sábado, 21 de marzo de 2026

ACOSO SEXUAL EN CARACOL TELEVISIÓN

 



Por Germán Ayala Osorio

Caracol Televisión y Noticias Caracol sufren por estos días una suerte de linchamiento moral en redes sociales y de parte de algunos medios por cuenta del reconocimiento público que hizo el canal de “unas denuncias recibidas en contra de dos periodistas y presentadores por presunto acoso sexual”.

Al oficializar “que ha activado de manera inmediata los protocolos internos y los procedimientos establecidos por la ley para la atención e investigación de este tipo de situaciones”, Caracol Televisión y su noticiero quedan expuestos a que aparezcan periodistas acuciosos de la competencia o de otras huestes interesados en develar las identidades de los dos periodistas y presentadores denunciados por acoso sexual y por supuesto los nombres de las víctimas. Por tratarse de presentadores y periodistas involucrados en el supuesto acoso sexual, ello supone un alto grado de reconocimiento social, político y periodístico lo que aumenta el interés noticioso, con todo y morbo.  

Desde la perspectiva noticiosa, el caso de acoso sexual cumple con los valores/noticia de los que hablan los teóricos de la comunicación de masas: es un caso relevante, de alcance nacional e internacional; se trataría de mujeres periodistas acosadas por sus jefes inmediatos en un país con una creciente sensibilidad social en torno a este tipo conductas aberrantes. Es decir, desde lo noticioso y lo periodístico, el plato está servido.

¿Qué pasa con el olfato periodístico de los colegas que al interior de Caracol y su noticiero saben quiénes son los acosadores? Lo primero que se activa en estos casos es el espíritu de cuerpo o lo que Carolina Sanín llamaría el “cacorraje nacional”, es decir, hombres encubriendo y solidarizándose con los colegas acosadores y desestimando las versiones de las mujeres acosadas. Se activa aquello de “la ropa sucia se lava en casa”. Entonces, aparece la autocensura como la única forma de ponerle límites al olfato periodístico y al interés de abrir noticiero con un “extra, extra, última hora, estos son los acosadores sexuales”. Estas circunstancias confirman una vez más que los criterios de noticia o de noticiabilidad siempre serán acomodaticios. Y más aún cuando la noticia o los hechos noticiables aparecen justo en las entrañas de un canal y de un noticiero que lleva más de tres años haciendo equivocados y amañados tratamientos periodísticos atados al ejercicio del poder del presidente de la República. 

En una sociedad machista como la colombiana la sanción mediática y moral de los acosadores es quizás el único camino que les queda a las víctimas y a quienes están interesados en erosionar las relaciones de dominación a las que normalmente están sometidas las mujeres. Y es así porque la justicia suele revictimizar a las víctimas de acoso sexual y exculpar a los machos violentos reduciendo las conductas a “coqueteos” normalizados al interior de las empresas.

A juzgar por las reacciones de periodistas víctimas en el pasado de iguales o peores prácticas y que conocen el medio televisivo el acoso sexual al interior de las empresas noticiosas y del entretenimiento está más que normalizado. Sería una práctica cotidiana no muy alejada de lo que acontece en universidades públicas y privadas, entre otros ámbitos.

Una vez expuesto el caso a través del comunicado público, Caracol Televisión y en particular las directivas del Noticiero están en la obligación de acelerar la investigación interna de los hechos denunciados. Cuanto antes deben frenar las “acusaciones y especulaciones” que circulan en la red X en contra de dos presentadores que no aparecieron en la emisión de ayer 20 de marzo lo que despertó suspicacias en varios tuiteros.

Compleja situación la que afronta el canal de televisión. En esta confluyen su condición de actor de poder (político y social) y su naturaleza periodística que la obligaría a hacer públicos los hechos y dar los tratamientos noticiosos propios de un oficio moralmente pensado para denunciar con fines civilizatorios y educativos lo que está mal dentro de la sociedad.  Y por supuesto que el acoso y las otras formas de violencia basadas en género son conductas que estamos en mora de proscribir. La ética empresarial y periodística están comprometidas en el asunto.

Si se comprueba la culpabilidad de los señalados, lo recomendable es que el canal prescinda de sus servicios y exponga sus nombres cumpliendo así con las condiciones teóricas y la praxis del oficio. ¿Serán capaces de hacerlo?




jueves, 19 de marzo de 2026

JEP, "FALSOS POSITIVOS" Y NEGACIÓN SIMBÓLICA

 

Por Germán Ayala Osorio

Los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”, dan cuenta de la degradación misional de los integrantes del Ejército que monetizaron la vida de jóvenes a los que convirtieron, por arte de birlibirloque, en “guerrilleros dados de baja en combates”, vestidos a la carrera, con las botas al revés y tiros de gracia. 

Los encuentros organizados por la JEP entre victimarios y víctimas terminan en reclamos, sollozos y la catarsis de madres adoloridas, rabiosas  y llenas de dolor que confrontan a exoficiales, exsoldados y exsuboficiales que ordenaron las ejecuciones o simplemente cumplieron sin pensar la orden de asesinar a por lo menos 6402 jóvenes.

En esas audiencias o encuentros dialógicos entre los comparecientes (exmilitares) y los familiares de las víctimas de la política de seguridad democrática hay lo que llamo aquí en esta columna una negación simbólica que favorece la imagen del Ejército nacional, en la medida en que los responsables de las ejecuciones extrajudiciales que responden ante la JEP ya no visten el uniforme militar con el que legitimaron la práctica de asesinar civiles para inflar las cifras y engañar al país sobre el devenir del conflicto armado interno.

Así las cosas, las madres de los jóvenes asesinados terminan haciéndole reclamos a individuos (civiles) que ya no representan a la institución militar que validó la comisión de semejante atrocidad. Las peticiones de perdón de los exmilitares pierden valor simbólico porque ya no ostentan el poder intimidatorio y desbordado con el que cumplieron y dieron las órdenes de asesinar a los muchachos de Soacha y de otros lugares a lo largo y ancho del país. 

Los execrables crímenes se entendieron en las unidades militares como actos del servicio, lo que obligaría a que la aceptación de responsabilidades por parte de los exmilitares la hicieran vestidos con los uniformes con los que dieron o cumplieron las órdenes de asesinar a cambio de permisos, condecoraciones y platos de arroz chino. Es más, la comparecencia debía de darse con las medallas que se ganaron por asesinar civiles inermes y de esa manera mentirle al país en torno a que estaban ganando la guerra contra las guerrillas. El retiro de los galardones alcanzados por asesinar jóvenes debía de hacer parte de las audiencias y los encuentros dialógicos entre victimarios y víctimas.

Ver a oficiales, suboficiales y soldados vestidos de civil graduados de asesinos sin los uniformes camuflados o de fatiga constituye una negación simbólica que afecta la consolidación de la narrativa que señala que dentro del Ejército operó una empresa criminal plegada a las exigencias del entonces comandante en jefe de las FFAA que aparecía en los medios masivos exigiéndole a la tropa “más y mejores resultados operacionales”.

Insisto en que la condición civil desde la que generales, coroneles, mayores y capitanes reconocen haber dado y cumplido órdenes consistentes en asesinar muchachos termina por favorecer la imagen de la institución castrense comprometida en la comisión de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por uniformados de alta, media y baja graduación.

Quienes piensen que lo que se propone aquí es la teatralización del dolor se equivocan. De lo que se trata es de aportar a la construcción de la verdad de lo acontecido con los “falsos positivos”, apelando a la reconstrucción de unos hechos criminales usando la simbología castrense que legalizó y legitimó los crímenes de lesa humanidad que deberían de avergonzarnos como sociedad civilizada.

La práctica institucional de los “falsos positivos” merece el rechazo de toda la sociedad. No es suficiente con que comparezcan ante la JEP, pidan perdón a las víctimas y prometan repararlas. La desviación misional que los convirtió en sicarios amerita, por su gravedad, la exposición de los comparecientes con la vestimenta castrense desde y con la que mancharon para siempre el honor militar, mancillaron la confianza de los civiles en el Ejército nacional y convirtieron al Estado en un asesino serial.

miércoles, 18 de marzo de 2026

PETRO PERDONÓ LA IGNORANCIA DE MANUEL SACRO RAMÍREZ

 

Por Germán Ayala Osorio

 


El presidente Petro perdonó al vendedor ambulante que profirió amenazas de muerte en contra del mandatario y los miembros de su familia. El ciudadano fue identificado como Manuel Yasman Sacro Ramírez, quien reconoció públicamente que “no entendía bien lo que decía. Dije cosas violentas que ahora me dan vergüenza. Me dejé llenar la cabeza de odio. Hoy reconozco que desear un golpe de Estado y decir que hay que acabar con el presidente, ni acabar con él, no es libertad de expresión, es un crimen y es odio puro. No quiero ser parte de quienes odian al país”.

