Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga, tomada de El Espectador.
Por Germán Ayala Osorio
Al aceptar el resultado electoral
y el reconocimiento de la condición de presidente electo de Colombia a Abelardo de la Espriella Otero, Iván Cepeda confirma su talante democrático y el
manejo responsable, sereno y firme que hará como líder de la oposición que
ejercerá a partir del 7 de agosto desde el Congreso de la República.
Sin duda alguna, Cepeda envía un
mensaje de tranquilidad a los seguidores del Pacto Histórico que aún no se
reponen de la derrota sufrida el 21 de junio. La tristeza se respira en las mesnadas
progresistas e incluso en núcleos familiares y empresariales acosados por tácitos
y expuestos enfrentamientos, resquemores y distanciamientos entre quienes votaron
por De la Espriella, el candidato de la ultraderecha neoliberal con visos
fascistas y los que lo hicieron por el representante del progresismo y candidato
del gobierno Petro.
Hay, eso sí, una diferencia semántica
entre reconocer la victoria de su oponente y aceptar el resultado electoral y
el de los escrutinios. Cepeda dijo: “he
decidido aceptar el resultado de
dicho proceso y que señala que Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de
la República. Lo hago como un acto de responsabilidad democrática; lo hago para
contribuir a la convivencia, a la paz y al diálogo entre colombianos; lo hago porque
creemos profundamente en la democracia y porque estamos convencidos de que las
diferencias políticas deben resolverse mediante la participación ciudadana, el
respeto a las instituciones y la deliberación pública”.
Esa diferencia semántica adquiere
una dimensión política no solo por la estrecha victoria de la ultraderecha (una diferencia de 250 mil votos), sino por lo que expresó Cepeda Castro a reglón seguido: “…sin embargo, aceptar el resultado electoral no
significa renunciar a la verdad, guardar
silencio frente a hechos que consideramos graves y que marcaron esta campaña
presidencial…”.
El manto de duda con el que
Cepeda cubrió el triunfo de su adversario tiene, por supuesto, una intención
deslegitimante de la pírrica victoria obtenida por la ultraderecha. Cepeda habló
de la injerencia de Trump y de la compra masiva de votos en favor del candidato
ganador. También es posible que el excandidato presidencial derrotado haya
pensado en validar momentáneamente el éxito de la campaña De la Espriella presidente mientras
encuentra cómo probar que hubo fraude por ejemplo en las votaciones en el
exterior, a las que el CNE se negó a escrutar.
En cuanto a la expresión “lo hago”,
usada por Cepeda tres veces de manera explícita y una cuarta de manera tácita,
da cuenta de una obligación que, para el caso, deviene política y que por
supuesto deriva en obligaciones de carácter ético e institucional por la condición
de congresista que en adelante ejercerá. Al advertirse que será líder o colíder de la
oposición- a la espera del papel que jugará Petro en su condición de expresidente-,
Cepeda estaba obligado y presionado por medios de información y sectores políticos
a reconocer, por lo menos, el resultado electoral. Aquellos esperaban que Cepeda dijera: "reconozco la victoria y felicito al doctor De la Espriella".
La acción discursiva con la que
Cepeda deslegitima la victoria de la ultraderecha colombiana está atada a un
imaginario muy asentado y propio de la izquierda: la prevención y animadversión
frente a la injerencia de los Estados Unidos en los asuntos internos del país.
Quienes votaron por De la Espriella, a sabiendas del apoyo brindado por el
pederasta y convicto presidente de la potencia militar norteamericana, Donald
Trump, ven a los Estados Unidos como una oportunidad de desarrollo a pesar de
las evidencias que demuestran lo contrario a juzgar por las realidades
sociales, ambientales y políticas de la propia Colombia y de otros países de AL
en los que Estados Unidos intervino de manera directa con sus agencias e
incluso con planes como el Plan Colombia. A los "abelardistas amigos y admiradores de los gringos les recuerdo lo que dijo Simón Bolívar hace marras: "
A otros tantos les ha de bastar
tener la visa americana para ir a visitar a los familiares que resisten la persecución
feral ejercida por los fascistas miembros de las autoridades migratorias (AIS)
de USA. O simplemente, poder visitar una
y otra vez los parques de diversiones de Orlando (Florida) o exhibir el papel
migratorio como un factor diferencial ancorado a posturas clasistas, arribistas
y aquellas con las que suelen mostrarse avergonzados de ser y de actuar como
colombianos.
Cepeda reconoció el resultado
electoral, pero jamás reconocerá a De la Espriella como el presidente legítimo
que sus seguidores reclaman, al igual que actores interesados de la sociedad civil.
La legitimidad, lo advirtió también en su mensaje el senador del Pacto Histórico,
deberá ganársela el presidente electo a partir del 7 de agosto, siempre y
cuando no cumpla sus amenazas de “destripar a la izquierda”, reversar las
conquistas laborales y salariales y mucho menos someta a los ecosistemas estratégicos
como los páramos al fracking a lo que marque.
De la Espriella tendrá la oportunidad de
demostrar al país y al mundo que la derecha y la ultraderecha que representa
aprendió algo de los cuatro años del gobierno progresista liderado por Petro.
Los errores y los despropósitos en los que incurran quedarán expuestos política
y electoralmente al final de los cuatro años. En el 2030 habrá elecciones- eso
se espera-. Y de repetir las acciones y decisiones desastrosas del gobierno de
Iván Duque Márquez, lo más probable es que les toque nuevamente sufrir con la recuperación
del poder por parte del progresismo. Y como dicen los ñeros en Antioquia: "nos vemos en elecciones go..."