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domingo, 4 de enero de 2026

TRUMP AMENAZA A PETRO: ¿HABRÁ ELECCIONES LIBRES?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

El dominio de EE. UU. en América Latina no será cuestionado nunca más” es la frase lapidaria espetada por el convicto presidente Donald Trump que servirá de principio ideológico, razón política, valor moral e incluso de eslogan de campaña de la derecha colombiana en las elecciones presidenciales.

Trump jugará duro en los próximos comicios. Y lo hará ofreciendo millones de dólares como lo hizo en la Argentina de Milei y recientemente en Honduras. Nunca la injerencia política y electoral del Tío Sam se sentirá tanto como en la ya caldeada jornada electoral que se avecina en el país.

Después del ataque militar y la captura-secuestro del autócrata presidente de Venezuela, Trump aplicará en Colombia su propia doctrina de seguridad nacional (Donroe) por razones que saltan a la vista pero que es bueno exponer: 1. El proyecto progresista liderado por Petro constituye una verdadera amenaza a los intereses de USA en el país y en la región por cuenta del liderazgo de Petro, pero sobre todo por la actitud desafiante asumida por el mandatario colombiano. El fantasma del neocomunismo o neo socialismo volverá a la escena electoral.

La coyuntura internacional y regional generada por la incursión militar en Venezuela pone desde ya a quienes osen hablar de dignidad, soberanía y respeto al derecho internacional en el patíbulo que administra Marco Rubio y en la mira de las autoridades norteamericanas dispuestas a recrear escritos de acusación contra todas aquellas figuras públicas que se atrevan a cuestionar el naturalizado dominio gringo en Colombia y Latinoamérica. Los señalamientos al presidente Petro de ser el "líder del narcotráfico "y de ser un "enfermo" hacen parte de la estrategia prepolítica, política y electoral de la doctrina Donroe. La amenaza directa contra el gobierno y la persona del presidente colombiano debe tomarse en serio. “Colombia está gobernada por un enfermo, pero no lo va a seguir haciendo por mucho tiempo”.

2. Al presidente Trump le urge poner en la Casa de Nariño a un mandatario que cumpla con las condiciones de la fallida lucha contra las drogas. Esto es, necesita de un presidente obsecuente con los manejos turbios de la DEA y que le vuelva a asegurar el control logístico y político de la producción de cocaína que se exporta hacia el mercado americano en las sempiternas condiciones institucionales que Petro intentó descifrar e incluso erosionar.

3. Otra de las razones que tendrá Trump-Rubio para influir de manera directa en la jornada electoral colombiana está asociada a los avances de la negociación con los agentes de poder del régimen venezolano que finalmente entregaron a Maduro Moros. Cumplan o no con lo acordado, la Casa Blanca necesita de un presidente colombiano que apoye de manera irrestricta las decisiones que tomará el gobierno gringo en relación con la administración tutelada de Venezuela y sus recursos energéticos. Trump y Rubio ya dejaron claro que no les gusta que los cuestionen, de ahí que la frase con la que se inicia esta columna constituye una amenaza para quienes le lleven la contraria al Gran Sheriff.

Bajo esas circunstancias, sobre la campaña de Iván Cepeda se posarán los ojos vigilantes de los Estados Unidos. Cepeda tiene dos opciones: la primera, morigera su discurso anti gringo y toma algo de distancia de Petro, sin caer totalmente en una postura indigna; o la segunda, decide recoger el espíritu contestario y emancipador del saliente presidente colombiano, lo que supondrá, una vez instalado en el Solio de Bolívar, extender en el tiempo las tensas relaciones diplomáticas entre Washington y Bogotá.

Los candidatos de la derecha no caerán en disquisiciones alrededor de la dignidad y la soberanía porque eso de ser cipayo se les da de forma natural. Habrá que estar atento a cuál candidato presidencial finalmente los Estados Unidos designan como el más conveniente para sus propósitos “imperialistas”. Estados Unidos le apuntará a controlar políticamente a Venezuela y a Colombia. 


 


viernes, 2 de enero de 2026

ES VERDAD, UN CONGRESISTA NO PUEDE GANAR 32 MILLONES

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Al conocer el decreto con el que se eliminaría la prima especial de servicios que recibirían los próximos congresistas (11 millones de pesos mensuales) el congresista Antonio Zabaraín espetó que “un congresista que se gana 32 millones de pesos no es bien remunerado”.  La medida no aplica para los actuales legisladores.

¿En dónde ubicar lo expresado por el congresista? En un análisis ligero se podría decir que se trata de una expresión clasista muy común en una sociedad clasista como la colombiana en la que políticos como Zabaraín se escandalizan porque les van a tocar sus exagerados privilegios e incluso les alcanza para oponerse al incremento del salario mínimo a dos millones de pesos; cifra que los congresistas colombianos se pueden gastar en una noche de rumba.

Es posible pensar en que Zabaraín valora la actividad legislativa porque considera meritorio asistir al Congreso para legislar en favor de los intereses de los clanes y las empresas que les regalan o financian las curules. Y desde esa perspectiva, el congresista tiene algo de razón porque lo mínimo que se puede esperar al cumplir el rol de monigote de agentes económicos y políticos del Establecimiento que solo buscan mantener y extender sus pérfidos intereses es recibir una jugosa remuneración. Justamente, un salario de 50 millones de pesos- sin contar con lo que se pueda recibir por negociados- apenas si alcanza para encubrir o maquillar la mísera existencia de quienes buscan llegar al Congreso para cumplir tan indigna función. Bajo esas circunstancias, no está bien que un congresista devengue 32 millones de pesos.

Lo dicho por Zabaraín, del partido Cambio Radical, podría competir en repugnancia con la frase del diputado antioqueño, Rodrigo Mesa Cadavid, “la plata que uno le meta al Chocó es como meterle perfume a un bollo".

Insisto en que entre las dos las dos expresiones hay elementos clasistas y racistas muy propios de la sociedad colombiana. En un ejercicio conducente a “fusionarlas”, el resultado podría dar vida a estas otras frases. De parte de los patrocinadores de las campañas de los aspirantes al Congreso: “La plata que uno le meta a un congresista para que legisle en favor nuestro es poca con tal de que cumpla con nuestras órdenes”.

De parte de los mismos congresistas: “si voy a cumplir la función de mandadero oficial de poderosos agentes económicos, el salario que merezco debe alcanzarme para perfumar mi indignidad. Parafraseando al excelentísimo doctor Rodrigo Mesa Cadavid podríamos decir que, en un país de mierda como Colombia, a los congresistas no los patrocinan, los perfuman.



“Un congresista que se gana $32 millones no es bien remunerado”: senador Antonio Zabaraín - El Diario

jueves, 1 de enero de 2026

NUEVO AÑO Y EL PRIMER RIFIRRAFE ENTRE URIBE Y PETRO

 Por Germán Ayala Osorio

 

Inicia el 2026 con un rifirrafe entre el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez y el presidente Petro. En el cruce de trinos entre quienes competirán en las próximas elecciones por quién será el Nuevo Gran Elector, reaparece el fantasma del “castrochavismo”, el concepto de democracia y la nostalgia que siente el expresidente antiqueño al saber que su azarosa y oscura vida política (pública) se apaga de la mano del inexorable paso del tiempo. Convertido en un carcamal, Uribe entiende que está de salida en el juego del poder.

Acostumbrado a engañar a sus seguidores, simpatizantes y en general a las audiencias, Uribe Vélez insiste en mantener vigente la narrativa del comunismo. “Petro está acabando la democracia “poco a poco” espetó el mandamás del Centro Democrático (CD).

Basta con mirar las actuaciones y los fallos de la Corte Constitucional y el Consejo de Estado y las posturas asumidas por las bancadas de oposición en el Congreso para entender que la división de poderes se mantiene incólume en el país, a pesar de las legítimas críticas que el jefe del Estado ha expresado frente a las decisiones adoptadas por los togados y legisladores entendidas como acciones de sabotaje a las reformas sociales impulsadas por el gobierno Petro.

En la respuesta que el presidente de la República le envió al exgobernador de Antioquia en los tiempos de las masacres del Aro y la Granja, aparecen elementos de una acepción social del concepto de democracia: “Usted habla de acabar la democracia en mi gobierno, pero en el suyo hubo hasta 6.402 de jóvenes inocentes asesinados con armas de su gobierno. Y en el Duque asesinaron 60 jóvenes, violaron jóvenes y pusieron en la cárcel 3.000 jóvenes por protestar acusados de terrorismo”.

