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sábado, 23 de mayo de 2026

¿QUÉ PASÓ DESPUÉS DEL TINTO ENTRE VALENCIA Y FAJARDO?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El café entre Paloma Valencia Laserna y Sergio Fajardo Valderrama terminó siendo un encuentro para insistir en la narrativa catastrofista con la que la derecha, incluida la uribizada, espera contrarrestar un eventual triunfo de Iván Cepeda Castro, el candidato del gobierno Petro. 

Valencia y Fajardo se cuidaron de hablar de “neocomunismo o castrochavismo”, pero Paloma Valencia usó los vocablos estatismo y abismo en los que confluyen sus manidas frases “hay que recuperar a Colombia porque está en riesgo la democracia, el equilibrio de poderes, la constitución y las libertades”.

Fajardo, entre tanto, aprovechó la “espontánea” invitación de la ungida del expresidente Uribe para tratar de borrar su pasado uribista y en particular su admiración hacia el político antioqueño que Valencia supo recordarle: “Usted conoce al doctor Uribe. Usted trabajó con él cuando fue alcalde de Medellín”, le dijo la nieta de Guillermo León Valencia. Entre tanto, el visitador de ballenas en Nuquí no oculta su obsecuencia con el exmandatario y exconvicto, a quien insiste en llamar “presidente”. Quizás su equipo asesor le recomendó que asociara a De la Espriella con el expresidente Uribe, como respuesta a la "insolencia" de Paloma que le recordó a Fajardo su militancia en el uribismo. La incomodidad de Valencia Laserna fue evidente.

¿A quiénes la hablaron Valencia y Fajardo? Al parecer, el exalcalde de Medellín en los tiempos de Don Berna le habló a los indecisos, a los sectores que creen en un fantasmal centro; a las altas cortes y a específicos agentes económicos de la sociedad civil a los que Fajardo defendió en el pasado, pero que hoy están con Abelardo de la Espriella. Este perfumado abogado es la mezcla perfecta entre neoliberalismo económico y un Estado militarista: formas de violencia simbólica, física e institucional con las que pretenderá echar para atrás las reformas sociales de Petro, la reforma agraria y todas aquellas acciones que resultaron beneficiando al pueblo trabajador y campesino.

Mientras que Valencia Laserna le envió mensajes a la derecha uribizada que la siente “tibia” e incapaz de gobernar al país, frente a la propuesta de mano dura que ofrece De la Espriella. También a la no uribizada que está apoyando la candidatura del abogado penalista que admira a los presidentes Milei y Bukele.

En medio de mutuos y melifluos halagos, Fajardo y Valencia se tomaron un tinto que de poco o nada servirá para cambiar la realidad política y electoral definida en las candidaturas y las disímiles visiones de país que tienen Cepeda y De la Espriella. Mientras que Cepeda le apuesta a consolidar las reformas sociales sin cambiar el modelo económico y político, Abelardo de la Espriella les ofrece a los colombianos el regreso de la seguridad democrática y la devolución del Estado a quienes por derecho natural deben explotar: la clase política tradicional que de manera ladina el “tigre” critica en la plaza pública y niega apoyos. 

Para enfrentar los fríos, pero preocupantes guarismos de la reciente encuesta de Invamer, Fajardo apeló a la ya conocida estrategia de generar miedo e incertidumbre. El exgobernador de Antioquia considera que el llamado de Petro a una Asamblea Nacional Constituyente es una “declaración de guerra” que terminará en un estallido social. Y se presentó como un defensor de la constitución de 1991, eso sí, de su carácter formal, esto es, sin profundizar derechos que incomoden a la élite que Fajardo siempre defendió y defiende. 

Al final, Fajardo y Valencia comparten el mismo proyecto de país: el de los privilegios para banqueros y clase empresarial rentistas y precapitalistas; el de la violencia legítima del Estado, aplicada y extendida a sectores de izquierda; el de una democracia procedimental y formal pensada no para garantizar derechos y una vida digna para las grandes mayorías, sino en una difícil de aplicar a las realidades de la “Colombia profunda” y la de los cinturones de miseria de las urbes.

