Por Germán Ayala Osorio
El proyecto político del recién posesionado
presidente de la República está atado al poder de específicos clanes regionales
y subregionales. Sus ejecutorias irán de
la mano de un hombre caribe como De la Espriella al que como agente gringo poco
le interesa que exista en el país un relato nacional que permita pensar y ver un
ejercicio de la política que apunte a consolidar un desarrollo y bienestar equitativo
que ayude a borrar el centralismo bogotano y sus espejos en regiones claves para
cualquier aventura electoral como la costa Atlántica.
Bajo esas lógicas regionales,
contaminadas por un ethos mafioso visible por los procesos penales, condenas e
investigaciones que en contra de hijos ilustres de esos clanes existen de tiempo
de atrás, se alimenta la fractura de una Nación dominada por familias poderosas
de Barranquilla, viejo centro de poder local que sirve de imán electoral y político
a esas otras familias costeñas que dominan, por ejemplo, el departamento de Córdoba,
lugar asociado a la vida del nuevo jefe del Estado y del saliente presidente de
la República, Gustavo Petro.
En todo lo anterior es posible
anclar las diferencias entre Petro y De
la Espriella: mientras que el primero le apuntó a construir un relato
nacional basado exclusivamente en el reconocimiento étnico-cultural de disímiles
comunidades subalternas, sin tocar la macro estructura sobre la que funciona el
centralismo bogotano, el segundo llega con la falsa apuesta de la descentralización
administrativa pues lo que realmente le interesa consolidar es el poder de las familias
y clanes políticos atados a las dinámicas de las subsedes presidenciales de Cali
y Medellín sometidas a lo que se ordene desde la propia Barranquilla de los
Char.
Y aquí hay un punto de conexión e
inflexión entre las tres sedes presidenciales alternas y el hacer parte del Escudo
de las Américas: el lavado de activo y el narcotráfico, actividades que
agencias gringas como la DEA les interesa controlar bajo el objetivo
estratégico de extender en el tiempo la lucha contra las drogas y otros delitos
conexos y de esa manera mantener el control político sobre los agentes políticos
con aspiraciones presidenciales y la injerencia de los Estados Unidos en los
asuntos internos del país. Todos sabemos que la guerra contra las drogas es una
mera fachada. Más claro: no les interesa
acabar con el negocio, lo que les interesa es potenciarlo, institucionalizar
las rutas y sacar de la ecuación a los grupos ilegales que atacan al Estado.
El desplazamiento del poder bogotano es ficticio por cuanto De la Espriella le debe la presidencia a los más ricos del país que tienen como centro de operación a la capital del país, ciudad que De la Espriella detesta. Ariel Ávila le quita la máscara de la descentralización al nuevo gobierno al recordar que Rodrigo Lara, ministro del Interior, anunció el retiro del proyecto de ley de competencias del Congreso, lo que de acuerdo con el congresista del Partido Verde “sepulta el proyecto que pretendía aumentar el porcentaje de recursos económicos que la nación le transfiere a municipios y gobernaciones”.
Justamente los altos niveles de
atraso del país están profundamente ancorados a las dinámicas de esos clanes políticos
regionales que siempre dejaron ver su incapacidad para construir un relato
nacional. El resultado es claro: edificaron soberanías subnacionales alejadas
de cualquier posibilidad de construir nación. La Selección
Colombia, cuya sede es la Barranquilla de los Char seguirá siendo
presentada por la gran prensa
como lo único capaz de unirnos. Así de frágil y gaseoso es el relato
nacional en un país de regiones manejado por familias y clanes que reproducen las
prácticas endogámicas que les permiten dominar y someter, pero no consolidar un
sentimiento nacional que supere la problemática riqueza de ser un país de
regiones, dirigido por clanes y familias acostumbradas a manejar el Estado en
todos sus niveles bajo las lógicas de las camarillas, sectas, bandas o
pandillas legitimadas por la fuerza de la tradición.
El profesor Édgar Revéiz, en su
libro Democratizar para sobrevivir señala que “la crisis del
Estado resulta, pues, de que existen éticas de grupos de interés
(mesocontratos) y no de la nación: las instituciones públicas se crean y crecen
por adivitidad. Cada nuevo grupo que adquiere poder crea nuevas instituciones
con amplio grado de libertad”. Al final, el Estado opera como un orden
fruto de la sumatoria de intereses sectoriales y de clanes políticos a los que
lo que menos les interesa es la consolidación de un Estado nacional al servicio
de todos los que viven y transitan por el territorio.
Bajo el poder de las camarillas o
pandillas regionales Colombia seguirá siendo el mismo país. Ahora sí que menos
transitaremos hacia estadios de modernidad pues De la Espriella está dispuesto a
revivir lo hecho por Rafael Núñez en los tiempos de la “Regeneración”.
Familia tradicional (papá, mamá e hijos), el regreso del Estado confesional, la
estigmatización de agnósticos y ateos y el vehemente rechazo público de las
prácticas de los miembros de la población LGTBIQ+. Eso sí, en privado se
blindarán las vidas de los hijos ilustres de esos clanes familiares reconocidos
por su bisexualidad y otros “gusticos” que se atacan públicamente porque
quienes los exponen no hacen parte de las roscas y no tienen los apellidos de
quienes gobiernan. Los curas, muchos de ellos pederastas y pedófilos, guardarán
esos secreticos a cambio de la protección del Estado de sus azarosas y turbias
vidas como “enviados de Dios en la tierra”.
Aquello de ser macho preñador
hace parte sustantiva de la vida al interior de esas pandillas que necesitan reproducirse
para extender en el tiempo sus reinados. Por supuesto que las dudas o los “desvíos”
de aquellos a los que se les “moja la canoa” jamás podrán usarse en su contra y
mucho menos servir para erosionar el sistema patriarcal vigente, el machismo y
la misoginia derivados de esas maneras de estar y gobernar basados en ideas
conservadoras conectadas en la vieja hegemonía conservadora a pesar de la
inmoralidad, la mezquindad y el ethos mafioso que siempre los acompaña.