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lunes, 5 de octubre de 2026

COLOMBIA: UN PAÍS DE PELÍCULA



Por Germán Ayala Osorio

 

En dos meses de estar al frente del Gobierno, Abelardo Gabriel de la Espriella Otero (AGDLE) ha protagonizado varios roles que, cinematográficamente, pueden resultar atractivos para las audiencias, en particular para los miembros de la “manada” que lo votaron, pero que lo alejan del gran papel para el que fue elegido: jefe de Estado.

Hasta el momento y a juzgar por sus primeras actuaciones no da muestras de poder interpretarlo como lo espera esa parte del país que cree en el Estado y en el ejercicio del poder basado en una indiscutible legitimidad social y política, atada, por supuesto a una gobernanza libre de las sempiternas ataduras clientelares que convirtieron a la política en un negocio entre clanes y mafias de todo tipo.

Veamos algunos de los papeles hasta ahora protagonizados por Abelardo. Inició su aventura actoral con el desarreglo identitario que parece sufrir y que usó en campaña para presentarse como un tigre, feroz depredador con el que se sentía identificado. El Presidente-Therian fue su primer papel, el que ha ido dejando de lado para entrar de lleno en la interpretación de otros con los que ha logrado conectar de una mejor manera con sus fans. De vez en cuando usa la frase “lo duro que muerde el tigre” o “en la era del tigre”, pero ese primer rol se ha difuminado un poco por la fuerza de los otros protagonizados en tan corto tiempo.  

En el personaje de Presidente-Sheriff o Presidente-Combatiente se destacan las escenas muy bien logradas por el equipo de grabación. El país lo vio patrullando, a la madrugada, con arma al cinto, por unas muy bien escogidas calles del barrio Cristo Rey de Santa Marta. El barrio fue elegido entre varios, pero se optó por grabar las escenas en Cristo Rey por lo que empezaron a llamar dentro su equipo racord ideológico. El oufit usado en esas y otras grabaciones indica con claridad el abandono paulatino de su condición civil.

El país no olvidará esas trágicas, tétricas y lúgubres escenas en las que camina entre cadáveres. Miembros de su “manada” aplaudieron a rabiar esa interpretación porque sintieron que por fin se acabarán los villanos en Colombia. Las mejores actuaciones, a juzgar por varios críticos del séptimo arte, se registraron en Cali y en un hangar. En la capital del Valle del Cauca, también a la madrugada, se vio al Presidente-Sheriff dándole la bienvenida a la “patria milagro” a un peligroso vendedor minorista de droga de la zona de El Calvario. La crítica destacó la reacción natural del capturado en flagrancia en su rol de villano caído en desgracia. En la segunda locación, vimos al Presidente-Sheriff despidiendo al criminal alias Araña. Bueno, aún no está claro si lo estaba despidiendo o dándole la bienvenida a la “patria milagro”.

Mucho antes de esa fulgurante interpretación, en su posesión como presidente y después en otras grabaciones el país vio al Presidente-Creyente. Atrás quedó su pasado como ateo. Su entrega a Dios, a Cristo Rey y a la lectura de la Biblia le pueden abrir, una vez termine su pasantía en las sedes de la Casa de Nariño, la posibilidad de encarnar el papel protagónico de Jesús de Nazaret. Según fuentes fidedignas, Universal Estudios inició contacto con sus manejadores.

La más reciente de sus actuaciones la protagonizó apenas unos días atrás cuando se le vio “condenando” públicamente al alcalde de Sincelejo, Jair Acuña. En su caracterización como Presidente-Juez, se le vio algo arbitrario frente a la presunción de inocencia, el debido proceso y el derecho a la réplica, elementos que hacen parte de las garantías procesales y constitucionales de una democracia como la colombiana. La actuación de Acuña, en su rol de villano antagonista sirvió para que prestantes juristas llamaran la atención acerca de las extralimitaciones en las que habría incurrido el Presidente-Juez. Varios guionistas salieron en defensa del actor y el rol protagónicos indicando que se trata de una escena de ficción, aunque se parezca a hechos de la vida real.

Quizás el rol protagónico que generó terror y miedo en ciertos sectores societales fue el de Presidente-Decapitador en la sombra. Metido en ese rol, logró cortarle la cabeza al presidente de la ANDI, Bruce Mac Master. Aunque no hay imágenes que den cuenta de su desempeño actoral, una famosa periodista-estafeta y la hija del dirigente gremial, Sofía Mac Master confirman que efectivamente Abelardo protagonizó ese papel que es contrario a la defensa de los presos y contrapesos de la democracia, de la autonomía e independencia de actores económicos de la sociedad civil. Esa sería la tercera escena porque ya había hecho lo mismo con propios nombramientos como el de Carlos Sepúlveda Rico, director del Departamento Nacional de Planeación (DNP), cuya cabeza también fue cercenada por asuntos ideológicos. La descabezada del director del DANE también es recordada en esas huestes en las que no gustó de a mucho esas interpretaciones.

Otro rol estelar es el de Presidente-Censor. Bajo la misma modalidad de actor en la sombra, dos periodistas de Blu radio fueron sacadas del aire por ser consideradas incómodas por el presidente. Dicen las malas lenguas que están en capilla “Julito no me cuelgue” y Daniel Coronell.

Digamos que, en un temprano balance, Abelardo Gabriel ha sacado adelante esas actuaciones en un país al que le gusta la política espectáculo. Por tratarse de escenas de ficción, basadas en hechos reales, la gobernabilidad se mantiene a pesar de las crecientes críticas de académicos, periodistas independientes y exministros que consideran que el presidente anda “empeliculado” y metido en esos seis papeles protagónicos, pero poco interesado en el papel principal de Jefe de Estado.  

