Por Germán Ayala Osorio
Sergio Fajardo Valderrrama y
Claudia López Hernández se venden como candidatos presidenciales de “centro”, sin
que el electorado tenga claridad de las diferencias entre ese espectro y la
derecha y la izquierda, las orillas ideológicas más reconocidas en el país.
El “centro”, entonces, es una difusa
orilla ideológica que en medio del crispado ambiente electoral se asume como
una apuesta por la moderación e incluso como el remedio definitivo a la
polarización política. Sin duda alguna, se trata de una construcción conceptual
atada a una realidad política, electoral y coyuntural: existen dos consultas
que representan con claridad a la izquierda (progresismo) y a la derecha. La
del Frente por la Vida y la Gran Consulta. Abrirle camino a un medroso “centro”
constituye una jugada electoral alejada de cualquier intención de consolidar
teórica y conceptualmente, así como darle vida práctica al “Centro político”.
La posibilidad de que López y Fajardo den vida a una tercera consulta, esta vez de “centro”, supone la superación del duro enfrentamiento verbal que en el pasado protagonizaron los dos. En aquella oportunidad, la exalcaldesa de Bogotá calificó al exgobernador de Antioquia como egocéntrico y criticó el que se haya ido a ver ballenas en un momento político clave en el cual el país le exigía asumir una postura política clara y coherente; mientras tanto, Fajardo la calificó de oportunista. Además, esa posible consulta de “centro” supone echarle tierrita al pasado uribista del profesor y matemático.
En la columna El Gobernador
Uribe (1997), publicada en El Colombiano, Fajardo
Valderrama le echó flores a Álvaro Uribe Vélez: “El gobernador Uribe
es de los pocos líderes que tiene el país y ahora asume nuevas
responsabilidades. La verdadera envergadura de los líderes se mide en su
capacidad de aprender sobre la marcha”. Además, calificó en el mismo
texto de opinión, de “honesta” la administración de Uribe. Contrasta la
positiva mirada de Fajardo sobre el entonces gobernador de Antioquia los cuestionamientos
de su gestión por hechos relacionados con el apoyo a grupos paramilitares con
ocasión de las masacres de La Granja y El Aro ocurridas en esa jurisdicción.
Entre tanto, Claudia López Hernández,
como académica, criticó con dureza a Uribe a quien tildó de “agente paramilitar”.
En el 2025, ya en su rol de política, dijo a un medio de comunicación que “Uribe
fue elegido con paramilitares, gobernó con ellos, les dio cuotas de poder y
compró congresistas para su reelección". Recientemente, señaló
que “no
soy uribista, pero reconozco que Uribe combatió
a los paras y a las Farc”. Sin duda alguna, López Hernández,
como política, es oportunista y se acomoda a las circunstancias.
Más allá de las incoherencias y
las posturas amañadas de Fajardo y López, lo cierto es que de darse la tercera
consulta, esta vez del medroso y fantasmal “Centro político”, se consolidaría
la atomización de una derecha desesperada por la posibilidad, latente a juzgar por
las recientes encuestas, de que Iván Cepeda Castro se convierta el próximo
presidente de la República.
La verdad es que en términos económicos, los dos son fieles seguidores de la doctrina neoliberal, lo que los ubica inexorablemente en la derecha. En asuntos de movilidad, López Hernández está atada al sistema Transmilenio, lo que supone una afinidad con elementos y criterios propios de la derecha. Fajardo y López son proclives a gobernar para la plutocracia, por lo tanto, ofrecen lo mismo que Uribe, Santos y Duque.