“Primero vinieron por los socialistas,
y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los
sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los
judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para
entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”. Martin Niemöller.
Por Germán Ayala Osorio
Nada qué hacer, la ultraderecha
eligió a De la Espriella como el nuevo presidente de Colombia. Con un apretado resultado,
una parte de los colombianos optó por un therian, en lugar de un
filósofo. Sus militantes y aficionados prefirieron la patanería, la vulgaridad,
la verborrea y la intemperancia. Se les hizo demasiado la tranquilidad, la
capacidad de escucha y la sapiencia del candidato presidencial del progresismo.
La Registraduría informa que Abelardo
de la Espriella alcanza 12.927.006(49,65%) y Cepeda 12.681.268 (48,71%). Esos datos
representan el 99,70% de las mesas informadas (pre-conteo). La diferencia de 245.738
votos no le resta legitimidad al triunfo del candidato de la ultraderecha, pero
sí debería de conminarlo a bajarle a la agresividad de su discurso. Aunque los medios masivos ya dan como ganador a
De la Espriella, al cierre de esta columna ninguna de las dos campañas se
manifestó, bien para reclamar la victoria o para aceptar la derrota. Hay que
esperar el escrutinio, pero será muy difícil revertir el resultado.
Lo que se viene para el país es
incierto. Los más catastrofistas advierten que “nos vamos a convertir en
Argentina”, lo que se traduce en precarización laboral, aumento de la
pobreza y el consumo masivo de carne de burro. Hace cuatro años, por la llegada
de Petro a la presidencia, el “coco” era que nos “convertiríamos en
Venezuela o Cuba”. Aunque ese particular vaticinio no se concretó, ello no
es óbice para pensar que lo que se advierte desde las mesnadas del petrismo sí
se convierta en realidad. Ya veremos.
También se advirtió durante toda
la campaña electoral de los riesgos que conllevaría la llegada de Abelardo de
la Espriella a la Casa de Nariño (¿o de Nari?): persecución política contra
detractores y críticos del abogado y de sus políticas; retroceso en materia de
derechos humanos[1], “fracking
a lo que marque”, reducción del Estado y por esa vía debilitar la
institucionalidad ambiental dedicada a proteger páramos y otros ecosistemas
estratégicos amenazados por la minería a gran escala y otras actividades
antrópicas desarrolladas por actores legales e ilegales; se advierte que habrá
procesos de precarización del empleo, así como la captura mafiosa del Estado.
Al final, se habla de la
instalación de un régimen fascista apoyado por el gobierno de los Estados
Unidos. Ya veremos cómo reaccionan los mercados, pero, sobre todo, qué mensaje
de unidad envía De la Espriella o si por el contrario confirma que hará todo lo
que esté a su alcance para acrecentar la fractura política y social que se
impulsó desde las dos campañas y de si continuará con su idea de “destripar a
la izquierda”.
La Colombia derechosa,
insolidaria, mezquina, mafiosa y la que cree a pie juntillas lo que le dicen medios
como Blu radio, La FM, Noticias Caracol y RCN, votó a favor de ADLA, el falso outsider.
Con De la Espriella en la Casa de Nariño vuelve el uribismo, con todo lo que
ello significa, sobre todo en asuntos como la violación de los derechos
humanos. De ese país derechoso hacen parte los clasistas, aporofóbicos,
arribistas y otros tantos que, por historia familiar, siempre votan por los
hijos del Establecimiento.
Ya veremos qué tipo de relación
plantea con el Congreso de la República, en particular con la bancada
progresista, que muy seguramente le hará una férrea oposición. ¿De la Espriella
gobernará por decreto? ¿Pensará en cerrarlo para convocar una Constituyente?
La frase que da vida al título de
esta columna la espetó Felipe Zuleta Lleras desde los micrófonos de Blu radio: “A
esconderse zurdos después del 21 de junio”, gritó enardecido el ladino periodista
que representa con lujo de detalles a la ultraderecha colombiana. Después del
resultado electoral y político de este domingo 21 de junio no sé si salir
corriendo para Haití, esconderme en una finca o esperar a ser destripado. Tocó
persignarse como lo hacía mi madre, que en paz descanse: “Jesús, María y
José y el Diablo que coma mierda”. Lástima que no esté conmigo para preguntarle
de qué Diablo estamos hablando.
[1] El caso del activista colombiano, Beto Coral, fue el
primer aviso, cuatro días antes de la segunda vuelta. Los agentes de ICE que lo
capturaron lo hicieron por presiones de Marco Rubio, la cabeza visible del
Departamento de Estado de los Estados Unidos. Al parecer, Abelardo de la
Espriella le habría solicitado a Rubio su apoyo para quitarse de encima al
activista que lo demandó en una corte gringa por haber violado la privacidad
(grabarlo sin autorización).