Por Germán Ayala Osorio
La fórmula vicepresidencial de Iván
Cepeda Castro será Aída Quilcué, congresista y lideresa indígena del pueblo
Nasa. La elección de Quilcué, como era de esperarse, generó disímiles lecturas dentro
y fuera de las huestes del progresismo y la izquierda que recojo en estos tres
enunciados categoriales con los que quizás sea posible entender la decisión
adoptada por el candidato presidencial: 1. Reconocimiento e inclusión. 2. Confrontar
a la sociedad racista y 3. Cálculo electoral (votos).
Las fórmulas vicepresidenciales suelen
tener un impacto político pretendidamente superior a las responsabilidades de
un cargo que en la práctica está pensado para remplazar al presidente de la
República en caso de faltas temporales o absolutas. Al escoger a Quilcué,
Cepeda manda un mensaje que bien puede entenderse como de “reconocimiento
e inclusión” hacia la mujer indígena y a los pueblos aborígenes
sometidos a procesos de rechazo, animadversión, persecución, estigmatización y
exclusión que naturalizaron el racismo
estructural del que habla Eduardo Restrepo.
El asunto problemático aparece al
revisar lo que Aída Quilcué representa en la práctica para el propio pueblo Nasa
y los otros pueblos indígenas del norte del Cauca. Hay divisiones y luchas
intestinas que bien podrían acrecentarse con la llegada de Quilcué al cargo de
vicepresidenta de la República. Igualmente, hay conflictos de tierras con
comunidades afrocolombianas cuyas dinámicas podrían exacerbarse por el mismo
nombramiento; habría que analizar muy bien qué significará para las otras comunidades
ancestrales la llegada a ese cargo de Quilcué, en particular para aquellas que
no tienen la fuerza organizativa de los Nasa representada en la operación del
CRIC. ¿Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada y los que sobreviven en la selva amazónica cómo recibirán dicho nombramiento?
Es posible que la llegada de
Quilcué sea leída como una forma de extender por cuatro años más la confrontación
con los sectores societales racistas generada por la llegada al cargo de
vicepresidenta de Francia Elena Márquez
Mina, mujer y lideresa afrocolombiana, sometida a toda suerte de insultos por ser
negra y no tener el perfil académico que la élite “blanca” está acostumbrada a
exigir para el desempeño del cargo vicepresidencial.
Si la elección de Quilcué como
fórmula vicepresidencial tiene el objetivo de confrontar a la sociedad racista,
el país vivirá y escuchará nuevamente expresiones descalificadoras esta vez contra la lideresa
Nasa por ser indígena, no tener experiencia y no “tener los pergaminos” (títulos
académicos otorgados por universidades privadas de élite) para ocupar semejante
dignidad.
Márquez Mina fue maltratada
mediática, social y políticamente por grupos de periodistas, ciudadanos del común
y políticos que exhibieron sin pudor alguno el racismo y el clasismo que
caracteriza a la sociedad colombiana. Se hicieron virales los hostigamientos y los
discursos racistas de ciudadanas que terminaron demandadas por Francia Márquez. De llegar a la Casa de Nariño en calidad de vicepresidenta, lo
más probable es que Aída Quilcué reciba el mismo maltrato verbal por cuenta de
cientos de miles de mestizos que desdicen de sus propios procesos de mestizaje y
por esa vía se auto perciben como “blancos y/o arios” con derecho a pisotear los
derechos a existir de indígenas y afros.
Si se trata de una decisión basada
en un cálculo electoral, como la que acompañó la invitación que en su momento
le hizo el candidato presidencial Gustavo Petro a Francia Márquez, habría que
revisar muy bien cuántos potenciales votos puede asegurarle Aída Quilcué o quizás
restarle, teniendo en cuenta las luchas intestinas en el pueblo Nasa y los
conflictos territoriales con comunidades negras en el norte del Cauca. ¿Cómo votan los pueblos indígenas amazónicos y los de la Sierra Nevada, entre otras comunidades ancestrales?
Quizás haya lugar para una cuarta
lectura del nombramiento de Quilcué, atada y explicada en este enunciado: existe
una línea dura, una especie de guardia pretoriana que le
habla al oído a Cepeda para que radicalice sus posturas y su lectura de la actual
coyuntura política. Bajo esa lógica, elegir a la lideresa indígena se puede leer como una "declaración de guerra" contra Paloma Valencia, quien en el pasado propuso dividir el Cauca en dos: de un lado los indígenas y del otro, los mestizos. Valencia se sintió en ese momento como una especie de encomendera.