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lunes, 22 de junio de 2026

CATARSIS



Foto: Colprensa. 

Por
Germán Ayala Osorio

 

Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquilla del clan Char que apoyó su campaña, bien vale la pena hacer catarsis como corresponde: exponiendo las circunstancias, los actores y errores cometidos durante cuatro años del gobierno progresista y por supuesto los de la campaña presidencial de Iván Cepeda Castro.

Agrupo esas circunstancias, actores y errores en los siguientes temas: 1. El papel de los medios masivos y las redes sociales. 2. La paz y la guerra. 3. La injerencia gringa. 4. Los errores de Petro. 5. Cepeda, el filósofo.

Inicio con el papel de los medios masivos. Como sucedió años atrás con el entonces Mesías de El Ubérrimo, y más adelante con Rodoldo Hernández, De la Espriella Otero es un fenómeno mediático y de las redes sociales. Es una invención mediática y como toda ilusión y fantasía, con el pasar del tiempo se irá desvaneciendo por la fragilidad de los elementos que la soportan. Basta con ver la felicidad de los periodistas de Noticias Caracol con el resultado electoral para entender que su falta de rigurosidad e independencia coadyuvó a la victoria del histriónico y ladino personaje.

Eran tanta la dicha, que no sabían si declararlo presidente electo o esperar los escrutinios ante una victoria apretada. Luego, volvieron a usar el vocablo outsider y a llamar “empresario” al abogado que defendió en el pasado a los jefes paramilitares. ¿Se atreverán los medios masivos hegemónicos a esculcarle la vida privada y pública a De la Espriella como lo hicieron con la del presidente Petro?

En lo que toca a las redes sociales, estas cloacas fueron determinantes para que cientos de miles de jóvenes engrillados a la banalidad, la estupidez, al entretenimiento y al vaciamiento conceptual que producen y se reproducen en Instagram y TikTok se gozaran como niños los mensajes publicitarios de la campaña de Abelardo, convertido en un “tigre”. El espíritu therian del candidato de la ultraderecha caló no solo en aquellos muchachos que como De la Espriella se identifican con animales, sino en los demás que acogieron la imagen del gran felino como la excusa perfecta para no tener que examinar y mucho menos confrontarse frente al origen político y la personalidad infantil, fatua y antidemocrática de Abelardo de la Espriella. Las redes sociales y el fútbol son los más efectivos distractores sociales: suelen sacar de sus pesadas realidades a millones de ciudadanos agobiados por sus rutinas.  Dejar de pensar es el resultado final y se suele actuar en consecuencia.

2. La paz y la guerra. El origen de la cacareada polarización política está en esa dualidad que, durante el proceso de paz de La Habana y el plebiscito por la paz, dividió a la sociedad entre Buenos y Malos. Los primeros, los que estaban con la guerra; y los segundos, los que abogan por una solución pacífica al “conflicto armado interno”. No hay forma de superar esa división social, política, moral y ética. A Buenos y Malos los separa un abismo insondable. Abelardo ancló en ese abismo su amenaza de “destripar a la izquierda”. Quizás venga un Plan Colombia II como lo prometió en campaña De la Espriella. Ese es el escenario soñado por los Señores de la Guerra, nacionales e internacionales, que disfrutan imaginar las selvas y campos quemados y arrasados por cuenta de una guerra declarada contra el campesinado y la Naturaleza.

3. La injerencia gringa. Abelardo de la Espriella dijo que habló con Donald Trump horas después de conocido el resultado electoral. Esa llamada y la bendición del pederasta y convicto presidente de los Estados Unidos son elementos moralmente superiores al reconocimiento institucional de su condición de presidente electo. No se necesita que el Consejo Nacional Electoral lo declare como tal.

Trump domina Venezuela, Ecuador, Chile y Argentina. Le faltaba Colombia. De esa manera podrá ejecutar sus planes de intervención para expoliar los recursos naturales y ejercer el control político sobre los presidentes de cada país, vistos por Trump y Rubio como verdaderos lacayos.

4. Los errores de Petro. El manejo de las redes sociales y el que le dio a su vida privada les facilitaron la tarea a las empresas mediáticas a las que solo les tocó esperar a que el presidente diera “papaya”. Y la dio y la sirvió en "julianas".  En ese momento y durante todos los días lo fustigaron, hasta consolidar la narrativa que indicaba que era “un borracho, drogadicto, homosexual; un enfermo incurable que jamás debió llegar a la presidencia de la República”. Su espíritu indómito, contestatario y “revolucionario” resultó inaceptable para esos sectores societales que jamás le perdonaron haber hecho parte del M-19. Su condición de exguerrillero fue el punto de quiebre moral con el que la oposición, con la ayuda de los medios tradicionales, edificaron la aborrecible figura de un político que jamás debió ser indultado por el Estado.

Sus peleas con los gringos asustaron e incomodaron a empresarios y políticos colombianos que valoran más tener la visa americana, que gozar de la soberanía, asumida por ellos como una invención de los “mamertos”. Mientras puedan viajar a los parques de Disney a ver muñequitos cada año les es suficiente a estos lacayos. Ahora podrán gozar de los rugidos de un tigre. Solo falta que desde la Casa de Nariño se apoye un emprendimiento consistente en la fabricación y venta de tigres de peluche. De esa forma se confirmaría la “muñequización” de la política.

5. Cepeda, el filósofo. En este punto hay que iniciar por reconocer que De la Espriella Otero tenía razón cuando dijo que él “no sacrificaría su familia por un país como este que no agradece nada; un país de desagradecidos, desleales y cafres”. Y sí, Colombia es un país de cafres, desagradecidos y desleales a juzgar por aquellos cientos de miles de pobres que, en lugar de votar por el candidato progresista, lo hicieron por De la Espriella, un consumado aporofóbico. Presos de la hegemonía cultural, de la ignorancia, algo de estupidez y ausencia de conciencia de clase, millones de pobres votaron por el “Tigre”. Nunca un gobierno como el de Petro reivindicó los derechos de los más vulnerables. Ahí están los efectos de los media.

Cepeda fue un gran candidato presidencial: decente, formado, inteligente, leído y formado en la discusión argumentada de hechos y realidades políticas y sociales. Si comparamos su perfil con el de Abelardo de la Espriella entenderemos que hay gente en el país que aún prefiere a los machitos que gritan, vociferan y caen todo el tiempo en los lugares comunes en los que se sostiene la ignorancia de millones de pobres que votaron por el “felino”.

Que se preparen Camilo Romero, Carolina Corcho e incluso el propio Daniel Quintero. En caso de aspirar dentro de cuatro años a ocupar la Casa de Nariño, deben comprender que los discursos elevados no gustan en sectores societales en los que prima la bobada, la pendejada, la banalización. Allí están las redes sociales. Les tocará buscar, como lo hizo tardíamente Cepeda, a influencers y youtubers, prueba irrefutable de que hay cientos de miles de jóvenes que no quieren “rollos académicos” y reflexiones profundas. Quieren mensajes cortos, efectistas, con música estridente. Que les hablen como reguetoneros, como therian. La Política, en mayúscula, desapareció.  Hoy quieren ver a políticos vestidos de payasos, que bailen, se dejen caer; que jueguen con un balón. 

CATARSIS

Foto: Colprensa.  Por Germán Ayala Osorio   Después de escuchar el primer discurso de Abelardo de la Espriella Otero desde la Barranquil...