El oportuno “recorderis” que le hizo Petro sirve para entender que entre 2002 y 2010, ese sentido social de la democracia muy poco fue usado por la prensa de la época que se hincó ante el poder intimidante del entonces presidente Uribe. Los falsos positivos fueron presentados como el resultado de la aplicación a rajatabla de la inmoral política de seguridad democrática, alejados de cualquier posibilidad de atarlos a la democracia como concepto polifónico que las empresas mediáticas y millones de colombianos suelen reducir a la realización de elecciones cada cuatro años y a la división entre los tres poderes públicos. Si fuera así, la democracia colombiana sería perfecta, pues cada cuatro años hay comicios, existen partidos políticos, así como instituciones como el Consejo Nacional Electoral y la gente vota en relativa calma y libertad. 

El inesperado aumento del salario mínimo seguirá siendo usado por la gran prensa del Establecimiento para generar miedo por los efectos que traería el incremento del 23,7%. La visión catastrofista de los expertos economistas formados en la escuela neoliberal se suma a la narrativa uribista que señala que Petro, al igual que Chávez, Fidel Castro y Maduro está acabando con la empresa privada.

Además de “acabar con la democracia”, a Petro se le señaló desde las mesnadas uribistas como “dictador”. Vaya dictadura tan extraña: no se violan los derechos humanos, no se persigue a la oposición y a los críticos del gobierno como sucedió entre 2002 y 2010; y las empresas de los Cacaos reportan millonarias ganancias. Más se acercaron a regímenes de mano dura los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Juan Manuel Santos y el homúnculo del Iván Duque Márquez. En particular en las administraciones de Uribe y Turbay Ayala se violaron los derechos humanos y se redujeron las garantías constitucionales.



petro contra Uribe - Búsqueda Imágenes

martes, 30 de diciembre de 2025

SALARIO MÍNIMO: UN GOLPE POLÍTICO-ELECTORAL


Por Germán Ayala Osorio

 

Con la sorpresiva alza del salario mínimo el gobierno de Gustavo Petro termina el año propinando un golpe político-electoral a una oposición que actuó desde la ceguera moral de la que hablan Bauman y Donskis (2019) y de la mano de las históricas y normalizadas actitudes y discursividades adiafóricas propias del proyecto modernizador “blanco” que ve con prevención y resquemor la vida de millones de pobres.

Se trata de una decisión que se mueve entre discusiones conceptuales y teóricas de la economía (neoliberalismo y la doctrina Keynesiana) y el cálculo político-electoral de un gobierno que nuevamente le apostó a poner en la agenda social las mezquindades de una clase empresarial que convirtió a sus agremiaciones en trincheras ideologizadas más cercanas a las lógicas de los partidos políticos que a las de unos actores económicos de la sociedad civil de los que una sociedad tan desigual como la colombiana esperaría sensatez y una visión de país que supere la actual coyuntura política. Fenalco y la Andi fueron manejadas por sus presidentes como parapetos clasistas desde donde se atacó el proyecto de reivindicación popular que encarna Petro.

Varios analistas lo advirtieron: frenar las reformas en el Congreso, atacar al presidente Petro como persona y cuestionar su masculinidad desde anacrónicos e hipócritas marcos morales e insistir en la ya manida narrativa del “neocomunismo-castrochavismo-socialismo” para lo único que sirvieron fue para que Petro convirtiera la Casa de Nariño en una trinchera desde donde disparó decretos con fuerza de ley. De esa forma enfrentó las derrotas en el congreso de varias de sus iniciativas, tumbadas caprichosamente sin mediar discusión conceptual alguna.

Muy seguramente el impacto económico del alza del 23,7% del salario mínimo lo recibirán las pequeñas y medianas empresas, sometidas a una carga impositiva que el propio Congreso se opuso a revisar y disminuir solo por ir en contra del gobierno Petro. Le corresponderá al próximo gobierno tramitar ante- ojalá ante un renovado Congreso- medidas que alivien la onerosa carga de impuestos sobre las pymes y MiPymes.

En pocas horas llegará el 2026. El gobierno llega con la ventaja electoral que le proporciona la felicidad de millones de trabajadores que hoy celebran a rabiar el aumento de 300 mil pesos en el salario mínimo.

La derecha llega dividida y atomizada por culpa de sus propios errores y mezquindades, pero, sobre todo, por la torpe visión de país que siguieron ofreciendo los expresidentes Álvaro Uribe Vélez, Andrés Pastrana, César Gaviria y el insulso de Iván Duque Márquez, fichas decadentes de un Establecimiento liderado por banqueros que se acostumbraron a poner sus propios títeres en la Casa de Nariño para privatizar la operación del Estado.

La prensa corporativa tiene su cuota de responsabilidad en el complejo escenario electoral en el que se moverá la derecha: sin filtros en sus líneas editoriales, la gran prensa mintió, manipuló, tergiversó y atacó sin piedad al gobierno Petro. Al final, el oficio y los periodistas perdieron credibilidad, pero, sobre todo, el respeto de amplios sectores de unas audiencias que fueron comprendiendo de qué se trata el progresismo, pero sobre todo que entendieron que hay una élite que se acostumbró solo a mandar. 



Imagen tomada de Lo que dicen los gremios, analistas y sindicatos sobre el aumento del salario mínimo para 2026


miércoles, 17 de diciembre de 2025

LA GRAN CONSULTA DE LA CENTRO DERECHA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Mauricio Cárdenas, David Luna, Vicky Dávila, Juan Manuel Galán, Juan Daniel Oviedo y Aníbal Gaviria se unieron para hacer parte de la Gran Consulta de la “centro derecha”. Si se revisan en detalle los perfiles y la vida pública de los seis precandidatos presidenciales se advierte una evidente confusión conceptual en torno a las características de la centro derecha o el simple enmascaramiento de miembros de la derecha neoliberal que tanto daño le hizo al país desde 1991. De manera forzada quieren darle vida a una centro derecha sin una reflexión filosófica y conceptual que defina características y límites con la histórica derecha colombiana.

El exministro Cárdenas es un consagrado neoliberal que se presenta como un “técnico” cuando realmente se prestó en el pasado para favorecer la privatización del Estado para beneficio de unas pocas familias. Cárdenas es un político con nulo carisma y un fatuo carácter que le impide mostrarse empático con las grandes mayorías. Viene de las toldas del santismo. 

David Luna es un político cuya vida política la desarrolló bajo la sombra de Germán Vargas Lleras y del partico Cambio Radical, una de las colectividades más corruptas del país. Luna es un manzanillo sin mayor criterio y nula comprensión de los problemas del país. Luna es de derecha y punto. También viene de las huestes del santismo. 

La periodista-periodista Vicky Dávila siempre fue una ficha del Establecimiento. Admira y defiende a dentelladas a Uribe Vélez a pesar de los procesos penales, indagaciones y demandas en su contra por diversos delitos. Dávila es de derecha. Es una mujer descriteriada, arrogante y con una nula formación política.

Juan Manuel Galán es quizás el precandidato con mejor carisma. Eso sí, su punto débil está ancorado, contradictoriamente, a las ideas políticas de su padre, el inmolado Luis Carlos Galán. Ideas que por supuesto Juan Manuel no defiende porque le avergüenzan. Incapaz de recoger las banderas su progenitor, Juan Manuel Galán optó aliarse con las fuerzas más retardatarias del Establecimiento. A pesar de que recuperó para la vida institucional y electoral al Nuevo Liberalismo, parece darle miedo usar el legado de su padre para buscar en solitario una candidatura presidencial. Haberse acercado al uribismo enterrará para siempre su sueño de convertirse en presidente de la República. 

Juan Daniel Oviedo se vende como un “técnico” por haber sido director del DANE, pero su perfil neoliberal y pro-establecimiento le impiden acercarse al de un político de la centro derecha. Oviedo es de derecha.  Y, por último, Aníbal Gaviria es un político antioqueño procesado por hechos de corrupción que se habrían presentado en la “Troncal de la Paz, durante su primera gobernación. Fue acusado de contratar sin requisitos legales y por peculado”. Militó en el Partido Liberal, aunque no necesariamente se le puede reconocer como un ferviente defensor de las ideas del ala de izquierda de ese partido. Es cercano al uribismo por aquello de ser "paisa". 

La Gran Consulta de la “centro derecha” es el fruto de la incontrastable atomización de la derecha colombiana para el escenario electoral de 2026. La explosión de precandidaturas y candidaturas presidenciales es el resultado del debilitamiento del uribismo como fuerza electoral, en cabeza del expresidente Uribe Vélez. La desgastada imagen del expresidente y expresidiario, representante de la derecha y la ultraderecha lo llevó a buscar alianzas con César Gaviria y por esa vía proponer un frente amplio del que desistieron Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, quienes irán de manera directa a primera vuelta.

