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lunes, 20 de abril de 2026

SELECCIÓN COLOMBIA SUB17 HUMILLA A LOS ARGENTINOS

 


Por Germán Ayala Osorio

 

En el mundo del fútbol, los argentinos arrastran con la fama de ser “malos perdedores”. Arman bronca cuando son superados por rivales considerados por la historia y el periodismo deportivo como “inferiores”. Ese imaginario colectivo, con visos universales, está soportado en que lo han ganado todo en el fútbol en las diferentes categorías: con tres mundiales de fútbol de mayores (78, 86 y 2022) se sienten invencibles y únicos, incluso por encima de Brasil que tiene cinco títulos.

Hagamos algo de historia antes de entrar en materia. La del 78, dicen, se consiguió gracias a un arreglo económico con los jugadores de la selección peruana a la que necesitaban derrotar para acceder a la final. Y lo lograron: 6 a 0 terminó el juego. Se sumó a eso el contexto de una dictadura militar que necesitaba adormecer a la sociedad con la primera copa del mundo. Después vino la mano de Dios (Maradona) y la consecución del segundo título mundial en el Mundial México 86. Dejemos ahí y vamos al asunto que inspiró esta columna.

Julio Coria es un chico de la selección argentina Sub17 que, después de la derrota 4 a 0 se volvió viral por las altisonantes declaraciones que dio a la prensa argentina. Ese resultado del suramericano en Paraguay (2026) y lo expresado por el joven jugador puso a los periodistas deportivos de Colombia y Argentina a hablar, indirectamente, de ese imaginario. Esto espetó el joven: “No nos faltó nada. Yo sé que los vamos a agarrar en el Mundial y les vamos a romper el orto como lo hacemos siempre”.

Más allá de si se trata de un adolescente adolorido por la derrota sufrida a manos de una selección “inferior”, en lo dicho por Coria hay una evidente negación de la superioridad del seleccionado colombiano que les propinó semejante paliza. Actitud negacionista que deviene atada a las maneras en las que los periodistas argentinos y colombianos suelen mirar el fútbol. Del lado de los gauchos siempre hay la excesiva confianza en la superioridad de la albiceleste en todas las categorías; y del lado de los cafeteros, una excesiva admiración hacia el futbolista argentino y una naturalizada desconfianza en las capacidades de los jugadores colombianos. Entonces, los periodistas locales hablan de que a los nuestros les falta “jerarquía, cojones, seguridad y confianza”, cualidades que les sobran a los argentinos.

Por supuesto que el cuerpo técnico de ese seleccionado argentino tiene mucho de responsabilidad en lo expresado por el pibe que llegará al Mundial con las ganas de vengarse de la humillación recibida de unos colombianos que aún no ganan nada importante a nivel mundial. Se volvió a conseguir el título suramericano de la categoría después de 33 años.

Ojalá el técnico de la sub17 argentina se siente a conversar con Coria no tanto para fustigarlo por lo dicho, sino para aclarar si su reacción se alimentó en el vestuario momentos antes de jugar la final contra Colombia. A esa conversación deberán sumarse los tres jugadores que vieron la tarjeta roja por juego brusco, fruto de la rabia de perder contra la Colombia a la que están acostumbrados a romperle el orto

Por los lados de los campeones suramericanos se espera que asuman con humildad el triunfo conseguido y que pasen rápidamente la página pues se viene el Mundial de la categoría. Ojalá los directivos de la Federación Colombiana de Fútbol aprendan de una vez por todas a consolidar procesos formativos como en el que están inmersos estos jóvenes que humillaron a los argentinos, porque como piensa Coria, “en las finales siempre nos rompen el orto”. Baste con recordar la final de la Copa América. Y como no hemos ganado nada realmente importante, esos malos resultados también son responsabilidad de los directivos y, por supuesto, de los jugadores. 

viernes, 6 de marzo de 2026

MESSI: LA “PULGA CIPAYA”

 

Por Germán Ayala Osorio

 

Ver a Lionel Messi en la Casa Blanca, compartiendo con el pederasta presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, constituye un hecho político-deportivo que confirma que la coherencia política y la conciencia de clase son valores que escasean en ídolos del fútbol como el astro argentino.

La imagen resulta a todas luces grotesca por razones ético-políticas, morales y deportivas que permiten poner en discusión si Messi está obligado a parecerse ideológicamente a Diego Maradona, el referente con el que los argentinos suelen medir y comparar lo hecho por la “pulga” dentro y fuera de la cancha. Y la respuesta es un contundente No. Los defensores de Messi recuerdan que Maradona se abrazó con “Chávez Frías, Nicolás Maduro, Fidel Castro, Evo Morales, Gadafi y Putin”.

Huelga recordar que Maradona siempre miró con desdén a los gringos y su poderío militar. Messi hoy se codea con el pederasta y criminal octogenario. Messi aprendió a patear y correr con un balón pegado a sus pies y se refugió en el fútbol justamente para reducir su  presencia en el planeta  a lo que sucede dentro de las canchas. Maradona hizo lo mismo, pero sacaba tiempo para hablar de política, defender causas sociales y meterse en líos ideológicos.

Por fuera de las canchas, al actual 10 de la Selección Argentina le tienen sin cuidado las guerras, el genocidio en Gaza, las correlaciones de fuerza, la hegemonía norteamericana y el nuevo (des) orden que está imponiendo Trump.

Messi es un jugador que disfruta, en su adultez, del fútbol en una liga con el nivel recreativo que se le reconoce a la de los Estados Unidos; de la misma manera como Trump se regocija persiguiendo latinos y asesinando musulmanes y persas.

El 10 argentino lo ganó todo. Con justicia o no, pero lo hizo. Maradona, también, incluida la Copa del Mundo México 86, con el gol de la “mano de Dios” contra los ingleses: de esa manera les escupió la cara por lo sucedido en las islas Malvinas. Si los comparamos dentro del ámbito de la política,  Lionel Messi es un pibe, un purrete, un nene o un chango.  Maradona jugó a ser un "animal político universal". En su minoría de edad, a Messi jamás se le hubiese ocurrido negarse a asistir a la Casa Blanca en rechazo a las intervenciones militares en Venezuela e Irán. Salvo, claro está, que se trate de un pibe formado en un hogar en el que se hayan leído las Venas abiertas de América Latina o alguna de las obras de José Carlos Mariátegui. Y quizás, por ser padre de tres varoncitos, a Messi no le preocupa legitimar la vida del consumado pederasta que, por fortuna, está de salida. 

Messi seguirá siendo grande dentro del mundo del fútbol y sus admiradores honrarán su grandeza llamándolo la “pulga”; Maradona ya alcanzó el carácter de deidad en la sociedad argentina que lo venera y llora aún después de su azarosa partida; y sus fieles seguidores le gritarán en adelante a Lionel Messi “pulga cipaya” por haberse reunido con el pederasta.

Adenda: la fatal jugada de Messi no necesitará del VAR para que el mundo comprenda que la "pulga cipaya" lleva la mítica camiseta 10 y que los propios argentinos le "están hinchando las pelotas" por haberse reunido con el criminal estadounidense. 

Adenda 2: ¿Dirá algo la Unicef de su reconocido agente?

PRIMO DE PALOMA VALENCIA OBLIGADO A DEVOLVER EXTENSO BALDÍO

  Por Germán Ayala Osorio   La tierra en Colombia ha sido, históricamente, la fuente de conflictos étnicos y políticos, expresados estos...