Por Germán Ayala Osorio
Con el apoyo de 12 gobiernos de
América Latina, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump le apuesta a
naturalizar su propia doctrina (Donroe) a través de la creación del Escudo
de las Américas contra los Carteles de la Droga. Por fuera de esa
alianza quedaron Brasil, México y Colombia, cuyos mandatarios no tienen
afinidad ideológica con el pederasta que despacha desde el salón Oval de la
Casa Blanca.
Se trata, sin duda alguna, de una
nueva forma de intervención en el destino de América Latina. En el pasado fue
la Alianza para el Progreso y más recientemente el Plan Colombia, aplicado
durante los ochos años del gobierno de Álvaro Uribe con resultados discutibles:
no se derrotaron a las guerrillas, aunque si obligaron a las Farc-Ep a
replegarse y negociar con el Estado un tratado de paz; el negocio del
narcotráfico se mantuvo a flote en gran medida porque sus dinámicas siguen
atadas a los intereses de la banca, nacional e internacional que lava las
fortunas de origen ilegal y a las lógicas del poder político y social; el desplazamiento
forzado de comunidades campesinas, negras e indígenas y de colonos garantizó una
contrarreforma agraria que favoreció el latifundio y los monocultivos de palma
africana y caña de azúcar. Más de seis millones de colombianos fueron
desterrados de sus territorios. Y en materia socioambiental se registró el
deterioro socioambiental de valiosos y frágiles ecosistemas selváticos durante
las dos administraciones de Uribe Vélez.
Con el Escudo de las Américas
contra los Carteles de la Droga los ataques militares contra Irán,
la eventual caída del régimen cubano y la consolidación del tutelaje sobre
Venezuela el presidente Trump logra mantener alejados los focos de la prensa
local y mundial de los archivos Epstein en los que está directamente implicado
en calidad de violador de niñas y por supuesto la violenta persecución étnico-identitaria contra
los migrantes latinos que desató de la mano de ICE, una fuerza supremacista con
rostro nazista.
La reunión con los 12 presidentes
se desarrolló en Miami. Trump lo dijo con asombrosa claridad: “Acordamos
usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes
terroristas". Las consecuencias de dicha amenaza-propósito tocan
de manera directa el futuro de Colombia, único país de la región en el que
sobreviven las guerrillas de los años 60 y está en un proceso electoral en el
que hay candidatos presidenciales que proponen un Plan Colombia 2.0 y otros que
insisten en hablar de paz con los grupos armados ilegales permeados por el
negocio del narcotráfico.
El primer efecto práctico es que Trump
desconoce la naturaleza sociopolítica del conflicto armado interno y por esa
vía recupera la tesis de la “amenaza terrorista” que Uribe usó para borrar de
un plumazo las causas objetivas y subjetivas que legitimaron el levantamiento
armado en el país.
El segundo efecto se sentirá con
rigor a partir del 7 de agosto de 2026. De continuar el proyecto progresista en
cabeza de Iván Cepeda, su gobierno estaría impelido, por presiones de Washington,
a abandonar la idea de pacificar el país a través de la negociación política.
Si por el contrario la derecha logra poner en la Casa de Nari a Paloma Valencia,
Sergio Fajardo o en su defecto al bukelista Abelardo de la Espriella, entonces Trump
y la godarria colombiana estarán de plácemes porque volverá la “guerra contra
las drogas y el terrorismo” y con esta la persecución a los líderes de la
izquierda democrática y del progresismo como sucedió con la aplicación de la
política de seguridad democrática (2002-2010).
Hay que leer con atención el
mensaje allegado desde el Departamento de Estado, que la BBC registró: “Esta
histórica coalición de naciones trabajará conjuntamente para impulsar
estrategias que pongan fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio,
a las pandillas y carteles criminales y narcoterroristas, y a la inmigración
ilegal y masiva".
Y finalmente, habría un tercer
efecto político e ideológico del orden territorial y continental con el que estilos
de gobierno como los de Bukele (El Salvador), Kast (Chile) y Noboa (Ecuador)
salen exaltados y legitimados por el belicista y violador de los derechos
humanos que despacha desde la Casa Blanca.
Vale la pena recordar frases de Simón
Bolívar y a Eduardo Galeano para comprender lo que puede significar el Escudo
de las Américas: “Los Estados Unidos parecen destinados por la
Providencia para plagar la América de miseria a nombre de la libertad".
Y estas dos del escritor uruguayo: 1. “El mundo está organizado por la
economía de guerra y la cultura de la guerra”. 2. “El mundo se está
convirtiendo en una inmensa base militar, y esa base se está convirtiendo en un
hospital mental del tamaño del mundo. Dentro del manicomio, ¿cuáles están
locos?”.