Por Germán Ayala Osorio
Caracol Televisión y Noticias
Caracol sufren por estos días una suerte de linchamiento moral en redes sociales
y de parte de algunos medios por cuenta del reconocimiento público que hizo el
canal de “unas denuncias recibidas en contra de dos periodistas y
presentadores por presunto acoso sexual…”.
Al oficializar “que ha
activado de manera inmediata los protocolos internos y los procedimientos
establecidos por la ley para la atención e investigación de este tipo de
situaciones”, Caracol Televisión y su noticiero quedan expuestos a
que aparezcan periodistas acuciosos de la competencia o de otras huestes
interesados en develar las identidades de los dos periodistas y presentadores
denunciados por acoso sexual y por supuesto los nombres de las víctimas. Por tratarse
de presentadores y periodistas involucrados en el supuesto acoso sexual, ello supone
un alto grado de reconocimiento social, político y periodístico lo que aumenta
el interés noticioso, con todo y morbo.
Desde la perspectiva noticiosa,
el caso de acoso sexual cumple con los valores/noticia de los que hablan los
teóricos de la comunicación de masas: es un caso relevante, de alcance nacional
e internacional; se trataría de mujeres periodistas acosadas por sus jefes inmediatos
en un país con una creciente sensibilidad social en torno a este tipo conductas
aberrantes. Es decir, desde lo noticioso y lo periodístico, el plato está
servido.
¿Qué pasa con el olfato
periodístico de los colegas que al interior de Caracol y su noticiero saben quiénes
son los acosadores? Lo primero que se activa en estos casos es el espíritu de
cuerpo o lo que Carolina Sanín llamaría el “cacorraje nacional”, es decir, hombres
encubriendo y solidarizándose con los colegas acosadores y desestimando las
versiones de las mujeres acosadas. Se activa aquello de “la ropa sucia se lava
en casa”. Entonces, aparece la autocensura como la única forma de ponerle
límites al olfato periodístico y al interés de abrir noticiero con un “extra,
extra, última hora, estos son los acosadores sexuales”. Estas circunstancias
confirman una vez más que los criterios de noticia o de noticiabilidad siempre
serán acomodaticios. Y más aún cuando la noticia o los hechos noticiables aparecen justo en las entrañas de un canal y de un noticiero que lleva más de tres años haciendo equivocados y amañados tratamientos periodísticos atados al ejercicio del poder del presidente de la República.
En una sociedad machista como la
colombiana la sanción mediática y moral de los acosadores es quizás el único camino
que les queda a las víctimas y a quienes están interesados en erosionar las relaciones
de dominación a las que normalmente están sometidas las mujeres. Y es así
porque la justicia suele revictimizar a las víctimas de acoso sexual y exculpar
a los machos violentos reduciendo las conductas a “coqueteos” normalizados al
interior de las empresas.
A juzgar por las reacciones de periodistas
víctimas en el pasado de iguales o peores prácticas y que conocen el medio televisivo
el acoso sexual al interior de las empresas noticiosas y del entretenimiento
está más que normalizado. Sería una práctica cotidiana no muy alejada de lo que
acontece en universidades públicas y privadas, entre otros ámbitos.
Una vez expuesto el caso a través
del comunicado público, Caracol Televisión y en particular las directivas del
Noticiero están en la obligación de acelerar la investigación interna de los
hechos denunciados. Cuanto antes deben frenar las “acusaciones y especulaciones”
que circulan en la red X en contra de dos presentadores que no
aparecieron en la emisión de ayer 20 de marzo lo que despertó suspicacias en varios
tuiteros.
Compleja situación la que afronta
el canal de televisión. En esta confluyen su condición de actor de poder (político
y social) y su naturaleza periodística que la obligaría a hacer públicos los
hechos y dar los tratamientos noticiosos propios de un oficio moralmente
pensado para denunciar con fines civilizatorios y educativos lo que está mal
dentro de la sociedad. Y por supuesto que
el acoso y las otras formas de violencia basadas en género son conductas que
estamos en mora de proscribir. La ética empresarial y periodística están comprometidas en el asunto.
Si se comprueba la culpabilidad
de los señalados, lo recomendable es que el canal prescinda de sus servicios y exponga
sus nombres cumpliendo así con las condiciones teóricas y la praxis del oficio.
¿Serán capaces de hacerlo?