Por Germán Ayala Osorio
Cae el telón del Mundial de Fútbol.
Termina el certamen orbital del deporte espectáculo usado por los políticos
como el más grande y poderoso opioide con el cual adormecen a la masa de aficionados
que ven las transmisiones de los partidos. Esos mismos a los que durante un mes
largo no se les ocurrió mirar hacia Gaza e
Irán, convertidos por Israel y Estados Unidos en zonas de desastre humanitario.
Para qué hacerlo si el fútbol tiene esa capacidad de sacarnos de la realidad durante
largos 90 minutos. El fútbol tiene el poder analgésico del fentanilo. Y Fútbol
se escribe con F de Fentanilo.
En la final del Mundial se habla
español: España y Argentina definirán el nuevo campeón mundial. Me pregunto: ¿A
qué país le convendría más que su selección gane el anhelado trofeo? Trataré
de responderme el interrogante.
Ambas selecciones representan no
solo a sus naciones sino las realidades políticas, social y económicas que,
para el caso, devienen distintas. Pedro Sánchez en la “Madre Patria” le apostó
a implementar reformas sociales en medio de desafíos migratorios, escándalos de
corrupción y los que acompañan al control de la inflación. Estamos hablando de
un país europeo que hace parte del norte opulento. Y esa es una realidad que no
se puede obviar porque resulta determinante.
Mientras que Milei, atado a los
intereses del FMI y alineado a los Estados Unidos de Donald Trump se propuso
reducir el Estado a punta de motosierra y por esa vía afectar la dignidad de
los pensionados y trabajadores oficiales: “el mayor golpe en materia de
ingresos se dio entre los trabajadores del sector público. Víctimas del ajuste
y la ‘motosierra’ de Milei, el nivel de salarios de septiembre de 2025 perdió
un 18% de su capacidad de compra frente al promedio de 2023”.
Los críticos del gobierno de
Milei pintan un escenario catastrófico que incluso sirvió para tratar de
asustar a los colombianos que finalmente votaron el 21 de junio por el primer presidente
therian
de Colombia. El relato aquel de “nos vamos a convertir en Argentina si votan
por De la Espriella y vamos a comer carne de burro” de poco sirvió. Será porque
hay cientos de miles de colombianos,
verdaderos jumentos en términos políticos, que de tiempo atrás comen de esa
carne.
Así las cosas, si España conquista
su segunda copa mundo habrá celebraciones y quizás algunos desmanes; si, por el
contrario, pierde la final frente a los gauchos, la resaca que produce la
derrota resultará manejable por las condiciones sociales y económicas en las
que viven los españoles.
El caso para los argentinos puede
ser diferente: estamos hablando de un país suramericano que hace parte del Sur
empobrecido y sometido. Y esa es una circunstancia que no se puede soslayar. Alrededor del Obelisco se congregarán
borrachos de felicidad y orgullo cientos de miles de aficionados para saltar mientras
el opioide hace el efecto esperado: quitarles por varias semanas los dolores que
les dejó la pérdida del laburo y las dificultades para reclamar medicamentos y
comer.
Si la selección de Messi, Lautaro
y el Dibu Martínez se alzan con el trofeo no solo será la cuarta copa mundial
sino la oportunidad única para que el “libertario” (realmente es un neoliberal)
presidente de Argentina, Javier Milei, lo use para atenuar la mala imagen que se
proyecta del país por sus agresivas reformas sociales y decisiones de política
energética. “El Gobierno del presidente Javier Milei confirmó que avanzará
con la licitación internacional de un bloque offshore de aproximadamente
5.000 kilómetros cuadrados en el Mar Argentino para la exploración de petróleo
y gas, una decisión que ha generado fuertes cuestionamientos debido al
interés manifestado por una empresa de capitales británicos”.
Como sucedió durante la dictadura
militar, la primera copa mundo ganada por Argentina sirvió para tapar las
arbitrariedades y crímenes cometidos por Galtieri y Videla. Lo mismo podría pasar
si Messi y su combo conquistan la cuarta estrella en territorio norteamericano.
Una parte importante de la sociedad argentina necesita “trabarse” para aguantar
el difícil partido que les planteó Milei. Si Argentina resulta hoy campeona mundial
le habrá entregado al presidente Javier Milei el cargamento de fentanilo que
necesita para calmar al pueblo argentino que sobrevive en medio de la
precariedad laboral y las afugias médicas que a diario padecen los gauchos. Hay
dolores físicos y del alma que el fútbol logra controlar por un tiempo. Si, es
un paliativo que no cura las enfermedades terminales que genera el neoliberalismo.
Una última pregunta: ¿Será que Trump e Infantino estarán pensando en darle de regalo a Milei y a Messi la Copa Mundo?