Por Germán Ayala Osorio
Bastó una llamada del presidente
de Estados Unidos a Gianni Infantino para visibilizar el ethos mafioso que se
naturalizó de tiempo atrás en la operación de la FIFA. Se trató de una llamada
de presidente a presidente, esto es, del mandamás Donald Trump al más cipayo de
todos los tiempos, el “señor” Infantino, quien al parecer aún no ha llegado a
la mayoría de edad.
Trump no solo fue capaz de
reversar la tarjeta roja de Folarin Balogun, jugador delantero de la selección
de Estados Unidos, sino de decidir quién tiene derecho a vivir o qué pueblos
deben estar sometidos a prácticas genocidas o persecuciones racializadas, muy
al estilo de ICE. Trump es el más ladino y peligroso árbitro, que asume el
planeta como si fuera una cancha de fútbol en la que la geopolítica se maneja a
las patadas.
Con su atropello descarado al
reglamento mundial del fútbol ratificó lo que por años algunos jugadores,
escasos periodistas deportivos y cientos de miles de aficionados al fútbol ya
pensaban de la FIFA: que es una organización mafiosa y corrupta, el lupanar
desde donde se decretó la muerte del fútbol como deporte espectáculo. Es un
burdo negocio, con todo y sus cuatro tiempos de hidratación para que los
patrocinadores vendan más y engañen más a los consumidores.
Con la misma facilidad con la que
Trump le hizo una llamada a Infantino, su alopécico títere, en Colombia se
tomarán decisiones alrededor de quiénes caerán destripados en acatamiento de la
conocida amenaza proferida por Abelardo de la Espriella. Solo se necesita de
una llamada para que los paramilitares abelardistas tomen la justicia por su
propia mano con el firme propósito de “neutralizar” zurdos, mamertos,
petristas, comunistas, ambientalistas, defensores de derechos humanos y
socialistas por doquier.
Así como Trump asumió que el
planeta es un rectángulo en el que el destino de palestinos y latinoamericanos
lo define él como nuevo juez, la ultraderecha abelardista-uribista entiende el
territorio colombiano como una extensa fosa común cuya fetidez les resulta
imperceptible, al igual que a los periodistas de la prensa hegemónica que desde
el 21 de junio apagó el VAR con el que de manera milimétrica esculcaron y
vilipendiaron la vida privada del presidente Petro.
Con una simple llamada se ordena
a un hombre que obture un misil balístico; o quizás con un mensaje de texto se
dé la orden a alguien capaz de dejar de pensar para proceder a cumplir con la
orden recibida, como lo hicieron los agentes nazis que hicieron parte de la
logística y los protocolos con los que la Alemania nazi asesinó a seis millones
de judíos durante el Holocausto.
“Proceda, doctor…” es el santo y seña con el que se echan a andar persecuciones políticas e ideológicas que terminan en homicidios, masacres o desplazamientos forzados; o en falsos testimonios.
Gracias, “presidente” Trump, por
exponer a Infantino al escarnio público y develar lo que realmente representa
la FIFA. ¿Será mucho pedir que las directivas de la selección de Bélgica
ordenen al entrenador y a los jugadores no presentarse al juego programado
contra Estados Unidos? Ese sería un ejercicio de contrapoder necesario, en
estas épocas en las que reyezuelos como Trump creen que pueden hacer con el
mundo lo que les dé la gana. Quizás en esa misma llamada, o en una próxima, el
dinosaurio de la Casa Blanca le ordene a su títere que USA debe, sí o sí,
llegar a la final y alzarse con la Copa.