Por Germán Ayala Osorio
El anuncio del gobierno entrante
de enfrentar la creciente inseguridad en las principales urbes del país con la
creación de Bloques de Seguridad Urbana (BSU) disparó las alarmas en las
huestes del petrismo. El propio presidente Petro calificó la estrategia de “fascismo
criollo” que alentará estallidos sociales.
Por supuesto que hay riesgos alrededor
de que a la operación de esos Bloques de Seguridad Urbana lleguen
paracos, nuevos “tiras” o se estimulen alianzas con específicas organizaciones
criminales de ciudades como Cali, Barranquilla y Medellín, con el firme propósito
de desmantelar otras estructuras delincuenciales o eliminar físicamente a
algunos de sus líderes. Se trataría de “ajustes de cuentas” con la participación
de agentes del Estado. En particular se atacarían a aquellos que se “salieron
de control” e irrespetaron pactos firmados con agentes estatales. Aquellos
grupos que colaboren con los BSU seguirán operando en cumplimiento de tareas
como sicariato, robos selectivos y microtráfico. Más claro: al igual como
sucedió con el Bloque de Búsqueda con el se persiguieron narcos en los años 90,
los BSU naturalizarán la connivencia entre legales e ilegales.
Los BSU operarán jurídicamente apoyados
en la declaratoria de “terrorismo
urbano” con la que se persiguieron a jóvenes que salieron a las calles a
manifestar su descontento por las arbitrariedades cometidas por la policía y la
decisiones económicas tomadas durante el (des) gobierno de Iván Duque Márquez. Los
vándalos y quienes salgan a protestar podrían terminar siendo perseguidos por
los agentes de los Bloques de Búsqueda Urbanos. Recordemos que durante
el estallido social los jóvenes de la Primera Línea fueron calificados como "terroristas,
vándalos y hordas de salvajes".
Aunque se trata de un anuncio, el
decreto que dará vida jurídico-política a los Bloques de Búsqueda Urbanos
se conocerá el mismo 7 de agosto cuando se posesione De la Espriella, el “Bukele”
criollo. Los resultados operacionales de los BSU estarán alineados con las 10 mega
cárceles que prometió construir el presidente electo durante la campaña
electoral. Recuérdese que se trataría de cárceles en concesión cuyo éxito
económico dependerá de la cantidad de presos que ingresen pues el Estado “pagará
por interno” a los privados que asuman la construcción y operación de los 10 complejos
carcelarios. Sin presos, el negocio no es viable, entonces, se necesitarán
masivas capturas.
Por supuesto que la propuesta de
inmediato fue recibida de muy buena manera por el alcalde de Cali, Alejandro
Eder, quien piensa igual a De la Espriella. Esto espetó el mandatario local en
su cuenta de X: “El #BloqueDeDefensa para la Seguridad Urbana va en la
dirección correcta. En Cali ya comprobamos que cuando la Fuerza Pública, la @FiscaliaCol
y los organismos de inteligencia trabajan de manera articulada, los resultados
llegan. Ahora el reto es redoblar esa estrategia para enfrentar con
contundencia a las más de 100 bandas criminales que afectan la seguridad de
nuestra ciudad y de muchas regiones del país. Cali está lista para
aportar su experiencia y trabajar de manera coordinada para que los ciudadanos
vivan tranquilos y los delincuentes respondan ante la justicia”.
Lo curioso de esta y de otras
estrategias lanzadas por anteriores gobiernos es que ninguna hace énfasis en el
desmantelamiento de las redes que facilitan la compra, venta y circulación de
armas, pertrechos y explosivos. En Cali se alquilan armas para cometer
homicidios y atracos y las autoridades muy poco hacen para tratar de desmantelar
dichas estructuras que se mueven entre la legalidad y la ilegalidad.
Ojalá la Defensora del Pueblo, Iris
Marín le ponga la lupa a la operación de los BSU para que no terminen convertidas
en cooperativas Convivir de nuevo cuño y en oficinas ambulantes para el ajuste
de cuentas y la persecución de jóvenes y líderes comunitarios simpatizantes de
la izquierda y el progresismo. Sería un verdadero milagro que los BSU no
terminen sirviéndole a bandas criminales con ínfulas de ser una especie de policía moral anti izquierda. Cuidado que hay más de un reservista de derecha dispuesto a "destripar" mamertos.