Más allá de si la retractación de Sacro Ramírez fue fruto de una recomendación de un abogado en el marco del principio de oportunidad solicitado por la Fiscalía  o de un genuino arrepentimiento, el suceso debe conminarnos a reflexionar en torno a las fuentes y actores que pudieron coadyuvar a que Manuel Yasman Sacro Ramírez alimentara la violenta e inexplicable animadversión hacia el jefe del Estado.

¿Fueron acaso los periodistas y las empresas mediáticas que todos los días, durante estos casi cuatro años de gobierno creyeron que la mejor forma de confrontar el poder que ostenta el presidente de la República era apelando a la crítica mal intencionada (ética-estética) de la figura presidencial? Quienes dicen y reconocen que odian a Petro, ¿esa inquina es fruto de un análisis serio de las “malas decisiones” adoptadas por el presidente o simplemente esa animadversión se explica por el miedo-rabia que les da reconocer que el país, a pesar de los catastrofistas no se fue al abismo, no se le entregó a las Farc, o al temido comunismo?

Como vendedor ambulante o rebuscador es posible que en la calle Sacro Ramírez haya creído a pie juntillas las “verdades” que suelen circular en semáforos y andenes en torno a los gobernantes y en particular alrededor del presidente Petro, el mandatario que más ha soportado el escrutinio moralizante de columnistas y periodistas que le han criticado por el uso de los zapatos ferragamo, el caminado y en general su outfit, atado sin duda a su pasado guerrillero.   

Les alcanzó a esos mismos “comunicadores y odiadores profesionales” para meterse con su vida íntima y hasta para atacar a sus hijas, en particular a Antonella, perseguida y ultrajada en estadios de fútbol y en las redes sociales, verdaderas alcantarillas en donde supuran heridas; redes sociales que realmente son insondables trincheras ideológicas en donde se escupen toda suerte de improperios. ¿Acaso Manuel Yasman Sacro Ramírez es víctima de las redes sociales?

La supina ignorancia de Sacro Ramírez puede ser la mayor responsable del lío judicial en el que se metió al amenazar al presidente y a los miembros de su familia. Esto dijo en uno de los videos que publicó: “Cuál es el miedo Petro, no Gustavita, perra… Los vamos a acabar a todos y te vamos a acabar a ti (Presidente Petro), ya pedí 70 mil hombres para hacer el golpe de estado (…) Este es un mensaje bien bravo que te estamos dando, y a todo el ELN y las FARC que se preparen”.

Bien por el gesto del presidente Petro y mejor aún el arrepentimiento de Sacro Ramírez. ¿Reconocerán algún día los periodistas y columnistas que abandonaron los límites éticos del oficio para atacar con saña al presidente de la República? ¿Tendrán la gallardía de aceptar que actuaron como “bodegueros” y activistas políticos?

Última pregunta: ¿Sabrá Manuel Yasmán el significado de la palabra Sacro, que le sirve de apellido? “El apellido «Sacro» tiene sus raíces en el término latino «sacrum», que se traduce como «sagrado». Este significado sugiere una conexión espiritual o religiosa, lo que es común en muchos apellidos de origen latino. En diversos contextos, el apellido puede haber sido utilizado para designar a quienes tenían una relación particular con la iglesia, o a aquellos que trabajaban en profesiones relacionadas con lo sagrado. A medida que se expandió su uso, también podría haber adquirido connotaciones relacionadas con el honor y la dignidad”.

 

PALOMA VALENCIA: ¿LA MENOS BRAVA DE LA CAMADA?

 




Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna, candidata presidencial de la derecha uribizada, corre el riesgo de ser la versión femenina de Iván Duque Márquez, el “títere” de Uribe. Expongo a continuación varios actos ilocutivos que hacen pensar en el riesgo de que un eventual gobierno suyo signifique el regreso del expresidente a la Casa de Nariño en cuerpo ajeno o como diría el ladino político, en las “carnitas y huesitos” de la nieta de Guillermo León Valencia.

Considerar a Uribe como su “papá” y llamarlo “presidente” son expresiones claras de una inocultable sumisión al poder intimidante del político antioqueño, reconocido mandamás, acostumbrado a gritar y a imponer su voluntad, incluso desconociendo las lógicas y dinámicas institucionales.

Se suma a lo anterior la insistencia de Paloma Valencia en atacar a la JEP para congraciarse con los militares procesados por la comisión de graves delitos, pero sobre todo con aquellos activos y los que puedan regresar a las filas, que extrañan la política de seguridad democrática y que bien podrían ser los “hijos” de los que habló en su despedida el entonces general Enrique Zapateiro. El alto oficial dijo que dejaba al interior del Ejército “muchos Zapateiros”.

La acérrima oposición de Valencia Laserna a las reformas sociales del gobierno Petro, con destempladas frases la alejan de ser la “menos brava de la manada”, para convertirla en la más aventajada y peligrosa “de la manada”. Así fue con Duque y al final violó los derechos humanos durante y después del estallido social, una forma de acercarse al violento talante que exhibió Uribe entre 2002 y 2010, al frente de su política de seguridad democrática.  

Frente al incremento del salario mínimo, Valencia espetó: “Petro copia, pero copia mal. Lo primero que hizo López Obrador en México antes de subir el salario mínimo en 20 % fue cambiar la indexación de los salarios públicos al IPC”. En lo que toca a la reforma a la salud, la política caucana señaló, en complacencia con Uribe: “la actitud del partido no va a cambiar, nosotros desbarataremos el quórum cuando podamos hacerlo y votaremos No cuando haya que votar.

Quizás la frase que más hace parecer a Paloma Valencia a su mentor y “padre” es la que le gritó al senador Iván Cepeda: “No me vaya a mandar a matar senador Cepeda”. La descalificadora expresión hace recordar a la que usó Uribe Vélez en el recinto del Congreso en contra del entonces senador Petro: “prefiero 80 veces al guerrillero que al sicario moral difamando”. En esa misma oportunidad le gritó en tono amenazante y evidente odio: “sicario, sicario, sicario”.

Ángela Patricia Janiot le preguntó a Iván Duque si él era el títere de Uribe. ¿Se atreverá la misma periodista o quizás un colega de los medios hegemónicos locales preguntarle lo mismo a Paloma Valencia? En cualquier caso, Paloma Valencia no es la menos brava de la camada y lo más seguro es que un eventual gobierno suyo significará el regreso de su “padre” al Solio de Bolívar.




martes, 17 de marzo de 2026

CAMPAÑA PRESIDENCIAL, DISCURSO MORAL Y DESARROLLO SOSTENIBLE



Por Germán Ayala Osorio

La actual campaña presidencial parece condenada a la discusión moral que despiertan la homosexualidad, la adopción de parejas del mismo sexo y la eutanasia. Otros asuntos aparecen en la discusión electoral: la desbordada inseguridad en las principales ciudades y la consecución de la paz, por las buenas o por las malas, en los territorios en los que operan bandas postguerrilleras o narcoguerrillas. Quizás haya que volver a hablar de Paz con la Naturaleza como una apuesta que supere la calentura electoral de una campaña presidencial en la que se promueve el odio y la lucha de clases.

La prensa hegemónica lleva por lo menos dos semanas hablando de la homosexualidad de Juan Daniel Oviedo y los impactos morales de su llegada a la campaña de Paloma Valencia, digna representante de la Colombia homofóbica, morronga, mojigata, ladina, camandulera, simuladora, farisea, melindrosa, puritana, timorata, cachonda, premoderna y rígida. A los periodistas afectos a la derecha les fascina reducir la complejidad de las realidades de un país diverso y biodiverso a enfrentamientos ideológicos (morales); además de promover miedos alrededor de un “nuevo rayo homosexualizador” y del neocomunismo que promueve Iván Cepeda.

