viernes, 1 de mayo de 2026

MATARIFE ABOGANSTER, EL NUEVO OBJETIVO DE LA “REVOLUCIÓN CREATIVA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Con la serie Matarife, Daniel Mendoza Leal desnudó y universalizó los finos hilos de la inmoralidad con la que Álvaro Uribe Vélez tejió su oscuro, criminal, incontrastable y al parecer perenne poder.

El penalista y realizador usó el lenguaje audiovisual para narrar la historia del político que más daño le ha hecho a Colombia: Álvaro Uribe Vélez. Con su espíritu contestario, el dominio del enrevesado mundo jurídico y la conexión de innumerables hechos políticos y titulares de prensa le contó al país verdades que la prensa hegemónica se empeñó en ocultar del turbio pasado del político del hijo de Salgar, Antioquia. Había en esos productos audiovisuales momentos de rigurosidad periodística, acompañada de referencias bibliográficas y autores como Klaus Roxin, con el texto La autoría mediata por dominio en la organización, que aportaron a quienes de tiempo atrás hemos seguido críticamente la trayectoria política de Uribe Vélez.

Los últimos productos audiovisuales dedicados a develar la estructura (in) moral de Abelardo de la Espriella están lejos de la rigurosidad de varios de los episodios de la serie Matarife. Bajo el nombre de Matarife Aboganster, Mendoza Leal quiere desnudar al candidato presidencial de la ultraderecha. Y lo logra en por lo menos tres de los seis capítulos dedicados al fatuo corroncho que considera la comida colombiana como un potaje carcelario, que la ética nada tiene que ver con el derecho o que la vida de los gatos es tan insignificante que bien pueden morir amarrados a juegos artificiales.

El último episodio llamado “Justicia garosa” es un producto audiovisual mediocre en el que a Mendoza Leal le parece que a las audiencias cautivas y furtivas les puede interesar sus angustias existenciales y los efectos psicológicos dejados por la tragedia colombiana en la que el Estado es un aparato organizado de poder (criminal) consolidado como tal entre 2002 y 2010. Por largos tres minutos, de los 17 que dura el episodio, Mendoza Leal divaga en una oda egocéntrica que impide realmente tejer los rojizos hilos maliciosos de la vida de Abelardo de la Espriella, “objetivo audiovisual” de la “Revolución creativa” que propone Mendoza Leal.

Nadie niega el valor y el atrevimiento de Daniel Mendoza al meterse con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe, un hombre que genera verdadero terror en quienes conocen de su verdadera naturaleza política. Su aviesa condición humana no parece asustar al penalista y realizador audiovisual. Que se asemeje a la historia de Juan Sin Miedo no significa que las audiencias, furtivas o no, estén interesadas en conocer de las angustias existenciales del realizador. Entre menos aparezcas en los relatos, mucho mejor, estimado Daniel.




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