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martes, 23 de junio de 2026

DE LA ESPRIELLA Y LA MUÑEQUIZACIÓN DE LA POLÍTICA

 

 


Por Germán Ayala Osorio

 

Abelardo de la Espriella, virtual presidente electo, deberá salir de la caja o urna desde la que hizo campaña, amenazó con destripar a la izquierda y de afectar en materia grave a los páramos con “fracking a lo que marque”; la misma desde donde dio su primer discurso. El mismo que la prensa hegemónica calificó como “conciliador”. Al salir de esa especie de joyero, De la Espriella sentirá de manera directa lo que es lidiar con un país como Colombia: lleno de cafres- él mismo lo dijo-, gobernado por mafias de todos los pelambres y una élite premoderna, rentista y precapitalista. Aunque deje la caja, la muñequización de la política que él representa llegó para quedarse.

La enorme urna la ubicaron en Barranquilla, la ciudad del clan Char, fuerza política que está detrás de su triunfo electoral. Los Char le prestaron el espacio de la “ventana al mundo” para que le hablara a la “manada” (no está claro si se trata de ovejas o de felinos cachorros). Dicen por ahí que “todo comunica”. Pues bien, Abelardo comunica muchas cosas y lo mismo su esposa.  Se entiende comunicar en el sentido de poner en común unas ideas y las formas como concibe el poder y la política. Y en la comunicación hay factores ético-estéticos que bien vale la pena observar.

Empecemos por la señora Ana Lucía Pineda Aruachan, quien, sin ostentar la condición de “Primera dama”, se hizo viral en las redes sociales por un gesto de desprecio a miembros de la manada que al parecer la felicitaban por el triunfo en segunda vuelta. En el video se ve que Pineda se limpia los dedos que al parecer le quedaron grasientos después del infausto contacto con algunos de los más de 12 millones que votaron por su marido. Muchos de esos votos salieron de viviendas humildes, de gente pobre y por supuesto de la siempre cambiante clase media. 

¿Será que la elegante primera dama se sintió sucia o simplemente el efecto Lady Macbeth la llevó a tratar de limpiarse? Sobre ese efecto se dice que es la “tendencia o necesidad de limpiarse, lavarse las manos o ducharse después de haber cometido algún acto que va en contra de nuestras creencias y sentimientos, ante la sensación de a gusta y malestar interno que nos supone la contradicción entre nuestra creencia y nuestra acción”.

Con o sin efecto Macbeth, De la Espriella y su esposa son claramente aporofóbicos y clasistas. Además, profesan un desprecio por el país y su gente. Es un populista de derecha, pero sin respaldo popular. O mejor, con el respaldo de un pueblo ignorante, inspirado en un ethos mafioso. 

Hay una ética-estética que rodea la figura del Tigre. Sigamos con su alegoría al gran felino. Se trata de un animal “solitario y depredador.  Son excelentes nadadores y poseen visión nocturna aguda, oído y olfato desarrollados, así como garras y dientes poderosos para cazar”. Quizás en esas características Abelardo de la Espriella, el animal humano, sustenta su amenaza de “destripar a la izquierda” pues está convencido de que “puede morder duro”. Hay que esperar los zarpazos fiscales y los que se den contra el erario. 

El uso de la camiseta de la Selección Colombia también tiene un significado que supera los argumentos jurídicos asociados a la manipulación de los símbolos patrios. Portar esa particular camiseta apunta a que De la Espriella asume la política y el ejercicio del poder como un juego en el que solo ganarán los poderosos: el banquero Gilinski que de manera directa apoyó su campaña, será uno de los primeros en recuperar la millonaria inversión, muy seguramente sobre enormes costos sociales: puso al servicio del therian la revista Semana, un fortín ideológico y cloaca en la que Vicky Dávila enterró la deontología del periodismo.

La muñequeada figura de Abelardo de la Espriella dentro de la caja proyecta la imagen de un ser especial, pero también la de un juguete. Haber llamado a Donald Trump para agradecerle su apoyo explica esa condición de marioneta que parece disfrutar el presidente electo. Lo llamativo es que los hilos con los que el presidente de los Estados Unidos le dará vida a De la Espriella están cargados de inmoralidad. Trump es un vulgar pederasta y un fino convicto dentro del territorio gringo. 

Después de Duque, el primer títere reconocido como tal, De la Espriella no solo naturaliza la existencia de esa figura no humana o proto humana, sino que mejoró la estética: deviene encajada, lo que le da un aire de pureza en medio de su inhumana existencia. De la Espriella saldrá de la urna de cristal y por cuatro años- quizás más- vivirá protegido y en mejores condiciones de asepsia en la Casa de Nariño o en adelante la Casa del Muñeco.

Adenda: ya se anuncian nombres de eventuales ministros para el gobierno de Abelardo de la Espriella. Se trata de políticos tradicionales. Los verdaderos “nunca”: los que nunca soltarán la “teta” del Estado. “Firmes por la tradición” se escuchó gritar en las huestes de los partidos conservador y liberal.





DE LA ESPRIELLA Y LA MUÑEQUIZACIÓN DE LA POLÍTICA

    Por Germán Ayala Osorio   Abelardo de la Espriella, virtual presidente electo, deberá salir de la caja o urna desde la que hizo c...