Por Germán Ayala Osorio
Estos dos meses del gobierno de
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero han sido vertiginosos en anuncios, amenazas
y símbolos que dan cuenta de la transformación personal del gobernante y de la
democracia. Al tiempo que el jefe del Estado abandona su condición civil para
transformarse en un militar más, la institucionalidad democrática va caminando
hacia un régimen de mano dura que puede resultar peor a lo que el país vivió durante
los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez y Duque Márquez.
Si hacemos el ejercicio de conectar
frases, silencios, titulares, amenazas, decisiones socioambientales insostenibles
que ponen en riesgo la soberanía y la seguridad alimentarias y redefiniciones étnico-identitarias (en Colombia no hay campesinos y niñas),
es fácil concluir que efectivamente el país ya avanza hacia un proceso de “bukelización”,
incluida la posibilidad de que regrese la reelección presidencial. Inicio con lo más actual.
El borrador de un nuevo Estatuto Antiterrorista que ya se filtró a los medios apunta a la consolidación de un
régimen político que terminará por incluir en la lista de grupos terroristas a
simpatizantes de izquierda, librepensadores, periodistas, feministas, petristas, miembros y
militantes del Pacto Histórico, liberales, ambientalistas, defensores de los
derechos humanos; líderes y lideresas sociales y ciudadanos que expresen
críticas al gobierno nacional en cabeza de Abelardo Gabriel. No se descarta que
el propio expresidente Petro termine en esa lista o preso por su apoyo a las
movilizaciones que, aunque pacíficas, casi siempre terminan en desmanes por
cuenta de desadaptados “orgánicos” o infiltrados de la ultraderecha. Lo anterior, en virtud de la extensión de la doctrina del enemigo interno a todo el que piense distinto. Quien no está conmigo, está contra mí. Quien no apoya al gobierno, es enemigo de la Patria.
De la Espriella anunció, en tono castrense,
que no “tolerará bloqueos y actos de vandalismo”. Y el expresidente Petro
en su cuenta de X aseguró que participará de la “…marcha del 14 de octubre
en Bogotá y espero a todo el pueblo trabajador de la ciudad. Es ya que
tenemos que movernos y preparar la lucha hasta la huelga general por un salario
mínimo vital para el año 2027 y un plan serio de lucha contra el hambre
para mitigar el efecto que dejará la sequía”. El plato de la turbulencia
social y la represión estatal está servido.
Si en el pasado se publicó el Libro
Negro de la Represión (1958-1980) para dar cuenta de una cruenta violencia estatal, es posible que ese mismo título sea
retomado por quienes sobrevivan a la represión que se viene con el objetivo de
registrar las violaciones de los derechos humanos y los de la Naruraleza en zonas urbanas y rurales ya
se están presentando y las que vendrán cuando el gobierno afine su proyecto
disciplinante y regenerador (moral e ideológico) a través de la “batalla cultural”;
en los territorios rurales muy seguramente se aplicará una violenta
contrarreforma agraria.
Aunque en el Libro Negro de la
Represión (1958-1980) se alude a circunstancias muy distintas a las que hoy
vive el mundo y en particular este hemisferio, lo sucedido en aquella época y
las que soportará en adelante el continente americano por la operación del
Escudo de las Américas, la reedición de la Operación Cóndor y el regreso del TIAR (Tratado Internacional de
Asistencia Recíproca) de la mano de la ultraderecha trumpista, comparten un
mismo patrón desestabilizador: la injerencia de los Estados Unidos y la
sumisión de los países latinoamericanos a los intereses globales de la potencia
militar.
En el prólogo del señalado libro
se lee: “la Defensa de los Derechos Humanos, preconizada por el Presidente
Carter en su campaña presidencial, e impulsada con bombos y platillos durante
su mandato, contiene un carácter siniestro”. Ese carácter aciago, funesto,
adverso y fatal acompaña sin duda alguna a la operación del Escudo de las
Américas. Pero hay otros hechos, decisiones y pronunciamientos que preocupan.
Sigamos.
Recién, en sus ya acostumbradas amenazas
y en su tono bravucón, De la Espriella insinuó o por lo menos le permitió a los
petristas pensar en que al presidente le gustaría reelegirse. Entonces, el
expresidente Petro le salió al paso y le contestó “Yo a usted no le temo
porque conozco al dedillo su pasado señorito Abelardo Squiffo. Habrá las
puertas de la reelección y me enfrentará”. No seamos ingenuos: cualquier modificación
a la Constitución que reviva la reelección presidencial inmediata del actual
presidente vendrá con la prohibición legal que le prohibirá a Petro lanzarse
nuevamente.
A pesar del gazapo en el trino de
Petro, el país político entendió que el ambiente de confrontación política y
social está por escalar porque en apenas dos meses De la Espriella ya dejó
claro que su objetivo es reversar, con la ayuda del Consejo de Estado y las otras
cortes, todas las reformas sociales y los avances que en materia de beneficios
para los más pobres logró dejar operando el gobierno anterior.
El mutismo de las altas cortes
frente a las amenazas que lanzó Abelardo en contra de los jueces que se opongan
a la fumigación de los cultivos de coca con glufosinato de amonio y la intención
manifiesta de acabar con la JEP hace pensar en que esa “bukelización” del país
no es mal vista en esas corporaciones judiciales encargadas de ponerle límites
al Ejecutivo. Bueno, por lo menos operaron contra el gobierno Petro con ese
criterio y lograron frenar muchos de los decretos con fuerza de ley que emitió.
Acabar con las zonas de
protección alimentaria tiene un propósito económico que, unido a otras medidas
y a las variables que determinan el índice de inflación, busca reducir a la
clase media, así como empobrecer más a los pobres y afectar negativamente la
soberanía y la seguridad alimentarias de las comunidades agrícolas y del país. Desconocer
a los campesinos como actor histórico, social y cultural hace parte de ese
proyecto en el que avanzará el sometimiento y transformación de valiosos ecosistemas
naturales sometidos a la ganadería extensiva de baja producción y con fines de
especulación inmobiliaria y al modelo de la gran plantación (economía de enclave)
que incluye la extensión de los monocultivos de caña de azúcar y palma africana
y la minería a gran escala.
Así las cosas, es cuestión de
tiempo para que la bukelización del país sea una realidad. Veo cada vez
más lejana la posibilidad de que haya elecciones en el 2030. Hay un Bukele o en
un General de Brigada en proceso de construcción. Ojalá me equivoque.