El tinto terminó en un trago amargo para quienes ante las cámaras se muestran preocupados por la polarización y la violencia verbal y física entre petristas y uribistas, pero que saben que de llegar Abelardo de la Espriella al Solio de Bolívar ellos recibirán los beneficios que se merecen por haber defendido durante su vida política a los agentes del viejo Establecimiento que hizo de Colombia uno de los países más desiguales del mundo. Al final, Valencia Laserna y Fajardo Valderrama son derechosos, neoliberales y  uribistas.

viernes, 22 de mayo de 2026

A PROPÓSITO DEL CAFÉ ENTRE FAJARDO Y PALOMA VALENCIA

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Paloma Valencia Laserna invita a Sergio Fajardo Valderrama a tomar juntos un café, justo después de la última encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, en la que el candidato Abelardo de la Espriella supera en intención de voto a la congresista caucana.

Fajardo aceptó tomarse el tinto con Valencia y propuso que el encuentro y la tomada del café se hagan de cara al país; además, el exgobernador de Antioquia insistió en que el país necesita de un cambio serio, resultado de la superación de la polarización atada a los nombres de Petro y Uribe. Ese es el estribillo con el que Fajardo evita criticar la corrupción de las EPS, la avaricia de los banqueros y otros miembros del Establecimiento colombiano. La tibieza de Fajardo deviene atada a su deseo de seguir siendo una ficha del viejo régimen de poder, pero esta vez sirviéndole desde la Casa de Nariño.

La rápida respuesta de Fajardo a Paloma Valencia se explica porque su campaña, de acuerdo con la encuesta de Invamer, no despegó: no supera el margen de error. Bajo esa circunstancia el matemático antioqueño se sigue vendiendo como el único capaz de “superar la polarización”. Fajardo asume la polarización como un perverso, inmoral, perjudicial y enfermizo fenómeno psico-social, cultural y político que impide al país superar problemas estructurales como la corrupción, pobreza, desigualdad, inseguridad urbana y la violencia en el campo, así como el subempleo, entre otros. Fajardo reduce la complejidad de los problemas del país al cruce de improperios y narrativas violentas entre petristas y uribistas. Y a partir de ese reduccionismo, Fajardo evita hablar de profundizar los cambios sociales en los que el gobierno Petro logró avanzar a pesar de la oposición de las altas cortes y el Congreso.

La polarización existe o se presenta porque hay dos modelos muy diferentes de pais: el que impuso con violencia la derecha y consolidó el uribismo y el del progresismo en cabeza de Petro. El primero representa la codicia de la clase dirigente y el segundo el despertar de los subordinados y sometidos por la élite política y económica tradicional. 

Fajardo olvida que Petro gobernó cuatro años bajo las condiciones hostiles propias de una sociedad escindida y unos medios masivos que impulsaron, validaron y coadyuvaron a que la polarización política y la crispación ideológica dividieran al país no entre petristas y uribistas, sino entre quienes reconocen que hay una élite perversa que privatizó el Estado y lo puso a su servicio; y otros que defienden a ese minúsculo grupo de privilegiados a los que poco o nada les importan los derechos de las grandes mayorías.

El café entre Paloma Valencia y Fajardo está lejos del sentido filantrópico, solidario y generoso que se le reconoció mundialmente a la campaña el “café pendiente”. Entre estos políticos uribistas hay exclusivamente cálculos electorales y políticos. Ellos tomarán café excelso, convencidos de que el resto de sus connacionales están obligados a tomar “pasilla”.

El encuentro entre Fajardo y Valencia puede responder más a una estratagema del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe de mostrar que la campaña de su ungida necesita del “centro” que Fajardo representa, mientras que él mismo -y no de cara al país- le está apostando a que sea De la Espriella el gallo que le dé la pelea a Iván Cepeda Castro.

En cualquier caso, el tinto que se tomen Fajardo y Valencia y los acuerdos a los que puedan llegar a pocos días de la primera vuelta presidencial de nada servirán para cambiar que Cepeda podría convertirse en Presidente sin necesidad de una segunda vuelta y que De la Espriella, el Bukele criollo, es la apuesta de los Gilinski, de Uribe y millones de colombianos que insisten en mantener el “estado de cosas inconstitucional” que nos hace ver ante el mundo como una sociedad premoderna y una élite rentista, precapitalista, violenta, torpe e incapaz de guiar los destinos del país bajo criterios democráticos y llevar a Colombia a estadios civilizatorios y de un superlativo bienestar para todos.




Imagen tomada de Semana.com 

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