Por supuesto, la crisis del sistema de salud aparece como un tema de campaña mirado desde dos perspectivas: la derecha, representada por Paloma Valencia ofreció pagar las deudas de las EPS con recursos de la Nación, lo que no es otra cosa que “borrón y cuenta nueva” de las prácticas corruptas que llevaron al colapso del sistema; y la del progresismo que presentará nuevamente la reforma a la salud para ver si se logra proscribir el ethos mafioso con el que las juntas directivas de las EPS venían operando hasta que llegó Petro a tratar de ponerlos en cintura con la ADRES y la vigilancia institucional sobre los otros eslabones que hacen del sistema de aseguramiento en salud el escenario propicio para que unos cuantos se enriquezcan a costillas del Estado y del bienestar de los pacientes (clientes).

El asunto del desarrollo sostenible o de la sostenibilidad sistémica atado a la crisis climática (cambio climático) parece relegado a un segundo plano por todas las campañas, empeñadas en estas primeras semanas en presentar temas generales, propuestas a problemáticas puntuales en realidades territoriales o simplemente a responder señalamientos y ataques que empobrecen la discusión pública. Así las cosas, parecen desvanecerse los constantes llamados de atención que por largos tres años hizo el presidente Petro en torno a la transición energética, el (re) ordenamiento del territorio alrededor del agua, planteados en el actual Plan de Desarrollo; las reservas campesinas y el diálogo urgente que hay que promover entre latifundistas, ganaderos y comunidades interesadas en mantener las fincas eco nativas y el minifundio.

En el país se siguen planteando dinámicas de desarrollo económico que desconocen el valor estratégico de la riqueza de ecosistemas selváticos que se resisten a morir ante la arremetida de la ganadería extensiva, la minería legal e ilegal, la exploración de petróleo, la explotación de recursos del subsuelo como el coltán y por supuesto el modelo de la gran plantación animado por la especulación inmobiliaria. Hay que sumar los efectos ecológicos que dejan los bombardeos y la presencia de las bandas narcoguerrilleras en selvas húmedas.

No hay en estos momentos en el país un partido político que recoja las banderas del ambientalismo de décadas pasadas. La Alianza Verde, por ejemplo, jamás maduró un discurso ambiental. Le corresponde al Pacto Histórico volver a mirar los asuntos medioambientales desde una perspectiva sistémica que reordene la ecuación con la que, de tiempo atrás, se explica y legitima a diario el desarrollo sostenible e incluso el discurso de la sostenibilidad: primero la economía, luego lo político y por último los efectos socioambientales y ecológicos de una serie de actividades y lógicas antrópicas concebidas por fuera del enfoque sistémico.

La crisis climática y la posibilidad del colapso de ese gran ecosistema llamado Tierra son más relevantes que las tendencias, gustos, orientaciones y decisiones sexuales de hombres y mujeres. Esos asuntos de la intimidad deben quedarse en la intimidad de los hogares. El morbo mediático no puede negarnos la posibilidad y necesidad de discutir qué hacer con la biodiversidad y de cómo la diversidad étnica se conecta con la conservación y aprovechamiento de los recursos que ofrece la Naturaleza. 




lunes, 16 de marzo de 2026

OVIEDO: DE FENÓMENO ELECTORAL A “CHICHARRÓN” MORAL

 


Imagen tomada de la revista Cambio. 


Por Germán Ayala Osorio

 

El forzado aterrizaje de Juan Daniel Oviedo a la campaña de la derecha uribizada que representa la candidata presidencial Paloma Valencia Laserna sirve para señalar que seguimos siendo una sociedad premoderna, homofóbica, con visos fascistas y lo que es peor, camandulera, creyente y fiel al discurso de las iglesias (católica, evangélicas y cristianas) que odian tanto a los animales no humanos, a los ateos, agnósticos y por supuesto a los homosexuales. Las mismas instituciones religiosas que defienden o se abstienen de cuestionar a los curas pedófilos y pederastas que violan niñas y niños.

Ver a Paloma Valencia y a su “padre”, el exconvicto y expresidente Álvaro Uribe Vélez en iglesias y defendiendo los valores de la familia tradicional (hombre-mujer; o macho-hembra) y los derechos de la niñez amenazados por la “ideología de género” que se le endilga a los homosexuales, hace pensar que la llegada de Oviedo se les puede estar convirtiendo en un “chicharrón” moral (de la moral religiosa) pues además de homosexual, Oviedo defiende los derechos de la población LGTBIQ+ y legitima la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo.

El cálculo electoral que hicieron en las huestes uribistas con el millón de votos largos  alcanzados por Oviedo en la Gran Consulta Uribista se les puede convertir en una pesadilla por cuenta de la postura liberal del exdirector del DANE que resulta incomprensible y difícil de aceptar para el dueño del Centro Democrático y su “hija-candidata”, consagrados godos que representan con lujo de detalles a la Colombia morronga, mojigata, ladina, camandulera, simuladora, farisea, melindrosa, puritana, timorata, cachonda, premoderna y rígida.

Huelga recordar que Valencia y Uribe defienden a la iglesia católica que Fernando Vallejo, en su libro La Puta de Babilonia, calificó de “oscurantista, impostora, embaucadora,  difamadora, calumniadora, reprimida, represora,  mirona,  fisgona, contumaz,  relapsa, corrupta, hipócrita, parásita, zángana; antisemita, esclavista, homofóbica, misógina;  carnívora, carnicera, limosnera, tartufa, mentirosa, insidiosa, traidora, despojadora, ladrona, manipuladora, depredadora, opresora; pérfida, falaz, rapaz,  felona; aberrante, inconsecuente, incoherente, absurda; cretina,  estulta, imbécil, estúpida; travestida,  mamarracha, maricona; autocrática, despótica, tiránica; solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de las meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria…”.

Aunque es poco probable que las iglesias arriba mencionadas intenten vengarse de la derecha y del uribismo por atreverse a aceptar el aterrizaje de Juan Daniel Oviedo a su aventura electoral y política, es posible que varios feligreses decidan no votar por la fórmula Valencia-Oviedo por considerarla contra natura, inmoral y contrario a los designios de Dios. Eso sí, habrá pastores que por un diezmo millonario cerrarán los ojos y dejarán en manos del Creador las "pecadoras" vidas de Valencia, Uribe y Oviedo.

En la entrevista que Valencia y Oviedo dieron a la revista Cambio quedaron claras las enormes diferencias que los separan ideológicamente, las mismas que serán muy difíciles de conciliar políticamente. El candidato a la vicepresidencia dejó ver su intención de agradar y aceptar así fuera a regañadientes las posturas de quien será su jefa si logran llegar a la Casa de Nari. Vi a un Oviedo “entregado”, sumiso, preocupado por agradar y por momentos dubitativo en torno a lo que se le viene pierna arriba por  las godas y férreas posturas de Paloma Valencia, la “hija” del violento y vulgar expresidente de la república (sí, en minúscula).

domingo, 15 de marzo de 2026

PALOMA VALENCIA Y LA JEP: LA VIEJA OBSESIÓN DE ACABARLA



Por Germán Ayala Osorio

 

El uribismo está obsesionado con la JEP. Y Paloma Valencia Laserna, también. Acabarla, desmontarla o ajustarla es un extraño propósito del expresidente y exconvicto Álvaro Uribe y el de su “hija-candidata presidencial” que insiste en que el alto tribunal de paz asumió una actitud persecutoria contra los militares que se sometieron a las condiciones de la justicia restaurativa, en gran medida para librarse de largas condenas proferidas por jueces de la justicia ordinaria, pero también por el compromiso de decir la verdad en torno a los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”, perpetrados por uniformados que monetizaron la vida de jóvenes que fueron asesinados con tiros de gracia.

Valencia Laserna repite hoy lo dicho por su mentor y “padre”: se trataría de confesiones presionadas por los magistrados de la JEP y las favorables condiciones jurídicas del modelo de justicia restaurativa.  Por supuesto que frente a largas condenas proferidas por los jueces ordinarios los uniformados comparecientes reciben sanciones morales y quedan en libertad siempre y cuando aporten verdad y expliquen las condiciones en las que se presentaron los hechos punibles a los cuales están vinculados en calidad de determinadores, testigos de excepción o ejecutores de las órdenes emanadas por oficiales de alta graduación que cumplían las directrices del ministerio de la Defensa y del Ejecutivo.

Frente a los togados de la JEP, oficiales y suboficiales han reconocido que asesinaron civiles para inflar las cifras de guerrilleros dados de baja en combates y señalado a la política de seguridad democrática como el inmoral marco institucional desde el cual se legitimó la práctica de secuestrar jóvenes para luego presentarlos como subversivos “neutralizados” en operaciones contrainsurgente.

