Estamos hablando de un país europeo que hace parte del norte opulento. Y esa es una realidad que no se puede obviar porque resulta determinante.

Mientras que Milei, atado a los intereses del FMI y alineado a los Estados Unidos de Donald Trump se propuso reducir el Estado a punta de motosierra y por esa vía afectar la dignidad de los pensionados y trabajadores oficiales: “el mayor golpe en materia de ingresos se dio entre los trabajadores del sector público. Víctimas del ajuste y la ‘motosierra’ de Milei, el nivel de salarios de septiembre de 2025 perdió un 18% de su capacidad de compra frente al promedio de 2023”.

Los críticos del gobierno de Milei pintan un escenario catastrófico que incluso sirvió para tratar de asustar a los colombianos que finalmente votaron el 21 de junio por el primer presidente therian de Colombia. El relato aquel de “nos vamos a convertir en Argentina si votan por De la Espriella y vamos a comer carne de burro” de poco sirvió. Será porque hay cientos de miles de colombianos, verdaderos jumentos en términos políticos, que de tiempo atrás comen de esa carne.

Así las cosas, si España conquista su segunda copa mundo habrá celebraciones y quizás algunos desmanes; si, por el contrario, pierde la final frente a los gauchos, la resaca que produce la derrota resultará manejable por las condiciones sociales y económicas en las que viven los españoles.

El caso para los argentinos puede ser diferente: estamos hablando de un país suramericano que hace parte del Sur empobrecido y sometido. Y esa es una circunstancia que no se puede soslayar.  Alrededor del Obelisco se congregarán borrachos de felicidad y orgullo cientos de miles de aficionados para saltar mientras el opioide hace el efecto esperado: quitarles por varias semanas los dolores que les dejó la pérdida del laburo y las dificultades para reclamar medicamentos y comer.

Si la selección de Messi, Lautaro y el Dibu Martínez se alzan con el trofeo no solo será la cuarta copa mundial sino la oportunidad única para que el “libertario” (realmente es un neoliberal) presidente de Argentina, Javier Milei, lo use para atenuar la mala imagen que se proyecta del país por sus agresivas reformas sociales y decisiones de política energética. “El Gobierno del presidente Javier Milei confirmó que avanzará con la licitación internacional de un bloque offshore de aproximadamente 5.000 kilómetros cuadrados en el Mar Argentino para la exploración de petróleo y gas, una decisión que ha generado fuertes cuestionamientos debido al interés manifestado por una empresa de capitales británicos”.

Como sucedió durante la dictadura militar, la primera copa mundo ganada por Argentina sirvió para tapar las arbitrariedades y crímenes cometidos por Galtieri y Videla. Lo mismo podría pasar si Messi y su combo conquistan la cuarta estrella en territorio norteamericano. Una parte importante de la sociedad argentina necesita “trabarse” para aguantar el difícil partido que les planteó Milei. Si Argentina resulta hoy campeona mundial le habrá entregado al presidente Javier Milei el cargamento de fentanilo que necesita para calmar al pueblo argentino que sobrevive en medio de la precariedad laboral y las afugias médicas que a diario padecen los gauchos. Hay dolores físicos y del alma que el fútbol logra controlar por un tiempo. Si, es un paliativo que no cura las enfermedades terminales que genera el neoliberalismo.

Una última pregunta: ¿Será que Trump e Infantino estarán pensando en darle de regalo a Milei y a Messi la Copa Mundo?

sábado, 18 de julio de 2026

URIBE Y ABELARDO: "PELEA" ENTRE MONSTRUOS

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las tensiones entre el primer presidente therian del país y el expresidente Uribe hay que sacarlas del ámbito transaccional que ocurre por estos días al interior del Congreso alrededor de qué partido debe controlar las mesas directivas. Se trata de una lucha política en la que salieron a relucir los egos de las dos figuras megalómanas más visibles de la derecha.

La disputa entre Uribe y De la Espriella hay que situarlas en el recambio generacional que ya está experimentando la derecha neoliberal, precapitalista, rentista, violenta, retrógrada y goda que por 20 años lideró el político antioqueño. Igualmente, dicho enfrentamiento, que probablemente sea pasajero, se explica porque el debilitamiento del liderazgo de Uribe Vélez no obedece exclusivamente a sus líos judiciales y al natural proceso de consunción que lo está consumiendo.

El fondo del asunto puede resultar más simple de lo que parece: Uribe está de salida y De la Espriella será su reemplazo porque una parte del Establecimiento así lo decidió. Los agentes económicos, sociales y políticos del viejo régimen necesitan contar con un tipo como Abelardo de la Espriella, cuyo perfil sibarita es aplaudido en esas huestes en las que siempre vieron con desagrado el oufit de Uribe y su montaraz carácter. El Establecimiento creó ese monstruo llamado Uribe y éste ayudó a crear a esa fiera que hoy lo desafía.

Aunque los gustos refinados del therian guardan visos corronchos, este agrada más por su juventud y porque aquellos agentes de poder lo sienten capaz de traspasar todos los límites éticos, institucionales y morales, incluso superando las propias marcas que Uribe dejó en esas materias.  Aquellos reconocen y aplauden todos los límites éticos y morales que traspasó Uribe siendo jefe de la Aerocivil, estando al frente de la alcaldía de Medellín, la gobernación de Antioquia, de la Casa de Nari y por supuesto lo hecho desde el Congreso.

Además, esos mismos actores pro-Abelardo entienden muy bien que el actual momento histórico por el que atraviesa Estados Unidos, el (des) orden internacional y la propia Colombia los obliga a explotar muy bien los afanes de Abelardo de la Espriella de ser reconocido, aplaudido, reverenciado y venerado. Al presidente therian le urge superar sus propios vacíos emocionales y darle rienda suelta al fatuo carácter con el que desea ocupar el lugar importante en la historia política del país que él cree que se merece.

El therian presidente está resuelto a superar con creces lo hecho ideológica, cultural, económica y políticamente por Uribe Vélez. La apuesta de Abelardo de la Espriella es consolidarse como el nuevo líder de la derecha y la ultraderecha por lo menos durante los cuatro años de su administración. De su volátil carácter saben muy bien quienes coadyuvaron a ponerlo en el Solio de Bolívar, de ahí que estén dispuestos a todo para corregir, ajustar, desaparecer o destripar lo que consideren necesario durante los cuatro años en los que lo manejarán y mimarán para que les cumpla con lo convenido en campaña.

Si en el pasado las empresas periodísticas construyeron ese fenómeno mediático llamado Álvaro Uribe Vélez, hoy, esas mismas casas editoriales le están apostando a consolidar otro fenómeno, pero sobre todo a naturalizar las ideas y prácticas fascistas con las que De la Espriella está dispuesto a dar las “batallas culturales” con las que eliminará al progresismo y a la izquierda. La “patria milagro” de la que habla el therian presidente está fundada en la proscripción del pensamiento crítico y divergente, el destierro de los defensores de los derechos humanos y los de la naturaleza. 

PAOLA HOLGUÍN, MINISTRA DE CULTURA

 



Por Germán Ayala Osorio

El nombramiento de Paola Holguín como ministra de Cultura es coherente con el proyecto político del primer presidente therian del país. Punto para Abelardo. Veamos. Quienes esperaban en esa cartera a una mujer con experiencia en el sector, leída y con reconocidos procesos de formación académica y visos de intelectual se quedaron con los crespos hechos pues el perfil de Holguín se ajusta perfectamente a la línea ético-ideológica trazada por el inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?) que se identifica con un tigre. Sobre este último asunto señalo que el nicho ecológico de ese particular felino está fundado en su carácter depredador.

Quizás por ello, y en términos prácticos, Holguín, la hija de Frank Holguín, el testaferro de Pablo Escobar estaría habilitada para evitar la consolidación de las prácticas culturales de los grupos étnicos cercanos a la vida comunitaria, al progresismo y a la izquierda. Más claro: Holguín llega a la cartera de cultura para debilitar procesos de consolidación cultural comunitaria. Al final, la hija de Frank fungiría como una especie de “depredadora cultural” de lo diverso y plural. ¡Firmes por la hegemonía cultural! 

Recordemos que Abelardo viene hablando de "guerra cultural" y "contrarrevolución cultural", conceptos que hacen parte de la narrativa anti progresismo que viene naturalizando con la ayuda de las empresas mediáticas que en el pasado fueron uribistas y ahora son abelardistas. Con la llegada de Holguín el país podría acercarse a los hechos narrados en la novela 1984 de George Orwell. El Gran Hermano vigila, aculturiza, desprecia y destripa. Hacia allá puede ir el país. 

La línea pintada por el therian es clara: el regreso al pasado, al conservadurismo, dogmatismo, al control ideológico y finalmente a la imposición de la cultura dominante: “blanca, latifundista, precapitalista, rentista, traqueta, negrera y esclavista”. A lo mejor Holguín, la hija del señalado testaferro del asesino serial y mafioso Pablo Escobar, logra poner en marcha el panóptico cultural que necesita esa “patria milagro” en la que no tienen cabida la pluralidad ideológica y cultural.

