Por Germán Ayala Osorio
El nombramiento de Paola Holguín como ministra de Cultura es coherente con el proyecto político del primer presidente therian del país. Punto para Abelardo. Veamos. Quienes esperaban en esa cartera a una mujer con experiencia en el sector, leída y con reconocidos procesos de formación académica y visos de intelectual se quedaron con los crespos hechos pues el perfil de Holguín se ajusta perfectamente a la línea ético-ideológica trazada por el inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?) que se identifica con un tigre. Sobre este último asunto señalo que el nicho ecológico de ese particular felino está fundado en su carácter depredador.
Quizás por ello, y en términos
prácticos, Holguín, la hija de Frank Holguín, el testaferro
de Pablo Escobar estaría habilitada para evitar la consolidación de las prácticas culturales de los grupos étnicos cercanos a
la vida comunitaria, al progresismo y a la izquierda. Más claro: Holguín llega
a la cartera de cultura para debilitar procesos de consolidación cultural
comunitaria. Al final, la hija de Frank fungiría como una especie de “depredadora
cultural” de lo diverso y plural. ¡Firmes por la hegemonía cultural!
Recordemos que Abelardo viene hablando de "guerra cultural" y "contrarrevolución cultural", conceptos que hacen parte de la narrativa anti progresismo que viene naturalizando con la ayuda de las empresas mediáticas que en el pasado fueron uribistas y ahora son abelardistas. Con la llegada de Holguín el país podría acercarse a los hechos narrados en la novela 1984 de George Orwell. El Gran Hermano vigila, aculturiza, desprecia y destripa. Hacia allá puede ir el país.
La línea pintada por el therian
es clara: el regreso al pasado, al conservadurismo,
dogmatismo, al control ideológico y finalmente a la imposición de la cultura
dominante: “blanca, latifundista, precapitalista, rentista, traqueta, negrera y
esclavista”. A lo mejor Holguín, la hija del señalado testaferro del asesino
serial y mafioso Pablo Escobar, logra poner en marcha el panóptico cultural que
necesita esa “patria
milagro” en la que no tienen cabida la pluralidad ideológica y cultural.
Paola Holguín, promotora de los “Paolos[1]”- no confundir con los Pepes, por favor-,
podría ser la ministra que mejor representa al therian de la casa de gobierno:
no hila, como De la Espriella, un discurso medianamente coherente y cohesionado.
Su pobreza cultural (discursiva) es incontrastable y al parecer, inconsciente.
El mayor logro de la goda ministra de cultura es haber adorado al expresidente,
expresidiario y congresista Álvaro Uribe Vélez. No tiene nada más que mostrar.
Holguín es la ficha perfecta para
poner en marcha la idea de generar actividades tendientes a unificar y homogeneizar
la cultura. Algo así como el pensamiento único o el unanimismo ideológico
elevado a la categoría ministerial. ¿Paola Holguín se atreverá a “patear a ese perro muerto”
llamado Ministerio de las Culturas, las Artes y Saberes con el que el gobierno
saliente intentó darle voces a la diversidad?
Con todo y su voz “chillona”,
Paola Holguín representa la negación del pensamiento crítico que acompaña a las
disímiles prácticas culturas en un país que desdice de sus propios procesos de
mestizaje, lo que explica el clasismo, el racismo y la aporofobia que alimenta De
la Espriella. Y, por último, la designación de Holguín manda un mensaje
ético-político a los sectores de poder económico y político mafioso de Antioquia,
tierra de donde es oriunda la “inculta” ministra de la cultura. Una forma de
legitimar la “cultura mafiosa” que se naturalizó en Medellín y sus alrededores.
La alborada es el ejemplo más visible de la permanencia de esa “cultura” que
une a los millones que votaron por el therian.
[1] “Los Paolos' fue el movimiento uribista que promovió
la valla publicitaria que cuestiona la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP),
en la que se pregunta "Tú, ¿de qué lado estás?" Y da dos opciones de
respuesta: "Victimas – No JEP" o “Victimarios – JEP".