Aunque nunca se conocen detalles previos de las grabaciones y locaciones, las audiencias saben que en cualquier momento serán sorprendidas.  Lo que sí sabe es que el Director de esta película llamada Colombia está todos los días presto a gritar: luces, cámara, acción.

Un famoso guionista, escritor y crítico del cine político que pidió reserva de su nombre, envió al equipo de grabación de presidencia un corto texto que podría servir para construir el perfil del rol de Jefe de Estado, en caso de que Abelardo quiera interpretarlo: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general. Son fines del Estado: servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución…El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte. Es obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación. “El presidente de la República simboliza la unidad nacional y al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, se obliga a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos”.

domingo, 30 de agosto de 2026

LOS GRANJEROS DE LA POSVERDAD

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Los escándalos políticos y las decisiones judiciales que podrían venir a partir de la captura del granjero de la posverdad, Fernando Cerimedo, pueden superar a los que generó la multinacional Odebrecht en varios países de América Latina. En Colombia prácticamente no pasó nada, a pesar de que fue el presidente Uribe Vélez el mandatario que permitió su entrada y operación corrupta en proyectos de infraestructura que se extendieron a los gobiernos de Santos.

Este granjero es el responsable mediático de los triunfos electorales de Katz en Chile, de Paz en Bolivia, de Milei en la Argentina, de Keiko Fujimori en Perú y hay sospechas de que pudo haber tenido incidencia en la pírrica victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia. Al igual que Odebrecht, Cerimedo es la constatación de que el ethos mafioso y la consecuente corrupción político-electoral hacen parte sustantiva de las prácticas de la derecha latinoamericana alineada con el poder inmoral que se ejerce desde los Estados Unidos; ahora, de la mano de Donald Trump, todos los presidentes que Cerimedo ayudó a poner en diferentes casas de gobierno, están perfectamente alineados con los intereses de los Estados Unidos en los países de América Latina, asumidos por el pederasta de la Casa Blanca como una despensa mineral que opera exclusivamente bajo las condiciones de la economía de enclave. Ya controlan el petróleo en Venezuela después de la extracción de Nicolás Maduro Moros y la instalación en el Palacio de Miraflores de Deysi Rodríguez, una especie de holograma presidencial controlado desde el Salón Oval de la Casa Blanca. El cargo de presidenta interina es una fachada, pues en Venezuela gobierna Marco Rubio y las multinacionales petroleras.

El punto de conexión entre Trump- no habla español y odia esta lengua- y los gobiernos que llegaron gracias a Cerimedo es Marco Rubio. Todos esos mandatarios son asumidos por Estados Unidos como “presidentes interinos”. De la Espriella también lo es.

Así las cosas, lo que le corresponde hacer a Cerimedo es soportar la detención en Bolivia, los procesos judiciales abiertos, pero sobre todo los escándalos en las redes sociales por sus conexiones con la derecha de este hemisferio. Mientras siguen aparecen videos y fotografías de las reuniones del granjero de la posverdad con los entonces candidatos presidenciales, la derecha latinoamericana alista las maneras de presionar a los jueces y fiscales para que el caso de Cerimedo quede reducido a un asunto de violencia intrafamiliar y si acaso a un intento de feminicidio, hechos y circunstancias menores frente a los cismas que podrían producirse si se decanta la verdad de la operación de las granjas diseñadas para que los electores pasionales, desinformados, poco leídos, descriteriados e ignorantes de estos tiempos votaran a ciegas guiados por los bots, el algoritmo y por supuesto, por el odio y el miedo al sempiterno fantasma del comunismo-socialismo.

Más allá de los intereses económicos y políticos sobre los que están soportadas las granjas de bots de Cerimedo, lo que se pone en evidencia son los procesos de estupidización de la opinión pública atados a la operación de las redes sociales, escenario en el que la sobreexposición egocéntrica, narcisista e individualista de sus usuarios termina por desconectarlos de las realidades políticas, sociales y ambientales de los países latinoamericanos sobre los que hoy Estados Unidos posa sus garras y marca territorio como si se tratara de un perro feral por la amenaza que representa China, como potencia económica.

De la misma manera como en el pasado la televisión fungió como la caja mágica con la que se fabricaban verdades, hoy las redes sociales son aquellas planicies ideológicas en las que funcionan a la perfección las granjas de bots con las que se superó con creces la Espiral del Silencio de Elizabeth Noelle Neuman. Quizás el miedo a ser rechazados socialmente- sugerido en la teoría de La Espiral del Silencio- al no coincidir con lo sugerido en las encuestas y en los relatos periodísticos haya desaparecido en millones de votantes que llegan a las redes sociales sin pensamiento crítico y capacidad de análisis sistémico. Asumen ese escenario de interacción social como una forma de escapar a sus penosas realidades, miedos e incertidumbres, circunstancias que les permite construir perfiles falsos, fantasiosos y artificiosos que facilitan que los granjeros de la posverdad los vayan llevando de la mano a votar por aquellas opciones de poder desconectadas de las necesidades de construir naciones y Estados con alguna dosis de autonomía y soberanía.  

Para el caso colombiano, ya en las redes sociales operan con gran eficiencia los bots que, de la mano de agentes políticos (congresistas, excongresistas, funcionarios de gobierno, agentes de la derecha abelardista y periodistas-estafetas-activistas), van camino a convencer a los más ignorantes y estúpidos del artificioso relato de la Patria Milagro con el que el pastor-presidente está engañando a millones de connacionales. De la Espriella, sus ministros y la prensa tradicional, al igual que Cerimedo, son granjeros de la posverdad.

LA PAZ Y LA GUERRA EN COLOMBIA

Por Germán Ayala Osorio   Las confrontaciones entre quienes le apuestan a pacificar el país a través de procesos de paz y aquellos que c...