Paola Holguín, promotora de los “Paolos[1]”- no confundir con los Pepes, por favor-, podría ser la ministra que mejor representa al therian de la casa de gobierno: no hila, como De la Espriella, un discurso medianamente coherente y cohesionado. Su pobreza cultural (discursiva) es incontrastable y al parecer, inconsciente. El mayor logro de la goda ministra de cultura es haber adorado al expresidente, expresidiario y congresista Álvaro Uribe Vélez. No tiene nada más que mostrar.

Holguín es la ficha perfecta para poner en marcha la idea de generar actividades tendientes a unificar y homogeneizar la cultura. Algo así como el pensamiento único o el unanimismo ideológico elevado a la categoría ministerial. ¿Paola Holguín  se atreverá a “patear a ese perro muerto” llamado Ministerio de las Culturas, las Artes y Saberes con el que el gobierno saliente intentó darle voces a la diversidad?

Con todo y su voz “chillona”, Paola Holguín representa la negación del pensamiento crítico que acompaña a las disímiles prácticas culturas en un país que desdice de sus propios procesos de mestizaje, lo que explica el clasismo, el racismo y la aporofobia que alimenta De la Espriella. Y, por último, la designación de Holguín manda un mensaje ético-político a los sectores de poder económico y político mafioso de Antioquia, tierra de donde es oriunda la “inculta” ministra de la cultura. Una forma de legitimar la “cultura mafiosa” que se naturalizó en Medellín y sus alrededores. La alborada es el ejemplo más visible de la permanencia de esa “cultura” que une a los millones que votaron por el therian.





[1] “Los Paolos' fue el movimiento uribista que promovió la valla publicitaria que cuestiona la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), en la que se pregunta "Tú, ¿de qué lado estás?" Y da dos opciones de respuesta: "Victimas – No JEP" o “Victimarios – JEP".

miércoles, 15 de julio de 2026

POSESIÓN VERDE OLIVA

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La cacareada posesión del primer presidente therian del país se hará en una guarnición militar. La decisión de Abelardo de la Espriella tiene mucho de infantil y caprichosa. Es posible atar esa decisión a la majadería que lo caracteriza, que va muy de la mano de su perfil belicoso, pendenciero y autoritario que nos hace recordar al Señor de las Sombras.

El presidente therian rompe con una tradición republicana con la que se superaron en el pasado odios entre Pastrana y Samper, y Duque y Petro, protagonistas de transiciones que se dieron a pesar de las animadversiones entre los presidentes salientes y entrantes. Ejemplos claros de madurez política y manejo de la diplomacia (hipocresía política) a pesar de los evidentes distanciamientos por razones ideológicas y morales.

Lo que veremos el 7 de agosto será una transición propia de un país escindido y prueba fehaciente de que nos odiamos y de que los resquemores generados por el plebiscito por la paz de 2016 se profundizaron entre 2022 y 2026, periodo en el que afloraron el clasismo, el racismo, la aporofobia y la inconciencia de clase de millones de colombianos pobres y de clase media que votaron por el proyecto autoritario e insostenible ambientalmente que representa De la Espriella.

Una transición vestida de verde oliva y uniforme de fatiga con la que De la Espriella levantará su mano derecha para saludar a sus subordinados, quienes en adelante cumplirán las órdenes de un civil que habla, piensa y actúa como chafarote; ojalá la cúpula militar entrante entienda y comprenda los riesgos que se ciernen sobre el país con un comandante supremo que puede terminar pareciéndose a Videla, a Galtieri, a Stroessner, Fidel Castro, Pinochet y al novato dictadorzuelo de El Salvador, el señor Bukele. Los tiempos del “ajúa” y del “presidente eterno” terminarán siendo un juego de niños si el Establecimiento, las empresas mediáticas, la iglesia católica y los cristianos permiten que De la Espriella dé rienda suelta a sus ganas de “destripar” a todo lo que huela a izquierda y progresismo.

Ya veremos qué camino decide transitar el therian una vez quede investido como presidente y se ponga el camuflado. Tiene dos caminos: el primero, el de gobernar exclusivamente bajo las viejas consignas del Consenso de Washington y el segundo, bajo las orientaciones de la Escuela de las Américas y las aspiraciones del Escudo de las Américas y la Doctrina Donroe, en cabeza del degenerado presidente de los Estados Unidos. Lo más probable, de acuerdo con las amenazas lanzadas durante la campaña presidencial, el entrante presidente colombo-norteamericano podrá hacer posible que Colombia recorra al tiempo los dos caminos: echar para atrás las conquistas sociales logradas por el gobierno Petro y las disposiciones en materia de política ambiental. Al final del periodo del presidente que además de sentirse identificado con un tigre, piensa y siente como aquellos milicos amantes de las operaciones de orden público, habrá más hambre, pobreza y víctimas de un Estado criminal.

 

 

jueves, 9 de julio de 2026

DE LA ESPRIELLA PROTAGONISTA DE SU PROPIA PELÍCULA




Por Germán Ayala Osorio

 

El ridículo, burlesco e infantil saludo militar del primer presidente therian de Colombia me hizo recordar la película El regalo prometido. En esta movie, protagonizada por el pésimo actor Arnold Schwarzenegger, tanto Turbo Man como un oficial de la policía se saludan de la misma manera como lo hace Abelardo de la Espriella Otero, el mal actor político que la ultraderecha, con el concurso de las empresas mediáticas, instaló en la Casa de Nariño, convertida en el Centro de Estudios y Producción Audiovisual desde el que ya anuncia la entrega del primer regalo envenenado para millones de desempleados y futuros empleados que votaron por la Patria Milagro, por el indomable “tigre”: el trabajo y la cotización por horas.

Eso sí, De la Espriella es ya el protagonista y director de su propia película: El Engaño del Tigre. Se trata de una movie de acción muy al estilo Hollywood en donde la derecha “destripa” a todo lo que huela a izquierda. Pero en dichas escenas no solo se reparte bala, también ministerios a los de Siempre. Aunque el público puede confundirse con el mensaje de la promoción del filme pues el protagonista dice que gobernará con los Nunca. La critica cinematográfica ve allí problemas en la construcción del guion. Varios expertos lo calificaron de mediocre.

De la Espriella y Turbo Man tienen en común que ambos son unos juguetes. El “tigre” es el toy de la ultraderecha, del uribismo, de Trump, de los banqueros, de los neoliberales y de la godarria más retrógrada de la sociedad representados por los nietos de Laureano Gómez. Como en toda película o culebrón mexicano, hay personajes “buenos” y “malos”. Para el caso de la película norteamericana, Turbo Man es el bueno y Dementor, el malo. En la movie colombiana, El Engaño del Tigre, a De la Espriella lo venden como el bueno, pero realmente al final de la producción cinematográfica los daños culturales y socioambientales lo confirman como un personaje nefasto y dañino para el país. Tanto, que aquello de la Patria Milagro se convertirá en un vil engaño y una pesadilla. 

Los productores de El Engaño del Tigre esperan que, por los menos 12 millones de colombianos, muchos de ellos en minoría de edad, vean la grabación en vivo de las escenas de este filme que promete superar en calidad y audiencia a las ocho versiones de la mediocre película El Paseo, de Harold Trompetero.

NEGACIONISMOS Y PRAGMATISMOS

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El primer presidente therian de la historia del país hace parte del nutrido grupo de negacionistas del cambio climático. De la Espriella, como era de esperarse, gobernará de la mano de Trump no solo por ser ciudadano norteamericano, sino por hacer parte de la ultraderecha internacional que niega que estemos en la era del Antropoceno. Se trata de personajes que niegan los nuevos escenarios socio ambientales y ecológicos, al tiempo que declaran guerras e intervenciones militares con visos fascistas y prácticas genocidas, así como persecuciones a migrantes latinoamericanos que viajaron a los Estados Unidos atraídos por el “sueño americano”. En Europa se hace lo propio contra migrantes africanos de las colonias francesas e inglesas.

El canciller Omar Bula Escobar lo acompaña en su actitud negacionista y por supuesto en la legitimación del genocidio en Gaza contra el pueblo palestino ejecutado por Israel y su ejército sionista. Frente al cambio climático Bula Escobar dice que “el clima siempre ha cambiado a través de los años”; de esa manera niega que las pluricrisis climáticas sean consecuencia de actividades antrópicas altamente disruptivas como la deforestación, la ganadería extensiva y en general las que se desprenden del modelo económico extractivista, desarrollista y consumista. También acompaña a su jefe en la negación del genocidio en Gaza. “Reconstruiremos las relaciones con Israel, que nunca debieron haberse roto. Con ellos tenemos una relación de décadas cordial y constructiva en términos económicos y de seguridad” espetó el ultraconservador ministro de Relaciones Exteriores de Colombia en la era del “tigre”.

