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viernes, 18 de septiembre de 2026

JEP, PLAZAS VEGA Y LA DICTADURA CIVIL QUE SE AVECINA



Por Germán Ayala Osorio

 

Entre la asfixia económica a la que el gobierno pretende someter a la JEP y el respaldo que a nombre del Estado le dio De la Espriella al excoronel Alfonso Plazas Vega días antes de conocerse el fallo judicial que lo absolvió de responsabilidad en el caso de la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas asesinado por miembros del Ejército, hay un proyecto político-militarista de mediano y largo plazo que sectores societales aún no perciben la posibilidad de su ocurrencia. Al final de la columna expongo, a manera de hipótesis, lo que se estaría cocinando en la Patria Milagro.

A la pretensión de ahogar económicamente al tribunal de paz y justicia restaurativa recortando sus recursos para operar, se suma el proyecto de reforma constitucional que se discute en la Comisión Primera del Senado con el que se busca que todas las sentencias y actuaciones de la JEP en contra de miembros de la fuerza pública sean revisadas por la Justicia Penal Militar, instancia históricamente proclive a garantizar la impunidad de los uniformados procesados bajo esa jurisdicción.

La JEP siempre fue incómoda para los sectores castrenses que asumieron la operación del alto tribunal de justicia transicional como un mecanismo vindicativo de la izquierda y las Farc-Ep por los golpes que el Ejército le dio a la cúpula de esa organización armada ilegal durante los dieciséis años de uribismo (entre Uribe y Santos), incluidos los mal llamados falsos positivos; y por supuesto la participación de agentes uniformados en el exterminio de la Unión Patriótica (UP) y sus probadas relaciones con las estructuras paramilitares; todos hechos políticos y simbólicos que enlodan la imagen de las fuerzas militares colombianas.

El relato de Álvaro Uribe frente a los “falsos positivos”, como presidente y expresidente, siempre apuntó a desprestigiar a los magistrados de la JEP quienes, a juzgar por el político antioqueño, presionaban a los militares comparecientes a reconocer sus responsabilidades en las ejecuciones extrajudiciales. De la Espriella, consagrado uribista, está recogiendo los pasos de su mentor para dar el golpe definitivo contra la JEP.

Esos crímenes de Estado, a decir de varios altos oficiales que terminaron en la JEP para obtener beneficios judiciales, se dieron en virtud de las presiones de la cúpula militar y de las directrices emanadas por el Ejecutivo que hicieron posible encontrar patrones en esa sistemática práctica criminal.  Recordemos la exigencia de Uribe de obtener más y mejores resultados operacionales y el criterio castrense expresado en la frase del general Mario Montoya Uribe, “a mí no me traiga detenidos, denlos de baja”.

Convertir en un asunto de Estado la defensa política y jurídica de Alfonso Plazas Vega, demandado civilmente en los EE. UU. por la tortura al magistrado Carlos Horacio Urán Rojas en los hechos de la retoma del Palacio de Justicia es una decisión política de Abelardo de la Espriella con la que confirma su perfil militarista, acompasado con su ridículo saludo militar y grito de guerra, “firme por la patria”.  El jefe del Estado llamó “héroe de la Patria” al exmilitar que hizo parte de la cruenta retoma del Palacio de Justicia, asaltado por un piquete de criminales del M-19.

La postura del pastor-presidente se explica por su intención manifiesta de borrar las verdades derivadas de fallos condenatorios contra los superiores de Plazas Vega que convirtieron la retoma del Palacio de Justicia en una oportunidad para vengarse, a cualquier costo, del M-19, grupo guerrillero que los había ridiculizado en la pasado con la extracción de cinco mil armas del cantón norte de Bogotá a través de un túnel. La absolución de Plazas Vega por un tribunal civil de los Estados Unidos, compuesto por jurados que jamás se tomaron el trabajo de comprender el contexto y las circunstancias en el que debía instalarse el crimen del magistrado, reinstalan en el país el azaroso y miedoso ambiente pro castrense que vivimos durante los gobiernos de Turbay Ayala, Belisario Betancur y Álvaro Uribe.

Insisto: esa defensa patriótica del excoronel de Caballería, Alfonso Plazas Vega está conectada ideológica y políticamente con la decisión económica y política del gobierno de Abelardo de la Espriella de asfixiar económicamente a la Justicia Especial para la Paz (JEP). Ese alto tribunal viene aportando, con sus investigaciones y fallos de condena moral contra militares y guerrilleros de las extintas Farc-Ep, a la construcción de un relato nacional en torno a la degradación moral que sufrieron en su interior esos dos actores armados. A manera de hipótesis señalo que una vez se logre la asfixia, la desaparición de la JEP y reversadas sus condenas morales y la verdad judicial alcanzada en sus años de operación, la derecha se prepara para tramitar una reforma constitucional que reviva la reelección presidencial inmediata de Abelardo de la Espriella Otero. De esa manera, se consolidaría el régimen de mano dura que necesitan los sectores retardatarios que apoyan al presidente de la República para poder ganar la batalla cultural o proyecto de regeneración ideológica que ya inició.

Limpiar la imagen de los militares, imponer la narrativa oficial que indica que las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) es una invención de la izquierda para desprestigiar a la política de seguridad democrática, reducir libertades ciudadanas al estilo del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala y si es el caso volver a las prácticas que permitieron el aniquilamiento en el pasado de la UP, pero esta vez aplicadas a los progresistas señalados por De la Espriella como “enemigos de la patria”, hacen parte de las tareas que se ejecutarían una vez se logre la continuidad del actual gobierno. 

Lo que viene haciendo Bukele en El Salvador es el referente ético-político que guiaría a quienes quieren llevar al país hacia una dictadura civil (gobierno autoritario con visos fascistas), en manos de un “civil” que piensa como militar, saluda como militar, manotea y grita como general de brigada y lo que es peor, se disfraza de militar.




JEP, PLAZAS VEGA Y LA DICTADURA CIVIL QUE SE AVECINA

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