Por Germán Ayala Osorio
En reciente entrevista el
candidato presidencial Iván Cepeda Castro habló del “voto silencioso” que muy
seguramente compite o coexiste con los llamados “voto útil”, “amarrado o
comprado” y el de “opinión”.
Ubiquemos el “voto silencioso” en
dos escenarios posibles en los que podría aparecer para darle el triunfo en
primera vuelta al candidato del progresismo y de una izquierda democrática y
moderna, tal y como es su aspiración. Estos son los dos escenarios: 1. El de la
Colombia profunda; y 2, el del miedo al rechazo social.
El “voto silencioso” que brote de
la Colombia profunda se daría en respuesta a los procesos demoscópicos de
las encuestadoras que suelen concentrar sus ejercicios de recolección de
opiniones y percepciones de los posibles votantes en ciudades capitales y
algunos sectores rurales, sin llegar a aquellos lugares en donde conviven
comunidades indígenas y campesinas alejadas del “país político”, esto es, aquel
que atado a las dinámicas de urbes como
Bogotá, Cali y Medellín, por nombrar a las más grandes del país, se olvidan de
la existencia de esos connacionales que sobreviven en medio de la ausencia del
Estado.
En cuanto a los “votos silenciosos”
que puedan aparecer en el segundo escenario se explican por el miedo al rechazo
social que puedan sentir cientos de miles de ciudadanos que sin ser petristas reconocen
que este gobierno ha hecho ingentes esfuerzos por mejorar la calidad de vida de
millones de colombianos.
En medio de un ambiente de
polarización como el que se respira en el país pueden manifestarse algunos elementos
de la Espiral del Silencio de la que habló en los años 70 Elizabeth Noelle-Neumann.
El miedo al rechazo social puede ser el parapeto en el que se esconden aquellos
ciudadanos que pueden sentir miedo a ser señalados e incluso excluidos por apoyar
un proyecto progresista en ambientes familiares y empresariales uribizados o
expuestos a diario a los discursos catastrofistas de los medios masivos de
información.
Esos “votos silenciosos” de ese
segundo escenario representarían el rechazo absoluto a las narrativas catastrofistas
de las empresas mediáticas que llevan más de tres años diciendo que el país va
por mal camino: dijeron que nos “íbamos a convertir en Venezuela o Cuba, que
no habría papel higiénico, que habría expropiación y que el Estado acabaría con
las empresas privadas; que Petro se quedaría en el poder y se convertiría en un
dictador; que el país sufriría un apagón” igual o peor al que vivimos durante
el gobierno neoliberal de César Gaviria Trujillo. A pocos meses de terminar el
mandato, los banqueros y familias más ricas del país aumentaron sus riquezas y
no se impuso el “comunismo”.
Así las cosas, el “voto silencioso”
del que habla Cepeda entra a competir con los votos de “opinión, el útil y los
amarrados”. Y nace como respuesta a la mala leche de unas empresas
mediáticas que se olvidaron de la deontología del periodismo para convertirse
en actores políticos y fábricas de mentiras y lecturas amañadas de los hechos
noticiosos y de los logros de un gobierno que, a pesar de no tener el poder,
ha logrado avances significativos en asuntos como la reforma agraria y la
reivindicación de los derechos de población más vulnerable, la dignificación de
los trabajadores de la salud y de otros asalariados, así como el mejoramiento
de las condiciones de vida de militares y policías.
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