Esa misma narrativa del uribismo se complementa con el imaginario que señala que la JEP ha sido permisiva con los comparecientes de las Farc-Ep, sobre los cuales ya hay acusaciones en firme por la comisión de delitos de lesa humanidad. Olvidan los detractores de la Jurisdicción Especial para la Paz que todos los comparecientes recibirán beneficios jurídicos mientras aporten verdad, se comprometan a no repetir las conductas criminales y a reparar a sus víctimas.

Valencia Laserna en varias ocasiones justificó sus ataques contra la Jurisdicción Especial para la Paz con un argumento falaz: defender el honor de los militares. Si la JEP fue creada en el marco del Acuerdo de Paz firmado entre el Estado con las Farc-Ep para juzgar a los máximos responsables de los delitos de lesa humanidad perpetrados en ocasión del conflicto armado por militares y guerrilleros, por qué la candidata presidencial insiste en proteger a los uniformados? La respuesta es evidente: los combatientes estatales (generales de tres soles, coroneles y mayores) han hecho referencia a la política de seguridad democrática como la pérfida realidad institucional impulsada por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, uno de los actores bisagra, que aportaron a la degradación misional del Ejército nacional.

No se trataría exclusivamente de defender el honor y la libertad de los altos oficiales comprometidos en los ajusticiamientos extrajudiciales, sino la imagen de su “padre”, responsable político de la aplicación sin límites éticos y morales de una política de seguridad y defensa diseñada para aplicar la doctrina del enemigo interno por fuera de las lógicas y las dinámicas de un degradado conflicto armado. Al final, asesinar civiles (por lo menos 6402 jóvenes vulnerables) y perseguir y violentar “mechudos, tatuados y gente de izquierda” dieron cuenta de la extensión social y política de la doctrina del enemigo interno.

Infortunadamente surgieron las disidencias de las Farc-Ep y el ELN se mantiene en pie de lucha, lo que hace pensar en que la candidata presidencial de la derecha uribizada estaría interesada, de llegar a la Casa de Nariño (o de Nari), en ajustar los procesos internos de la JEP de cara al regreso a la política de seguridad democrática a partir del 7 de agosto de 2026, esto es, del retorno de la práctica criminal de asesinar civiles, ponerles camuflados, un arma y las botas al revés.



PETRO, PARTICIPACIÓN EN POLÍTICA Y FRAUDE ELECTORAL

 


Por Germán Ayala Osorio

 

¿Habrá algo más ridículo que el marco legal que prohíbe al presidente y a otros servidores públicos “participar en política” cuando, justamente, la llegada a esos cargos es el resultado de actividades y acciones electorales y políticas?

Al presidente Petro lo quieren censurar porque insiste en que hubo fraude en las pasadas elecciones y lo fustigan por “tirar línea” desde su cuenta de X e incluso a través de sus alocuciones. Para el caso del posible fraude, circulan en las redes sociales actas y los famosos E14 posiblemente adulterados. Desde las huestes del Pacto Histórico se habla de la recuperación de por lo menos una curul para el senado. Se trate o no de hechos fraudulentos cometidos por algunos jurados de votación, lo que le corresponde a la Registraduría es garantizar que se corrijan los “errores” y se investigue a quienes los cometieron para descartar si hubo dolo. Para eso es el escrutinio. Vigilar que se haga de manera transparente es un acto político. Y los actos ilocutivos de Petro hacen parte de la política.

El fraude electoral, de comprobarse, constituye un hecho prepolítico alentado por decisiones políticas tomadas desde sectores de poder (partidos y movimientos, gamonales y líderes políticos) interesados en desconocer la voluntad política de millones de sufragantes.

Que Petro exponga sus reservas en torno al software y al posterior manejo de los datos hace parte de la Política en la medida en que desde la presidencia se confronta a un poder administrativo atado de tiempo atrás a los intereses privados que también hacen parte del juego de la política. Además, están en juego los derechos políticos de millones de ciudadanos que votaron por el Pacto Histórico. Y los derechos políticos hacen parte del ejercicio de la Política.

De hecho, los llamados de atención al jefe del Estado que le hacen desde la Procuraduría constituyen un hecho político. El Procurador Eljach es un actor político que vigila las actuaciones políticas y administrativas de los funcionarios estatales. Bajo esa condición, Eljach también estaría participando en política, aunque investida de la natural legitimidad de un ente de control. Petro, en su condición de jefe del Estado, todo el tiempo hace política porque toma decisiones, confronta poderes privados y públicos.

Urge entonces reformar ese marco legal por inaplicable y a todas luces antidemocrático. Otra cosa muy distinta es violar la ley de garantías, instancia jurídica que todos los gobiernos encuentran la forma de hacerle el esguince.

Con la partida del filósofo Jürgen Habermas vuelve a ponerse de presente la necesidad de consolidar los procesos democráticos, la democracia misma y la institucionalidad democrática derivada a través de la deliberación y el diálogo simétrico entre actores capaces de discutir con argumentos. En esa medida, la mejor forma de confrontar a Petro no es censurándolo, sino controvirtiendo sus ideas con argumentos sólidos. Lo que ha pasado en estos casi cuatro años es que la Oposición, muy pobre para exponer argumentos, sus más visibles voceros y líderes prefirieron “caer” en la falacia ad hominen, en la que se ataca a la persona y no al argumento.

Es mejor que se redacte una ley que  conmine a todos los políticos profesionales  a que se lean los dos tomos de la Teoría de la Acción Comunicativa del filósofo alemán. Paz en su tumba. 


sábado, 14 de marzo de 2026

A LOS HIJOS DE LUIS CARLOS GALÁN LOS COOPTÓ EL ESTABLECIMIENTO




Por Germán Ayala Osorio

 

A los hijos del inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento se les exige que recojan el ideario político de su progenitor, lo que no es otra cosa que enfrentarse al Establecimiento y en particular a los agentes políticos que de manera directa e indirecta cohonestaron con el atentado que terminó con la vida del líder del Nuevo Liberalismo. Tanto Carlos Fernando como Juan Manuel Galán dejaron claro que se sienten cómodos al estar del lado de la derecha, espectro político e ideológico en donde se naturalizaron los dos más graves problemas que el líder asesinado en la plaza de Soacha fustigaba en su campaña hacia la presidencia de la República: el narcotráfico y la corrupción.

Juan Manuel Galán participó de la Gran Consulta del uribismo y hoy secunda el proyecto de la dupla Valencia-Oviedo, que representa a una derecha neoliberal y anti-derechos que se opone a la reforma agraria y rechaza con ahínco aquello de la función social de la propiedad, principio constitucional que defendió en su momento su padre. Incluso, Galán Sarmiento compartía la idea de la expropiación de la tierra, eso sí, sin atropellos a los propietarios; de ponerle límites al latifundio y el apoyo a la organización del campesinado.

Entre tanto, Carlos Fernando, como alcalde Mayor de Bogotá, está labrando el camino hacia la presidencia defendiendo los intereses corporativos desde los cuales se garantiza la operación privada del Estado en desmedro de los derechos colectivos, en particular de la población vulnerable y pobre. Carlos Fernando milita en Cambio Radical, un partido político que la opinión pública asocia con la corrupción.

Por cuenta del enorme carisma y el proyecto de país que encarnaba Luis Carlos Galán sus vástagos soportan la presión social y política de sectores de la izquierda y el progresismo que les exigen a diario acercarse ideológicamente a su padre. Ya es tiempo de abandonar esa exigencia pues llevar el apellido Galán se convirtió en una pesada carga para los hijos del inmolado líder. Peso, por supuesto, que no les interesa sobrellevar porque implicaría enfrentarse a las fuerzas de un Establecimiento que terminó cooptándolos al ofrecerles jugar políticamente, eso sí, sin erosionar la hegemonía de poderosos actores económicos y políticos comprometidos con la corrupción y el narcotráfico, las dos inmorales realidades que Luis Carlos Galán confrontó con firmeza durante su campaña presidencial. Ya dejen tranquilos a los hijos de Galán y a la memoria del sacrificado líder.

Adenda: lo más seguro es que a Juan Manuel le den un ministerio, en caso de que Paloma Valencia gane la presidencia. Eso sí, le quedará bien difícil desmarcarse en adelante del uribismo. Esa mácula la llevará por siempre. 