Ahora que el Centro Democrático eligió a Paloma Valencia Laserna como su candidata presidencial, Uribe Vélez deberá decidir si se va a primera vuelta con su “tigresa” o si finalmente la hace aterrizar a la Gran Consulta de la que aquí hablo. No la tiene fácil el expresidente antioqueño porque Juan Carlos Pinzón Bueno, el “general sin soles” en el que realmente confía, su campaña no arranca debido en gran medida a su nulo carisma y a su condición de político monotemático (solo habla de seguridad).

Ya veremos si Uribe Vélez acompaña de corazón a su ungida, quien deberá trabajar muy duro para que el electorado olvide lo hecho por su abuelo, Guillermo León Valencia y en particular por sus peculiares propuestas como aquella de “dividir el territorio del Cauca entre indígenas y mestizos”. El clasismo, la aporofobia y el racismo que la caracterizan son sus mayores obstáculos para conquistar al electorado.  

No pasaron más de ocho días y ya Paloma Valencia anuncia su acercamiento a la Gran Consulta. De esa forma, la fantasmal centro derecha sufre un golpe de realidad con la llegada de Valencia. Al final, el país sabe que el centro no existe. Es un simple eslogan, una frase vacía y una noción política que nadie ha sido capaz de estructurar filosóficamente. 



Imagen tomada de Oficialmente se lanzó La Gran Consulta por Colombia, coalición de la centro-derecha | AsuntosLegales.co


martes, 9 de diciembre de 2025

FAJARDO, DIRECTO A PRIMERA VUELTA PRESIDENCIAL

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con la negativa de Sergio Fajardo de presentarse a las consultas interpartidistas para definir candidaturas presidenciales, la derecha va decantándose en una centro derecha que de todas maneras será efímera, llegue o no a la Casa de Nariño el reconocido político antioqueño y gestor turístico para el avistamiento de ballenas. No existe en Colombia la cultura política y mucho menos la tradición de un centro político por culpa de la hegemonía de los partidos Liberal y Conservador en los tiempos del Frente Nacional; y recientemente, por la irrupción de Uribe y Petro, líderes populistas de derecha e izquierda convertidos en grandes electores. 

Con su decisión de ir directamente a la primera vuelta presidencial, el exgobernador de Antioquia envía un mensaje de independencia y toma de distancia del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, representante de la derecha neoliberal, retardataria, violenta y premoderna que con su influencia gobernó al país durante 20 años. Se trata de una jugada política, más no electoral, de quien siempre fue un cercano admirador de Uribe. Si la campaña de Juan Carlos Pinzón Bueno no despega, entonces el uribismo terminará apoyando al profesor y matemático, lo que evitará la consagración del fantasmal centro que dice representar Fajardo.  

Sergio Fajardo Valderrama, con la ayuda de varias empresas mediáticas, está buscando posicionar la narrativa que señala que el país deviene polarizado entre dos extremos irreconciliables que promueven odio en medio de incertidumbres y problemas sociales y económicos por resolver. Y lo que es peor: no ofrecen soluciones reales. De esa manera, el exalcalde de Medellín se presenta como el líder capaz de superar no solo la crispación ideológica y la violencia política, sino las históricas dificultades de una República que deviene en “obra negra”. ¿Realmente Fajardo conoce el país, pero sobre todo será capaz de reconocer que más allá de la evidente polarización política lo que hace rato emergió en el país es un movimiento social y popular que ya no le come cuento al tenebroso e injusto proyecto de país que siempre propuso y ejecutó la derecha?

La existencia de los extremos ideológicos suele verse como un grave problema político, cuando claramente habla de dos ideas de país: la aplicación a rajatabla de la amplia receta neoliberal de parte de la derecha terminó por darle vida a una izquierda progresista que, sin romper con los agentes económicos y financieros internacionales y nacionales responsables del diseño de la señalada fórmula, está intentando mejorar las condiciones de vida de los trabajadores asalariados y del campesinado desde la idea romántica del Estado de Bienestar europeo.

Fajardo deberá luchar contra sí mismo, esto es, contra la imagen que él mismo generó con célebres frases como “yo no inspiró nada” y por supuesto contra el remoquete de “tibio” que se ganó con creces en la campaña presidencial de 2018 cuando se fue a ver ballenas, a lo que se suma su débil carácter para criticar a los agentes privados  que se robaron los billonarios recursos de la salud y  tomar distancia del uribismo, sector de poder en gran medida responsable de los problemas que arrastramos como sociedad. 

Fajardo debe saber que en Colombia hay más de un pueblo: el pueblo de la derecha y el de la izquierda. Pensar que hay una sólida unidad es pensar en la posibilidad de unas comunidades rurales y urbanas bien informadas de sus derechos y formadas para sostener diálogos respetuosos sustentados en el dominio de conceptos claves como democracia, Estado social de derecho, progresismo, liberalismo y neoliberalismo, entre otros más. No es despreciable el negativo impacto que por años generaron las empresas mediáticas, instrumentos ideológicos del Establecimiento que Fajardo defiende a dentelladas. 

He aquí varias frases espetadas por Fajardo Valderrama que resultan indescifrables para un pueblo que poco lee y que es muy dado a dejarse llevar por las emociones y que en los últimos años se ha movido entre los discursos populistas de Petro y Uribe. 

Yo no soy un caudillo, yo no inspiro odio ni miedo, yo inspiro confianza.” ¿Se tratará exclusivamente de la confianza inversionista, uno de los tres huevitos de Uribe? “Yo no grito, yo no polarizo, yo no soy el mesías que viene a salvarlos.” Yo no levanto masas, yo levanto ideas.” “No soy el líder que los va a llevar de la mano, soy el que les va a dar herramientas para que caminen solos.” Yo no genero emociones fuertes, genero confianza a largo plazo.”. ¿Caminar solos bajo un régimen presidencialista y en medio de un débil aparato productivo?; ¿Caminar solos cuando la política es un negocio para los más ricos que financian campañas para privatizar el Estado, mientras que los más pobres y la clase media intentan arañar ganancias cada cuatro años a través de contratos de prestación de servicios?




FAJARDO DICE NO A LAS CONSULTAS - Búsqueda Imágenes

lunes, 8 de diciembre de 2025

LAS PRECANDIDATAS QUE QUIEREN “SACAR ADELANTE A COLOMBIA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

“Sacar adelante a Colombia” es una promesa de campaña usada y compartida por Paloma Valencia, María Fernanda Cabal, Vicky Dávila de Gnecco y Claudia López, representantes de la ultraderecha.

Más allá del sentido electorero de la frase, el tácito reconocimiento de que el país vive en un estado de postración, abandono, atraso, dejadez y subdesarrollo debería de concitar en cada una de las precandidatas presidenciales una revisión de los proyectos políticos que han defendido a lo largo de sus carreras políticas; para el particular caso de Vicky Dávila, de su ejercicio del periodismo durante más de 30 años en los medios.

Miremos lo que han espetado las precandidatas presidenciales. La exalcaldesa de Bogotá dijo en su momento que "Nos vamos a inscribir, vamos a competir y a ganar, porque las mujeres y las familias de este país queremos enderezar el cambio y sacar adelante a Colombia." Y finalmente, la periodista-periodista, Vicky Dávila de Gnecco, señaló que "con los colombianos valientes, berracos y trabajadores vamos a sacar adelante a Colombia."

Paloma Valencia por ejemplo dijo "Si gano, uniré a todos los que defienden nuestro país para sacar adelante a Colombia. No se trata solo de ganar las elecciones, se trata de hacer un buen gobierno." Su compañera María Fernanda Cabal usó la expresión en respuesta a un tuitero: "Contar con amigos como tú en todo el país es la clave para sacar adelante a Colombia."

Los casos de Valencia y Cabal resultan emblemáticos porque han hecho parte de lo que se conoce como el uribismo, una fuerza política y social retardataria, premoderna y violenta que le apuesta a la concentración del poder económico en pocas manos, la privatización del Estado y la aplicación a rajatabla de la receta neoliberal, extendida al campo societal fomentando la insolidaridad y el individualismo. Por lo anterior, eso de “sacar adelante a Colombia” resulta poco creíble y falaz por cuanto desde sus curules hicieron ingentes esfuerzos para evitar que el país avanzara hacia estadios de modernidad.

En cuanto a Claudia López Hernández, la exalcaldesa de Bogotá tiene una menor responsabilidad política frente a Cabal y Valencia en la medida en que su llegada a la política es reciente. Eso sí, llama la atención el sustancial cambio entre la López Hernández investigadora y académica y la López Hernández oficiando como política. Por supuesto que se trata de una transformación negativa pues se volvió, de acuerdo con Carlos Carrillo, como el río Cauca: “unas veces tira a la izquierda y otras a la derecha.”. 

