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martes, 25 de agosto de 2026

EL VOTO MILITAR, OTRA VEZ

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Cada cierto tiempo la derecha militarista colombiana vuelve a proponer que los militares puedan votar, es decir, que puedan deliberar y meterse de lleno, con las armas en las manos, en los debates públicos y privados en torno a candidaturas presidenciales.

En el pasado, desde el Partido de la U- en el 2018- y el Centro Democrático- en el 2020, alborotaron el avispero con el espinoso asunto que le apunta a modificar la Constitución, en particular el artículo 219 que señala que “la fuerza pública no es deliberante; no podrá reunirse sino por orden de autoridad legítima, ni dirigir peticiones, excepto sobre asuntos que se relacionen con el servicio y la moralidad del respectivo cuerpo y con arreglo a la ley. Los miembros de la fuerza pública no podrán ejercer la función del sufragio mientras permanezcan en servicio activo, ni intervenir en actividades o debates de partidos o movimientos políticos”.

Ahora, en el 2026, la propuesta sale de las manos aún camufladas del senador Germán Rodríguez (Salvación Nacional), mayor retirado de la Infantería de Marina, quien presentó el proyecto de ley con el ya señalado objetivo. La iniciativa legislativa requerirá de un largo y arduo trámite legislativo. Más allá de lo que pueda o no suceder al interior del Congreso, la propuesta cobra mayor relevancia -y peligro- en estos momentos en los que el gobierno de Abelardo de la Espriella Otero lidera el Proyecto de Regeneración Ideológica y Social (PRIS) que ya empezó con la anunciada “batalla cultural” que muy seguramente apelará al uso de la fuerza oficial para disciplinar a los agentes sociales (civiles) que se opongan a las nuevas condiciones que se impondrán en el contexto del PRIS: el retorno a la familia tradicional, educación confesional en todos los colegios, vigilancia y control de lo que se dice en las redes sociales y formación académica universitaria alejada de la dimensión humanística, del pensamiento crítico y sistémico.

Detengámonos un momento para recordar a Martha Nussbaum y lo consignado en su libro Sin fines de lucro, por qué la democracia necesita de las humanidades. Mientras que la autora establece una maravillosa conexión entre educación y democracia, la “batalla cultural” (religiosa) que ya libra el actual gobierno apunta a anular esa conexión en aras de imponer el relato bíblico como verdad absoluta y con éste la obediencia a ciegas a lo que Dios les ordene hacer a militares, policías y al gobierno del pastor-presidente.

Se están produciendo cambios drásticos en aquello que las sociedades democráticas enseñan a sus jóvenes, pero se trata de cambios que aún no se sometieron a un análisis profundo. Sedientos de dinero, los estados nacionales y sus sistemas de educación están descartando sin advertirlo ciertas aptitudes que son necesarias para mantener viva a la democracia. Si esta tendencia se prolonga, las naciones de todo el mundo en breve producirán generaciones enteras de máquinas utilitarias, en lugar de ciudadanos cabales con la capacidad de pensar por sí mismos, poseer una mirada crítica sobre las tradiciones y comprender la importancia de los logros y los sufrimientos ajenos. El futuro de la democracia a escala mundial pende de un hilo”. Sigamos.

Permitir que los militares deliberen y voten constituye un riesgo para la democracia y en particular para el pensamiento liberal, divergente, para la civilidad, el progresismo, y la izquierda; así como para las víctimas de los crímenes de Estado (Falsos positivos), defensores de los derechos humanos y de la paz como camino para ponerle fin al degradado conflicto armado interno y a los objetores de conciencia. El fenómeno paramilitar no pudo haberse consolidado y extendido en el tiempo y por los territorios del país sin la doctrina del enemigo interno que los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos Calderón y Duque ampliaron su aplicación a específicas comunidades que las fuerzas militares y organismos de inteligencia estatal asociaron con la operación de las guerrillas: gente de izquierda, mamertos, músicos, profesores, investigadores sociales y ambientalistas.

Así las cosas, la pretensión del senador Rodríguez llega en el peor momento para la República y en el mejor para el régimen de mano dura que apenas está tomando vuelo en el gobierno del pastor-presidente Abelardo de la Espriella Otero. Ya el país sufrió en el pasado las acciones de los Chulavitas. No vaya a ser que por cuenta de la participación en política de policías y militares broten de las guarniciones y escuelas de Policía los “Abelardistas”, policía moral que a sangre y fuero patrullarían calles y campos para someter a quienes se opongan a las acciones de reconversión religiosa, persecución a impíos, homosexuales progresistas, agentes liberales, tatuados, mechudos y miembros de la población LGTBIQ+, ambientalistas y opositores a la minería y al fracking, entre otros, considerados como ciudadanos incómodos para el régimen proto teocrático que en ciernes le apunta a disciplinar a millones de colombianos que perdieron el rumbo, es decir, que se salieron del rebaño.


EL VOTO MILITAR, OTRA VEZ

  Por Germán Ayala Osorio   Cada cierto tiempo la derecha militarista colombiana vuelve a proponer que los militares puedan votar, es d...