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viernes, 19 de junio de 2026

FAJARDO: TIBIO, INDIFERENTE E IRRESPONSABLE






Por Germán Ayala Osorio

 

Sergio Fajardo Valderrama, el matemático que solo aprendió a dividir, en un comunicado público dejó ver su verdadero talante: el de un político pequeño, minúsculo, diminuto, mediocre e intrascendente. Un sólido homúnculo. El más visible sepulturero del siempre espectral centro político. 

Su pequeñez política contrasta con su enorme ego- propio de un narciso- una especie de mangrullo desde donde otea la realidad del país con la suficiencia moral con la que suele expresarse públicamente. Pero hay hechos que cuestionan esos viajes de superioridad moral. Nombro tres: el primero, los que tienen que ver con “donBernabilidad[1]”; el segundo, su admiración -casi fascinación[2]- hacia el pérfido expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Un político y candidato presidencial que siga llamando “presidente” al señor de El Ubérrimo genera muchas dudas alrededor de su propia eticidad y de su real cercanía a la moral colectiva que reclama de tiempo atrás que el Padre de la Seguridad Democrática asuma la responsabilidad política de los 7.837 crímenes de Estado (falsos positivos). La obsecuencia de Fajardo lo obligó a reunirse[3] con Uribe antes de la primera vuelta; y el tercero, el haber sido declarado fiscalmente responsable[4] por el desastre ocurrido en la represa de Hidroituango.

Veamos apartes del comunicado firmado por el exgobernador de Antioquia, exalcalde de Medellín y eterno candidato presidencial (completó su tercera aspiración). “Después de la primera vuelta le entregamos al país nuestra reflexión sobre el millón de votos que obtuvimos e insistimos en que cada ciudadano, ciudadana, es libre de votar por quien quiera: los votos no son de un líder. Ofrecimos el Decálogo del Millón de Votos que recoge los puntos esenciales de nuestro programa. Y también presentamos el Perfil del Presidente que Colombia necesita hoy. Hoy, a pocas horas de la cita con las urnas, presentamos nuestro Compromiso Por Colombia: quiero convocar, gane quien gane, a las personas sensatas y justas que hay en cada campaña para que con fuerza ayuden a impedir que demos el paso que falta para la destrucción. Quiero seguir reivindicando, gane quien gane, la voz de quienes se atreven a romper con la polarización y que no se rinden. La voz de los sin tribu. Quiero seguir aportando a tender los puentes necesarios para no dejarnos sepultar por la desesperanza que nos acecha. Por el contrario, para avanzar en la construcción de las oportunidades en esta Colombia que tiene de sobra las riquezas y el talento para darnos una vida digna, próspera, incluyente y justa. Y el lunes… a construir la esperanza que nos merecemos”.

Fajardo le entregó al país político un comunicado en el que reivindica su “neutralidad”, postura que, a juzgar por la compleja coyuntura política, deviene en cobardía y en una falta de responsabilidad con el país. ¿Acaso está invitando a votar en blanco a los sensatos de ambas campañas?

Está muy bien que no le guste ninguno de los dos candidatos presidenciales, pero hay uno de ellos que le apuesta a consolidar en el país un régimen fascista que se puede impedir si se deja de lado la idea y decisión de castigar a Petro por los errores cometidos y por esa vía negarse a votar por Cepeda.

La columnista Cristina Nicholls le dijo esto a Fajardo desde su cuenta de X: “Usted tuvo la oportunidad de dejarle a Colombia un legado de unidad y grandeza en el momento más crítico de su historia republicana. En su lugar elige la irrelevancia, la pequeñez. Así será recordado, no lo dude un segundo”.

Fajardo: en lugar de escribir y publicar ese insulso comunicado, debiste haberte ido a Nuquí a ver ballenas por segunda vez. Lo tuyo es eso: ver y disfrutar, sin llegar a defender lo que te produce placer. En eso radica tu tibieza: mientras no estén en riesgo tus privilegios, poco importa la situación de millones de vulnerables, miembros de las comunidades subalternas. Espero que hagas público también tu retiro de la vida política, o por lo menos de no insistir más con llegar a la Casa de Nariño. Ve a cuidar a la nieta. El país jamás te necesitó porque sos un cobarde, pusilánime, apocado, temeroso, miedoso, flojo, endeble y un verdadero homúnculo. Serás por siempre un meme, como aquellos que salieron después de que dijiste "yo no inspiro nada". 

 

Adenda: Fajardo, quedaste parecido a Ingrid Betancourt que viene al país cada cuatro años a engañar incautos y cobrar una platica por reposición de votos. ¿En cuatro años volverás?

[1] El director de ONG Corpades explica que se estableció una rara competencia por demostrar si la tranquilidad que estaba viviendo la ciudad era por la ‘paratranquilidad urbana’ de la Oficina o el modelo de ciudad planteado por el alcalde Fajardo en su plan de desarrollo ‘Medellín la más educada’.  “A la alcaldía de Fajardo le quedó bastante fácil argumentar que fue su labor, pero todo fue complementario. Hubo un poder hegemónico armado que dominó la ciudad, eso no está en duda”, le dijo a La Silla Paisa Juan Diego Restrepo, director de Verdad Abierta, portal periodístico especializado en el conflicto armado. Restrepo y Quijano coinciden en que lo que hizo Fajardo fue negar que en la ciudad había un grupo criminal, la Oficina de Envigado, que se articuló con sectores del Estado para controlar rentas ilegales como la venta de drogas y las extorsiones en mercados informales, a cambio de que no hubiera violencia. “Él no reconoció lo que estaba pasando, no miró más allá de lo que decían la Policía, el Gobierno Nacional, la Fiscalía. Él estaba convencido de que todo estaba bien porque sus asesores le decían que todo estaba bien”, le dijo Quijano a La Silla. Tomado de https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/antioquia/si-hubo-donbernabilidad-pero-mas-alla-de-fajardo/

miércoles, 3 de junio de 2026

EL DECÁLOGO DEL MILLÓN DE VOTOS DE FAJARDO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

