domingo, 3 de mayo de 2026

¿QUÉ REPRESENTAN VALENCIA, DE LA ESPRIELLA Y CEPEDA?

 

Por Germán Ayala Osorio

De la Espriella y Paloma Valencia Laserna son hijos y dignos representantes de la Colombia premoderna, insolidaria, violenta, neoliberal e individualista. Ambos promueven la idea de un Estado corporativo puesto al servicio de precapitalistas y rentistas que desdicen de sus procesos civilizatorios lo que les permite aportar a la consolidación del racismo estructural y del siempre malicioso clasismo. 

Usan los conceptos de Libertad, Capitalismo y Democracia para meterle miedo a los colombianos a los que la derecha mediática y política lleva más de 50 años asustándolos con el fantasma del “comunismo”. Para Valencia y De la Espriella la libertad tiene la siguiente acepción: “la facultad de que todos aquellos que ostentan poder hegemónico puedan disponer de los recursos que brinda un país biodiverso como Colombia e incluso de la vida de gente incómoda como indígenas, campesinos y pueblos afros”.

Frente a la idea de Capitalismo, estos dos ladinos políticos y fichas del Establecimiento lo entienden en sus etapas más tempranas. Más bien lo piensan desde el carácter feudal con el que han logrado mantener relaciones de dominación económica, social y política que convirtieron a Colombia en una mega hacienda repartida entre 4 ó 5 familias poderosas que insisten en extender en el tiempo el modelo de la gran plantación en donde realmente se sienten cómodos en sus roles de patronos, señores feudales o neo encomenderos.

En cuanto al significado del concepto Democracia, ambos policastros la asumen como un régimen de poder en el que una minoría poderosa está obligada y autorizada, por tradición, a someter a las grandes mayorías. Se sienten orgullosos de esa idea que señala que “Colombia es la democracia más antigua de América”, frase eufemística con la que lograron por muchos años minimizar o esconder las realidades antidemocráticas de un régimen de poder mafioso y violento. Baste con recordar los episodios de la época de la Violencia, la alianza paramilitar establecida por miembros de una élite criminal y los gobiernos de Turbay Ayala, Uribe Vélez, Santos y Duque. El común denominador de esas administraciones es la violación sistémica, sistemática y dirigida de los derechos humanos de aquella gente vista históricamente como “indeseable e incómoda” de la que había, sí o sí, “sacar de circulación”. Las sobrevivientes “guerrillas de izquierda” se parecen mucho a los actores políticos y armados con los que la ultraderecha masacró campesinos, asesinó a los militantes de la UP y capturó instituciones del Estado.

En contraste con lo que representan Paloma Valencia, la “hija” de Uribe y el abogado pica pleitos que insiste en que la ética nada tiene que ver con el derecho, el candidato del progresismo, Iván Cepeda Castro llega a la contienda electoral con unas conceptualizaciones disímiles alrededor de los vocablos Libertad, Capitalismo y Democracia. Frente al primero, Cepeda cree en una libertad con límites para los poderosos que se aprovecharon siempre de la captura mafiosa del Estado o promovieron su debilidad para operar desde los intereses de clase de una élite aviesa que manda aún sin una idea consolidada de Nación. En cuanto al Capitalismo, Cepeda, al igual que Petro, cree que con ese sistema de producción se puede garantizar bienestar colectivo. No habla de socialismo y mucho menos de comunismo. Le apunta a socialdemocracia y a la generación de riqueza que coadyuve a superar la vergonzante pobreza y las inequidades.

En el caso de la Democracia, Cepeda cree en el diálogo horizontal entre diferentes para llegar a consensos; le apunta al cumplimiento de lo prescrito en la Carta Política a través de instituciones estatales, organizaciones sociales, partidos políticos y los gobiernos progresistas instaladas en la Modernidad a la que siempre le huyeron Valencia y De la Espriella. Cepeda defiende los derechos de las minorías maltratadas, discriminadas y violentadas por privados y el propio Estado capturado este último por las élites que representan los candidatos que Uribe quiere imponer.

Que Paloma Valencia diga que “Uribe es su papá” y que para Abelardo de la Espriella el político antioqueño sea su “referente ético-político y un patriota ejemplar” explica con claridad que para los dos candidatos presidenciales lo más importante no es el Estado, las instituciones  y la construcción de una verdadera Democracia, sino los individuos con poder y capacidad para someter a quienes reclaman el derecho a vivir bajo la protección de un legítimo, ejemplar y viable Estado Social de Derecho.  A manera de conclusión: Cepeda le apunta a consolidar la Nación imaginada y soñada por quienes creen que nos merecemos, como pueblo, otra suerte; mientras que la “hija” de Uribe y De la Espriella, representan el pasado y le apuntan a mantener las condiciones propias de un Estado fallido o semi fallido, escenario en el que la derecha se siente a gusto.

Adenda: Sergio Fajardo y Claudia López jamás supieron construir un centro político porque ellos coquetean con la élite premoderna que lleva años manipulando los hilos del poder económico y político. Sus candidaturas no le apuntan a un cambio, ni siquiera a un ajuste en las  lógicas del poder hegemónico. 



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