Por Germán Ayala Osorio
A pocos días de la primera vuelta
presidencial, bien la pena advertir que la derecha, uribizada o no, y la ultraderecha,
cuentan con tres candidatos presidenciales. Se trata de Paloma Valencia
Laserna, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo Valderrama. Este último
viene intentando desmarcarse del uribismo y del expresidente Uribe. Se trata,
por supuesto, de una estrategia electoral y política que al parecer no le está
funcionando.
Paloma Valencia, Abelardo de la
Espriella y Sergio Fajardo son fichas del viejo Establecimiento: son
neoliberales, creen a pie juntillas en que la “mano invisible” del mercado es
suficiente para garantizar el bienestar colectivo; igualmente, defienden la
doctrina aquella de la “violencia legítima del Estado” a pesar de su histórica
ilegitimidad, fruto de una debilidad provocada que, con el tiempo, facilitó su privatización
en beneficio de una élite parásita, rentista y precapitalista; además, los tres
son obsecuentes con los “Cacaos” y los gremios económicos. Y lo que es peor, por
acción u omisión, coadyuvan a la consolidación del ethos mafioso que se naturalizó
en el país en el periodo 2002-2010.
Las encuestas ubican en un
segundo lugar al converso Abelardo de la Espriella. Se trata de un “machito”
que, con un discurso altisonante y sin un programa de gobierno estructurado, tiene
cautivados a millones de colombianos, de todas las clases sociales, que no
creen en la democracia como sistema político fundado en el diálogo y el respeto
al que piensa distinto, Son, además, ciegos y acríticos consumidores de la
amañada información noticiosa de la prensa tradicional: repiten como loros lo que
dicen Blu radio, La FM, La W (ahora Caracol radio), El Tiempo y noticieros de
Caracol y RCN. Están convencidos de que las noticias divulgadas dan cuenta de la realidad
cuando esos hechos noticiosos hacen parte del proceso subjetivo de construcción
de realidades propio de la lógica periodística.
Como simpatizantes del “Tigre de
Temu” aplauden el porte de armas y el uso de la violencia física: “destripar”
al que piensa distinto es el correlato de aquella realidad discursiva y
doctrina política: quien no está conmigo, está contra mí, y por lo tanto
es mi enemigo y merece ser eliminado física o simbólicamente.
Mientras que De la Espriella intenta
acercarse a los guarismos que respaldan la intención de voto que favorece a
Iván Cepeda Castro, la senadora Paloma Valencia Laserna lidia con el retiro
paulatino del apoyo de su “padre” el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe
Vélez y de otras figuras políticas y económicas que hoy respaldan la campaña del
abogado “mata gatos”.
El amargo café
que compartieron Fajardo y Valencia sirvió para que el primero insistiera en su
intención de tomar distancia de las huestes uribistas y del expresidente Uribe.
Entre tanto, Paloma Valencia con su irreflexivo respaldo al exmandatario antioqueño,
dejaba ver sus debilidades conceptuales y discursivas. Ese encuentro
dejó claro que Valencia Laserna está lista para cargarle las maletas a
De la Espriella.
Valencia, De la Espriella y
Fajardo comparten la inmoralidad que rodea la vida pública del expresidente
Uribe. Recordemos que en el pasado y en dos columnas de opinión publicadas en
El Colombiano, Sergio Fajardo se hincó ante la “grandeza” y la capacidad del
entonces gobernador de Antioquia. El
mismo que está ad-portas de ser procesado por las masacres del Aro y La Granja.
Fajardo Valderrama “…es un
político carismático, apocado, mesurado, tibio, posudo y políticamente
farsante. Esto último porque siempre ha negado su cercanía con el uribismo y en
particular con el expresidente Uribe Vélez a pesar de sendas columnas que hace
años publicó en El Colombiano en las que exaltaba al político antioqueño que
fungía como gobernador de Antioquia: Uribe, el hombre (1994) tituló la
columna y señaló en el texto de opinión que aquel era “uno de los pocos
políticos que en la historia reciente del país ha dignificado la actividad
política»[1].
Por todo lo anterior, si Usted no
hace parte de la élite, viene de abajo y lucha a diario por garantizarse una
vida digna para su familia, está obligado a votar activando aquello que llaman
la “conciencia de clase”, lo que implica abstenerse de sufragar por cualquiera
de los candidatos de la derecha que aquí expongo. Si no le gusta el proyecto de país de Iván
Cepeda y si de verdad quiere ser coherente y responsable con el país, es preferible
que vote en blanco o se abstenga de votar. Recuerde: De la Espriella,
Valencia
y Fajardo
son fichas de los agentes del Establecimiento responsables de que Colombia ocupe
los primeros lugares en corrupción público-privada y desigualdad social,
consecuencia de la captura mafiosa del Estado.