Estamos ante posturas negacionistas que rayan con la inmoralidad y que le apuestan a garantizar a futuro las condiciones descritas en la película Elysium y por supuesto las que expuso Huxley en su novela Un Mundo Feliz en el que el futuro de la humanidad quedaría circunscrito a la manipulación controlada de la vida en el Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres. En la novela se lee que de ese lugar saldrían hombres y mujeres estandardizados, en grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un solo óvulo bokanovskificado”. La homogenización étnico cultural y la limpieza étnica por la vía del genocidio serían los primeros pasos que nos llevarían al mundo feliz que pintó Huxley.

Si bien hay preocupación entre ambientalistas, ecologistas, biólogos y ecólogos por la promesa electoral del peligroso felino de hacer “fracking a lo que marque”, incluso en páramos, las ambivalencias y la psiquis voluble de Abelardo, sus ministros de Agricultura y Medio Ambiente, Indalecio Dangond y Fabio Arjona Hincapié no son negacionistas del cambio climático, pero lo más probable es que terminen cambiando de parecer presionados por quien niega las pluricrisis ambientales y porque ambos ministros exhiben el carácter pragmático que se requiere para tomar decisiones socioambientales que beneficiarán a los ganaderos, latifundistas y a agentes que votaron por De la Espriella y le apuestan a universalizar en el país el modelo de la gran plantación. Dangond, por ejemplo, habla de adaptación en tanto reconoce la existencia del cambio climático; lo contrario del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible quien dijo en el pasado que “no estoy de acuerdo con muchas políticas de Trump, como no reconocer el cambio climático, que me parece terrible”. El nivel de pragmatismo que dejó ver en sendas entrevistas Fabio Arjona, antes de posesionarse en la cartera ambiental hacen pensar que se ajustará a lo que le ordene el nuevo inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?).

No creo que al interior del gabinete del therian presidente se den discusiones y mucho menos disquisiciones ideológicas alrededor de la defensa de la vida. Eso solo sucede en la izquierda no pragmática. No. Se impondrá el pragmatismo y la necesidad de cumplirle a quienes lo apoyaron para avanzar en los procesos de sometimiento de los ecosistemas naturales-históricos y de la vida de los seres humanos que viven dentro de sus límites o en sus fronteras: indígenas, pueblos afros y comunidades campesinas. Ya tendremos tiempo de evaluar los efectos- daños- que dejará el “tigre”, un reconocido depredador ápice.



miércoles, 8 de julio de 2026

SIGAMOS HABLANDO DE LA SELECCIÓN

 




James Rodríguez no anotó goles en el Mundial 2026. Foto: Getty Images / Getty Images


Por Germán Ayala Osorio

 

La eliminación de la Selección del Mundial de Fútbol es una inmejorable oportunidad para discernir alrededor de varios asuntos que rodean la vida social, política y cultural de los jugadores y del resto de la sociedad colombiana.  La actuación del equipo nacional es asumida por la prensa hegemónica, patrocinadores y aficionados como una suerte de válvula de escape a los problemas que arrastramos como sociedad o en el peor de los casos como fuente de poderosos opioides capaces de alivianar los dolores del alma de una sociedad infeliz que necesita con urgencia ese tipo de satisfacciones deportivas convertidas en un anhelo de la gran masa.

Propongo los siguientes enunciados categoriales para dar cuenta de ese discernimiento conectado como dije a esas tres variables de la vida societal en ese país llamado Colombia. El primer enunciado categorial lo llamo Heroización masculina. El segundo, Felicidad al debe; el tercero Identidad televisada y el cuarto, El Fútbol, el inmoral morfínico.

Heroización masculina. El fútbol, como el mundo entero, deviene, básicamente, masculino y masculinizante. De ahí el fervor, la pasión y las múltiples violencias que confluyen y se originan de su práctica callejera y por supuesto las que agencia la FIFA, organización que fija las reglas, inclusive aquellas que convirtieron a los jugadores en “esclavos millonarios” que se venden al mejor postor. Los presidentes de la FIFA son hombres; la dirigencia del fútbol colombiano es patriarcal. Baste con recordar el violento episodio protagonizado por su presidente Ramón Jesurún durante la pasada Copa América para entender de qué tipo de masculinidades estamos hablando.

Quizás por las dinámicas del conflicto armado interno la sociedad colombiana es muy dada a echar a andar, con el concurso de las empresas mediáticas, procesos de heroización de militares, paramilitares y guerrilleros, actores armados que habiendo violado los derechos humanos y desatendido las obligaciones morales del DIH son asumidos como “héroes” por sus simpatizantes. Lo mismo pasa con los jugadores de la Selección de Mayores: cuando ganan partidos u obtienen clasificaciones la prensa los eleva a la condición de “Héroes”. Les dicen “guerreros” y hasta les dan las gracias por haber competido, esto es, por haber cumplido con actividades propias del trabajo que desempeñan como futbolistas. El tratamiento con las mujeres de los seleccionados femeninos no es el mismo. Poco o nada se habla de “heroínas”. Las llaman “niñas” y les alcanza a algunos periodistas deportivos para llamarlas “guerreras o súper poderosas”, en un evidente esfuerzo por ocultar el machismo y la misoginia que genera el sistema patriarcal.

Felicidad al debe. Son millones de colombianos que aún insisten en depositar la obligación individual de alcanzar la felicidad en 11 jugadores que ya tienen resuelta su vida económica y por lo tanto son felices o aparentan serlo, en contraste con aquellos que se endeudan, empeñan joyas y apuestan hasta lo que no tienen con tal de acompañar a la “Sele”. Varios registros noticiosos dieron cuenta de esa realidad social y económica de cientos de aficionados que resolvieron viajar, con limitaciones, a México, Canadá y Estados Unidos exclusivamente para estar en los estadios animando a la Selección, vestidos con la camiseta amarilla. Son fanáticos a los que urge dejar salir todo tipo de frustraciones y por esa vía insistir y auto validar la práctica social de situar como responsables de ser felices a los integrantes del seleccionado nacional. A otros les parece genial tener el costoso y sufrido recuerdo de haber estado en un estadio viendo, desde lejanas tribunas, a sus ídolos. Otros tantos también lo hacen para presumir en sus redes sociales que son felices.

Identidad televisada. Los medios de información (insisten en llamarlos de comunicación) cumplen la función social y política de distraer a la gran masa necesitada de eventos masivos como el Mundial de Fútbol.  El objetivo más importante de las empresas mediáticas está atado a la acción de inocular en las audiencias o en la fanaticada el amor por una identidad nacional en ciernes y que arrastra graves problemas para su consolidación. Se trata de verdaderas taras civilizatorias que los jugadores creen haber superado por la fama, el reconocimiento y la riqueza alcanzadas, pero que todos sabemos que están ahí presentes.

Esa identidad televisada es falsa o por lo menos fantasmal en la medida en que el periodismo y la mágica cajita construyen realidades. Para el caso de la “identidad nacional” se chocan todo el tiempo con las taras civilizatorias, la vergüenza de ser colombiano y la insistencia de millones de colombianos de desconocer e incluso de maldecir los procesos de mestizaje de los que son “víctimas”. Esa identidad televisada es tan discutible como la identidad del fútbol colombiano. No hemos podido construir una identidad nacional basada en principios republicanos. Buscamos de manera desesperada la aceptación universal de eso de ser colombiano, alejados o buscando ocultar que como colectivo no hemos aprendido lo más básico: respetar al Otro y en particular cuando celebramos las siempre morales victorias que la “Sele” alcanzó en su historia.

Y por último está El Fútbol, el inmoral morfínico. Como deporte espectáculo el fútbol atrae, distrae, confunde y apasiona por su estética, por el gol, entendido por Eduardo Galeano como un “orgasmo”. El “orgasmo del fútbol” dijo el escritor uruguayo. La FIFA, poco a poco, en un proceso lento, pero seguro, le ha ido quitando la magia, hasta convertirlo en un grotesco espectáculo en el que confluyen mafiosos, lavadores de dinero y apostadores dispuestos a todo. Galeano dijo que “la historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí».

Eso sí, mantiene su poder morfínico en un mundo que necesita de este tipo de escenarios proto nirvánicos en los que se liberan rabias y frustraciones. Las barras bravas sí que saben de eso. Quizás por ser tan inmoral hoy el fútbol que regenta Infantino y la FIFA de tiempo atrás es que mantiene el mismo número de fanáticos e incluso van llegando niños, los nuevos fogosos que poco o nada les interesará conocer de dónde viene tanta inmoralidad.

