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viernes, 11 de septiembre de 2026

ACERCAMIENTOS PETRO Y CLAUDIA LÓPEZ




Por Germán Ayala Osorio

 

La posibilidad de que el expresidente Gustavo Petro y Claudia López Hernández limen asperezas y logren reunirse de nuevo en torno a las ideas progresistas y al Pacto Histórico (PH), suena inconveniente hasta tanto el PH no haga un auto análisis de lo positivo y negativo que dejó el paso de Petro por la Casa de Nariño. Además de revisar críticamente el papel que hasta ahora están desempeñando como fuerza opositora al actual gobierno.

Para reencontrarse, tanto López y Petro deben estar dispuestos no solo a tomarse un café y superar las desavenencias y mutuas acusaciones de traiciones, sino a revisar el lugar que piensan darles a sus liderazgos de cara a las elecciones regionales, a las presidenciales en el 2030. Y lo más importante: unirse para enfrentar los desafíos sistémicos-verdaderas amenazas- que implica para el país, la sociedad, la biodiversidad y el carácter laico del Estado los visos autoritarios y fascistas de Abelardo de la Espriella, el primer pastor y therian en convertirse en presidente de la República.

López Hernández arrastra ya un fuerte desgaste en su imagen como mujer política. Su oportunismo y “veletismo” político e ideológico menguaron su legitimidad y carisma, lo que hace pensar en que su reencuentro con Petro en lugar de servirle a la causa progresista podría resultar contraproducente. Ese examen lo deberán hacer Petro y López y sus equipos de trabajo más cercano.

La condición de Petro como expresidente de la República igualmente puede jugar a favor o en contra del progresismo en su tarea de “reinventarse” después de reconocer los graves errores que se cometieron durante el gobierno Petro.

Es claro que se requieren de nuevos liderazgos y dinámicas. El caso de Iván Cepeda debe ser revisado con urgencia. El excandidato presidencial y congresista exhibe hoy una imagen desgastada que se suma a su acartonado perfil academicista y nulo carisma. Es tiempo de mirar los perfiles de mujeres como la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba Curi y la exministra Carolina Corcho. Para ello, el machismo que le impidió a la segunda convertirse en candidata presidencial debe ser proscrito de las entrañas del PH. Al igual que las rencillas entre mujeres al interior de esa colectividad.

El PH debe entender y aprender de los errores cometidos durante la campaña electoral y revisar muy bien los aciertos del proyecto populista, con visos fascistas, que encarnó y encarna De la Espriella. Enfrentar a las granjas de bots, al discurso religioso, moralizante y peligrosamente estigmatizante que el actual gobierno dejará consolidado y a la prensa hegemónica que aceptó sin chistar la censura oficial a dos periodistas y al caricaturista Vladdo amerita sentarse a analizar estrategias para enfrentar semejante desafío.

Hay que examinar con juicio el liderazgo y la forma de gobernar de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Y en particular, el manejo que le ha dado a las siempre conflictivas relaciones políticas con el degenerado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Los cuatro años en la Casa de Nariño representaron para el progresismo una oportunidad única para cambiar o modificar en algo las costumbres políticas en un país como Colombia en el que el ethos mafioso se naturalizó de tal modo que la política es asumida como una forma de negocio y bolsa de empleo a la que se llegan de muy diversas maneras con un solo objetivo: enriquecerse o por lo menos sacar tajadas millonarias.

La idea y propuesta del cambio se le vendió al país en términos maximalistas y utópicos. Lo mismo ocurrió con la Paz Total, una suerte de utopía político-militar fincada en una lectura ingenua de las realidades contextuales de unos grupos armados ilegales que perdieron hace rato su naturaleza política: son estructuras mafiosas. Punto.

Al final, esa utopía y ese maximalismo terminaron haciendo parte constitutiva de la espada de Damocles que pesadamente cayó sobre el proyecto progresista y sus más representativas figuras: el presidente Petro y su círculo más cercano de áulicos, casi todos del M-19. Petró dejó por fuera a congresistas que de tiempo atrás venían luchando en espera del momento de ser gobierno. Pero vendría lo peor: las pruebas fehacientes que confirmarían que la corrupción pública y privada jamás será proscrita por una razón fundamental: hace parte de la cultura, esto es, es una forma de ser y estar en el mundo y relacionarnos.

Que hubo corrupción, por supuesto; que se cometieron garrafales errores, claro que sí; y que se despreciaron genuinos liderazgos en los territorios por favorecer a esbeltas figuritas mediáticas que la prensa hegemónica llamó las “mariposas amarillas” de Petro, resulta innegable. El caso de Juliana Andrea Guerrero, confesa y condenada corrupta, confirma que el presidente Petro se equivocó al “retar al país” con ella por ser “joven y revolucionaria”, quizás como una manera de ocultar o proteger a quienes estuvieron detrás de esa figura emergente y prominente en la que quiso convertirse la señora Guerrero. Al final, terminó mal y afectó en materia grave la credibilidad del Pacto Histórico.

Las fuerzas progresistas están en mora de auto evaluarse. Y ello incluye examinar con criterio la conveniencia o no del regreso de Claudia López a las propias huestes. Que lime asperezas con Petro está muy bien como gesto y mensaje de reconciliación en un país sumergido en odios y venganzas; pero hay que revisar muy bien lo que aportaría la exalcaldesa de Bogotá al renovado proyecto político que debe salir si entienden que deben auto examinarse e incluso repensarse. Lo hecho por los cinco congresistas del PH en la Comisión de Absoluciones de la Cámara de Representantes es vergonzoso porque podría significar un pacto por la impunidad en favor del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Son muchos los temas que deben tocarse al interior de la colectividad si de verdad quieren ser nuevamente alternativa de poder. 

 

 


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