Por
Germán Ayala Osorio
Entretenido
el país en los ires y venires de la caprichosa posesión
presidencial y los tenebrosos mensajes que envió el presidente electo durante
el fastuoso retiro espiritual al que asistió con todo su equipo de ministros
designados, lo expresado por Paloma Valencia Laserna en el contexto de la Jornada
de Reflexión: Unidad, Doctrina y Futuro” del partido Centro Democrático (CD), fue
registrado por los medios masivos, pero poco recogido en las disímiles formas en
las que se expresa la opinión pública.
Lo
dicho por Valencia Laserna resulta llamativo, por decir lo menos, por dos razones
a saber: la primera, porque De la Espriella quiere sacar de circulación o desbancar
al expresidente Uribe del pedestal que le permitió exhibirse como líder único
de la derecha y la ultraderecha colombiana. Y la segunda, porque ese
enfrentamiento político dejó la primera
derrota para el gobierno entrante en la elección del presidente del Senado,
Honorio Henríquez y la estructuración de las mayorías del Pacto Histórico (PH) en
la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes. Esos dos resultados
se dieron en virtud del pacto político logrado entre las bancadas del CD y el
PH. En esa coyuntural alianza participaron directamente el expresidente Uribe y
el presidente Gustavo Petro.
Leamos
lo dicho por la excandidata presidencial y uribista pura sangre: “Tenemos
que entender en qué partido es que estamos. Este no es un partido de derecha.
El Gobierno de De La Espriella es de derecha; ellos se autodenominan de
derecha. El Centro Democrático, por el contrario, nunca ha sido un partido
de derecha”.
Antes
de ir con las reacciones que produjo al interior del CD, expongo la siguiente
hipótesis con miras a tratar de entender el sentido de lo dicho por Valencia y
el significado ético-político de semejante declaración.
Es
posible que dentro de las mismas huestes del uribismo haya miedos frente a lo
que puede pasar en materia de violaciones a los derechos
humanos una vez arranque la administración de Abelardo de la Espriella. Aprehensiones
que aumentan al mirar la triada simbólica sobre la que el presidente electo
ejecutará su idea de país. Hablo de la simbología TSP
(Therian, Soldado y Pastor) con la que ya el país identifica a De la Espriella.
A partir de esas prevenciones, lo expresado por Valencia Laserna, alfil del
expresidente Uribe, tendría la intención de dejar para la historia del país lo
que sería un distanciamiento ideológico y ético-político del nuevo gobierno que
está por comenzar ante cualquier quiebre institucional que se produzca en el
cuatrienio 2026-2030, así como la pérdida de libertades ciudadanas, conculcación
de derechos y afectaciones socioambientales y ecológicas de gran calado. Eso
sí, se trataría de un falso distanciamiento por cuanto el CD será partido de
gobierno a pesar de las diferencias entre De la Espriella y Uribe. Por supuesto
que no se trata de un tardío arrepentimiento de parte de Valencia o de la
necesidad de alinderarse hacia el siempre medroso y espectral centro político. No.
Detrás de la declaración de Valencia hay un muy bien pensado cálculo político y
mediático que puede estar orientado por el propio Uribe para medir las
lealtades de los nuevos y viejos congresistas y militantes del CD.
Miremos
las reacciones de algunos de los miembros de esa colectividad y de quien está
en camino de construir su propia microempresa electoral, la exsenadora María Fernanda
Cabal
y miembro hasta hace poco del CD.
Cabal
calificó negativamente lo declarado por su compañera de lucha durante la
campaña interna que definió la candidatura única del CD en favor de Paloma
Valencia. “Oír ahora que el Centro Democrático ‘no es de derecha’ revela
una catástrofe ideológica. Si el partido renuncia a las ideas que le dieron
identidad, ¿qué queda? Una sigla, una burocracia y algunos dirigentes buscando
dónde acomodarse”.
El
senador Espinal en su cuenta de X dijo que “Soy de Derecha, lucho por
la libertad de empresa, la democracia, el orden y autoridad, y por la libertad
de todos los colombianos”. El también congresista Jaime Arizabaleta expresó
que “el Centro Democrático es un partido de derecha, que apoya con toda
la fuerza y firmeza al tigre Abelardo de la Espriella”. Y Daniel
Briceño, en la misma línea de los dos anteriores sostuvo que “la fórmula de negar
la derecha y querer virar hacia el centro ya fracasó”.
Las
reacciones de Arizabaleta y Briceño hacen pensar en que lo declarado por Paloma
Valencia constituye una prueba de lealtad hacia el partido, pero en particular
hacia el expresidente Uribe Vélez. Ya no están en esa colectividad Paola Holguín
y María Fernanda
Cabal y otros que ya hacen parte del gobierno entrante. Son los casos de
Holguín, ministra de Cultura
y el flamante embajador de Colombia en España el indocto Carlos Fernando Mejía.
El exsenador Mejía fue nombrado en esa embajada a pesar de que no domina
el español.
Lo
que más llama la atención es el silencio del dueño del Centro Democrático, el
expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Al cierre de esta columna solo
se conoció esta reacción del político antioqueño: “Cuando a los países
los encierran en izquierda o derecha los partidos pierden la posibilidad de
estar interlocutando con la franja libre. La discusión
doctrinaria es permanente”. Uribe siempre intentó matizar u ocultar la
doctrina ideológica con la que el país asocia al Centro Democrático: una
derecha neoliberal que privatizó el Estado y la función pública, así como las
responsabilidades que debería asumir un Estado Social de Derecho. Y lo ha hecho
al decir que es una necedad hablar a estas alturas de izquierda o derecha.
Lo
que sí es claro es que Uribe sabe que está de salida y que la implosión
del CD se dará en cualquier momento, lo que asegurará que De la Espriella sea
su remplazo como líder único de la derecha y la ultraderecha.
Adenda: con el reconocimiento de la personería jurídica al movimiento Defensores de la Patria. De la Espriella ya tiene microempresa electoral alrededor de la cual hará girar los intereses de la derecha y la ultraderecha. Una preocupación más para Uribe, el mandamás de la derecha y la ultraderecha colombiana.
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