López cometió demasiados errores durante su administración de la capital del país: insistir en el colapsado sistema de transporte masivo (Transmilenio) y apostarle a un “métrico”, la puso en el radar de los agentes económicos y políticos a los que jamás les importó aquello de “sacar adelante a Bogotá y a Colombia” porque siempre estuvieron interesados en extender sus intereses de clase. Por el contrario, mantener los estados de cosas inconstitucionales y por ese camino las condiciones de abandono y subdesarrollo de Bogotá ha sido su norte. 

Y en lo que respecta a la periodista Vicky Dávila de Gnecco, sus responsabilidades frente a las realidades que se esconden detrás de la frase “sacar adelante a Colombia” están atadas al propósito con el que hizo periodismo durante 30 años: servir de caja de resonancia a los sectores de poder a los que les vienen sirviendo Cabal, Valencia y López. Dávila de Gnecco siempre fue una ficha del Establecimiento colombiano. Defendió y defiende aún al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, uno de los más eficaces agentes de todas las formas de atraso social, político, cultural y económico que han impedido que Colombia salga adelante.


cabal, dávila, valencia y claudia lópez - Búsqueda Imágenes

jueves, 4 de diciembre de 2025

UN ÁLVARO PREOCUPADO POR LAS GUEVAS DE SERGIO FAJARDO

 





Por Germán Ayala Osorio

El video en el que aparece el precandidato presidencial Sergio Fajardo contestándole a un fulano llamado Álvaro que lo cuestionó por “no tener guevas” fue usado por los periodistas y analistas de Blu radio para dejar claro que el exgobernador de Antioquia es del gusto editorial y político de la cadena radial. El suceso ocurrió en una hacienda en Galapa, Atlántico.

La respuesta de Fajardo fue también recogida por los panelistas de Mañanas Blu radio: “que, si tengo o no guevas, le voy a contestar al señor que está preocupado por las guevas mías. Para ser valiente, para tener carácter hay que gritar, maltratar, hay que agredir, atropellar al que no piensa como usted…En Colombia lo que necesitamos es todo lo contrario: reivindicar la decencia, el respeto, la transparencia, la condición humana, la empatía para transformar este país.  Cuántos corruptos gritan, son valientes y son unos ladrones; esos valientes no los queremos en Colombia: tengo la valentía de la transparencia, la valentía de los principios”.

Tengo dudas de si la aparición de ese Álvaro fue realmente espontánea o si se trató de una puesta en escena, estrategia muy común en los actuales escenarios electorales afectados por las dinámicas de los likes y los videos que se vuelven virales. Pero más allá de eso, hay que reconocer que Fajardo fue hábil en voltear el sentido del reclamo machista con el que un Álvaro le dijo que no tenía la suficiente capacidad, berraquera, carácter y decisión para asumir la desgastante y desafiante tarea de gobernar a un país complejo como Colombia.

Esto de “no tener guevas” para gobernar a los colombianos se suma al señalamiento de “tibio” que acompaña a Fajardo por haberse ido a ver ballenas en la segunda vuelta presidencial en la campaña de 2018 en la que un sector del país esperaba que asumiera una postura política clara en momentos en los que un poderoso y bien conocido Álvaro iba a poner en la Casa de Nariño a Iván Duque Márquez. El desastroso gobierno del “títere” de Uribe terminó por naturalizar el mote de “tibio” con el que hoy se reconoce a Sergio Fajardo Valderrama. Un motete que le calza muy bien.

Aquí el problema no es si el exalcalde de Medellín tiene o no las gónadas suficientes para gobernar al país. Lo que se le cuestiona a Fajardo es que, en dos columnas de opinión publicadas en El Colombiano, periódico uribista, haya expresado su admiración por el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez. El gobernador Uribe es el título de uno de los textos de opinión en los que Fajardo le echa flores al político, hacendado y domador de bestias.

El asunto de fondo es que Fajardo no confronta a los agentes privados (empresariales) responsables de la corrupción en el sistema de salud; Fajardo Valderrama se presenta como un político conciliador y decente, pero la verdad es que su cercanía con los agentes económicos del Establecimiento, lo convierten en una ficha e instrumento con el que, de llegar a convertirse en presidente de la República, estará obligado a extender en el tiempo la captura el Estado lograda de tiempo atrás por miembros de la élite empresarial y bancaria.

Haberse reunido con Álvaro Uribe Vélez es otra razón para dudar de su independencia y de su capacidad para gobernar, llegado el caso, sin la injerencia del expresidente y expresidiario. Esto dijo cuando se le confrontó por ese encuentro con el cuestionado expresidente: “Estoy conversando con muchos líderes de distintas orillas. ¿Saben a qué me reúno? A escuchar, a entender diferentes miradas. Este país tiene que aprender a dialogar de verdad”.

El no tomar distancia del expresidente Uribe y el estar en su radar para aquello de un frente amplio que “va desde el doctor Abelardo de la Espriella hasta el doctor Fajardo” confirma que de resultar electo presidente en el 2026 no tendrá las guevas suficientes para gobernar sin el uribismo. Así las cosas, el Álvaro que supuestamente le cuestionó sus testículos habrá tenido la razón. Llegado ese momento, el país entero sabrá que además de tibio y falto de guevas, sería por cuatro años el segundo títere del vulgar y ladino hacendado, expresidente, expresidiario y domador de bestias que anda muy orondo con tres envejecidos huevitos. 



miércoles, 3 de diciembre de 2025

LAS COSTOSAS AMBIVALENCIAS DE JUAN MANUEL GALÁN

  


Por Germán Ayala Osorio

 

El precandidato presidencial Juan Manuel Galán, hijo del inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento, por varios minutos legitimó la amenaza que lanzó contra Colombia el convicto presidente de los Estados Unidos. En una actitud cipaya compartida por los presidentes de las altas cortes, periodistas, partidos políticos y agentes económicos de la sociedad civil que aún no rechazan la peligrosa intimidación de Trump, Galán se acercó al talante de la premio Nobel de Paz, María Corina Machado, quien en el pasado exhortó a las autoridades de Estados Unidos a intervenir militarmente en Venezuela para sacar del poder al ilegítimo presidente Nicolás Maduro Moros.

En su cuenta de X, el político bogotano dijo lo siguiente: “Colombia no puede seguir negando lo evidente: los cultivos de coca están disparados y el país sigue en riesgo. El presidente Donald Trump vuelve a evidenciar un problema que este gobierno nunca logró controlar: el crecimiento desbordado de los cultivos de coca…”.

La inmediata y violenta reacción que generó lo dicho en esa red social obligó a Galán a borrar el trino. Su eliminación no apaciguó a sus detractores y críticos. Por el contrario, la nueva andanada llegó acompañada de epítetos como cobarde y cipayo. Sin dar explicaciones por el sentido del primer trino y su posterior eliminación, el precandidato presidencial por el Nuevo Liberalismo publicó otro diametralmente distinto: “¡Colombia no se bombardea! Rechazamos con toda la fuerza cualquier ataque de EE. UU. en nuestro territorio. La soberanía se respeta, la vida se defiende y la dignidad no se negocia”.

La pregunta que pueden estarse haciendo sus seguidores y posibles electores es: ¿Hay un Galán cipayo y hay otro igual de contestatario al presidente Petro? ¿Por cuál de los dos Galán hay que votar? Esa ambivalencia del precandidato presidencial terminará por enterrar su aspiración presidencial, ancorada en el buen nombre que aún conserva la memoria de su padre.

Esa ambigüedad en los criterios y posturas políticas terminará por hundirlo en las encuestas. En la más reciente, publicada por Invamer, marcó el 1,6%, negativo guarismo que se explica por su total desconexión con las realidades del país y de los colombianos, su nulo carisma, pero sobre todo porque su condición de hijo de Luis Carlos Galán una parte del electorado le exige que recoja las ideas progresistas de su padre, visto en su momento como el líder político capaz de lograr los cambios y las reformas que hoy intenta consolidar el gobierno Petro.

Llevar el apellido Galán es una pesada carga que muy seguramente Juan Manuel no podrá sobrellevar. Quizás por cobardía, Juan Manuel ha preferido acercarse a la derecha tradicional e incluso al uribismo para intentar cumplir el sueño de gobernar a Colombia. Haberse acercado a la campaña del corrupto Rodolfo Hernández, en lugar de apoyar a Petro fue un error electoral y político que cientos de miles de colombianos jamás le perdonarán. Estos no son tiempos para asumir posturas pro-gringa. Por el contrario, defender la soberanía y la dignidad de la Nación puede resultar electoralmente beneficioso siempre y cuando esa defensa se haga sin ambages, pero, sobre todo, sin la ambivalencia que dejó ver en el primer trino.


