Por Germán Ayala Osorio
El bloqueo económico a Cuba, por
parte de los Estados Unidos, es criminal y deviene con un tufillo de venganza
con altas dosis de sadismo, saña y perversidad. Impedir la entrada de petróleo de Venezuela y
México y otros países hace parte de las últimas jugadas de Trump y Marco Rubio
para asfixiar al régimen cubano y de esa manera obligarlo a que entregue el
poder directa o indirectamente al Tío Sam. Ya esta pareja de “nuevos virreyes” controla
Venezuela y van por Cuba, quizás para regresarla a los tiempos de Batista, en
las que la hermosa isla era vista y asumida como una especie de alegre casa de lenocinio,
con todo y sus bellas jineteras. Rubio, de origen cubano, podría fungir como
una suerte de “encomendero” de nuevo cuño.
Después del triunfo de Fidel
Castro Ruz y el inicio de la revolución (1959), el bloqueo económico y la
resistencia del régimen socialista (estatismo) al hostigamiento gringo jugaron
un papel clave para hacer de la dignidad, el discurso anti gringo, el sueño
libertario y el eterno juego ideológico entre capitalistas y socialistas
(comunistas) los factores claves para ocultar el ethos mafioso que se entronizó
en las fuerzas armadas cubanas y la clase política; al final, esa realidad
política terminó por garantizarle a los cubanos una vida miserable, así como el
sistemático proceso de destrucción de la bella arquitectura de La Habana: hay
edificaciones que amenazan ruina; y por supuesto, el deterioro de la infraestructura
productiva.
Díaz-Canel ya manifestó su
voluntad de negociar con los Estados Unidos. Es urgente y apenas lógico que
vendrá una transición. Cuanto antes se dé, mejor. El modelo económico y
político fracasó. El pueblo cubano ganó en dignidad cuando los “mechudos”
bajaron de la sierra. Pasó el tiempo y esa dignidad se convirtió en incertidumbre,
hambre y la desazón que genera el fracaso de un proyecto “socialista” mantenido
más por la fuerza del control y la persecución política e ideológica a los
disidentes y críticos, que por la legitimidad asociada al aseguramiento de una
vida digna para todos los cubanos.
Después de 60 años de una soñada
revolución, los cubanos asisten, unos perplejos y otros esperanzados, al fin de
un proyecto político que puso a los cubanos a pensar. Y cuando aprendieron a
hacerlo, al régimen castrista le pareció riesgoso y vinieron los presos
políticos y el control de la información.
Eso sí, de darse una transición y la consecuente apertura democrática en los términos del capitalismo salvaje que agencia Estados Unidos, la reconstrucción física de la infraestructura en toda Cuba significará el endeudamiento económico de la isla. Cuando los gringos, con Rubio a la cabeza, entren triunfantes, gracias al criminal bloqueo, Patria o Muerte será apenas una consigna de un sueño revolucionario que la propia clase política cubana echó a perder. Lo malo es que se demoraron más de 60 años en reconocer que cometieron gravísimos errores no forzados, como se dice en el tenis. Eso sí, nadie puede negar la dureza del bloqueo económico y el carácter criminal de esta última etapa.