Una periodista en la cuenta de X preguntaba qué le falta a la Selección para alcanzar la gloria. Me aventuré a responder lo siguiente: No es posible cambiar la mentalidad del jugador colombiano mientras siga pensando en que lo único importante es conseguir plata, comprar autos y llenarse de lujos. Se necesita un cambio cultural. "Destraquetizar" los gustos de los jugadores. Humildad y conciencia de clase. Examinar procesos de formación- si acaso existen- y el seguimiento a jugadores desde las inferiores. El técnico de la Selección "absoluta" debe ser proclive a darle oportunidad a jóvenes sub17. Debe pensar, por indicaciones de directivos, en el relevo generacional. Y por supuesto, hay que exigir un cambio en la dirigencia de la Federación, por una razón: son las mujeres, el fútbol femenino, las que están logrando los títulos que los falsos “héroes” jamás ganaron.

martes, 7 de julio de 2026

ELIMINADA LA “SELE”

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

No hay mentira- diría mentirota- más grande que esta: “la Sele nos une”. Ahora que la Selección fue eliminada del Mundial, periodistas, políticos y aficionados salen al ruedo a pontificar los primeros, sobre decisiones técnicas, falta de jerarquía de los jugadores y otros asuntos que el periodismo deportivo convirtió en temas de discusión filosófica e incluso, cercanos a una naciente “ciencia” para explicar un juego simple: para ganar hay hacer goles; mientras tanto, los segundos, en particular los progresistas, entran con los “taches levantados” a cobrar el desaire y la grosería de los jugadores hacia Petro y Antonella aquel día en el que la hija del jefe del Estado le pidió a James una foto y el 10 se la negó. Dicen que Abelardo “saló” la camiseta, la politizó y convirtió en símbolo de desunión y odio. Lo cierto es que las camisetas de la Selección con un tigre pintado son un especie de sacrilegio.

¿Cuántas camisetas se dejaron de vender por razones ideológicas? Esa es una investigación pendiente por hacer; y los aficionados, siempre de últimos, dejan salir la ya garantizada frustración de cada cuatro años con chistes y memes. Entonces, dicen que a la “Sele” le dicen “perro entrenado”, porque jamás entran a los “cuartos”. Otros, proponen que el presidente therian llame a Infantino para que repitan el partido; o que Cepeda no reconozca el resultado, la derrota. Y los menos pulidos critican a Suárez y Campaz por los goles que se comieron. Dicen que se “comen un moco ajeno y con sangre”. Un chiste sucio y sangriento como la política interna e incluso tan bajo como la amenaza de “destripar” a la izquierda. Un chiste del populacho, dirán en el Chicó.

Si juntamos a los aficionados, políticos y periodistas deportivos tenemos la triada perfecta que dice más de lo que somos como sociedad, que cualquier estudio sociológico: millones de colombianos depositan la obligación individual de alcanzar la felicidad en un puñado de jugadores que ya tienen más que asegurado su futuro económico. Seguir a la Selección es una manera de sacudirse y disipar las frustraciones por no haber podido construir un país en el que quepamos todos y lo que es peor, una verdadera República. Millones de colombianos van por ahí tomando decisiones políticas y votando por personas y proyectos políticos sin conciencia de clase. Por eso, votan por sus verdugos, los mismos que están dispuestos a generar escenarios disfóricos haciendo minería y fracking a lo que marque en páramos y otros ecosistemas naturales-históricos y frágiles.

Si se quiere recordar o hacer referencia a la hegemonía cultural de la que habló Gramsci y del sistema patriarcal y machista, con visos de misoginia imperante en Colombia, qué mejor que mentar a la “Selección”.  Nótese que no es necesario decir que se trata del equipo de hombres y en la categoría de mayores. Y si miramos el fútbol femenino, las muchachas siguen siendo víctimas de dirigentes machistas, de una vetusta institucionalidad deportiva que odia a las mujeres. No olvidemos que este es un país y una sociedad de “machitos” que “amenazan con dar en la cara marica” o que ordenan “destripar a los que piensan diferente”.

Si, eliminaron en penales a la “Sele”. Qué son unos “cagones” les gritan porque en las instancias definitivas les pasa siempre lo mismo. Los periodistas deportivos hablan de “falta de jerarquía”. Los más creyentes, meten a Dios al baile: así lo quiso el Señor, por algo será. ¿Será porque aún no aprendimos a celebrar?

El día que Colombia gane un Mundial lo más probable es que las funerarias, hospitales y morgues colapsen. Además, si hubiesen clasificado a cuartos, se enfrentarían a la mimada de la FIFA, la misma que está ya lista para ser campeona, otra vez. No olviden que Milei necesita que Escaloni y sus jugadores se lleven la Copa para Buenos Aires: es urgente disipar los ánimos caldeados y distraer al pueblo argentino que sufre las consecuencias de haber puesto en la Casa Rosada al cipayo que se sentó en las piernas de Trump. A Colombia le hubiera caído bien llegar a la final para aguantar lo que se viene con el primer presidente therian. Nos vemos en cuatro años. Si no nos destripan, claro está. Eso sí, el año entrante hay que apoyar a la Selección Femenina.  

¡UNA MESA DE DIÁLOGO YA!




Por Germán Ayala Osorio

 

El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella Otero dejó claro desde la campaña que no habrá mesas de diálogo con los grupos armados ilegales, a los que les dio un mes de plazo para someterse a la justicia. Se trata de una legítima decisión político-militar del nuevo presidente de la República muy atada a los intereses de latifundistas y ganaderos que llegarían a recuperar tierras o a apropiarse de las que abandonen comunidades rurales y campesinas, por efectos del recrudecimiento de las hostilidades por el paso de la fallida Paz Total, a la guerra total; en ese escenario habría masivos desplazamientos forzados de campesinos. Ya veremos hacia dónde lo llevan las acciones criminales de las disidencias farianas, el clan del Golfo y el ELN.

En donde sí parece que se va a necesitar una mesa de diálogo con urgencia es entre las principales figuras de la oposición petrista y el presidente De la Espriella. Entre Petro y el primer presidente therian que se sentará en el Solio de Bolívar. El problema es que hasta el momento nadie se ofreció para acercar a las partes. Mientras tanto, la prensa hegemónica-hoy abelardista- continúa azuzando los enfrentamientos con sesgados tratamientos periodísticos que dan cuenta de que tomaron partido y por cuatro años defenderán al gobierno de Abelardo de la Espriella.

Si bien los ataques entre las huestes petristas y abelardistas aún no se traducen en reyertas callejeras, a nivel de redes sociales y en la vida política de la capital los niveles de crispación y odio crecen con el paso de los días. De continuar así el cruce de improperios y mutuas descalificaciones, la transición del mando el 7 de agosto será una ceremonia cargada de símbolos negativos atados a la violencia discursiva (simbólica) que viene desde la campaña presidencial.

El pesado ambiente vivido en la transición del poder del entonces subpresidente Iván Duque Márquez al presidente Gustavo Petro se superaría con creces si entre las partes no asumen posturas civilizadas y republicanas que le manden al dividido país mensajes de tranquilidad.

El ambiente está más que caldeado en Bogotá por cuenta de las denuncias- al parecer con evidencias- del presidente Petro con las que probaría que efectivamente hubo fraude electoral.  El presidente es Iván Cepeda, espetó el presidente saliente. En su cuenta de X dijo: “Nosotros tenemos toda la información sobre desde que servidor IP situado en los Ángeles, California, de propiedad de los hermanos Bautista, integrado a la operación de escrutinios se utilizaron algoritmos que variaron la votación sustancialmente a favor de Abelardo, los algoritmos que viciaron el resultado electoral se usaban con el censo electoral de los que nunca votan para ser reemplazados por votantes que podían hacerlo varias veces o sin votantes en las mesas de jurados homogéneos”.

Como consecuencia de lo dicho por Petro, De la Espriella ordenó a su vicepresidente- que viene actuando como si fuera el nuevo jefe del Estado- suspender las actividades del accidentado empalme, convertido en un tira y afloje entre las mesnadas que los mandatarios saliente y entrante representan.

Así las cosas, ni los buenos oficios y exhortaciones a la calma de obispos, de los expresidentes, eventuales comisiones de sabios que reaparezcan con espíritu pacificador y mucho menos los llamados a superar las mutuas animadversiones servirían para que haya paz política en el país.

Lo más recomendable es que De la Espriella Otero renuncie a la ciudadanía gringa y abandone la pretensión de juzgar en Colombia y extraditar hacia los Estados Unidos al expresidente Petro. Eso ayudaría a bajar los ánimos.  Y del lado de Petro y sus huestes que se deje de lado la narrativa con la que deslegitima la pírrica victoria de la ultraderecha ese fatídico 21 de junio. Si le metieron la mano o no a las elecciones, por el bien del país, hay que aceptar y permitir que De la Espriella asuma el poder político y militar sobre la Nación. Hay una tarea política por emprender: vigilar de cerca hacia dónde intentará llevar el país el nuevo jefe del Estado; cuestionar y denunciar arbitrariedades y delitos cuando se presenten.