Nota: imagen tomada de Semana.com

martes, 2 de diciembre de 2025

¿JUAN CARLOS PINZÓN SERÁ EL UNGIDO DE DONALD TRUMP?

 


Por Germán Ayala Osorio

 

El indulto dado por Trump al expresidente hondureño Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico y corrupción en su país y su denodado apoyo al virtual ganador de las elecciones en el país centroamericano, Nasry Asfura naturaliza la intrusión de USA y exhibe sin pudor la doble moral y el interés en poner en las casas de gobierno de los países de América Latina a juiciosos mandaderos y ejecutores de la particular política antidrogas diseñada por los Estados Unidos caracterizada por el control del negocio, esto es, la no persecución a los empresarios y políticos proamericanos que hagan ingentes esfuerzos por mantener sometidos a sus países a los intereses gringos que van más allá de la producción de la droga: explotación de oro y otros minerales; para el caso de Colombia,  extender en el tiempo las dinámicas del “conflicto armado interno” en beneficio de los Señores de la Guerra, exploración y  producción de hidrocarburos y  conservación de ecosistemas naturales para fines de investigación genética, entre otras actividades.

Para el caso del escenario electoral que se avecina en Colombia se espera que Trump haga lo mismo señalando a quien le gustaría que llegara a la Casa de Nariño. Juan Carlos Pinzón Bueno podría ser el ungido de Trump, decisión que, consultada o no con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez, confirmaría al presidente norteamericano como una variable electoral a tener en cuenta en las elecciones de 2026. El tío de Pinzón Bueno, Jorge Bueno Sierra, condenado a cadena perpetua por narcotráfico en los Estados Unidos y la actitud cipaya del precandidato presidencial pueden ayudar a que Trump le diga a la derecha colombiana que ese es su candidato preferido. ¿Estará de por medio la propuesta de indultar al tío de Pinzón?

Abelardo de la Espriella parece no contar con la total simpatía del gobierno gringo por sus relaciones con Alex Saab y por esa vía con el régimen de Nicolás Maduro Moros. En la actual campaña electoral en Colombia, precandidatos presidenciales como Abelardo de la Espriella, Juan Carlos Pinzón y Vicky Dávila han dejado ver una incontrastable actitud cipaya que termina legitimando y naturalizando la intromisión de USA en nuestros asuntos internos. Recordemos que Pinzón Bueno dijo que en una "sentada" - Petro le preguntó si en una "arrodillada"- arregla las relaciones con Washington. 

Eso sí, ese virtual “dedazo” de Trump hace parte de un proceso injerencista en Colombia del que hacen parte decisiones como la descertificación y la inclusión del presidente Petro en la Lista Clinton. Se trata de disposiciones jurídico-políticas ambientadas por los agrios enfrentamientos entre Trump y el mandatario colombiano.  La llamada “guerra contra las drogas” es la fachada con la que se encubren los procesos de intervención americana en Colombia con los que se pretende controlar la llegada de millones de dólares al país por cuenta de la venta de la cocaína en el enorme mercado norteamericano, así como la producción y distribución del alcaloide en manos de agentes locales (políticos y traquetos) que cuentan con el aval de la CIA y por ende de la Casa Blanca.

Las finas relaciones entre la derecha colombiana con el gobierno republicano en cabeza de Donald Trump están atadas a la vieja agenda narcotizada con una variación reciente: la llegada por primera vez a la Casa de Nariño de una fuerza progresista es vista por el uribismo, congresistas gringos de origen colombiano y el propio Trump como un riesgo castrochavista o neocomunista al que hay que enfrentar política y electoralmente. Lo anterior permite concretar acciones injerencistas que para el caso colombiano se han movido entre los esfuerzos de la prensa local hegemónica por deslegitimar al gobierno Petro, descertificar al país y calificar al presidente colombiano como “líder de organizaciones del narcotráfico”.

Las acciones injerencistas de los Estados Unidos en los procesos electorales y en la política interna de los países de América Latina son de vieja data. Con la CIA, por ejemplo, planearon el derrocamiento de Salvador Allende y el inicio de la dictadura militar al mando de Augusto Pinochet Ugarte. Los Contras en Nicaragua y los intentos de golpes contra Chávez en Venezuela y diversos planes político-militares en Colombia confirman el poder injerencista de los gringos en las dinámicas domésticas de los países que componen su “patio trasero”. La Alianza para el Progreso, el Plan Laso y el Plan Colombia son formas de intrusión aprobadas por las élites locales y presidentes en ejercicio que disfrutan de los beneficios de haber entregado la soberanía estatal al Tío Sam y por esa vía extender en el tiempo la dependencia económica y política frente a lo que hagan y digan los gringos. De esa manera, se garantiza las condiciones de un sistémico subdesarrollo provocado por los Estados Unidos y aceptado por el Establecimiento colombiano. 



lunes, 1 de diciembre de 2025

ATACAR A PETRO NO PARECE SEDUCIR AL ELECTORADO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Los resultados de la reciente encuesta de Invamer sobre la intención de voto de los colombianos manda un mensaje claro a las campañas y precandidatos presidenciales que insisten en la narrativa en la que sobresalen ataques personales contra el presidente Petro y las consignas ideologizadas con las que se afirma que el “país va mal por cuenta de la llegada del comunismo”, cuando el DANE informa que baja el desempleo, crece el consumo en los hogares, se tiene controlada la inflación y el dólar, y los bancos reportan billonarias ganancias.

El primer lugar de Iván Cepeda (31,9%) en la intención de voto y el rezago de las candidaturas de Vicky Dávila (3,7%), Miguel Uribe Londoño(4,2), Claudia López(4,1%), Juan Carlos Pinzón (2,9), Vargas Lleras (2,1); e incluso los alejados resultados alcanzados por  Sergio Fajardo (8,4%)  y de Abelardo de la Espriella (18,2%) soportan la validez del llamado de atención a quienes desde la derecha y la ultraderecha insisten en hablar  mal del gobierno Petro en lugar de presentar propuestas que superen los avances logrados por la actual administración en materia de reforma agraria, mejoramiento de condiciones laborales, dignificación de la vida de policías y militares, aumento significativo de la producción agrícola, recuperación del sistema férreo y las intervenciones en vías secundarias y terciarias, entre otros.

Pinzón, De la Espriella, Fajardo y Vicky Dávila han dedicado sus campañas a atacar al presidente y en particular a insistir en el fracaso de la Paz Total. Por ser los tres cercanos a las mesnadas uribistas, la seguridad es el principal tema con el que intentan seducir a un electorado que asume con preocupación actividades como el secuestro y los ataques de los grupos armados ilegales, sin que ello sirva para negar o invalidar los significativos avances alcanzados por el gobierno Petro en las materias y asuntos señalados líneas atrás.

Abelardo de la Espriella, por ejemplo, espetó que “la Fuerza Pública está al servicio de narcos”, conclusión que sacó del informe periodístico publicado por Noticias Caracol, el mismo que poco a poco viene siendo desmentido por el propio presidente Petro y la Fiscalía. Si el señalamiento contra los miembros de la Fuerza Pública es real, es con ellos mismos que deberá cumplir su promesa de “destripar” a los grupos al margen de la ley. Reducir el tamaño del Estado, ley de punto final para superar la crisis del sistema de salud y salvar la democracia realmente no son propuestas que apunten a superar lo hecho por el actual gobierno y mucho menos mejorar las condiciones de vida de los colombianos más vulnerables.

En lo que respecta a lo dicho por Pinzón Bueno, el candidato que realmente convence a Uribe y que finalmente reciba la bendición de Donald Trump, dijo que en una “sentada” arregla las relaciones con los Estados Unidos. También dijo que Petro tiene una “estrategia calculada para destruir la economía". Este último señalamiento resulta falso a juzgar por los buenos resultados financieros de las empresas más grandes y las billonarias ganancias reportadas por los bancos. Entre sus “propuestas” más sobresalientes está en seguir luchando contra el narcotráfico. “Puño de hierro" contra el crimen y derrotar el narcotráfico hace parte de la retórica uribista progringa.

En cuanto al eterno candidato presidencial, Sergio Fajardo Valderrama también ha dedicado su campaña a atacar a Petro, sin presentar propuestas consistentes y serias que superen lo hecho por el actual gobierno en los temas señalados líneas arriba. En el tema de la salud, el exgobernador de Antioquia prometió que establecería un “Puesto de Mando Presidencial con actores (pacientes, EPS, IPS, médicos); recalcular UPC, aclarar deudas, proveer medicamentos esenciales, reabrir servicios clausurados, auditorías externas a EPS intervenidas”. Todo el país sabe que Fajardo es cercano a los dueños de las EPS y que su interés no estaría realmente en hacerle ajustes estructurales al corrupto sistema de aseguramiento en salud, sino en mantener la intermediación financiera de las EPS, responsable en gran medida de los billonarios desfalcos reconocidos por la propia Contraloría General de la República.

