Por Germán Ayala Osorio
Detrás de la defensa de la “familia
tradicional” que expone el abelardismo como proyecto social, religioso y
político están varias conductas y prácticas atadas a la caverna conservadora: 1.
Homofobia y transfobia. 2. Miedo a pensar. 3. Pacto Patriarcal. 4. Poder
blanco. Todos cuatro están, por supuesto, atravesados por el racismo, el
clasismo y el arribismo, tres de las taras civilizatorias que aún no superamos
en Colombia y que nos define y pone en los lugares más rezagados de los procesos
civilizatorios echados a andar en el mundo. Empecemos.
Los homosexuales, hombres y
mujeres, siempre fueron vistos como enfermos y desviados. Vinieron entonces
las violentas prácticas de conversión sexual, las estigmatizaciones y rechazos en
los colegios y el humor homofóbico de Sábados Felices, escuela en donde se
formaron humoristas que aún creen que los chistes de “maricas” los hacen inteligentes
y creativos. Lo curioso y preocupante es que ese humor básico de Sábados
Felices ayudó a varias generaciones a mantener los principios y valores de la “familia
tradicional” que hoy está de regreso. La imagen de la mujer también fue usada
en esa ominosa escuela: su cuerpo fue expuesto para generar hilaridad, al igual
que los pobres y aquellos con algún “defecto físico”. Las mujeres gordas, locas
y celosas fueron los perfiles más comunes para la función ideologizante que
cumplió con honores Sábados Felices. Claro, hay que sumar los reinados de
belleza, otro escenario de instrumentalización de la mujer. Y pensar que nos
reuníamos en familia-tradicional- a ver los desfiles de quienes años después caerían
en la trampa que el sistema patriarcal les puso: las cirugías estéticas.
Eso sí, esos procesos de descalificación
y tratamiento punitivo y moralizante no tenían cómo alcanzar a las familias con
reconocimiento social, político y económico: los hijos de la élite para ser más
precisos. Mientras vivieran metidos en los perfumados y amplios closet no había
problema. Se les permitía, eso sí, dejar salir sus verdaderas orientaciones y
gustos en cerrados cócteles acompañados de amigos periodistas o sin el
cubrimiento mediático. Lo mismo pasaba
con las “mañas” pederastas y pedófilas de esos hombres de élite. Solo debía aplicarse
ese señalamiento a las demás familias porque hasta para ser homosexual, bisexual
o pedófilo se necesitan “genes bendecidos, glamur, clase y paladar fino”. Cuidar
a los curas pederastas y pedófilos sigue siendo un mandato divino. De ahí la
lucha y dificultad para procesar penalmente a esos enviados de Dios en la tierra.
Que lo diga el periodista Juan Pablo Barrientos, reconocido autor del libro Dejad
que los niños vengan a mí.
La doctrina conservadora está
profundamente ancorada a la construcción de unas verdades irrefutables de las que
derivaron los miedos a pensar por sí mismos. El control ideológico, político y
el disciplinamiento de las masas a través de la prensa, la escuela, el cuartel,
el hospital psiquiátrico y la cárcel siempre le apuntaron al mismo objetivo. De
ahí que las ideas liberales y el discurso de las libertades confrontaran tanto
a la godarria colombiana que hoy está de regreso de la mano del pastor-presidente
Abelardo de la Espriella. Las masculinidades violentas, los machos proveedores,
el sometimiento de las mujeres
a las labores reproductivas no consensuadas y las consabidas y aprobadas “canas
al aire” de los cachondos padres y esposos hacían parte del decorado. El sistema
patriarcal es la casa en la que se reproduce la “familia tradicional” a la que
nos quieren regresar la ministra de Educación y fanática religiosa Viviane
Morales, el pastor-presidente y las comunidades religiosas que están “firmes
con el Señor”.
El Pacto Patriarcal aún funciona
a pesar de los cambios en generaciones que hace rato dejaron de copiarle a sus
agentes más visibles. Lo vimos recientemente en los escandalosos casos de abuso
sexual al interior de Caracol Televisión, pues por años, hombres a su interior,
ocultaron las denuncias de las mujeres abusadas. Por estos días un grupo de
mujeres le está exigiendo explicaciones al expresidente Andrés Pastrana a
propósito de sus relaciones con Epstein
y su amiga la proxeneta Ghislaine Maxwell. Tanto la prensa
corporativa y hegemónica y los hombres con poder político y económico lo
protegen con su silencio.
La lucha de ese grupo de mujeres
ya va está en los estrados judiciales. En la más reciente columna de Ana Bejarano
Ricaurte y Ana Cristina Restrepo, titulada Pastrana, el periodista, dejan
claro lo difícil que es confrontar al poder y a los agentes patriarcales que
defienden la familia tradicional. “En su calidad de mandatario, Pastrana
accedió a esas relaciones sociales, al punto de permitir a Maxwell el uso de
bienes públicos. Exigir respuestas a un expresidente no implica una acusación;
significa someterlo al escrutinio al que su dignidad lo obliga ante la opinión
pública…En Colombia, la complacencia del statu quo con Pastrana revela
cómo funciona el pacto de silencio patriarcal”.
De la mano de Dios, con camándula
en mano y del poder político y la colaboración mediática, la godarria abelardista
nos quiere regresar a los tiempos de la “familia tradicional”, oportunidad para
insistir en la supremacía blanca (mestizos blanqueados a la fuerza),
terratenientes, creyentes y ricos. Y claro, hay nuevos elementos: el cambio climático, la familia multiespecie, las mujeres cabeza de familia, la privatización del Estado, la sobre exposición en las redes
sociales del individualismo y la consagración como enemigo de la Patria a las
ideas progresistas y a quienes se atrevan a defenderlas. Bienvenidos al pasado.
Imagen tomada de la red: mujeres cabeza de familia y un perro - Búsqueda Imágenes