Estamos, quizás, ante la más grande ruptura y distanciamiento político, ideológico, moral y ético-político entre dos disímiles visiones de país, que podría superar a la que vivió el país durante los enfrentamientos entre Liberales y Conservadores. Y el detonante de un nuevo Bogotazo podría ser el juzgamiento político y extradición de Petro a los Estados Unidos. Todos están jugando con candela. ¡Una mesa de diálogo ya!

lunes, 6 de julio de 2026

BLOQUES DE SEGURIDAD URBANA




Por Germán Ayala Osorio

 

El anuncio del gobierno entrante de enfrentar la creciente inseguridad en las principales urbes del país con la creación de Bloques de Seguridad Urbana (BSU) disparó las alarmas en las huestes del petrismo. El propio presidente Petro calificó la estrategia de “fascismo criollo” que alentará estallidos sociales.

Por supuesto que hay riesgos alrededor de que a la operación de esos Bloques de Seguridad Urbana lleguen paracos, nuevos “tiras” o se estimulen alianzas con específicas organizaciones criminales de ciudades como Cali, Barranquilla y Medellín, con el firme propósito de desmantelar otras estructuras delincuenciales o eliminar físicamente a algunos de sus líderes. Se trataría de “ajustes de cuentas” con la participación de agentes del Estado. En particular se atacarían a aquellos que se “salieron de control” e irrespetaron pactos firmados con agentes estatales. Aquellos grupos que colaboren con los BSU seguirán operando en cumplimiento de tareas como sicariato, robos selectivos y microtráfico. Más claro: al igual como sucedió con el Bloque de Búsqueda con el se persiguieron narcos en los años 90, los BSU naturalizarán la connivencia entre legales e ilegales.

Los BSU operarán jurídicamente apoyados en la declaratoria de “terrorismo urbano” con la que se persiguieron a jóvenes que salieron a las calles a manifestar su descontento por las arbitrariedades cometidas por la policía y la decisiones económicas tomadas durante el (des) gobierno de Iván Duque Márquez. Los vándalos y quienes salgan a protestar podrían terminar siendo perseguidos por los agentes de los Bloques de Búsqueda Urbanos. Recordemos que durante el estallido social los jóvenes de la Primera Línea fueron calificados como "terroristas, vándalos y hordas de salvajes".

Aunque se trata de un anuncio, el decreto que dará vida jurídico-política a los Bloques de Búsqueda Urbanos se conocerá el mismo 7 de agosto cuando se posesione De la Espriella, el “Bukele” criollo. Los resultados operacionales de los BSU estarán alineados con las 10 mega cárceles que prometió construir el presidente electo durante la campaña electoral. Recuérdese que se trataría de cárceles en concesión cuyo éxito económico dependerá de la cantidad de presos que ingresen pues el Estado “pagará por interno” a los privados que asuman la construcción y operación de los 10 complejos carcelarios. Sin presos, el negocio no es viable, entonces, se necesitarán masivas capturas.

Por supuesto que la propuesta de inmediato fue recibida de muy buena manera por el alcalde de Cali, Alejandro Eder, quien piensa igual a De la Espriella. Esto espetó el mandatario local en su cuenta de X: “El #BloqueDeDefensa para la Seguridad Urbana va en la dirección correcta. En Cali ya comprobamos que cuando la Fuerza Pública, la @FiscaliaCol y los organismos de inteligencia trabajan de manera articulada, los resultados llegan. Ahora el reto es redoblar esa estrategia para enfrentar con contundencia a las más de 100 bandas criminales que afectan la seguridad de nuestra ciudad y de muchas regiones del país. Cali está lista para aportar su experiencia y trabajar de manera coordinada para que los ciudadanos vivan tranquilos y los delincuentes respondan ante la justicia”.

Lo curioso de esta y de otras estrategias lanzadas por anteriores gobiernos es que ninguna hace énfasis en el desmantelamiento de las redes que facilitan la compra, venta y circulación de armas, pertrechos y explosivos. En Cali se alquilan armas para cometer homicidios y atracos y las autoridades muy poco hacen para tratar de desmantelar dichas estructuras que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad.

Ojalá la Defensora del Pueblo, Iris Marín le ponga la lupa a la operación de los BSU para que no terminen convertidas en cooperativas Convivir de nuevo cuño y en oficinas ambulantes para el ajuste de cuentas y la persecución de jóvenes y líderes comunitarios simpatizantes de la izquierda y el progresismo. Sería un verdadero milagro que los BSU no terminen sirviéndole a bandas criminales con ínfulas de ser  una especie de policía moral anti izquierda.  Cuidado que hay más de un reservista de derecha dispuesto a "destripar" mamertos. 


Adenda: esta columna la pueden leer en inglés, en el portal The Prisma. Under suspicion and controversy: urban security blocks - ThePrisma.co.uk




TARJETA ROJA PARA INFANTINO

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Bastó una llamada del presidente de Estados Unidos a Gianni Infantino para visibilizar el ethos mafioso que se naturalizó de tiempo atrás en la operación de la FIFA. Se trató de una llamada de presidente a presidente, esto es, del mandamás Donald Trump al más cipayo de todos los tiempos, el “señor” Infantino, quien al parecer aún no ha llegado a la mayoría de edad. 

Trump no solo fue capaz de reversar la tarjeta roja de Folarin Balogun, jugador delantero de la selección de Estados Unidos, sino de decidir quién tiene derecho a vivir o qué pueblos deben estar sometidos a prácticas genocidas o persecuciones racializadas, muy al estilo de ICE. Trump es el más ladino y peligroso árbitro, que asume el planeta como si fuera una cancha de fútbol en la que la geopolítica se maneja a las patadas.

Con su atropello descarado al reglamento mundial del fútbol ratificó lo que por años algunos jugadores, escasos periodistas deportivos y cientos de miles de aficionados al fútbol ya pensaban de la FIFA: que es una organización mafiosa y corrupta, el lupanar desde donde se decretó la muerte del fútbol como deporte espectáculo. Es un burdo negocio, con todo y sus cuatro tiempos de hidratación para que los patrocinadores vendan más y engañen más a los consumidores.

Con la misma facilidad con la que Trump le hizo una llamada a Infantino, su alopécico títere, en Colombia se tomarán decisiones alrededor de quiénes caerán destripados en acatamiento de la conocida amenaza proferida por Abelardo de la Espriella. Solo se necesita de una llamada para que los paramilitares abelardistas tomen la justicia por su propia mano con el firme propósito de “neutralizar” zurdos, mamertos, petristas, comunistas, ambientalistas, defensores de derechos humanos y socialistas por doquier.

Así como Trump asumió que el planeta es un rectángulo en el que el destino de palestinos y latinoamericanos lo define él como nuevo juez, la ultraderecha abelardista-uribista entiende el territorio colombiano como una extensa fosa común cuya fetidez les resulta imperceptible, al igual que a los periodistas de la prensa hegemónica que desde el 21 de junio apagó el VAR con el que de manera milimétrica esculcaron y vilipendiaron la vida privada del presidente Petro.

Con una simple llamada se ordena a un hombre que obture un misil balístico; o quizás con un mensaje de texto se dé la orden a alguien capaz de dejar de pensar para proceder a cumplir con la orden recibida, como lo hicieron los agentes nazis que hicieron parte de la logística y los protocolos con los que la Alemania nazi asesinó a seis millones de judíos durante el Holocausto.

“Proceda, doctor…” es el santo y seña con el que se echan a andar persecuciones políticas e ideológicas que terminan en homicidios, masacres o desplazamientos forzados; o en falsos testimonios.

Gracias, “presidente” Trump, por exponer a Infantino al escarnio público y develar lo que realmente representa la FIFA. ¿Será mucho pedir que las directivas de la selección de Bélgica ordenen al entrenador y a los jugadores no presentarse al juego programado contra Estados Unidos? Ese sería un ejercicio de contrapoder necesario, en estas épocas en las que reyezuelos como Trump creen que pueden hacer con el mundo lo que les dé la gana. Quizás en esa misma llamada, o en una próxima, el dinosaurio de la Casa Blanca le ordene a su títere que USA debe, sí o sí, llegar a la final y alzarse con la Copa.


domingo, 5 de julio de 2026

FÚTBOL, ÉTICA-ESTÉTICA, PERIODISMO Y POLÍTICA




Por Germán Ayala Osorio

 

El fútbol, como deporte espectáculo, es el enorme espejo en el que el conjunto de la sociedad humana se mira y refleja la complejidad de su naturaleza; y  el periodismo deportivo es la plataforma ideológica-informativa con la que logra encubrir, matizar y ocultar los inmorales intereses que se mueven alrededor del balompié a nivel orbital, tocado por el turbio negocio de las apuestas, las transacciones millonarias de jugadores- ¿lavado de dinero?-, vendidos como “esclavos” de nuevo cuño y por la ética-estética de un juego básicamente masculino y masculinizante, lo que lo hace violento y orientado a validar formas de dominación simbólica y física entre los competidores y claro, entre la FIFA y las asociaciones de fútbol regionales que la componen.

Al final, los jugadores son fichas de un juego que como dijo Marcelo Bielsa se volvió un negocio: “El fútbol es propiedad popular. Los pobres tienen muy poca capacidad de acceso a la felicidad, no disponen de dinero para comprar la felicidad. Ese fútbol, que era gratuito, y que es una de las pocas cosas que los más pobres mantenían, ya no lo tienen más. Qué lástima que lo tenga que decir yo, porque me va a traer nada más que críticas”.