Finalmente, Vicky Dávila es la precandidata que menos propuestas coherentes y novedosas ha presentado al país por su odio visceral hacia el presidente Petro. Su candidatura se estancó por su nulo conocimiento de cómo funciona el Estado, su debilidad conceptual y por su postura cipaya que supera a las asumidas por De la Espriella, Pinzón y Fajardo.


Nota: imagen tomada de Infobae. 

sábado, 22 de noviembre de 2025

EL EVENTUAL FRACASO DE LA CAMPAÑA DE VICKY DÁVILA

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Recientes encuestas señalan que la campaña de la precandidata uribista, Vicky Dávila de Gnecco se estancó, o se puede decir que jamás arrancó a pesar de los videos en los que apareció en cafetales cantando como si fuera la “nueva” Gaviota, ordeñando a una vaca para mostrarse cercana a la causa campesina, saludando a policías y militares y comiendo empañadas en la calle. Todas, apariciones alejadas del perfil arribista y clasista de la periodista-periodista que siempre fue vista como una ficha del Establecimiento.

Explicar esos negativos resultados es relativamente fácil si el análisis se centra en decir que su discurso de odio contra el presidente Petro le negó la posibilidad de convertirse en una real alternativa política para el 2026. Creo que hay algo más. Propongo la siguiente hipótesis:

La derecha, en particular la uribizada, no valida candidaturas en las que con incontrastable vehemencia y odio se proponga “acabar con todas formas de corrupción” como tema preferente, dejando por fuera asuntos como la inseguridad, la lucha contra el terrorismo y el comunismo que vienen atados a consignas generales, engañosas y etéreas como “vamos a recuperar el país, la democracia y la libertad”. La inquina hacia Petro expresada por Dávila de Gnecco es vista por sectores políticos de aquel espectro ideológico como un asunto propio de una “mujer dolida y escandalosa”, lo que le resta credibilidad en las huestes uribistas que prefieren que quien se enfrente a Petro sea un “macho” como Abelardo de la Espriella e incluso, el tibio de Fajardo. 

Si se revisan las consignas y los discursos del expresidente Uribe no hay expresiones altisonantes referidas a dar una lucha frontal contra la corrupción. El exgobernador de Antioquia y exdirector de la Aerocivil se cuida de proponer una “guerra frontal contra los corruptos” porque sabe que no tendría mayor sentido hacerlo cuando hay un imaginario colectivo consolidado que señala a sus dos administraciones como una de las más corruptas de los últimos tiempos. Baste con examinar sus procesos penales y las condenas a varios de sus más cercanos colaboradores por la compra de su reelección y las relaciones con grupos paramilitares. Por eso prefiere hablar de “recuperar la economía, beneficiar a los jóvenes y brindarles oportunidades; de enfrentar a los terroristas y al neocomunismo”. Ni siquiera se atreve a recoger la risible propuesta de su admirado Julio César Turbay Ayala de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”.

El mal final que se augura a la campaña presidencial de Dávila también obedece a circunstancias propias del sistema patriarcal, su correlato el machismo y por supuesto a las preferencias del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez. Es claro que el Gran Capataz desconfía de las mujeres y asume que sus cuatro precandidatas, incluida Dávila, son, per se, débiles e incapaces de coger con criterio las riendas de un país casi ingobernable como Colombia.

En recientes declaraciones, casi siempre altisonantes de Dávila de Gnecco se aprecian dos frases que podrían darle validez a la hipótesis aquí propuesta: “La corrupción es la causa principal de todos nuestros males como país. “Los corruptos se han robado todo, la seguridad, la salud, y las oportunidades de los más pobres. Por eso, la consigna debe ser declararles la guerra a los corruptos y dar una lucha frontal contra todas las estructuras de la corrupción, que va desde la politiquería y las mafias, hasta los peores criminales que han unido intereses con una parte de la clase gobernante. La opción no puede ser elegir a otro Gobierno corrupto para el 26, sea del espectro político que sea. Luego lloraremos lágrimas de sangre. Tenemos la opción de tomar otro rumbo."

Así las cosas, a pesar de la explosión de precandidatos presidenciales y de una aparente división al interior de la derecha, todo parece indicar que a la final clasificarían Fajardo, De la Espriella y Juan Carlos Pinzón. Cabal, Valencia, Holguín y Vicky Dávila quedarían como fieles y obedientes animadoras pues el Gran Patrón prefiere manejar “títeres” y no tener que lidiar con “muñecas”.




Imagen tomada de: vicky davila en un cafetal cantando como La Gaviota - Búsqueda Imágenes

viernes, 21 de noviembre de 2025

SE ACABA EL GOBIERNO PETRO Y TRES ESCENARIOS QUE NO SE DIERON

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Falta poco para que se acabe el gobierno Petro y tres escenarios jamás se consolidaron: el primero, la apocalíptica sentencia de periodistas, empresarios y políticos  con la que decían que nos convertiríamos en Venezuela y que el castrochavismo nos dejaría igual o peor que Cuba; el segundo, el cacareado Acuerdo Político Nacional entre el presidente Petro y las fuerzas políticas tradicionales que asumieron la pérdida del control de la Casa de Nariño como una verdadera catástrofe; y el tercero, la disminución de la pugnacidad política y la violencia verbal. Así las cosas, es apenas lógico suponer que el ambiente electoral de 2026 podrá ser de los más caldeados de los últimos años pues hay expresiones de odio que circulan en las redes sociales y que podrían concretarse en riñas callejeras y atentados criminales.

Los reportes de billonarias ganancias de los bancos y de otros sectores económicos anulan cualquier asomo de veracidad de aquellos actores políticos que insisten en que hay que derrotar al “socialismo, al comunismo, al narco comunismo o narco socialismo”, nomenclaturas que suelen usar desde los hijos del expresidente y expresidiario Álvaro Uribe, la ignara precandidata Vicky Dávila y otros tantos que solo saben decir la insulsa frase “vamos a recuperar al país” con la que ocultan que sus reales intereses están exclusivamente en reconquistar la casa de gobierno.

En lo que toca al segundo escenario, el único acuerdo que parece que sí se va a consolidar es el de Todos Contra Petro o la Selección Antipetro creada recientemente por la campaña al Senado de Ingrid Betancur. Llama la atención el uso de los mismos colores y la tipografía de la gaseosa Colombiana, marca que pertenece al grupo empresarial de Ardilla Lulle. ¿Acaso el empresario está financiando la campaña de la excongresista que cada cuatro años deja la fría París y regresa a su patria para ver cuántos votos logra alcanzar y qué transacciones burocráticas logra concretar con la derecha?

La atomización de la derecha en virtud de la explosión de precandidatos presidenciales da cuenta de un fenómeno sociopolítico: la naturalización de la política como negocio de la que se desprende el hambre burocrática de varios aspirantes que, sin maquinaria, propuestas y carisma, mantienen el “cañazo” de sus precandidaturas para ver si de pronto en el 2026 les ofrecen una embajada, unos contratos o un ministerio.

Y en lo que corresponde al tercer escenario, quedará para la historia política y mediática los llamados a bajarle el tono y a la violencia verbal de agentes económicos y políticos. El país recordará que el presidente de la Andi, Bruc Mac Master propuso una “paz verbal” por allá en agosto de 2023 durante el Congreso gremial al que no fue invitado el presidente Petro. Y no podemos olvidar los buenos oficios de la Conferencia Episcopal cuando convocó a varios actores políticos a una reunión a la que asistieron el jefe del Estado, Gustavo Petro, el presidente del Senado, Efraín Cepeda, así como la fiscal general, la defensora del pueblo, el registrador nacional, el procurador y los presidentes de las altas cortes. Dicha reunión se dio el 16 de junio de 2025 y el mensaje de la Curia fue claro y contundente, pero ignorado: “invitamos a todo el país a valorarnos y respetarnos como hermanos, a desarmar y armonizar la palabra, y a rechazar todo tipo de violencia como forma de resolver los conflictos políticos y sociales”.

Al final, no hubo consenso político porque todos los sectores enfrentados asumen la Casa de Nariño como un botín que cada cuatro años convoca a verdaderas “guerras electorales”. Y porque las diferencias entre unos y otros son irreconciliables entre quienes le apuestan a veces con algo de “ingenuidad cultural” a que vivamos bajo las condiciones de un Estado de Bienestar; y otros que insisten en mantener los ya aceptados Estados de Cosas Inconstitucionales, resultado de su visión neoliberal del Estado.

