Por Germán Ayala Osorio
El uso de peligrosos herbicidas
como el glifosato y ahora el glufosinato de amonio hace parte de una discusión
interminable entre ecólogos, biólogos, ambientalistas y gobiernos pro-gringos
como el de Abelardo Gabriel de la Espriella; este último, insiste en darle
continuidad a la fallida política antidrogas que los Estados Unidos. Recordemos
que el presidente colombiano es ciudadano norteamericano, circunstancia que lo
obliga a salvaguardar y defender los intereses de la potencia militar, por
encima del bien general de la nación colombiana.
Una vez tomada la decisión del
presidente De la Espriella de arriar la bandera gringa y desechar la
colombiana, entonces vuelve el país a la misma discusión con un elemento nuevo:
la decisión sin ninguna clase de miramientos sobre los efectos ecológicos y socioambientales
que generará el uso del glufosinato de amonio, el herbicida con el que buscan afectar
los cultivos de coca que abundan en el Putumayo y otras zonas del país. Más
claro: la orden es fumigar, fumigar y fumigar.
Como Abelardo es incapaz de dar
una discusión académica sobre los graves efectos que generará la aplicación de
ese veneno (herbicida), descarga la responsabilidad en su ministro de Justicia,
Iván Cancino. Y como la idea es despreciar el Principio de Precaución consignado
en la Ley 99 de 1993 y desarrollado por la Corte Constitucional y el Consejo de
Estado a través de varias sentencias y obedecer a Trump, entonces el funcionario
judicial salió a defender a dentelladas el piloto con el que el país regresa a
la fumigación aérea de los cultivos de uso ilícito. Lo hizo en el Congreso
exhibiendo una actitud arrogante y grosera, propia de quien está obligado a
negar la evidencia científica que advierte de los graves efectos y riesgos que
trae la aplicación de herbicidas. No olvidemos que este es un gobierno
negacionista del cambio climático.
En un debate de control político Iván
Cancino soltó esta perla: “Este programa no es para experimentar a ver
qué le pasa al ser humano, es para revisar si ese componente químico realmente
causa sobre la mata lo que dicen que causa. Y perdóneme que se lo
responda, yo no le puedo contestar qué va a pasar con el ser humano
porque es que este programa no está diseñado para ver qué le pasa al ser humano
cuando le hagan una aspersión con uno de los componentes; se trata de
cuidarlo, de que no esté presente, de alejarlo y ver qué le causa a la
mata”.
El desprecio por las vidas asociadas
a los ecosistemas naturales e incluso a las que rondan a los llamados “ecosistemas
emergentes” como el monocultivo de la coca es evidente en el ministro y hace parte
sustantiva de la narrativa oficial del gobierno colombiano.
Cancino parece olvidar que son
los vientos los que hacen posible que la peligrosidad del herbicida se potencie
y se propaguen sus efectos negativos y termine afectando a cultivos de pan
coger, las aguas superficiales, los suelos y por supuesto al campesinado y a
los labriegos ubicados en zonas no tan cercanas a las elegidas para asperjar el
glufosinato de amonio.
De acuerdo con informe de
Indepaz, “…al tratarse de un herbicida no selectivo de amplio espectro,
su potencial de quema abarca casi la totalidad de las cubiertas vegetales
fotosintéticamente activas, lo que exige una delimitación técnica rigurosa de
las bandas de amortiguamiento físico durante su dosificación en campo para
impedir la destrucción colateral de cultivos útiles vecinos o de flora nativa
circundante”. Y en el mismo documento, al que el ministro Cancino muy
seguramente no le interesara conocer, se expone con claridad los riesgos sobre
la salud humana: “El análisis ecotoxicológico y clínico del glufosinato de
amonio demuestra que este principio activo no se comporta como un agente inocuo
o estrictamente circunscrito al tejido vegetal objetivo. La literatura
científica internacional ha acopiado evidencia empírica que sitúa a este
xenobiótico como un factor de riesgo relevante para la salud humana, la
estabilidad de la biodiversidad y la integridad de los recursos hídricos
superficiales”.
Quizás por su formación como
abogado, Cancino no desarrolló los pensamientos sistémico, complejo y mucho
menos el crítico. Su mirada asistémica
es propia de ciudadanos a los que jamás les interesó comprender las
complejidades de los ecosistemas naturales y las de la propia condición humana.
Al hacer gala de su ignorancia sobre asuntos que tienen que ver con la sostenibilidad
sistémica, Cancino se ve obligado a vociferar y gritar para sentir que él
tiene la razón, así lo espetado resulte ser una estupidez o simplemente
confirme que como ministro legitima la narrativa oficial con la que se
desprecian las vidas de los ecosistemas naturales y las de los seres humanos.
El fracking a lo que marque, la fumigación aérea con glufosinato de
amonio y la autorización para desarrollar minería a gran escala en el Páramo de
Santurbán, en pleno fenómeno del Niño y las evidencias de una pluricrisis ambientales
(cambio climático), confirman el espíritu ecocida con el que gobierno está actuando.
Cancino es un apellido “de
origen español, vinculado a la música y la poesía, con presencia histórica en
España y América Latina, y con connotaciones de creatividad y expresividad
artística”. A juzgar por la actitud hostil del ministro en la sesión de
control político en el Congreso y su demostrada ignorancia sobre asuntos relacionados
con la sostenibilidad
sistémica, su vinculación con la música y la poesía se circunscribe al canturreo
del estribillo “fumigar, fumigar, fumigar y firme por la patria”.