Nota: imagen tomada de Semana.com

VICKY DÁVILA: DE PRESIDENCIABLE, A MEME



Por Germán Ayala Osorio

 

Una de las campañas presidenciales más agresivas e insulsas fue la que lideró la periodista del Establecimiento, Victoria Eugenia Dávila Hoyos, más conocida como “Vicky”.  El tamaño de su derrota electoral y política es monumental: pasó de ser candidata presidencial, a precandidata de la Gran Consulta de la Derecha uribizada. Obtuvo 238 mil votos. Se vendió como “independiente” y terminó en las toldas del uribismo al que siempre defendió desde su ejercicio periodístico. Colegas suyos intentaron presentarla como una outsider, cuando siempre fue una ficha del Establecimiento. Ahora es un meme en las redes sociales.

Eso sí, destaco que fracasó con rotundo éxito y eso es positivo. He aquí las razones de la derrota electoral  de su aventura política, la que jamás debió emprender la periodista-periodista:

1.       Dávila de Gnecco no entendió la actual coyuntura social y política del país. Leyó mal el momento histórico por el que atraviesa Colombia porque jamás pudo desprenderse de esa mirada reduccionista de la historia y los hechos presentes que garantiza la lógica periodística-noticiosa. Una lección que deben recoger los periodistas que en adelante piensen en ser candidatos presidenciales.

2.       Al no tener otra mirada de la compleja realidad de los colombianos, apeló al grito y al odio; creyó que su enfermizo anti petrismo le iba a funcionar. Nuevamente se equivocó. Petro, Petro y Petro espetaba todo el tiempo fruto de una especie de “esquizofrenia política” generada desde las huestes uribistas.

3.       Jamás presentó a los colombianos un proyecto basado en la comprensión de los problemas y oportunidades de un país mal administrado por una élite mezquina, precapitalista, violenta y mafiosa. Incluso, le alcanzó para decir que construiría cárceles en las selvas para encerrar corruptos. Con semejante despropósito ecológico y ambiental Dávila dejó ver su ignorancia supina en asuntos claves como la sostenibilidad sistémica.

4.       Su visión mediatizada y las redes sociales la engañaron. Los likes y las miles de reproducciones de las barbaridades que publicó en X la hicieron sentir realmente presidenciable e invencible.

5.       Dávila de Gnecco hizo el ridículo. Ordeñó una vaca, cantó en un cafetal en medio de una "pelea discursiva" con la Gaviota (Margarita Rosa de Francisco); se fue al “Hueco” en Medellín, con megáfono en mano, a gritar frases sin sentido.  Vicky dejó ver que tiene enormes vacíos conceptuales, pobreza lexical y un discurso básico. Si se hubiese “peliado” con María Fernanda Cabal, la senadora uribista muy seguramente le habría dicho “estudie, vaga”.

 Colombia se salvó de ser gobernada por Vicky. Muy seguramente volverá a hacer el periodismo que tanto daño le hace al oficio. Eso sí, por mucho tiempo deberá lidiar no solo con las “quemaduras”, sino con la imagen de meme que dejó en millones de colombianos. Y no “Vicky”, los resultados de la Gran Consulta de la Derecha no son ninguna “putería”, pero se entiende la expresión por la rabia que le generó la derrota electoral.  Vicky, échate bastante crema número cuatro. 




viernes, 13 de marzo de 2026

LA DERECHA RECREA UN NUEVO MIEDO

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella y periodistas de Blu radio le están apostando a recrear lo que bien se puede llamar un nuevo miedo para asustar al electorado, en particular a aquellos que militan dentro del progresismo y la izquierda y otros que pueden sentirse cautivados por las ideas y el proyecto político que encarna el candidato presidencial Iván Cepeda Castro.

La derecha sabe que los “cocos” del castrochavismo y el neocomunismo están debilitados, lo que obliga a la prensa afecta y a otros agentes políticos de esa misma mesnada a crear un nuevo “coco”, que verdaderamente asuste al electorado. Por eso, De la Espriella y los periodistas de Blu radio están interesados en diseminar entre los colombianos el terror que les produce que, ante la falta definitiva de Iván Cepeda Castro, Aída Quilcué lo remplazaría. Es decir, que una “mujer, indígena y sin títulos académicos” sería la presidenta de Colombia.

El solo hecho de imaginar que el país pueda ser gobernado por una mujer indígena y sin los siempre sobrevalorados títulos académicos les produce escalofrío a los opinadores de Blu radio y al propio Abelardo de la Espriella quien, sin referirse de manera directa a Aída Quilcué, lanzó la “alerta” y de paso defendió a José Manuel Restrepo, quien en caso de faltar el abogado, el país podría estar tranquilo porque su vicepresidente es un “economista de la universidad del Rosario, con una maestría en Economía de la London School of Economics, especialización en Alta Gerencia en Inalde y doctorado en Dirección de Instituciones de Educación Superior por la Universidad de Bath en el Reino Unido”.

Mientras que Quilcué y el pueblo Nasa consideran que los TLC, el neoliberalismo y la política agraria atada a los monocultivos constituyen “planes de muerte”, el economista, fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella,  es un agente neoliberal que sigue a pie juntillas las recetas del FMI, lo prescrito en el Consenso de Washington y por supuesto apoya los intereses de los grandes latifundistas y ganaderos interesados en intervenir selvas para imponer el modelo de la gran plantación, potrerizar y especular con el valor de la tierra.

El miserable uso electoral y político de la condición de salud del candidato presidencial del progresismo ya hace parte de la agenda mediática. La reacción de Cepeda no se hizo esperar:

“Señores Néstor Morales y Felipe Zuleta:

La condición de la salud de toda persona es un asunto que debe ser tratado de la manera más responsable por los medios de comunicación. Cualquier duda sobre la salud de una persona sembrada con base a una especulación o rumor, genera representaciones falsas sobre la capacidad idónea para ejercer en forma óptima una función en la vida pública. Como lo he informado de manera rigurosa y responsable, mi decisión de asumir la candidatura presidencial por el Pacto Histórico se ha hecho sobre la base de estrictos controles médicos que son verificables. Si ustedes poseen información en el sentido de que tengo algún problema que me impida ejercer la Presidencia de la República por mi condición física o mental, solicito se sirvan informarlo de manera pronta y oficial. De no ser así, exijo a ustedes que no se propaguen especulaciones que puedan tener propósitos electorales”.

Con ese nuevo “coco”, Blu radio y De la Espriella exponen su clasismo, racismo y lo que es peor: niegan la existencia y la importancia de las instituciones democráticas que se activarían en el preciso momento en el que Cepeda, en calidad de presidente de la República, falte por razones de salud. Desechan también que el equipo de ministros y asesores, el Congreso y otros poderes públicos que estarían obligados a respaldar a la lideresa indígena Quilcué.



Nota: imagen tomada de Pulzo

jueves, 12 de marzo de 2026

OVIEDO POR FIN DIO EL SÍ, PERO...

 

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Por fin llegó a su final el novelón que armaron Paloma Valencia Laserna y Juan Daniel Oviedo: el exconcejal de Bogotá y exdirector del DANE será la fórmula vicepresidencial de la candidata presidencial e “hija” del expresidente y exconvicto, Álvaro Uribe Vélez. Al parecer las “líneas rojas” planteadas por Oviedo, en forma de chantaje, se esfumaron en el mini “conclave” que armaron después de los resultados de la Gran Consulta de la Derecha. Primó la idea de “correr” hacia el “centro” al proyecto uribista. Por supuesto que se trata de una estratagema electoral pues el uribismo representa a la derecha mafiosa, conservadora, anacrónica, neoliberal, violenta, machista, clasista, racista, homofóbica y misógina a la que no le interesa morigerar sus discursos.

Horas antes, el candidato presidencial Iván Cepeda Castro escogió a la lideresa del pueblo indígena Nasa, Aída Quilcué como su fórmula vicepresidencial. En esa decisión no hubo aspavientos y mucho menos la exposición de “líneas rojas” porque las dos figuras comparten un mismo proyecto de país. Se dieron, sí, reacciones a favor y en contra dentro y fuera de las huestes del progresismo. Emergió, como era de esperarse, el clasismo y el racismo muy propios de una sociedad como la colombiana en la que una parte importante de la élite y de comunidades subalternas desdicen de sus procesos de mestizaje, lo que les permite explicar y justificar las prácticas racistas. Al final, a Quilcué no la bajaron de “india ignorante, sin carrera universitaria y sin experiencia para gobernar en caso de falta del Presidente”.

