Foto: Colprensa.
Por Germán Ayala Osorio
Las constantes y cinematográficas
apariciones del presidente De la Espriella dejan ver a un mandatario que confunde
poder con autoridad, legitimidad social y política con exposición mediática y aplausos
de sus áulicos; que irrespeta la separación de poderes; esos mismos registros
audiovisuales exponen la contradicción del presidente de la República que dice
respetar las instituciones y las institucionalidades derivadas, pero que presionó
la salida de Bruce Mac Master de la ANDI y sacó al director del DANE porque no
encontró que el gobierno Petro hubiese manipulado cifras; a todo lo anterior se
suma el saludo militar, el oufit castrense y el porte de un arma al
cinto que lo aleja cada vez más de su condición civil para acercarlo a la de
presidente-combatiente.
Son ya varios los videos en los
que, como un presidente-actor, ordena y toma decisiones en asuntos menores si
se comparan con los problemas complejos que arrastra de tiempo el país y que le
exigen su atención en lugar de estar exhibiendo autoridad y poder como si
fueran sinónimos. Por ejemplo, en Santa
Marta apareció a la madrugada armado y “patrullando” mientras la ciudad sufría
un “paro armado” ordenado por un grupo paramilitar y mafioso; en Cali, aparece
en una escena en la que le da la “bienvenida a la patria milagro” a un vendedor
de estupefacientes de la olla de El Calvario en pleno centro de la ciudad; o en
un hangar haciendo lo mismo, pero al criminal alias Araña, momentos antes
de irse extraditado hacia los Estados Unidos.
En otro video que circula en las
redes sociales aparece el presidente-actor llamando la atención al público: “Aplaudan,
por qué no aplauden”. La exigencia presidencial la hizo con el objetivo de
mostrar que su lucha contra la corrupción va en serio. La frase, por
supuesto, se volvió meme en las implacables redes sociales. Pues en ese mismo
escenario e insistiendo en el tema de la corrupción pública el propio Abelardo
Gabriel de la Espriella Otero subió videos en los que aparece fustigando y descalificando
al alcalde de Sincelejo, Jair Acuña.
La embestida presidencial contra
el alcalde Acuña se dio en el marco de un consejo de seguridad. “Todo
Sincelejo lo sabe, todo Sucre lo sabe, lo que usted ha hecho con la plata del
pueblo sincelejano. Usted cree que yo soy la clase de presidente que le va a permitir
las prácticas ha hecho aquí en Sincelejo. Usted cree que yo voy a permitir que
siga haciendo lo que sabe hacer que es politiquería… cómo confiar en una
persona que tiene 13 procesos por corrupción…”. Sin duda alguna, De
la Espriella convirtió al alcalde de Sincelejo en su “chivo expiatorio”. Al
final, en la retina de las audiencias quedó claro que Acuña es corrupto, previa
condena del presidente de la República. Solo le faltó mandarlo a detener, aunque
el acalde aún no ha sido vencido en juicio.
Periodistas y políticos esperaban
que el alcalde saliera a dar alguna declaración en respuesta a semejante embestida
del jefe del Estado. Horas después, Acuña usó el mismo canal, las redes
sociales, para confrontar al “juez” que lo condenó frente a las cámaras. Esto
dijo el vapuleado mandatario local: “Señor Presidente, por favor, ese
video está editado y manipulado digitalmente. Le pido que muestre el
video completo donde se puede cómo se violentan los códigos
disciplinarios y penales en Colombia… donde se puede ver como un
alcalde es intimidado con fusiles, en cabeza de civiles, como se le coloca a un
alcalde una persona con arma larga permanente con el único objetivo de intimidarlo;
se me quita el legítimo derecho a la réplica, sopena de ser expulsado…”.
Si lo que dice Acuña en su video
es cierto, lo sucedido en ese consejo de seguridad que se desarrolló en Coveñas,
amerita no solo explicaciones del jefe del Estado, sino la intervención de la Procuraduría
General de la Nación en la medida en que, de acuerdo con lo expresado por el alcalde
de Sincelejo, se le violaron varios derechos, entre ellos a la presunción de
inocencia, al debido proceso de la mano de un presidente-juez que lo condenó; a
controvertir, a expresarse de manera libre. Que el presidente le haya permitido
“quedarse, pero en silencio” en el evento resulta a todas
luces oprobioso con una autoridad local elegida a través del voto.
Jair Acuña usó el concepto y
derecho a la presunción de inocencia para jugar el mismo juego moral en el que
lo metió el presidente de la República: “yo no le voy a quitar a Usted la
presunción de inocencia porque Usted tenga expedientes…tampoco le voy a
quitar la presunción de inocencia ni la buena fe de recaudos en cabeza de
personas jurídicas no gubernamentales que hoy recaudaron recursos y que la
gente no sabe dónde están, pero le doy la buena fe”.
Acuña le recordó a De la Espriella
el lío de una chatarra de Bucaramanga en el que está involucrado su ministro de
Vivienda; hizo lo propio con la viceministra de Defensa llamada a juicio… Y
terminó su reacción con la exposición de unos audios en los que se escucha al
entonces candidato presidencial, Abelardo de la Espriella Otero reconociendo la
gestión en seguridad de Jair Acuña.
Le alcanzó al señor Alcalde para
ventilar intimidades y cercanías con amigos en común. Es tal la familiaridad que
Acuña le reconoció lo rico que cocina la señora madre de Abelardo Gabriel, una “santa”,
dijo Acuña. Una especie de “sacada de cueritos al sol” muy propia de amigos de
parranda y de actividades electorales.
La pulla final del funcionario
local le recordó al país la lúgubre y macabra escena en la que aparece el
presidente-sheriff caminando entre una veintena de cadáveres: “no me
perfile…me rehuso a creer, señor presidente, que me quieran volver un falso positivo;
que me quieran meter en una bolsa… Dios lo bendiga y chao, pescao”.
Y como estamos hablando de cine y de actuaciones, este capítulo debe titularse No
hay (A) cuña que más apriete que la del mismo palo.