Con ocasión del Mundial que se celebra en México, Canadá y Estados Unidos, el periodismo colombiano y en particular el Gol Caracol (Canal Caracol), el canal oficial, con todo y sus periodistas se han prestado para mostrar como un éxito económico la organización del certamen, ocultando asuntos ético-políticos y morales que rodean la operación de la FIFA, cooptada por el presidente de los Estados Unidos, el violador, pederasta y convicto Donald Trump, con la anuencia de Gianni Infantino, la brillante y alopécica cabeza de la máxima autoridad del fútbol que en la previa le entregó el primer premio FIFA Paz al arcaico cenutrio.

En lo transcurrido del Mundial hemos visto de todo: tratamientos xenófobos contra las selecciones de Irán y Uruguay; la primera, sometida a tratamientos migratorios discriminatorios; y la segunda, revisados los equipajes de los jugadores por perros antidroga. También, decisiones arbitrales que, aunque basadas en la tecnología, dejan dudas alrededor de las motivaciones que hubo detrás de las revisiones de jugadas de gol o penales.

El relato periodístico del “canal oficial” no está para cuestionar las decisiones arbitrales y mucho menos suponer, como lo hicieron comentaristas y exjugadores, en el caso del gol anulado a Colombia el partido contra Portugal. El “Pibe Valderrama”, ícono y referente para el periodismo criollo, espetó lo siguiente: «El que no sabe de esto, ve el gol y es legítimo. Yo me preocupo con esto que pasó con Colombia y el gol de Dávinson. Todos ya sabemos quién va a ser el campeón. Marcamos un gol legítimo y nos lo quitan. Estoy emputado porque nos robaron el partido, porque el gol de Dávinson es gol y la falta que le hicieron a Luis Suárez es penal, pero no repitieron eso. Así es muy jodido. Si ya tienen al campeón, que digan y no jugamos más”.

Por supuesto que ese nivel de cuestionamiento no podía ser amplificado por el Gol Caracol. Bastó con hacer el registro noticioso con una leve sonrisa de los presentadores y ahí paró lo cosa. ¿Autocensura?

Durante un mes largo estuvimos viéndonos en ese espejo en el que se confirma que millones de seres humanos a lo largo y ancho del planeta continúan depositando su felicidad en unos seleccionados que también dan cuenta de lo que sucede cultural, social y políticamente en sus países de origen. Y por supuesto, en la vida individual de esos “millonarios esclavos” que guardan silencio frente al Gran Negrero: la FIFA.

Las rivalidades entre naciones y Estados terminan en una cancha interpretadas por los jugadores. Ejemplo, las selecciones de los países del Norte opulento y saqueador de sus colonias enfrentadas a los combinados nacionales del Sur empobrecido y dominado. Unos apelaron en el pasado a la magia de sus piernas y a la viveza de sus corazones para derrotar a los ingleses. ¿Les suena la “mano de Dios” de Maradona? Otros se contentaron con recordar a Patrice Lumunba, el líder congolés asesinado por un gobierno de Bélgica en los años 60  y desmembrado. Una  presentadora de televisión, “blanca” ella, se sintió orgullosa de no conocer su historia y de lo que representó para el Congo. Quizás ignore que después de ser disuelto su cuerpo en ácido, lo único que sus victimarios guardaron fue un diente de oro, años después entregado a sus familiares. 

A otros, fieles a su historia y al “ADN de su fútbol”, les correspondió echar manos a la “garra” paraguaya para celebrar la eliminación de la encopetada Alemania. El desprecio por el equipo “sudaca” antes del partido fue claro: “es un equipo de tercera categoría/clase. No es un rival, no puede ser una amenaza seria para Alemania”.

Eso sí, esos mismos paraguayos le ofrecieron al mundo un grotesco espectáculo dentro de la cancha durante el partido contra Francia: pegaron y hostigaron guiados por un espíritu belicoso atado a ese imaginario consolidado en el Norte opulento sobre lo que somos como suramericanos: violentos, incivilizados, unos verdaderos “picapiedras”. No. No es ninguna “garra” lo que dejaron ver. Expusieron un fútbol mediocre, propio de barriadas en donde la única regla es sobrevivir a como dé lugar. Fue tal el nivel de violencia de los guaraníes que Mbappe, el 10 de la Selección de Francia dijo "también sabemos meter las manos en la mierda".

Cuando termine el Mundial (¿ya se intuye qué Selección será la campeona- Argentina, ¿otra vez?), Caracol Noticias seguirá autocensurándose y siendo el canal oficial del gobierno del tigre. Les corresponderá a los periodistas tipo Bielsa develar los graves problemas ético-estéticos que arrastra el gobierno de Abelardo de la Espriella, el monigote que Trump, Rubio y los hermanos Moreno manejarán a su antojo como Infantino hace con la FIFA y el fútbol. Deben de saber que la prensa hegemónica apagó el VAR el 21 de junio a cambio de la siempre sucia pauta oficial. El mismo con el que le revisaron milimétricamente y con inusitado odio, la vida privada y pública del presidente Petro.


viernes, 3 de julio de 2026

LAS SIETE RAYAS O MARCAS DEL TIGRE


Por Germán Ayala Osorio

El tenso ambiente con el que se dio inicio al empalme entre los comisionados del gobierno saliente y entrante expresa con preocupante claridad el nivel de animadversión generado entre las huestes petristas y abelardistas comprometidas en la transición del poder que al parecer no se dará de manera serena. Que el presidente electo se niegue a reunirse con Petro confirma el talante pendenciero, poco diplomático, infantil y ridículo del nuevo inquilino de la Casa de Nariño.

Más allá de esas evidencias personales veo por lo menos siete marcas, luces o rayas que rodean el origen académico, la personalidad y el proyecto político que defenderá y aplicará el nuevo presidente de la República.

De la Espriella Otero estudió derecho en una universidad que lleva el nombre de un esclavista: la Sergio Arboleda. De esa misma alma máter egresaron Iván Duque Márquez, el subpresidente y el exfiscal Francisco Barbosa. El ministro de Hacienda del nuevo gobierno, Miguel Gómez Martínez fue vicerrector de esa misma institución. Si bien las universidades no definen y mucho menos son responsables de las decisiones y el comportamiento de sus egresados, la filosofía y la institucionalidad derivada de la operación de la institución educativa suelen dejar marcas e incluso inspirar derroteros éticos y morales de quienes pasaron por sus aulas. Insisto: lleva el nombre de un esclavista y ese no es asunto menor.

La segunda luz o raya (roja, en cualquier caso) está atada a lo que ya el país está viendo: la anuencia y cofradía de las empresas mediáticas que de manera temprana optaron por no vigilar y mucho menos examinar y criticar, como les corresponde deontológicamente, al nuevo gobierno. Ni la vida privada del mandatario electo y mucho menos sus decisiones administrativas y políticas pasarán por la “guadaña” ideológica que usaron contra Petro durante cuatro años. Por ser una invención mediática, De la Espriella gozará de la autocensura periodística, lo que asegurará una larga luna miel entre la Casa de Nariño y las empresas mediáticas.

La tercera raya está atada al protagonismo de su fórmula vicepresidencial pues manda un mensaje preocupante: las decisiones macroeconómicas las tomará en adelante el vicepresidente José Manuel Restrepo Abondano, de la mano de Fedesarrollo y otros tanques de pensamiento, lo que confirmaría los temores que en varios sectores de la opinión circulan alrededor de la capacidad del presidente electo para comprender el estado de las finanzas públicas, entre otros asuntos estatales que como jefe de Estado debería de dominar con algún grado de suficiencia. Esos miedos tienen asidero en el pobre discurso de Abelardo de la Espriella Otero. Va quedando claro que tiene deficiencias para hilar las ideas, lo que lo hace ver cantinflesco e indocto en temas álgidos que como presidente debería de dominar.

La cuarta marca (un rojo encendido) tiene que ver con el burlesco saludo militar con el que se comunica y relaciona con militares y policías y se despide de reuniones entre civiles. Ese saludo se ve fingido e infantil, lo que le quita seriedad al mandatario electo y lo que es peor, erosiona su condición civil, asunto que por supuesto compromete el carácter de la figura presidencial que representará por cuatro años y que de manera tácita debería de negar el carácter de combatiente o militar. El asunto es que De la Espriella simula no ser un civil cada que levanta su mano derecha.

