Por Germán Ayala Osorio
El primer presidente therian
de la historia del país hace parte del nutrido grupo de negacionistas del
cambio climático. De la Espriella, como era de esperarse, gobernará de la mano
de Trump no solo por ser ciudadano norteamericano, sino por hacer parte de la
ultraderecha internacional que niega que estemos en la era del Antropoceno. Se
trata de personajes que niegan los nuevos escenarios socio ambientales y ecológicos,
al tiempo que declaran guerras e intervenciones militares con visos fascistas y
prácticas genocidas, así como persecuciones a migrantes latinoamericanos que
viajaron a los Estados Unidos atraídos por el “sueño americano”. En Europa se hace
lo propio contra migrantes africanos de las colonias francesas e inglesas.
El canciller Omar Bula Escobar lo
acompaña en su actitud negacionista y por supuesto en la legitimación del genocidio
en Gaza contra el pueblo palestino ejecutado por Israel y su ejército sionista.
Frente al cambio climático Bula Escobar dice que “el clima siempre ha
cambiado a través de los años”; de esa manera niega que las pluricrisis
climáticas sean consecuencia de actividades antrópicas altamente disruptivas
como la deforestación, la ganadería extensiva y en general las que se desprenden
del modelo económico extractivista, desarrollista y consumista. También
acompaña a su jefe en la negación del genocidio en Gaza. “Reconstruiremos
las relaciones con Israel, que nunca debieron haberse roto. Con
ellos tenemos una relación de décadas cordial y constructiva en términos
económicos y de seguridad” espetó el ultraconservador ministro de Relaciones
Exteriores de Colombia en la era del “tigre”.
Estamos ante posturas
negacionistas que rayan con la inmoralidad y que le apuestan a garantizar a
futuro las condiciones descritas en la película Elysium y por supuesto las que
expuso Huxley en su novela Un Mundo Feliz en el que el futuro de la humanidad
quedaría circunscrito a la manipulación controlada de la vida en el Centro
de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres. En la novela se
lee que de ese lugar saldrían “hombres y mujeres estandardizados, en
grupos uniformes. Todo el personal de una fábrica podía ser el producto de un
solo óvulo bokanovskificado”. La homogenización étnico cultural y la
limpieza étnica por la vía del genocidio serían los primeros pasos que nos
llevarían al mundo feliz que pintó Huxley.
Si bien hay preocupación entre ambientalistas, ecologistas, biólogos y ecólogos por la promesa electoral del peligroso felino de hacer “fracking a lo que marque”, incluso en páramos, las ambivalencias y la psiquis voluble de Abelardo, sus ministros de Agricultura y Medio Ambiente, Indalecio Dangond y Fabio Arjona Hincapié no son negacionistas del cambio climático, pero lo más probable es que terminen cambiando de parecer presionados por quien niega las pluricrisis ambientales y porque ambos ministros exhiben el carácter pragmático que se requiere para tomar decisiones socioambientales que beneficiarán a los ganaderos, latifundistas y a agentes que votaron por De la Espriella y le apuestan a universalizar en el país el modelo de la gran plantación. Dangond, por ejemplo, habla de adaptación en tanto reconoce la existencia del cambio climático; lo contrario del ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible quien dijo en el pasado que “no estoy de acuerdo con muchas políticas de Trump, como no reconocer el cambio climático, que me parece terrible”. El nivel de pragmatismo que dejó ver en sendas entrevistas Fabio Arjona, antes de posesionarse en la cartera ambiental hacen pensar que se ajustará a lo que le ordene el nuevo inquilino de la Casa de Nariño (¿O de Nari?).
No creo que al interior del gabinete
del therian presidente se den discusiones y mucho menos disquisiciones ideológicas
alrededor de la defensa de la vida. Eso solo sucede en la izquierda no pragmática. No. Se impondrá el pragmatismo y la necesidad de cumplirle a quienes lo apoyaron para avanzar en los procesos de sometimiento de los ecosistemas naturales-históricos y de la vida de los seres humanos que
viven dentro de sus límites o en sus fronteras: indígenas, pueblos afros y
comunidades campesinas. Ya tendremos tiempo de evaluar los efectos- daños- que
dejará el “tigre”, un reconocido depredador ápice.