jueves, 21 de mayo de 2026

LOS TRES ESCENARIOS EN UN GOBIERNO DEL “TIGRE”

 


Por Germán Ayala Osorio

 

De acuerdo con la más reciente encuesta de Invamer, publicada en Noticias Caracol, lo más probable es que Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella pasen a la segunda vuelta presidencial. Imaginemos por un momento que el abogado que grita “Firme por la Patria” y que se auto representa como un Tigre se sentará a partir del 7 de agosto en el Solio de Bolívar. En esta columna expongo tres escenarios posibles que generaría un gobierno del señalado miembro de la ultraderecha.

Escenario 1. La proscripción de la ética.

De la frase “la ética nada tiene que ver con el derecho” se desprenderían los protocolos y formas regladas con las que gobernaría el abogado cordobés, lo que conllevaría al destierro de todas las deontologías profesionales incluidas por supuesto la del ejercicio del derecho, una de las profesiones sobre las que pesa un negativo imaginario colectivo por las acciones inmorales, ilegales, mafiosas e ilegítimas de magistrados en lo que se conoce como el Cartel de la Toga.

La tristemente célebre frase del penalista, amigo y defensor de Alex Saab, operaría como una suerte de mandato con el que el país regresaría a los tiempos del Todo Vale que sirvió para naturalizar, entre el 2002 y el 2010, el ethos mafioso que se entronizó en los sectores privados y públicos.

En lugar de la ética y los mandatos deontológicos la moral religiosa oficiaría como una suerte de deber ser exigido sin piedad por la Policía Moral que De la Espriella activaría para someter a quienes se atrevan a confrontar las “buenas costumbres de la gente de bien”, esto es, aquellos con linaje y en ejercicio del derecho natural que les da licencia para imponerse sobre aquellos que apenas sobreviven y respiran sin alcurnia alguna.

Escenario 2. Mano Firme por la Patria.

De la Espriella usa el saludo militar para acercarse al mundo castrense y a quienes creen a pie juntillas que la sociedad colombiana necesita ser disciplinada con “mano de hierro”, con la firmeza propia de padres violentos, siguiendo la lógica aquella de “la letra con sangre entra”. El Estado Gendarme y sus agentes policiales actuando desde la lógica del panóptico para vigilar y castigar a maleantes, impíos, académicos críticos del sistema y del gobierno; poetas, bohemios y ambientalistas, entre otros más ciudadanos asumidos por De la Espriella y su gobierno como ciudadanos incómodos e innecesarios para el sistema económico. Por supuesto que indígenas, campesinos y negros harían parte de ese grupo de ciudadanos, candidatos a ser eliminados simbólica y si llegase el caso, físicamente. El candidato habló de “destripar”.

La “Patria Milagro” con la que sueña el perfumado “filipichín” es el resultado de la combinación del neoliberalismo económico, el capitalismo salvaje, la consagración de los rentistas y precapitalistas, así como el individualismo exacerbado; todo lo anterior arropado por una sociedad sometida por el miedo a ser castigada por agentes estatales dispuestos a subyugar a los ciudadanos críticos y diferentes.

Escenario 3. El Espejo de Uribe.

Con sus 10 mega cárceles privadas por las que el Estado pagaría por cada preso, esta especie de Bukele, un poco más histriónico, corroncho y dicharachero, cumpliría el sueño húmedo de encarcelar bandidos, tatuados, marihuaneros y jóvenes protestantes, vistos previamente como “terroristas urbanos”.

El plan de gobierno de Abelardo de la Espriella se parece mucho al Manifiesto Democrático los 100 puntos de Uribe. En el punto 36 de aquel documento con el que Uribe “conquistó” a millones de colombianos se lee: “Ensayar cárceles privadas. El Estado pagará por interno. Las cárceles deben formar en principios y en un oficio técnico. Como Gobernador de Antioquia instalé una fábrica de gaviones en la cárcel de Bellavista. Exención tributaria para los empresarios que produzcan en las cárceles”.

En el punto 33 De la Espriella coincide con el violento ideario del expresidente Uribe: “Necesitamos un estatuto antiterrorista que facilite la detención, la captura, el allanamiento. A diferencia de mis años de estudiante, hoy violencia política y terrorismo son idénticos. Cualquier acto de violencia por razones políticas o ideológica s es terrorismo. También es terrorismo la defensa violenta del orden estatal”.

Lo expresado en los puntos 7 y 8 del Manifiesto Democrático inspira al abogado catador de vinos y coleccionista de armas de fuego: “7. La Presidencia será austera para dar ejemplo. Gastará menos en burocracia para invertir más, por ejemplo, en pequeña empresa. 8.  Menos Congreso, menos consulados y embajadas. Menos contralorías, menos vehículos oficiales. A cambio más educación, más salud, más empleo productivo”.

Finalmente, este padre de familia y ateo converso parece haberse aprendido el punto 24 de los 100 puntos de su admirado “presidente Uribe”: “El padre de familia que da mal ejemplo, esparce la autoridad sobre sus hijos en un desierto estéril. Para controlar a los violentos, el Estado tiene que dar ejemplo, derrotar la politiquería y la corrupción”.

A juzgar por los resultados que en materia de lucha contra la corrupción, el respeto a los derechos humanos, y a los pesos y contrapesos de la democracia que dejó Uribe después de sus ocho años de gobierno, este tercer escenario sería el regreso a los tiempos del Embrujo Autoritario y, por qué no, de los crímenes de Estado, mal llamados “falsos positivos”.

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