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domingo, 15 de febrero de 2026

EL PERIODISMO EN ÉPOCA ELECTORAL





Por Germán Ayala Osorio

 

El periodismo siempre fue y será un arma política. Y las empresas mediáticas, en particular las que pertenecen a conglomerados económicos fungen como actores políticos, agentes al servicio de la cultura dominante y defensores de oficio del Establecimiento.

El ejercicio periodístico en la actual coyuntura electoral expone por los menos dos maneras de asumir el “oficio más bello del mundo”, según García Márquez: desde las huestes de la prensa hegemónica, tergiversar y mentir son actividades corrientes conducentes con las que se busca golpear, en este caso, al gobierno Petro con el claro propósito de evitar la continuidad del proyecto progresista. Lo vienen haciendo desde el 7 de agosto de 2022.

Y desde las mesnadas de los medios alternativos (portales y medios digitales) las actividades periodísticas están pensadas para defender el gobierno Petro, desmentir a los colegas periodistas de la prensa tradicional y por supuesto afectar la imagen de los candidatos de la derecha que se presentan como faros morales. Por estos días, el candidato presidencial Abelardo de la Espriella parece haber sido declarado “objetivo periodístico” de los medios alternativos y de periodistas “anti uribistas” como Daniel Coronell, Ana Bejarano y Julián Martínez. Este último, en su canal de Youtube se refiere a unas “chuzadas ilegales” que habría ordenado el abogado Abelardo de la Espriella.

Se suman a los tres señalados periodistas, el medio Vorágine, portal digital que esculcó el pasado de Abelardo de la Espriella y encontró “que el candidato adquirió un predio sobre un título minero que perteneció al ‘Comandante Barbie’. La propiedad colinda con fincas del mismo narco condenado, vinculadas a procesos de extinción, despojo y una de ellas fue base paramilitar”.

La Nueva Prensa también se sumó a la tarea de desnudar el talante ético-político de Abelardo de la Espriella, abogado que de manera jactanciosa afirmó que la “ética no tiene que ver con el derecho”. La Nueva Prensa publicó en su cuenta de X que “en 2012, Abelardo de la Espriella presentó ante la Corte Suprema de Colombia un documento con firmas falsificadas de altas autoridades de Ecuador, incluido el presidente, para simular el retiro de un pedido de extradición y lograr la libertad del narcotraficante Andrés Prada Caicedo. Aunque la Corte ordenó a la Fiscalía investigar a de la Espriella, el caso permanece en la impunidad”.

Entre tanto, la revista Semana, en manos de la familia Gilinski, publica un escandaloso informe en el que se consignan gastos millonarios de la primera dama, Verónica Alcocer.  Esto dice la publicación hebdomadaria, en el pasado, considerada como la mejor revista del país: “Un mes después de la posesión de Gustavo Petro como presidente de la República, se empezaron a entregar una serie de contratos que, a la fecha, suman casi 23.000 millones de pesos para servicios relacionados con la producción y transmisión de productos audiovisuales del Departamento Administrativo de la Presidencia, y que incluyen maquillador y fotógrafo, según las denuncias, a órdenes de la entonces primera dama y en viajes internacionales”. Aunque la presidencia desmiente los hechos e incluso desde la Casa de Nariño se solicitó a Semana que rectificara, lo cierto es que de lado y lado hay declarados “objetivos periodísticos” que confirman la naturaleza política de los medios, sean estos tradicionales, hegemónicos o alternativos.

Así las cosas, y quizás como nunca se había advertido en Colombia el ejercicio del periodismo dejó de ser uno solo en términos de la eticidad del oficio. Ahora mismo y por cuenta de las elecciones al Congreso, las consultas interpartidistas, la elección presidencial, la crispación política e ideológica y la irrupción de las redes sociales, el cumplimiento de las “normas” para garantizar el derecho a estar informado de manera veraz y oportuna se volvió relativo.

Medios como Semana, El Tiempo, Blu radio y La FM, entre otros, hacen oposición política al gobierno Petro y enmascaran esa toma de partido como libertad de prensa y de opinión. La crisis de legitimidad del "oficio más bello del mundo" ejercido por la prensa hegemónica es evidente. 



"COLOMBIA ES OTRA DESPUÉS DE PETRO"

  Por Germán Ayala Osorio   Es posible pensar que el gobierno Petro, con todo y errores, y las actividades proselitistas de influenciadores,...