La quinta raya nos remite a la campaña y al uso de la imagen del “tigre”, un felino salvaje (no domesticado) que a pesar de que no hace parte de nuestra fauna, los ciudadanos asocian su vida con fiereza. El nicho ecológico del tigre expresado en la cadena trófica da cuenta de un depredador. “El tigre desempeña un papel crucial como depredador tope en su ecosistema. Al ubicarse en la cúspide de la cadena alimentaria, controla las poblaciones de presas y mantiene el equilibrio natural de las especies en su hábitat. Su presencia garantiza la salud de los ecosistemas al regular el número de herbívoros y evitar el sobrepastoreo de vegetación”. Después de la campaña electoral, De la Espriella insiste en su conducta therian, asunto que suma a la consolidación del relato que da cuenta de un presidente al que la gente ve como poco serio. En política y en la actual coyuntura, Abelardo de la Espriella se auto percibe como un “Tigre” que ruge y amenaza con “destripar” a la izquierda y a todo aquel que piense distinto.

La sexta luz (aún más roja) advierte sobre una lucha entre moral religiosa y ética. Designar como ministra de educación a Vivian Morales confirma la existencia de ese conflicto entre esos dos determinantes humanos. Morales se opone a que las parejas del mismo sexo puedan adoptar. “Hay que sacar a Marx de la educación y meter a Dios. Hay que meter a Dios en la educación”, señaló la entrante ministra. Sin duda alguna, los comportamientos y prácticas atadas al ejercicio de la eticidad y la misma laicidad del Estado están seriamente amenazadas con lo dicho por Morales. No habrá lugar para los ateos, agnósticos y pensadores liberales. ¿Habrá santas inquisiciones en colegios y universidades? ¿Se quemarán libros y quizás impíos en plaza pública?

Y la última luz (aún más fuerte y encandilante) tiene que ver con la sumisión a los Estados Unidos del pederasta, violador y convicto presidente Donald Trump. Al ser ciudadano “americano”, De la Espriella está obligado moral y políticamente a defender los intereses de ese país. Su juramento así lo estipula. No es un asunto menor que la relación Trump-De la Espriella gire en torno a la probada inmoralidad del primero y al particular sentido y valor que el presidente colombiano le da a la ética. Recordemos que dijo que “la ética nada tiene que ver con el derecho”. No se trata de una frase desafortunada: estamos ante una postura de vida, para el caso profesional, que, por supuesto no está alejada de su condición como individuo.

En el 2030 sabremos los efectos y los daños que esas 7 marcas dejaron en la sociedad y en la nación. Lo cierto es que antes de posesionarse, De la Espriella, el infantil y ridículo therian, genera miedo por su condición de fiera depredadora. ¿Sobreviviremos?

 

jueves, 2 de julio de 2026

GOBIERNO DEL "TIGRE" PINTA NEOLIBERAL Y GODO



Imagen tomada de El Colombiano


Por Germán Ayala Osorio

 

A juzgar por el perfil de varios de los ministros designados por el presidente electo, se trata del más burdo reencauche de agentes que representan a los sectores más anacrónicos del Establecimiento y por supuesto a los más fieles seguidores de la doctrinal neoliberal. Aquello de que De la Espriella gobernaría con los “Nunca” es la más cínica mentira que presidente electo alguno le haya echado a sus votantes. Esto espetó varias veces el primer therian en sentarse en el Solio de Bolívar durante la campaña: “Nosotros somos los nunca. Los que nunca hemos vivido de la teta del Estado, los que nunca nos hemos robado un peso, los que nunca nos rendimos ni nos quedamos en la queja. Los que nunca hemos hecho politiquería

De un lado, la ministra de Educación, Vivian Morales es una fanática religiosa que se opone a la adopción de parejas del mismo sexo. Representará con lujo de detalles a las huestes conservadoras (godas) a las que De la Espriella se acercó ladinamente en su condición de candidato presidencial después de regresar del ateísmo y declararse defensor de oficio del modelo de familia tradicional (papá, mamá e hijos). Fue fiscal general de la Nación y congresista. ¿Se atreverá Morales a ir en contravía de la jurisprudencia emanada de la Corte Constitucional en materia de aborto, eutanasia y adopción de parejas del mismo sexo? ¿Qué tipo de relaciones planteará con Fecode? ¿Recordará que somos- se supone- un Estado laico? Bueno, ya dijo que "había que meter a Dios en las aulas". Sin duda alguna, llegó a la cartera de educación una goda y fanática religiosa. 

Por el lado de la cartera de Hacienda, la figura de Miguel Gómez Martínez significa el regreso de “tecnócratas” más ortodoxos en el manejo de las finanzas públicas y que no se atrevan a cuestionar las decisiones de la Junta del Banco de la República, lo que supone priorizar el manejo macroeconómico por encima de las condiciones sociales generadas por la mano invisible del mercado y las que impone el capitalismo salvaje. El periódico El Colombiano, agente informativo que apoya abiertamente al presidente electo, esto dijo a propósito de los primeros nombramientos: “Desde el minuto uno de la posesión el 7 de agosto, Abelardo de la Espriella entrará a revertir varias de las medidas tomadas durante el gobierno de Gustavo Petro. Y para eso tiene que armar desde ya su gabinete que abarca todos los sectores del país”.

De acuerdo con la narrativa del gobierno entrante, el grave estado de las finanzas públicas que entrega el gobierno saliente obligará al ministro de Hacienda a “apretarse el cinturón”, frase que recuerda a Rudolf Hommes, el neoliberal ministro de César Gaviria Trujillo.

El ministro de Hacienda es hijo del exsenador Enrique Gómez Hurtado, nieto del expresidente Laureano Gómez y sobrino del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado.

En una columna de Salomón Kalmanovitz (2023) se lee que “el mayor mérito de Miguel Gómez es ser nieto de Laureano Gómez, quien incendió el país en “los años sin cuenta” de la Violencia que produjo unas 85.000 muertes y más de 130.000 desplazados, aunque después fue uno de los firmantes del Frente Nacional que redujo la violencia partidista. Gómez Martínez ha disfrutado de casi todas las mieles burocráticas existentes en el país. Sin embargo, carece del perfil para dirigir una Facultad de Economía (de la Universidad del Rosario) y menos una que había logrado alcanzar un gran nivel académico. No se le conocen aportes en los campos de la investigación o la docencia, ni ha publicado obra alguna de calidad académica”.  Se suma a lo anterior que Gómez Martínez fue vicerrector de la Universidad Sergio Arboleda de la que se graduó como abogado Abelardo de la Espriella. Dicha institución educativa lleva el nombre de un esclavista.

Las reacciones del nombramiento no se hicieron esperar. Felipe Campos, gerente de Estrategia e Inversión de Alianza Valores señaló para Bloomber línea, que inicialmente el mercado esperaba un perfil distinto. “Digamos que no es un nombramiento tradicional en el sentido en que no se trata de un macroeconomista reconocido, que quizás era el perfil que buena parte del mercado esperaba”.

El gobierno del Therian milico se caracterizará, en lo económico, por seguir al pie de la letra las recetas del FMI y hacer los ajustes laborales y pensionales que le ordenarán los gremios económicos, a lo que se suman la reducción del tamaño del Estado y por esa vía privatizarlo; y en materia social, en particular en asuntos ideológicos, será un gobierno iliberal que intentará en cuatro años -quizás más- hacer que la sociedad retroceda en materia de respetar y reconocer los derechos de la población LGTBIQ+. Bienvenidos a un gobierno godo y anacrónico en lo social y neoliberal en lo económico. 



 


RECONOCER O NO AL NUEVO PRESIDENTE

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Al declararse en “desobediencia civil pacífica” Iván Cepeda Castro, colíder de la Oposición extiende en el tiempo las desavenencias y el ambiente crispado de la campaña presidencial que al parecer aún no terminó para el excandidato del Pacto Histórico y mucho menos para el presidente electo que insiste en su lenguaje pendenciero y confrontador, al que se suma su idea de extraditar a Petro, negándole su condición de expresidente, su derecho a la presunción de inocencia y lo más peligroso, usando decisiones políticas que tomó en el ejercicio de su mandato y en búsqueda de la paz, para alimentar el Indictment con el que sueña Marco Rubio y el propio presidente Trump, recientemente condenado por la justicia americana por violar a una mujer.

La postura asumida por Cepeda se explica porque su vida política y académica siempre estuvo atada a la discusión argumentada y las referencias a teóricos y estudiosos de la filosofía política, la ética y la moral. Es ahí en donde encaja el llamado a desconocer la autoridad del nuevo presidente de la República y por esa vía a abstenerse de cumplir sus órdenes. Cepeda le está hablando al país académico que lo acompañó y votó, pero no a las bases populares que lo apoyaron por ser el ungido de Petro. Quizás haya ahí un error de cálculo político de la declaratoria, por todo el desgaste emocional y económico que supone organizar movilizaciones y plantones que sirvan para materializar aquel llamado que deviene con un sentido ético-político que no necesariamente se compagina con las maneras en las que se asumió la derrota electoral y la vida misma en las barriadas de urbes como Bogotá, Cali y Medellín.

