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lunes, 1 de junio de 2026

PALOMA VALENCIA, LA PRESIDENTA QUE NO FUE

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna, la mujer que soñó con ser la primera mujer presidenta, ofreció su respaldo, como persona, al candidato presidencial ganador de la primera vuelta, Abelardo de la Espriella (ADLA). Le cargará las maletas al ladino abogado para, según ella, “derrotar al neocomunismo de Cepeda y Petro”.

De manera errada, Paloma Valencia cree posible deslindarse de su rol político y de la militancia al Centro Democrático, partido que, por supuesto está detrás del triunfo de ADLA y que, en caso de ser electo presidente de la República, lo acompañará como fuerza política y bancada desde el Congreso. No solo cae en ese error, sino que insiste en hablar de “neocomunismo”, vocablo que acuñó su mentor y “progenitor político”, Álvaro Uribe con el que siguen asustando incautos y pendejos.

Valencia Laserna fue abandonada y desechada por el uribismo y su propio “padre”, el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez por su condición de mujer. En un país de “machitos” que se la pasan pensando en cuál de todos la tiene más grande, las mujeres cuentan como adornos, objetos sexualizados o simples referencias a los roles de madres, esposas y cocineras.

El acordado desplome de la candidatura de Valencia Laserna estuvo atado a la necesidad de la ultraderecha de enfrentar el discurso pacifista y el perfil filosófico de Iván Cepeda con la exhibicionista masculinidad y el talante de macho cabrío de Abelardo de la Espriella, el clásico metrosexual que mimetiza sus miedos, vacíos conceptuales y ordinariez, con una elegancia posuda y fatua. Lo más probable es que esta sea la primera y última aventura electoral de Paloma. Ojalá se siente a hacer el balance. A lo mejor llega a la conclusión que ella es una mujer machista, clasista, racista, aporofóbica y ahora, con visos fascistas.

Para la actual campaña electoral, Paloma Valencia fue el comodín y distractor con el que Uribe jugó a dos bandas y ganó: puso en la final al abogado cordobés. El departamento de Córdoba es el territorio en el que por años el político antioqueño ha tenido influencia en el poder político local.

Contrario a lo que piensan muchos, el uribismo no resultó derrotado en esta primera vuelta. El uribismo mutó por dos razones: Uribe está salida y el Establecimiento necesita remplazarlo y encontraron en Abelardo de la Espriella al machito perfecto para recoger el pérfido legado del salgareño; y dos, por las presiones del gobierno de Donald Trump para que Colombia se alinee con los gobiernos fascistas de Ecuador, Honduras, Chile y Argentina.

En una sociedad machista y con sólidos visos de misoginia como la colombiana, las mujeres, sean de izquierda o derecha, deben de luchar contra esas circunstancias culturales (verdaderas taras civilizatorias) y lo que resulta peor, contra su propia docilidad y condescendencia frente a los machitos que las ungieron y dieron la oportunidad de soñar con ser presidentas, como los casos de Paloma Valencia y María Fernanda Cabal. Esta última también maltratada, usada y desechada por Uribe y otros integrantes del partido Centro Democrático. Ambas insisten en llamar Presidente a su amoroso victimario electoral. Tanta mansedumbre es el talón de Aquiles de estas y de otras mujeres que siguen venerando a machitos insulsos y violentos como el expresidente y el ganador de la primera vuelta presidencial.

Colombia necesita con urgencia liderazgos femeninos sin ataduras masculinas de ningún tipo. Mujeres capaces de repensar las relaciones Hombre-Mujer, lo que debe traducirse en serios cuestionamientos al vigente sistema patriarcal que las tiene sometidas de tiempo atrás. Y por supuesto, revisar y cambiar las maneras como el ser humano se viene relacionando con la Naturaleza.

 

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