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viernes, 29 de mayo de 2026

HABLEMOS DE LA CACAREADA POLARIZACIÓN

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Las empresas mediáticas, entre ellas Noticias Caracol, llevan cuatro años insistiendo en que el “país está polarizado” entre dos extremos ideológicos y políticos inconvenientes e irreconciliables; curiosamente, esas circunstancias polarizantes sirvieron para exponer realidades culturales que de otra manera jamás hubiesen salido a flote. Más claro: “gracias” a la polarización política una parte importante de la sociedad entendió que por primera vez hay un proyecto de país que supera con creces al que el Establecimiento impuso de tiempo atrás. Hablo del progresismo como propósito y camino para superar las atávicas y naturalizadas formas de vida y ejercicios del poder que confluyen en la figura jurídica Estado de Cosas Inconstitucional.

Al consolidar la narrativa de la polarización política, el periodismo, siguiendo su lógica noticiosa, reduce la complejidad que está detrás de los sentimientos, prácticas comunicativas, acciones y pasiones que dan vida a ese fenómeno sociopolítico y cultural que angustia a los periodistas, pero que ha resultado revelador para millones de colombianos sometidos por el poder  político hegemónico de una élite rentista y precapitalista interesada exclusivamente en privatizar el Estado y ponerlo a su servicio.

Por tratarse de una acción deliberada de los agentes informativos tradicionales de reducir la polarización a un problema de pasiones electorales impulsadas por caudillos, las audiencias, analistas y políticos aceptan la existencia del fenómeno societal sin buscarle explicaciones históricas, pero sobre todo a una realidad política que no es exclusiva de Colombia: la radicalización de la derecha con todo y lo que ello significa en materia del debilitamiento de garantías constitucionales y derechos individuales, así como los riesgos ecológicos, ambientales y ético-estéticos de un modelo económico extractivo que llevó al planeta a la situación crítica que se traduce hoy en el cambio climático o la pluricrisis climática.

Sara Tufano, en magistral columna publicada en El Tiempo en 2020, pulveriza la narrativa de la polarización de esta manera: “La idea de que Colombia vive una intensa polarización se popularizó durante la campaña presidencial de 2018. En ese entonces, varios simpatizantes de la Colombia Humana explicamos que no se trataba de la oposición entre dos extremos equivalentes, puesto que mientras el proyecto uribista buscaba hacer trizas los acuerdos, la Colombia Humana buscaba preservar el acuerdo de paz y ampliar la democracia. En el debate público nos enfocamos en desmentir la idea de que la Colombia Humana se situaba en un extremo del espectro político, ni podía ser equivalente a la extrema derecha personificada por Álvaro Uribe, pero poco se habló del origen de la idea de la polarización”.

Por supuesto que esa narrativa, como lo indicó Tufano en la referida columna, beneficia al siempre fantasmal centro político que, para la actual campaña presidencial, representan Claudia López Hernández y Sergio Fajardo Valderrama; estos dos aspirantes a sentarse en el Solio de Bolívar son políticos ambivalentes y fichas del viejo Establecimiento ofrecen “superar la polarización” negándose a señalar y criticar a los agentes patronales responsables de haber generado durante más de 50 años las vergonzantes condiciones de vida en las que llevan sobreviviendo millones de connacionales. Fajardo y López caen en la trampa discursiva que se desprende de la narrativa periodística: pongamos al progresismo y a sus más visibles exponentes en el mismo nivel de inmoralidad e insostenibilidad sistémica del proyecto de país que encarnan candidatos como Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, ungidos por el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Este último, el más efectista, radical y efectivo intérprete de esa idea de sociedad y Estado que tienen los banqueros y otros agentes económicos que hacen parte de esa élite responsable en grado sumo de la desigualdad, la extrema pobreza y la concentración de la riqueza y la tierra en pocas manos.

La disputa electoral y política no está entre la extrema izquierda (Iván Cepeda) y la extrema derecha (Abelardo de la Espriella). Cepeda le apuesta a profundizar al democracia y las reformas sociales sin tocar el modelo económico; mientras que de llegar a la Casa de Nariño el abogado “mata gatos”, Abelardo de la Espriella, como sociedad estaríamos abocados a sufrir retrocesos en materia de derechos y garantías constitucionales, incluidas por supuesto las acciones medio ambientales tendientes a potrerizar selvas, autorizar el fracking y a revivir la minería en páramos, en nombre del mismo modelo extractivista que provocó la crisis climática que hoy padece el planeta. Un eventual gobierno de Paloma Valencia haría lo mismo que el otro ungido por el expresidiario Álvaro Uribe Vélez. 

lunes, 25 de mayo de 2026

PALOMA, DE LA ESPRIELLA Y FAJARDO, FICHAS DEL VIEJO ESTABLECIMIENTO

 



Por Germán Ayala Osorio

A pocos días de la primera vuelta presidencial, bien la pena advertir que la derecha, uribizada o no, y la ultraderecha, cuentan con tres candidatos presidenciales. Se trata de Paloma Valencia Laserna, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo Valderrama. Este último viene intentando desmarcarse del uribismo y del expresidente Uribe. Se trata, por supuesto, de una estrategia electoral y política que al parecer no le está funcionando.

