Por Germán Ayala Osorio
Sergio Fajardo Valderrama, el
matemático que solo aprendió a dividir, en un comunicado público dejó ver su verdadero
talante: el de un político pequeño, minúsculo e intrascendente. Un sólido
homúnculo.
Su pequeñez política contrasta
con su enorme ego, una especie de mangrullo desde donde otea la realidad del
país con la suficiencia moral con la que suele expresarse públicamente. Pero
hay hechos que cuestionan esos viajes de superioridad moral. Nombro tres: el
primero, los que tienen que ver con “donBernabilidad[1]”;
el segundo, su admiración -casi fascinación[2]-
hacia el pérfido expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Un político y
candidato presidencial que siga llamando “presidente” al señor de El Ubérrimo
genera muchas dudas alrededor de su propia eticidad y de su real cercanía a la
moral colectiva que reclama de tiempo atrás que el Señor de la Seguridad
Democrática asuma la responsabilidad política de los 7.837 crímenes de Estado
(falsos positivos). La obsecuencia de Fajardo lo obligó a reunirse[3]
con Uribe antes de la primera vuelta; y el tercero, el haber sido declarado fiscalmente
responsable[4]
por el desastre ocurrido en la represa de Hidroituango.
Veamos apartes del comunicado firmado por el exgobernador
de Antioquia, exalcalde de Medellín y eterno candidato presidencial (completó su
tercera aspiración). “Después de la primera vuelta le entregamos al país
nuestra reflexión sobre el millón de votos que obtuvimos e insistimos en que
cada ciudadano, ciudadana, es libre de votar por quien quiera: los votos no son
de un líder. Ofrecimos el Decálogo
del Millón de Votos que recoge los puntos esenciales de nuestro programa. Y
también presentamos el Perfil
del Presidente que Colombia necesita hoy. Hoy, a pocas horas de la cita
con las urnas, presentamos nuestro Compromiso Por Colombia: quiero
convocar, gane quien gane, a las personas sensatas y justas que hay en cada
campaña para que con fuerza ayuden a impedir que demos el paso que falta para
la destrucción. Quiero seguir reivindicando, gane quien gane, la voz de quienes
se atreven a romper con la polarización y que no se rinden. La voz de los sin
tribu. Quiero seguir aportando a tender los puentes necesarios para no dejarnos
sepultar por la desesperanza que nos acecha. Por el contrario, para avanzar en
la construcción de las oportunidades en esta Colombia que tiene de sobra las
riquezas y el talento para darnos una vida digna, próspera, incluyente y justa.
Y el lunes… a construir la esperanza que nos merecemos”.
Fajardo le entregó al país
político un comunicado en el que reivindica su “neutralidad”, postura que, a
juzgar por la compleja coyuntura política, deviene en cobardía y en una falta
de responsabilidad con el país. ¿Acaso está invitando a votar en blanco
a los sensatos de ambas campañas?
Está muy bien que no le guste
ninguno de los dos candidatos presidenciales, pero hay uno de ellos que le
apuesta a consolidar en el país un régimen fascista
que se puede impedir si se deja de lado la idea y decisión de castigar a Petro
por los errores cometidos y por esa vía negarse a votar por Cepeda.
La columnista Cristina Nicholls
le dijo esto a Fajardo desde su cuenta de X: “Usted tuvo la oportunidad de
dejarle a Colombia un legado de unidad y grandeza en el momento más crítico de
su historia republicana. En su lugar elige la irrelevancia, la pequeñez. Así
será recordado, no lo dude un segundo”.
Fajardo: en lugar de escribir y
publicar ese insulso comunicado, debiste haberte ido a Nuquí a ver ballenas por
segunda vez. Lo tuyo es eso: ver y disfrutar, sin llegar a defender lo que te
produce placer. Espero que hagas público también tu retiro de la vida política,
o por lo menos de no insistir más con llegar a la Casa de Nariño. Ve a cuidar a
la nieta. El país jamás te necesitó porque sos un cobarde, pusilánime, apocado,
temeroso, miedoso, flojo, endeble y un verdadero homúnculo.
[1] El director de ONG Corpades explica que se estableció
una rara competencia por demostrar si la tranquilidad que estaba viviendo la
ciudad era por la ‘paratranquilidad urbana’ de la Oficina o el modelo de ciudad
planteado por el alcalde Fajardo en su plan de desarrollo ‘Medellín la más
educada’. “A la alcaldía de Fajardo le
quedó bastante fácil argumentar que fue su labor, pero todo fue complementario.
Hubo un poder hegemónico armado que dominó la ciudad, eso no está en duda”, le
dijo a La Silla Paisa Juan Diego Restrepo, director de Verdad Abierta, portal
periodístico especializado en el conflicto armado. Restrepo y Quijano coinciden
en que lo que hizo Fajardo fue negar que en la ciudad había un grupo criminal,
la Oficina de Envigado, que se articuló con sectores del Estado para controlar
rentas ilegales como la venta de drogas y las extorsiones en mercados
informales, a cambio de que no hubiera violencia. “Él no reconoció lo que
estaba pasando, no miró más allá de lo que decían la Policía, el Gobierno
Nacional, la Fiscalía. Él estaba convencido de que todo estaba bien porque sus
asesores le decían que todo estaba bien”, le dijo Quijano a La Silla. Tomado de https://www.lasillavacia.com/silla-nacional/antioquia/si-hubo-donbernabilidad-pero-mas-alla-de-fajardo/
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