martes, 24 de febrero de 2026

CASO EPSTEIN: EXIGEN AL EXPRESIDENTE PASTRANA QUE DÉ LA CARA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con el numeral #NoAlPactoDelSilencio un grupo de periodistas y tuiteros intentan sacudir periodística, ética y moralmente a la prensa hegemónica que protege al expresidente Andrés Pastrana Arango de las sindicaciones públicas que le vienen haciendo por su cercana relación con el degenerado Jeffrey Epstein, amigo íntimo del otro pederasta y depravado Donald Trump, hoy presidente de los Estados Unidos. Y todo porque Pastrana aparece en documentos desclasificados por la justicia gringa en el caso de la famosa red de tráfico de menores de edad que posteriormente fueron violadas por hombres blancos y poderosos en la isla Little St. James, de propiedad de Epstein, el consumado pederasta.

Mientras que el grueso de la sociedad colombiana asume de manera negativa la vida de los expresidentes de la República, la Gran Prensa los protege y entrevista como fuentes fidedignas y “dignas”. Los presentan como “expertos, eruditos, referentes éticos, faros morales y voces autorizadas” para hablar de lo divino y lo humano. Entonces, los llaman para que pontifiquen y den cátedra alrededor de problemas que ellos durante sus mandatos jamás resolvieron.

Hay periodistas obsecuentes que los tratan con tal melosería, que los llaman “presidente”. Esos mismos reporteros, editores, directores de noticieros, presentadores y conductores de programas radiales son los que hoy protegen al expresidente Andrés Pastrana Arango, cuestionado por sus cercanas relaciones con el degenerado Jeffrey Epstein y la proxeneta Ghislaine Maxwell.

Aunque El Espectador publica una nota titulada Pastrana en los archivos de Epstein: una guía sobre lo que ha salido hasta ahora, el diario bogotano no se atreve a abrir portada confrontando al expresidente de la República. En la “bajada” se lee lo siguiente: “Las bitácoras de vuelo y correos de 2003 a 2019 acorralan la versión del expresidente Pastrana sobre su cercanía con Epstein”.

El silencio de los medios audiovisuales es atronador: hacen referencia a los archivos y hablan de Trump y Epstein y otros famosos degenerados, pero no se atreven a llamar a Pastrana para cuestionarlo o por lo menos para exigirle que aclare las dudas que circulan en las redes sociales en torno a su amistad con Epstein y Maxwell, la proxeneta que conseguía las niñas para el “consumo” de miembros de la realeza británica, políticos y empresarios de todo el mundo.

Además de fungir como actores políticos, las grandes empresas mediáticas operan como defensores de oficio de lo que ellos consideran útiles “referentes y faros morales” para una sociedad que, como la colombiana, deviene confundida ética y moralmente. Entonces, el periodismo se encarga de elevar a esa condición a deportistas que luego terminan siendo ídolos de papel y a expresidentes de la República a los que les rinden pleitesía como si se tratara de miembros de la realeza criolla. Ni siquiera cuando la justicia emite fallos condenatorios en contra de los exmandatarios, la prensa es capaz de cuestionarlos públicamente hasta obligarlos al retiro forzoso de la vida pública. Esa actitud complaciente con quienes ejercieron el poder (hombres) y muchas veces con excesos, se explica porque las empresas mediáticas, como agentes del Establecimiento, están obligadas a mantener las formas, las reglas propias del machismo, el clasismo y las correlaciones de fuerza, a pesar de la inmoralidad, el desenfreno y la impudicia de los agentes de poder económico y político.





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