Y no nos convertimos en Venezuela y no llegó el comunismo porque quienes pintaron ese escenario se aprovecharon de la ignorancia de cientos de miles de colombianos que creen a pie juntillas lo que dice la prensa hegemónica, responsable en gran medida de la pugnacidad política y la crispación ideológica.

No se bajó el tono, no hubo “paz verbal” y mucho menos reconciliación porque no es posible reconciliar políticamente a una sociedad clasista, racista, aporofóbica, misógina, homofóbica, pacata, farandulera, morbosa, mojigata, gazmoña, puritana, morronga, machista, atontada, mafiosa, corrupta, goda, ignorante, violenta, incivilizada y a veces con altos e incontrastables visos de estolidez.




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miércoles, 19 de noviembre de 2025

INGRID BETANCUR Y SU SELECCIÓN ANTIPETRO




Por Germán Ayala Osorio

 

El país ha visto a candidatos presidenciales en lugares populares comiendo tamales, tomates y empanadas en gestos populistas poco creíbles; incluso, se les ha visto bailando junto a trabajadores y saludando a miembros de la fuerza pública. Vicky Dávila, María Fernanda Cabal y Juan Carlos Pinzón, entre otros ya pusieron su cuota de ridículos electorales por culpa de sus asesores.

Ahora el turno le correspondió a Ingrid Betancur, la ciudadana colombo-francesa que cada cuatro regresa al país para ver qué puede pescar en materia burocrática. Pues bien, los asesores de Betancur creen que apelar al fútbol y al sentimiento patriótico que despierta la Selección de Fútbol de mayores les dará la fuerza política suficiente para hacer alianzas con la derecha para derrotar a Petro en el 2026.

La exsenadora, fungiendo como directora técnica, convoca a los colombianos a conformar lo que ella llama la “Selección Antipetro”. La estrategia publicitaria de Betancur apela al mismo sentido patriotero con el que Abelardo de la Espriella le habla a los militares y a los defensores de la Patria. En el video aparecen hombres y mujeres adultos, lo que hace suponer que el público objetivo es justamente esa población etaria. Quizás por ahora no estarían convocados los jóvenes en ese combinado nacional Antipetro que quiere conformar la ladina política. Lo que si queda claro es que el rival a vencer, el único, es Petro o el petrismo. Rival o enemigo por vencer viene siendo lo mismo en este ambiente de polarización política y crispación ideológica.

Tampoco queda claro si Betancur está pensando en ser candidata presidencial, aspirará a regresar al Congreso o simplemente la pasajera directora técnica de ese soñado seleccionado y la única capaz de unir a la derecha, convocando a otros directores técnicos (precandidatos presidenciales) para armar una “Selección capaz de ganarle a Petro por goleada”.

En el pegajoso estribillo se escucha decir “la selección Antipetro, por la gente, por el pueblo, la selección Antipetro, marca Oxígeno, para vencerlo”. En el bien logrado video aparecen 12 jugadores, 8 hombres y 4 mujeres. El primero en aparecer es Frank Pinchao, el policía que se les voló a las Farc del penoso e inhumano cautiverio al que sometieron, junto a otros uniformados y a la propia Ingrid Betancur durante varios años.

Llama la atención la tipografía usada para la frase Selección Antipetro, cuyos colores permiten asociarla directamente con la Selección de Fútbol y con la imagen de la gaseosa Colombiana, producto Postobón en manos del empresario Ardila Lulle. Si el magnate está dispuesto a jugársela con Ingrid Betancur como candidata presidencial o como cabeza de lista al Senado, el próximo spot publicitario podría decir: Ingrid, la Nuestra.




Definitivamente los asesores de Betancur y De la Espriella, para nombrar apenas a las dos campañas con atractivos videos, le están apostando a los básicos sentimientos patrióticos- patrioteros- que se despiertan con facilidad en una sociedad escindida que cree en falsos Mesías y en que la Selección de Fútbol realmente es la única capaz de unirnos, aunque no se tenga claro el propósito de esa unión por una razón elemental: la derecha le habla a un pueblo y la izquierda a otro muy distinto.



martes, 18 de noviembre de 2025

DEMOCRACIA EN LOS PARTIDOS O "DEDOCRACIA"

 

Por Germán Ayala Osorio

 

La democracia, como régimen de poder, tiene en los partidos políticos a una parte importante de sus cimientos, por lo menos desde el punto de vista institucional (electoral). En una democracia formal y procedimental como la colombiana, dichas colectividades han servido para confirmar que operan - vaya contradicción- alejadas de principios elementales de un régimen democrático: elecciones libres, discusiones públicas con la participación de las bases sociales, respeto a los estatutos o reglamentos construidos colectivamente y la generación de una opinión pública cualificada y defensora de las libertades de prensa y de opinión.

La crisis globalizada de los partidos políticos de la que no escapa Colombia allanó el camino al debilitamiento de históricas colectividades como los partidos Conservador y Liberal, responsables y auspiciadores de las estructurales debilidades de la “democracia más antigua de América” y por supuesto de la violencia partidista; con ese imaginario colectivo se ha querido ocultar los violentos y antidemocráticos periodos presidenciales protagonizados por los gobiernos de Turbay Ayala, Álvaro Uribe Vélez e Iván Duque Márquez. Baste con recordar el Estatuto de Seguridad y la Política de Seguridad Democrática para señalar que se acercaron en violencia política a las que ejercieron las dictaduras de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay.

Después de la captura mafiosa del régimen democrático que perpetraron conservadores y liberales durante el Frente Nacional, los sueños por ampliar la democracia que durante 16 años secuestraron los líderes de los partidos Liberal y Conservador fueron recogidos por colectividades que nacieron de negociaciones de paz entre el Estado y agrupaciones guerrilleras y paramilitares, unas atadas al ambientalismo y otras tantas a divisiones y disidencias marcadas muchas por rebeldes líderes carismáticos que decidieron montar tolda aparte. Por supuesto que esa explosión de partidos jamás ayudó a superar los problemas estructurales que arrastra la formal y procedimental democracia colombiana.

Por el contrario, los más de 50 partidos y movimientos[1] creados después del Frente Nacional dan cuenta de una especie de gamonalización de la política ancorada en liderazgos de políticos profesionales interesados exclusivamente en capturar el Estado, usando sus colectividades como plataformas ideológicas y burocráticas para lograr ese cometido.

Ahora que se avecinan las elecciones presidenciales y parlamentarias en Colombia, la crisis de los partidos y de la democracia se agudizan gracias a que por lo menos 100 candidatos se inscribieron con movimientos por firmas, una de las estratagemas con las que el sistema electoral alimenta los problemas de la democracia colombiana. Otra demostración del precario sentido de la democracia que subiste al interior de partidos y movimientos políticos lo da el Centro Democrático y su propietario, el expresidiario y expresidente Álvaro Uribe Vélez.

Ante las peleas intestinas entre sus cinco precandidatos presidenciales y después de eventos públicos en los que cada uno de los aspirantes buscaba afanosamente agradar y seducir al Patrón, el expresidente antioqueño, dueño de esa microempresa electoral, decidirá a dedo (dedocracia) entre Abelardo de la Espriella y Juan Carlos Pinzón el candidato que representará los intereses de Uribe, del llamado uribismo y de la derecha y la ultraderecha.

Las precandidatas Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y Paola Holguín deberán conformarse con haber cumplido el rol de bastoneras, animadoras y fieles enamoradas del Gran Gamonal que tiene una muy reducida comprensión del concepto de la democracia y unas evidentes dudas de las capacidades de las mujeres para gobernar. La Dedocracia, para ungir a su próximo títere, arrastra los negativos resultados económicos y sociales del gobierno de Iván Duque Márquez; eso sí, ese mismo dedo con el que finalmente investirá a su nuevo "juguete" le sirvió para estigmatizar a sus críticos y perseguir a sus detractores durante sus aciagos ocho años de mandato. No importa si proclama al “Tigre” o al “General sin soles” como su candidato presidencial para recuperar a la Casa de Nari. Lo realmente importante es que se confirma que su desprecio por la democracia se origina en su propia microempresa electoral.

 



[1] M-19 (Alianza Democrática M-19). Unión Patriótica (UP). Partido Verde Oxígeno. Movimiento de Salvación Nacional. Laicos por Colombia / Partido Nacional Cristiano. Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA). Partido Polo Democrático Alternativo (PDA). Partido Verde (original). Movimiento Alas Equipo Colombia. Centro Democrático. Opción Centro (luego Alianza Verde). Fusión de Progresistas y Verde. Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS). Colombia Humana. Fuerza Ciudadana. Pacto Histórico (coalición que se convirtió en partido). Liga de Gobernantes Anticorrupción. Nuevo Liberalismo (recuperado), En Marcha (de Daniel Quintero), etc.


viernes, 14 de noviembre de 2025

¿Y QUÉ TIENE DE MALO ACABAR CON EL PÁRAMO DE SANTURBÁN?

