Por Germán Ayala Osorio
Lo hecho por los cinco
congresistas del Pacto Histórico (PH) al interior de la Comisión de Acusaciones
de la Cámara de Representantes (en adelante Comisión de Absoluciones)
golpea la credibilidad del partido, la del propio expresidente Petro y por supuesto
la de Iván Cepeda; y lo que es peor, lo actuado constituye una mofa a las víctimas
de los grupos paramilitares y de los agentes políticos y económicos que los auparon
y patrocinaron.
Las reacciones en redes sociales
no se hicieron esperar, en medio del silencio del partido y de los involucrados
en lo que constituye sin duda alguna una embarrada mayúscula que acerca al PH al
ethos mafioso que siempre guió a la derecha uribizada, al tiempo que lo aleja
de la idea del cambio prometido en las costumbres políticas, en especial en la
urgente necesidad de ponerle límites éticos y morales a los acuerdos políticos consustanciales
al ejercicio de la política. Lo acordado entre Uribe y Petro para que el PH tuviera
la mayoría de esa Comisión de Absoluciones justamente para proteger al
expresidente progresista de la intención del nuevo gobierno de meterlo preso,
no puede arrastrar a la colectividad al fango y a las covachas en las que
siempre vivió Uribe y sus seguidores.
Aprobar y acompañar la solicitud
que el presidente de la Comisión de Absoluciones elevó a la Fiscalía
para que el proceso contra el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe por las
masacres del Aro, la Granja y el asesinato de Jesús María Valle pase a manos de
esa ilegítima corporación constituye de lejos una traición a los principios de justicia
y búsqueda de verdad que millones de colombianos reconocieron en el PH y en los
líderes políticos de esa colectividad que de tiempo atrás enfrentaron a Álvaro
Uribe Vélez y confrontaron su oscura vida pública.
Petro y Cepeda, desde el Congreso,
se enfrentaron a la maquinaria política, mediática e ideológica que está detrás
de las actuaciones y decisiones de Álvaro Uribe Vélez, llamado por el
periodista Josep Contreras, el “Señor de las Sombras”. Hablando de libros, Iván
Cepeda y Jorge Rojas escribieron A las puertas del Ubérrimo. En los
agradecimientos los autores reconocen que el libro se escribió “pensando
en las víctimas de los crímenes de lesa humanidad que se han perpetrado en los
últimos veinticinco años en Córdoba: las miles de personas
desaparecidas, asesinadas y desplazadas por la violencia. A ellas está
consagrada esta obra”.
La decisión política tomada por David
Alejandro Toro, Heráclito Landínez, María del Mar Pizarro, Jorge Hernán
Bastidas y Gabriel Becerra echa a la basura las luchas que dieron Petro y
Cepeda que sirvieron para develar el demencial y diabólico carácter de lo que
se conoce como el uribismo. Lo que hicieron Toro, Landínez, Pizarro, Bastidas y
Becerra, curiosamente, los acerca a las puertas de El Ubérrimo.
Es urgente que el PH, como
partido político, no solo reaccione frente al rechazo que en redes generó las actuaciones
de los cinco congresistas, sino que diga quién les dio la orden. ¿Acaso el
expresidente Petro está detrás de semejante “cagada”? No creo que Iván Cepeda
esté detrás de esa torpeza, pues lo actuado por sus compañeros lo afecta de
manera directa porque el excandidato presidencial hace parte del proceso judicial
que nuevamente tiene a Uribe Vélez en el ojo de la justicia, esta vez por
hechos violentos ocurridos cuando fungía como gobernador de Antioquia.
Me resulta asqueante y ominoso lo
que hicieron los congresistas del Pacto Histórico. A los hechos de corrupción
del gobierno Petro y a los errores cometidos durante su mandato no tenían
porqué sumar semejante “deposición”. Es tan grande, que los avances sociales alcanzados
en los cuatro años del gobierno progresista no serán suficientes en la titánica
labor, al parecer no advertida aún, de repensar el futuro de una colectividad que
parece más interesada en acercarse al viejo y criminal Establecimiento, que regresar
a los caminos que la llevaron a convertirse en una alternativa de poder fundada
en la coherencia ideológica y política, la defensa de los derechos colectivos, el mejoramiento de las condiciones de vida de las grandes mayorías y alejada de los vicios de la clase
política tradicional. Hoy, veo a su dirigencia muy atada a la sobreexposición en redes sociales de figuritas que le restan seriedad al partido por cuanto una parte de la opinión pública las asocia con el clientelismo y el pago de favores políticos. El fenómeno "Juliana Guerrero" no puede mantenerse. Debe proscribirse de tajo.
Adenda: al cierre de esta
columna, la Fiscalía desestimó la solicitud elevada por Carlos Cuenca y los
congresistas del PH. Tampoco se conoce pronunciamiento del expresidente Petro. El partido emite un escueto comunicado que poco a nada aclara lo actuado por los cinco congresistas.