Por Germán Ayala Osorio
La captura-secuestro de Beto Coral (Franklin Humberto Coral Garrido) por parte de las autoridades migratorias de los Estados Unidos representa la peligrosa coincidencia entre las posturas fascistas que exhibe el candidato presidencial Abelardo de la Espriella y las aplicadas al interior de la tierra del Tío Sam en contra de migrantes latinos que han sido cazados por agentes de AIS que han actuado como “perros ferales”; y por supuesto las que vienen ejecutando Israel en contra de los palestinos con el apoyo gringo y las aplicadas por el gobierno Trump sobre los iraníes en una guerra que al parecer perdieron los norteamericanos. Estigmatizar, perseguir (política y judicialmente), ejecutar, asesinar y desconocer derechos y libertades son los formas verbales más comunes usadas por los fascistas a través de la historia.
El periplo por varios estados de
la Unión Americana al que viene siendo sometido Coral Garrido constituye una
forma clara de negarle el derecho a defender su estatus migratorio atado a la
solicitud de asilo que presentó hace varios años. Esos traslados en silencio
tienen el propósito de minar la voluntad del activista y conductor de Uber para
obligarlo a firmar su auto deportación. Familiares de Coral informaron que ha
sido maltratado física y psicológicamente por miembros de las autoridades de
migración del país del norte. Sin duda alguna, un comportamiento fascista en contra
de alguien que no cometió delito alguno. Bueno sí, cometió el nuevo delito
que declararon al tiempo De la Espriella y Trump-Rubio: pensar, disentir,
criticar y atreverse a publicar las opiniones.
Esos traslados, generados en
medio de un silencio institucional, provocaron las reacciones de familiares de
Coral Garrido que por varias horas se imaginaron lo peor. El periodista Daniel
Coronell en su cuenta de X trinó lo siguiente: “La familia de @Betocoralg tiene
derecho a saber dónde está”. Hasta el presidente Petro se pronunció
desde la misma red social: “El presidente de la República de Colombia le
exige al presidente de los EEUU, que le diga al pueblo de Colombia, dónde está,
Alberto Coral, el hijo del oficial de policía colombiana que descubrió en qué
lugar estaba el narcotraficante más grande en el mundo de la cocaína: Pablo
Escobar. Que nos diga si somos compañeros de verdad en la lucha contra el
narcotráfico, o solo nos ven como un pueblo inferior para ser utilizables,
golpeables, torturizables económica y políticamente en los EEUU. Si es así, el
padre de Beto Coral, capitán de la policía de Colombia, perdió su vida por nada”.
De igual manera, la
captura-secuestro del activista pro-Pacto Histórico sirve para constatar que la
injerencia del gobierno de Trump en la campaña presidencial colombiana va más
allá de haber expresado simpatías por el candidato de la ultraderecha
neoliberal, quien desde ya funge como el remplazo de Álvaro Uribe Vélez como
agente político pro-gringo y “muro de contención del comunismo”.
El periódico de New York Times
(NYT) informa que existe un memorándum con el que se ordenó a la División de
Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) la detención de Beto Coral fue
firmado por Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos. De origen
cubano, Rubio estaría aplicando las mismas estrategias usadas por el régimen
cubano en manos de los hermanos Castro Ruz para quitarse de encima a los
ciudadanos incómodos. La decisión de
Rubio se habría producido por petición directa de Abelardo de la Espriella, candidato
al que el activista de izquierda criticó y expuso en un video. De acuerdo con
el NYT, el argumento político e ideológico que usó Marco Rubio para recomendar la
detención con fines de deportación del influencer colombiano está
soportado en que “Coral Garrido ha empleado su estancia en Estados Unidos para
llevar a cabo actividades políticas en apoyo al gobierno Petro y ha criticado
públicamente a Abelardo de la Espriella, un candidato de derecha respaldado por
Trump”. Agregó Rubio que las opiniones de Coral "socavan la política exterior de los Estados Unidos". Vaya eufemismo al que apela para justificar lo que claramente es una detención política, que convierte al activista en un preso político del régimen de Trump.
El caso de Coral Garrido resulta
ejemplarizante y atemorizante en particular para los periodistas y tuiteros que
confrontan en redes sociales y medios al candidato De la Espriella. De llegar a
la presidencia de la República este 21 de junio existe el temor fundado de que
las persecuciones en contra de activistas y críticos que osen criticar al nuevo
jefe del Estado se naturalicen a través de una política pública de seguridad
del Estado. La Seguridad Democrática de Uribe sería, frente a esa nueva
realidad, un juego de niños.
En ese escenario, las libertades
de opinión y prensa estarían en riesgo, lo que aseguraría la operación en
Colombia de un régimen de mano dura con visos fascistas. Y lo que es peor:
legitimado por Trump y Rubio, dos encarnizados enemigos del progresismo y de todo
lo que rodee a las figuras de Gustavo Petro e Iván Cepeda.
Termino esta columna con esta declaración:
“Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era
socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era
sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era
judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara
en mi nombre”. Martin Niemöller.
Adenda: desde esta Tribuna
rechazo con vehemencia la captura-secuestro de Beto Coral, así como los tratos
inhumanos a los que haya sido sometido. Me solidarizo con su esposa, hijo, madre y Logan, su hermoso perro. Coral es un preso político. Punto.