Paloma Valencia, Abelardo de la Espriella y Sergio Fajardo son fichas del viejo Establecimiento: son neoliberales, creen a pie juntillas en que la “mano invisible” del mercado es suficiente para garantizar el bienestar colectivo; igualmente, defienden la doctrina aquella de la “violencia legítima del Estado” a pesar de su histórica ilegitimidad, fruto de una debilidad provocada  que, con el tiempo, facilitó su privatización en beneficio de una élite parásita, rentista y precapitalista; además, los tres son obsecuentes con los “Cacaos” y los gremios económicos. Y lo que es peor, por acción u omisión, coadyuvan a la consolidación del ethos mafioso que se naturalizó en el país en el periodo 2002-2010.

Las encuestas ubican en un segundo lugar al converso Abelardo de la Espriella. Se trata de un “machito” que, con un discurso altisonante y sin un programa de gobierno estructurado, tiene cautivados a millones de colombianos, de todas las clases sociales, que no creen en la democracia como sistema político fundado en el diálogo y el respeto al que piensa distinto, Son, además, ciegos y acríticos consumidores de la amañada información noticiosa de la prensa tradicional: repiten como loros lo que dicen Blu radio, La FM, La W (ahora Caracol radio), El Tiempo y noticieros de Caracol y RCN. Están convencidos de que las noticias divulgadas dan cuenta de la realidad cuando esos hechos noticiosos hacen parte del proceso subjetivo de construcción de realidades propio de la lógica periodística.

Como simpatizantes del “Tigre de Temu” aplauden el porte de armas y el uso de la violencia física: “destripar” al que piensa distinto es el correlato de aquella realidad discursiva y doctrina política: quien no está conmigo, está contra mí, y por lo tanto es mi enemigo y merece ser eliminado física o simbólicamente.

Mientras que De la Espriella intenta acercarse a los guarismos que respaldan la intención de voto que favorece a Iván Cepeda Castro, la senadora Paloma Valencia Laserna lidia con el retiro paulatino del apoyo de su “padre” el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez y de otras figuras políticas y económicas que hoy respaldan la campaña del abogado “mata gatos”.

El amargo café que compartieron Fajardo y Valencia sirvió para que el primero insistiera en su intención de tomar distancia de las huestes uribistas y del expresidente Uribe. Entre tanto, Paloma Valencia con su irreflexivo respaldo al exmandatario antioqueño, dejaba ver sus debilidades conceptuales y discursivas. Ese encuentro dejó claro que Valencia Laserna está lista para cargarle las maletas a De la Espriella.

Valencia, De la Espriella y Fajardo comparten la inmoralidad que rodea la vida pública del expresidente Uribe. Recordemos que en el pasado y en dos columnas de opinión publicadas en El Colombiano, Sergio Fajardo se hincó ante la “grandeza” y la capacidad del entonces gobernador de Antioquia.  El mismo que está ad-portas de ser procesado por las masacres del Aro y La Granja.

Fajardo Valderrama “…es un político carismático, apocado, mesurado, tibio, posudo y políticamente farsante. Esto último porque siempre ha negado su cercanía con el uribismo y en particular con el expresidente Uribe Vélez a pesar de sendas columnas que hace años publicó en El Colombiano en las que exaltaba al político antioqueño que fungía como gobernador de Antioquia: Uribe, el hombre (1994) tituló la columna y señaló en el texto de opinión que aquel era “uno de los pocos políticos que en la historia reciente del país ha dignificado la actividad política»[1].

Por todo lo anterior, si Usted no hace parte de la élite, viene de abajo y lucha a diario por garantizarse una vida digna para su familia, está obligado a votar activando aquello que llaman la “conciencia de clase”, lo que implica abstenerse de sufragar por cualquiera de los candidatos de la derecha que aquí expongo.  Si no le gusta el proyecto de país de Iván Cepeda y si de verdad quiere ser coherente y responsable con el país, es preferible que vote en blanco o se abstenga de votar. Recuerde: De la Espriella, Valencia y Fajardo son fichas de los agentes del Establecimiento responsables de que Colombia ocupe los primeros lugares en corrupción público-privada y desigualdad social, consecuencia de la captura mafiosa del Estado.

 

¿EXPRESIDENTE SANTOS VOTARÁ POR CEPEDA?

  Por Germán Ayala Osorio   “ Les tiro un facto y me voy ” dijo en reciente video el expresidente Juan Manuel Santos. Habló de la prote...