Con el llamado a la “desobediencia civil pacífica” Cepeda, quizás sin proponérselo, está poniendo a prueba el trabajo de concientización que durante cuatro años se realizó en los sectores populares e incluso en la siempre ambivalente clase media alrededor de la importancia de reconocer a los verdugos (neoliberales) y confrontar las narrativas periodísticas y los relatos políticos con los que se matiza ese carácter dominante y sus efectos sobre las comunidades subalternas. No puede olvidar el excandidato presidencial que, si bien les habló y cautivó en el último tramo de la campaña, al parecer no los logró convencer en la manera como lo hizo Petro como candidato presidencial y presidente de la República en ejercicio.

Lo cierto es que con esa declaratoria brotan dos conceptos: reconocimiento y representación que la prensa abelardista[1] ya está usando para deslegitimar la postura de Cepeda, asumida como  peligrosa e inconveniente, pero sobre todo insustancial frente a la posibilidad de frenar las acciones que emprenderá el nuevo gobierno, de la mano del Congreso, para revertir los avances logrados por la saliente administración en materia de reforma agraria, reformas laboral y pensional, conservación de ecosistemas naturales, soberanía alimentaria y libertades ciudadanas.

En las redes sociales ya circulan como “memes” frases como “Abelardo no me representa” y en los medios hegemónicos que acompañan victoriosos la llegada del “Tigre” a la Casa de Nariño, discusiones alrededor de la negación de la legitimidad de quien ganó las elecciones por un estrecho margen. Se quiera o no, Abelardo de la Espriella Otero es el nuevo presidente de Colombia. Las discusiones de si me siento o no representado o de si reconozco o no su victoria no cambiarán para nada la amarga, amenazante, oscura y desconcertante realidad política que le dejó a más de 12 millones de ciudadanos ese fatídico 21 de junio. ¿Qué hacer, entonces, parece ser la pregunta? Veo un solo camino: estar muy atentos a cada movimiento que dé el nuevo gobierno. Analizar y comunicar sus efectos políticos, sociales, ambientales, ecológicos y económicos. Unir esfuerzos periodísticos para denunciar todo lo que haga mal la nueva administración. Y por supuesto, cuidarse mutuamente las espaldas porque anda suelto un peligroso y hambriento felino, que busca desesperadamente reconocimiento, adoración y exaltación. 



[1] Es la misma prensa uribista y uribizada que le hizo sucia oposición política y periodística al gobierno Petro. Hablo de Blu radio, La FM de RCN, El Tiempo, El Espectador, El Heraldo, Semana y los noticieros RCN y Caracol.

miércoles, 1 de julio de 2026

¿BIELSA O DE LA ESPRIELLA?

 



Por Germán Ayala Osorio

 

El fútbol es quizás el más grande y genuino espejo en el que los seres humanos dejan ver sus miserias, tristezas, aprensiones y anhelos, pero sobre todo las formas de estar en este mundo y de reconocer a los demás al interior de esas forzadas comunidades urbanas unidas por aquella idea-pretensión de que somos seres sociales por naturaleza. Esto último es una verdad que las ideologías, el poder, la economía y la política relativizan, cuestionan y erosionan todo el tiempo para darle la oportunidad a las prácticas aporofóbicas, racializadas y xenófobas ancoradas a ideas fascistas visibles e invisibles.

El Mundial de fútbol que por estos días mantiene atrapados a millones de ciudadanos a lo largo del planeta es la enorme vitrina que cada cuatro años hace confluir aquellos espejos atados a las soberanías estatales que entran en el juego representacional de las selecciones de cada país que compiten por aquella Copa que personifica al incontrastable poder humano de someter al planeta Tierra a sus designios. No olvidemos que caminamos en la era del Antropoceno.

El trofeo que entrega la FIFA da cuenta de dos figuras humanas que sostienen entre sus manos a la Tierra. Por ser el fútbol un deporte espectáculo esa corona es más deseada que la paz mundial. Y sí, hablemos de paz, pero a la colombiana.

El caso de Colombia es ejemplarizante en la medida en que es una materia pendiente y motivo suficiente para desbaratar la cohesión social y pulverizar aquella idea de que somos seres sociales por naturaleza; lo curioso de esa idea es que pocos cuestionan que las interacciones, la convivencia y los procesos de socialización están mediados por la condición o la naturaleza humana de la que se puede esperar lo más sublime, pero también lo más pérfido: guerras mundiales, genocidios, ecocidios y el sometimiento de pueblos a los designios de  poderosas multinacionales y caprichos de las potencias militares y económicas.

Para el caso nuestro, crímenes oficiales (falsos positivos), el exterminio de la UP y la amenaza directa de un candidato presidencial que luego resultaría electo por casi 13 millones de colombianos que hoy hacen parte de su “manada” (lo que no está claro es quiénes componen esa caballada). Esto dijo: “Y sepan ustedes señores de la izquierda, que en mí tendrán siempre un enemigo acérrimo que hará todo lo que esté a su alcance para destriparlos como corresponde [...] para acabar a ese cáncer que significa la izquierda radical”.

Dejo ese asunto y hago transito a un asunto periodístico y humano del fútbol. Se trata del caso Bielsa, el técnico del seleccionado uruguayo, quien a cuentagotas entregó pistas y claridades alrededor de lo que pasó con su temprana eliminación del certamen orbital. Ha dicho el “loco” Bielsa “que los jugadores de Uruguay le pidieron acabar con las charlas y los vídeos tácticos porque no eran capaces de mantener la atención más de 10 minutos fraccionados en varios días”. Menuda declaración y constatación de lo que claramente compromete la comunicación humana como factor indispensable para hacer posible eso de que somos seres sociales por naturaleza.

Marcelo Bielsa leyó bien al grupo y modificó el proceso comunicativo en esa relación técnico-selección. Quiso adaptarse, reconoció a los jugadores como personas con derechos. Quizás esos últimos se olvidaron de sus obligaciones por representar a unos tres millones de uruguayos. Aquí la pregunta es: ¿Hicieron lo mismo los jugadores? Bielsa intentó adaptarse a las condiciones cognitivas de los atletas y al desprecio por la disciplina y la exigencia para competir. Sí, lo de Uruguay es simplemente una derrota y una participación deshonrosa, de acuerdo con la crítica deportiva. Lo que rescato del caso es que la comunicación, como proceso y anhelo humano y atado a las cuestiones liberales, fracasó. Lo mismo podría estar pasando ya en Colombia con el nuevo gobierno y las relaciones con los 12 millones setecientos mil ciudadanos que no lo votaron, asumidos quizás como incómodos aficionados. Claro, De la Espriella Otero no es Marcelo Bielsa. El entrenador argentino pone por encima de la estética, la ética. Lo contrario del presidente electo, que desprecia la ética por lo menos para el ejercicio del derecho. Ya veremos cómo actúa éticamente como jefe de Estado.

La comunicación entre De la Espriella, en su condición de presidente de la República (entrante) partió de la negación del derecho a vivir de aquellos que piensan distinto. Y eso es grave. Con anterioridad, les había negado a varios periodistas sus derechos a investigar su pasado. Aunque en su primer discurso como presidente electo intentó matizar la amenaza y bajarle unas rayitas a su carácter pendenciero, entre cientos de miles de colombianos hay miedo y terror por las vidas que puedan resultar "eliminadas", en un verdadero "mata-mata" futbolero. 




Por la fiebre del fútbol no podemos dejar de advertir lo que puede venir para el país si Abelardo de la Espriella cumple con la amenaza y continúa leyendo mal las señales y los signos que esa parte de la sociedad le está enviando antes de posesionarse. Declararse en desobediencia civil (pacífica), como lo hizo Iván Cepeda Castro da cuenta de las aprensiones que subsisten en el progresismo alrededor de esas otras amenazas que lanzó en campaña: fracking a lo que marque, desmontar el Estado para facilitar su privatización y extraditar al expresidente Petro, soportada esta acción en un indictment diseñado ideológicamente por Marco Rubio, siguiendo órdenes del pederasta, violador y convicto presidente, Donald Trump. En esas temerarias “promesas” de campaña hay una profunda negación a reconocer derechos a la naturaleza, a los de millones que piensan distinto y por supuesto a los que tiene Petro por su condición de exmandatario.

Hay que recordarle a los “abelardistas” y a otros tantos que hacen parte de la “manada” que ya en el pasado, durante la hegemonía paramilitar, civiles fueron decapitados y sus cabezas fueron usadas como balones de fútbol. 

Durante más de 90 minutos se compite por tres puntos, una clasificación, un trofeo y la gloria deportiva. El ejercicio del poder no es un juego, así se usen estrategias y se contraten gurús del marketing político. Ojalá así lo entienda De la Espriella Otero. En su infantil saludo militar puede estarse incubando una forma de no reconocer a quienes ostentan la condición civil y militar. También puede estar indicando que el nuevo presidente sufre algún tipo de desarreglo identitario. Me quedo con el "loco" Bielsa. Un tipo que se cree "Tigre" me genera dudas y miedo. 

ARGENTINA VS ESPAÑA: MÁS ALLÁ DE UNA COPA MUNDO

  Por Germán Ayala Osorio   Cae el telón del Mundial de Fútbol . Termina el certamen orbital del deporte espectáculo usado por los polít...