El candidato presidencial de la ultraderecha y de una parte de la derecha uribizada, Abelardo de la Espriella eligió a José Manuel Restrepo, reconocido agente neoliberal y exministro de Hacienda del gobierno de Iván Duque Márquez. Se trata de “dos mestizos blanqueados” que representan con lujo de detalles a la Colombia clasista y negacionista de su propio mestizaje. De la Espriella intenta ocultar su ignorancia en asuntos del Estado, su desfachatez y su proyecto totalitario usando a Restrepo su trayectoria académica como pararrayos. 

Entre tanto, el eterno candidato presidencial Sergio Fajardo Valderrama hizo lo propio y se la jugó por Edna Bonilla, exsecretaria de Educación en la alcaldía de Claudia López. De la candidatura de Fajardo no hay mucho que decir porque lleva años exponiendo lugares comunes para no comprometerse con nada. Su campaña no cuenta. Y como él mismo reconoció: "él no inspira nada".

Las tres principales campañas representan con inusitada claridad al país, más allá de la actual coyuntura política e ideológica de la que se advierte que deviene polarizada, crispada y violenta entre dos extremos: la izquierda, atada al nombre de Petro y la candidatura de Cepeda; y la derecha, ancorada a la figura del expresidente Uribe y la candidata presidencial Paloma Valencia Laserna. Entre esos extremos intenta pelechar un “centro” fantasmal y medrosos desde el que se escuchan frases vacías como la expresada por Fajardo Valderrama: “Vamos a trabajar juntos por hacer el cambio serio y seguro que necesita Colombia. Para sacar a Colombia de la contienda entre extremos. Para tender puentes en lugar de tender trincheras”.

De la trayectoria y lo expresado por cada uno de los candidatos se desprenden por lo menos dos países diferentes e irreconciliables. La Colombia de Cepeda-Quilcué le habla a los indígenas, campesinos y afros que llevan años sobreviviendo a la violencia de los actores armados, legales e ilegales; también a los colombianos pobres de las barriadas golpeadas por políticas segregacionistas y un modelo económico y político que los necesita vulnerables para que el populismo de derecha alcance sentido de realidad. La compraventa de votos y el clientelismo son las formas más comunes a través de las cuales la derecha históricamente viene sometiendo a los más pobres y vulnerables a sus lógicas. Es decir, una suerte de populismo no reivindicativo, que niega identidades.

Por supuesto que también le habla a la élite blanca neoliberal, racista y clasista que lleva más de doscientos años apostándole a la desaparición, física y simbólica de los pueblos afros e indígenas y  comunidades campesinas cuyas identidades el gobierno Petro reivindicó, empoderó y defendió de la violenta ortodoxia neoliberal.

La Colombia de Valencia-Oviedo le habla a los agentes del Establecimiento que sufrieron derrota electoral y política en el 2022 y les dice que están dispuestos a todo con tal de recuperar el Estado para consolidar los procesos de privatización iniciados por César Gaviria Trujillo y afianzados durante los 20 años de uribismo.

Quienes intentan consolidar la narrativa que indica que la dupla Valencia-Oviedo deviene con un carácter progresista, lo que supone un golpe duro a las toldas de la izquierda y el proyecto progresista que representan Cepeda-Quilcué, deben de saber que Paloma Valencia no es precisamente una mujer feminista. Por el contrario, su simpatía y comodidad con las prácticas machistas le alcanzan para “adorar a Uribe” y obedecerlo en todo por cuanto la candidata presidencial tiene con el expresidente una relación patriarcal (padre-hija), fundada en la figura de un papá violento al que sí o sí, hay que obedecer.

Eso sí, de ganar Paloma Valencia la presidencia, millones de colombianos, con la ayuda de la Gran Prensa dirán que la derecha puso por primera vez en la historia política del país a una mujer en la Casa de Nariño y a un gay en la vicepresidencia. No creo que a Oviedo le interese representar los intereses de la población LGTBQ+. No. Oviedo es un uribista enclosetado que la prensa en las últimas semanas infló hasta hacerlo ver como un outsider. Otros tantos dirán que alcanzó la presidencia de la República la “hija-muñeca” de Uribe, una mujer machista y un gay de derecha. Al final, Oviedo se ganó su "periodicazo". 

martes, 10 de marzo de 2026

JUAN DANIEL OVIEDO: VEDETTE Y FALSO OUTSIDER

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Acepte o no Juan Daniel Oviedo ser la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia, el acercamiento al proyecto uribista que representa la senadora caucana tiene una sola explicación: el desespero de la candidata presidencial y de la prensa hegemónica por presentar como de “centro” una candidatura claramente de derecha atada a los intereses políticos del expresidente Álvaro Uribe y al tutelaje que de todas maneras ejerce y ejercerá sobre su ungida si logra sentarla en el Solio de Bolívar. De allí el interés de invitar a Juan Daniel Oviedo a que haga parte del proyecto político de la derecha uribizada para vender la idea de que con Paloma Valencia el uribismo-no Uribe- se está corriendo hacia el centro. Sin duda alguna, una mentira monumental igual a la de “estamos ganando la guerra contra las Farc-Ep” expresada durante el periodo 2002-2010.

Dentro de lo que se conoce como el uribismo tienen claro que sectores de la opinión pública asocian a Uribe Vélez con la violación de los derechos humanos a través de la seguridad democrática, la aplicación de la doctrina neoliberal, esto es, la privatización del Estado y por supuesto con el ethos mafioso que naturalizó la corrupción público-privada durante los ocho aciagos años de Uribe en la Casa de Nari. De esa manera, Oviedo está vendiendo la imagen de un político de “centro” capaz de guiar a Valencia Laserna y al uribismo hacia ese espectro ideológico. Se trata, por supuesto, de una estratagema electoral para tratar de matizar el discurso derechoso que le dicta Uribe a Paloma Valencia.

Al no poder desmarcarse de Uribe por ser su mentor y “padre”, los ideólogos y asesores le propusieron a la candidata presidencial que buscara a Oviedo por haber tomado distancia del antipetrismo y por esa vía venderse como un outsider, cuando claramente no lo es. El exdirector del DANE y exconcejal de Bogotá (elección anulada por el Consejo de Estado) es un político tradicional que encontró en la errónea táctica de sus compañeros de la Gran Consulta por Colombia de atacar a Petro y mentir sobre el presente del país, la oportunidad para reinventarse. Hoy la prensa lo presenta como un fenómeno político, cuando simplemente supo explotar la torpeza de los otros precandidatos.

Si finalmente Juan Daniel Oviedo acepta ser la fórmula vicepresidencial de la “hija” de Uribe, llevará en la frente, como si se tratara de la letra escarlata, el inri de uribista, mácula que muy seguramente una parte del electorado no le perdonará jamás, justamente porque le creyeron el numerito que montó y ejecutó con maestría durante la campaña para la consulta. 

El país debe entender que el centro político en Colombia es una ilusión, un espejismo. Claudia López Hernández, Sergio Fajardo y Roy Barreras insisten todavía en engañar a los colombianos diciéndoles que ellos son de centro, cuando claramente son políticos de una derecha vergonzante. Oviedo está aprovechando su cuarto de hora para ocultar su verdadero talante.

DE LA ESPRIELLA Y SU FÓRMULA VICEPRESIDENCIAL



Por Germán Ayala Osorio

Iván Cepeda ya destapó su carta vicepresidencial: Aída Quilcué, lideresa indígena del pueblo Nasa. La decisión de Cepeda ya genera grietas al interior del progresismo y quizás alentará los conflictos interétnicos ya existentes en el norte del Cauca.

Horas después, el candidato de la ultraderecha, Abelardo de la Espriella hizo lo propio: anunció que su fórmula vicepresidencial será José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda del Gobierno de Iván Duque. Restrepo es un consagrado neoliberal. Falta que la candidata de la derecha uribizada, Paloma Valencia le informe al país si Juan Daniel Oviedo aceptó o no ser su vicepresidente. La invitación al exconcejal de Bogotá y exdirector del DANE se entiende como el esfuerzo desesperado del uribismo de “acercarse o parecer de centro” para matizar que Valencia Laserna es la candidata de la derecha  y de la ultraderecha.

Hablemos de José Manuel Restrepo. Se trata de un economista de la universidad del Rosario, con una maestría en Economía de la London School of Economics, especialización en Alta Gerencia en Inalde y doctorado en Dirección de Instituciones de Educación Superior por la Universidad de Bath en el Reino Unido. Restrepo tiene, además de los títulos académicos que la derecha neoliberal exige para ser ministro de Hacienda e incluso presidente de la República, el convencimiento de las bondades de las recetas del FMI y la aplicación de lo prescrito en el Consenso de Washington.

