Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Impunidad.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Justicia. Impunidad.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de octubre de 2026

LEY DE SOMETIMIENTO: MÁS DE LO MISMO

 



Por Germán Ayala Osorio

 

Los errores cometidos por el gobierno Petro, operacionales y de enfoque, al concebir la Paz Total desde una perspectiva maximalista, le facilitaron al entonces candidato presidencial Abelardo de la Espriella la tarea de vender la negación de diálogos de paz con los terroristas como un valor moral de inaplazable acogida por quienes se cansaron de hablar de paz con los grupos al margen de la ley.

Una vez instalado Abelardo en la Casa de Nariño, millones de colombianos pensaron que se vendría una confrontación armada peor a la que el país vivió durante los aciagos ocho años de la administración de Álvaro Uribe Vélez y por supuesto el sometimiento voluntario u obligado de los máximos cabecillas de las estructuras armadas por fuera de la ley.

Es temprano para evaluar los resultados de las operaciones hasta ahora emprendidas, aunque ya se habla del regreso de la terrible práctica de las ejecuciones extrajudiciales (falsos positivos) y una actitud violenta de varios agentes de la policía contra ciudadanos evidenciada en videos subidos a las redes sociales. El asesinato de Ricardo Andrés Martínez Rodríguez, el joven campesino de 18 años ejecutado por la Policía en el dichoso operativo en contra de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN) sería el primer crimen de Estado del actual gobierno; así como el asesinato del joven afro Donovan Balanta a manos de cuatro policiales y el regreso del ESMAD para confrontar las movilizaciones podrían advertir un negativo cambio actitudinal-institucional en las relaciones de la Policía Nacional con la gente.

Mientras que en territorios como el Catatumbo y el Cauca los grupos armados ilegales hacen de las suyas, el Congreso se aboca a discutir el proyecto de ley 433 de 2026 Cámara - 296 de 2026 Senado “por medio de la cual se modifica, adiciona y prorroga la ley 418 de 1997, sus prórrogas y se establece la política estatal para garantizar el orden público, lograr una intervención territorial integral”.

Al leer el referido documento y escuchar las voces críticas de analistas como Ariel Ávila es posible señalar que durante el gobierno del presidente therian, de la mano de las bancadas oficialistas del Congreso, el país verá procesos de sometimiento de las agrupaciones terroristas una vez esa ley se apruebe. Eso sí, a juzgar por el contenido de ese proyecto esos procesos terminarán pareciéndose a los términos de la negociación que adelantó Uribe con los paramilitares en Santafé de Ralito y acogidos en Justicia y Paz: nula reparación a las víctimas, reducidas penas e impunidad. Se trataría, eso sí, de diálogos en la sombra, sin mesa, sin veeduría internacional y con nulo cubrimiento periodístico que garantizarían la construcción de una “paz pasajera” con visos claros de ser mendaz en su concepción y finalización.

El senador Ariel Ávila, opositor del gobierno, señala que tal y como está concebido el proyecto de ley de sometimiento, terminará beneficiando a los testaferros, lavadores de los dineros, empresarios y políticos, llamados en ese marco legal como “colaboradores”. Como dice Ávila, los “terceros civiles de buena fe”. En el Acuerdo Final de La Habana, antes del plebiscito por la Paz, los “terceros civiles” que de manera directa, indirecta, voluntaria o no, colaboraron con las entonces Farc-Ep y otros actores armados como los Paras, comparecerían ante la JEP. Esa parte fue eliminada como parte de la renegociación a la que se vio abocada a hacer el presidente Santos con los agentes del No, que reclamaron la victoria del plebiscito.

En el borrador del proyecto de ley, artículo 8B, se lee: “Este artículo faculta al Presidente de la República para definir el lugar en el que se materializará la judicialización de los integrantes de los Actores Armados Ilegales o terroristas que se sometan a la Constitución y a la ley, sujeto a cuatro condiciones que operan como límites materiales de esa facultad. La primera exige una precisa delimitación geográfica del lugar, de modo que la facultad presidencial no habilite una indeterminación territorial incompatible con el principio de legalidad. La segunda mantiene vigente, dentro de ese lugar, el Estado social de Derecho, las operaciones de la Fuerza Pública y el ejercicio de las funciones de las autoridades civiles y judiciales, de manera que la definición del lugar no representa, en ningún caso, un vacío de autoridad ni una forma de despeje territorial… el artículo dispone que tampoco se suspenderá la extradición de quienes se sometan”.

Hay tantos intereses económicos y políticos, nacionales e internacionales, en las dinámicas del conflicto armado interno colombiano, que cualquier proceso de sometimiento a la justicia e incluso las mesas de diálogo que en adelante se puedan disponer, estará siempre sometido a las condiciones que imponen quienes agencian esos intereses políticos y económicos. En cualquier caso y por directa injerencia de los Estados Unidos, la producción de cocaína no puede detenerse por una razón económica fundamental: El sistema financiero internacional y el colombiano necesitan mover las enormes ganancias que deja el narcotráfico. En términos políticos, los procesos de sometimiento a la justicia y los mismos procesos de negociación política tradicionales (mesas de diálogo con acompañamiento de la ONU) no pueden exponer las identidades de los poderosos agentes económicos que se benefician del narcotráfico y mucho menos exponer los inmorales intereses de la DEA y el FBI, instituciones que sobreviven gracias al negocio de las drogas y su aparente persecución internacional.

Por supuesto que la ley de sometimiento que discutirá y aprobará el Congreso está diseñada a la medida de las estructuras paramilitares; a las llamadas “guerrillas” se les seguirá combatiendo, pero sobre todo asociando con el progresismo y la izquierda para alimentar la animadversión y validar la sentencia de Abelardo: “el petrismo, los petristas, esto es, los progresistas y la izquierda democrática son enemigos de la Patria”. El Estatuto Antiterrorista es el instrumento para "combatir" a esos sectores societales. 

Al final, y hasta en el 2030 y más allá, seguiremos viendo por televisión ataques terroristas, enfrentamientos militares, desplazamientos de campesinos, dudosas bajas en combate; persecuciones ideológicas y el sufrimiento de cientos de miles de ciudadanos en los territorios rurales. De la Espriella y sus áulicos jamás entenderán que solo la paz perpetua minimiza los lancinantes dolores de la guerra. Seguiremos viendo morir combatientes legales e ilegales y civiles hasta que los gringos logren cultivar la mata de coca en sus pisos térmicos.

LEY DE SOMETIMIENTO: MÁS DE LO MISMO

  Por Germán Ayala Osorio   Los errores cometidos por el gobierno Petro, operacionales y de enfoque, al concebir la Paz Total desde una ...