Por Germán Ayala Osorio
La derecha dijo en las elecciones
de 2022 que con el triunfo de Petro “nos convertiríamos en Venezuela”. Con
ese caballito de batalla asustaron a cientos de miles de ciudadanos que votaron
con miedo y otros tantos que se abstuvieron de sufragar en favor del “gobierno del
cambio” porque llegaría el socialismo-comunismo-castrochavismo y que no habría papel higiénico
y que ese nuevo gobierno acabaría con la propiedad privada.
Ahora, con el ilegal y arbitrario
ataque militar y la captura-secuestro del ladino y autócrata presidente Nicolás
Maduro Moros quienes quieren que Colombia se parezca al violentado vecino son agentes
políticos y económicos de la oposición colombiana que guardan silencio frente a
la más reciente amenaza que lanzó el presidente norteamericano en contra del presidente
Petro. Vaya contradicción.
Se suma a lo anterior la actitud
cipaya de los congresistas Lina María Garrido, de Cambio Radical y Jota P Hernández,
de la Alianza Verde, que públicamente aplaudieron la posibilidad de una
incursión armada de los Marines y la DEA en Colombia para derrocar al
presidente colombiano por ser, de acuerdo con Trump, “líder de
narcotraficantes, productor de cocaína y por ser un enfermo”. Garrido
espetó en su cuenta de X: “Bienvenido a #Colombia Presidente
@POTUS. Con gran anhelo el pueblo colombiano lo espera. No tarde tanto por
favor”.
La intimidación de corte militar
proferida por el convicto presidente de los Estados Unidos no ha sido rechazada
por los presidentes de las altas Cortes y mucho menos por las cabezas visibles
de Fenalco y la Andi, para nombrar a los más visibles actores económicos de la
sociedad civil.
Frente al atronador silencio de
los presidentes de las altas Cortes, el ministro Armando Benedetti en su cuenta
de X señaló que “Colombia no es un Estado fallido. Miembros del Estado
también son los presidentes de las altas Cortes y el Congreso de la República
quienes tienden por mandato constitucional defender la independencia nacional. Su
silencio ante la amenaza de una invasión militar, además de demostrar cobardía
y su oposición al Gobierno, aceptan que hacen parte de ese Estado fallido y son
narcos, van en contra de las razones de Estado y de la patria y estarían de
acuerdo que ellos, miembros del Estado, no tienen legitimidad”.
Resulta a todas luces peligroso e
inconveniente que, de cara a las elecciones presidenciales en Colombia, los
presidentes de la Corte Constitucional, Consejo de Estado y Corte Suprema de Justicia
guarden silencio frente a la grave amenaza del gobierno de los Estados Unidos.
Se trata no solo de una actitud cipaya, sino de una abierta complacencia con la
posibilidad de que Trump cumpla su amenaza. Justamente, esa empobrecida visión
del Estado facilitará la intervención del gobierno gringo en las elecciones
presidenciales.
Vaya contradicción. Los que ayer
aportaron a la construcción de esa narrativa castrochavista, hoy, con su
silencio y complacencia, aplauden que las tropas gringas desembarquen en la
Casa de Nariño y se lleven preso a Petro para ser juzgado en una corte de los
Estados Unidos, con un indictment redactado por Marco Rubio, sentado frente
a Trump en el Salón Oval de la Casa Blanca.
Imagen tomada de Representante Garrido apoya posible intervención militar de EE.UU. en Colombia - La Veintitrés