La tibieza y el ego de Sergio Fajardo Valderrama resultan inconmensurables. Después de la estruendosa derrota electoral del pasado 31 de mayo- quedó de cuarto-, se inventó el Decálogo del Millón de Votos con tres propósitos: el primero, mantener su atormentada vigencia política a pesar de las tres derrotas electorales que acumula y que parecen insuficientes para obligarlo a tomar la decisión de retirarse de la vida pública. Aunque en el amargo tinto que se tomó con Paloma Valencia en el Hotel El Prado de Barranquilla dijo que esta era su última campaña presidencial. Ya con 70 años, una parte del país espera que cumpla su palabra y se retire. Su nieta y Nuquí reclaman su presencia.

El segundo propósito, transmitir el mensaje institucional de varios agentes del Establecimiento que Fajardo defiende y representa muy bien y por supuesto algunas ideas que él ladinamente hace pasar como si fueran de su cosecha pero que en realidad responden a los lugares comunes que cada cuatro años aparecen en forma de eslóganes de campaña. No haré referencia a las “10 propuestas o líneas rojas” de Fajardo. Y finalmente, su tercera intención evitar hablar de las razones personales y políticas que lo llevaron a sufrir tres derrotas electorales. Al igual que Álvaro Góméz Hurtado, Fajardo será recordado como el eterno candidato presidencial.

En su Decálogo, Fajardo le dice al Pacto Histórico, a la campaña y al candidato presidencial Iván Cepeda Castro que “civilicen, moderen y rebajen la crispación", es decir, que le pongan fin a la polarización política. El exgobernador de Antioquia olvida el origen de esa pugnacidad y los factores ideológicos y las razones fácticas que la hacen prácticamente insuperable. 

En su segunda “línea roja”, el exalcalde de Medellín exige a Cepeda que se olvide de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), mecanismo al que considera inconveniente porque supone la violación de la independencia de poderes. En este punto, Fajardo Valderrama invalida la posibilidad del llamado a una ANC poniendo sobre el mecanismo una mácula que lo hace ilegítimo, cuando apelar a este es un derecho constitucional. Se entiende el punto porque si algo caracteriza al profesor y matemático antioqueño es la defensa a dentelladas de la tradición y del Establecimiento. Fajardo le tiene pavor hablar de cambio.

No podía faltar en su Decálogo la lucha contra la corrupción, bandera con la que intentó tres veces llegar a la Casa de Nariño. Quizás sea tiempo de que Fajardo entienda que esa es una lucha inútil porque ya en el país se naturalizó un ethos mafioso que curiosamente tiene un fuerte arraigo en Antioquia y en las huestes de un personaje al que Fajardo siempre le rindió pleitesía; tanta, que aún lo sigue llamando “presidente”.  Además, en este punto propuso una auditoría a la actual administración.

En el cuarto punto, Fajardo exige el desmonte de la “paz total”, plan de gobierno que salió muy mal por múltiples factores que no tocaré en esta columna. Y propone lo de siempre: copar el territorio, atacar las economías ilegales y cuidar los ecosistemas naturales. Como si el gobierno Petro no lo haya intentado. La recuperación del cañón del Micay es un logro que Fajardo no reconoce. Eso sí, todos los gobiernos han fallado en consolidar el Estado en todo el territorio nacional.

En el quinto elemento que plantea el recién derrotado candidato presidencial hace alusión al tema que lo apasiona: la educación. Cuando habla de “Colombia la más educada”, Fajardo, declarado fiscalmente responsable por el colapso de la represa de hidroituango, está recordando su programa “Antioquia la más educada”. Cosas del ego.

En su sexta línea roja, Sergio Fajardo recomienda y exige soluciones en materia de salud. Olvida el exgobernador de Antioquia que el sistema de aseguramiento en salud viene de tiempo atrás en una profunda crisis financiera, fruto de la corrupción y el diseño mismo de la ley 100 de 1993. Por cierto, una crisis sobre la que Fajardo guardó silencio cómplice frente a las actuaciones dolosas de varias juntas directivas de EPS intervenidas y declaradas inviables.

El Decálogo del Millón de Votos de Fajardo parece más bien una carta de despedida dirigida a sus votantes y seguidores. Se trata de una forma elegante y poco autocrítica- actitud muy propia de los egocentristas- de reconocer que sus campañas fracasaron en gran medida por su tibieza e incapacidad para proponer cambios, lo que implicaba confrontar al Establecimiento regional y nacional con el que siempre guardó simpatías ideológicas y políticas.

Hay que reconocer y abonarle que antes de la primera vuelta fijó postura frente al talante de Abelardo de la Espriella. Esto dijo: “el comportamiento del señor Abelardo de la Espriella es el de un atarván. Es un tipo machista, vulgar, autoritario e irrespetuoso. Una persona como él no debería ser presidente de Colombia; puede y tiene posibilidades, pero yo espero que Colombia no caiga tan bajo”.

Y aunque no se fue a ver ballenas esta vez, con su Decálogo del Millón de Votos Fajardo quiere dejar la imagen de “intelectual y estadista”, eso sí, orgánico del viejo Establecimiento al que jamás confrontó. Ahí radica el origen de su tibieza. 

DE LA ESPRIELLA Y LA MUÑEQUIZACIÓN DE LA POLÍTICA

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