Por Germán Ayala Osorio
Habrá segunda vuelta presidencial
en Colombia. Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha y el uribismo
superó a Iván Cepeda Castro, aspirante presidencial del progresismo, por más de
650 mil votos[1]. Se
trata, sin duda alguna, de un golpe de mano que requiere de una
evaluación seria alrededor de qué pudo haber pasado para que se diera semejante
resultado inesperado y distinto al que pronosticaban las encuestas, las grandes
derrotadas en esta jornada electoral.
La victoria parcial de Abelardo
de la Espriella está fundada en una realidad ético-política y social: Colombia
siempre fue un país de derecha que, para la actual coyuntura, dio el paso que
le faltaba para alinearse con los gobiernos de ultraderecha de Argentina, Chile, Ecuador y El Salvador, aupados todos por el poder inmoral del pederasta y convicto
presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.
Así las cosas, agentes específicos
del Establecimiento movieron todo tipo de recursos y esfuerzos para evitar la continuidad
del proyecto progresista no tanto porque el primer gobierno de “izquierda” en
Colombia haya dejado al país en bancarrota o les haya expropiado o nacionalizado
empresas, sino por la exposición pública que de sus actuaciones inmorales hizo
el presidente Petro. La confrontación ideológica y las constantes amenazas del presidente
Petro con “echarles el pueblo encima”, incluida el llamado a una Asamblea
Nacional Constituyente, los llevó a jugársela por el menos preparado de todos
los candidatos presidenciales y quizás el más obsecuente: Abelardo de la
Espriella. Su frase célebre de “la ética
nada tiene que ver con el derecho” embrujó y sedujo a quienes en las sombras
del Establecimiento siempre le apostaron a evitar que el país recorra los
caminos de la modernidad, lo que supone la superación de viejas taras
civilizatorias como el racismo, el clasismo, la aporofobia y el ethos mafioso
que los inspira.
Además, ante el evidente desgaste
político del expresidente Álvaro Uribe y su cuasi salida del juego por razones
naturales, esos agentes del Establecimiento le están apostando a que De la
Espriella reemplace al exmandatario antioqueño para los mismos y quizás otros
propósitos para los que usaron al político nacido en Salgar (Antioquia) desde
el 2002, hasta el 2022: echar para atrás las medidas del gobierno Petro, volver
a privatizar el Estado y aplicar con más rigor el modelo neoliberal. Y por supuesto, para instaurar en el país un régimen fascista.
Esta primera vuelta presidencial confirma
al expresidente y expresidiario Álvaro Uribe Vélez como el Gran Elector. Uribe
y las huestes uribistas sacrificaron a Paloma Valencia Laserna por su condición
de mujer, lo que para aquellos es sinónimo de debilidad ante dos desafíos: el
primero, las violentas arremetidas de los grupos armados ilegales que todos los
días los validan como agentes de poder; y el segundo, recuperar la Casa de
Nari, símbolo del poder político para la élite bogotana y sus correlatos en regiones
a las que Petro confrontó durante toda su administración. Todo lo anterior en
el marco de un sistema patriarcal que se alimenta de los vulgares, asqueantes, machistas,
misóginos, burdos, básicos y violentos liderazgos de “machitos” como Uribe y el
propio Abelardo de la Espriella.
El perfil humanístico de Iván
Cepeda Castro, su hablar pausado y la formación filosófica es la antítesis de
De la Espriella, un falso outsider que conquistó a los uribistas que
dejaron tirada a Paloma Valencia y a otros tantos golpeados por el gobierno Petro:
hablo de mafiosos, terratenientes, traquetos y clanes políticos guiados estos últimos por el
ethos mafioso que Uribe naturalizó en el país.
Por supuesto que la campaña de
Cepeda tendrá que revisar qué errores pudieron cometer. El sentirse ganador por
los guarismos entregados por las encuestas; la confrontación con Uribe Vélez
pudo cansar a una parte de la sociedad realmente “mamada” de los enfrentamientos
públicos entre estas dos figuras; el voto silencioso parece que no emergió en esta jornada, lo que supondrá redoblar esfuerzos para superar en segunda vuelta
al “Bukele criollo”.
Las empresas mediáticas
tradicionales que hoy disfrutan del triunfo de la ultraderecha representada con
lujo de detalles por el “tigre” siguen siendo eficaces a la hora de enlodar al
primer gobierno progresista. Las exigencias y la negativa para asistir a
debates de parte de Cepeda les dieron a los medios hegemónicos la oportunidad
para atacar al candidato presidencial y del gobierno. Es urgente debatir con De
la Espriella con el firme propósito de desnudar sus debilidades conceptuales y su
nula comprensión de los problemas del país. Cepeda debe soltar a Uribe: el
riesgo está representado en la figura del corroncho colombo-italiano, el viejo patrón está de salida.
Si en segunda vuelta la
ultraderecha y Uribe Vélez logran sentar en el Solio de Bolívar al perfumado abogado
que en su adolescencia se divertía asesinando gatos, la responsabilidad
política la debe compartir el gobierno Petro y el propio Cepeda con los agentes
del espectral centro político, cuyas votaciones resultan a todas luces vergonzosas.
Esos guarismos confirman su mezquindad, egocentrismo y la incapacidad para leer
el momento histórico y en particular los riesgos que ofrece la disruptiva y escalofriante
figura de Abelardo de la Espriella: Sergio Fajardo (1´002.963 de votos), Claudia
López (224.108) y Roy Barreras (14.037). A López y Barreras los derrotó el voto
en Blanco( 405.150): vergonzoso.
Vendrán semanas de arduo trabajo
para el gobierno Petro y los asesores de imagen de Iván Cepeda Castro. Una
parte de la sociedad se pronunció a favor de la patanería, el autoritarismo, el fascismo, el
ethos mafioso y disímiles formas de violencia contra las mujeres, los derechos
humanos, la Naturaleza y el Estado social derecho. De triunfar esa idea de país, el resto de
los colombianos deberán resignarse a recordar los avances sociales que dejó el
primer gobierno progresista en un país derechoso. Quienes no acepten esa
realidad quizás decidan recorrer el camino de la confrontación social en las
calles que está dispuesto a construir Abelardo de la Espriella, el “patriota”
que cree que Colombia está llena de “malagradecidos y cafres”.
[1] Boletín 21 de la Registraduría, correspondiente al
99,21% de las mesas informadas. De la Espriella obtiene 10.286.961 y Cepeda 9´634.793.