 





Por Germán Ayala Osorio

 

Los precandidatos presidenciales Abelardo de la Espriella y Santiago Botero Jaramillo representan a la violenta (ultra) derecha colombiana. En su afán de presentarse como machos cabríos más berracos que el expresidente Uribe, terminan diciendo pendejadas, cometiendo errores o simplemente dejando ver su supina ignorancia en temas ambientales y ecológicos: el primero, admira a Bukele y propuso dar de baja a los malos y meterlos presos en cárceles de verdad. Esto dijo: “Bandido que no se someta, tiene que ser dado de baja, y si es dado de baja, tiene que ser encarcelado en una cárcel de verdad…”. En medio de la risa que generó su particular lapsus, hay que recordar que también planteó la necesidad de “destripar a la izquierda”.

Mientras tanto el segundo, Botero Jaramillo, dice que va a romper con el sistema y al igual que el corroncho cordobés, ofrece “balín”. Las “bellísimas ideas” de estos dos demócratas han sido recogidas y apoyadas por tuiteros y hasta por la Señorita Antioquia. Incluso, un "cuenta chistes" se preguntó en voz alta: “¿Y qué tiene de malo destripar a la izquierda y que no existan más?”

En el afán por ganar simpatías en los sectores más fachos de la sociedad colombiana, Botero Jaramillo estaría dispuesto a afectar a valiosos y estratégicos ecosistemas naturales como el Páramo de Santurbán. Esto dijo el ignaro empresario: "Si tenemos que acabar el páramo de Santurbán para que 100 o 1000 familias vivan bien, que se traguen ese páramo de Santurbán. A mí me importa un culo el páramo de Santurbán, porque yo no puedo tener un páramo de Santurbán y la gente mía aguantando hambre y muriendo de sed”.

En su procaz lenguaje y su actitud chabacana, el empresario paisa y ahora político quizás esté pensando en liderar actividades propias de la Colonización Antioqueña como la deforestación, los cambios disruptivos en los paisajes, la expansión agrícola, las “mejoras” hechas a zonas selváticas y la destrucción de ecosistemas naturales.

Esa forma de asumir el desarrollo de Botero Jaramillo es la misma de hacendados, ganaderos, urbanizadoras, constructoras, paramilitares y guerrillas metidas en el negocio de la minería y agroindustriales (azucareros y palmicultores), entre otros agentes más que asumieron la biodiversidad como un obstáculo para desarrollar el país. El desprecio que dejó ver Botero por el valioso y frágil ecosistema natural no es nuevo. Por el contrario, hace parte de las lógicas y dinámicas del poder económico, social y político que viene alentando un desarrollo económico a todas luces insostenible porque está sostenido únicamente en las variables económica y política, esta última sometida a los intereses de poderosos actores económicos y financieros a los que siempre les importó un culo afectar ecosistemas estratégicos que hoy resultan claves para minimizar los impactos negativos del cambio climático.

Menos mal Botero no llegará jamás a la Casa de Nariño. En el catastrófico caso de resultar electo presidente, sería recomendable que en la cartera de ambiente nombrara a Vicky Dávila, otra indocta y enemiga de los ecosistemas naturales. El país recuerda que la periodista-periodista propuso construir una mega cárcel en la Amazonia para encerrar en esta a los corruptos.  Por el contrario, si  de llegar a la casa de gobierno Abelardo de la Espriella, quizás el próximo ministro de Ambiente y Sostenibilidad sea Santiago Botero. El desprecio por todas las formas de vida es propio de los agentes de la derecha, y eso incluye, la vida de los gatos, perros, páramos, selvas y comunidades ancestrales. No podemos olvidar que De la Espriella asesinó a un gato en su adolescencia. 

Si el cuenta chistes que en la red social “bautizaron” como “Hitler Albeiro” lee la gran propuesta de Santiago Botero, quizás pueda preguntarse: ¿Y qué tiene de malo acabar con el páramo de Santurbán?, pues quienes suelen defender a la naturaleza están más cerca de la izquierda y el progresismo, que de la ultraderecha en la que militan todos los aquí reseñados. 

jueves, 13 de noviembre de 2025

FAJARDO O PINZÓN: ¿CUÁL DE LOS DOS SERÁ EL NUEVO “TÍTERE” DE URIBE?

 

Por Germán Ayala Osorio

 

En el actual escenario electoral hay dos precandidatos presidenciales que inexorablemente terminarán pareciéndose o acercándose a la malograda e insulsa figura de Iván Duque Márquez, el consagrado títere de Uribe Vélez, responsable del estallido social y la llegada de Petro a la Casa de Nariño: se trata de Juan Carlos Pinzón Bueno y Sergio Fajardo Valderrama. Los dos tienen en común que el primero ya se reunió con el expresidente antioqueño y el segundo, de acuerdo con Ingrid Betancur, “habla mucho” con el dueño del Centro Democrático, único responsable de decidir cuál será, finalmente, el candidato del uribismo.

En los mentideros políticos y periodísticos se dice que Abelardo de la Espriella y Vicky Dávila dejaron de ser figuras elegibles para el uribismo por las maneras en las que vienen desarrollando sus actividades proselitistas, sobrecargadas de una violencia discursiva y simbólica que aporta al ya caldeado ambiente de polarización y crispación ideológica. De allí que los agentes más poderosos del Establecimiento estén pensando en candidatos “más moderados”, pero sobre todo más cercanos a la ética empresarial corporativa con la que se manejaron los asuntos del Estado durante los 20 años de uribismo.

Así las cosas, resulta razonable pensar que al expresidente Uribe le tocará deshojar la margarita entre Fajardo y Pinzón, lo que significa que las aspiraciones de los precandidatos y precandidatas del Centro Democrático quedan anuladas o postergadas.

Entre el profesor y matemático y el exministro de Defensa de Santos no hay mayores diferencias al momento de tener que aceptar ser conducidos o manejados por el expresidente antioqueño. En el pasado, Fajardo expresó su total admiración hacia Uribe Vélez cuando este fungía como gobernador de Antioquia, en dos columnas de opinión publicadas en El Colombiano. A lo que se suma que jamás el profesor cuestionó a las EPS responsables de la crisis del sistema de aseguramiento en salud.

En cuanto a Pinzón Bueno, su cercanía con las huestes castrenses Uribe la asume como una ventaja comparativa para recuperar a las fuerzas armadas con el fin de regresarlas a los tiempos de la seguridad democrática y por esa vía revivir la doctrina del enemigo interno, extensiva por supuesto a quienes piensen distinto y a todo lo que huela a izquierda y progresismo. Más claro: con Pinzón le quedaría más fácil a Uribe Vélez volver a “privatizar” a las fuerzas armadas tal y como lo hizo durante sus ocho años de mandato.

El país recordará que la imagen de títere del entonces presidente Duque se volvió viral en buena medida por una caricatura del genial Matador, legitimada por el propio mandatario quien dijo en su momento que él no era el títere de Uribe. Esto dijo: “No soy títere, ni Uribe es titiritero”.

Eso sí, fue la periodista Ángela Patricia Janiot quien terminó de “graduarlo de títere”. Esto le preguntó en una entrevista en 2021: “Varias veces lo han caracterizado a usted como un títere del expresidente Álvaro Uribe y ahora el propio exmandatario dijo que quieren llevarlo a usted como un títere al próximo proceso electoral para que ganen ellos, decía Uribe refiriéndose al régimen chavista. A eso le están jugando, dijo Uribe. ¿Qué opinión le merece que hasta el propio Uribe se refiera a usted como un títere?”

¿Se atreverán los periodistas afectos al uribismo a preguntarles a Fajardo y Pinzón si están dispuestos a comportarse como los “muñecos” de Uribe? Lo que si parece claro es que ninguno está en capacidad de tomar distancia de lo que se conoce como el uribismo por una razón compartida: los dos desean llegar a la Casa de Nariño, cueste lo que cueste.

Adenda: si finalmente es Abelardo de la Espriella el ungido del procesado expresidente antioqueño, no le quedará fácil lidiar a este último con la imagen chabacana que arrastra el político cordobés. Eso sí, al igual que Fajardo y Pinzón, De la Espriella será el "muñeco" de Uribe y el "elegante y fino" abogado se sentirá feliz de obedecer al expresidente y exdirector de la Aerocivil. 



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EFECTOS DE LA DOCTRINA DONROE

  Por Germán Ayala Osorio   La actual coyuntura política generada en gran medida por la aplicación de la doctrina Donroe es el escenari...