Por Germán Ayala Osorio
Los ataques “quirúrgicos” de Estados Unidos contra unidades militares venezolanas y la captura de Nicolás Maduro Moros constituyen una flagrante violación del derecho internacional. La acción temeraria de USA golpea la legitimidad e incluso la viabilidad de la ONU como institución multilateral garante de un orden internacional dominado por potencias militares y económicas que en el pasado y en mutuo acuerdo modificaron fronteras, crearon Estados y negociaron recursos.
El genocidio en Gaza es quizás el
punto de inflexión (in) moral más reciente con el que se validarán en adelante ataques
e intervenciones militares, estigmatizaciones y persecuciones étnicas y la apropiación de recursos
estratégicos para un mundo que, con sus lógicas de consumo, necesita asegurar nuevas
fuentes de energía y el control en pocas manos del petróleo y el gas.
Los gringos entraron a Venezuela
no tanto para desmontar el régimen de Maduro, sino para garantizar una
transición política, ojalá lo menos traumática posible que les permita controlar
la producción de crudo y gas como lo hacían hasta antes de la irrupción de
Chávez Frías. Eso de "reestablecer la democracia" es el parapeto ideológico sobre el que se justifica la violación de la soberanía.
Llama la atención las reacciones
de los escuderos de Maduro, entre ellos Diosdado Cabello y las declaraciones de
un alto oficial: condenan la incursión armada sin la beligerancia y el patriotismo
exhibidos meses atrás cuando Trump atracó sus barcos de guerra frente a las
costas venezolanas. La mesura y la prudencia con la que salieron a informar
sobre los hechos sobrevinientes hacen pensar en la posibilidad de que la “captura”
del presidente Maduro haya sido fruto de una negociación directa del mandatario
venezolano con agentes de Donald Trump.
Negociada o no la salida de Maduro
de Miraflores, se confirma y se legitima a Estados Unidos como el Gran Sheriff dispuesto a poner orden
en la América Latina que se acercó peligrosamente a China a través de la Nueva
Ruta de la Seda.
En el ámbito doméstico, la acción
armada de USA podría jugar un papel clave en las elecciones presidenciales en
Colombia. Recordemos la amenaza de Trump sobre el ya saliente presidente
colombiano: ¡serás el próximo! Si el proyecto político progresista logra una
victoria, ese ultimátum recaerá sobre Iván Cepeda. Ya veremos si una vez
instalado en la Casa de Nariño modifica su discurso y asume que estamos solos
ante la nueva doctrina Monroe (Donroe) que promueve el convicto presidente norteamericano:
los recursos de América Latina, paras los americanos.