De llegar a la Casa de Nariño Abelardo de la Espriella, de la mano de su fórmula vicepresidencial, los procesos de “desprivatización” del Estado que echó a andar el gobierno Petro quedarán suspendidos e incluso reversados porque la intención es retornar a la captura privada y mafiosa del Estado para que siga operando al servicio de una élite mezquina y precapitalista que se esconde detrás de la ortodoxia económica (bajos salarios, desregulación laboral, la mano invisible del mercado y control de la inflación) para justificar la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la baja productividad.

Restrepo demandó ante el Consejo de Estado el incremento del salario mínimo. Para argumentar su solicitud ante el alto tribunal de lo contencioso apeló al mismo argumento atado a la ortodoxia económica en la que milita: sería catastrófico para el país en materia de inflación. Esto dijo en su cuenta de X, una vez conocida la decisión del presidente Petro: “A demandarlo, en beneficio del 90 % de los colombianos que se ven afectados por la medida del día de hoy del Gobierno. No podemos permitir la destrucción de Colombia sin argumentos de sensatez”. Ya estamos a 10 de marzo y el país no está destruido. 

Lo que el país no puede olvidar es que Restrepo, como ministro de Hacienda es responsable del sobreendeudamiento del país, en condiciones desfavorables, que dejó el nefasto gobierno de Iván Duque Márquez. Una de las deudas adquiridas a corto plazo la pagó el gobierno Petro. 

En las mesnadas de la derecha criticaron fuertemente a Restrepo por haber aceptado la invitación del bravucón candidato presidencial de ser su fórmula vicepresidencial. Juan Carlos Botero, por ejemplo, señaló en su cuenta de X: “Entiendo el cálculo político de nombrar a José Manuel Restrepo vicepresidente de Abelardo de la Espriella. Lo que no entiendo es que José Manuel Restrepo lo acepte. Con esa sola decisión perdió mi respeto para siempre. El señor creció en ambición, pero se desplomó en dignidad”.

Huelga recordar que el candidato presidencial que asegura que “la ética nada tiene que ver con el ejercicio del derecho” admira a Milei y a Bukele, lo que lo convierte en un político anti derechos, violento, retardatario y amigo de los agentes del neoliberalismo, doctrina aplicada en Colombia desde 1990, con los estragos ya conocidos: pobreza extrema, desigualdad, captura privada y mafiosa del Estado; concentración de la tierra y la riqueza en pocas manos, desempleo e informalidad estructurales.

Restrepo está tan feliz con el llamado que le hizo el "Tigre" que ya gritó "firme por la Patria", el ridículo y patriotero eslogan del abogado cordobés. Es posible que en su paso por el nefasto gobierno de Duque haya espetado "ajúa", el grito de batalla del chafarote Eduardo Zapateiro y del propio homúnculo del Iván Duque Márquez. 

lunes, 9 de marzo de 2026

AÍDA QUILCUÉ, LA VICE DE CEPEDA: ¿ACIERTO O ERROR?

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda Castro será Aída Quilcué, congresista y lideresa indígena del pueblo Nasa. La elección de Quilcué, como era de esperarse, generó disímiles lecturas dentro y fuera de las huestes del progresismo y la izquierda que recojo en estos tres enunciados categoriales con los que quizás sea posible entender la decisión adoptada por el candidato presidencial: 1. Reconocimiento e inclusión. 2. Confrontar a la sociedad racista y 3. Cálculo electoral (votos).

Las fórmulas vicepresidenciales suelen tener un impacto político pretendidamente superior a las responsabilidades de un cargo que en la práctica está pensado para remplazar al presidente de la República en caso de faltas temporales o absolutas. Al escoger a Quilcué, Cepeda manda un mensaje que bien puede entenderse como de “reconocimiento e inclusión” hacia la mujer indígena y a los pueblos aborígenes sometidos a procesos de rechazo, animadversión, persecución, estigmatización y exclusión que naturalizaron el racismo estructural del que habla Eduardo Restrepo.

El asunto problemático aparece al revisar lo que Aída Quilcué representa en la práctica para el propio pueblo Nasa y los otros pueblos indígenas del norte del Cauca. Hay divisiones y luchas intestinas que bien podrían acrecentarse con la llegada de Quilcué al cargo de vicepresidenta de la República. Igualmente, hay conflictos de tierras con comunidades afrocolombianas cuyas dinámicas podrían exacerbarse por el mismo nombramiento; habría que analizar muy bien qué significará para las otras comunidades ancestrales la llegada a ese cargo de Quilcué, en particular para aquellas que no tienen la fuerza organizativa de los Nasa representada en la operación del CRIC.  ¿Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada y los que sobreviven en la selva amazónica cómo recibirán dicho nombramiento?

Es posible que la llegada de Quilcué sea leída como una forma de extender por cuatro años más la confrontación con los sectores societales racistas generada por la llegada al cargo de vicepresidenta de Francia Elena Márquez Mina, mujer y lideresa afrocolombiana, sometida a toda suerte de insultos por ser negra y no tener el perfil académico que la élite “blanca” está acostumbrada a exigir para el desempeño del cargo vicepresidencial.

Si la elección de Quilcué como fórmula vicepresidencial tiene el objetivo de confrontar a la sociedad racista, el país vivirá y escuchará nuevamente expresiones descalificadoras esta vez contra la lideresa Nasa por ser indígena, no tener experiencia y no “tener los pergaminos” (títulos académicos otorgados por universidades privadas de élite) para ocupar semejante dignidad.

Márquez Mina fue maltratada mediática, social y políticamente por grupos de periodistas, ciudadanos del común y políticos que exhibieron sin pudor alguno el racismo y el clasismo que caracteriza a la sociedad colombiana. Se hicieron virales los hostigamientos y los discursos racistas de ciudadanas que terminaron demandadas por Francia Márquez. De llegar a la Casa de Nariño en calidad de vicepresidenta, lo más probable es que Aída Quilcué reciba el mismo maltrato verbal por cuenta de cientos de miles de mestizos que desdicen de sus propios procesos de mestizaje y por esa vía se auto perciben como “blancos y/o arios” con derecho a pisotear los derechos a existir de indígenas y afros.

Si se trata de una decisión basada en un cálculo electoral, como la que acompañó la invitación que en su momento le hizo el candidato presidencial Gustavo Petro a Francia Márquez, habría que revisar muy bien cuántos potenciales votos puede asegurarle Aída Quilcué o quizás restarle, teniendo en cuenta las luchas intestinas en el pueblo Nasa y los conflictos territoriales con comunidades negras en el norte del Cauca. ¿Cómo votan los pueblos indígenas amazónicos y los de la Sierra Nevada, entre otras comunidades ancestrales?

Quizás haya lugar para una cuarta lectura del nombramiento de Quilcué, atada y explicada en este enunciado: existe una línea dura, una especie de guardia pretoriana que le habla al oído a Cepeda para que radicalice sus posturas y su lectura de la actual coyuntura política. Bajo esa lógica, elegir a la lideresa indígena se puede leer como una "declaración de guerra" contra Paloma Valencia, quien en el pasado propuso dividir el Cauca en dos: de un lado los indígenas y del otro, los mestizos. Valencia se sintió en ese momento como una especie de encomendera. 

Creo que el candidato presidencial pudo haber pensado en un empresario o empresaria con ideas cercanas al progresismo con el propósito de facilitar un diálogo nacional que le garantice a Cepeda, como jefe de Estado, condiciones de gobernabilidad. 

ARRANCÓ LA CARRERA PRESIDENCIAL

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Una vez conocidos los resultados electorales, el escenario político y la contienda presidencial se reducen al enfrentamiento de dos fuerzas políticas en el Congreso de la República: el uribismo, de la mano del Centro Democrático y la figura del expresidente Uribe Vélez que, a pesar de que se “quemó”, su vigencia electoral no se puede soslayar; y el progresismo, en cabeza de Gustavo Petro, que está en camino de consolidarse social y políticamente en un país “derechoso” que siempre despreció y miró con desdén a quienes venían exigiendo el reconocimiento de los derechos de comunidades históricamente vulneradas y usadas electoralmente por los partidos tradicionales para garantizar el clientelismo y la naturalizada compra y venta de votos.

