Carolina y Franklin Quintero, hermanos de Ricardo Martínez, permanecen junto al ataúd de su hermano en Santa Marta, el 25 de septiembre de 2026.Santiago Mesa
Por Germán Ayala Osorio
El asesinato de Ricardo Andrés
Martínez Rodríguez, el joven campesino de 18 años ejecutado por la Policía en
el dichoso operativo en contra de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra
Nevada (ACSN) me hizo recordar la canción Ricardo semillas, de Ana y Jaime.
Ricardo bajo a la aldea
estrenando amaneceres
Silbando canciones
frescas sin olvidar sus quehaceres
La aldea ese día nuevo
salio el sol muy en silencio
Y dejo que el aire tibio
regara bien los sucesos
Ay ay ay ay regara bien los
sucesos
Ay ay ay ay regara bien los
sucesos
El protagonista del primer crimen
de lesa humanidad, crimen de Estado o “falso positivo” en la Patria Milagro
llegó a la aldea estrenando una muda de ropa que días atrás había comprado,
acompañado por su madre, según relata Valentina Lugo en su preciosa crónica.
En el texto publicado se lee que “en una finca le pagaron 600.000 pesos
[unos 180 dólares], y con eso me dijo que lo acompañara a comprarse una ropita”.
Quizás Ricardo Andrés Martínez
Rodríguez, por su juventud y por un antecedente de salud mental no reunió a
otros campesinos para hablar de reforma agraria como señala la letra de la
icónica canción de Ana y Jaime. Parada Lugo registró así en su crónica ese hecho:
“<<Él quería, en realidad, prestar el servicio militar. Se había
presentado al Ejército, pero lo rechazaron y se tuvo que devolver a la finca>>.
El 30 de abril de este año viajó hasta Ocaña (Norte de Santander), al batallón
donde presentó sus pruebas para incorporarse. Duró apenas una semana allá y no
pasó porque, en su adolescencia, había tenido problemas de salud mental”.
Mientras escribo esta nota, sigo escuchando a Ana y Jaime, cantantes que me acompañaron en mi adolescencia.
Ricardo reunió a los
hombres y les hablo con despacio
Palabras verde esperanza
teñidas de sal y selva
Les dijo la vida es nuestra
también es nuestra la tierra
Y las palabras que traigo
son semillas también nuestras
Ay ay ay ay son semillas también
nuestras
Ay ay ay ay son semillas también
nuestras
A Ricardo Martínez lo asesinó el
Estado colombiano. Ojalá los pocos periodistas independientes que quedan dentro
del país y con la ayuda medios internacionales le apuesten a consolidar la
narrativa que indique que estamos ante la primera ejecución extrajudicial en el
gobierno del “tigre” que ya mostró su animadversión hacia los campesinos:
primero, borrando esa identidad que huele a tierra mojada, a soberanía
alimentaria, a ropa sucia, a jornal; luego, a querer fumigarlos con glufosinato
de amonio, el poderoso defoliante que también puede terminar apagando sus
vidas.
La muerte de Ricardo Semillas y
Ricardo Andrés Martínez se parecen mucho: a los dos les dispararon. Valentina
Parada Lugo, en su sentida y muy concebida crónica registra las circunstancias
previas al crimen de Estado. “…Pero
sí hablaron con una mujer que vive en la zona y que contó que ellos se
acurrucaron juntos en un rincón de la finca cuando los oficiales entraron, y
luego vio cuando uno de los policías lo separó de ella, tomó a Ricardo por el
brazo y le disparó. La familia no tiene forma de confirmar esta parte de la
historia. De lo que sí tienen evidencia, por la información de Medicina Legal, es
que Ricardo Andrés Martínez fue asesinado por un solo tiro en el pecho. En el
corazón. Un tiro de gracia. A la familia le entregaron la ropa con la que
lo mataron dentro de una bolsa de plástico. Vestía una de las prendas que había
comprado una semana atrás con su madre”.
Y termino esta columna con esa
parte de la canción de Ana y Jaime en la que se alude a la manera como fue
asesinado Ricardo semillas:
Un disparo corto el viento
con sed de sangre emboscada
Y Ricardo dobló el cuerpo
sin terminar la palabra
Ricardo murió ese día
hermano de hombre y semilla
Murió mirando la vida que
entre sus manos moría
Ay ay ay ay que entre sus manos
moría
Ay ay ay ay, Ricardo, murió ese
día
Eso sí, hay una diferencia que no
es semántica entre el Ricardo de la canción y Ricardo Andrés Martínez Rodríguez:
al primero, toca imaginarse quién lo asesinó; del segundo ya sabemos que fue un
agente estatal el que lo convirtió en el primer “falso positivo” del gobierno
del tigre o del gato montés que pernocta en la Casa de Nariño. El titular de la
crónica de Valentina habla de una ejecución extrajudicial: La denuncia por
una ejecución extrajudicial opaca el operativo militar de De la Espriella en
Santa Marta: “Era un campesino pobre, no un criminal”.
Mis condolencias a la familia de
este nuevo Ricardo semillas asesinado. Lo más doloroso es que vendrán más ejecuciones extrajudiciales. Esto apenas comienza porque la “pelona”
ya está rondando los campos de Colombia. Y lo hace, vestida de camuflado, pantalones entubados, chaleco antibalas, radio, pistolas y fusiles y gritando que viva Cristo Rey.
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