Por Germán Ayala Osorio
El terremoto que sacudió a
Colombia este 10 de agosto cogió al nuevo gobierno apenas instalándose, en
medio de decisiones caprichosas que terminaron por ralentizar la respuesta
estatal a semejante desafío. El primer error-capricho fue no aceptar el empalme
con el gobierno saliente, lo que para el caso de la UNGRD implicó caminar a ciegas
e improvisar respuestas tempranas y efectivas a la tragedia. Lo mismo sucedió en
carteras ministeriales claves para responder institucionalmente. El segundo error-capricho
del therian presidente tiene que ver con su decisión de gobernar desde
Barranquilla. Las consecuencias fueron evidentes: nadie lideró, desde la UNGRD
y durante las primeras horas después del terremoto acciones de respuesta institucional
a la crisis generada por el terremoto de magnitud 7.4. Por no estar en Bogotá,
la instalación del PMU se demoró más de cuatro horas en iniciar porque De la
Espriella estaba en Barranquilla.
Lo que vino después fue improvisación
y toma de decisiones sobre la marcha que dan cuenta de una evidente falta de
coordinación institucional. Pero hay más. De la Espriella llegó a la
presidencia sin experiencia alguna en la función pública a la que hay que sumar
su falta de criterio para tomar decisiones con visión sistémica, apoyado en la
comprensión rápida de la complejidad que acompaña el enorme desafío de
enfrentar el desastre humanitario que siempre acompañan la ocurrencia de esos
eventos sísmicos de gran envergadura como el ocurrido. De la Espriella no
conoce las dinámicas presupuestales y las lógicas que hay detrás de la enredada
dinámica de traslados de dinero y contratación oficial.
Esa falta criterio y su nula
visión sistémica se desprenden de su personalidad y formación profesional. De
la Espriella está acostumbrado, como abogado picapleitos, a casar peleas
judiciales y políticas. Más nada. A lo anterior se suma que por ser un defensor
de la tradición y del Establecimiento jamás desarrolló el pensamiento crítico y
la capacidad de recrear en su mente soluciones a partir criticar las complejas
realidades que acompañan a la dupla Estado-Sociedad. Además, el therian
presidente es un costeño mamador de gallo que no parece tomarse en serio nada.
Consecuencia de lo anterior: De
la Espriella no sabe establecer prioridades. Y lo demostró muy claro en las
primeras horas en las que le tocó atender una tragedia para la cual nadie está
preparado, pero que se puede enfrentar y minimizar sus efectos si se tienen las
herramientas conceptuales y actitudinales que evidentemente no tiene el presidente
de los colombianos. Dar instrucciones a su ministra de Cultura para restaurar
la iglesia de Manizales es el ejemplo claro del padecimiento del jefe del
Estado: no sabe establecer prioridades. Ese anuncio, si se quiere, lo pudo
hacer en privado, pero en público, cuando ya en las redes y luego la prensa
tradicional registraban la magnitud del desastre, resulta inaudito e incluso
provocador. Un presidente que prioriza reparar una edificación religiosa, por
importante que sea para la sociedad conservadora y camandulera de Manizales, no
actúa como jefe de Estado, sino como pastor. En una de sus declaraciones dijo: Dios proveerá. Una forma sutil de evitar asumir responsabilidades.
Luego vino la decisión de no
aceptar la ayuda de varios países entre ellos China, Brasil y México para
atender a los damnificados y especialmente en la búsqueda de personas y animales
sepultados bajo toneladas de escombros de unidades residenciales y edificios que
colapsaron. Se aceptó, finalmente, ayuda de los Estados Unidos, El Salvador e
Israel. En esa decisión el director de la UNGRD esgrimió un argumento “técnico”
deleznable: “solo van a recibir equipos de búsqueda y rescate de los
países que cumplen con los protocolos internacionales”. Por supuesto que
el argumento es tan débil y mezquino que no alcanza a tapar los motivos reales
que lo llevaron a rechazar más ayuda internacional: el alineamiento con los
Estados Unidos obliga al gobierno de Abelardo de la Espriella a negarse a
recibir ayuda de países con gobiernos de izquierda o “comunistas” como China.
De la misma manera como caleños, vallecaucanos,
pereiranos, chocoanos y manizalitas van comprendiendo con el paso de las horas
y los días la dimensión de la tragedia humanitaria generada por el terremoto,
el resto de la sociedad colombiana no afectada por el sismo va entendiendo que
De la Espriella no está preparado para gobernar a Colombia. Su falta de
seriedad lo lleva a mantener el ridículo saludo militar, el grito de guerra firme
por la patria y lo que es peor, a sonreír y lanzar besitos como si estuviera
montado en una carroza carnavalera. De seguir así, superará con creces lo hecho
por Iván Duque Márquez con quien comparte ese carácter fatuo e infantil de
quienes un día cualquiera y por arte de birlibirloque amanecieron con la banda
presidencial.
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