Por Germán Ayala Osorio
Caracol Televisión y su Noticias Caracol son una fábrica
de realidades que se ajusta con inusitada perfección a su rol de agente político
y periodístico, defensor del Establecimiento colombiano. En el actual escenario
electoral, su línea editorial claramente apunta a posicionar y tratar con pinzas
a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, los candidatos presidenciales de
la derecha uribizada. Lo contrario sucede con Iván Cepeda, candidato del progresismo
al que confrontan y tratan de acorralar con preguntas y comentarios cargados
ideológicamente.
Con el proyecto Colombia
Decide, 2026, El País de los Jóvenes, Caracol Televisión organizó y transmitió
un encuentro entre Abelardo de la Espriella con jóvenes que, de acuerdo con
María Alejandra Villamizar, la conductora del programa, “representan a todas
las regiones de Colombia”.
Varias cosas salieron mal en este
primer ejercicio “dialógico” entre De la Espriella y el grupo de jóvenes que
interactuó con el candidato presidencial. Lo primero que hay que decir es que
se trató de una “puesta en escena” a través de la cual se le hace creer a las
audiencias que habrá un diálogo fluido entre los muchachos y el político que
insiste en que no lo es.
Villamizar saludó amablemente al aspirante
presidencial. Lo llamó Abelardo. ¿Haría lo mismo con Cepeda? Una joven de
apariencia indígena, al parecer Nasa, dio inicio al supuesto diálogo. Su presencia
se explica quizás por el reciente atentado terrorista ocurrido en la vía Panamericana,
a la altura de El Túnel (Cajibío, Cauca). Ahí hay un sutil uso de una coyuntura
política muy bien explotada y extendida por Caracol en favor de los candidatos
de la derecha que solo ofrecen seguridad (bala, bala y bala).
La inquietud de la joven de
apariencia indígena giró en torno a la autonomía de los pueblos indígenas del
Cauca. De la Espriella no contestó debidamente la pregunta de la muchacha. El
formato está diseñado para que el candidato se extienda en temas recurrentes y caiga
en lugares comunes como “recuperaremos la seguridad, duro con los bandidos y
trato amoroso con los colombianos de bien”. Nadie lo confrontó. Eso sí, Villamizar recogió lo que parece haber
sido un acordado rechazo del público, tibio por demás, por algo que dijo el
abogado que asegura que la “ética nada tiene que ver con el derecho”.
En otras apariciones de jóvenes,
De la Espriella insistió en decir que él “no pertenece a la clase política
tradicional”. Curioso. Su fórmula vicepresidencial es un político tradicional y
agente del Establecimiento. Además, Abelardo de la Espriella dijo que “venía de
la empresa privada, que era exitoso y de contera, un macho cabrío que en sus
tiempos de universidad actuaba como un verdadero “pica flor” y un “galán” de telenovela
mexicana. Dejó salir algo de su megalomanía.
Su cercanía a Bukele la expuso otro
de los muchachos. El candidato lo confrontó y le dijo que él no propuso “pena
de muerte” para los “malos”. Habló de “cadena perpetua” y de la construcción 10
mega cárceles. Otra vez el populismo
punitivo. Nadie lo confrontó. Al candidato “mata gatos” (bueno, al parecer solo
asesinó a un micifuz en su adolescencia) le preguntaron que, si seguiría la
línea represiva contra los jóvenes implementada por el presidente argentino, Javier
Milei. De la Espriella negó e insistió en la idea de reducir el tamaño del
Estado (cerrar embajadas), postura neoliberal que nadie criticó en el
auditorio. Insisto: el formato se diseñó para que el candidato presidencial de
la derecha se extendiera en sus ya conocidos lugares comunes. Jamás hubo una
propuesta concreta.
“No soy un mercader de ilusiones”.
“Hago parte de los que nunca gobernaron o contrataron con el Estado. Juan Poe,
en su cuenta de X expuso contratos con el Estado de la firma de abogados
de Abelardo de la Espriella. “Uno, durante el gobierno de Santos por 600
millones de pesos con el Fondo de Adaptación y otro en la administración de
Iván Duque con el ICBF por 221 millones de pesos”. De la Espriella no es
precisamente un outsider. Mas parece un mediocre actor que aprovechó el
teatrino democrático que le montó Caracol Televisión.
El histriónico y anodino
candidato presidencial mira a la cámara y termina diciendo “firme por los
jóvenes, firme por la Patria”. El papel de Villamizar es funcional a la
estrategia del candidato. No hubo diálogo y Caracol Televisión irrespetó a los
jóvenes, pues el País de los Jóvenes es apenas un eslogan. El programa se emitió
en horario castigado (a las 10:30 pm). Todo mal.