Por Germán Ayala Osorio
“El dominio de EE. UU. en
América Latina no será cuestionado nunca más” es la frase lapidaria espetada
por el convicto presidente Donald Trump que servirá de principio ideológico,
razón política, valor moral e incluso de eslogan de campaña de la derecha colombiana
en las elecciones presidenciales.
Trump jugará duro en los próximos
comicios. Y lo hará ofreciendo millones de dólares como lo hizo en la Argentina
de Milei y recientemente en Honduras. Nunca la injerencia política y electoral
del Tío Sam se sentirá tanto como en la ya caldeada jornada electoral que se
avecina en el país.
Después del ataque militar y la
captura-secuestro del autócrata presidente de Venezuela, Trump aplicará en
Colombia su propia doctrina de seguridad nacional (Donroe) por razones que
saltan a la vista pero que es bueno exponer: 1. El proyecto progresista
liderado por Petro constituye una verdadera amenaza a los intereses de USA en
el país y en la región por cuenta del liderazgo de Petro, pero sobre todo por
la actitud desafiante asumida por el mandatario colombiano. El fantasma del
neocomunismo o neo socialismo volverá a la escena electoral.
La coyuntura internacional y regional generada por la incursión militar en Venezuela pone desde ya a quienes osen hablar de dignidad, soberanía y respeto al derecho internacional en el patíbulo que administra Marco Rubio y en la mira de las autoridades norteamericanas dispuestas a recrear escritos de acusación contra todas aquellas figuras públicas que se atrevan a cuestionar el naturalizado dominio gringo en Colombia y Latinoamérica. Los señalamientos al presidente Petro de ser el "líder del narcotráfico "y de ser un "enfermo" hacen parte de la estrategia prepolítica, política y electoral de la doctrina Donroe. La amenaza directa contra el gobierno y la persona del presidente colombiano debe tomarse en serio. “Colombia está gobernada por un enfermo, pero no lo va a seguir haciendo por mucho tiempo”.
2. Al presidente Trump le urge
poner en la Casa de Nariño a un mandatario que cumpla con las condiciones de la
fallida lucha contra las drogas. Esto es, necesita de un presidente obsecuente
con los manejos turbios de la DEA y que le vuelva a asegurar el control logístico
y político de la producción de cocaína que se exporta hacia el mercado americano
en las sempiternas condiciones institucionales que Petro intentó descifrar e
incluso erosionar.
3. Otra de las razones que tendrá
Trump-Rubio para influir de manera directa en la jornada electoral colombiana está
asociada a los avances de la negociación con los agentes de poder del régimen venezolano
que finalmente entregaron a Maduro Moros. Cumplan o no con lo acordado, la Casa
Blanca necesita de un presidente colombiano que apoye de manera irrestricta las
decisiones que tomará el gobierno gringo en relación con la administración
tutelada de Venezuela y sus recursos energéticos. Trump y Rubio ya dejaron claro
que no les gusta que los cuestionen, de ahí que la frase con la que se inicia
esta columna constituye una amenaza para quienes le lleven la contraria al Gran
Sheriff.
Bajo esas circunstancias, sobre
la campaña de Iván Cepeda se posarán los ojos vigilantes de los Estados Unidos.
Cepeda tiene dos opciones: la primera, morigera su discurso anti gringo y toma
algo de distancia de Petro, sin caer totalmente en una postura indigna; o la
segunda, decide recoger el espíritu contestario y emancipador del saliente presidente
colombiano, lo que supondrá, una vez instalado en el Solio de Bolívar, extender
en el tiempo las tensas relaciones diplomáticas entre Washington y Bogotá.
Los candidatos de la derecha no caerán
en disquisiciones alrededor de la dignidad y la soberanía porque eso de ser
cipayo se les da de forma natural. Habrá que estar atento a cuál candidato
presidencial finalmente los Estados Unidos designan como el más conveniente
para sus propósitos “imperialistas”. Estados Unidos le apuntará a controlar políticamente a Venezuela y a Colombia.