Por Germán Ayala Osorio
Los escándalos políticos y las decisiones
judiciales que podrían venir a partir de la captura del granjero de la posverdad,
Fernando Cerimedo, pueden superar a los que generó la multinacional Odebrecht
en varios países de América Latina. En Colombia prácticamente no pasó nada, a
pesar de que fue el presidente Uribe Vélez el mandatario que permitió su
entrada y operación corrupta en proyectos de infraestructura que se extendieron
a los gobiernos de Santos.
Este granjero es el responsable
mediático de los triunfos electorales de Katz en Chile, de Paz en Bolivia, de
Milei en la Argentina, de Keiko Fujimori en Perú y hay sospechas de que pudo haber
tenido incidencia en la pírrica victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia.
Al igual que Odebrecht, Cerimedo es la constatación de que el ethos mafioso y
la consecuente corrupción político-electoral hacen parte sustantiva de las prácticas
de la derecha latinoamericana alineada con el poder inmoral que se ejerce desde
los Estados Unidos; ahora, de la mano de Donald Trump, todos los presidentes
que Cerimedo ayudó a poner en diferentes casas de gobierno, están perfectamente
alineados con los intereses de los Estados Unidos en los países de América
Latina, asumidos por el pederasta de la Casa Blanca como una despensa mineral
que opera exclusivamente bajo las condiciones de la economía de enclave. Ya
controlan el petróleo en Venezuela después de la extracción de Nicolás Maduro
Moros y la instalación en el Palacio de Miraflores de Deysi Rodríguez, una
especie de holograma presidencial controlado desde el Salón Oval de la Casa Blanca.
El cargo de presidenta interina es una fachada, pues en Venezuela gobierna
Marco Rubio y las multinacionales petroleras.
El punto de conexión entre Trump-
no habla español y odia esta lengua- y los gobiernos que llegaron gracias a Cerimedo
es Marco Rubio. Todos esos mandatarios son asumidos por Estados Unidos como “presidentes
interinos”. De la Espriella también lo es.
Así las cosas, lo que le
corresponde hacer a Cerimedo es soportar la detención en Bolivia, los procesos
judiciales abiertos, pero sobre todo los escándalos en las redes sociales por
sus conexiones con la derecha de este hemisferio. Mientras siguen aparecen
videos y fotografías de las reuniones del granjero de la posverdad con los
entonces candidatos presidenciales, la derecha latinoamericana alista las
maneras de presionar a los jueces y fiscales para que el caso de Cerimedo quede
reducido a un asunto de violencia intrafamiliar y si acaso a un intento de
feminicidio, hechos y circunstancias menores frente a los cismas que podrían
producirse si se decanta la verdad de la operación de las granjas diseñadas
para que los electores pasionales, desinformados, poco leídos, descriteriados e
ignorantes de estos tiempos votaran a ciegas guiados por los bots, el algoritmo
y por supuesto, por el odio y el miedo al sempiterno fantasma del comunismo-socialismo.
Más allá de los intereses económicos
y políticos sobre los que están soportadas las granjas de bots de Cerimedo, lo
que se pone en evidencia son los procesos de estupidización de la opinión pública
atados a la operación de las redes sociales, escenario en el que la sobreexposición
egocéntrica, narcisista e individualista de sus usuarios termina por
desconectarlos de las realidades políticas, sociales y ambientales de los
países latinoamericanos sobre los que hoy Estados Unidos posa sus garras y marca
territorio como si se tratara de un perro feral por la amenaza que representa
China, como potencia económica.
De la misma manera como en el pasado
la televisión fungió como la caja mágica con la que se fabricaban verdades, hoy
las redes sociales son aquellas planicies ideológicas en las que funcionan a la
perfección las granjas de bots con las que se superó con creces la Espiral del
Silencio de Elizabeth Noelle Neuman. Quizás el miedo a ser rechazados socialmente-
sugerido en la teoría de La Espiral del Silencio- al no coincidir con lo
sugerido en las encuestas y en los relatos periodísticos haya desaparecido en
millones de votantes que llegan a las redes sociales sin pensamiento crítico y
capacidad de análisis sistémico. Asumen ese escenario de interacción social
como una forma de escapar a sus penosas realidades, miedos e incertidumbres,
circunstancias que les permite construir perfiles falsos, fantasiosos y artificiosos
que facilitan que los granjeros de la posverdad los vayan llevando de la mano a
votar por aquellas opciones de poder desconectadas de las necesidades de
construir naciones y Estados con alguna dosis de autonomía y soberanía.
Para el caso colombiano, ya en
las redes sociales operan con gran eficiencia los bots que, de la mano de agentes
políticos (congresistas, excongresistas, funcionarios de gobierno, agentes de
la derecha abelardista y periodistas-estafetas-activistas), van camino a convencer
a los más ignorantes y estúpidos del artificioso relato de la Patria Milagro con
el que el pastor-presidente está engañando a millones de connacionales. De la
Espriella, sus ministros y la prensa tradicional, al igual que Cerimedo, son
granjeros de la posverdad.