Aunque no se alcanzaron las mayorías en el Congreso, la votación del Pacto Histórico es relevante en la medida en que recoge el sentir de millones de colombianos que se sienten representados en un proyecto político que le apuesta a desprivatizar el Estado y por ese camino cumplir con lo ordenado por la Carta Política de 1991, un marco normativo garantista que fue perdiendo legitimidad y aplicabilidad por cuenta de la ortodoxia económica, la corrupción público-privada y por supuesto la captura mafiosa del Estado por parte de clanes políticos, gamonales y grupos económicos.

El triunfo de Gustavo Petro y los resultados de la contienda electoral del 8 de marzo constituyen un certero golpe a la hegemonía de una derecha neoliberal que minimizó el poder de convocatoria del presidente de la República y su consolidación como un líder popular que se la jugó por hacer reformas sociales sin modificar sustancialmente el modelo económico y político. Más claro: no hubo necesidad de “convertirnos en Venezuela o Cuba” para mejorar las condiciones de los asalariados, cuyos derechos fueron reducidos por el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, un neoliberal al servicio de banqueros y empresarios codiciosos.

Aunque falta por salir el tarjetón presidencial oficial, los aspirantes de la derecha y la ultraderecha que llegarán a primera vuelta son Abelardo de la Espriella, Paloma Valencia y Sergio Fajardo, todos cercanos y simpatizantes de las ideas del expresidente Uribe Vélez.  Entre tanto, el candidato único del progresismo es Iván Cepeda Castro. Claudia López y Roy Barreras jugarán como “comodines” después de la primera vuelta presidencial. La lucha electoral y política parece reducirse al enfrentamiento entre Cepeda y la “hija” de Uribe, Paloma Valencia[1].

La carrera presidencial arrancó

Definida la conformación del Congreso la carrera presidencial arrancó bajo las condiciones que impone un mapa político en el que funcionan muy bien las maquinarias políticas, los clanes políticos tradicionales y la seducción electoral a punta de promesas, contratos y puestos públicos.

Los congresistas del Pacto Histórico que llegan por primera vez al legislativo tienen la obligación de prepararse para cumplir a cabalidad con sus funciones constitucionales; entre tanto, los que repiten, deberán liderar en los territorios, ojalá con la ayuda de los nuevos, los procesos de conquista de los votos necesarios para triunfar en primera vuelta con Iván Cepeda. De no lograr esa victoria, la continuidad del proyecto progresista se complicaría en segunda vuelta por los apoyos que recibiría Paloma Valencia de Fajardo y De la Espriella.

Convencer a los indecisos, a los que nunca votaron e incluso a quienes se dejan meter miedo de la narrativa uribista con la que se insiste en que Cepeda es un “neocomunista” que aplicará en Colombia el modelo cubano o el venezolano será una tarea titánica que asumirán los congresistas elegidos este 8 de marzo.

Entre tanto, el gobierno Petro deberá redoblar esfuerzos para mitigar las incertidumbres e incluso la rabia de los usuarios de la Nueva EPS, afectados por las lógicas mercantiles de las prestadoras del servicio y de otros actores de un sistema de salud permeado por el ethos mafioso que de manera natural acompaña al modelo neoliberal. De igual manera, llevar soluciones de corto, mediano y corto plazo a las víctimas del invierno en Córdoba y otros departamentos.

El candidato presidencial, Iván Cepeda deberá esforzarse para desmentir a quienes lo tildan de “comunista”. Sus asesores de imagen deben recoger las críticas que a diario recibe de la prensa hegemónica, los miedos que diseminan la radio y la televisión, así como examinar con criterio la imagen y las sensaciones que proyecta el candidato con su outfit, lenguaje y el rictus al momento de relacionarse con los simpatizantes y sus detractores.  Conquistar a los jóvenes será clave.

Aceptar entrevistas y rondas por los medios tradicionales, promover debates argumentados y usar las redes sociales; por supuesto, atender los llamados de los influencers y generadores de contenidos cercanos al Pacto Histórico hace parte de lo que en adelante deberá proponer el equipo de campaña y el propio candidato.

A pesar de los errores comunicacionales cometidos por el gobierno, Petro construyó una imagen genuina de “hijo del pueblo”. El carisma del presidente de la República y su inteligencia sistémica deben de servir para, si es el caso, ajustar la imagen de Cepeda en una campaña presidencial que será compleja, difícil y agotadora. No hay nada ganado.



[1] Paloma Valencia Laserna reconoció que ve a Uribe como su “papá”. https://ayalalaotratribuna.blogspot.com/2026/03/paloma-valencia-y-el-dia-internacional.html

 

PALOMA VALENCIA Y EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La jornada electoral del 8 de marzo en Colombia coincidió con la conmemoración del Día Internacional de la Mujer. El triunfo de Paloma Valencia Laserna en la Gran Consulta del Uribismo sirve para discurrir alrededor del lugar que la mujer tiene y busca en la política doméstica pues estamos ante una candidata presidencial obsecuente y sometida al poder intimidante del expresidente Uribe, quien representa con lujo de detalles a la sociedad colombiana sobre la que hay consenso social y académico alrededor de su condición premoderna, machista, clasista, racista, homofóbica, misógina y patriarcal.

La actitud reverencial, devota y de claro sometimiento de Valencia Laserna le alcanzó para decir que “Uribe era su papá”. Esto dijo la política caucana: “Uribe es mi papá. Yo voy a copiar a Uribe que es el que sacó a Colombia adelante. Volver a hacer todo lo que funcionó en el gobierno de Uribe”.

Detengamos un momento en lo dicho por la candidata presidencial. ¿Qué será lo que Valencia considera que funcionó en los ocho años de Uribe? ¿Acaso la aplicación a rajatabla de la política de seguridad democrática con el saldo ya conocido de 6402 crímenes de Estado o ejecuciones extrajudiciales? O la tristemente célebre frase con la que violentó a las madres de Soacha: “esos muchachos no estarían recogiendo café”.

En cualquier caso, Paloma Valencia, como mujer, no representa ni a las madres de los jóvenes asesinados por militares que monetizaron sus vidas, ni a las “cuchas” buscadoras de sus familiares desaparecidos durante la Operación Orión, liderada por la entonces ministra de Defensa, Martha Lucía Ramírez, otra mujer sometida a la voluntad de Uribe.

Volvamos a la frase “Uribe es mi papá”. Parece que la candidata presidencial de la derecha y la ultraderecha tiene un tanto desdibujada la figura paterna, lo que le permite refugiarse en lo que representa el expresidente y exconvicto para esa Colombia violenta que aún cree en Mesías y en machos violentos que ofrecen bala, balín, destripar a la izquierda, o que son capaces  de “dar en la cara marica”; y aquellos que en lugar de detractores y competidores en un escenario electoral,  tienen enemigos a los que claramente hay que “acabar física y simbólicamente”.  

No podría resultar más funesto para la conmemoración del Día Internacional de la Mujer que el triunfo electoral de una mujer como Paloma Valencia que exhibe una dependencia emocional, electoral y política frente a la figura de un hombre como Uribe sobre el que hay graves señalamientos y cuestionamientos éticos y morales. Su devoción enfermiza la convierte en una mujer servil. De llegar al Solio de Bolívar, el país no hablaría de la primera mujer presidenta, sino de la “hija” de Uribe, el Gran Elector.  

La actitud obsecuente, dócil, obediente y sumisa de Paloma Valencia frente a su mentor contradice los objetivos del movimiento obrero y las luchas posteriores de las sufragistas y las que lideran las actuales líderes feministas que reclaman para las mujeres condiciones de igualdad, autonomía, libertad y respeto.

Las mujeres que votaron por Paloma Valencia este 8 de marzo deberían de revisar muy bien lo que significa para ellas la figura del exconvicto y expresidente de la República. Lo más probable es que al momento de sufragar, decidieron olvidar las luchas que hay detrás de la historia del Día Internacional de la Mujer para evitar entrar en contradicciones. Martha Lucía Ramírez y Paloma Valencia representan con lujo de detalles a las mujeres machistas que pululan en el país. Féminas como Ramírez y Valencia ayudan a la reproducción del sistema patriarcal que reduce la conmemoración del Día Internacional de la Mujer a la entrega de chocolates y flores. 


 

ACOSO SEXUAL EN CARACOL TELEVISIÓN

  Por Germán Ayala Osorio Caracol Televisión y Noticias Caracol sufren por estos días una suerte de linchamiento moral en redes sociales y...