Por Germán Ayala Osorio
La entrega a Javier Milei del título
Honoris Causa en Administración por parte de la Universidad Santiago de Cali,
anfitriona de la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella, es un deshonroso
acto ético-político y una acción inmoral. Constituye una afrenta contra el
espíritu crítico y el sentido de humanidad que acompaña a la Universidad como concepto
y espacio de pensamiento, investigación y análisis del trasegar del ser humano.
Exaltar de esa manera al
presidente argentino lacera la memoria reciente del pueblo gaucho golpeado por
medidas económicas que le quitaron dignidad a los viejos pensionados y a los jóvenes
que hoy tienen dos o tres laburos para poder llegar a final de mes. El pueblo
argentino ha sido golpeado y violado sus derechos humanos por quien se presenta
como un “libertario”, pero que todos sabemos que es un cipayo neoliberal al que
solo le interesa borrar todo rastro de las ya mancilladas soberanías estatal y popular.
Por lo anterior, resulta inmoral
que la USC distinga a Milei con un doctorado Honoris Causa en Administración. Cuando
un jefe del Estado viola los derechos humanos de su propio pueblo jamás podrá
ser exaltado por la academia. No importa que sea de izquierda o derecha. Es un
exabrupto haberle entregado esa distinción a quien prefirió mandar, que
gobernar. La USC, como actor político, acaba de meterse un autogol a su imagen.
De esta manera justificó la
entrega del título el rector de la universidad Santiago de Cali, Andrés Pérez
Galindo: “El doctor Milei hizo una disertación muy interesante sobre la
necesidad de diferenciar lo que es justo, lo correcto y los valores dentro de
la política; de privilegiar el ejercicio público a través del bien común (...)
Tenerlo hoy de primera mano, no como político sino como catedrático,
es un orgullo y, más aún, que desde hoy sea egresado de la Universidad Santiago
de Cali”. No se entiende cómo las directivas de la USC lograron separar al
Milei “catedrático” del político. Quizás ahí haya un hallazgo revelador para las
ciencias sociales y las humanidades en general.
Aunque la entrega del “Horroris”
Causa a Milei apenas si fue recogido por algunos medios de la gran prensa, en
las redes sociales algo se mencionó. Pero lo que sí generó mayor indignación
entre un grupo de estudiantes y académicos vinculados y cercanos a esa universidad
fue el haberse prestado para acoger dentro de sus instalaciones y en particular
el uso del Arena USC para la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella.
La renuncia del profesor Librado
Orejuela, él sí un catedrático, da cuenta del grave error institucional que
cometió la USC. Esto dijo en una misiva que circuló por las redes sociales el
profesor Orejuela: “Convencido como estoy de que la universidad es
para la academia, para la sublimación de la inteligencia y para el cultivo del
pensamiento crítico, debo tomar la decisión de no volver a ella en condición
docente. Procedo sin bozales ideológicos atendiendo solo a los
dictados de mi conciencia e inspirado en el bello salmo: aunque acampen
ejércitos contra mí no temblará mi corazón”.
El Honoris Causa a Javier Milei y
la posesión presidencial de Abelardo de la Espriella marcarán el devenir de la
USC y dejan ya una imagen negativa para ella misma como centro académico, al
tiempo que golpean con fuerza la ontología de la Universidad como concepto y
espacio para el pensamiento, la confrontación argumentada de las ideas, la investigación
y la formación de científicos y de mejores seres humanos.