Por Germán Ayala Osorio
La mejor respuesta a la amenaza de
los Estados Unidos de hacer en Colombia lo mismo que hizo en Venezuela debe ser
la diplomática. Apelar al discurso belicista y altisonante que usó Nicolás Maduro
meses antes de ser puesto preso por tropas norteamericanas resulta ridículo si
se comparan las capacidades militares de Estados Unidos con las de Colombia. No
tenemos cómo responder militarmente a un ataque y mucho menos a una eventual
invasión de los Marines. El régimen de Maduro le mostró los dientes al Tío Sam
y en una operación “quirúrgica”, convenida o no, les demostró su capacidad
militar con un resultado abrumador: solo hubo víctimas fatales del lado venezolano.
Por supuesto que esa enorme
diferencia militar no impide forjar un sentimiento nacionalista y la defensa de
la soberanía, la autonomía territorial y de las normas internacionales, pero
apelar al discurso heroizante de hombres y mujeres en armas nos recuerda que
millones de colombianos fueron, en el pasado reciente, víctimas de “Héroes”,
legales e ilegales que violaron los derechos humanos. Los primeros, amparados
en la aplicación a rajatabla de la (in) moral política de seguridad democrática
convirtió a miles de jóvenes en “falsos positivos”; y los segundos, en la
estimulación que les da su histórica lucha contra el Estado, asesinaron
campesinos señalados de ser colaboradores de las fuerzas armadas.
Bienvenido entonces el llamado de
Margarita Rosa de Francisco al presidente Petro en el que señala que para ella “el
verdadero heroísmo no involucra las armas; nada que mate a otro; ni siquiera al
que es considerado enemigo. Fantasear con levantar las armas
en nombre de la “patria”, de la libertad, de la soberanía, de Dios o de
cualquier otra causa es también soñar con matar. El héroe o el mártir militar es un
contrasentido y en estos tiempos no lo considero un referente que ayude a
cambiar los modos de alcanzar la libertad ni de renovar la historia bárbara del
ser humano”.
Detrás de la postura de Margarita Rosa de Francisco y de su llamado hay una ética que defiende la vida, por encima de las reacciones muy propias de machitos dispuestos a exhibir su hombría y los juguetes bélicos, extensiones fálicas que sirvieron en el pasado y en el presente para hacer del planeta un lugar inseguro para todos. Un verdadero infierno.
Sacar los tanques, exhibir fusiles
y gritar “acá te esperamos Trump” es hacerle el juego al matoncito que desde el
Salón Oval ya demostró estar dispuesto a imponer su propia doctrina (Donroe),
para acallar los graves problemas internos que enfrenta, que van desde los señalamientos
de conductas pederastas, una economía en proceso de ajuste por la persecución a
la mano de obra representada en los migrantes latinos y la posibilidad que pierda
las mayorías en el Congreso y se desaten procesos jurídico-políticos por haberse
saltado el legislativo.
Ojalá el presidente Petro escuche
a Margarita Rosa y a otros que como ella no comparten ese llamado a defender
con las armas la República. Ya veremos esta tarde qué dice el jefe del Estado. Avanzaremos
como sociedad civilizada cuando dejemos de creer en Mesías, Héroes y Patriotas.
Todo ser humano en armas, sin importar la causa que defienda y de quién escriba
la historia, es un potencial asesino o uno ya consumado.