Por
Germán Ayala Osorio
Antes
de iniciar la participación de la Selección Colombia en el Mundial a realizarse
en Canadá, USA y México ya hay polémica- en el país de las polémicas-, por el
desaire de James Rodríguez y de otros jugadores con Antonella
Petro, hija del presidente de la República al momento de la despedida en el
aeropuerto de CATAM. Al 10 del combinado nacional se le vio molesto, frío y
distante-diría rabioso- por la presencia del mandatario y el saludo que les ofreció
la dulce retoña de Gustavo Petro. Las imágenes son contundentes.
Por
supuesto que la actitud de los jugadores con el jefe del Estado y Antonella Petro
es reprochable, justo en medio de semejante coyuntura electoral y política; eso sí, hay
que señalar que la postura de las “estrellas” del fútbol colombiano deviene aupada
y atada a las simpatías de muchos de estos jugadores con la derecha
neoliberal. No olvidemos que varios de los convocados por el técnico Néstor Lorenzo
compartieron en el pasado con el expresidente y expresidiario Álvaro Uribe
Vélez, enconado enemigo del país y de Petro. Estas figuritas de la Selección son arribistas y clasistas. Unos levantados sin conciencia de clase. Se les olvidó de dónde salieron.
A
James Rodríguez se le vio feliz junto al exmandatario antioqueño dentro de un
vehículo, en tiempos en los que se hablaba de su retiro del fútbol. Corrían 22
días de junio
de 2023 cuando se dio el encuentro entre el 10 de la Selección y el funesto
expresidente. Entre tanto, Yerry Mina
le sirvió de “poste” a Uribe para que el político antioqueño girara, montado en
una yegua, alrededor del defensa de la Selección.
Considero
que se pudo evitar ese momento desagradable que vivieron James, el propio
presidente Petro y su hija, en el aeropuerto de CATAM: a la despedida
únicamente debieron asistir, en representación de los jugadores, aquellos que
sientan genuinamente simpatía por el proyecto político progresista y por su
líder el presidente de la República. O por lo menos, aquellos que no sientan animadversión.
Obligar
a los atletas a saludar al presidente de la República constituye una falta de
respeto de la Federación Colombiana de Fútbol con quienes representarán al país
en el Mundial. En particular cuando muchos de ellos- por no decir todos- solo
aprendieron a patear un balón: suelen ser poco leídos y consumidores acríticos
de la historia oficial y de lo que dice todos los días la prensa hegemónica.
Los
aficionados al fútbol y a los seguidores de la Selección Colombia caen en dos garrafales
errores: el primero, exigirles que por fuera de la cancha se comporten como
ciudadanos capaces de discernir sobre realidades complejas que requieren de un
mínimo manejo conceptual que claramente James y Yerry Mina, entre otros, no
tienen por qué tener por una razón evidente: son vedettes y tienen plata, lo
que es suficiente para vivir así sea en medio de la oscuridad
intelectual. Y el segundo, depositar en ellos la necesidad que tenemos todos
de buscar y encontrar la felicidad. James y su combo ya tienen la vida resuelta,
mientras que millones de sus fans viven al día y en medio de incertidumbres
generadas por políticas neoliberales aplicadas por aquellos con los que si les gusta tomarse fotos sonriendo o dominados por un vulgar caballista.