Por Germán Ayala Osorio
Como se advirtió en esta tribuna,
aquello de los “Nunca contra los de Siempre” fue una invención
de campaña con la que el entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella
cautivó a la manada de borregos que se tragaron enterito el engañoso eslogan: ahora
es una probada mentira. No demoran en salir los primeros arrepentidos de haber
votado por el falso outsider que coadyuvaron a poner en el Solio de
Bolívar. Pronto entenderán que votaron por una ilusión y que De la Espriella no
es ningún salvador y mucho menos un patriota.
Abelardo de la Espriella o el “Alejandro
Magno criollo” nombró a Rodrigo Lara Restrepo, hijo del inmolado ministro
de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla, como su ministro del Interior.
El ministro de la política del gobierno
entrante es “abogado de la Universidad Externado de Colombia. Representante
a la Cámara por Bogotá, presidente de esa corporación entre 2017 y 2018 y
senador de la República entre 2018 y 2022. También fue presidente de Cambio
Radical entre 2015 y 2017”.
Así entonces, Lara es un político
tradicional, uno de los de Siempre. El haber sido presidente de Cambio Radical,
el partido de Germán Vargas Lleras, lo hace ficha clave del Establecimiento, el
mismo desde donde muy seguramente se aplaudió el asesinato de su padre, ocurrido
el 30 de abril de 1984.
Sin contar que ese partido es uno de los más corruptos del país. De acuerdo con Claudia López Hernández, "Cambio Radical es un partido con más prontuario que cualquier otra cosa, es el partido que más ha avalado parapolíticos, es el partido que más gente tiene encarcelada por diferentes casos de corrupción, que avaló a un asesino como ‘Kiko Gómez'”. El portal Las 2 Orillas sostiene que sobre esa colectividad “hay datos sorprendentes y que seguramente gran parte del país desconoce: 349 miembros de sus filas han sido sancionados y 41 destituidos”.
Si es el eslogan de los Nunca
contra los de Siempre fue un engaño, el ministro del Interior recién
nombrado usó en el pasado estratagemas parecidas para mostrarse independiente.
Lo hizo cuando aspiró, por firmas, a la alcaldía de Bogotá. Esto dijo el
manzanillo en ese momento: “Decidí lanzarme por firmas a la Alcaldía
porque conozco el interior de los partidos, porque
sé que para gobernar es necesario tener libertad. Eso es lo que necesita
Bogotá”. Sobre sus movidas político-clientelistas recomiendo leer la
columna “Lara-mente no son como suenan” de Laura Ardila
Arrieta, autora del libro La Costa Nostra.
Rodrigo Lara Restrepo Nunca
hizo méritos para acercarse al talante ético de su padre y dar las luchas que
su progenitor dio para develar las relaciones de ilegales, mafias y narcos con
agentes estatales (políticos y clase dirigente). Por el contrario, por
comodidad política e ideológica decidió estar del lado de las fuerzas políticas
y sociales que conforman el llamado Establecimiento colombiano que deviene
mafioso y criminal.
Quien, si se dio a la tarea de
esculcar archivos y consultar fuentes para develar la verdad de lo acontecido
con el crimen de Lara Bonilla fue Jorge Lara, hijo del ministro asesinado y
hermano del hoy ministro del Interior. Jorge, documentalista de profesión, dejó
para la memoria colectiva y quizás para las de sus hermanos la pieza “audiovisual
Lara - the man who took on Escobar (Lara: el hombre que se enfrentó a Escobar),
no solo revive uno de los capítulos más oscuros de la historia reciente de
Colombia, sino que plantea una mirada profunda sobre la justicia, la memoria y
la reconciliación”.
Y se vendrán más nombramientos de
los políticos de Siempre. Suenan consolidados lagartos y políticos
profesionales cuestionados por sus gestiones al mando de departamentos. ¡Firmes por los de Siempre! ¡Ajúa!