Por Germán Ayala Osorio
El ejercicio de proscripción de
la laicidad del Estado que dirigió el presidente electo en su ya comentado “retiro
espiritual” no solo pone en duda la separación entre el Estado y la fe religiosa,
sino que entrega las responsabilidades políticas que a partir del 7 de agosto
deberá asumir Abelardo De la Espriella por sus decisiones, actos de gobierno y
comportamientos personales, a la voluntad del Señor, Jesucristo o Dios.
El nombre de la deidad es lo de
menos. Lo que Dios quiera, Dios lo quiso así o solo le rendiré cuentas
a Dios serán las frases con las que el therian presidente y sus
colaboradores responderán a los organismos de control (lo más seguro es que no operen)
y frente a la ciudadanía, en particular a los grupos políticos que le harán
oposición. Se da por descartado que aquellos que lo votaron aceptarán con resignación
lo que les diga el jefe del Estado a quien ya ven como un “pastor”, como el
elegido. Así como “Neo” es el elegido en la película Matrix, Abelardo ya lo es
para la matriz mediática que lo convertirá en el arquetipo de hombre creyente
que llegó para “vencer a malos, impíos y degenerados”, es decir, a
petristas, progresistas, izquierdistas, defensores de la naturaleza y de las
comunidades subalternas. Así las cosas,
ya no hablaremos de Abelardo, sino de Aberneo; mientras que para los
seguidores del Pacto Histórico De la Espriella será quien convierta sus vidas
en un verdadero averno (infierno). De esa manera, Colombia será el “lugar en
el que habitan los muertos”.
En la historia de la humanidad
hay suficientes ejemplos de las perversidades y atrocidades cometidas en nombre
de Dios. Las cruzadas, la Inquisición, las mujeres quemadas y el genocidio en Gaza que aún sigue
cometiendo el sionista ejército de Israel son monstruosidades que se cometieron
por la necia decisión de mezclar política y religión.
La exposición mediática del
retiro espiritual -con visos propagandísticos y apologéticos- que planeó y
ejecutó De la Espriella, con la Biblia en sus manos, está profundamente
conectada con la “batalla cultural” (ideológica) que el therian presidente, con
su ministra de Cultura, prometieron librar para proscribir todo pensamiento
divergente y crítico, lo que incluye a quienes se declaren ateos, creyentes
pero no practicantes, agnósticos y cualquier comunidad religiosa que se oponga
a los designios del Dios con el que Abelardo tuvo la epifanía que le permitió
autoproclamarse como el líder del proyecto llamado la Patria Milagro. Esto dijo
el presidente therian durante el ya famoso, aplaudido y cuestionado retiro espiritual:
“Debo decir que creo que estoy de alguna manera tocado por el Espíritu
Santo, porque he escogido creo que a grandes colombianos que harán
posible la Patria Milagro”.
Lo vivido durante el “retiro espiritual”
acercó peligrosamente la acción política al fanatismo religioso. A partir del 7
de agosto Colombia empezará a recorrer los caminos de la exaltación y
veneración de Dios y a sus representantes en la tierra que no serán un arzobispo
o curitas de veredas y pueblos. No. De la Espriella es el elegido, el ungido de
Dios, el “salvador” de Colombia; huelga recordar que el therian presidente
dijo: “soy el presidente que requiere Colombia en sus horas más oscuras”.
Los aciagos 8 años de Uribe, con
todo y su carácter mesiánico y violencia política, bien pueden terminar siendo
un juego de niños frente a lo que hará De la Espriella si las instituciones y
el Establecimiento le permiten consolidar su proyecto hegemónico a través de la
batería de símbolos que ya expuso durante la campaña y los días posteriores a
su cuestionado triunfo electoral. Esa simbología está atada a la condición TSP con
la que se presentó al país: es Therian porque se identifica con un tigre, un
felino depredador; Soldado, porque dice amar a la Patria y tiene la tendencia a
comportarse como un militar de carrera y Pastor, por su entrega al servicio de
Dios. ¡Firmes por la Patria, Dios y
Patria, Patria, Honor, Lealtad; Vencer o Morir o simplemente, ¡lo que Dios
quiera! Todos esos lemas y gritos de guerra para continuar enfrentando al
comunismo o al socialismo enemigo de Dios con su propia voz Patria o Muerte.